Pintando bodegones con más hambre que Carpanta.Meléndez, Bodegón con servicio de chocolate, 1770

Autorretrato de Luis Meléndez (1746), perteneciente al Museo del Louvre.

Hay que destacar el nombre de bodegones y la temprana fecha en que se impone en España.

En comparación con el resto de países, hasta el XVII en ninguna otra parte se crea un término específico para la denominación de género.

En esta época en Francia se utiliza el vie coite y se modifica después.

Por otro lado, los términos Still Life y Stilleven, utilizados en el mundo anglosajón y germánico, son tardíos y vienen a significar lo mismo, vida inmóvil o inmovilizada.

En España se encuentra el término pintura de bodegón en 1599, en el que así es descrito en el inventario de Pantoja de la Cruz, lo que demuestra que su uso esta ya extendido.

Tiene que estarlo porque en el Tesoro de la Lengua Castellana Española de 1611 de Sebastián de Covarrubias, se incluyen las voces e bodegón y bodegonero.

En literatura artística de los siglos XVII-XVII es defendido con ardor y jamás tratado con menosprecio, se comprende que estos datos filológicos, documentales y literarios sean inseparables de una práctica al respecto dotada desde un inicio de personalidad propia.

En este sentido se puede apreciar casi simultaneidad cronológica entre los bodegones de Caravaggio y los que en España pinta Sánchez Cotan, y tanto los de este como los de sus seguidores tienen un carácter único.

La naturaleza muerta española tiene personalidad singular y responde a una condición diferente de lo italiano, lo flamenco, holandés o francés contemporáneo.

Una sensibilidad, grave, humilde y profunda e impregnada de un sentimiento religioso, que ordena los objetos con valor de trascendencia, es lo que hay de nuevo y personal en los primeros artistas españoles de este género, que parece tener un carácter religioso.

No es casual que muchas de las series de bodegones españoles procedan de clausuras y conventos, que hoy todavía se encuentran en sacristías de catedrales y que su más genial creador, Juan Sánchez Cotán sea cartujo.

El contexto extraño con que Sánchez Cotán (15601627) confecciona sus bodegones al margen con que corresponda con la alacena característica de las despensas españolas de ese momento y que sirva para crear la ilusión de perspectiva, tan apreciado en el desarrollo de este género, crea una atmósfera de densa profundidad, muy magnética.

Hay una colisión entre la atmósfera de un espacio inmutable y entre lo dramático, inmutable, lo iluminado, lo cambiante, lo corruptible, que muestra una sensibilidad del mundo característica.

Por otro lado, la minuciosa ubicación de los escasos objetos dispuestos en el primer plano, que se distribuyen mediante una estudiada curva, ha dado pie a comentar que seguramente los compuso según alguna ratio matemática.

Esta cuidadosa preocupación por el orden geométrico puede asociarse con el Discurso de la figura cúbica del arquitecto Juan de Herrera, y en general con el espíritu de la gran obra de este, la construcción del Escorial, un monumento donde la geometría produce un efecto intemporal.

En esa línea se pueden añadir otros artistas españoles como Zurbarán, Luis Meléndez o Juan Gris, lo que demuestra que la escuela española no solo se define por su realismo expresionista sino por una constante que ha sido llamada mineral.

Aunque la tradición el bodegón patrio es mas extensa, sirva de introducción para Luis Meléndez, quien es sobrino de Miguel Jacinto Meléndez de Ribera, pintor del rey a partir de 1712, e hijo del hermano de este, Francisco Antonio, especializado en miniatura.

Con estos antecedentes y gracias a la esmerada formación que recibe, está en el taller de Van Loo, cursa un par de años En Bellas Artes de San Fernando y en 1750, viaja a Italia, deteniéndose en Roma e instalándose en Nápoles, no cabe extrañarse del altísimo nivel alcanzado por Luis Meléndez, a quien, a quien la desdicha persigue con saña.

Su padre escribe un libelo contra la institución académica de San Fernando, lo que acarrea la expulsión de ambos, pues el hijo ayuda a difundir la infamante carta de su padre contra su rival Olivieri.

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El artista puede disfrutar, de un tiempo de respiro durante los tres años que pasa en Nápoles al servicio de Carlos III.

Pero a su regreso a España, le es denegada sistemáticamente la plaza de pintor del rey y tras una vida llena de estrecheces muere en la miseria.

La adversidad le hace dedicarse a pintar bodegones, un género todavía poco apreciado desde la perspectiva doctrinal tradicional.

Meléndez a diferencia de Chardin, no acepta con resignación el verse confinado a un genero menor y no porque lo despreciase sino porque había dado suficientes muestras de talento como para sentir ínfulas en cualquier género pictórico.

Hoy los bodegones de Meléndez son considerados los mejores de Europa del XVIII, constituyendo por su originalidad una aportación excepcional en la historia de las naturalezas muertas.

Bodegón con servicio de chocolate forma parte de una serie de 44 naturalezas muertas que pinta entre 1759-1774 para el Príncipe de Asturias, futuro Carlos IV.

La intención del pintor es la ejecución de un vasto proyecto que recoja los productos naturales de España mas característicos, muy acorde con la pasión ilustrada del conocimiento científico y la clasificación sistemática de todo lo abarcable en orden natural.

Pero se tiene que conformar con un programa más modesto, ubicado en la Casita del Príncipe de El Escorial y en el Palacio de Aranjuez.

Así y con todo, la inteligencia compositiva y la esmerada técnica que emplea que emplea para este encargo resulta asombrosa porque son muy originales.

El bodegón con servicio de chocolate aborda una de las modas culinarias más extendidas en la España del XVIII a través de este producto de origen americano.

Su originalidad se muestra en la composición equilibrada de orden piramidal que se escora al fondo con la diagonal del palo del molinillo que sobresale de la chocolatera.

Pero también en el exquisito contraste de las texturas de los objetos, que son tabletas de chocolate a medio desenvolver del papel que las contiene, un bollo, varios bizcochos y una jícara de porcelana oriental, el único detalle lujoso del conjunto.

One Main Cambridge, Massachusetts, 2009

Arquitectos dECOi Architecs Ubicación USA, Massachusetts, Cambridge 2009. Área 1000 metros cuadrados.

La remodelación de esta oficina situada en la calle One Main de Cambridge es un proyecto que despliega, sin descanso, tableros contrachapados mecanizados digitalmente para demostrar la versatilidad y eficacia que se puede lograr mediante los procesos CAD-CAM de diseño.

Mark Goulthorpe lleva mucho tiempo defendiendo la calidad del diseño y la fabricación informatizada, y en este caso da forma a su concepto de protocolo no estándar de fabricación continua a medida.

Su idea es que estas herramientas permitan crear un entorno único que no dependa de anticuados procesos de fabricación industrial.

En este caso, la madera es el elemento principal. Goulthorpe añade

 En un sentido material, el proyecto asume una agenda medioambiental radical.

Utiliza una materia prima sostenible y capaz de absorber carbono (el abeto talado de forma controlada) para traducirla de forma eficaz en elementos refinados y funcionales mediante una hábil mecanización digital de bajo consumo energético.

Como es habitual en su trabajo, Mark Goulthorpe, de dECOi, emplea un sofisticado sistema informático de modelado y fabricación para concebir este espacio. 

Las perspectivas interiores muestran que el diseño general también se ha aplicado al mobiliario.

Dentro de este espacio relativamente sencillo, el arquitecto introduce algunos elementos sorprendentes. 

Los detalles y el diseño del mobiliario son producto del trabajo totalmente informatizado de Mark Goulthorpe, que gusta de aunar la madera y las técnicas mas contemporáneas.

El proyecto es realizado para las oficinas en el penthouse de un grupo de inversionistas en la construcción ecológica y las tecnologías de energía limpia (Change).

 

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El proyecto esencialmente comprende dos planos -el suelo y el techo- los cuales se articulan como superficies continuas declinadas por función.

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La curvilinearidad expresa la génesis digital y la lógica de fabricación sin costuras, con el arquitecto proporcionando archivos de mecanizado reales para el fabricante.

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En lo posible, la idea era reemplazar los típicos componentes industriales (rejillas de ventilación, picaportes, etc.) con madera molida articulada, ofreciendo un protocolo radicalmente simplificado para la entrega de un interior elaborado. 

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Su intención era ofrecer una huella reducida de carbono mientras se celebra un virtuosismo formal y un nivel de detalle y finura radical.

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Efectivamente, esto permite al arquitecto personalizar por completo todos los elementos del edificio, colocando el material en el espacio con el control total del autor (por primera vez desde que se convirtieron en componentes industriales estándar).

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Aparte de los rociadores, luces, vidrios y bisagras, la esencia de la arquitectura interior se realiza a través de esta unidad material / lógica de fabricación, con un alto grado de prefabricación.

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El cliente pidió que las sillas de trabajo sean compradas, pero todos los estantes, escritorios, bancos y unidades de almacenamiento son fabricados exclusivamente.

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El proyecto tiene 1200 hojas de 1,2 metros x 3,6 metros de madera contrachapada molida, utilizando un pequeño CNC router de 3 ejes, que talla sin esfuerzo las secciones de capa de acuerdo con los patrones prescritos de herramientas “weeping”

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Se emiten más de un millón de pies lineales de corte, sin embargo, el proceso de fabricación  es de una hábil mecanización digital baja en consumo energético.

