A 15 kilómetros al noreste de Mosul, Irak, en la localidad de Khorsabad, estan los restos de una de las ciudades palaciegas más insignes del Imperio asirio.
Conocida como Dur-Sharrukin (la fortaleza de Sargón, en asirio), hace referencia al rey asirio Sargón II, quien manda levantarla en 717 a. C., durante el quinto año de su reinado.
Lo más característico del sitio es el significado que tiene para la sociedad del momento, ya que, para su construcción, Sargón II decide romper con la tradición.
Situa su palacio, los edificios administrativos y su capital en un nuevo lugar, no habitado hasta entonces.
El orden establecido por Sargón II lleva a sus sucesores, quizá como reacción, a trasladar la capitalidad a la vecina Nínive, a tan solo 18 km al suroeste, decisión que desemboca en el abandono del sitio.
Solo los habitantes de la aldea que se erige sobre sus ruinas conocen los secretos que, de manera fortuita, afloran del suelo que pisan.
Hay que esperar a 1843 para su descubrimiento oficial, en pleno auge colonialista de las potencias de Europa occidental.
Poco antes, el cónsul francés en Mosul, Paul-Émile Botta, comienza a investigar los restos localizados en la orilla oriental del Tigris, correspondientes a la antigua Nínive. Los resultados, poco satisfactorios debido a la aparición puntual de materiales nada monumentales, le conducen a centrar su búsqueda unos kilómetros al noreste.
Allí, junto a una localidad moderna, los autóctonos informan del hallazgo de fragmentos pétreos con escritura cuneiforme.
Una vez en el sitio, sus sondeos dan con muros decorados con relieves e inscripciones impresionantes. Sin saberlo, acababa de realizar uno de los descubrimientos más notorios del siglo.
Uno de los atractivos del yacimiento desde el inicio de las excavaciones son los relieves escultóricos y las narraciones en escritura cuneiforme, que aportan datos únicos sobre el sitio.
La mayor parte de ellos, por su valor artístico, son trasladados a París, donde se exhiben en el Museo del Louvre.
Destacan las representaciones monumentales de Sargón II y de sus mandatarios, de personajes mitológicos (como un ser humano con cabeza de pájaro y alas, o un hombre pez), de escenas de batalla, así como de comercio o de animales.
Los grandes frisos narrativos, plasman el transporte de madera desde tierras lejanas o batallas y ocupan los muros externos del palacio y de las murallas.
Asimismo, los toros alados con cabeza humana, tan característicos de este período, dan la bienvenida a autóctonos y visitantes en las puertas de la muralla y los edificios.
Estas enormes figuras constituyen un ejemplo único del arte del momento, pues, vistas de frente, parecen reposar, estáticas, mientras que, si se observan desde los lados, una de sus patas delanteras transmite movimiento.
Se hallan más de veinticuatro parejas de toros alados flanqueando entradas y puertas del complejo. Muchos están hoy en el fondo del Tigris.
Tras enviar dibujos de lo encontrado a Francia, Botta recibe permiso para iniciar las excavaciones oficiales de manera sistemática en Khorsabad.
El pueblo, que se encuentra sobre el yacimiento, es trasladado a otro lugar y, poco a poco, se rescatan de su subsuelo los restos del palacio.
Eugène Flandin, artista enviado por el gobierno francés, dibuja los edificios que salen a la luz.
Tras la campaña, el lugar es abandonado y los restos más monumentales, remitidos a París, donde hoy se exhiben en el Museo del Louvre.
Diez años más tarde, en 1853, retoma las labores de excavación Victor Place, cónsul en Mosul.
Se desvelan nuevos complejos y numerosas puertas de la muralla a la fortaleza.
De esta fase, destacan las representaciones del arquitecto Félix Thomas y las fotografías de Gabriel Tranchard, precursoras en la arqueología de Oriente Próximo.
En 1855, cuando Place termina su mandato en Mosul, la mayor parte de los objetos hallados son empaquetados para ser transportados a París.
Pero, un ataque de piratas locales contra el convoy francés encargado de trasladar las piezas causa su hundimiento en el fondo del Tigris, al poco de comenzar el periplo.
No es hasta 1927 cuando se retoman los trabajos en el sitio, esta vez por parte de una expedición estadounidense al mando del Instituto Oriental de la Universidad de Chicago.
El objetivo, centrado en investigar el uso de materiales arqueológicos por los habitantes de la cercana aldea, continua con una campaña de excavaciones entre 1928 y 1935.
