Fortuny, La Reina María Cristina pasando revista a las tropas, 1866

Fortuny, La reina María Cristina pasando revista a las tropas, 1866

Aunque dista 30 años entre el acontecimiento que cuenta este cuadro, una visita de la reina Cristina a la tropa de artillería que defiende Madrid del asedio carlista de 1833, y la ejecución de la pintura, un encargo realizado por Fortuny para el plafón de uno de los salones de la residencia de los duques de Riansares en Paris, su anacronismo es relativo.

Así lo corrobora el hecho de que la comitente fuera la propia doña Cristina, casada en segundas nupcias con el duque de Riánsares.

 Y también hace la duración del propio conflicto carlista, una amenaza directa hasta 1840, pero sigue latiendo de una u otra manera durante buena parte de la historia contemporánea de nuestro país.

Todo ello por no mencionar que el florecimiento de lo que se denomina pintura de historia no se produce en España hasta la segunda mitad del XIX.

Lo que está claro es que Fortuny es uno de los más brillantes intérpretes españoles de dicho género, amén de uno de los artistas españoles que alcanza mayor fama y predicamento crítico internacionales tras la muerte de Goya, como se puede ver en el éxito de su exposición en París en 1870, de la mano del prestigioso marchante francés Goupil.

Mariano Fortuny y Marsal, nació el 11 de junio de 1838, en Reus, Tarragona.
Está considerado junto a Eduardo Rosales, como uno de los más notables pintores del siglo XIX tras Francisco de Goya.

La prematura muerte de Fortuny a finales de 1874, cuando tiene 36 años, interrumpe de forma brusca la prometedora carrera artística.

Hijo de un carpintero, queda huérfano cuando es muy pequeño, tutelado por su abuelo paterno, que es escultor.

Se comparan los casos de Rosales y Fortuny, por tener ambos un potencial tremendo y por la influencia que habría tenido sobre la pintura española de mitad del XIX de haber vivido más tiempo.

Realiza sus primeros estudios en la Escuela de Dibujo de Reus, hasta 1852 que se traslada junto a su abuelo a Barcelona, donde ingresa gracias a una beca en la Escuela de la Llotja, en la que tuvo como maestro a Claudio Lorenzale, que le influye en el estilo de sus obras más tempranas. Destaca muy pronto entre sus compañeros de generación por sus excepcionales cualidades artísticas.

Nacido en Reus, Tarragona, se forma artísticamente en Barcelona, en cuya Escuela de Bellas Artes, cursa estudios entre 1853-1857, bajo la tutela de Pablo Milá, Claudio Lorenzale y Luis Rigalt, trasladándose después a Roma como pensionado.

Gracias a una pensión concedida por la Diputación de Barcelona, Viajó a Roma en 1858, ciudad que apareció ante sus ojos como, según sus palabras como un vasto cementerio visitado por extranjeros y que sería decisiva para el resto de su vida y su carrera.

1860 con motivo de aceptar la proposición de la Diputación de Barcelona, el organismo que sufraga su estancia en Italia, Fortuny tiene que suspender su práctica romana, para acudir como corresponsal gráfico a la Guerra de África, contienda que mantiene España con las tropas del norte del Magreb y en la que intervienen el batallón de voluntarios catalanes al mando del general Prim.

Paisaje de Portici. En la capital italiana realizó entonces una enorme cantidad de dibujos, y asistió a la Academia Chigi, donde contactó con la colonia de artistas españoles que vivían en Roma, y con quienes frecuentaba el Café Greco.

Este encargo de la Diputación de Barcelona, característico del mecenazgo institucional que comienza a despuntar en España hacia mitad del XIX y que promueve la pintura de historia, tiene la finalidad que Fortuny decore el Salón de Consejos del Palacio de la Diputación con grandes cuadros conmemorativos de las victoriosas hazañas bélicas protagonizadas por Marruecos por dichas tropas catalanas.

Aunque Fortuny solo alcanza a cumplir una parte del fabuloso cometido, el monumental cuadro de La batalla de Tetuán, el impacto de la experiencia africana es decisivo en la trayectoria del pintor, quien demuestra sus formidables dotes para este tipo de composición narrativa, así como su no menor talento para el encuadre de paisaje, el cual sabe interpretar a través del moderno registro realista de la luz.

Marroquíes 1872-1874.

A su vuelta logra nuevas ayudas para completar su interrumpida formación, que no se limita a seguir los estudios en Italia, sino que le lleva a conocer las mejores colecciones de los museos europeos.

A su regreso a España residió durante una temporada en Madrid copiando obras de los grandes maestros del Museo del Prado, , actividad de la que es magnífica muestra la soberbia copia que hizo a la acuarela del «Menipo» de Diego de Velázquez , y que conservó en su poder durante toda su vida.

Pronto integra tanto la herencia de los grandes maestros que le preceden como de las inquietudes renovadoras de la vanguardia internacional, la cual se despliega en 1860.

