El Modernismo



A final de siglo XIX se desarrolla un movimiento estético que en función del lugar tiene una denominación diferente, de tal manera que lo que nosotros denominamos Modernismo.




El Modernismo en Alemania es Jugendstil, en Francia Art Nouveau y en Italia Liberty (al igual que en EEUU).

Esta multiplicidad de vías revela la diversidad de opciones que tal estilo internacional ofrece solo por su diferente nacionalidad.

Lo que cohesiona a este movimiento es el cada vez más generalizado rechazo a la arquitectura de los revivals historicistas, lo que indica que cada uno de estos nombres habla de lo moderno, de lo nuevo, lo joven o lo libre.

El Modernismo va de desde la década de 1880 hasta 1820, aunque su periodo álgido es 1890, entre sus antecedentes están los Prerrafaelistas y los Nazarenos, y también ingles el Movimiento de Artes y Oficios (Arts and Crafts) que potencia William Morris.

El Modernismo que impulsa una síntesis entre las artes, volviendo al mito romántico de la obra de arte total, se manifiesta en todas las artes, aunque el campo más específico es el de las artes aplicadas o industriales.

Su clave estética es la defensa de la línea curva de desarrollo orgánico, un poco parodiando la forma vegetal.

Esta es la razón por la que se encuentra en las artes aplicadas, el diseño decorativo de interiores y la ilustración gráfica, su mejor vehículo de expresión, mientras que colisiona con el funcionalismo de la arquitectura moderna y con la pintura.

Hay tres arquitectos europeos que destacan, el escoces Charles Rennie Mackintosh (1868-1928), el belga Henri van de Velde (1863-1957) y el español Antonio Gaudi (1852-1926).


De Mackintosh hay que recordar La Escuela de Glasgow, hecha entre 1896-1910, porque es una mezcla entre el espíritu fundacional de Sullivan y el espíritu modernista.

De Van de Velde, destaca su labor como pintor, ilustrador, diseñador de muebles, vidriero, orfebre y arquitecto, destaca el teatro que diseña en 1914 para la Exposición de Werkbund en Colonia, y su nombre está asociado a la Escuela de Artes y Oficios de Weimar, embrión de la Bauhaus, tras su reorganización después de la segunda guerra mundial.




Antonio Gaudi es singular ya que es muy autónomo e intuitivo.

Nace en Reus, pertenece a una dinastía de experimentados forjadores del hierro, lo que configura su sensibilidad y le dota de una capacitación técnica artesana que ninguno de sus colegas tiene.

Cuando consigue el título de arquitecto, se aparta de cualquier sombra de academicismo y actúa por libre de forma muy creativa.

Le favorece la vitalidad de Barcelona en ese momento, muy cosmopolita e inquieta y Gaudi no tarda en convertirse en el portador estético más cualificado de esa generación, lo que explica la relevancia de los encargos que recibe por parte de los mecenas locales y toda la última parte de su existencia está dedicada a la obra más emblemática y audaz del renacimiento cultural catalán, La Sagrada Familia en cuya construcción se emplea entre 1883 y 1926.

El sentido orgánico del diseño de Gaudi alcanza gran atrevimiento, que no se limitan al exterior del edificio, sino que corresponde con la estructura y hasta con el menor de los acabados del interior.

Y es que gracias a su formación Gaudi consigue abarcar todo desde el diseño de un picaporte, las rejas y forjados de las ventanas o muebles, y hasta las formas mas ingeniosas de los jardines.

Destaca La Casa Batlló (1905-1907) y la Casa Milá (1905-1910) conocida como La Pedrera y todas las intervenciones que hace para la familia Guell (1998-1914) y el Parque Guell (1900-1914).


La influencia de Gaudi ha sido grande no solo en la arquitectura sino en el arte contemporáneo como se puede comprobar con la admiración de los escultores británicos, Henry Moore y Barbara Hepworth, o el pintor Julian Schnabel que en los 80 del pasado siglo, integra en sus cuadros cerámicas como las de Gaudi sobre las que pinta.

Hay que citar otras notables aportaciones modernistas como la del belga Victor Horta (1861-1947) que tiene los Hoteles Tassel y Solvay, la Casa del Pueblo y los almacenes A l´nnovation, todos ellos en Bruselas.

El francés Hector Guimard (1867-1942) celebres por sus entradas de estaciones del Metro de Paris, que forman fantásticos dibujos vegetales.

Destacan también los austriacos Otto Wagner (1841-1918), Jose Hoffman (1870-1956) y Joseph Maria Olbrich (1867-1908), responsable de la peculiar configuración modernista de Viena y de Praga.

Son importantes los alemanes Peter Behrens (1868-1940) y Agust Endell (1871-1925) entre otros.

Si se compara la arquitectura modernista con la Escuela de Chicago, se vislumbran dos formas muy diferentes  de concebir la arquitectura, la europea más rica desde un punto de vista cultural a la vez que más compleja y sofisticada pero también más confusa, vacilante y tímida en cuanto a soluciones estructurales y funcionales en relación con los americanos, y lo que ocurrirá en el siglo XX es que los grandes maestros europeos del movimiento moderno terminan emigrando a EEUU y se adaptan a su estilo de vida.

Historicismo o los Revivals y el nacimiento del nacionalismo

Esta fórmula que alude al descubrimiento del pasado artístico cuando este se convierte en un popurrí de variados estilos arquitectónicos donde inspirarse de forma indiscriminada, es un fenómeno curioso en la arquitectura del XIX.

La historia en la época clásica tiene un carácter de patrón normativo, pero al principio de nuestra época se trivializa, porque los valores se relativizan no hay un valor predominante, sino que en principio un valor equivalente, aunque dos épocas que convivan en una construcción puedan entrar en contradicción.

El top de los historicismos es el neogótico que alcanza gran éxito en la época romántica, tanto por su mirada atrás en la Edad Media como por ser una seña de identidad en la época del nacimiento del nacionalismo.

La tradición gótica muy arraigada en la Europa continental no desaparece en el Renacimiento, en nuestro país desaparece a finales del siglo XVI, retornando de nuevo a su espíritu en el Barroco.

Algo similar ocurre también en Francia como lo demuestra el caso de Salomón de Brosse en el siglo XVII o el de Soufflot en el XVIII y todavía más en UK, país que se considera el impulsor del neogótico en arquitectura, artes plásticas y literatura.

Ahí está la novela gótica en la segunda mitad del XVIII, con Horace de Walpole (1717-97) y su casa de campo Strawerry Hill en estilo gótico.

A partir de esta moda hay de todo, desde un uso decorativo del gótico hasta decoraciones rigurosas sobre su estructura, pero se emplea también para todo tipo de experimentos exóticos como el gótico indio, como excusa política nacionalista, como reivindicación de la religiosidad, la artesanía y el modo de trabajo artesano medieval frente a la moderna producción industrial.

Desde el punto de vista teórico e investigador también hay notables investigaciones como la de restauración de Eugene Viollet le Duc.

En comparación con otros revivals como el neorrenacimiento, neobarroco, neobizantino, neoárabe, su extensión y duración son mayores.

Destaca el Parlamento británico de Londres que Charles Barry y A. W. Pugin inician en 1836, hasta la inconclusa Sagrada Familia de Gaudi (1852-1926).

La arquitectura de los ingenieros

Las nuevas demandas de la Revolución Industrial pilla desprevenido a los arquitectos que tardan en reaccionar ante los desafíos.

Esta falta de determinación es compensada por los ingenieros civiles que son los grandes protagonistas de la construcción durante toda la primera etapa de la época contemporánea.

No se trata solo del uso de los nuevos materiales, sino de la imposibilidad de resolver urgentes problemas de construcción que suscitan los nuevos desafíos del desarrollo industrial y urbano con los viejos métodos y estilos.

Hay demandas de construcción de estaciones de ferrocarril, almacenes, fabricas, mercados, miles de viviendas etc cuyos imperativos prácticos están más allá de problemas decorativos sofisticados o de viejas estructuras.

Por lo que la creatividad se impone y esta tiene que adaptarse a las demandas de la nueva tecnología industrial.