Se desvelan nuevas estancias reales, incluida la sala del trono, y un gran patio rodeado de templos, además de residencias ricamente decoradas.
Tras una puntual intervención del gobierno iraquí en 1938, las grandes excavaciones a cielo abierto se interrumpen.
Sectores como el templo de los Sibitti son excavados nuevamente en 1957 por el Departamento de Antigüedades Iraquí, al mando de Fuad Safar.
La decisión de Sargón II de ubicar la fundación en un lugar virgen evitó las limitaciones de espacio que una ciudad ya habitada habría presentado. El monarca pudo elegir el emplazamiento, el nombre de la ciudad y el diseño arquitectónico de un complejo sin parangón. Así lo indica una de las inscripciones en ladrillo encontradas en las excavaciones:
Sargón, rey del mundo, rey de Asiria [dice]: Por propia voluntad construyo una ciudad. La llamo Dur-Sharrukin. Un palacio ideal que no tiene rival en las cuatro partes [del mundo conocido].
Su diseño se basa en el dominio de la geometría, convirtiéndose en exponente del urbanismo de la época. Se proyecta una ciudad casi cuadrada (1,76 x 1,63 km), delimitada por murallas, que contiene todos los edificios necesarios para el funcionamiento de la ciudad.
En uno de los extremos de la ciudad, sobre una terraza, se erige la ciudadela, protegida por sus propias murallas. En su interior, distintos centros administrativos, residencias y un templo rodeaban otra terraza fortificada a la que se accede a través de una rampa. Allí se erige el núcleo de la nueva fundación: el palacio de Sargón II.
Esta organizado en torno a un gran patio principal y uno secundario, y comprendía templos, estancias reales y un zigurat.
Completamente aterrazada, la ciudad de Sargón II era una plasmación física del orden político, social y religioso que su reinado representa.
Sus potentes murallas garantizan la seguridad de sus habitantes, reforzada por las numerosas torres y el denominado arsenal, una gran estructura defensiva que flanqueaba el extremo suroccidental de la ciudad.
En 706 a. C., once años después de arrancar las obras de construcción, Sargón II pasó a habitar la ciudad, pese a no estar terminada. Según las inscripciones, se organizó una gran ceremonia religiosa, a la que son invitados diversos mandatarios y personalidades del Imperio asirio.
Dur-Sharrukin, que augura un reinado próspero a su monarca, experimenta un abrupto final solo un año después, cuando Sargón II es asesinado en el curso de una campaña militar.
Durante la sucesión, en un contexto de grandes cambios, su hijo y heredero, Senaquerib, traslada la capital a la cercana Nínive, abandonando el sueño de su padre para siempre. La ciudad, apenas habitada e inconclusa, es relegada al olvido durante dos mil quinientos años.
Dentro de las manifestaciones artísticas sumerias, el arte de la glíptica se manifiesta con los cilindros-sellos.
Sello cilíndrico de hematita neosumerio (2150 a. C. – 2000 a. C.) en el que se observa la presentación de un devoto a una deidad sentada. Una diosa ataviada con un vestido escalonado guía al fiel intercediendo por él y alza su mano abierta en un gesto piadoso. La inscripción de tres líneas da testimonio del nombre y la ocupación del propietario del sello: «Lugal-dugedu, escriba, hijo de Ur-dingira.» (Walters Art Museum)
Los sellos cilíndricos son de piedra caliza pero también pueden ser de cerámica, vidrio, terracota, marfil, madera, alabastro, mármol, casi cualquier material duro sobre el cual se talla un motivo grabado para que al hacerlos rodar sobre la arcilla aun tierna se produzca una impresión en relieve.
Sello cilíndrico de la “Señora” o “Reina” (NIN en sumerio) Puabi, c. 2600 a. C. Escena de banquete típica del Período Dinástico Arcaico. (Nic McPhee/CC BY SA 2.0)
Los sellos no solo tienen un valor artístico, es también una fuente de información histórica de la sociedad sumeria ya que son testimonios de la vida cotidiana, así como la plasmación iconográfica de las deidades y los mitos sumerios.
Antes de que se le añadiera la inscripción, esta tablilla, un recibo, fue marcada con un sello cilíndrico datado en el reinado de Shulgi de Ur. Aún visible está la típica representación sumeria (Ur III) de la figura de un devoto de pie con su mano alzada, y tres líneas de una inscripción con el nombre de un escriba, lo que sugiere que la tablilla podría haber pertenecido a su propio autor. (2100 – 2050 a. C.) (Walters Art Museum)
Como media miden 2,5 cm y 1, 5 cm de diámetro. Habitualmente presentan un agujero en el centro para poder montarlos en un pivote que favoreciera el rodaje, así como ensártalos en un colgante o cadena para su transporte en el cuello.
