La rendición de Breda

Uno de los lienzos de mayor formato entre los que se conservan pintados por Velazquez, tamaño justificado por ser un tema histórico y estar destinado a ocupar un lugar principal en el Salón de los Reinos del Palacio del Buen Reriro.

La rendición de Breda, conocido como Las Lanzas, es una pieza realizada ya en plena madurez del pintor tras haber realizado su primer viaje a Italia y ejecutada con el mayor esmero del que es capaz el genial artista sevillano.

El cuadro es apreciado desde un primer instante.

El género histórico, de historia épica, es la máxima categoría a la que puede aspirar  un pintor desde el Renacimiento.

Trata de un hecho histórico reciente, protagonizado por personajes de alcurnia, dotándolos de una intención simbólica ejemplar.

La exaltación de una victoria militar como un o de los episodios triunfales mas significativos de la primera etapa del gobierno de Felipe IV, el ultimo heraldo glorioso de la monarquía española, cada vez más amenazada.

Soldados holandeses

El cuadro resulta una muestra de esa situación tan ambigua.

Autorretrato de Velázquez

Celebra la rendición de la plaza fuerte de Breda, el 2 de junio de 1625 tras nueve meses de asedio, pero el cuadro es pintado diez años después en 1635, cuando esa plaza se pierde en 1637.

Es decir se pinta casi cuando coincide que se pierde la plaza militar.

Las fuentes de las que se sirve Velazquez para dar verosimilitud a la composición, se remite al momento en el que tiene lugar la victoria y no a lo que estaba ocurriendo cuando el cuadro es pintado.

Jaques Callot, El sitio de Breda

Entre las fuentes esta el libro del jesuita Herman Hugo Obsidio Bredana (1626) en el que con gran aparato de mapas y planos del lugar, se describe la campaña.

Es probable que Velázquez conociera los grabados de Jacques Callot y las versiones pictóricas de este mismo autor realizadas por Peter Snayer.

Snayers, El sitio de Breda

Velázquez trasciende los limites documentales proporcionados por estas fuentes, al utilizar la comedia dramática El sitio de Breda, de Pedro Calderón de la Barca, representada en palacio y publicada en 1632.

Snayer, Caballeria del sitio de Breda

En esa pieza literaria, se pone énfasis en el episodio del cordial abrazo entre el vencedor Ambrosio de Espínola y el vencido Justino de Nassau, algo que también se subraya en la composición de Velázquez.

JUSTINO.— Aquestas las llaves son
de la fuerza, y libremente
hago protesta en tus manos
que no hay amor que me fuerce
a entregarla, pues tuviera
por menos dolor la muerte.
Aquesto no ha sido trato,
sino fortuna, que vuelve
en polvo las monarquías
más altivas y excelentes.
ESPÍNOLA.— Justino, yo las recibo,
y conozco que valiente
sois; que el valor del vencido
hace famoso al que vence. Y en el nombre de Filipo
Cuarto, que por siglos reine,
con más victorias que nunca,
tan dichoso como siempre,
tomo aquesta posesión.
DON GONZALO.— Dulces instrumentos [suenan.
DON LUIS.— Ya el Sargento en la muralla
las armas de España tiende.
SARGENTO.— Oíd, soldados, oíd,
Españoles y otras gentes,
¡Bredá por el Rey de España!

Aunque el abrazo también tiene otras fuentes de naturaleza artística como la del abrazo de Abraham y Melquisedec e incluida en el Quadrins historiques de la Biblie (Lyon 1533).

Abraham y Melquisedec

También esta la influencia del encuentro de Esaú y Jacob, de Rubens, o de Jesús y el centurión de Veronés.

Veronés, Jesús y el centurión
Durero, caballo
Velázquez, Caballo

El grupo de figuras en primer plano del cuadro tiene un esquema compositivo equilibrado.

Es una composición sabiamente circunscrita a una red de líneas horizontales y verticales, de forma que cada figura y cada detalle, parece responder a un esquema geométrico.

También abundan los detalles barrocos que animan la estructura, bien abriendo el horizonte hacia lo profundo, bien cruzando la escena con diagonales o escorzos.

Pero la sensación de equilibrio se impone y lo hace sobreponiéndose al aluvión de figuras, posturas, movimientos, expresiones, planos etc.

Autorretrato de Velázquez que aparece como un soldado

Sin esa trama de orden clásico se habría producido tendría peligro de una dinámica confusión.

Soldado holandes.

La huella que deja en Velazquez su primer viaje italiano entre 1629-1631 es enorme.

Cuando esta en Roma hay una polémica entre clasicistas y barroquizantes que divide a los mejores artistas el momento, inclinándose Velázquez por los primeros.

Las Lanzas transmite ese mensaje precisamente, el orden frente a la vivaz confusión.

Hay un paralelismo entre El sitio de Parma de Tintoretto y la claridad de organización de Las Lanzas.

Este orden es el que permite que cada figura ocupe su lugar, este perfectamente individualizada y se singularice.

Lo admirable es que se consiga a partir de dos ejércitos enfrentados, que pueblan abigarradamente el primer plano y sobre todo que captan un instante, un momento único.

Por otro lado en medio de una luminosa claridad, hay por toda la escena un claroscuro que gradúa los matices dramáticos del primer termino y de la profundidad del espacio.

Elemento destacado de la composición es el vacío central mediante el que no solo se aísla el drama de la escena, el celebre abrazo entre el vencedor y el vencido, sino que también se configuran los ejes de la balanza que enlazan y contrapesan armónicamente los dos grupos humanos enfrentados.

Y este vacío le sirve al pintor para abrir un hueco visual que nos adentra en un segundo plano, donde están alineados los tercios frente a los que se repite .el simbólico rendir armas de los vencidos.

A partir de ahí en una sucesión de planos de profundidad, cuyo punto del horizonte es cada vez mas elevado, vemos sucederse diversos accidentes de terreno, especialmente las vastas llanuras del horizonte holandés, teatro de la batalla.

Todo aparece, medido, equilibrado, armonizado hasta el menor detalle, lo que le da un aspecto rotundo, compacto ante el espectador.

El equilibrio entre las medidas, los pesos y las masas, pierde su carácter abstracto al estar individualizado en cada personaje y cada detalle.

Los colores son sobrios pero ricos en matices.

Todo en Las Lanzas remite a un gesto central, el abrazo, sobre el que hay que interrogarse.

Spinola miembro de una riquísima familia genovesa cuya importancia esta mas vinculada a las finanzas que a la guerra, combate al servicio de la corona desde el comienzo de las hostilidades en Flandes, teniendo un papel relevante en el establecimiento de la primera tregua, cuya conclusión coincide con los primeros años del reinado de Felipe IV.

Ambrosio Spínola, el asediador
El general Spínola inició su meteórica carrera militar, marcada por su excepcional habilidad como estratega, en Flandes en 1602, pasada la treintena. El asedio de Breda lo convirtió en el general más célebre de Europa, pero murió tan sólo cinco años más tarde marginado por el conde-duque de Olivares. Retrato de mano de Pedro Pablo Rubens, Galería Nacional de Praga (National Geografic).

En varias ocasiones se ve obligado a sufragar con sus propios recursos el sostenimiento de la tropa, por lo que conoce a la perfección el problema de la intendencia que supone la continuación de la guerra.

Isabel Clara Eugenia
La gobernadora de los Países Bajos, Isabel Clara Eugenia, tía de Felipe IV animó a Spínola a mantener el sitio de Breda a pesar de que en la Corte eran no pocas las voces que abogaban por desistir del asedio al verlo como una empresa imposible. Tras su rendición, hizo una entrada triunfal en la ciudad. En la imagen, Isabel Clara Eugenia retratada por F. Poribus en 1599. Museo de Arte de Estonia, Tallín (National Geografic)

Por otra parte sabe que la tregua fortalece la posición de los rebeldes y que una simple victoria militar puntual lo que se dirime en esos momentos que no solo es l independencia de las provincias del norte, sino la supremacía internacional española.

Mauricio de Nassau, el rival
Mauricio de Nassau era hijo del líder de la independencia neerlandesa Guillermo el Taciturno y hermano de Justino, gobernador de Breda. Mauricio capturó ciudades aparentemente inexpugnables e intentó ayudar a su hermano a romper el asedio de las tropas españolas. Murió en 1625, poco antes de que la ciudad cayera en manos de Spínola (National Geografic)

La imposición victoriosa y la represión sangrienta, tal y como practica en un comienzo el Duque de Alba ahora deja de ser posible y se muestra como indeseable.

El análisis detallado del trasfondo histórico relativo al momento en el que tiene lugar la victoria de Spínola rindiendo la plaza de Breda, y el cuadro de Velázquez pone de manifiesto que la posición española impide cualquier gesto de arrogancia.

Aunque en España se viva el conflicto como una hazaña militar española, Spínola es genovés y la mayor parte de su estado mayor, como su tropa que manda es extranjera.

Estos y otros datos similares pueden desvirtuar el gesto hidalgo del vencedor hacia el vencido, así como el sentido nacionalista de la victoria militar y del propio gesto moral de magnanimidad.

Pero quien piense así, olvidan que Las Lanzas es un cuadro pintado por un español, para españoles.

Las armas de los tercios
Una alabarda del siglo XVII, una de las armas de los tercios usadas en el sitio de Breda. Palacio Ducal, Venecia.