Hay que destacar la construcción en hierro, algo que Inglaterra hace a mediados del XVIII.

En un inicio se emplea en la fabricación de puentes y después en la fabricación de cubiertas y cupulas, generalizándose al final su uso para todo tipo de edificaciones.

En 1779 se termina el puente de Coalbrookdale de Abraham Darby, el cual se ha hecho famoso por producir desde 1767 railes de hierro colado.

El puente de Coalbrookdale tiene 30 metros de abertura o luz, pero entre 1793 y 1796 se construye el de Sunderland, de Paine y Burdon, que alcanza los 70 metros, y el 1719 el de Tweed, según el novedoso prototipo de cadena de Samuel Brown,  

O el de los puentes colgantes, que llega hasta los 135 metros, todo lo cual puede servir como muestra del acelerado y espectacular desarrollo de este material y esta tecnología.

Aunque su aplicación a la construcción de edificios es posterior, los resultados son también espectaculares.

A mitad del XIX esta técnica en la construcción de edificios es algo común y se erigen obras espectaculares como El palacio de cristal de Londres de 1851 de Joseph Paxton (1801-65), una especie de invernadero de hierro y cristal, destinado a lugar de exhibición de la primera Exposición Universal, con una distribución espacial modélica, luminosidad que es desmontable que se erige en tiempo mínimo y con un presupuesto hasta entonces inconcebible.

El segundo edificio destacable es La sala de lectura de la biblioteca de Santa Genoveva de Paris que se erige en 1843 y 1850 por el francés Henri Labrouste (1801-75), consistente en una sala de columnas de hierro colado y dos bóvedas de cañón apoyadas también en arcos metálicos.

A partir de este momento se multiplican los edificios de esta naturaleza, muchos de los que van batiendo marcas de altura y anchura o de cualquier otra índole.

Pero hace falta un elemento simbólico para que se desate la polémica y este es la Torre Eiffel, que se erige con motivo de la Exposición Universal de Paris de 1889.

La espectacular torre se eleva hasta los 300 metros sin utilidad alguna, su autor Gustave Eiffel (1832-1926) realiza una estructura abierta que la hace más ligera.

Pero el escándalo que genera es tan grande que las autoridades calman las protestas asegurando que será desmontada, algo que no ocurre por suerte y además se convierte en el emblema de la ciudad.

Reflexiones sobre el siglo XX en Arte

El siglo XX comienza con una gran fe de futuro de la Modernidad que gracias a la tecnología que se traduce en ingeniería y funcionalidad, va a redimir al individuo del trabajo físico y va a poder disfrutar de ocio en sus panales construidos por Le Courbusier, rodeado de espacio verde y diseño.

La sociedad está convencida como en Roma con el ideal del civitas romano, que a mayor formación intelectual y cualificación, mayor ética aplicada, mayor moral y desarrollo económico.

Por lo que se potencia la educación como el mayor dinamizador social, que potencia la movilidad de estamentos y hace individuos con criterio y libres.

Pero la paz armada que viene gestándose desde final del siglo XIX amenaza los bienintencionados planes de futuro, por lo que la realidad convulsa se traduce en un frágil e inestable equilibrio.

Se traduce en una traumática primera guerra mundial a cuyas sombras se gestan las primeras vanguardias que experimentan con los soportes tradicionales hasta agotarlos después de que la fotografía y el cine despoje de su funcionalidad original al dibujo y la pintura.

En el periodo de entreguerras la producción artística es excepcional, quizás porque la potencia europea que era el Imperio Austro Húngaro desaparece con el movimiento de fronteras por el tratado de Versalles que humilla a Alemania y que permite que emerja el nacionalsocialismo años después.

Emerge a la par La Revolución Rusa que enturbia aún más las relaciones entre los países europeos, además de que emerge también paralelo el fascismo en Italia y el nacionalsocialismo en Alemania.

El arte en alianza con la industria va a procurar objetos de diseño, que van a popularizar por poco dinero y va a hacer que el trabajador viva rodeado de objetos bellos y armonía, que va a redimir la degradación y explotación de un pasado reciente.

Los artistas van a ceder su obra a la industria en aras de un bien común y un mundo mejor para todos con un mejor reparto de la renta.

En 1919 Gropius crea la Bauhaus de Weimar que más tarde será de Dessau y Berlín, se debate entre la individualidad del artista y la producción industrial de los objetos, pues también el director además de las razones éticas del bien común por encima del beneficio particular, también tiene otras económicas y es que quiere ser independiente del estado.

Debido a las ideas sociales que por entonces sobrevuelan Europa como consecuencia de la Revolución rusa de octubre, emerge la idea social del diseño como he mencionado, como un beneficio social, donde el artista es un particular obrero.

Así lo que en un principio nace con una idea de beneficio de grupo con el tiempo deviene en la antítesis, es decir un objeto caro al alcance de pocos con una función de singularizar al dueño.

La Bauhaus además del diseño, experimenta con la luz, algo que con anterioridad hacen los rusos que son la primera vanguardia aunque se la quieran adjudicar los italianos, y que por entonces tienen una escuela similar a la Bauhaus, La Vjutemás, que se publicita poco a pesar de sus también fabulosos resultados, por ser entonces la URRSS medieval, pues tarda 30 años en ser potencia.

Rodin huye de la estatua y deja sin peana y soporte toda su obra, integrando en la naturaleza y paisaje todas las piezas, un hilo conductor que sigue su discípulo Brancusi que da un paso más en la distribución espacial y que continua su discípulo Isamu Noguchi en las intervenciones de sus piezas e intervenciones en la naturaleza.

Pero todo esto no es casual, la mirada a la naturaleza y el paisaje desde una perspectiva laica, comienza con el racionalismo ilustrado y adquiere forma a partir del pensamiento científico del romanticismo, pero en el transito al positivismo y a la sociedad industrial de la modernidad, decae, aunque el precedente de la nueva sensibilidad hace que más tarde emerja de nuevo con una vitalidad renovada y esta vez para quedarse.

Por lo que los soportes del siglo XX que emergen en el arte son diferentes, ahora el espacio y la luz con la que ya experimenta el Impresionismo, más tarde los rusos y después la Bauhaus.

Los totalitarismos que emergen a partir de los primeros años del siglo XX no solo generan genocidios que más tarde tras la segunda guerra mundial, envejecen Europa y le hacen cambiar la capitalidad de Paris por la de NY, además de resquebrajar el monolito occidental y hace que quien decide los cánones artísticos sea un país pragmático como EEUU, ahora primera potencia mundial (tras evitar una nueva crisis de superproducción como la del 29 gracias al Plan Marshall).

El mundo asiste con estupor a la doble moral del alto desarrollo y educación de un pueblo como el alemán que lejos de generar una sociedad con unos principios éticos superiores por su ejemplar cualificación, grado de desarrollo y distribución de la renta, lo que hace es diseñar armas más letales y un supremacismo blanco que genera el Holocausto al igual que Japón hace el genocidio de la Manchuria.

A partir de entonces es Theodor Adorno el que marca las pautas de la sensibilidad del momento, traducido muy tarde al castellano, un virtuoso de la música que opta por la carrera de filósofo y que se convierte en el pensador de la época, revelando las claves del momento que le toca vivir.

Tras las dos guerras mundiales y envejecida Europa por la experiencia tan traumática, desaparece la idea de grupo y sobre todo la fe en las ideologías.

Antes de la formación de las nuevas democracias en la Europa libre, y por el desastre del alto coste de vidas humanas que la radicalidad ha traído, de forma espontánea, todas las ideologías bajan una décima sus presupuestos, así los comunistas pasan a socialistas y los socialistas a socialdemócratas, de tal manera que hace más de 70 años que no hay reivindicación de lucha de clases ni de dictadura del proletariado.