Barragán y las Capuchinas, 1960

Luis Barragán siempre fue muy devoto de la iglesia católica, por lo que realiza en el año de 1953 la remodelación del convento y capilla de las capuchinas en Tlalpan en la ciudad de México. Se dice que además de hacer el trabajo pro bono, también financió parte de la obra. En la capilla se destaca la cruz de madera que a través de la ventana alargada que tiene a un costado refleja la sombra en lo que fuera el retablo, y que se va recorriendo de acuerdo a la luz solar. En los solsticios se puede ver la cruz perfectamente delimitada y de un color amarillo más intenso.

¿Cómo comprender el arte y la gloria de su historia sin la espiritualidad religiosa y sin el trasfondo mítico que nos lleva hasta las raíces mismas del fenómeno artístico? Sin lo uno y lo otro no habría pirámides de Egipto y las nuestras mexicanas; no habría templos griegos ni catedrales góticas ni los asombros que nos dejó el renacimiento y la edad barroca; no las danzas rituales de los mal llamados pueblos primitivos ni el inagotable tesoro artístico de la sensibilidad popular de todas las naciones de la Tierra.

Luis Barragán

En proporción alarmante han desaparecido en las publicaciones dedicadas a la arquitectura las palabras belleza, inspiración, embrujo, magia, sortilegio, encantamiento y también las de serenidad, silencio, intimidad y asombro. Todas ellas han encontrado amorosa acogida en mi alma, y si estoy lejos de pretender haberles hecho plena justicia en mi obra, no por eso han dejado de ser mi faro

Luis Barragán, discurso de aceptación del premio Pritzker

Queríamos que el proyecto lo hiciera Barragán, pero no teníamos dinero, así que fuimos a su oficina a hablar con él.

Él accedió gustosamente no solamente a hacer el proyecto, sino a financiar parte de su construcción.

Nosotras no sabíamos qué estaba haciendo, confiamos completamente en él.

Hasta que una mañana de primavera, el 24 de abril de 1960 se inauguró la capilla.

 Fue para nosotras sorprendente, bellísima, muy austera, casi sin imágenes, adelantándose al Concilio Vaticano II.

Hasta aquí llegó Tadao Ando comenta la religiosa y quedó maravillado por el efecto de la luz. 

Ando como Gehry y Koolhaas, han reconocido la fascinación y la influencia de esta obra y el trabajo de Barragán en sus propias obras.

El proyecto de ampliación de la Capilla y Convento de las Capuchinas Sacramentarias, inaugurada el año 1960, es obra del arquitecto mexicano Luis Barragán.

No solo accede a hacer el trabajo gratis, sino que también financia parte de su construcción. 

Durante 7 años se dilata la ejecución de la obra, el arquitecto conforma infinidad de detalles que hacen peculiar el proyecto.

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Le caracteriza un expresivo carácter tectónico de los materiales, un buen manejo de la luz y un minucioso tratamiento del espacio.

 La capilla sorprende con juegos de colores con luces y sombras.

 La capilla sorprende con juegos de colores con luces y sombras.

El primer espacio de recepción es un pequeño patio semi hundido, con muros blancos.

Hay una pila, en cuyas aguas flotan flores blancas, y a su derecha se encuentra una celosía amarilla, que se refleja en esta agua sobre la piedra negra.

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En el otro extremo de la pileta, se encuentra el acceso a la capilla principal, junto a una pequeña escalera de piedra.

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En este espacio se destaca una banca larga y muy simple que pareciera flotar perpendicular a la pared.

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En el interior del espacio se utiliza un vidrio de color rosado, que ilumina el ambiente.

Hacia un lado, se encuentran las áreas privadas del convento, dispuesto sobre un terreno alargado, y hacia el otro se ingresa lateralmente a la capilla. 

La luz, que atraviesa unos vidrios amarillos ubicados en una trama en el coro, inunda al espacio de un color acaramelado, y presenta una capilla austera, con paredes de texturas toscas y de colores ocres intensos.

Los pisos son de madera y en el altar se destaca el trabajo escultórico de los rectángulos dorados diseñados por Mathías Goeritz. 

En el costado izquierdo se ubica una cruz de madera iluminada indirectamente desde un ventanal alargado.

Al costado derecho, separado por una celosía de madera en forma de grilla de color blanco, se encuentra una capilla lateral que suele ser utilizada por las familias de las monjas.

Desde una rendija superior la luz inunda el ambiente, mientras se descubre la triple altura de los muros, dándole monumentalidad a la obra. 

Finalmente cabe destacar los pequeños detalles, como una ventana cuya luz amarilla se refleja sobre el muro de madera, o el mobiliario y las puertas.

https://www.plataformaarquitectura.cl/cl/02-207404/clasicos-de-arquitectura-capilla-de-las-capuchinas-luis-barragan

http://moleskinearquitectonico.blogspot.com/2008/08/capilla-de-las-capuchinas-barragn.html

Goya y la melancolía de Jovellanos, 1798

Goya, Gaspar Melchor de Jovellanos
El pintor Francisco de Goya”. 1826. Óleo de Vicente López Portaña. Museo del Prado

Confeccionado apenas poco tiempo antes de la caída de Jovellanos, que en agosto es cesado en su cargo como ministro de Gracia y Justicia y confinado en Mallorca entre 1801-1808.

Trasluce la melancolía del retratado, algo que capta Goya gran admirador suyo, pero desde la ejecución del monarca francés por la Revolución, en España se vive en completa ansiedad, en particular con quienes se han adscrito al reformismo ilustrado, con lo que los vaivenes políticos no sorprenden a nadie.

El rictus de ensimismamiento y ausencia de Jovellanos, el apoyar la cabeza en su brazo es un síntoma de melancolía, que ya antes expresa Durero en su libro Saturno y la melancolía que Goya retoma en Jovellanos.

Aunque el tratamiento literario y artístico de la melancolía tiene ya recorrido histórico, en el XVIII su presencia en arte se multiplica, siendo su tratamiento en Inglaterra y Francia en esta época el que afecta a España.

El perfil psicológico, el ensimismamiento y la pose melancólica que afecta a los intelectuales y artistas que ya conforman una satisfecha clase aparte, se hace cada vez mas corriente en el retrato, conformando su apoteosis en la segunda mitad de siglo, cuando se impone el sentimiento prerromántico y su exacerbación de lo subjetivo como lo principal para la creación.

La influencia de ese pensamiento estético inglés, se deja sentir en la España ilustrada.

En relación con el retrato melancólico que hace Goya de Jovellanos se suele citar como fuente el Demócrito del pintor napolitano Salvatore Rosa.

También el grabado anónimo flamenco que sirve de portada dibujado por Charles Monet y el grabado de Dupre para la portada del segundo volumen de filosofía de Rousseau, publicado en 1793.

Hay prejuicios que se ceban en la vida de Goya en su primera proyección pública internacional.

Pues aunque cobra fuerza la leyenda romántica sobre la tosquedad de Goya como prototipo genial del español castizo en un momento en los que los rasgos atávicos locales adquieren prestigio en el seno de una Europa secularizada e industrial, la verdad es que la vida y personalidad de Goya nada tienen que ver con esa imagen tan folclórica.

Nacido en el seno de una familia burguesa, hijo de un padre artesano dorador y de una madre miembro de una estirpe hidalga de pequeños propietarios rurales, Goya recibe una educación adecuada.

“El motín de Esquilache» (Ca. 1766). En Fundaciongoyaenaragon.es
File source: //commons.wikimedia.org/wiki/File:An%C3%ADbal_vencedor_contempla_por_primera_vez_Italia_desde_los_Alpes.jpg

Tampoco tiene problemas de dar curso a su vocación artística, que se inicia en Zaragoza bajo la tutela del pintor local José Luzán (1710-1785).

Detalle de la decoración de la Capilla del Palacio del Conde de Sobradiel, en Zaragoza (1.770). En Archivo Barboza Grasa – Barbozagrasa.es
 

En este taller traba amistad con los hermanos Bayeu, con cuya hermana Josefa se casa en 1773, no sin antes haber recorrido Italia con sus propios medios entre 1770-1771, lo que avisa de las ambiciones del joven pintor.

«El cacharrero” (1779). Cartón para la Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara.

Es su cuñado Francisco Bayeu quien le flanquea el salto a la corte madrileña, al recomendarle para la Fábrica de Tapices de Santa Bárbara donde trabaja entre 1775-1792 y realiza 63 cartones para tapices.

«Cristo en la Cruz” (1.780). Museo del Prado.
San Bernardino de Siena predicando ante Alfonso V de Aragón” (1.781-83) Basílica de San Francisco el Grande.

Aunque la tutela del cuñado como el trabajo llega un momento que lo agobian, no hay duda que tanto el cuñado como el trabajo en la Fábrica de Tapices, ayudan a Goya a abrirse camino en Madrid, donde en 1780 tiene ya una sólida posición con todos los parabienes académicos y cortesanos de rigor.

La maja vestida»(1.800-1.807). Museo del Prado.
 

Aunque la enfermedad que casi lo mata en 1792 y con la que se queda sordo, produce un cambio profundo en su trayectoria, que a partir de entonces es genial.

También durante la última época del XVIII en la que cumple 50, los acontecimientos históricos revolucionarios avivan al extremo el colapso intimo del artista, con lo que es difícil deslindar con precisión a que se debe ese ensanchamiento en sus miras creativas.

Los fusilamientos del 3 de mayo” (1813-14). Museo del Prado.
Disparate de Carnaval”. Aguafuerte Nº 14 de la serie “Disparates” (1.815). Museo del Prado.