Tres siglos y medio después de ser pintado, el cuadro sigue produciendo fascinación porque se puede interpretar como lo que se quiera, como crónica, paráfrasis pictórica de la hidalguía o mensaje teológico, como también puede ser la interpretación de la supervivencia del sistema del  nebuloso imperio español, del honor caballeresco medieval o del sentido religioso de la Contrarreforma.

Conflicto religioso
Tras la toma de Breda, las autoridades españolas obligaron a los habitantes locales restaurar las imágenes católicas de las iglesias y a erradicar el calvinismo. La ciudad sería recuperada definitivamente por los rebeldes en 1637. En la imagen, la catedral de Breda (National Geografic)

Hay un nuevo mundo, ya no emergente sino dominante o a punto de serlo.

El rey que perdió Flandes
Cuando Felipe IV retomó la guerra en Flandes en 1621, después de una tregua de 12 años, encargó a Spínola que reconquistara el territorio rebelde a cualquier precio. Aunque los ejércitos españoles tuvieron algunos éxitos al principio, la provincia obtuvo su independencia en 1648. Sobre estas líneas una medalla con el busto de Felipe IV. Museo Lázaro Galdiano, Madrid.

Este es un capitulo aparte en la historia moderna de Europa que es lo que provoca la combustión de Velázquez, Goya o Picasso.

Los tres se involucran en la transformación icónica del sentido épico, tal y como se viene practicando en la pintura bélica del arte moderno y contemporáneo occidentales.

Es lo intempestivo lo que hace perdurable, Las Lanzas, Los fusilamientos del 3 de mayo y el Guernica.

Tres cuadros imbuidos de arquetipos sagrados, los del abrazo, la cruz y la piedad, tres obras que paradójicamente, glorifican la piedad.

Calvo Serraller Francisco, Fusi Aizpurúa Juan Pablo, El espejo del tiempo, Editorial Taurus, Madrid 2009.

https://historia.nationalgeographic.com.es/a/rendicion-breda-ultima-victoria-espanola-siglo-xvii_14338

Buda de Gandhara (siglo I-II d.C)

Gandhāra es una región histórica que corresponde al sureste de la actual Afganistán, al centro y norte de Pakistán, y al noroeste de India incluyendo la mayor parte de Cachemira).

Gandhāra fue una satrapía del Imperio persa de los Aquemenidas desde el siglo VI a.C.
Es conquistada por los griegos durante la expedición de Alejandro Magno y se mantiene helenística con los soberanos grecohindúes, hasta que la anexiona el imperio Kushana (que adopta la herencia cultural griega).

Gandhara es un importante centro del budismo, cuyo arte —merced a los influjos griegos— es conocido como arte grecobudista.

En la región de Gandhāra se desarrolla el arte grecobudista, un sincretismo entre la cultura griega y el budismo.

El budismo, la religión y filosofía que se inspiran en las enseñanzas de Siddharta Gautama en el siglo V antes de Cristo, se expande por Asia Oriental desde que nace en el norte de la India.

Pero durante siglos evita las representaciones explicitas de Buda, incluso en frisos que muestran escenas de su vida y que decoran templos y estupas (cupulas que albergan una reliquia de Buda).

En vez de eso se alude al sabio mediante imágenes, por ejemplo, de un trono vacío, un caballo sin jinete, una huella o el árbol de Bodhi, en el que le sobreviene la iluminación.

También se le representa con símbolos mas abstractos como la rueda de dharma que simboliza sus enseñanzas.

Los motivos para no retratar a Buda no están claros, sobre todo porque el arte figurativo hindú y la escultura, han evolucionado mucho y el hinduismo tiene una rica tradición iconográfica.

Hasta el siglo I después de Cristo no empieza a aparecer imágenes de Buda, lo que pone fin a ese largo periodo preicónico.

Pero estas representaciones, no son producto de una tradición artística puramente autóctona.

Al mismo tiempo que se expande el budismo, aumenta también la influencia griega en el subcontinente indio, tras las expediciones de Alejandro Magno en el IV antes de Cristo.

La creación de un reino indogriego en 180 a. C. en la región que hoy ocupa Pakistan, Afganistán y el norte de la India, permite la legada de muchos elementos de cultura helenística, en concreto de los estilos escultóricos griegos.

Además los comerciantes del imperio romano, ejercen gran influencia cultural.

Posteriormente, surge una cultura hibrida que aúna las tradiciones artísticas grecorromanas y budistas en la región de Gandhara, una importante encrucijada en la Ruta de la Seda, donde se realizan algunas de las primeras representaciones de Buda tras la caída del reino indogriego, durante el imperio kusana (siglos I-III d.C.).

Los primeros retratos suelen adoptar la forma de una escultura de Buda de pie tallada en esquisto, una piedra dura de la región.

Los Budas de Gandhara como este son hindúes en su sensualidad, pero muestran mayor influencia de las convenciones escultóricas grecorromanas que de cualquier tradición cultural india.

Uno de los rasgos más característicos es que Buda viste una prenda que parece una toga romana y los pliegues muestran los mismos detalles que podrían apreciarse en una escultura romana de la época.

La postura también es más europea que asiática

La figura esta de pie, en actitud formal, sobre un pedestal en lugar de estar sentada, y con una postura activa más típica del arte hindú.

Parece insinuar la postura del contrapposto típica de la estatuaria griega clásica, con el peso apoyado en el pie derecho y la otra pierna ligeramente doblada, aunque de forma menos clara que en la escultura grecorromana.

El Buda tiene los pies planos, tal y como se describe en las escrituras budistas.

Mira fijamente al frente transmitiendo una sensación general de equilibrio y serena autoridad, más que de expresión y movimiento.

Pero es la cabeza lo que de verdad distingue a este Buda de Gandhara como una obra de arte grecobudista.

Esta rodeado por una aureola que se utiliza en el arte griego para señalar la santidad de una figura.

Aunque el rostro muestra los rasgos redondos típicos del arte hindu, estos reflejan la forma idealizada vista de la escultura griega, así como una expresión serena y distante mas clásica.

Ciertos rasgos también aparecen europeizados, como el perfil que alinea la nariz y la frente al estilo griego, mientras que los ojos son claramente asiáticos.

Los lóbulos alargados de las orejas son un recordatorio de que Siddharta Gautama fue un príncipe rico que debió llevar pesados pendientes de oro, a los que renuncia tras su epifanía.

El pelo rizado recogido en un moño se convierte en una iconografía budista conocida como ushnisha, símbolo de iluminación.

Se cree que representa el turbante de un príncipe y podría ser reflejo de las representaciones griegas del dios Apolo en las que luce un peinado similar.

Así mismo se aprecian otros detalles budistas en la postura de los brazos y de las manos.

El Buda de pie aparece con la mano derecha levantada en un gesto de valentía que también simboliza confianza, protección y bendición.

Aunque la escultura no ha conservado la mano derecha, el ademan es habitual en la mayoría de Budas de Gandhara y es el primero en un gran numero de gestos, llamados mudras, que terminan convirtiéndose en un sistema mas grande y complejo de iconografía budista, el abhaya mudra.

La mano izquierda que hace el varada mudra, adopta una postura mas baja con la palma hacia arriba y representa, caridad, compasión y gracia.

Aunque las figuras de Gandhara son las primeras representaciones explicitas de Buda, no tardan en aparecer otras en diversas posturas, conocidas como asanas.

El arte budista también florece en Mathura, en la región central del norte de la India, otra parte del imperio kusana que gobierna la región de Gandhara, donde la influencia del arte autóctono es mas fuerte y en la que Buda se representa como una figura sentada vestida con un simple taparrabos o una sencilla túnica en el hombro, a pesar de lo cual conserva los rasgos helenísticos de realismo y serenidad.

Los Budas sentados amplían más el registro iconográfico contemporáneo de los Budas de Gandhara, las primeras figuras sentadas de Mathura fijan una nueva tradición de representar al pensador en actitud de meditación, con las piernas cruzadas en la postura del loto, que desde entonces se ha convertido en la representación icónica de Buda.

Como sucede con los Budas de pie, los brazos y las piernas adoptan los mudras convencionales.

La mano izquierda descansa con la palma hacia arriba en el regazo, mientras que la derecha toca o señala el suelo, un gesto asociado con la iluminación de Siddharta Gautama y su victoria contra el demonio Mara.

Mas adelante, el Buda sentado, empieza a representarse en postura de enseñanza.

Un mudra habitual asociado con dicha postura es el giro de la rueda de la ley, con el pulgar y el índice derecho en contacto y los dedos de la mano izquierda rozando la palma derecha.

Menos habitual es la representación de Buda reclinado, tumbado sobre el costado derecho, ya al final de la vida terrenal, a punto de alcanzar el nirvana.

Los elementos de la iconografía fijada durante el imperio kusana sienta las bases de las posteriores representaciones de Buda en todo el mundo budista.

A medida que el budismo trasciende las raíces hindúes, la influencia estilística indogriega se debilita con el tiempo.

Así hasta el siglo VII, Buda se muestra ataviado con la vestidura de un monje, pero después de algunas tradiciones pasa a ser representado con la ropa y las joyas de un príncipe.

El arte budista de otras regiones, desde el sureste asiático, hasta China, Corea y Japón, sigue el precedente indio y sus representaciones de Buda adaptadas.

Alguno de estos cambios de la iconografía budista ha llegado hasta la época moderna.

