La Escuela de Chicago

No hay nada por generación espontánea y todos los factores y circunstancias que sacuden al sistema constructivo tradicional convergen en un punto en un determinado momento y emerge entonces la arquitectura contemporánea.

Es curioso que la construcción de vanguardia no la hagan los arquitectos sino los ingenieros, y la innovación constructiva tiene lugar en edificaciones industriales de manera anónima.

Es llamativo que la sociedad en el siglo XIX acepte con optimismo los materiales tecnológicos pero sea incapaz de entender que estos nuevos materiales, transportes y edificaciones no puedan tener una función estética.

El momento histórico de convergencia imprescindible para el nacimiento de una genuina arquitectura contemporánea se produce en EEUU, que durante el último tercio del XIX alcanza unas cotas de producción industrial de magnitud insospechada hasta entonces y cuya expansión industrial y urbana no se encuentra con ningún tipo de trabas.

Y además ha de ser una ciudad como Chicago, una ciudad de las más convulsas por este desarrollo, que además en 1871 tiene un incendio que destruye tres cuartas partes, tiene todos los ingredientes para que se logre la convergencia.

A la necesidad de una urgente reconstrucción de la ciudad se une la convicción de que solo se puede prevenir otro desastre en el futuro con una estructura de acero, la única que además permite edificaciones de altura.

El resultado del nuevo Chicago es el triunfo de los nuevos materiales, la nueva tecnología y edificios monumentales, los célebres skylines o rascacielos que se convierten en el emblema de la moderna megalópolis industrial de los países desarrollados.

Chicago no es el prototipo de la nueva ciudad norteamericana, sino también la primera que alcanza a partir de estas premisas una revolucionaria definición estética.

Así lo que se denomina Escuela de Chicago define un nuevo estilo de construcción con personalidad estética propia.

Como toda escuela tiene detrás la gestión de buenos arquitectos que son los que consiguen esa forma característica del lugar.

Destacan Henry H. Richardson (1838-1886), autor del proyecto de Los Almacenes Marshall Field de Chicago, erigidos entre 1885-87 y derribados por desgracia en 1930 con muros de arcadas que recuerdan un acueducto romano.

Otro arquitecto destacado es Louis Sullivan (1856-1924) autor del edificio Wainwright, en San Luis Misouri 1890, que se puede considerar el primer rascacielos moderno, ya que su estructura de acero se refleja al exterior sin complejos o en Los Almacenes Carson, Scott y Compañía realizados entre 1899 y 1904 en Chicago, donde la piel del edificio es una transparencia de su estructura.


 Este edificio está declarado como Monumento Histórico Nacional en EEUU.

A este genial arquitecto es al que se le ocurre la formula posterior tan repetida de que la forma sigue a la función, resumen de lo que ha sido su voluntad artística y constructiva.

Publicado por ilabasmati

Licenciada en Bellas Artes, FilologÍa Hispánica y lIiteratura Inglesa.

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