Goya no solo busca el favor de los poderosos, sino que simpatiza con el círculo de los ilustrados españoles, con alguno de los cuales intima de manera particular, como ocurre con Jovellanos, Ceán Bermúdez y Moratín.

Goya, Retrato de Jovellanos en el Arenal de San Lorenzo, 1785

Del primero que además de sus cualidades intelectuales es un aficionado a la pintura, el contacto con Goya es tan estrecho y singular, que Ceán Bermúdez los considera el modelo de pareja ejemplar de artista y aficionado, y aunque no todo Goya se explique por la Ilustración, tampoco sin la Ilustración Goya habría sido Goya.

Y aunque Goya hace mucho de todo, uno de los apartados más prolíficos y geniales de su producción son los retratos.

Goya, Los duques de Osuna y sus hijos

La primera parte de su carrera está marcada casi en exclusiva por los retratos que le proporcionan al autor fama y holganza económica y le sirven de trampolín.

En su madurez, establecida su fama, aborda géneros con mas miramientos, pero desde 1790 Goya encadena alguno de los mejores retratos que se pintan en la época contemporánea.

Goya, Aquelarre.
“Saturno devorando a su hijo» (1819-23). Museo del Prado.
 
“La lechera de Burdeos” (1827). Museo del Prado. 

El que realiza a Jovellanos entre lo oficial y lo privado puede que no sea de los mas soberbios, pero si esta cargado de detalles muy interesantes.

Es notable como resuelve con ágil síntesis la suntuosidad del escenario que envuelve la figura, en el que se adivinan el fulgor de la cortina de fondo, el relampagueo de la estatua de Minerva que esta en el escritorio y la casaca forrada de armiño que lleva Jovellanos.

CALVO SERRALLER Francisco, FUSI AIZPURÚA Juan Pablo, El espejo del tiempo. Editorial Taurus, Madrid 2009.

Fotos Trianart

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¿Es Paret nuestro primer dandi? Carlos III comiendo ante su corte,1775

Luis Paret y Alcázar. Carlos III comiendo ante su corte

Aunque últimamente se produce una reivindicación internacional del valor artístico de Luis Paret, no es raro que su figura quede oscurecida por la sombra de Goya.

Francisco de Goya, Rebelión de los mamelucos, 2 de mayo

El que se haya puesto de moda ha servido para averiguar aspectos de su agitada existencia y apasionante personalidad, así como de su versátil actividad artística.

Paret, El Jardín Botánico desde el Paseo del Prado, 1790. Nació en Madrid, el 11 de febrero de 1746.
Fue uno de los pocos artistas españoles que pintan en España en el estilo rococó francés.

Ha obligado a averiguar el marco donde se fragua su obra y el papel que esta ocupa en el contexto europeo de la segunda mitad del XVIII y no solo el español.

Paret, Ensayo de una comedia 1772-1773. Museo del Prado. Fue calificado por algunos como el Watteau español . Es contemporáneo de Goya
Se formó con Antonio González Velázquez, seguidor del napolitano Conrado Giaquinto

Además de su origen francés por parte de padre es un hombre que viaja mucho y de talante cosmopolita.

Paret, Tienda de anticuario. En 1763 atrajo la admiración del infante don Luis, que le tomó bajo su tutela y costeando una estancia de estudios en Roma durante tres años.

Así lo prueban sus viajes a Italia, Puerto Rico, o a Portugal y Francia.

Paret, Escena de aldeanos de Bilbao, 1786. Actualmente es conocido sobre todo por sus cuadros de gabinete realizados para el infante don Luis, hermano menor de Carlos III, y sus vistas de puertos del norte de España, que se asemejan a las de Claude Joseph Vernet.

De su cultura y cosmopolitismo da fe su sorprendente dominio de lenguas muertas y vivas, algo que produce la admiración de su contemporáneo Cean Bermúdez.

Luis Paret y Alcázar – 7 Vista de Fuenterrabía 1786 MBA Bilbao. Son influyentes en su pintura los franceses residentes en España en la década de 1760, Augustin Duflos, joyero del rey, del que recibe clases de dibujo y de Charles François de la Traverse, que fue maestro suyo a su vuelta de Roma en 1766; de este último toma su pincelada empastada y los tonos pastel, rasgos que seran constantes en toda su obra.

No extraña esta admiración hacia un hombre que sabe griego, latín, francés, italiano e inglés.

Luis Paret y Alcázar, Jura de Fernando VII como Príncipe de Asturias, 1791. Su relación con el infante Don Luis tuvo un final más que desafortunado, en 1775 fue acusado de proporcionar jóvenes mujeres al mismo, siendo desterrado de Madrid por Carlos III. Viviría tres años en Puerto Rico, regresando a España en 1778, estableciéndose en Bilbao hasta 1789.

El inventario de su biblioteca secunda el prestigio de Paret como uno de los artistas más cultivados de la época.

Luis Paret y Alcázar. Durante ese tiempo realiza varios encargos religiosos para iglesias locales y lleva a cabo el diseño de varios edificios y fuentes para Bilbao y Pamplona.

Luis Pablo Saturnino Paret y Alcázar nace en Madrid el 11 de febrero de 1746, mes y medio antes que Goya, nacido el 30 de marzo de ese mismo año, siendo su padre un súbdito francés, Paul Peret y su madre María del Pilar Alcázar.

Luis Paret y Alcázar, La Prudence de Diógenes, 1780. Durante ese tiempo realiza varios encargos religiosos para iglesias locales y llevó a cabo el diseño de varios edificios y fuentes para Bilbao y Pamplona.

Los primeros pasos en el mundo del arte los da con el monje trinitario Bartolomé de San Antonio, pariente de Ventura Rodríguez y el orfebre francés Agustín Duflos.

Luis Paret y Alcázar, Las parejas reales. Así mismo realizó varias vistas de los puertos de Bermeo, Pasajes y San Sebastián destinados a la decoración de las casas de campo de Carlos III. En 1789 pudo volver a Madrid tras la muerte del rey.
En 1792 se le nombró vicesecretario de la Real Academia y secretario de su comisión de arquitectura.

Fundada en 1752 la Real Academia de las Bellas Artes de San Fernando, se explica que Paret residente en Madrid, ingrese en ella como estudiante en 1756 y allí permanezca bajo la tutela de Antonio González Velázquez durante cuatro años.

Luis Paret y Alcázar, Baile en máscara 1787. Al serle solicitada su opinión sobre la reforma de los métodos de enseñanza de la pintura en la Academia, mantuvo en ella los principios neoclásicos que Anton Raphael Mengs había implantado en la década de 1760, lo que parece indicar que había perdido la originalidad de sus primeras obras.

Considerado este como su maestro también lo es el francés Charles François de la Traverse, a quien Paret estima sobremanera.

Luis Paret y Alcázar, Su Autorretrato en el estudio de el Prado da idea de su carácter excéntrico y sus aficiones intelectuales; en él aparece vestido de forma muy elegante, sentado ante su mesa de trabajo, la paleta en el suelo junto a un libro, un dibujo y una carpeta. En el caballete se puede ver una pintura ovalada en la que aparece  representado un naufragio, y sobre otra mesa sendos bustos de Séneca y Ovidio.

La predilección de Paret por este pintor francés que trabaja en España aporta no poca luz sobre lo que es el estilo maduro de nuestro artista.

Luis Paret y Alcázar, El arenal de Bilbao, 1783. En los últimos años de su vida pasó serios apuros económicos.

1764-1766 hay que señalar el viaje que hace a Italia, un lustro antes de que lo haga Goya.

Gracias a este viaje conoce la pintura histórica y la contemporánea, que por entonces reúne allí a los mejores talentos de todo el mundo, así como que perfecciona el conocimiento de las lenguas clásicas.

Don Luis de Borbón, hermano de Carlos III sufraga este viaje y le proporciona cartas de presentación.

Es la primera información llena de luces y sombras.

Autorretrato, óleo sobre tabla, 13 3/4″ x 9 1/4″, 1776 Colección Museo de San Juan, Puerto Rico

1766 Paret regresa a Madrid pues el 22 de julio participa en un concurso de la Academia en el que por primera vez obtiene un gran éxito al serle concedida la medalla de oro.

A partir de entonces y hasta los ilícitos escarceos amorosos del infante Don Luis en los que se desconoce porque es implicado Paret, brilla como un triunfador en la corte madrileña.

1775 estalla el escandalo y a resultas de su involucración Paret es desterrado a Puerto Rico, donde permanece 3 años tras su regreso no consigue el perdón hasta 1787, cuando se le permite volver a instalarse en Madrid, tras 12 años de exilio forzado.

Estos 12 años de ostracismo no significa que el pintor no fuera bien recibido por la sociedad puertorriqueña y la bilbaína, los lugares donde reside de manera mas estable y que Carlos III, el responsable de su alejamiento no le siga haciendo encargos.

A su regreso a Madrid se encuentra con un panorama muy distinto y poco favorable a sus intereses.

Los años que esta fuera Goya consigue un lugar hegemónico entre los artistas de su generación, lo que impide que a su vuelta Paret recobre su perdido prestigio.

No debe ser una época de bonanza económica para él, como sugiere la declaración de pobreza que realiza el año mismo de su muerte en 1799 y las posteriores peticiones de socorro dirigidas por sus familiares a la munificencia real.

Estilísticamente es excepcional en el contexto artístico español, pues es el único pintor que sigue el gusto rococo francés, conocido como pintura galante.