En el sureste asiático y en regiones mas orientales es habitual ver un Buda esbelto y elegante, en un trono con las piernas cruzadas y la cabeza ladeada y apoyada en una mano o sentado en postura de meditación con las manos en forma de diamante, con la mano derecha rodeando el pulgar izquierdo.

En Corea y Japón, un gesto de enseñanza asociado con los Budas sentados evoluciona y muestra el índice de la mano izquierda cerrada sujeto por la mano derecha.

https://es.wikipedia.org/wiki/Gandhara

https://www.laopiniondemalaga.es/luces-malaga/2009/04/08/cultura-budista-reino-gandhara-presenta-berlin/250539.html

https://www.artehistoria.com/es/contexto/escuela-de-gandhara

http://vieirosdaarte.blogspot.com/2017/03/gandhara-el-arte-de-los-kushana.html

https://www.elconfidencial.com/cultura/2009-04-08/la-cultura-budista-del-desaparecido-reino-gandhara-se-presenta-en-berlin_924552/

http://lapasiongriega.blogspot.com/2010/04/el-arte-de-gandhara.html

Diego de Silva Velázquez, Felipe IV

Entre los diversos retratos que Velázquez hace el al Rey entre 1623-1628 está este.

Representa a un joven rey de poco más de 20 años con una imagen mucho más austera que la que caracteriza al retrato real hasta entonces.

Indumentaria sobria, carente de joyas y cualquier tipo de adornos, que pretende reflejar la voluntad regia de encarar un gobierno austero y reformista alejado del de su padre Felipe III.

El monarca aparece de cuerpo entero con traje y capa corta negro y golilla almidonada, las piernas casi juntas, con sobria y grave apostura, componiendo una figura de elegante austeridad muy al estilo de las pragmáticas contra el lujo que por entonces se dictan.

En la mano derecha el Rey sostiene un papel doblado, lo que alude a su misión burocrática del gobierno, mientras que la izquierda, la posa sobre el pomo de la espada, apenas entrevista.

Justo al lado, en segundo plano, aparece una mesa con un tapete rojo en el que descansa el sombrero del monarca.

Aunque Velázquez sigue retratando al monarca durante los 40 años en los que esta al servicio de Felipe IV, este retrato anuncia lo que van a ser sus mejores cualidades en este genero y supone un eslabón más en esa increíble crónica visual de la progresiva transformación física y psicológica que hace el artista de su principal modelo, al que demuestra conocer por fuera y por dentro.

Nace en Sevilla, con un estigma judaizante por vía paterna y no tarda en dar pruebas de su enorme talento en el taller de Francisco Pacheco.

Un artista menor pero muy culto y bien relacionado, que lo casa con su hija cuando tiene 18 años.

Su maestro se percata de su talento al poco y apoya de manera incondicional a la corte madrileña.

Seguidor en un inicio del naturalismo de Caravaggio, el primer estilo de Velázquez pertenece al género denominado de bodegones, que no se limita solo a la naturaleza muerta sino que incluyen también figuras y esbozos narrativos de inspiración sagrada.

Los 20 cuadros que se conservan de sus inicios sevillanos, es capaz no solo de tratar un tema piadoso emplazando en su primer plano un fragmento costumbrista de significado trivial, y a la vez poner el mismo esmero en representar una cabeza que una vasija de barro.

Esta inversión de planos al espectador lo introduce en lo fundamental a través de lo vanal, vulgar, un recurso anterior utilizado por el Manierismo, como también lo es la técnica del claroscuro.

El Naturalismo Barroco saca provecho de las técnicas Manieristas, pero aplicándolas en un contexto ideológico diferente, el de la Contrarreforma, de decisiva influencia en la cultura española.

Da muestras de independencia al preferir el modelo de Roelas al de su maestro Pacheco, o al fijarse en el escultor Juan Martínez Montañés, cuya influencia hace que sus primeras figuras tengan carácter volumétrico.

1616-1622 los cuadros pintados en esta primera etapa sevillana (entre los 17 y 23 años) demuestran una sorprendente madurez al tiempo que aventaja al de todos sus colegas locales.

1621 bien asesorado por su influyente suegro y maestro Pacheco, ve el cielo abierto para la carrera de su genial pupilo, al ascender a la condición del valido del nuevo monarca, Felipe IV, Don Gaspar de Guzmán, conde duque de Olivares, nacido en Roma pero de estirpe sevillana.

1622 en primavera Velázquez emprende la conquista de la Corte, lo que le permite establecer unos primeros contactos útiles a través de los hermanos Luis y Melchor de Alcázar y sobre todo de Juan Fonseca, notable coleccionista de arte y sumiller de cortina del rey.

También entonces conoce y retrata a Luis de Góngora y es probable que fuera presentado al conde duque.

A pesar de que regresa a Sevilla este viaje no es del todo infructuoso, tanto por las relaciones que ha forjado, como por haber podido contemplar los riquísimos tesoros de las colecciones reales, considerada ya como una de las mejores pinacotecas del mundo.

Año y medio después de que Velázquez emprenda ese primer viaje a Madrid, el conde duque de Olivares le manda llamar de nuevo, costeando de su propio bolsillo el que seria el segundo y definitivo viaje a la Corte del pintor, viaje que se fecha en verano de 1623.

En esa segunda estancia, Velázquez retrata al rey a satisfacción de todos, logrando de inmediato el titulo de pintor de cámara, el primer honroso empleo de una brillantísima carrera cortesana que le hace ascender hasta la categoría de aposentador del rey y le vale ser nombrado caballero de la orden de Santiago.

Aunque todas estas obligaciones cortesanas, pueda producir tal vez la falsa impresión de que le apartan de su vocación artística, no hay que olvidar los extraordinarios rendimientos que le producen precisamente en el terreno del arte, como el conocimiento de las colecciones reales o la intimidación con Rubens, al que frecuenta en las visitas de este a Madrid en 1628 o en sus viajes a Italia.

Una parte importante de la creación artística de ese  momento no se cifra en la realización solo de cuadros sino en obra efímera, como entradas triunfales, túmulos funerarios, decoraciones y engalanamientos diversos, sobre los que no queda mas memoria que alguna estampa grabada.

Quitando que el encumbrar el arte al rango de disciplina liberal, como desean los artistas españoles del XVII, necesitaba de apoyarse en el escalafón cortesano, porque lo que hiciera la nobleza determinaba la pauta de cualquier actividad profesional.

El precoz triunfo de Velázquez en la Corte se debe a su calidad de retratista, según avalan sus competidores y enemigos que dicen que no sabe pintar otra cosa.

Como Santiago Moran, Vicente Carducho, Eugenio Cajés, Bartolomé González, Rodrigo de Villandrando y Francisco López.

Por si hubiera alguna duda al respecto en 1627 el concurso destinado a elegir el mejor boceto para un gran cuadro de historia con el tema de la expulsión de los moriscos y destinado a emplazarse en el Salón Grande del Alcázar, es ganado por Velázquez frente a Carducho, Cajés y Ángelo Nardi.

Calvo Serraller Francisco, Fusi Aizpurúa Juan Pablo, El espejo del tiempo, Editorial Turus, Madrid 2019

Villa rotonda, Andrea Palladio

De todas las villas que el arquitecto renacentista véneto Palladio (Andrea di Pietro dalla Góndola) hace en la campiña de Vicenza, ésta, la denominada Villa Rotonda (villa Capra, o villa Capra-Valmarana) es la más famosa.

1567 – 1570 es edificada, en un paisaje ideal, construida como mansión de un funcionario del Vaticano, llamado Paolo Almerico, que después de ejercer una serie de cargos al servicio de Pío IV y Pío V, regresa a  Vicenza, cargado de dinero.

Su nombre, Rotonda (redonda), deriva de su planta, un círculo perfecto dentro de un cuadrado, formando una composición totalmente simétrica, con un pórtico tradicional de templo delante de cada fachada.

Tras la muerte del arquitecto en 1580, los nuevos propietarios, la familia Capra encarga a Vicenzo Samozzi la construcción de nuevas dependencias.

En el siglo XX es adquirida y restaurada por la familia Valmarana de Venecia.

La influencia del arquitecto es particularmente importante en Inglaterra y, a través de ella, en los Estados Unidos, lugar en el que el Neopalladianismo perdura hasta finales del XIX, especialmente en las casas señoriales del sur.

Por su simplicidad y reposo es también fuente de inspiración de muchos arquitectos neoclásicos que lo van a considerar como un referente fundamental en las creaciones arquitectónicas civiles.

Situada en una colina sensiblemente elevada al plano y a las afueras de un núcleo urbano como Vicenza, responde probablemente a la distinción social de su propietario, con el fin de poder evitar los ajetreos y el movimiento típico de una ciudad, además de una distinción religiosa y de mayor proximidad a Dios.

Palladio, en su libro, Architettura, le dedica un capítulo al estudio de las villas o casas rurales, y concede un importante lugar a su ubicación, con lo que por primera vez, en Occidente, la arquitectura se integra en el paisaje como ya sucedía en el Asia Oriental.

La obra se inspira en lo que se refiere a funcionalidad y construcción en el modelo del Phanteon romano, con elementos pictóricos medievales influidos por el poder de la iglesia, donde Dios es el centro de toda cosa existente en el mundo y en la vida.

Consigue la armonía entre arquitectura y paisaje, entre la civilización y la naturaleza, la máxima inspiración del Cinquecento veneciano.