El individuo que emerge a partir del final de la segunda guerra mundial donde se impone el existencialismo, es alguien que solo busca un lugar al sol, de una sociedad esquizoide que recela de las proclamas de los salvapatrias, por lo que a partir de entonces los gustos en arte comienzan a ser eclécticos, entre otras porque en los 50 emerge el Pop, donde los medios de comunicación dominan y se pierde la capacidad de sorpresa con lo que prácticamente es imposible transgredir por lo que el concepto vanguardia se diluye ya que no hay ruptura con la tradición, gusta una cosa y su contraria.

Hay más inmediatez y moda, el discurso es más leve y menos grave.

Hay que decir que nada ocurre por generación espontánea y que ya en los 30 del siglo XX se revisa el concepto vanguardia a la vez que toda una síntesis de ruptura con ese concepto de tradición que con el tiempo pasa a ser algo ecléptico.

Pasados los movimientos modernos como el Cubismo  que se carga la renacentista perspectiva caballera y los puntos de fuga o del Constructivismo que utiliza soportes orgánicos en la construcción de piezas, las experiencias formalistas de la Bauhaus, la síntesis utiliza todos estos recursos y conquistas formales mezclándolas con las experiencias literarias y fantásticas de los surrealistas o con la mirada al paisaje esculpido previo a la edad de bronce, sobre todo a una nueva conciencia de paisaje o de instalación megalítica que ahora mira a los pueblos megalíticos y sobre todo a la funcionalidad en arte.

La herencia celta y pre británica invade el paisaje (la etimología de dolmen y menhir son bretonas y la de crómlech celta).

Gauguin o Picasso se dirigen más al mundo africano o precolombino.

En el caso de Bárbara Hepworth hacia el arte arcaico griego o en el arte de las Islas Cicladas.

En todos influye las instalaciones neolíticas y su sentido de intervención sobre el concepto de paisaje.

Según Cosme Barañano el pasado neolítico para Henrry Moore es el de Yorkshire y para Barbara Hepworth es el de Cornualles.

Pero sobre todo lo que influye en todos ellos del paisaje arqueológico es el sentido totémico más que lo formal y en como determina y moldea el paisaje.

Son las huellas de las instalaciones neolíticas y su sentido de intervención sobre el concepto de paisaje.

Tanto Henry Moore como Barbara Hepworth perciben la espiritualidad que emana de la intervención en el paisaje de los pueblos primitivos, que cargan el paisaje con los vestigios de la huella de su intervención.

En las piezas de ambos de finales de los 30 del siglo XX se encuentra ya el sentido de escultura de paisaje que va de Dani Karavan al Land Art.

Hago un inciso antes de continuar para explicar que una instalación artística es un género de arte contemporáneo que surge en la década de los 60, donde la idea de la obra prevalece sobre los aspectos formales.

Es parte de la forma de experimentación artística enmarcada en el conceptual, que se exhibe un tiempo y se suele presentar en cualquier espacio. Se basa en sacar un objeto de contexto y situarlo en otro para darle utilización estética. Se utiliza cualquier medio para crear una experiencia de interacción con el espectador para crear sentimientos o reflexiones.

Motivan la percepción sensorial en cualquiera de los sentidos, vista, olfato, oído, gusto y tacto. Hoy los equipos de artistas de éxito como Olafur Eliasson tienen un equipo que pasa de 100 personas la mayoría ingenieros y arquitectos.

En los 50 del siglo XX, emerge la Action Painting, donde la pintura es acción y resultado, que en América se denomina Expresionismo y en Europa Informalismo, donde emerge también el concepto de proceso, es decir, lo importante ya no es tanto el resultado como el proceso.

En los 60 emerge el concepto sociológico de entorno, donde el espacio, su distribución y contexto tiene un valor determinante, el espectador cierra el circulo de la obra que ha iniciado el creador.

Así cuando alguien contempla una instalación esta dentro de ella, es parte de la pieza, y su percepción es diferente según el ángulo o la perspectiva desde donde la perciba o según la hora del día y la luz que absorba la pieza, sin contar las instalaciones luminiscencias de Land Art donde la naturaleza es la pieza.

Hay un cambio de escala a partir de finales de los 60 y los 70 en la escultura pues se amplia el campo de acción y tamaño.

El Land Art y los movimientos relacionados al estar dentro del Conceptual tratan de ir más allá del triángulo taller-galería-coleccionista, que es la pauta que hasta entonces se sigue.

En el Land Art el trabajo es concebido como idea, proceso, situación e información.

Los artistas trabajan en espacios abiertos, a veces en lugares lejanos dejando obras que la naturaleza integra y el tiempo modifica interactuando (en ocasiones hasta aniquilarla porque es un trabajo efímero).

El trabajo queda registrado mediante cuadernos de campo, fotografías, películas que se suelen vender como obra para financiar el trabajo.

Las obras de Robert Smithson Spiral Jetty (1970) en el Gran Lago Salado de Utah (Great Salt Lake), Sun Tunnels de Nancy Holt, en el Great Basin desert de Utah o Lightning Field (1977) de Walter de Maria en el Desierto de Nuevo Méjico, James Turrell en el volcán de Arizona, son creaciones emblemáticas de este movimiento artístico.

Y aunque el Land Art pueda entenderse como un movimiento norteamericano, dentro del mismo incluyen artistas europeos como Michael Heizer, Dennis Openheim, Christo u otros más contenidos como los artistas de la tierra ingleses Richard Long o Hamish Fulton que comparten la idea de caminar como experiencia artística.

Andy Goldsworthy (1956) fotografía estructuras efímeras que hace con hielo y hojas y construye ayudado de bancaleros británicos, muros de piedra seca (Storm King Wall) en simpatía con el espacio que atraviesa ya que para él la obra es el lugar.

Hay que recordar el Non Site (no lugar) de Franklin en 1968 o la Espiral de Jety de 1970 de Robert Smithson.

En septiembre de 1967 este artista recorre recorre el desolado paisaje industrial de su ciudad natal de Passaic (New Jersey) fotografiando con su cámara las deterioradas instalaciones industriales que interpreta en términos estéticos como restos monumentales.

Escribe un texto sobre la visita The Monument of Passaic (Smithson 1967) que se considera una nueva manera de considerar el paisaje.

Pero la obra de Smithson es un gigantesco malecón de 6000 toneladas que se adentra como un dique en el Great Salt Lake de Utah.

Lo construye cuando el lago está seco, pero con el tiempo el agua vuelve a su nivel, dejando el malecón como una sombra subacuática, pero el dique reaparece de nuevo en 2001 con la sequia quedando de nuevo al descubierto la pieza.

Joseph Beuys miembro de Fluxus, con ayuda de voluntarios planta a partir de 1982 miles de robles durante varios años en la ciudad de Kassel.

Jim Denevan (1961) traza grandes figuras sobre la arena de la playa, el hielo o la tierra, sus obras son efímeras.

En todas estas manifestaciones hay una idea de terminar con el monumento en cuanto escultura independiente de las otras artes.

La naturaleza no es soporte de una acción artística, sino su potencialidad.

La obra de Richard Long A line Made by Walking (1967) está a medio camino entre la escultura, la performance y la arquitectura del paisaje.

Para Long el Land Art es una expresión americana que significa maquinaria pesada y grandes proyectos.

Esto no le interesa en absoluto, su único instrumento es su cuerpo con él interviene y mide el espacio y el tiempo.

El Walkscape trata de deambular como arquitectura del paisaje, caminar como forma de arte autónoma, acto primario de transformación simbólica del territorio, instrumento estético de conocimiento y modificación física del espacio que se convierte en intervención urbana.

La arquitectura del XIX

Voy a centrar la atención en Reino Unido y Francia. En Inglaterra triunfa el Palladianismo que hace referencia al triunfo que allí tiene el tratado de arquitectura del veneciano Andrea Palladio.

El que los ingleses les gusten y lo tomen como patrón tiene su razón de ser en que es el tratado de arquitectura que mejor se adapta al clima brumoso y frio, ya que Palladio constructor del Véneto, lo hace en similares condiciones a las de Inglaterra.

Pero este país uno de los primeros románticos, ha de readaptar el modelo a sus necesidades.

La acción de Lord Burlington (1649-1753) es providencial sobre todo en la década de 1720.