Además, el empaste que toma de su maestro De la Traverse, su pintura muestra temas y formas de Watteau, como de la siguiente generación de pintores galantes franceses, como Boucher y Fragonard, algo que lleva al paisaje de Carl Joseph Vernet.

Aunque en el estilo de Paret subyace algo muy personal.

Luis Paret y Alcázar.

Gracias a esta calidad y refinamiento que acredita y que mantiene hasta el final y que en sus comienzos es deslumbrante.

1770 durante la primera mitad de esta década, encadena estupendas pinturas, Las parejas reales (1770) Baile de mascara (1767), Ensayo de una comedia (1772) o Carlos III comiendo ante su corte (1770).

Destacan también sus bodegones florales, que son por estas fechas también.

1775 en el exilio realiza retratos como el de su mujer María de las Nieves Micaela Fourdinier (1780), su exótico Autorretrato (1776), el melancólico Retrato en el estudio (1786) o Retrato de un oficial de marina (1786).

1791 realiza una composición compleja, la Jura de Fernando VII como Príncipe de Asturias, por no mencionar una serie de paisaje que pinta en el norte de España de Bilbao, San Sebastián o Pamplona, cuando reside allí, esperando que cambie su suerte y poder volver a Madrid.

Luis Paret y Alcázar. En 1787 inició un encargo de mayor importancia, que se puede considerar el último gran conjunto del rococó español, la decoración de la cúpula y pechinas de la Capilla de San Juan del Ramo, para la iglesia de Santa María de Viana, en Navarra, en las que plasmó escenas de la vida de San Juan Bautista, y así los cuadros «El Anuncio del Ángel a Zacarías» de 1786 y «La Visitación» de 1787.
Murió en Madrid, el 14 de febrero de 1799.

De cualquier manera, una de sus piezas mas interesantes es Carlos III comiendo ante su corte, pintura de ampulosa escenografía, llena de detalles interesantes.

Representa la comida del monarca rodeado de nobles, ministros, embajadores, criados y hasta de sus amados perros, a los que cuida con esmero como buen cazador.

Se señala la rareza del tema al ser poco usual en la etiqueta española mostrar al rey en actividades intimas, pero el cambio dinástico lo puede explicar, porque en la corte francesa esta publicidad de lo reservado es más común.

En España se acaba imponiendo hasta en los círculos aristocráticos.

Por otra parte, la desenvoltura domestica se extiende como una moda por toda Europa durante el XVIII hasta en los círculos burgueses.

El lugar representado en el lienzo es la antecámara del Palacio Real de Madrid, que Paret no solo engrandece de tamaño, sino que reinterpreta pictóricamente a su gusto, haciendo que el techo decorado por Meng parezca de Tiépolo.

En la firma que figura en griego acompaña el comentario de que el pintor es hijo de su padre y de su madre, lo que ha llevado a pensar que el comitente no era Carlos III sino el embajador británico o que lo hizo como un regalo para sus padres.

Trianart fotografía

Luis Paret y Alcázar. Carlos III comiendo ante su corte

van Loo, La familia de Felipe V, 1743

Luis Michel van Loo, La familia de Felipe V, Museo Nacional del Prado, Madrid

Louis Michel van Loo, miembro de una dinastía de origen flamenco cuyo fundador es Jacob, reside en Amsterdam antes de instalarse en París, ciudad en la que muere en 1670, es en su generación el pintor de más talento, el mejor artista de la familia y el mejor retratista.

Louis-Michel van Loo nace en Tolón, Francia, el 2 de marzo de 1707.
Pintor activo en los finales del barroco y los inicios del neoclasicismo academicista.



Pronto consigue tal reputación que Felipe V le manda llamar para ocupar la vacante dejada por Jean Ranc, no sin antes atender a la recomendacion que le hace Hyacinthe Rigaud.

Descendiente de una familia de pintores de origen flamenco, se formó con su padre, el pintor de género Jean-Baptiste van Loo, en los talleres que éste tenía en Turín y Roma.
Era así mismo sobrino de Charles-André van Loo, y hermano de François van Loo, y Charles-Amédée-Philippe van Loo.

Louis Michel ocupa la plaza de Pintor de Cámara del rey español entre 1737-1752, desarrollando una labor muy relevante como retratista oficial y contribuyendo a la creación de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, de la que ocupa la dirección antes de volver a su país de origen, donde continúa una carrera llena de éxitos.

Antes de regresar a Francia realiza en Turín varios retratos de diferentes miembros de la Casa Real.
En 1733 vuelve a París, siendo admitido en la Academia Real y en la que es nombrado profesor adjunto en la especialidad de retrato, en 1735.Antes de regresar a Francia realiza en Turín varios retratos de diferentes miembros de la Casa Real.
En 1733 vuelve a París, siendo admitido en la Academia Real y en la que es nombrado profesor adjunto en la especialidad de retrato, en 1735.

Junto a Michel Ange Houasse, Louis Michel van Loo es sin duda, el mejor artista francés de los que trabajan en España.

En ese tiempo fue influenciado en sus retratos por el pintor barroco Hyacinthe Rigaud, dotados de una ostentosa puesta en escena, con detalles suntuosos que generan una gran impresión de esplendor.
A la muerte de Jean Ranc, Rigaud propuso a Van Loo a los reyes españoles como retratista oficial de la Corte, llegando a Madrid en 1737, donde pudo retratar a los miembros de la familia real española.
Todos estos retratos, conforme a la estética francesa, los situó en salones reales, rodeados de columnas y ricos cortinajes y tapicerías, además de otros símbolos y detalles lujosos, que fueron aplaudidos por la Familia y la Corte y los comités artísticos de la Corona.

Van Loo realizó algunas obras de tema mitológicos, entre ellos, «Educación de Cupido por Venus y Mercurio», actualmente en Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, lugar para el que le fue encargada la pintura para decorar la que sería dicha institución.

Y lo mejor que hace en nuestro país es el retrato colectivo de la familia de Felipe V, una obra respetada por todo el mundo, pero nunca valorada, entre otras porque el estilo de retrato francés con aparato cae en menosprecio a veces indiscriminado, y también porque el lienzo choca y sigue haciéndolo con la austera sensibilidad española.

Luis Michel van Loo, La familia de Felipe V, Museo Nacional del Prado, Madrid. De entre todos estos retratos, destaca el monumental retrato de grupo que alberga el Museo del Prado, de la familia de Felipe V, en el que aparece el rey rodeado de sus hijos, entre los que se encuentran los futuros reyes Fernando VI y Carlos III, y su segunda mujer, Isabel de Farnesio, y cuyo dibujo se conserva en la Academia de Bellas Artes de San Fernando y su boceto en el Musée du Château de Versalles.

En cualquier caso no se debe desdeñar una composición de enorme formato en la que posan 14 personajes y 1 perrito faldero, sin contar la media docena de músicos subidos en un balcón en segundo plano, encuadrado todo en un fastuoso marco arquitectónico del que asoma un paisaje al fondo.

Desde el punto de vista histórico, esta galería dinástica, exhibida muy poco antes del fallecimiento de Felipe V, que se muestra apoltronado y alicaído, posee un enorme interés, pues además del envejecido rey, está la segunda mujer Isabel de Farnesio, y los descendientes de los dos matrimonios, entre los que están el Príncipe de Asturias, futuro Fernando VI, la esposa de este Bárbara de Braganza.

Están también Carlos VII de Nápoles, futuro Carlos III de España, su esposa María Amalia de Sajonia y a la hija de ambos, María Isabel. Felipe de Parma y Luisa Isabel de Borbón con su hija Isabel. El infante cardenal, Luis de Borbón y las infantas María Teresa, casada con el delfín de Francia. Maria Victoria princesa de Brasil y María Antonia Fernanda que llega a ser reina de Cerdeña.

Luis Michel van Loo, La familia de Felipe V, Museo Nacional del Prado, Madrid

Si impresiona este despliegue de este clan dinástico, cuyo correspondiente acompañamiento heráldico revela por sí solo el sólido asentamiento de la nueva dinastía en España y las todavía muy extensas posesiones de la corona española, que se aprovechaba al máximo de una política matrimonial internacional, tampoco cabe escatimar elogios a la resolución artística de esta compleja escena familiar, donde no se muestra el esfuerzo de Van Loo para reproducir de forma más precisa los rasgos físicos de cada uno de los miembros retratados.

En 1744 fue nombrado primer pintor de cámara y director de la Junta Preparatoria, asamblea que preparaba el ingreso en la Academia de San Fernando, fundada en 1752 en la que asumió el cargo de director de pintura.

Todo el ampuloso boato del conjunto, concebido al estilo francés, no debe impedir apreciar la complejidad de la composición, que se alinea horizontalmente de manera serpenteante, acompasando con equilibrio la posición y el gesto de cada figura, mientras un ritmo de líneas verticales estructura la escena.

Flanqueado históricamente por Las Meninas de Velázquez y La familia de Carlos IV de Goya, este cuadro de Louis Michel van Loo aguanta el embate.

Van Loo es el mejor de los retratistas franceses, que hace este original retrato doméstico de la familia real que es el más grande ejemplo de un género nuevo introducido en Francia en la Regencia.

En 1746, a su llegada al trono, Felipe VI le nombró Primer Pintor del rey , pintando sendos retratos oficiales del monarca y de su esposa, Barbara de Braganza.

Aunque hay antecedentes históricos desde la Antigüedad, cobra su cariz moderno a partir de los retratos realizados por los artistas holandeses del XVIII, incomparables tanto en el retrato individual como en armonizar composiciones de grupo.