La batalla de Tetuán. Vuelve a Roma, pasando previamente por París con el fin de estudiar las pinturas de batallas de Horace Vernet; con el objetivo de cumplimentar el encargo de la Diputación de Barcelona, una gran pintura sobre la batalla de Tetuán, obra  a la que dedica  gran empeño y esfuerzo,y para la que realiza infinidad de estudios y apuntes  durante largos años.

1860 esta década es la más decisiva para lo que después acontece, incluyendo las vanguardias históricas del XX.

Odalisca. En 1862 hizo un nuevo viaje a Marruecos, estudió el idioma y vistió indumentaria árabe para hacerse pasar por nativo. Durante ese tiempo pintó algunas de sus obras más conocidas, como la Odalisca y la acuarela  Il Contino.

Es la década en la que se destapa Manet que viaja a España, al Prado en 1865, descubriendo entonces no solo a Velázquez sino a los ejes fundamentales de la Escuela Española y modernizadores del arte, es decir al Greco, Velázquez y Goya.

Edouard Manet
Edouard Manet
Edouard Manet
Edouard Manet
Edouard Manet
Edouard Manet
Edouard Manet
Edouard Manet
Edouard Manet
Edouard Manet
Edouard Manet
Edouard Manet
Edouard Manet
Edouard Manet
Edouard Manet
Edouard Manet
Edouard Manet
Edouard Manet
Edouard Manet
Edouard Manet
Edouard Manet

En esta época está Rosales que capta lo que hace Manet y la importancia de Velázquez.

Eduardo Rosales
Eduardo Rosales, La muerte de Lucrecia 1871
Eduardo Rosales
Eduardo Rosales
Eduardo Rosales
Eduardo Rosales. Tobías y el ángel.
Eduardo Rosales, La niña de rosa
Eduardo Rosales. El testamento de Isabel la Católica.
Eduardo Rosales. Presentación de Don Juan de Austria.
Eduardo Rosales. Episodio de la batalla de Tetuán.

Fortuny mira más a Rivera, aunque sin menospreciar a Velázquez.

Jose Rivera
Jose Rivera
Jose Rivera
Jose Rivera
Jose Rivera
Jose Rivera
Jose Rivera
Jose Rivera
Jose Rivera
Jose Rivera
Jose Rivera
Jose Rivera
Jose Rivera
Jose Rivera

También se deja seducir por Jean Louis Ernest Meissonier, un realista de prodigiosa calidad técnica.

Jean Louis Ernest Meissonier,
Jean Louis Ernest Meissonier,
Jean Louis Ernest Meissonier,
Jean Louis Ernest Meissonier,
Jean Louis Ernest Meissonier,
Jean Louis Ernest Meissonier,
Jean Louis Ernest Meissonier,

Jean Louis Ernest Meissonier,
Jean Louis Ernest Meissonier,
Jean Louis Ernest Meissonier,
Jean Louis Ernest Meissonier,
Jean Louis Ernest Meissonier,

Esa vía denominada preciosismo genera entusiasmo durante el Segundo Imperio y por ella se adentra con éxito Fortuny que contagia a Martín Rico, Eduardo Zamacois o Raimundo Madrazo, cuñado suyo, porque Fortuny se casa en 1867 con Cecilia, hija de Federico Madrazo, quien ha sido discípulo de Ingres y que llega a ser una figura en el romanticismo español.

El coleccionista. A su vuelta, establecido en su nuevo taller romano de Via Flaminia, Fortuny, goza ya de un enorme prestigio internacional gracias a su extraordinaria maestría y la calidad y el virtuosismo excepcional, que muestra en sus cuadros y que le hacen sobresalir en el panorama de la pintura europea de la época.

Pero Fortuny es algo más que solo esa tendencia como el japonismo que está entonces de moda, porque en el tramo final de su corta vida que se recluye en Granada da muestras sobradas de una cada vez más prodigiosa captación de la luz y de una libertad de factura inmejorable.

La batalla de Wad-Rass. Debido al incumplimiento del encargo de La batalla de Tetuán, que tarda toda su vida en concluir, hoy en el Museu d’Art Modern de Barcelona, le es suspendida la beca de la Diputación barcelonesa, pasa todo el tiempo en su estudio hasta lograr la protección del duque de Riánsares, esposo morganático de la reina María Cristina de Borbón.

En el monumental y complejo cuadro de María Cristina pasando revista a las tropas, pintado sin que haya cumplido los 30 años, consigue desplegar su talento y técnica asombrosas en el tratamiento compositivo de grandes grupos en acción y en el moderno tratamiento del paisaje.

Durante este tiempo pintó para uno de los techos de su palacio parisino un lienzo con Isabel II y María Cristina pasando revista a las tropas, actualmente en el Museo del Prado de Madrid.