En 1725 patrocina junto al arquitecto William Kent (1685-1748) la construcción de Chiswick House, un palacete cercano a Londres, que es una adaptación de la Villa Rotonda de Palladio.

La Casa Chiswick a diferencia de lo que acontece en el Barroco inglés es una construcción compacta, sencilla y geométrica, lo que la provee de naturalidad.

Siguiendo a Calvo Serraller hay otras dos corrientes modernizadoras interesantes, la primera es de destacar de los círculos de anticuarios o aficionados a la Antigüedad, que es algo muy importante en la tradición inglesa del Gentelman´s Tour o Viaje del Caballero, que responde a la costumbre inglesa de enviar a los miembros de la aristocracia tras terminar la Universidad y antes de contraer estado o ingresar en el Parlamento, a hacer un viaje de formación con destino al sur de Italia, haciendo o pagando exposiciones arqueológicas hacia lugares poco conocidos o hasta entonces inaccesibles de toda la cuenca del Mediterráneo.

Con los dibujos in situ de los expedicionarios, inmediatamente publicados en libros de grabados no solo se tiene en cuenta una completa información de lo que es la arquitectura en Grecia, todo el Peloponeso y Asia Menor, sino que se puede contrastar con la arquitectura romana.

De esta manera se puede romper con el esquema dogmático heredado acerca de lo que es la arquitectura romana imperial, observando como este mundo evoluciona durante diez siglos y habiéndose extendido por un área geográfica amplia, ofrece gran cantidad de variantes y diferencias entre sí.

De tal manera que, en vez de considerar la herencia clásica por una única vía, se comienza a comparar y contrastar sus múltiples estilos y variantes, generándose una polémica entre la superioridad de la arquitectura griega o romana.

A esto hay que añadir el descubrimiento de restos de ciudades como Pompeya y Herculano en la primera mitad del XVIII.

Todo esto implica una alternativa a la información que se tenía hasta entonces y también se deriva un debate crítico y teórico a partir de este momento, pero también cambia la forma de decoración interior donde destaca Robert Adam (1728-1792) que crea un modelo muy influyente en el que predominan las superficies planas, simétricas y lo geométrico.

La otra corriente y aportación en arquitectura inglesa de la que hable el otro día, tiene que ver con la jardinería, totalmente opuesto a lo imperante en ese momento que es el jardín clasicista francés.

Este modelo esta basado en lo pintoresco, en el que en vez de someter a la naturaleza a una severa corrección racional, se pretende que se disfrute de su encanto espontáneo, que no es así, porque se manipula el paisaje para que parezca silvestre.

El promotor de este nuevo estilo de jardín es de nuevo Lord Burlington, pues son sus seguidores como Henry Flitcrof y Henry Noare, los creadores de uno de los más característicos y bellos jardines realizado en Stourhead, realizado entre 1744 y 1765.

El otro gran foco renovador arquitectónico es el francés, por la obra de aun arquitecto barroco tardío Jaques Germain Soufflor (1713-1780) que comienza a construir en 1757 un gran edificio de Santa Genoveva, lugar secularizado por la Revolución Francesa, como el monumento que hoy se conoce como El Panteón.

La influencia inglesa en algunos detalles, como la cúpula es notoria, pero además abundan las superficies lisas sin decoración, que le dan un aspecto muy abstracto, racionalista, frio, severo.

La aportación de la escultura francesa tiene dos momentos destacados, el primero el que se conoce como la Arquitectura utopista o revolucionaria que tiene lugar en la segunda mitad del siglo XVIII, a través de lo diseñado mas propiamente que lo construido por unos pocos arquitectos entre los que destacan Etienne Louis Boullee (1728-1799), con una obra escasa, aunque ejerce gran influencia como profesor en La Academia Real a través de sus fantásticos proyectos.

Busca en la arquitectura un efecto de nobleza, a base de estructuras monumentales, masivas y sencillas.

Le da gran importancia también al uso de formas geométricas puras, como la esfera como en su Proyecto para un monumento a Isaac Newton (1784).

La denominación de revolucionaria de esta arquitectura, no solo se debe a que sus miembros coinciden generacionalmente con la Revolución Francesa, sino porque sus proyectos como en Claude Nicolas Ledoux (1736-1806) también en su voluntad moral de utilizar la arquitectura para mejorar el mundo.

Proyecta Ledoux una ciudad ideal, que debe facilitar la felicidad y armonía de sus habitantes.

El Estilo Internacional de nuestro siglo XX se inspira en estos arquitectos utópicos.

La arquitectura en el presente

Hunde sus raíces en el siglo XVIII, coincidiendo con la Ilustración que refuerza en gran medida la importancia y la situación social del ciudadano, se registra un paso importante en política que supone el paso de las monarquías centenarias a las constituciones democráticas, cuyo ideario se extiende progresivamente por todo el mundo.

Estas ideas que ya están en la primera Carta Magna Inglesa, y la revolución burguesa inglesa que es 100 años antes que la francesa queda plasmada también en la Declaración de Independencia Americana de 1776 y la Revolución Francesa de 1789.

Con los precedentes del XVIII, el siglo XIX, es casi obligatorio que sea una época de cambios que afectan a todos los ámbitos de la vida.

La Revolución Industrial es el agente principal para este cambio tan profundo en el concepto tradicional de la arquitectura que hasta entonces se limita a la construcción de unos prototipos, bien de carácter sagrado como las iglesias o bien de carácter profano como los palacios y las villas, interviniendo solo circunstancialmente en el diseño de las ciudades. La tradición clásica imponía el sistema de ordenes clásico, cuyo uso y significación no se limitan a la elección de un determinado modelo de columnas u ornamentación.

La Revolución industrial supone la existencia de nuevos materiales como el hierro o el cristal que permiten construcciones más ambiciosas y más iluminadas, pero además produce un gran desarrollo de las urbes, por un lado por la progresiva afluencia de campesinos y porque se produce un incremento demográfico, gracias al desarrollo económico y técnico y científico.

El nuevo tipo de ciudad fabril plantea necesidades muy diferentes del modelo urbano tradicional, lo que supone el replanteamiento de su diseño, sus necesidades y su planificación.

La Revolución Industrial que se extiende desde Reino Unido a toda Europa y a EEUU, crea una nueva clase de asalariados y propietarios que ganan su jornal en una fábrica, cada vez más numerosas.

La máquina de vapor creada por Watts en 1785 y cuya masiva difusión en las nuevas salas de máquinas y plantas metalúrgicas encuentra con gran rapidez el correspondiente marco arquitectónico, se convierte en el símbolo de la progresiva mecanización del mundo.

El ferrocarril es el segundo símbolo no menos importante de la nueva época.

Todo ello tiene consecuencias en la arquitectura, pues para salvar los valles y los túneles hay que construir túneles y gigantescos puentes de piedra o de hierro, y no pasa mucho tiempo sin que se construyan estaciones cada vez mayores, edificios con características monumentales que, dada la necesidad de espacios amplios, se suelen erigir en la periferia urbana.

Pero no solo es el progreso técnico sino las nuevas formas de gobierno democrático lo que encuentra su reflejo en la arquitectura del siglo XIX y así se construyen parlamentos, ayuntamientos, que reflejan una nueva conciencia ciudadana.

Esta nueva conciencia también se refleja en la construcción de museos. Mientras en las grandes urbes como Paris, Londres o Bruselas emergen los primeros grandes almacenes y pasajes, calles comerciales cubiertas, que vienen a representar el pujante mundo comercial del siglo XIX.

Incluso aunque en el XIX la arquitectura sufre un cambio radical y aparecen problemas nuevos, la mayor parte de la arquitectura de esta época se caracteriza por la representación de la nueva clase social en ascenso que copia a la nobleza a la que poco a poco va sustituyendo en sus funciones de soporte del Estado.

Los arquitectos del XIX no están muy seguros en que estilo erigir los edificios, porque los desafíos son diferentes, dado que el público que los demanda también lo es.

De hecho la búsqueda de un estudio arquitectónico adecuado y con validez general es una de las características más importantes del siglo XIX y de los primeros años del XX.