La obra se sitúa en la época del Cinquecento italiano, cuando el poder eclesiástico decide tomar el control de las artes, con el cambio de capitalidad de esta disciplina de Florencia a Roma, lugar de concentración de la máxima autoridad religiosa terrenal, como hecho más significativo.

En el caso de la Villa Capra, precisamente encargada por un clérigo, se representan varias alegorías en relación a la vida religiosa.

La casa en si es una residencia suburbana que sirve como punto de encuentro para la aristocracia de la zona de Vicenza y para la celebración de actividades ocio – literarias correspondientes a dicha clase.

Normalmente este tipo de construcciones suelen tener una función no tan solo residencial sino agrícola.

A pesar de ello, Villa Rotonda carece de esta última función, aunque con la adquisición de ésta por la familia Capra se encarga a Vicenzo Scamozzi el plan de inclusión inmediata de nuevas dependencias para facilitar esa necesidad.

La casa en si es una residencia suburbana que sirve como punto de encuentro para la aristocracia de la zona de Vicenza y para la celebración de actividades ocio – literarias correspondientes a dicha clase.

En la cúpula,  se ve representada la Religión, la Benignidad, la Moderación y la Castidad, todo esto representado al lado del Pantocrátor, el cual ocupa en centro de la representación.

Es una versión de la que podemos ver en el Panteón de Roma.

Es una de las primeras veces que se puede ver una planta centralizada con cúpula en una construcción civil.

Hasta ese momento se han usado sólo para construcciones religiosas, por eso Paladio hace un modelo tan impactante y que es copiado posteriormente.

Incluso él la incluyó en su tratado de arquitectura, Los Cuatro Libros de la Arquitectura.

 Una gran escalinata central a modo de templo romano sirve como acceso.

Los templos clásicos las usan para salvaguardar el templo de las aguas y para los obstáculos geográficos.

Lo más representativo son las galerías con una pronaos con columnas jónicas, entablamento y fino decorado en su cúspide con esculturas clásicas, todo reinventado del arte clásico.

Este esquema se repite en las cuatro fachadas que están precedidas por una gran escalinata.

Todos los laterales tienen el mismo esquema por lo cual podemos hablar de una simetría doble.

https://historia.nationalgeographic.com.es/a/andrea-palladio-evoca-formas-clasicas_7804/3

https://historia.nationalgeographic.com.es/a/andrea-palladio-arquitecto-moda-venecia-siglo-xvi_11087

https://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/11/151104_finde_cultura_palladio_arquitecto_columnas_ac

¿Fueron benéficos los validos? Zurbarán, Hércules dando muerte al rey Gerión

Confeccionada dentro de una serie de diez piezas dedicada a los trabajos de Hércules, que está situada en la sobrepuerta que se abren en los muros norte y sur del Salón de los Reinos del palacio del buen Retiro, erigido en 1633 por Alonso Carbonell por iniciativa del conde duque de Olivares, valido de Felipe IV y desde 1630, Gobernador de la Plaza, que trata así de homenajear al monarca y su dinastía.

Tanto esta obra como las restantes son ejecutadas por Francisco de Zurbarán como también lo es la dedicada a la Defensa de Cádiz contra los ingleses y otra no conservada, referida al mismo episodio épico acaecido en 1625.

Es un encargo importante para el pintor extremeño, que nace en Fuente de Cantos y reside en Sevilla, ciudad en la que se forma y abre taller.

1634 aunque en esta fecha esta Zurbarán en la plenitud de su madurez biológica y artística, recibiendo importantes encargos, sobre todo de naturaleza religiosa, es improbable que sea requerido por la corte sin intermediar el conde duque de Olivares, el poeta Francisco de Rioja o Diego Velázquez.

Para Zurbarán cuyo prestigio como autor de grandes series para conventos e instituciones religiosas está consolidado, este encargo cortesano de orientación profana es un desafío que resuelve con acierto.

Con una formación local y sin haber viajado a Italia, aunque la Sevilla del primer tercio del XVII conserva aún gran arte del lustre cultural y artístico, lo que Zurbarán acostumbrado a las estampas religiosas quiere utilizar el aporte de Caravaggio con su fidelidad a la naturaleza sensible y al tenebrismo y la narración fiel al de los narradores medievales.

Esa ruda simplicidad constituye el encanto de la pintura española, severa y simple, pero profundamente sincera en su ignorancia, que viene del aislamiento y de esa conexión en lo profundo con el mundo medieval.

Velázquez además de su talento natural, puede pulir al extremo sus dotes personales gracias al conocimiento de las colecciones reales, al trato personal con los mejores pintores del momento como Rubens y a dos viajes a Italia.

Zurbarán puede extraer intensidad y plasticidad de las figuras y de las cosas, de las primeras tratándolas con fuerza expresiva y el primor realista que corresponde a las segundas, como se ve en sus bodegones, que lo hacen estar a la misma altura que cualquiera de los mejores pintores del XVII.

El manejo que hace de la perspectiva como la manera en la que relaciona las figuras en escenas grupales es torpe, pero hasta esos defectos son vistos como singulares virtudes con el paso del tiempo, al llegar la época contemporánea a la primera vanguardia buscan aplanar la profundidad y anular los sofisticados alardes de perspectiva.

Hércules hijo de Zeus y de Alcmena y que encarna el prototipo semidivino héroe clásico, es celebrado por sus hazañas, en cuya solución sabe combinar fuerza y astucia, como demuestra al superar los doce trabajos que supera Eristeo rey de Tebas, diez de los cuales son pictóricamente glosados por Zurbarán, en el Salón de los Reinos del Palacio del Buen Retiro.

Son dos las razones que llevan a incluir este ciclo mitológico dentro del programa de exaltación de la monarquía española.

En primer lugar, la comparación entre Hércules figura heroica entre el poder y la virtud, y la imagen de Felipe IV.

En segundo la legendaria de este místico campeón con España pues se cree que Hércules ha instituido la monarquía en nuestro país y nombrado su primer monarca a su hijo Hispalus, además de haber separado el Estrecho de Gibraltar y de haber derrotado al gigante africano Anteo.

Entre las 10 de las 12 escenas de los trabajos de Hércules que pinta Zurbarán, destaca Hércules dando muerte al rey Gerión, quien domina la región meridional española guardando su ganado.

En la versión de Zurbarán, Hércules, aparece desnudo y de espaldas mientras a sus pies yace el derrotado Gerión, con un paisaje de fondo en donde aparece un faro que erige el héroe clásico para iluminar la navegación de Gibraltar.

Los desnudos están tomados del natural mientras una luz realza su plasticidad de sus contornos, resueltos de manera muy vigorosa.

Resulta curioso que hasta fechas recientes no se admita la autoría de Zurbarán, al que se le adscribe solo a temática religiosa o a la pintura de bodegones

Calvo Serraller Francisco, Fusi Aizpurua, Juan Pablo, El espejo del tiempo, Editorial Taurus, Madrid 2009

Fotografía Trianart

Luciano Baldessari, Pabellón de Breda

Nace en Rovereto (1896-1982), es alumno del pintor Fortunato Depero con quien se adscribe en 1913 al Movimiento Futurista.

Interviene en la I Guerra mundial

1922 termina arquitectura n el Politécnico de Milán.

En Austria conoce la obra de Adolf Loos.

1923-1926 marcha a Berlín y trabaja como escenógrafo de cine y teatro.

En este ambiente de vanguardia conoce a Max Reinhardt, Oskar Kokoschka, Ludig Mies van der Rohe, Walter Gropius y Hans Poelzig, a quien debe la influencia expresionista que mostrara en su obra tardía.

1928 de vuelta a Italia abre despacho en Milán, para diseñar la muestra textil italiana en la Exposición Internacional de 1929 de Barcelona.

1931-1932 colabora con Luigi Figini y Gino Pollini en la construcción del edificio administrativo de los talleres tipográficos de Angelli-Frua en Milán.

1933 diseña el pabellón de la prensa en la V Trienal de Milán.

Durante los años del régimen fascista su negativa a afiliarse al partido le hace perder contratos importantes.

Para mantener su reputación de independiente, renuncia a tomar parte en algunos concursos nacionales.

Consigue el reconocimiento internacional a principios de los cincuenta proyectando los cinco pabellones de la sociedad financiera Breda en la feria de Milán.

Dados a conocer por las revistas mas importantes, son valorados como experimentos formales de interés.

Es el único arquitecto italiano que participa en la Exposición Interbau de Berlin con un edificio de 17 plantas construido entre 1956-1957.

Destaca una de sus proyectos de madurez que es la muy expresiva capilla de Santa Lucia en Caravate (1962-1966)

Taschen, Biblioteca Universalis

El siglo de Oro. José Ribera, Demócrito 1630

El reconocimiento de la identidad de la Escuela Española, es del XIX, muy reciente.

Antes de eso no se encuentra mención en la literatura artística.

Quizás el motivo es el recelo que suscita el temible poder alcanzado por España en el XVI, ni al aislamiento de nuestro país en la decadencia.

José de Ribera. El patizambo, 1642. Museo del Louvre

Tras el caravaggismo del XVII, se impone el clasicismo, que se mantiene hasta mitad del XVIII.

José de Ribera. San Sebastián, 1636. Museo Nacional del Prado

En Europa del XVII, todas las corrientes naturalistas en arte tienen un fundamento religioso, aunque fuera de signo contrario.