Así mismo llevó a cabo algunas escenas pintura de género, inspiradas en el estilo de los pintores holandeses, como David Teniers II, en cartón, como diseños para tapices, destinados a la Real Fábrica de Santa Bárbara a lo largo de la década de 1740.

La fórmula arraiga en Reino Unido durante el XVIII en Conversation Piece, escena de conversación, pero también en Francia.

Si bien las escenas de conversación es la representación de un grupo familiar que posa en su ámbito doméstico sin especial afectación, a la manera burguesa, este modelo también contamina otros ámbitos, entre los que está el retrato familiar de aparato con miembros de la realeza.

Velazquez, Las Meninas, 1656

De alguna manera Las Meninas son ya una escena de conversación, por muy entreverado que este el conjunto de implicaciones alegóricas no solo de naturaleza política.

Mignard
Mignard
Mignard, Autorretrato.

Aunque Louis Michel se sirve de precedentes galos al respecto, como Mignard, también como es obvio se siente impresionado con la obra de Velázquez, a la que intenta emular a su manera, como resulta innegable que Goya tiene en cuenta a ambos a la hora de hacer La familia de Carlos IV.

Velazquez, Las Meninas, 1656
Van Loo, La familia real, 1743
Goya, La familia real, 1800

Los tres cuadros dinásticos cumplen a la perfección la síntesis entre lo alegórico y esa nueva visión realista de lo doméstico, con un añadido de notas de encanto y afectividad, si bien Velázquez y Goya cargan más las nota naturista, al tiempo que demuestran una libertad y perspicacia más acusada, como corresponde a su genio.

CALVO SERRALLER Francisco, El espejo del tiempo, Editorial Taurus, Madrid 2009.

Trianart fotografía.

En 1752 regresó a Francia, donde tras la muerte de su tío Carle, asumió el puesto éste en la dirección de la École Royale des Élèves Protégés, (Escuela Real de Alumnos Protegidos) que preparaba a los galardonados con el Premio Roma, antes de viajar a Italia.
Presentó obras en el Salón de París, de 1753 a 1769, logrando en todas las ocasiones el aplauso a su trabajo.
Trabajó en la corte de Versalles, pintando a los miembros de la familia real, entre ellos al que sería Luis XVI
Murió en París, el 20 de marzo de 1771.

Ranc, Felipe V a caballo, 1723

Jean Ranc, Felipe V a caballo, 1723

1702 el napolitano, Luca Giordano fa presto, Il Espagnoleto, emigra movido además de por su edad, pues cuenta 69, sobre todo por la turbulenta situación de una guerra en ciernes con incertidumbre dinástica, pues intuye que ya nada será igual para él con el nuevo monarca, da igual quien fuera.

Carlos de Borbón y Farnesio, niño (futuro Carlos III de España). Jean Ranc nace en Montpellier, Francia, el 28 de enero de 1674.
Es uno de los más importantes retratistas del rococó francés que realiza casi toda su carrera como pintor de corte de los reyes Luis XV de Francia y de Felipe V de España.

Deja tras sí un gran vacío en la pintura española, a pesar de que tiene una legión de mediocres seguidores locales, quienes tratan de emular sobre todo la decoración de las iglesias provinciales.

Jean Ranc se forma inicialmente en el taller de su padre, el pintor Antoine Ranc.
Más tarde marcha a París donde continua su aprendizaje con el retratista Hyacinthe Rigaud, del que posteriormente es ayudante.

Todos los grandes maestros están muertos antes de 1700, Murillo, Carreño, Rizi, Herrera o Claudio Coello y sus discípulos o imitadores están muy lejos de la calidad e invención que los anteriores acreditan, por no hablar de su anacronismo.

Jean Ranc en 1703 ingresa en la Real Academia de Pintura y de Escultura, de la que a partir de 1707, es académico en la disciplina del retrato.María Ana Victoria de Borbón, niña (futura reina de Portugal)

Ni Francisco Ignacio de la Iglesia, Ni Juan García de Miranda, ni Acisclo Antonio Palomino y Velasco por nombrar a los mas sobresalientes, entre los que cabe añadir a Isidoro Arredondo, Manuel de Castro, José García Hidalgo, Matías Torres, Pedro Ruiz González o Francisco Pérez Sierra, están a la altura de las circunstancias.

Jean Ranc, María Antonia Fernanda de Borbón, infanta de España (futura reina de Cerdeña).

Aunque la guerra de sucesión termina en 1714, se tarda una década en aclarar cuál es la orientación del gusto pictórico oficial en la España de la nueva dinastía borbónica.

Jean Ranc gracias a la protección de Rigaud, puede abrirse camino en la corte, pintando varios retratos de la familia real francesa, entre ellos el de Luis XV, en 1718, actualmente albergado en el Castillo de Versalles.

No se trata de que el país se vea inmerso en una guerra dinástica durante 12 años, sino de la no fácil acomodación de Felipe V, a la sociedad e instituciones de sus súbditos y de la prácticamente nula ante su rey, que se presenta en España adolescente y muy aleccionado por sus ancestros galos, sobre todo por su abuelo Luis XIV.

Jean Ranc Llevó a cabo algunas obras de temas alegóricos y mitológicos, entre ellos: «Vertumno y Pomona», que se puede ver en el Musée Fabre de Montpellier; esta pintura está considerada como arquetipo de la belleza barroca en el siglo XVIII, pudo haber inspirado alguno de los cartones para tapices de Francisco de Goya, como «El quitasol».

Ni siquiera en el retrato aciertan a cumplir las expectativas los pintores españoles en activo durante los primeros años de su reinado.

Luis de Borbón y Saboya, príncipe de Asturias (futuro Luis I de España) En 1722 es reclamado por el rey Felipe V de España, viajó a Madrid, donde pintó varios retratos de la familia real española.

Por lo que Felipe V se rodea de pintores franceses.

Para explicar esta inclinación del joven monarca recién llegado, no se debe sólo apelar a la nostalgia de su país, ni a una cuestión de gusto.

Así mismo se le encarga retratar a algunos miembros de la familia real portuguesa, en una visita a Lisboa que se produce entre 1729 y 1730.

Porque al filo de la centuria el arte francés es el que cimenta las subsiguientes tendencias artísticas.

A su vuelta realizó trabajos de decoración en el antiguo Alcázar de Madrid, perdidos en el incendio de 1734.

Es el aparato creado por Colbert de las academias estatalizadas que articulan absolutamente todos los campos del saber de Francia y de cuyo modelo se hacen replicas en toda Europa del XVIII.

Luis I, rey de España. De las obras que realizó Jean Ranc en Madrid, la mayor parte y quizá las mejores de su carrera, actualmente se exhiben en el Museo del Prado.

El fundamento de este sistema descansa en la unificación ideológica del país propia de un estado absoluto.

De las albergadas en el Prado sobresale «La familia de Felipe V», pintada hacia 1723, que le fueron encargados por el rey los retratos oficiales.Es un boceto para un cuadro de tamaño mayor, que finalmente no llegó a terminarse y que se quemó en el incendio del Real Alcázar de Madrid en 1734. Aun así, Ranc logra ganarse el favor de los reyes y convertirse en el retratista por excelencia de la corte, al estilo de Hyacinthe Rigaud. 
En el cuadro aparecen, además del rey, su segunda esposa, Isabel Farnesio, sentada. De pie están el infante Fernando y el príncipe Luis, hijos del primer matrimonio del rey con María Luisa Gabriela de Saboya. Junto a su madre aparecen los infantes Felipe – todavía en faldas – y Carlos, quien señala un retrato ovalado con la figura de Mariana Victoria de Borbón, prometida de Luis XV, aunque luego fue devuelta a España y prometida al príncipe José de Portugal con quien terminó casándose en 1729. Al fondo se encuentran una criada y un eclesiástico.

En el caso del arte , la academia estatal se apropia de la enseñanza hasta la última fase culminante, la obtención del premio de Roma, donde los tentáculos del estado siguen aún operativos.

En este retrato de familia, escena poco usual entre los pintores españoles, podemos ver a los reyes rodeados por sus hijos, en de un salón ficticio o en una sala del Alcázar.

Con el fin de completar el ciclo tutelar sin permitir fisuras se crean industrias suntuarias y un vasto programa de construcciones que convierten al estado en el principal cliente o mecenas.

Del cuadro original sólo se conserva una copia en pequeño formato ya que el original se quemó en el incendio del Alcázar.

De tal manera que en 1700 el aparato artístico del estado francés está tan sólidamente pertrechado que no hay posibilidad de cambios de ningún tipo que no sea promovido desde la cúpula de poder.

Felipe de Borbón y Farnesio, futuro duque de Parma. Jean Ranc pinta también a los futuros reyes Fernando VI y Carlos III, siguiendo el concepto de retrato infantil de la primera mitad del siglo, en el que los niños aparecen con apariencia y ropa casi como de adultos.

Durante el último tercio del XVII dominado en Francia por el superintendente de las artes, el pintor Lebrun, el gusto francés está ya unificado mediante un estilo de clasicismo severo, inspirado en el modelo de Poussin.

Jean Ranc representa a los dos hermanastros en su calidad de infantes, ricamente ataviados y ostentando distinciones propias de su posición jerárquica. Mientras que el futuro Fernando VI aparece ante un paisaje ajardinado con escalinata y con una fuente

Pero coincidiendo con el cambio de siglo, el cambio operado en la cúspide del sistema por la presencia del teórico Roger de Piles abre las puertas a una concepción del arte más sensual y relajada que pronto deriva en el arte Rococó.