Los estados se dedican a hacer una investigación arqueológica de las tradiciones arquitectónicas de cada lugar, dado que en esta misma época emerge el nacionalismo y no es casualidad que Prusia muestre gran interés en la primera mitad del XIX en el neogótico, creyendo que las raíces del gótico están en Alemania hasta que se descubrió que estaban en Francia en la Edad Media.

Hay que subrayar que en 1800 no solo se inicia el estudio científico de los restos arquitectónicos de épocas pasadas, sino que se adopta una nueva manera de respeto frente a estos vestigios y se realizan restauraciones para conservarlos, llega el momento de preservar los monumentos nacionales.

La arquitectura sufre las crisis del clasicismo y tiene que variar de materiales, técnicas y tipos de edificio y hasta el papel que tiene asignado tradicionalmente en la sociedad.

Con cambios tan profundos la figura del arquitecto como técnico entra en crisis y es de destacar que la figura del arquitecto también entra en crisis.

Hay que subrayar que su formación tradicional es muy similar a la del artista plástico, pintor o escultor, y tienen además una formación académica común con la única peculiaridad de estudiar el tratado clásico de arquitectura de Vitrubio, que era el tratado canónico de arquitectura clásica, y toda la serie de tratados renacentistas que se escribieron y dibujaron como glosa y complemento de aquel.

Las nuevas demandas sociales acaecidas por las profundas transformaciones al comienzo de nuestra época implican otro tipo de formación y de respuesta profesional, por lo que al no poder conseguirla tiene que encontrar su respuesta en el ingeniero civil.

Las escuelas de ingenieros civiles se desarrollan a mitad del siglo XVIII y primer tercio del XIX, en función de las demandas sociales de cada país.

Por lo que son los ingenieros los que afrontan las demandas de las construcciones de la revolución industrial, lo que significa que no solo conocen las posibilidades de los nuevos materiales industriales sino también la nueva tipología constructiva (las estaciones de ferrocarril, los puentes de hierro, las fábricas etc).

Estos ingenieros casi acaban con la profesión de arquitecto si esta no hubiera reformado sus estudios y creado escuelas especiales.

El arquitecto anterior solo tenia demanda de hacer una vivienda suntuosa o pública pero no la de construir viviendas para trabajadores, o intervenir en una nueva urbanización de la ciudad, o en la construcción artesanal por lo que ahora la propia filosofía de la profesión cambia, porque los retos son otros diferentes porque hay una revolución demográfica y la construcción de vivienda popular se termina convirtiendo en la primera ocupación del arquitecto.

Esta circunstancia influye en la evolución de estilos arquitectónicos.

Hasta la primera mitad del siglo XIX hay un paralelismo entre la evolución estilística de la arquitectura y el resto de las artes con un estilo neoclásico o clásico-romántico, neogótico que termina en múltiples resurrecciones del pasado que se constituye en un pastiche.

Desde finales del XIX y principios del XX a la par del desarrollo de las vanguardias históricas, emerge un estilo moderno, al margen de cualquier referencia formal del pasado (por suerte), que recibe el nombre de estilo internacional (que es como decir nada), que es el que prevalece durante todo el siglo XX.

Reflexiones sobre la funcionalidad del siglo XX

El siglo XX comienza con una gran fe de futuro de la Modernidad que gracias a la tecnología que se traduce en ingeniería y funcionalidad, va a redimir al individuo del trabajo físico y va a poder disfrutar de ocio en sus panales construidos por Le Courbusier, rodeado de espacio verde y diseño.

La sociedad está convencida como en Roma con el ideal del civitas romano, que a mayor formación intelectual y cualificación, mayor ética aplicada, mayor moral y desarrollo económico.

Por lo que se potencia la educación como el mayor dinamizador social, que impulsa la movilidad de estamentos y hace individuos con criterio y libres.

Pero la paz armada que viene gestándose desde final del siglo XIX amenaza los bienintencionados planes de futuro, por lo que la realidad convulsa se traduce en un frágil e inestable equilibrio.

Se traduce en una traumática primera guerra mundial a cuyas sombras se gestan las primeras vanguardias que experimentan con los soportes tradicionales hasta agotarlos después de que la fotografía y el cine despoje de su funcionalidad original al dibujo y la pintura.

En el periodo de entreguerras la producción artística es excepcional, quizás porque la potencia europea que era el Imperio Austro Húngaro desaparece con el movimiento de fronteras por el tratado de Versalles que humilla a Alemania y que permite que emerja el nacionalsocialismo años después.

Emerge a la par La Revolución Rusa que enturbia aún más las relaciones entre los países europeos, además de que emerge también paralelo el fascismo en Italia y el nacionalsocialismo en Alemania.

El arte en alianza con la industria va a procurar objetos de diseño, que van a popularizar por poco dinero y va a hacer que el trabajador viva rodeado de objetos bellos y armonía, que va a redimir la degradación y explotación de un pasado reciente.

Los artistas van a ceder su obra a la industria en aras de un bien común y un mundo mejor para todos con un mejor reparto de la renta.

En 1919 Gropius crea la Bauhaus de Weimar que más tarde será de Dessau y Berlín, se debate entre la individualidad del artista y la producción industrial de los objetos, pues también el director además de las razones éticas del bien común por encima del beneficio particular, también tiene otras económicas y es que quiere ser independiente del estado.

Debido a las ideas sociales que por entonces sobrevuelan Europa como consecuencia de la Revolución rusa de octubre, emerge la idea social del diseño como he mencionado, como un beneficio social, donde el artista es un particular obrero.

Así lo que en un principio nace con una idea de beneficio de grupo con el tiempo deviene en la antítesis, es decir un objeto caro al alcance de pocos con una función de singularizar al dueño.

La Bauhaus además del diseño, experimenta con la luz, algo que con anterioridad hacen los rusos que son la primera vanguardia aunque se la quieran adjudicar los italianos, y que por entonces tienen una escuela similar a la Bauhaus, La Vjutemás, que se publicita poco a pesar de sus también fabulosos resultados, por ser entonces la URRSS medieval, pues tarda 30 años en ser potencia.

Rodin huye de la estatua y deja sin peana y soporte toda su obra, integrando en la naturaleza y paisaje todas las piezas, un hilo conductor que sigue su discípulo Brancusi que da un paso más en la distribución espacial y que continua su discípulo Isamu Noguchi en las intervenciones de sus piezas e intervenciones en la naturaleza.

Pero todo esto no es casual, la mirada a la naturaleza y el paisaje desde una perspectiva laica, comienza con el racionalismo ilustrado y adquiere forma a partir del pensamiento científico del romanticismo, pero en el transito al positivismo y a la sociedad industrial de la modernidad, decae, aunque el precedente de la nueva sensibilidad hace que más tarde emerja de nuevo con una vitalidad renovada y esta vez para quedarse.

Por lo que los soportes del siglo XX que emergen en el arte son diferentes, ahora el espacio y la luz con la que ya experimenta el Impresionismo, más tarde los rusos y después la Bauhaus.

Los totalitarismos que emergen a partir de los primeros años del siglo XX no solo generan genocidios que más tarde tras la segunda guerra mundial, envejecen Europa y le hacen cambiar la capitalidad de Paris por la de NY, además de resquebrajar el monolito occidental y hace que quien decide los cánones artísticos sea un país pragmático como EEUU, ahora primera potencia mundial (tras evitar una nueva crisis de superproducción como la del 29 gracias al Plan Marshall).

El mundo asiste con estupor a la doble moral del alto desarrollo y educación de un pueblo como el alemán que lejos de generar una sociedad con unos principios éticos superiores por su ejemplar cualificación, grado de desarrollo y distribución de la renta, lo que hace es diseñar armas más letales y un supremacismo blanco que genera el Holocausto al igual que Japón hace el genocidio de la Manchuria.

A partir de entonces es Theodor Adorno el que marca las pautas de la sensibilidad del momento, traducido muy tarde al castellano, un virtuoso de la música que opta por la carrera de filósofo y que se convierte en el pensador de la época, revelando las claves del momento que le toca vivir.