José de Ribera. Sileno ebrio, 1626. Museo de Capodimonte, Nápoles

Reformista en el centro y el norte, a causa de la iconoclastia protestante, y contrarreformista en el sur católico, dada la necesidad de oponer una visión providencialista a la del humanismo paganizante, pero también de insuflar nuevo brío a la piedad popular.

José de Ribera. Santa Inés en la prisión, 1641. Gemaeldegalerie Alte Meister, Dresde

Pero el sentido artístico renovador de estas corrientes naturalistas, no alcanzan el aprecio critico hasta el XIX.

Un murciélago y dos orejas. JOSÉ DE RIBERA

En el encauzamiento de la pintura naturalista del XVII tiene un papel crucial José de Ribera, nacido en Játiva (Valencia) y del que se desconoce todo sobre su consolidación en Italia, salvo que era hijo de un zapatero.

‘Cabeza grotesca’. JOSÉ DE RIBERA

1616 esta activo en Italia, deambulando por Parma, Roma o Nápoles.

San Andrés (c. 1616)

Sin saber quienes son sus maestros, durante su estancia en Roma, ciudad en la que no solo reside desde 1613, sino en la que es apreciado como demuestra su ingreso en la Academia de San Lucas, Ribera queda deslumbrado por Caravaggio.

Martirio de San Andrés (1628)

Mas tarde y consagrado como pintor, consolida el naturalismo caravaggista en Nápoles.

En esta urbe del virreinato español se instala definitivamente en 1616, en ella se casa, tiene encargos y crea escuela.

Por lo que aunque se pasa tres cuartos de su vida fuera de España, tiene una clientela española y su pintura desde la distancia influye decisivamente en nuestro país, de manera directa o indirecta durante el siglo XVII.

Velázquez joven lo visita en Nápoles durante su primera visita a Italia entre 1630-1631, cuando Ribera acaba de pintar la serie de filósofos de la Antigüedad en la que destaca este, que ahora se identifica la obra que aquí pongo, que se identifica con Demócrito.

Firmado y fechado en 1630 el cuadro, el personaje parece ser un tipo popular de baja extracción y con rasgos meridionales, quizás un campesino napolitano.

Es una obra de madurez, época en la que Ribera comienza a atenuar el claroscuro de Caravaggio de su primera época y a ampliar su repertorio barroco, como lo demuestra esta estrambótica figura del sabio miserable, muy en consonancia del antihumanismo contrareformista.

Pintado en 1630, esta representación de Demócrito forma parte de un conjunto identificado que Ribera ejecuta para el duque de Alcalá, virrey de Nápoles entre 1629-1631.

Estas series que suelen ser una docena, están destinadas a decorar los gabinetes de trabajo studiolo, bien los muros de las grandes bibliotecas.

Existe una gran tradición humanística, reflejada en la pintura italiana y de los Países Bajos, pero no en la española, hasta Ribera, que le da un fuerte y original impulso.

La fuente clásica que utiliza para crear los prototipos de estos filósofos griegos es Vidas, doctrinas y sentencias de los filósofos ilustres de Diógenes Laercio, aunque el asunto tiene un trasfondo cultural mucho mas amplio y complejo, ampliamente explotado por la erudición humanista.

La interpretación que hace Ribera es de Caravaggio, dentro de un clima ideológico y moral neoestoico.

Al filosofo se le atribuye la eutimia, buen humor, lo que deriva en la imagen que de él acuñan los artistas.

En relación con este estereotipo, Ribera genera uno propio, donde el sabio antiguo no solo aparece a la manera Caravaggio, sino como un rudo campesino de época o un mendigo urbano, sino como una figura de medio cuerpo, de tez arrugada y despojado de toda identidad histórica, desentendiéndose de todos los atributos que suelen acompañar su representación, salvo en el detalle de su risa maliciosa y también de un equivoco compas en su mano derecha, razón por la que se ha querido ver en él a Arquímedes.

La preocupación de Ribera es acentuar la expresividad en su rostro, como reflejo de un temperamento característico, muy en consonancia con la preocupación del XVII de fijar con precisión individiluadizadora la singularidad de la persona humana y el complejo entramado de sus reacciones emotivas.

De esta manera el tópico del filósofo cuya sabiduría contrasta con su vida miserable cobra gracias al pintor una nueva dimensión moral, de displicente indiferencia ante la pompa mundana y de aceptación ante los embates negativos de la fortuna.

Es paralelo a la literatura del XVII que hace de la novela picaresca el descarnado realismo sarcástico uno de sus mejores géneros.

Calvo Serraller Francisco, Juan Pablo Fusi Aizpurua, El espejo del tiempo, Editorial Taurus, Madrid 2009.

Trianart fotografía

Venus paleolíticas. Venus de Willendorf (25000 antes de Cristo)

No se sabe porque emerge el arte en el pasado.

Nuestros ancestros más antiguos comienzan a crear herramientas de piedra y armas hace 2,5 millones de años, pero los objetos sin una función práctica, emergen más adelante.

Los abalorios como collares se remontan a 80000 años, mientras que las primeras pinturas rupestres datan de hace 40000.

Las primeras representaciones de la forma humana aparecen en torno a 40000-30000 a C, en el Paleolítico Superior, cuando una serie de herramientas y técnicas mas sofisticadas permiten tallar esculturas figurativas en rocas, arcilla, hueso y marfil.

En yacimientos de toda Europa, en refugios, cuevas y cementerios, se han encontrado cientos de estatuillas, la mayoría de las cuales datan de entre 30000 y 22000 Ac y representan una figura femenina.

Cuando en el XIX se hallan los primeros ejemplos de estatuillas, se le bautiza con el sobrenombre de venus, una referencia irónica al idealizado recato de las imágenes clásicas de la diosa romana del amor, la belleza y la fertilidad.

Las figuras no son en absoluto castas, de hecho enfatizan los aspectos sexuales de la anatomía femenina.

Siempre desnudas o ligeras de ropa, las figuras muestran siempre unos grandes pechos, unas nalgas y vientres gigantes, rematados con la cabeza y las piernas, unos genitales exagerados y carentes de pies y manos.

Muchas de ellas tampoco tienen cara.

Quizás la mas famosa sea la venus de Willendorf, una estatuilla de piedra caliza descubierta en 1908 por el arqueólogo Josef Szombathy en Willendorf (Austria).

Esta venus no es solo una representación impúdica de la mujer, sino que seguramente tampoco es una diosa.

Es posible que el concepto de diosa fértil o madre tierra evolucionara con la llegada de la agricultura y que fuera un concepto ajeno a las primeras sociedades nómadas.

A pesar de la exagerada sexualidad y de los brazos y piernas desproporcionadamente pequeños, es una representación real, aunque idealizada de una mujer, la personificación de la fertilidad humana, más que una deidad.

En las sociedades nómadas de la Europa de la Edad del Hielo, la obesidad es un rasgo poco frecuente.

La corpulencia de la venus de Willendorf y de otras figuras, además de ser un símbolo de fertilidad, puede representar el deseo de supervivencia, longevidad y abundancia.

La estatuilla destaca respecto a otras por la representación del pelo, que luce elaboradas trenzas o cuentas.

El cabello tiene una larga historia como elemento de atracción sexual, por lo que probablemente el objetivo fuera mostrar una sexualidad erótica, mas que una fertilidad reproductiva.

Por otro lado, algunos investigadores opinan que las siete líneas concéntricas que rodean la cabeza de la figura, no se corresponden con el cabello, sino con un tocado ritual.

Las estatuillas de las venus son uno de los mayores hitos artísticos de la Edad de Piedra, pero su función en la sociedad paleolítica está rodeada de especulaciones.

Venus Impudique” (Foto: Wikimedia Commons Dominio público)

La mayoría de ellas miden entre 4 y 25 cm de alto y todas tienen una forma muy similar a pesar de que se crearon en un periodo que abarca varios miles de años, lo que sugieren que tenían un propósito concreto.

Algunos historiadores defienden que como caben en la palma de la mano, podrían usarse como amuletos para conjurar la fertilidad o protegerse del mal.

Venus de Renacourt

Otros opinan que las venus de Willendorf originariamente son de ocre rojizo y que se utiliza en ritos funerarios, lo que da cuenta de su importancia en estos rituales.

Pero otro se preguntan si las figuras no eran autorretratos de mujeres que no contaban con espejos, lo que explicaría la ausencia de rostro.

En comparación con el gran numero de venus, se han encontrado una pequeña cantidad de estatuillas masculinas de fertilidad.

La mas notable es un falo de piedra hallado en Hohle Fels (Alemania), esculpido en la misma época que las venus.

Estas representaciones de la fertilidad masculina se extienden en las civilizaciones de la antigua Grecia, con sus reproducciones de Príamo el dios de la fertilidad.

En el antiguo Egipto, con sus esculturas de Min y Osiris.

En la antigua India, en la representación fálica del Shiva, conocida como Lingam.

Las diosas de la fertilidad de la Antigüedad clásica se representan con un recato cada vez mayor, quizás reflejo de una sociedad patriarcal.

Palffy Georgina, Atkinson Sam, El libro del arte. Editorial Akal, Madrid 2019.

Juan Pantoja de la Cruz, Retrato de Felipe III 1606

Retrato de Felipe III, óleo sobre lienzo, 204 x 122 cm, firmado, 1606. Museo del Prado. Obra de Juan Pantoja de la Cruz.

1588 el fallecimiento de Sánchez Coello abre el paso a una nueva generación de retratistas españoles oscurecida hasta entonces por la poderosa figura de este pintor.