Jean Ranc trabaja con una técnica precisa y exacta, frecuentemente excesiva,que le hace perder la espontaneidad de las figuras.

La predilección que siente De Piles de Rubens frente a Poussin, supone anteponer el color al dibujo, pero también en un terreno moral, una interpretación del contenido artístico resumida resumida en la frase de que no hay que estar siempre entre los dioses.

Fernando de Borbón y Saboya, príncipe de Asturias (futuro Fernando VI de España) Mantuvo serias disputas con el pintor, también de corte, Michel-Ange Houasse, ambos sentían celos artísticos y el mismo deseo de sobresalir en la Corte.

Un fundamento tan firme para algo tan aleatorio como es el arte no solo unifica el gusto del país, sino que engrasa su funcionamiento per impide o atenúa la calidad media de los artistas, algo que no ocurre en España, donde todo depende de lo que haga la nueva generación de artistas, con el único paliativo para frenar la decadencia de la importación de algún genio extranjero, como había ocurrido con Luca Giordano.

Jean Ranc, Isabel Farnesio, reina de España El citado incendio del Alcázar, en la Navidad 1734, y que destruyó por completo la que fuera residencia de los Austrias, se inició en la habitación de Ranc, que tenía problemas de visión.

A lo largo del XVIII continúan viniendo a España buenos artistas extranjeros como el napolitano Conrrado Giaquinto que trabaja en España entre 1753-1766.

El solar en el que se asentaba el Alcázar se construyó el actual Palacio Real de Madrid.


  

El veneciano Giacomo Amigoni, que está en nuestro país 5 años.

El bohemio Anron Raffael Mengs que reside en España entre 1761-1770 y entre 1774-1776.

Jean Ranc seis meses después del incendio, sumido en una fuerte depresión, murió en Madrid, el 1 de julio de 1735.

O los venecianos Tiépolo, el padre Giovanni Battista y sus dos hijos, Giovanni Doménico y Lorenzo que se afincan en la corte española a partir de 1761, muriendo en Madrid el progenitor y el menor de los dos hijos.

Jean Ranc

Hay mas entre ellos los franceses que abundan durante el reinado de Felipe V, sobre todo Jean Ranc y Michel Ange Houasse.

Pero lo relevante es que la importancia de estos artistas extranjeros deja de ser tan relevante, entre otras porque la nueva dinastía borbónica importa el sistema de control académico centralizado propio de Francia.

Para saber que ocurre en el terreno del arte durante el reinado de Felipe V que ocupa la primera mitad del XVIII, hay que acudir a los inventarios reales, en concreto a partir del incendio que en diciembre de 1734 destruye el Alcazar, la principal residencia de los reyes en Madrid, una catástrofe que se ceba con la soberbia pinacoteca que allí se atesora.

Afortunadamente el rey alterna como residencia el vetusto edificio con los palacios del Buen Retiro y la Granja con lo que algunos cuadros importantes son trasladados y salvados de su destrucción.

El inventario de 1728 realizado tras el incendio, que contiene además un epilogo con una especifica relación de las obras adquiridas por Felipe V, permite rellenar los huecos informativos, así como abordar el criterio estético del nuevo monarca.

Estos inventarios resultan cruciales para la comprensión del cuadro de Felipe V a caballo de Jean Ranc, un discípulo de Hiacinthe Rigaud que viene a Madrid para cubrir el puesto rechazado por su maestro.

Retratista convencional a la manera clasicista francesa, lo que implica ampulosidad y aparato, Jean Ranc sabe adaptarse a la exigencia del momento, no fácil sin duda, pues durante el reinado de Felipe V existe una tensión hispano Francesa que tampoco es cuestión de excitar a través del arte.

Aunque el estilo artístico de ambos países no puede ser mas diferente, a Felipe V le impresiona la galería de retratos de los reyes españoles emplazada en el Salón de los Espejos del Alcázar, la mayor parte de los cuales esta formada por retratos ecuestres.

Por lo que es indiscutible que Felipe V encarga a Ranc  que le haga un retrato cortado por el mismo patron como los que han realizado maestros como Tiziano, Rubens, Velazquez.

El trasfondo de la prolongada guerra de Sucesión y los cambios institucionales promovidos por el nuevo monarca, causan recelo y desconcierto en la corte española, impulsan la figura del rey en la serie tradicional, pero también proporcionan una imagen aguerrida de Felipe V como se muestra en el retrato ecuestre.

CALVO SERRALLER Francisco, FUSI AIZPURÚA Juan Pablo, El espejo del tiempo, Editorial Taurus, Madrid 2009

Fotografía Trianart

Zabludovsky

Abraham Zabludovsky (1924-2003) estudia en la Universidad Nacional autónoma de México (UNAM).

1950 antes de abrir su propio despacho trabaja para Mario Pani.

Auditorio Nacional

Con Teodoro González de León erige en 1975 El Colegio de México en Ajusco.

El amplio y moderno edificio del campus aplica la idea local del patio.

Las alas de la construcción, situada en un orden geométrico, tiene tres plantas que se superponen y crean amplias terrazas y galerías.

Junto con el patio que queda en medio, esos espacios abiertos tienen una función comunicativa central.

En el Teatro de la Ciudad Emilio Rabasa en Tuxla Gutiérrez, Chiapas (1979), Zabludovsky trata los elementos de hormigón como piezas de escultura.

Como la mayoría de las construcciones juega con intrincadas formas geométricas.

El monumental vestíbulo esta formado por una gruesa placa de hormigón.

En una de las esquinas sobresale un voladizo sobre las anchas escaleras.

Solo así se abre el cuerpo arquitectónico al publico con una pared acristalada.

1981 erige el Museo Rufino Tamayo de Ciudad de México.

La construcción se encierra sobre una plaza delantera que actúa de parque escultórico al aire libre.

El complejo del museo esta formado por macizas paredes de hormigón que se engarzan unas con otras como enormes vigas.

La central de Multibanco Mercantil de México en Ciudad de México (19829 juega también con la relación entre espacio público y el privado.

El pórtico de 10 metros de altura, que marca la entrada principal, se convierte después en un espacio urbano muy frecuentado.

El hormigón como material de construcción es la insignia de Zabludovsky que lo varia por medio de diferentes mezclas como el mármol granulado y la diversificación de estructuras.

Asimismo, desarrolla un método artesanal extensivo que consiste en golpear la superficie con un cincel para crear una estructura uniforme.

Carreño, Carlos II, 1675

Carreño, Carlos II, 1675.Nació en Avilés, Asturias, el 25 de marzo de 1614.
De familia notable, de origen hidalgo, su relación con el arte fue importante, era sobrino y yerno de pintores.
Fue una de las figuras más importantes de entre los artistas de la corte española en la segunda mitad del siglo XVII, a la que aportó un estilo que mezcla solidez estructural con un notable gusto por el color.

Con una impronta de Velázquez, este retrato de Carlos II, uno más de la serie que pinta, Juan Carreño de Miranda desde 1761, tiene el aire desasosegante de la extenuación de los Habsburgo españoles.

Juan Carreño de Miranda, Carlos II.

Provoca tal efecto no solo la frágil y enfermiza figura de este monarca que tiene 15 años cuando es realizado este retrato, sino sobre todo el hecho de estar ubicado el rey adolescente, visto a tres cuartos de perfil, en posición oblicua en relación con el espectador, un poco como casi al bies, y también la disposición de los espejos que lo flanquean por detrás, reflejando el ángulo muerto de su cabeza y los demás detalles invisibles de esta celebre estancia del Alcázar, el llamado Salón de los Espejos, en cuya decoración interviene el propio Carreño en 1659 junto a Colonna y Mitelli.

Nombrado pintor de cámara del rey Carlos II en 1671, Carreño realiza a partir de entonces una amplia serie de retratos oficiales del monarca, entre los que esta el que da pie a este comentario, del que hay diversas versiones, siendo quizás la mejor la que se conserva en el Museo de Bellas Artes de Asturias, pero también muchas otras interpretaciones del monarca con diversos atavíos y funciones.

Carreño, Carlos II, 1675.Destacó en el reinado de Felipe IV, pero sobre todo en el de Carlos II, al que retrató en numerosas ocasiones.
Perteneciente a la generación posterior a la de Diego Velázquez, gozó de la amistad y protección de este.

Aunque la mas impresionante es la que se conserva en la colección Harrach de Viena, donde Carlos II aparece revestido con el manto de la orden, del Toisón de Oro.

Juan Carreño de Miranda, Carlos II vestido con el hábito de gran Maestre de la Orden del Toisón.

Ninguna de las que salen de la mano de Carreño, deja de tener un muy singular interés, porque este pintor educado en el taller de Pedro de las Cuevas y Bartolomé Román, tiene mucho vuelo y no poco genio en el retrato porque sabe sacar provecho de las lecciones de Velázquez y de Van Dick, pero también porque da con el tono justo para reflejar la fantasmal época en la que le toca vivir y medrar.

Juan Carreño de Miranda, El bufón Francisco Bazán, 1680, Museo del Prado

Sabe manejar Carreño como ninguno de sus coetáneos españoles la dosis de escenografía barroca y de suntuosidad cromática adecuada para generar el abigarrado boato que encuadra una dinastía en extinción, poniendo en evidencia esa grandilocuencia del entorno que no llega a arropar la fragilidad humana de sus personajes.