Tras las dos guerras mundiales y envejecida Europa por la experiencia tan traumática, desaparece la idea de grupo y sobre todo la fe en las ideologías.

Antes de la formación de las nuevas democracias en la Europa libre, y por el desastre del alto coste de vidas humanas que la radicalidad ha traído, de forma espontánea, todas las ideologías bajan una décima sus presupuestos, así los comunistas pasan a socialistas y los socialistas a socialdemócratas, de tal manera que hace más de 70 años que no hay reivindicación de lucha de clases ni de dictadura del proletariado.

El individuo que emerge a partir del final de la segunda guerra mundial donde se impone el existencialismo, es alguien que solo busca un lugar al sol, de una sociedad esquizoide que recela de las proclamas de los salvapatrias, por lo que a partir de entonces los gustos en arte comienzan a ser eclécticos, entre otras porque en los 50 emerge el Pop, donde los medios de comunicación dominan y se pierde la capacidad de sorpresa con lo que prácticamente es imposible transgredir por lo que el concepto vanguardia se diluye ya que no hay ruptura con la tradición, gusta una cosa y su contraria.

Hay más inmediatez y moda, el discurso es más leve y menos grave.

Hay que decir que nada ocurre por generación espontánea y que ya en los 30 del siglo XX se revisa el concepto vanguardia a la vez que toda una síntesis de ruptura con ese concepto de tradición que con el tiempo pasa a ser algo ecléptico.

Pasados los movimientos modernos como el Cubismo  que se carga la renacentista perspectiva caballera y los puntos de fuga o del Constructivismo que utiliza soportes orgánicos en la construcción de piezas, las experiencias formalistas de la Bauhaus, la síntesis utiliza todos estos recursos y conquistas formales mezclándolas con las experiencias literarias y fantásticas de los surrealistas o con la mirada al paisaje esculpido previo a la edad de bronce, sobre todo a una nueva conciencia de paisaje o de instalación megalítica que ahora mira a los pueblos megalíticos y sobre todo a la funcionalidad en arte.

La herencia celta y pre británica invade el paisaje (la etimología de dolmen y menhir son bretonas y la de crómlech celta).

Gauguin o Picasso se dirigen más al mundo africano o precolombino.

En el caso de Bárbara Hepworth hacia el arte arcaico griego o en el arte de las Islas Cicladas.

En todos influye las instalaciones neolíticas y su sentido de intervención sobre el concepto de paisaje.

Según Cosme Barañano el pasado neolítico para Henrry Moore es el de Yorkshire y para Barbara Hepworth es el de Cornualles.

Pero sobre todo lo que influye en todos ellos del paisaje arqueológico es el sentido totémico más que lo formal y en como determina y moldea el paisaje.

Son las huellas de las instalaciones neolíticas y su sentido de intervención sobre el concepto de paisaje.

Tanto Henry Moore como Barbara Hepworth perciben la espiritualidad que emana de la intervención en el paisaje de los pueblos primitivos, que cargan el paisaje con los vestigios de la huella de su intervención.

En las piezas de ambos de finales de los 30 del siglo XX se encuentra ya el sentido de escultura de paisaje que va de Dani Karavan al Land Art.

Hago un inciso antes de continuar para explicar que una instalación artística es un género de arte contemporáneo que surge en la década de los 60, donde la idea de la obra prevalece sobre los aspectos formales.

 Es parte de la forma de experimentación artística enmarcada en el conceptual, que se exhibe un tiempo y se suele presentar en cualquier espacio. Se basa en sacar un objeto de contexto y situarlo en otro para darle utilización estética. Se utiliza cualquier medio para crear una experiencia de interacción con el espectador para crear sentimientos o reflexiones.

Motivan la percepción sensorial en cualquiera de los sentidos, vista, olfato, oído, gusto y tacto. Hoy los equipos de artistas de éxito como Olafur Eliasson tienen un equipo que pasa de 100 personas la mayoría ingenieros y arquitectos.

En los 50 del siglo XX, emerge la Action Painting, donde la pintura es acción y resultado, que en América se denomina Expresionismo y en Europa Informalismo, donde emerge también el concepto de proceso, es decir, lo importante ya no es tanto el resultado como el proceso.

En los 60 emerge el concepto sociológico de entorno, donde el espacio, su distribución y contexto tiene un valor determinante, el espectador cierra el circulo de la obra que ha iniciado el creador.

Así cuando alguien contempla una instalación esta dentro de ella, es parte de la pieza, y su percepción es diferente según el ángulo o la perspectiva desde donde la perciba o según la hora del día y la luz que absorba la pieza, sin contar las instalaciones luminiscencias de Land Art donde la naturaleza es la pieza.

Hay un cambio de escala a partir de finales de los 60 y los 70 en la escultura pues se amplia el campo de acción y tamaño.

El Land Art y los movimientos relacionados al estar dentro del Conceptual tratan de ir más allá del triángulo taller-galería-coleccionista, que es la pauta que hasta entonces se sigue.

En el Land Art el trabajo es concebido como idea, proceso, situación e información.

Los artistas trabajan en espacios abiertos, a veces en lugares lejanos dejando obras que la naturaleza integra y el tiempo modifica interactuando (en ocasiones hasta aniquilarla porque es un trabajo efímero).

El trabajo queda registrado mediante cuadernos de campo, fotografías, películas que se suelen vender como obra para financiar el trabajo.

 Las obras de Robert Smithson Spiral Jetty (1970) en el Gran Lago Salado de Utah (Great Salt Lake), Sun Tunnels de Nancy Holt, en el Great Basin desert de Utah o Lightning Field (1977) de Walter de Maria en el Desierto de Nuevo Méjico, James Turrell en el volcán de Arizona, son creaciones emblemáticas de este movimiento artístico.

Y aunque el Land Art pueda entenderse como un movimiento norteamericano, dentro del mismo incluyen artistas europeos como Michael Heizer, Dennis Openheim, Christo u otros más contenidos como los artistas de la tierra ingleses Richard Long o Hamish Fulton que comparten la idea de caminar como experiencia artística.

Andy Goldsworthy (1956) fotografía estructuras efímeras que hace con hielo y hojas y construye ayudado de bancaleros británicos, muros de piedra seca (Storm King Wall) en simpatía con el espacio que atraviesa ya que para él la obra es el lugar.

Hay que recordar el Non Site (no lugar) de Franklin en 1968 o la Espiral de Jety de 1970 de Robert Smithson.

En septiembre de 1967 este artista recorre recorre el desolado paisaje industrial de su ciudad natal de Passaic (New Jersey) fotografiando con su cámara las deterioradas instalaciones industriales que interpreta en términos estéticos como restos monumentales.

Escribe un texto sobre la visita The Monument of Passaic (Smithson 1967) que se considera una nueva manera de considerar el paisaje.

Pero la obra de Smithson es un gigantesco malecón de 6000 toneladas que se adentra como un dique en el Great Salt Lake de Utah.

Lo construye cuando el lago está seco, pero con el tiempo el agua vuelve a su nivel, dejando el malecón como una sombra subacuática, pero el dique reaparece de nuevo en 2001 con la sequia quedando de nuevo al descubierto la pieza.

Joseph Beuys miembro de Fluxus, con ayuda de voluntarios planta a partir de 1982 miles de robles durante varios años en la ciudad de Kassel.

Jim Denevan (1961) traza grandes figuras sobre la arena de la playa, el hielo o la tierra, sus obras son efímeras.

En todas estas manifestaciones hay una idea de terminar con el monumento en cuanto escultura independiente de las otras artes.

La naturaleza no es soporte de una acción artística, sino su potencialidad.

La obra de Richard Long A line Made by Walking (1967) está a medio camino entre la escultura, la performance y la arquitectura del paisaje.

Para Long el Land Art es una expresión americana que significa maquinaria pesada y grandes proyectos.

Esto no le interesa en absoluto, su único instrumento es su cuerpo con él interviene y mide el espacio y el tiempo.

El Walkscape trata de deambular como arquitectura del paisaje, caminar como forma de arte autónoma, acto primario de transformación simbólica del territorio, instrumento estético de conocimiento y modificación física del espacio que se convierte en intervención urbana.