La infanta Isabel Clara Eugenia, óleo sobre lienzo, 112 x 89 cm, 1598-1599. Museo del Prado (en dep. en el monasterio de San Lorenzo de El Escorial, Madrid). Obra de Juan Pantoja de la Cruz
Catalina Micaela de Saboya. Óleo sobre lienzo. 70 x 50 cm. Museo del Hermitage. San Petersburgo. Rusia. Obra de Pantoja de la Cruz

Juan de Austria. Obra atribuida a Pantoja de la Cruz.

Ninguno de los cuales altera el modelo de cortesano fraguado en la época de Felipe II por Sánchez Coello a partir de los precedentes de Antonio Moro y Tiziano.

La reina Isabel de Valois, tercera esposa de Felipe II, óleo sobre lienzo, 120,1 x 84 cm, h. 1604-1608. Museo del Prado. Obra de Juan Pantoja de la Cruz.

Es el caso de Juan Pantoja de la Cruz que no empieza a firmar los retratos oficiales hasta la muerte de Sánchez Coello, de quien es colaborador.

Doña Margarita de Austria, reina de España, óleo sobre lienzo, 112 x 97 cm, firmado, 1607 Museo del Prado (en dep. en el Museo de Bellas Artes de La Coruña). Obra de Juan Pantoja de la Cruz.

Retrato del conde de Villalonga Pedro Franqueza (Igualada 1547 – León 1614), secretario del Consejo de Estado. Obra de Pantoja de la Cruz.

Emmanuel Philibert, Duke of Savoy, painting in El Escorial. Obra de Pantoja de la Cruz.

Con respecto al modelo establecido, este pintor no aporta absolutamente nada desde el punto de vista iconográfico

Retrato del emperador Carlos V, óleo sobre lienzo, 183 x 110 cm, firmado, 1605. Museo del Prado. Copia de Tiziano. Obra de Juan Pantoja de la Cruz.

Margaret of Austria, Queen of Spain. 1605. Obra de Pantoja de la Cruz.

El modelo consiste en exaltar la majestad de la persona real retratada, mientras que se obvian sus peculiaridades sus cualidades psicológicas, pero nunca la calidad y significación de los atavíos.


Un caballero santiaguista, óleo sobre lienzo, 51 x 47 cm, firmado, 1601. Obra de Juan Pantoja de la Cruz.

Obra de Pantoja de la Cruz.

Doña Ana Mauricia princesa de España, c. 1614. Obra de Pantoja de la Cruz.

Pantoja de la Cruz retrata al ultimo Felipe II y es nombrado pintor de cámara en 1596 y es el mejor de los continuadores de Sánchez Coello.


Obra de Pantoja de la Cruz.
Margaret of Austria, Queen of Spain. 1605-10. Obra de Pantoja de la Cruz.

El entorno artístico de Felipe III baja de nivel bastante, según Rubens en su viaje a Valladolid que no disimula su desencanto230.


La infanta Isabel Clara Eugenia. 1599 (Alte Pinakothek de Múnich, Alemania). Obra de Pantoja de la Cruz

Obra de Pantoja de la Cruz.
Catalina de la Cerda y Portugal, duquesa de Lerma. Obra de Pantoja de la Cruz.

Juan Pantoja de la Cruz además de ser el perpetuador del modelo de retrato oficial, destaca por los detalles y sabe tratar con refinamiento el diseño de los trajes.

Círculo de Juan Pantoja de la Cruz – Doña María de Villena, marquesa de la Laguna de Camero Viejo. Principios del siglo XVII. Óleo sobre lienzo, 210 x 115 cm. Convento de Trinitarias Descalzas de San Ildefonso, Madrid.

El Infante Don Felipe con armadura. 1594. Óleo sobre lienzo. 150 x 174 cm. Kunsthistorisches Museum. Viena. Austria. Obra de Pantoja de la Cruz.

Obra de Pantoja de la Cruz.

Catalina de la Cerda y Portugal, duquesa de Lerma. Obra de Pantoja de la Cruz.
Diego Sarmiento de Sotomayo. La niñera lleva una insignia de la orden de Alcántara. Sobre la base de la inscripción es identificado como Diego Sarmiento de Sotomayor y Viilamayor, hijo de Diego Sarmiento de Sotomayor, cortesano de Felipe II. 1605

En cuanto a las figuras además de hacerlas envaradas, su patrón geométrico les da fuerza y rotundidad, aunque ejecuta el encuadre  los principios de perspectiva.


Esculturas orantes de Carlos V y su familia, 1599. Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. El Escorial. Madrid. Obra de Pantoja de la Cruz

Inmaculada. 1603. Óleo sobre lienzo. 244 x 162 cm. Museo Nacional de Escultura. Valladolid. Obra de Juan Pantoja de la Cruz.
Santa Úrsula y las once mil vírgenes. 1605. Óleo sobre lienzo. 204 x 281 cm. Depósito de particular. Diputación Foral de Álava. Obra de Juan Pantoja de la Cruz.

Aunque su obra se dedica al retrato oficial, también acomete piezas de carácter religioso, como lo acreditan las obras que acomete en 1603 para el oratorio de la Reina en el Palacio Real de Valladolid.

El Nacimiento de Cristo, óleo sobre lienzo, 260 x 172 cm, firmado, 1603. Museo del Prado (en dep. en el Palacio de Pedralbes, Barcelona)
San Agustín, 1601,óleo sobre lienzo, 264 x 115 cm. Museo del Prado. Obra de Juan Pantoja de la Cruz.

Muestra ahí,  las influencias de los maestros que trabajaron en el Monasterio del Escorial, pero también una interesante deriva naturalista, que demuestra el afianzamiento en España del realismo de inspiración contrarreformista.


San Nicolás de Tolentino, 1601, óleo sobre lienzo, 261 x 133 cm. Museo del Prado. Obra de Juan Pantoja de la Cruz.

Pantoja cultiva otros géneros como el fresco, el bodegón o la miniatura, sin que hasta el momento haya sido posible encontrar ninguna pieza conservada.


Obra de Pantoja de la Cruz.
Infanta Isabella Clara Eugenia of Spain. Obra de Pantoja de la Cruz.

Infantin Isabella Clara Eugenia von Spanien. 1599. Obra de Pantoja de la Cruz.

La necesidad de marcar distancias que impone la retratística de la familia real de los Austria, obliga a Pantoja a reforzar el hieratismo solemne de sus modelos, a los que no puede perfilar psicológicamente.


La reina doña Margarita de Austria, óleo sobre lienzo, 207 x 122 cm, firmado, 1606. Museo del Prado. Obra de Juan Pantoja de la Cruz.

Obra de Pantoja de la Cruz.

Francisco de Sandoval y Rojas, Duke of Lerma. Obra de Pantoja de la Cruz.
Retrato de Felipe Manuel, príncipe de Savoya (1586-1605), hijo de Charles Emmanuel I, Duque de Saboya y Catherine Michelle Infanta de España (hija de Philip II). El artista representa al príncipe como heredero al trono en Savoya vestida con una armadura de origen Lombardo y el collar de la orden de la Annunziata, la orden más alta del Reino de Savoya.

Así y todo, logra algunos retratos que rozan la excelencia como el que pinta a Felipe II en 1590, o el de Isabel de Valois de 1608.

El de Felipe III es igualmente maravilloso, pero quizás por el menor interés y garbo de este monarca, mas propicio a los placeres cinegéticos que a las artes de gobierno, el efecto resulta más neutro y convencional.

Si se compara la calidad de Pantoja de la Cruz con sus sucesores inmediatos como Bartolomé González, Santiago Moran, Rodrigo de Villandrando o Francisco López, no solo Pantoja es superior a todos ellos, sino que es fácil comprender que sirven de puente o enlace del retrato español hasta Velázquez.

Retrat de monjo caputxí, oli sobre llenç, 62 x 42 cm. Museu de Belles Arts de València. Obra de Pantoja de la Cruz.

Felipe III, príncipe. 1590-92. Obra de Pantoja de la Cruz.
The Somerset House Conference 19 August 1604. Spanish delegation on the left, English delegation on the right. 1604. Obra de Pantoja de la Cruz

Calvo Serraller Francisco, Juan Pablo Fusi Aizpurúa, El espejo del tiempo, Editorial Taurus, Madrid 2009.

Retrato de Felipe III, óleo sobre lienzo, 204 x 122 cm, firmado, 1606. Museo del Prado. Obra de Juan Pantoja de la Cruz.

¿Es divino Michelangelo di Lodovico Buonarroti Simoni?

‘Retrato de Miguel Ángel’ por Daniele da Volterra, ca. 1544

Señor, haz que yo pueda siempre desear más de lo que logre realizar

Su excepcional talento lo convierte en una figura cuasi intocable y divina.

Esto provoca que varios pontífices se hagan los locos ante las salidas del artista.

Los desaires y ridiculización a ciertos miembros de la Iglesia por parte del pintor protagonizan alguna que otra anécdota, como ocurre con Biagio De Cesana (maestro de ceremonias de Pablo III) durante la elaboración de los frescos del Juicio Final en la Capilla Sixtina, al que convierte en un individuo con orejas de burro, con una serpiente mordiendo el genital como venganza de haberle cubierto las figuras desnudas con paños blancos.

