Urbanismo Contemporáneo

El urbanismo como planificación consciente y ordenada del desarrollo de la ciudad es relativamente reciente, aunque tanto los romanos como los musulmanes que son excelentes ingenieros civiles en su momento fomentan un urbanismo e infraestructura en las ciudades y por ello esas culturas permiten las concentraciones urbanas muy numerosas como una Roma que tiene pasa de un millón de habitantes y una gran población flotante.

El diseño de la ciudad clásica antigua, la del mundo grecorromano, porque se basa en una civilización urbana es de diseño reticular, porque su estructura está basada en una retícula de líneas rectas entrecruzadas formando ángulos rectos.

En el Renacimiento se trata de recuperar este diseño diáfano de la ciudad, aunque salvo en nuevas fundaciones de ciudades de América, nunca se puede acometer en profundidad este modelo, que tropieza con la irregular y caótica estructura heredada de la Edad Media.

Hay que esperar al siglo XVII en la que se impone la política de los estados centralizados y la idea de la ciudad como capital, para que se plantee una ambiciosa y operativa planificación urbanística, la mayoría de las veces sobrepasando los limites tradicionales que encierra la ciudad.

Hay que subrayar que no hay ningún fenómeno comparable en las ciudades en lo que se refiere a planificación del desarrollo urbanístico, como lo que acontece tras la Revolución Industrial.

En los países occidentales industrializados se llega a cotas de casi el 95% de población urbana en la actualidad y todo indica que esta será la medida en breve.

Pero en vísperas de la Revolución Industrial la proporción era la inversa, es decir casi un 95% de población rural, por lo que se puede entender que el fenómeno urbano es el eje en torno al cual gira la vida de nuestra época, por lo que el urbanismo alcanza su máximo interés y trascendencia en el mundo actual.

Se produce pues de forma súbita e inesperada esta revolución urbana en muy poco tiempo al unirse todo un cumulo de factores como el nuevo modo de producción económica, el desarrollo del transporte, la nueva tecnología de los ingenieros que salva todas las dificultades orográficas, y en general todos los medios técnicos y materiales que facilitan la comunicación y la multiplicación de la riqueza.

Junto con una explosión demográfica por una mejora en la alimentación, el desarrollo de la medicina, se entiende de la incidencia en las ciudades de toda una población.

Solo mencionar que entre 1801 y 1901 Londres pasa de 1 millón a 6,5 millones de habitantes, París de 500000 a 3 millones, Nueva York de 33000 a 3,5 millones, Chicago de 300000 en 1830 a 2 millones en 1901.

Este crecimiento de la población urbana desborda todas las previsiones y casi crea un colapso.

Las adversas condiciones de insalubridad y hacinamiento con que se aplastan las muchedumbres urbanas generan epidemias, así como el menor descuido provoca terribles incendios y otras tragedias.

Las terribles condiciones de vida en estas repentinas pobladas ciudades despiertan la conciencia crítica de los reformadores que comienzan a idear sus planes de mejora social en función de la ciudad.

Así el primer urbanismo de nuestra época tiene un carácter de naturaleza sociopolítica, que después se hace técnica y solo en la última fase se convierte en algo estético.

Son los socialistas utópicos como Charles Fourier y su discípulo Victor Considerant, los primeros que se preocupan por idear modelos alternativos en el diseño en las nuevas ciudades industriales.

Crean el modelo de Falansterio que así llaman al lugar diseñado para alojar de forma ordenada a las comunidades ideales, formadas por asociaciones voluntarias de individuos cuyas actividades se complementan, ya que cada falansterio ha de ser económicamente autosuficiente.

Aunque la influencia de este modelo en cuanto a determinados aspectos puntuales de la organización y diseño de la futura ciudad no deja de ser operativa en el posterior desarrollo del urbanismo contemporáneo, la utopía de estas pequeñas comunidades autosuficientes se deshizo por sí sola.

Se impone es la reforma de las ciudades y los planes de ampliación de las mismas, que comienza a ser llegado de forma generalizada a partir de la segunda mitad del XIX.

El ejemplo puede ser Paris que durante el Segundo Imperio de Napoleón III lo gestiona el perfecto de la ciudad, barón George Haussman (1809-1891).

Nombrado perfecto del departamento del Sena en 1853, tras una larga trayectoria municipal, interpreta bien el ideario político y social del Segundo Imperio que emerge tras la Revolución de 1848, la primera que cuestiona tanto la organización política como la social del régimen.

Totalmente convencido con la restauración del orden y la búsqueda de la extraviada grandeza, proyecta una ciudad de Paris diáfana, monumental y fácilmente manipulable por la policía y el ejército.

Lucha por la higiene urbana y arremete contra los focos de infección mediante un sistema de alcantarillado público, saneamiento de las aguas fluviales, dotación de espacio para cementerios y parques y reformas de las viviendas insalubres.

En cuanto a la circulación, muy colapsada entonces, diseña un sistema de amplios bulevares arbolados que cubren 137 kilometros, en cuyos flancos se construyen manzanas de viviendas mejor iluminadas y ventiladas y unifica el mobiliario urbano.

Estas amplias avenidas permiten un control de la capital cuya perspectiva permite dominarla visualmente y puede permitir sin problemas el acceso de piezas de artillería en caso de las comunas por entonces revueltas callejeras.



El modelo Haussman se convierte en patrón de la mayoría de las ciudades europeas en transformación.

Destaca la aportación del ingeniero español Ildefonso Cerda (1816-1876), paralelo a este pragmático y garantista del orden establecido que no solo hace el ensanche y reforma de Barcelona en 1859, la ciudad de mayor empuje industrial del país y la más agobiada por lo tanto por estrangulamiento de su recinto tradicional.

Este señor es también el autor de un maravilloso tratado de urbanismo moderno Teoría general de Urbanización que se publica en 1867.

Cerdá basa la reforma de Barcelona en un sistema reticular de 22 manzanas en profundidad y la intersección de dos avenidas en diagonal.


Genera un tipo de modelo tipo de manzana y estructura vecinal, pero lo más curioso son los modelos empíricos en los que basa su diseño, ya que utiliza un método estadístico que calcula hasta el sistema de nutrición de la población y sabe unir la regularidad con las condiciones de higiene y bienestar de la vida de la urbe moderna.

No sin antes enfrentarse a los intereses creados de la burguesía local y aun después de dar a Barcelona una de las mejores estructuras que se conocen no es reconocida su labor y hasta hace poco su nombre ha permanecido en el olvido.

Además de lo que he mencionado en la segunda mitad del XIX se llevan a cabo las reformas urbanísticas de las ciudades occidentales más desarrolladas y se multiplican los planes de urbanismo desde la Ciudad-Jardín de Ebenezer Howard (1850-1928) hasta la Ciudad Lineal en 1882 de Arturo Soria (1844-1920). A partir de entonces arquitectura y urbanismo constituyen algo inseparable


Publicado por ilabasmati

Licenciada en Bellas Artes, FilologÍa Hispánica y lIiteratura Inglesa.

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