El Impresionismo

Es el movimiento que emerge en Francia a mitad del XIX tan vapuleado en un inicio como loado después, además de que hay pocos movimientos artísticos modernos que hayan llevado a más equívocos.

El más importante de todos ellos es quizás el que se confunde la participación en una serie de exposiciones que hacen en su momento con ser un pintor expresionista.

La primera de las exposiciones es el 15 de abril de 1874 en el taller del fotógrafo Nadar y agrupa a 32 artistas que se presentan como una Sociedad anónima de artistas, pintores, escultores, grabadores etc.

De entre ellos solo se pueden identificar como impresionistas a 10. La muestra es una de las muchas que se organizan como alternativa al Salón oficial y sus constantes rechazos de los artistas innovadores.

Similares a estas se llegan a organizar 9 muestras colectivas del grupo y la última de ellas tiene lugar también en Paris en 1866 y agrupa a 17 participantes entre los que siendo la selección más filtrada que en la primera, tampoco hay una orientación impresionista.

Toma el nombre el grupo de un comentario despectivo de Louis Leroy un crítico sobre una obra de Monet en la primera muestra del taller de Nadar.

El termino cala y esta situación se repite precisamente por esta misma vía irónica en sucesivas vanguardias, que terminan llamándose como las conocemos en la actualidad por alguien las moteja de forma insultante, aceptando los insultados la formula despectiva como un título de honor.

Los artistas que en este momento se presentan ante el gran público denomina impresionista, se considera a sí mismo como tales y no pintan y si lo hacen de forma ocasional no es en estilo impresionista.

Algunos de ellos en realidad son naturalistas que tratan una temática cada vez más insólita y provocadora, adoptando una técnica más suelta y simplificada, pero sin apenas pintar paisajes ni estar preocupados por los efectos de la luz.

Los que de manera genuina se pueden considerar impresionistas son aquellos que continúan con la actitud de los paisajistas del Realismo de pintar directamente sobre el motivo, focalizan toda su atención sobre los efectos luminosos que son los que mantienen en constante cambio de tonos y matices cualquier elemento que se observa al aire libre.

Para ello captan el instante que se produce en función de la variante luz que es el verdadero objetivo, pero para conseguirlo hace falta una técnica adecuada, aplicada con total rapidez, para que no se esfume esa impresión única e irrepetible.

Como dice Calvo Serraller la fabricación de colores industriales, que se transportan en tubos y no se secan, posibilita esta nueva forma de trabajar al aire libre.

La forma se consigue con una pincelada suelta y rápida, corta y yuxtapuesta, no apta para figuras bien delimitadas y nítidas como es del agrado del mundo académico de entonces, pero adecuadas si lo que se intenta es captar el instante de luz preciso y su manera de vibrar en los objetos, cuyas tonalidades cambian según sea la incidencia de los rayos solares.

Delacroix con anterioridad analiza lo que la física establece científicamente después, el que los colores se interrelacionan entre si por la ley de complementarios además de ratificar que las sombras nunca son negras como se cree en la pintura tradicional, sino que cada primario colorea con su complementario el espacio que lo rodea.

Así el rojo se exalta y se vuelve más intenso cuando esta junto a su complementario, que es el verde, pero ambo se aniquilan entre si cuando se mezclan.

Es la luminosidad natural captada directamente mediante la técnica mencionada el objetivo fundamental de los pintores impresionistas que al pintar de esta manera el aspecto sombrío de los cuadros tradicionales.

Pero quienes así lo hacen son pocos o casi ninguno, es decir Claude Manet (1840-1926) también se puede incluir a Camille Pissarro (1830-1903) y a Alfred Sisley (1839-1899).

Del resto a los que el público actual sigue denominando impresionistas y que solo lo son accidentalmente hay que distinguir dos generaciones.

De la primera los que nacen en la década de 1830 o a comienzos de 1840 hay que citar a Edouard Manet (1832-1883), Edgar Degas (1834-1917), Pierre Auguste Renoir (1841-1919), Paul Cezane (1839-1906), Frederic Bazille (1841-1870) o Berthe Morisot (1841-1895).

Todos ellos sin ser impresionistas en algunos momentos tienen concomitancias con el Impresionismo.

Pero los nacidos a finales de 1840 y 1850 o incluso a comienzo de 1860 conforman otra generación diferente y son decididamente anti impresionistas o postimpresionistas.

Como Paul Gauguin (1848-1903), Vicent van Gogh (1853-1890), George Seurat (1859-1890), Paul Signac (1863-1935) y Henri de Toulouse Lauttrec (1864-1901).

La confusión se debe a que además de esta estricta técnica de la pintura de paisaje hecha sobre el motivo, el Impresionismo aporta de forma indirecta otras novedades.

La nueva actitud en la elección de los temas afecta por igual la actividad artística de los que son genuinos impresionistas como de los que solo se consideran impresionistas circunstanciales e incluso de los radicales anti impresionistas o postimpresionistas.

La primera modernización artística emprendida por el arte de nuestra época es la de actualizar los temas, es decir tratar los temas de cuanto acontece en lo cotidiano, inspirándose en las acciones de la gente común.

La primera modernización artística emprendida por el arte de nuestra época es la de actualizar los temas, es decir tratar los temas de cuanto acontece en lo cotidiano, inspirándose en las acciones de la gente común.

Los pintores que empiezan a pintar en torno al impresionismo en la década de 1860 y se mantienen activos en esa situación vanguardista hasta 1880, coinciden en seguir esa línea de inspirarse en la vida cotidiana de la actualidad y asimilan fragmentos de la misma, incluso los que carecen de cualquier significado.

Al elegir un trozo de la realidad o un objeto vulgar, contribuyen a que el cuadro no pueda ser visto y analizado más que por sus cualidades plásticas.

Esto es de gran valor para el desarrollo de las vanguardias posteriores cuyo mayor insulto es que una pieza sea literaria, es decir que se le dé más importancia a lo que narra que a como plásticamente este confeccionada, es decir sacrificar la forma por el contenido.

El Impresionismo y su entorno vanguardista es el primer movimiento artístico contemporáneo que en vez de modernizar el tema o el contenido de los cuadros como hasta ese momento es lo habitual, moderniza las formas, convirtiendo a partir de entonces el arte de vanguardia en un ejercicio formal.

De ahí viene el calificativo que se le ha dado al arte de vanguardia de gran parte del siglo XX de formalista, autónomo o ensimismado, porque de forma autónoma se rige por sus propias leyes plásticas.

 Inician una nueva etapa de la vanguardia con la deriva formalista que introducen en el arte los impresionistas y su entorno.

Pero también cierran otra pues son ellos los que llevan hasta sus últimas consecuencias el Realismo y el Naturismo, no solo al abrirse de forma indiscriminada a la realidad cotidiana contemporánea sino al aplicar los mismos criterios en la práctica artística que el pensamiento progresista de la época, dominado por el positivismo, el cientifismo y el socialismo.

Es la explicación de que Emile Zola un polemista escritor naturalista (inspirador de nuestra Regenta en Clarín) de orientación progresista en política, es uno de los pocos defensores con los que cuentan los impresionistas.

Con el circulo impresionista se produce un fenómeno que se convierte en una constante en las vanguardias posteriores y es el continuo escándalo público por la transgresión.

Hay que señalar que antes del publico anónimo del arte como consumo de una masa social es novedoso porque con anterioridad está restringido a la aristocracia y más tarde a la burguesía, pero siempre adinerados.

Cuando desde el siglo XVII se ensancha la base social de los consumidores del arte se llega a una total ampliación a nuestra época y las relaciones entre el artista y el consumidor deja de ser directa.

El crearse el mercado como base de estas relaciones anónimas, esta ausencia de contacto se transforma en mutua hostilidad.

 A la mayoría le interesa valores establecidos, los sancionados por la costumbre y el paso del tiempo, mientras que a los artistas modernos guiados por el culto a la novedad, les interesa realizar justo lo opuesto que es experimentar.