Juan Carreño Miranda, Doña Mariana de Austria, Museo del Prado.Fue un artista muy prolífico y activo en la capital del reino, en la que ocupo un lugar de privilegio, tanto por la numerosa demanda de sus servicios, como por los puestos oficiales que desempeñó.
En 1658, fue elegido como representante de la villa de Madrid por el estado de la nobleza.Fue nombrado Ayuda de la Furriera en 1669, Pintor del Rey en septiembre de 1669. a partir de esta fecha su dedicación a plasmar a la familia real y personajes vinculados a ella, le ocupó gran parte de su tiempo, hecho que hace que la mayor pinacoteca de España, el Museo del Prado albergue una importante muestra de su obra.

Como si previera lo que habría de venir, Covarrubias en El tesoro de la Lengua Castellana, no sin antes definir muy bien el significado de la voz caballero usa el término de phantasma para estigmatizar el triunfo de la apariencia sobre la realidad, que no tarda en convertirse en phantasmón.

Juan Miranda Carreño, San Sebastián, 1956. Museo del Prado.Conjuntamente con su antiguo colaborador y amigo, Francisco Rizi, Pintor de Cámara, en 1671. A partir de ese año, su obra se vuelve eminentemente retratista, realizando sin embargo junto a Francisco Rizi, unos frescos en la Catedral de Toledo, en la Capilla de las Reliquias, en la iglesia de Atocha de Madrid, y dos óleos de la vida de San Isidro Labrador para la capilla del Santo, en la iglesia de San Andrés, todos desaparecidos.

Los retratos de Carreño no se limitan a la apocada figura de Carlos II, sino que se ocupan de un variado elenco de personajes.

Han sobrevivido las pinturas al fresco de la cúpula de la iglesia de San Antonio de los Alemanes.
Rechazó la dignidad de Caballero de la Orden de Santiago, alegando: «La pintura no precisa honores. Puede darlos al mundo entero».
Otra buena parte de su obra puede verse en el Museo de Bellas Artes de Asturias.

Entre esos retratos se encuentra la madre del susodicho, por un tiempo regente Doña Mariana de Austria, el del embajador ruso Potemkin, o el fascinante del Duque de Pastrana (1666).

Juan Carreño de Miranda. Duque de Pastrana 1666.

Espectacular y suntuoso retrato de aparato este último, uno de los mejores españoles, representa en primer termino la figura de cuerpo entero de Don Gregorio de Silva y Mendoza duque de Pastrana, caballero de grandísima alcurnia que mueve muchos hilos en el reinado de Carlos II.

El aristócrata cuya figura en el retrato forma una especie de rombo, porta orgulloso la venera de caballero de Santiago, titulo que le es concedido en 1666, cuando cuenta 25 años de edad.

Vestido de negro, con golilla, larga melena lacia y espada al cinto, nos mira por encima del hombro, con desenfadada arrogancia, mientras se hace atar las espuelas por un criado arrodillado a sus espaldas y un palafrenero sujeta su magnifico y nervioso caballo de crin muy enjaezada.

Además de estos retratos cortesanos Carreño hace un par de soberbias versiones de la llamada Monstrua, una niña muy gorda, que se trae a la Corte en 1680 a la que el pintor inmortaliza desnuda y vestida.

Juan Carreño de Miranda. Practicó el tipo de retrato oficial desde Antonio Moro en el siglo XVI, que tiene como características, la austeridad, solemnidad, un gran refinamiento cromático y, generalmente, con escasas alusiones explícitas a la dignidad del retratado. A esta escuela de retratistas están adscritos así mismo: Sánchez Coello, Sofonisba Anguissola y el propio Velázquez.
Murió en Madrid, el 3 de octubre de 1685.

Aunque se especula con la deuda que contrae con su colega y colaborador Rizi a la hora de componer composiciones históricas, lo cierto es que pictóricamente es difícil de superar.

Carreño tiene mucho instinto y mucha mano para componer.

Trianart fotografía

Juan Carreño de Miranda

Sert

Sert juega al ajedrez en la playa cercana a su casa de Long Island en Nueva York. Fue un regalo de su gran amigo Calder, que sabía de la gran afición de Sert por el ajedrez.
Calder regaló al matrimonio Sert varias obras suyas, como El Corcovado, un móvil en recuerdo de un viaje que hicieron juntos a Brasil, pieza que les acompañó en todas sus casas, que ahora sus descendientes han vendido por pasa de un millón de euros

Si uno cambia de lenguaje cada tres o cuatro años, cometerá errores sintácticos permanentemente. Es mejor dominar un lenguaje y hacer finalmente una obra de literatura

Sert es el ejemplo glorioso y trágico del optimismo radical de las vanguardias, así como de la corta e intensa historia de la arquitectura moderna de España Represaliado e inhabilitado por Franco se instala en 1941 en Estados Unidos donde creó el Town Planning Associates. Durante 13 años realizó proyectos urbanísticos en Brasil, Colombia, Perú y Venezuela. En Cuba aceptó el encargo del dictador Fulgencio Batista para ampliar La Habana, un proyecto que afectaba a un millón de personas. “Renunció a sus ideas para construir la obra de su vida y frente a sus detractores, alegaba que los regímenes dictatoriales caen, pero el urbanismo y la arquitectura quedan”.

Gropius dice de él que une el espíritu mediterráneo con el Nuevo Mundo.

Josep Lluís Sert (1902-1983) estudia en la Escuela Superior de Arquitectura de Barcelona.

El arquitecto Josep Lluís Sert en su despacho, en una imagen del álbum de su mujer Moncha.Sert fue profesor de arquitectura en la Universidad de Yale y decano de la de Harvard, entre 1953 y 1969. Con socios americanos construyó por todo Estados Unidos centros comerciales, residencias y edificios de oficinas. “En todos refleja su atmósfera mediterránea y el canon que adoptó de las construcciones ibicencas”, insiste la autora. Fuera de Estados Unidos construyó la embajada de los Estados Unidos de Bagdad (1955-1963), “una auténtica desconocida en peligro de desaparecer”, el taller Joan Miró en Palma (1955) y la Fundación Maeght en Saint Paul de Vence (1965).

Tras colaborar en París con Le Corbusier y Pierre Jeanneret, 1931 abre estudio en Barcelona.

Felicitación de año nuevo de Le Corbusier a Sert. Una amistad les unía desde su primer encuentro de Barcelona en 1928. Décadas después, Sert fue su colaborador en la construcción del único edificio de Le Corbusier en EEUU, el Carpenter Center de Harvard.
En París, junto a su gran amiga Charlotte Perriand. Se conocieron trabajando en el estudio de Le Corbusier, donde llamaban cariñosamente a Sert «Pepet» y a Charlotte «Lolotte».




1937-1939 vive de nuevo en París y después emigra a América.

Sert propone una arquitectura racional y actual que tenga en cuenta las peculiaridades regionales.

Casa de fin de semana en el Garraf realizada junto a Torres Clavé, uno de sus grandes colaboradores. Obra de juventud que ya muestra las constantes de la arquitectura de Sert.

1930 funda el Grup d´Artistes i Tecnics Catalans per al Progres de la Arquitectura Contemporania (GATCPAC).

1931 funda la revista A.C. Documentos de Actividad Contemporánea.

Portada de Miró en 1934 para la revista D’Ací i d’Allà dirigida por Sert y Joan Prats durante su época barcelonesa, años que también destacan por su estrecha implicación en el GATPAC (Grupo de Arquitectos y Técnicos Catalanes para el Progreso de la Arquitectura Contemporánea).

1947-1956 es presidente de los CIAM.

Junto a Walter Gropius y Le Corbusier en 1949 durante el séptimo CIAM (Congreso Internacional de Arquitectura Moderna), donde Sert entró en contacto con grandes figuras de la arquitectura del siglo XX. Sert, Gropius y Le Corbusier, de izquierda a derecha, hacia 1949. ARCHIVES CHARLOTTE PERRIAND.Walter Gropius, la Bauhaus y Le Corbusier, con el que le unió una amistad desde que lo descubrió en 1926 y lo invitó a viajar a Madrid y Barcelona para enseñarle el trabajo de su admirado Gaudí. Sert fue el alumno aventajado que, tras su exilio, introdujo el legado de Le Corbusier en América.

Es profesor en la Universidad de Yale y decano en la Facultad de Diseño de la Universidad de Harvard (1953-1969).

Sert y su mujer Moncha, en 1939, en una foto de Ise Gropius del álbum familiar.Su mujer Ramona Longás, Moncha, hija de una portera de la que no se separó, pese a que su madre nunca la aceptó y dejo de hablarle.

Sert se interesa mucho por el urbanismo. Participa en el diseño de un plan para Barcelona (1933-1935) y desarrolla planos para varias ciudades sudamericanas como Lima, La Habana, Chimbote etc, con el objetivo de mejorar las condiciones de vida urbana.

Croquis de la Ciudad de Motores (1944) proyectada por Sert en Brasil. A lo largo de los años proyectaría diversos planos urbanísticos para Sudamérica, explorando las ideas de urbanismo que más tarde recuperaría en su labor docente en Harvard y que a su vez han servido como punto de inicio para el trazado de otras ciudades posteriores.

1942 publica ¿pueden sobrevivir nuestras ciudades?

Los marcos de aceros del Pabellón Español de la Exposición de Paris de 1937 están totalmente rellenos de cristal y una rampa arqueada conduce al patio interior con su gran toldo.