Bien documentado como corresponde a un pintor de historia a través de lo publicado por la prensa del momento, se puede verificar que en efecto la reina gobernadora y su hija de corta edad Isabel II, giran el 21 de junio de 1834 una visita de revista a las tropas de artillería que a la altura de Alcorcón, defienden Madrid del asedio carlista.

En 1867 contrajo matrimonio con Cecilia Madrazo, hija del gran Federico de Madrazo, tras lo que entró en contacto con su cuñado Raimundo de Madrazo, llegando a ser grandes amigos, llegando a pintar algunos cuadros juntos.

Visita que se realiza a las 6,30 de la tarde y que lleva a cabo en un lando abierto.

Ese mismo año realizó una de sus grandes obras maestras, «La vicaría», actualmente en el Museu d’Art Modern de Barcelona, cuadro que provocó inmediatamente un enorme éxito desde el momento de su exposición en su estudio romano de Fortuny, y más tarde en la galería de su marchante Adolphe Goupil, en París, en 1871.

Al margen de la anécdota representada en la parte inferior del cuadro y de las escaramuzas entre la infantería de ambos bandos que ocupa el lado superior, la complejidad del cuadro se multiplica al tener que concebir Fortuny la pieza para ser vista de abajo a arriba, pues el cuadro ha de ocupar un techo de los salones de la residencia de los Riánsares en París.

Almuerzo en la Alhambra 1872. Hizo nuevos viajes, visitando Sevilla y Granada, donde coincidió, y con los que recorrió ambas ciudades, con sus grandes amigos el paisajista Martín Rico y con Joaquín Agrasot, acompañados de ellos, descubrió la belleza de la cerámica de reflejos dorados, las armas y toda la artesanía de origen árabe, disfrutando según confesó él mismo en esta etapa de los mejores días de su vida.

En ese sentido el tener que embutir las figuras en un contexto de vistosa acción, sin perder un dato que dificultades la identidad de las principales personalidades ni los rasgos diferenciales de las tropas, uniformes, grados, empleos o empeños, o conseguir el vuelo escénico adecuado, al paisaje donde se produce el acontecimiento, no constituye una hazaña pictórica menor.

Playa de Portici, 1874. Pasó posteriormente una temporada en Portici, donde alquiló la «Villa Arata», contrayendo entonces una malaria que sería el origen de la enfermedad que le causó su prematura muerte, ocurrida en Roma, el 21 de noviembre de 1874, siendo ya enormemente famoso y con un gran prestigio en toda Europa.

Como tampoco lo es que el conjunto pueda ser apreciado desde abajo estando atravesado el lienzo por el gancho que sostiene la lámpara de la estancia.

Su muerte y su entierro, fue uno de los acontecimientos más sentidos de la Roma de aquel momento, siendo expuesto su cadáver en la iglesia de Santa Maria del Popolo. Su corazón, trasladado a Reus, siendo enterrado  en la Prioral de Sant Pere.

Hay que tener en cuenta que lo normal en estas grandes máquinas históricas es el formato documental, el cual permite emplazar figuras de gran tamaño y dar detalles con holgura.

Playa africana, 1867. Fue como decíamos sin lugar a dudas, el artista español más internacional de todo el sigo y el gran maestro de la pintura preciosista de gabinete en toda Europa

Pero Fortuny replantea el género, logrando sin tanta abundancia un efecto verista mayor y más vibrante.

La matanza de los abencerrajes, 1870. Fue sin lugar a dudas, el artista español más internacional de todo el siglo y el gran maestro de la pintura preciosista de gabinete en toda Europa
Corral, 1869. Su arte marcó decisivamente el gusto del mercado y la clientela de su tiempo por el tableautin de anecdóticas escenas de género, llegando la huella de su influencia a una gran cantidad de alumnos, seguidores y simples imitadores de su obra.
Mariano Fortuny y Marsal – 2 Jijos del pintor, MªLuisa y Mariano-en el salón japonés-1874-det-Prado. Como ejemplo de su categoría, estas dos piezas Desnudo en la playa de Portici o Los hijos del pintor en un salón japonés, ambas depositadas en el Museo del Prado de Madrid.
Mascarada, 1868, Metropolitan, NY. Su hijo Mariano Fortuny y Madrazo es también un notable pintor, a su vez, nieto del pintor Federico de Madrazo.

CALVO SERRALLER Francisco, FUSI AIZPURÚA Juan Pablo, El espejo del tiempo. Editorial Taurus, Madrid 2009.

Trianart fotos.

Publicado por ilabasmati

Licenciada en Bellas Artes, FilologÍa Hispánica y lIiteratura Inglesa.

3 comentarios sobre “Fortuny, La Reina María Cristina pasando revista a las tropas, 1866

    1. Creo que tanto el padre como el hijo, son inteligencias naturales, yo alucino con el diseño de ropa que tienen, y tambien me gusta todo lo que hacen. Pero es que el hijo tiene más de 20 patentes, entre ellos un motor para barco, es increible.

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