Detalle de “El juicio final” con Biagio da Cesena como Minos por Miguel Ángel, 1536–1541 (Foto: Dominio público vía Wikipedia)

Cuando el Papa le pide que cubra la desnudez Miguel Angel contesta que

Los santos no tienen sastre

El Concilio de Trento, entre 1545 y 1563, marcó el inicio de la contrarreforma católica.
Óleo de escuela italiana, 1630.

Es testigo privilegiado de una época.

Su larga vida –89 años, de 1475 a 1564– coincide con un período crucial de la historia de Europa.

Hoguera de Savonarola

Son los tiempos en que la fe católica se desmorona ante el ímpetu de la Reforma protestante iniciada por  Martin Lutero en 1517,

Tiempos en los que el astrónomo Copérnico revela la verdadera posición de la tierra en un sistema heliocéntrico.

Foto: Andrea Jemolo / Musei del Bargello

En que los relatos de viajes y  el descubrimiento del Nuevo Mundo en 1492,  generan otra visión del universo, con nuevos lugares, razas y especies que no aparecen en la Biblia y que hacen cuestionar muchos dogmas.

También del desarrollo comercial y burgués y el pensamiento laico y científico fomentan una nueva valoración del individuo y de la figura del artista. 

Foto: Andrea Jemolo / Musei del Bargello

Miguel Angel  se hace eco de todo ello, evolucionando con el entorno que le rodea y reflejando sus expectativas.

Foto: Andrea Jemolo / Musei del Bargello

Nace en Caprese, Italia, el 6 de marzo de 1475.

Escultor y ocasional pintor y arquitecto, destaca durante 70 años en las ciudades de Florencia y Roma, en las que viven sus patrocinadores, los Medicis y los Papas de Roma.

Miguel Ángel muestra a Julio II su plano de San Pedro de Roma.
E. Vernet, 1827.

En vida es el primer artista de Occidente que ve dos biografías suyas publicadas.
Le llaman El Divino, porque sale airoso en cualquier soporte en el que trabaje.

La creación de Adán es una de las escenas de los frescos de la bóveda de la capilla Sixtina pintados por Miguel Ángel entre 1508 y 1512 en los Palacios Vaticanos. La complejidad iconográfica de la obra es extraordinaria. La parte central la componen una selección de escenas del Antiguo Testamento: La creación del mundo, La creación de Adán y Eva, El pecado original, El sacrificio de Noé, El Diluvio y, por último, La ebriedad de Noé, que representa la expresión más vil del ser humano contaminado por el pecado. En ambos lados, conectando con los frescos de los muros laterales, aparecen representaciones de las Sibilas y los Profetas, que flanquean la bóveda como precursores de la llegada del Mesías. Los ángulos, ocupados por las pechinas, contienen escenas de los milagros de la salvación de Israel que prefiguran la venida de Cristo.
Foto: Scala

Él es escultor y la pintura le es impuesta por Julio II, porque Bramante que es la competencia con el Papa, los manipula para que Miguel Ángel fracase y con idea de colocar a Rafael, haciendo que le ordene pintar los frescos de la Capilla Sixtina del Palacio del Vaticano.

1481 su madre fallece, cuando tiene seis años.

La familia que vive en Florencia desde hace trescientos años había estado adscrita al partido de los güelfos.

Muchos de sus miembros han desempeñado cargos públicos, pero en época del abuelo del artista hay una progresión descendente.

Su padre, que fracasa en el intento de mantener el estatus de la familia, vive de trabajos ocasionales para el gobierno, como el de Corregidor de Caprese en el tiempo en que Miguel Ángel nace.

Vuelven a Florencia, donde viven de unas pequeñas rentas procedentes de una cantera de mármol, y una pequeña finca de Settignano, pueblo donde Miguel Ángel vive durante la larga enfermedad y muerte de su madre.

En ese lugar queda al cuidado de la familia de un picapedrero.
Su padre le obliga estudiar gramática en Florencia, pero su vocación es ser artista, cuando se lo comunica a su padre, mantienen una discusión acalorada.

En esta época el artista tiene todavía el estatus de artesano con escaso reconocimiento social, que para su padre no se corresponde con el  estatus de su familia.

Pero lo convence para ser escultor de piedra, que jocosamente Miguel Ángel comenta le viene de la influencia de la que es su nodriza, la mujer del picapedrero.

Juntamente con la leche de mi nodriza mamé también las escarpas y los martillos con los cuales después he esculpido mis figuras.
Pronto demuestra sus aptitudes para la escultura y el dibujo.

1488, con doce años, se inicia en el taller de los famosos hermanos Davide Ghirlandaio y Domenico Ghirlandaio, con los que está un año como aprendiz, tras lo que, y bajo la tutela de Bertoldo di Giovanni, empieza a frecuentar el jardín de San Marcos de los Médicis, donde admira y estudia las esculturas antiguas que están allí.

Un día, saliendo del jardín de los Médicis -o, según Benvenuto Cellini, de la capilla Brancacci, donde él y otros alumnos aprenden a dibujar delante de los frescos de Masaccio, cuando Pietro Torrigiano le dio un puñetazo y le rompe la nariz, a consecuencia de esto, a Miguel Ángel le queda la nariz chata toda la vida, como se puede apreciar claramente en todos sus retratos.

1492 al fallecimiento de Lorenzo el Magnífico, marcha de Florencia a Venecia, y posteriormente se ubica en Bolonia.

Foto: Andrea Jemolo / Musei del Bargello

Allí esculpe diferentes obras influido por Jacopo della Quercia.
1496 decide marcha a Roma, donde triunfa.

Baco. También conocido como el Baco ebrio, Miguel Ángel creó esta escultura justo antes de su famosa Piedad, en 1498. El artista todavía era joven, pero el Baco se considera como su primera gran obra en la que ya anticipa ciertos rasgos que desarrollará plenamente durante su madurez artística como los referentes de la Antigüedad y la postura del contraposto, algo muy común en la época que también puede verse en su David. Esta obra es uno de los resultados del primer viaje a Roma de Miguel Ángel, donde el cardenal Riario le hizo un encargo que luego rechazó. 

En Roma comienza una década de gran intensidad artística, con treinta años, es reconocido como un gran artista.

Poco después de llegar a Roma, en 1498, Miguel Ángel recibió un encargo que despertó todo su genio creador. Se trataba de una estatua funeraria para el cardenal francés Jean de Billheres, un miembro de la corte papal de Alejandro VI, el papa Borgia. El tema era el de la Piedad, recurrente en la época, pero Miguel Ángel lo planteó de forma original. Frente al patetismo de las piedades nórdicas, el florentino plasmó la idea de redención sin ahondar en el sufrimiento de Jesucristo y su madre. Las figuras encarnan una belleza inmaculada e inalterable, expresión de la salvación de la humanidad propiciada por el sacrificio de Cristo.

1496, talla la Piedad del Vaticano, tiene 23 años de edad, después de tallar el Bacus del Bargello, al poco hace el Tondo Pitti.

La piedad” de Miguel Ángel, 1498-1499 (Foto: Stanislav Traykov, Niabot )

Del mismo tiempo es el cartón de La batalla de Cascina, (desaparecido), y el David, obra cumbre de la escultura, de una gran complejidad por la escasa anchura de la pieza de mármol, que es colocado inicialmente delante del palacio del Ayuntamiento de Florencia.

The famous original Statue of David from Michelangelo (1501 – 1504 in carrara marble) in the Galleria dell Accademia in Florence – Tuscany | usage worldwide Photo by: Johanna Hoelzl/picture-alliance/dpa/AP Images.Una cofradía ligada a la catedral de Florencia, formada principalmente por miembros del influyente gremio de la lana, encargó a Miguel Ángel, en 1501, una estatua que representara a David derrotando a Goliat. Buonarroti rompió con la iconografía habitual en la que el héroe aparece como vencedor con la cabeza de Goliat. Prefirió representar el momento previo a la acción, cuando el joven se prepara para el desigual combate. Destaca la desproporción de las manos y la cabeza respecto al cuerpo, expresión quizá de la idea de República: la cabeza simbolizaría el ideal, y las manos, el instrumento para el cambio de régimen.

1505 Julio II, su patrocinador, le encarga la realización de su monumento fúnebre.

Madonna de Brujas
Justo después de terminar la Piedad y antes de comenzar el DavidMiguel Ángel realizó esta escultura que se encuentra en la iglesia de Nuestra Señora de Brujas, en Bélgica. Perteneciente al periodo clasicista del artista, la Madonna de Brujas exhibe la contención típica de este estilo. Su belleza reside precisamente ahí, en la armonía entre las partes que la forman y en una expresión equilibrada que no perturba los rasgos de los protagonistas. La escultura fue terminada en 1504, antes de que las esculturas de Miguel Ángel experimentaran el cambio evidente que se aprecia en el David o el Moisés

Miguel Ángel proyecta un complejo arquitectónico y escultórico monumental, entusiasmándose con este proyecto, permanece en Carrara ocho meses para elegir personalmente la elección y la dirección de la extracción de los mármoles que va a utilizar para llevarla a cabo.

Pero a su vuelta a Roma, el papa desecha la idea del proyecto, debido a que esta absorbido en la reforma de Bramante en la Basílica de San Pedro. Contrariado, sale de Roma dirigiéndose a Florencia.

 1506, tras incontables llamadas del papa, que le llega amenazar con la excomunión, vuelve para reunirse con él en Bolonia.

1508 acepta dirigir la decoración de la bóveda de la Capilla Sixtina, frescos en los que trabaja durante cuatro años, tras un trabajo que lleva a cabo de forma tenaz y en solitario.