Esta situación se degrada conforme pasa el XIX y es la razón de la aparición de la bohemia, que de alguna manera había sido junto al dandy la forma de singularizarse, de transgredir y de ser diferente, son las dos caras de una misma moneda, el transgresor cutre y el transgresor refinado.

Cuando los impresionistas aparecen en la escena pública hay un total rechazo.

El detonante de la explosión es la exhibición en el Salón de los Rechazados de 1863 de los cuadros de Edouard Manet El almuerzo campestre y Olimpia que producen en el publico histeria colectiva.

El Salón de los Rechazados es una creación del estado francés para ofrecer una salida a los artistas que no eran seleccionados para el Salón Oficial.

La existencia del Salón de los Rechazados implica la tensión social que está generando el enfrentamiento entre el gusto artístico innovador y el oficial, más conservador con la que el público se identifica.

Pero lo curioso es que tiene más afluencia el de los Rechazados que el oficial a pesar de todo, porque le resulta más divertido reírse de las novedades que contemplar de forma seria una obra que se supone han de admirar (aunque no sepan porque).

Las obras de Manet provocan un escándalo de orden público que hacen que el pintor tenga que ausentarse temporalmente de París.

El almuerzo campestre representa un grupo de jóvenes estudiantes que se van a almorzar al campo un día de buen tiempo.

Los dos varones están recostados en el campo mientras las mujeres que se bañan están desnudas, pero el desnudo femenino no es lo que importa pues es algo común en la pintura y lo que se exhibe en el salón hay abundantes desnudos y tratados de forma más expresa.

Los dos varones están recostados en el campo mientras las mujeres que se bañan están desnudas, pero el desnudo femenino no es lo que importa pues es algo común en la pintura y lo que se exhibe en el salón hay abundantes desnudos y tratados de forma más expresa.

El escándalo lo produce que el desnudo de Manet no es de una Venus o cualquier figura alegórica del pasado sino el de una mujer de actualidad como había montones en Paris, el de una prostituta.

La histeria se produce porque representa la realidad contemporánea, algo que se aplica también al del Olimpia y el público le parece indigno que el arte tenga que mostrar eso.

Pero Manet se ha inspirado en maestros antiguos, en El Almuerzo de Rafael y su discípulo Marcantonio Raimondi, mientras que, en Olimpia, en las venus tumbadas de los maestros venecianos como Giorgione y Tiziano.

Pero si se revisa la actitud de la crítica y el público de la época frente a las obras impresionistas, hay que subrayar que cuando Manet hace paisajes es también muy criticado porque representa el ferrocarril que para la gente de la época es poco poético.

Imposibilitada de hacer un comentario individualizado hay una primera generación Manet, Degas, Renoir, Cezane, además de los representantes del paisaje impresionista Pissarro, Monet y Sisley, definen el lenguaje de esta visión y el de las vanguardias históricas del siglo XX.

Final del XIX, la crisis de confianza en los valores artísticos modernos y su dinámica innovadora (Antiimpresionismo)

La burguesía es optimista hasta aproximadamente el último tercio del XIX en el que hay una progresión ascendente y tiene una fe ciega en el progreso.

El desarrollo tecnológico, industrial, científico y la prospera expansión de las desarrolladas metrópolis europeas que se expanden por todo el mundo, que obtienen todo tipo de materias primas por apenas nada y ampliarlas al mercado para conseguir productos occidentales de forma universal, da la impresión que el crecimiento es ilimitado, garantizando la expansión cada vez mayor de la economía de mercado.

Pero ese anhelo de disipa cuando las potencias occidentales colisionan con contiendas por disputas en los mercados donde codician los mejores bocados.

En Francia donde acontece ahora la mejor vanguardia artística, la capital mundial del arte desde inicios del XIX, se producen disonancias como consecuencia de la guerra francoprusiana, perdida por Francia y que provoca el fenómeno revolucionario de la Comuna de Paris de 1871, el primer y efímero experimento de gobierno popular rápidamente abortado por la fuerza de las armas.

Este contexto roba el optimismo en todos los órdenes que hasta el momento prevalece, lo que repercute en la cultura, sensible al cambio de estado de ánimo de la sociedad, pues es el eco del grupo.

Se revisan todos los valores que hasta el momento se consideran dogmas, entre ellos la fe ciega en el progreso, con sus implicaciones, confianza sin reserva en la ciencia, espíritu pragmático y positivista o desarrollo ilimitado sin techo de crecimiento, con un total cuestionamiento en el mundo de la literatura y las artes que se mantienen del excedente de la sociedad.

Hay pues una revisión minuciosa y se produce una crisis de confianza en los valores artísticos modernos y su dinámica innovadora.

El Impresionismo sin ir más lejos es una consecuencia de esa dinámica innovadora.

Un hombre del siglo XVIII puede retrotraerse siglos atrás sin resultarle sorprendente o incomprensible todo lo que se produce artísticamente previo a su existencia.

Ese mismo individuo trasladado a 1750 se desconcertaría lo que se hace medio siglo después, y en 1850 no podría reconocer como artístico lo que en ese momento se ofrece al público con naturalidad.

El Simbolismo

Emerge el Simbolismo alrededor de 1880 cuando la crisis de valores se hace palpable en la hostilidad por parte de la sociedad hacia escritores y artistas y contra todos los presupuestos defendidos por ellos encarnado por el Naturalismo-Impresionismo.

Es una defensa de la espiritualidad con la excusa de que el desarraigo que provoca la emigración hacia las ciudades del campo se queda sin referentes y el artista se ve en la obligación de fabricar otros nuevos.

Por lo que una pintura o un texto literario simbolista tiene mensaje, por lo que los valores plásticos no importan.

Este movimiento vuelve sobre lo tradicional en literatura y artes plásticas e intenta que su mensaje sea espiritual, grave, trascendente evocador de otros mundos superiores a lo cotidiano, un mundo que no puede controlarse con la razón o la ciencia.

Hay una vuelta atrás en el tiempo, una renovación de valores y creencias que se creían pasadas, como la religión, a la vez que se vuelve a la superstición y lo exotérico.

Hay un total irracionalismo a la par que se pierde la confianza en la colectividad, el grupo social, la alegría y se cultiva el mundo interior, subjetivo, solipista, el individualismo y el elitismo aristocrático.

Es una batalla encarnizada contra la vulgaridad, representada por la cultura democrática de masas y su feroz rasero igualitario, contra su materialismo y positivismo, su culto al dinero y su desprecio al arte y todo lo que este conlleva, su incomprensión de todo lo que sea distinto y espiritual.

Todo esto con un ambiente de melancolía, decadentismo, que era antitético del optimismo y progresismo de la época precedente.


En pintura los máximos representantes del simbolismo son el grupo de Pont-Aven.

En esa localidad de la Bretaña francesa se retiran varios pintores capitaneados por Gauguin que pretenden en un ambiente de fraternidad espiritual y comunitaria, devolver a la pintura sus valores espirituales, sus temas trascendentes.

Pero para ello apuestan por recuperar el contorno que se había disuelto en el Impresionismo, parodiando con ello el viejo estilo de las vidrieras de las catedrales además de los colores puros y planos.

Hay también dentro de esta sensibilidad común de la época artistas en otros países que tratan de imbuir espiritualidad en el arte, espiritualizarlo a través de los temas en la mayor parte extraídos de las viejas mitologías de los pueblos diferentes de la mitología simbolista.

Destacan en Paris Gustave Moureau (1826-1898) y Odilon Redon (1840-1916).




Moureau es un buen colorista y Redon hace una notable obra como dibujante y grabador.


El simbolismo florece en infinidad de lugares pero sobre todo en países nórdicos y germánicos, por semejanza en el talante.

Hay que destacar Arnold Brocklim (1827-1901), y Max Klinger (1857-1920), el austriaco Gustav Klim (1862-1918), el suizo Ferdinand Holder (1853-1918), el noruego Edward Munch (1863-1944), los belgas Felicien Rops (1833-1898), Fernand Khnoplf (1858-1921) y James Ensot (1860-1949).