Maqueta del pabellón de España en la Exposición Internacional de París, 1937.Mientras Picasso trabajaba a toda máquina en el taller de la Rue des Grands-Augustins, las obras también avanzaban con retraso en la parcela asignada al Gobierno republicano en el Trocadero, a los pies de la Torre ­Eiffel. Allí tenía como vecino al neoimperialista pabellón alemán diseñado por Albert Speer, el arquitecto de Hitler, que a su vez competía en altura, frente a frente, con el soviético de Borís Iofán. En un acto típico de la diplomacia de los años treinta, ambos proyectos fueron galardonados ex aequo con la medalla de oro. La ­ expo de París se inauguró el 25 de mayo. El pabellón español lo hizo el 12 de julio. Los retoques duraron hasta final de ese mes. Pese a la calcu­lada tibieza de las potencias ­europeas, el objeto del proyecto comisariado por el filósofo José Gaos no era otro que recabar el apoyo internacional en defensa de la República.
Mientras Picasso trabajaba a toda máquina en el taller de la Rue des Grands-Augustins, las obras también avanzaban con retraso en la parcela asignada al Gobierno republicano en el Trocadero, a los pies de la Torre ­Eiffel. Allí tenía como vecino al neoimperialista pabellón alemán diseñado por Albert Speer, el arquitecto de Hitler, que a su vez competía en altura, frente a frente, con el soviético de Borís Iofán. En un acto típico de la diplomacia de los años treinta, ambos proyectos fueron galardonados ex aequo con la medalla de oro. La ­ expo de París se inauguró el 25 de mayo. El pabellón español lo hizo el 12 de julio. Los retoques duraron hasta final de ese mes. Pese a la calcu­lada tibieza de las potencias ­europeas, el objeto del proyecto comisariado por el filósofo José Gaos no era otro que recabar el apoyo internacional en defensa de la República.
Un año antes, con el estallido de la Guerra Civil, el gabinete de Largo Caballero había visto en la exposición parisiense una oportunidad de difundir la causa de la España leal. De ahí el carácter eminentemente político de una muestra que aunaba propaganda, vanguardia y artes populares, y que terminó convirtiéndose en una selección efímera de grandes nombres. Para ello fue decisivo el nombramiento como embajador en Francia de Luis Araquistáin, con Max Aub como agregado cultural. Fue Araquistáin el que pensó como arquitecto en Josep Lluís Sert, un destacado discípulo de Le Corbusier que llegaría a decano en Harvard. Al mismo tiempo, las morosas autoridades de Madrid habían ofrecido el proyecto a Luis Lacasa, miembro del Partido Comunista e impulsor de la Alianza de Intelectuales Antifascistas para la Defensa de la Cultura, que en julio de ese mismo año iba a celebrar su segundo congreso en Valencia.

A diferencia de otras construcciones de la exposición que tienen un carácter monumental, el Pabellón Español es ligero y abierto.

El estadounidense Alexander Calder fue el único artista no español con obra en el pabellón. Su Fuente de mercurio, una escultura móvil que incluye el texto “Almadén” escrito en alambre, subrayaba la dimensión económica de la Guerra Civil.La premura de tiempo llevó a Lacasa, más afín al llamado regionalismo castellano que al “simplismo de Le Corbusier”, a desechar su primera idea: construir “a la española”, es decir, con piedra y ladrillo. La experiencia de Sert con estructuras vistas y módulos prefabricados fue decisiva para levantar, “en seco” y a toda velocidad, un edificio de planta libre cuya primera piedra se colocó el 27 de febrero.
El arquitecto y diseñador Josep Torres Clavé creó para el pabellón una butaca de madera con respaldo de cuerda inspirada en la sillería ibicenca. La empresa Mobles 114 la sigue produciendo.La obra de Sert y Lacasa se convirtió ella misma en pieza destacada de aquella antología de la arquitectura, el diseño y las artes plásticas marcada por el Guernica, pero engrosada también por obras hoy clásicas: un mural pintado in situ por Joan Miró en el rellano de la escalera ( El segador), una butaca diseñada por Josep Torres Clavé y esculturas tan icónicas como El pueblo español tiene un camino que conduce a una estrella, de Alberto Sánchez; La Montserrat, de Julio González (Gaos la prefirió a la abstracta Mujer ante el espejo , otro icono), o la fuente de mercurio de Almadén de Alexander Calder, el único artista no español de la muestra. Y envolviéndolo todo, los fotomurales del cartelista Josep Renau, que durante la guerra ejerció como director de Bellas Artes.

A la espalda del ‘Guernica’, fuera del pabellón, Picasso expuso una copia en cemento de la escultura ‘Dama oferente’ de 1933 (en la imagen, a la izquierda). Picasso cedió además varios grabados y esculturas, como la cabeza de mujer, a la derecha, que se colocó a la entrada del pabellón.El 25 de noviembre, la Exposición de París cerró sus puertas y comenzó el precipitado desmontaje de la sede española. El Guernica inició un viaje que no le traería a España hasta 1981 y el mural de Miró se perdió para siempre. En 1992 una versión del pabellón se levantó en La Vall d’Hebron (Barcelona) y desde 2001 una copia de la escultura de Alberto Sánchez ocupa la plaza del Reina Sofía. Muchos de los protagonistas de aquellos meses de 1937 murieron en el exilio.

A la izquierda, Joan Miró pintando in situ su ‘Pagès catalá en rebel·lió’, un mural de 5 metros conocido también como ‘El segador’. Desmontado el pabellón en noviembre de 1937, la obra terminó perdiéndose para siempre. En el centor, ‘La Montserrat’, del barcelonés Julio González, que utilizó un lenguaje más realista en esta escultura de una campesina catalana con un niño en brazos y una hoz en la mano (actualmente, en la colección del Museo Stedelijk, de Ámsterdam). A la derecha, ‘El pueblo español tiene un camino que conduce a una estrella’, de Alberto Sánchez. La escultura —de 12,5 metros— , es una proclama vanguardista frente al compromiso político ligado al realismo. Hoy se encuentra en la plaza del Museo Reina Sofía.
Taller Sert. En 1957 Sert concibe un taller en Mallorca para su gran amigo Miró, donde la obra arquitectónica busca ante todo responder a las necesidades del artista que regresa a sus raíces en la isla, tanto su madre como su esposa tienen sus orígenes en Mallorca.
En el interior del Taller Sert parece como si el tiempo se hubiera detenido. Junto a los pinceles, lápices o paletas del artista, aparecen elementos de su universo personal y creativo: piedras, recortes o siruells mallorquines que acompañaban e inspiraban a Miró en el día a día.

1959-1964 la Fundación Maeght de Saint Paul de Vence, formada por varios patios y galerías, combina las secciones de fachada rectas con extensiones de la cubierta redondeadas con forma de conchas unas y de cuadrantes otras.

El edificio de la Fondation Maeght en Saint Paul de Vence de 1964 engloba su arquitectura con las artes visuales que tanto inspiraban a Sert. Un entorno en constante conversación con la naturaleza y el Mediterráneo como telón de fondo.
Miró y Sert estudian juntos la maqueta de la Fondation Maeght. Su amistad se prolongará durante décadas con una profunda admiración mutua: en sus edificios Sert solamente utilizará la paleta de colores de Miró.

1963-1965 la residencia de estudiantes Peabody Terrace de la Universidad de Harvard en Cambridge, Massachusetts, consta de tres casas altas y varios edificios mas bajos, unidos entre sí por puentes.

Peabody Terrace (1961), ideada como complejo de viviendas para estudiantes casados en Harvard, está considerada por el propio Sert y por muchos como su obra culmen en América. Da una vuelta de tuerca a la unidad vecinal, guardando la escala humana en un complejo de grandes dimensiones.

En esta ocasión Sert consigue crear una arquitectura habitable en espacio reducido.

Fernand Léger junto a la esposa de Sert, Moncha. Ambos formaban un perfecto tándem profesional y personal que aunaba el agudo sentido del humor de Josep Lluís con la gracia y el estilo de Moncha. Sus fiestas en Cambridge fueron legendarias.
Can Pep Simó, Punta Marinet (Ibiza). En los años 60, Sert regresa a Ibiza con varios edificios que encarnan la esencia de su arquitectura: el blanco como tono predominante y el cubismo como forma, evitando la ornamentación excesiva para poder crear en simbiosis con el entorno.
Los diversos croquis de Sert para el ebanista de Punta Marinet en Ibiza recogen su síntesis de modernidad y tradición, así como su predilección por trabajar con artesanos locales y materiales autóctonos en cada uno de sus proyectos.
En Estados Unidos también concibe y construye diferentes edificios de su época de madurez, como este edificio de viviendas sociales en 1974 en Yonkers, Nueva York, que cierra el círculo de este tipo de construcción ya iniciado décadas atrás en Barcelona con la Calle Rosellón y la Casa Bloc.

En la Fundación Miró de Barcelona, las superficies serenas del complejo con sus cubiertas transitables crean un marco adecuado para las piezas expuestas en ella, aunque la arquitectura conserva su autonomía formal que es mas solida y compacta que en obras anteriores.

En 1968, el inicio del proyecto de la Fondació Miró en Barcelona manifiesta el sueño de ambos artistas de una obra en la que sus dos voces encuentren una simbiosis total.
El recorrido del edificio de la Fundació Miró propone distintos caminos, como capillas a lo largo de las naves de una iglesia, que definiría el arquitecto Bruno Zevi.
Durante una visita a las obras de la Fondació Miró en 1973, Sert se refiere enfáticamente a la fuerza simbólica de la estructura de una de las torres.