Una grandiosa estructura arquitectónica pintada, inspirada en la forma real de la bóveda.

Miguel Ángel realizó los frescos de la Capilla Sixtina entre 1508 y 1512. La restauración que se realizó en la década de 1990 mostró el increíble dominio técnico del pintor, que además no contó con ayudantes para la realización de las pinturas, tan solo unos obreros que prepararon la techumbre. El tamaño gigantesco de las figuras y la dificultad de aplicar la pintura en los techos curvos convierten este fresco en una creación excepcional. El propio artista comentó en sus escritos el dolor que le provocaba trabajar desde los andamios.  
Foto: Antoine Taveneaux

En el tema bíblico general de ella, Miguel Ángel realiza una interpretación neoplatónica del Génesis y da forma a un tipo de interpretación de las imágenes que se convierten en símbolo del arte del Renacimiento.

El restaurador Gianluigi Colalucci, en 1993, limpia la cabeza de san Bartolomé en una sección del fresco del juicio final de Miguel Ángel.
Foto: Vittoriano Rastelli / Corbis

1516 León X le encargó la realización de la fachada de la Basílica de San Lorenzo, trabajo que abandona con gran tristeza en 1520.

Del proyecto se conservan numerosos dibujos y una maqueta de madera.
Después de la muerte de Bramante en 1514 y de Rafael Sanzio en 1520, Miguel Ángel consigue la total confianza del papado.

1520-1530, trabaja en Florencia, construye la Sacristía Nueva de San Lorenzo y la Biblioteca Laurenciana.

Durante su larga etapa de residencia en Florencia (1519-1534), Miguel Ángel recibió el encargo de realizar las dos tumbas de los Médicis en la sacristía nueva de San Lorenzo. La tumba de Lorenzo de Médicis está presidida por una figura central, que lo representa en actitud contemplativa, introspectiva. Como atributos lleva una piel de león, un cofre con monedas (símbolo del tributo a pagar para entrar en el reino de los cielos) y un pañuelo. El personaje viste una armadura de tipo clásico. No hay emblemas familiares, ni ningún epitafio alude a sus hazañas, lo que indica una intención idealizante más que conmemorativa.
Foto: Andrea Jemolo / Musei del Bargello.
Foto: Andrea Jemolo / Musei del Bargello
Foto: Andrea Jemolo / Musei del Bargello
Foto: Andrea Jemolo / Musei del Bargello
Foto: Andrea Jemolo / Musei del Bargello
Foto: Andrea Jemolo / Musei del Bargello
Foto: Andrea Jemolo / Musei del Bargello
Foto: Andrea Jemolo / Musei del Bargello
Foto: Andrea Jemolo / Musei del Bargello
Foto: Andrea Jemolo / Musei del Bargello
Foto: Andrea Jemolo / Musei del Bargello
Foto: Andrea Jemolo / Musei del Bargello
Foto: Andrea Jemolo / Musei del Bargello
Foto: Andrea Jemolo / Musei del Bargello
Foto: Andrea Jemolo / Musei del Bargello
Foto: Andrea Jemolo / Musei del Bargello

1527 tras el saco de Roma, y la expulsión de los Médicis de Florencia, Miguel Ángel forma parte del gobierno de la nueva República Florentina, siendo nombrado gobernador y procurador general de la fabricación y fortificación de las murallas, participa en la defensa de la ciudad asediada por las tropas papales.

Saco di Roma

1530, tras de la caída de la República, el perdón de Clemente VII lo salva de la venganza de los partidarios de los Médicis.

Este año reinicia los trabajos de la Sacristía Nueva y del sepulcro de Julio II.

El sepulcro del papa Julio II
Cuando el Papa Julio II encargó a Miguel Ángel, en 1505, la realización de su monumento funerario, poco podía imaginar el artista que sólo podría dar conclusión a su obra cuatro décadas más tarde cuando el Papa ya había fallecido. Fue éste uno de los proyectos más ambiciosos del genio florentino, concebido por él mismo como su gran obra. Sin embargo, tras numerosos contratiempos, incluido el despido y posterior readmisión del artista por parte del Papa, la obra nunca llegó a convertirse en el proyecto inicial. La imagen muestra la parte baja de toda la estructura –compuesta por dos niveles–, cuyo centro lo ocupa una estatua Moisés. El conjunto del sepulcro fue instalado en San Pietro in Vincoli, Roma.
Lights illuminate Michelangelo’ statue of Moses, at the San Pietro in Vincoli Church, in Rome, Tuesday, Jan. 24, 2017. Italian restorers revealed a cleanup job and a new lighting system Tuesday on the famous statue of Moses sculpted by Renaissance artist Michelangelo for the tomb of Pope Julius II. The sculpture is classic Michelangelo with attention to minute details such as the veins in Moses‚Äô arms, and anatomically correct musculature. (Angelo Carconi/ANSA via AP)

 Esculpe con este fin las dos figuras de los Esclavos y el Moisés, que reflejan una atormentada energía, la terribilitá de Miguel Ángel.

Retrato del papa Pablo III realizado por Tiziano. Museo de Historia del Arte, Viena.

1534 acepta el encargo de Clemente VII para trabajar en el altar de la Capilla Sixtina, donde entre 1536-1541, realiza el Juicio Final.

Cristo, como juez supremo, aplaca con su gesto la agitación de su alrededor. Su rostro podría estar inspirado en la cabeza del Apolo del Belvedere, hoy en el Museo Pío-Clementino. Foto: Bridgeman / Index

Hasta 1550 hace obras para la tumba de Julio II, y los frescos de la Capilla Paulina que representan La conversión de San Pablo y el Crucifixión de San Pedro.
Se considera escultor de cuerpos- unido a su fascinación por todo lo joven y vigoroso, emblemas de la belleza clásica.

Esta conflictividad con la que el artista vive su deseo carnal aflora también en el enfrentamiento con su homosexualidad.

Tiene relaciones con Cecchino dei Bracci, en 1543, Bracci fallece y Miguel Ángel diseña su tumba, en la iglesia de Santa María in Aracoeli de Roma. También Giovanni da Pistoia, joven y bello literato, que es durante un tiempo su mejor amigo.

Es posible que mantuviera una relación amorosa con él en la época que empieza a pintar la bóveda de la Capilla Sixtina, relación que se refleja en unos sonetos muy apasionados que Giovanni le dedica.

Durante las dos últimas décadas de su vida, Miguel Ángel se dedica a la arquitectura.

La imagen muestra la plaza diseñada por Bernini y la basílica con la cúpula planeada por Miguel Ángel y terminada en 1590. A la derecha se ve la capilla Sixtina.
Foto: Giovanni Simeone / Fototeca 9X12

Dirige las obras de la Biblioteca Laurenziana de Florencia, en Roma, la remodelación de la plaza del Capitolio, la capilla Sforza de Santa María Mayor, la finalización del Palacio Farnese y, sobre todo, la finalización de la Basílica de San Pedro del Vaticano.

La Plaza del Campidoglio fue enteramente diseñada por Miguel Ángel siguiendo un encargo del Papa Pablo III en 1538. en el centro se alza la estatua de bronce del emperador Marco Aurelio.

De esta época son las últimas esculturas como la Piedad Palestrina o la Piedad Rondanini, también numerosos dibujos y poesías de inspiración religiosa.
A lo largo de los últimos años de su vida trabaja en el proyecto de la basílica vaticana, simplificando el proyecto que concibe Bramante, si bien mantiene la estructura con planta de cruz griega y la gran cúpula.

La Piedad Rondanini La escultura inacabada, última obra de Miguel Ángel (1552-1554), se encuentra en el Castillo de Sforza, en Milán.

Muchos creen —y yo creo—que he sido designado por Dios para este trabajo. A pesar de mi vejez, no quiero dejarlo; trabajo por amor a Dios y pongo toda mi esperanza en Él.

Tras la muerte de Miguel Ángel, la finalización de la cúpula de San Pedro recayó en Domenico Fontana y Giacomo de la Porta, que apenas variaron el proyecto original.
Foto: JOHANNA HUBER / FOTOTECA 9X12.

Con 88 años, el 18 de febrero de 1564, acompañado por su secretario Daniele da Volterra y por su fiel amigo Tommaso Cavalieri, fallece antes de ver concluida su obra.

Deja escrito que desea ser enterrado en Florencia, y hace testamento en presencia de su médico Federigo Donati: 

dejando su alma en manos de Dios, su cuerpo a la tierra y sus bienes a los familiares más próximos.

Foto: Andrea Jemolo / Musei del Bargello

Su sobrino Leonardo es el encargado de cumplir con esta última voluntad del gran artista, y el 10 de marzo de 1564 recibe sepultura en la sacristía de la iglesia de la Santa Croce.

1570 el monumento funerario es diseñado por Giorgio Vasari.

Foto trianart

https://historia.nationalgeographic.com.es/a/miguel-angel-buonarroti-genio-renacimiento_11177

Wikipedia

http://www.revista-critica.com/la-revista/actualidad-cultural/arte/482-miguel-angel-buonarroti-genio-universal

Trianart

http://carbularte.blogspot.com/2018/01/el-complejo-caracter-de-miguel-angel.html

Detalle de “El juicio final” con Biagio da Cesena como Minos por Miguel Ángel, 1536–1541 (Foto: Dominio público vía Wikipedia)
Foto: Andrea Jemolo / Musei del Bargello