Sello cilíndrico sumerio de hematita, 2112 a. C. – 2004 a. C. (Universidad Johns Hopkins) El motivo de este sello es la habitual “escena de presentación” del período Ur III. En ella observamos la figura humana de un devoto, que representa probablemente al propietario del sello, guiado por una diosa hasta una deidad sentada en su trono. Una inscripción escrita en cuneiforme identifica a su propietario como “Aḫa-nīšu, siervo de Nūr-Šulgi.”
Los sellos son creados en la segunda mitad el IV milenio a. C. en Sumeria (Uruk) y en el SO de Irán (Sus) y utilizados durante 3000 años como instrumento que selle y de valor a las operaciones mercantiles entre particulares o incluso entre ciudades-estado.
Sello cilíndrico de calcedonia, una variedad de cuarzo. En él podemos observar una figura masculina con barba empuñando una espada curva. Tiene el pie izquierdo apoyado sobre un ave de presa, que vuelve su cabeza hacia el dios. En la inscripción de cinco líneas se puede leer escrito en sumerio: ‘Marduk, gran señor, el noble, en cuyas manos descansan las decisiones sobre cielo y tierra, que el siervo que te reverencia se regocije ante ti.’ Colección del Museo Británico. (CC BY-NC-SA 4.0)
En el primer milenio a.C. cuando el alfabeto sustituye a la escritura cuneiforme, el sello cilindro deja paso al sello plano de estampación.
Esto fue derivando hacia otros fines como el ser un objeto místico a modo de amuleto dando lugar gracias a esta circunstancia a una variedad considerable de estampaciones llegando a la máxima creatividad en el arte sumerio.
En un inicio, los motivos son geométricos, así en el Dinástico Arcaico aparecen dibujos de espigas, rosetas y bandas formando arcos y losanges, así como una especie de brocado ocupando casi la totalidad de la superficie.
En el Dinástico Arcaico II se dan escenas de banquetes, animales y de caza, y al al final del periodo de Uruk empiezan a aparecer figuras de carácter simbólico con representaciones de animales fantásticos y héroes en actitud de combate, asimismo se representan animales fantásticos como águilas leontocéfalas o toros androcéfalos dando lugar a una temática de interpretación difícil.
En estas representaciones se busca plasticidad y coherencia temática, gracias a la belleza formal y los argumentos representados con gran ambigüedad.
Por último, en el Dinástico Arcaico III aún se tratan con mayor precisión el dibujo y el grabado sobre la piedra incluso con sellos donde la práctica totalidad de la superficie está repleta de figuras incluso en dos bandas. Al final de este periodo se alargan las figuras de tal manera que va perdiendo la armonía del conjunto en los sellos cilíndricos.
En el periodo neosumerio los sellos presentan gran variedad temática, si bien el motivo principal de talla es la denominada escena de presentación donde se repite sin grandes cambios la imagen de un adorador votivo con cabeza rapada es llevado por una diosa ataviada con el típico vestido de volantes y gesto acogedor ante otra divividad sentada, normalmente otra diosa o en su defecto un rey deificado. Esta última vuelta a la izquierda, lleva la tiara con la cornamenta.
Otros motivos grabados representan personajes solitarios que suelen ser o bien un dios o una diosa junto a un largo texto así como representaciones de animales fantásticos o héroes que acaban impecablemente con sus enemigos y animales salvajes.
La situación de crisis del final del periodo neosumerio ocasiona que los sellos cilíndricos sean más pequeños y con grabados superficiales, es decir, de calidad artística mucho menor que la de periodos anteriores.
Lara Peinado, F. (1999) El arte de Mesopotamia. Colección Historia 16, Madrid.
Roaf, M. (1992). Mesopotamia y el antiguo Oriente Medio: Amanecer de las civilizaciones. (1ª Ed.) Madrid. Ediciones Folio S. A. / Ediciones del Prado
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Martínez, C., Gómez, C., Vivas, I. (2012) arte de las grandes civilizaciones antiguas: Egipto y Próximo Oriente. 1ªed. Madrid. Editorial Universitaria Ramón Areces.
Uruk desde el cielo.Vista aérea de las ruinas de Uruk o Warka, la más antigua de las ciudades sumerias, gobernada por el mítico rey Gilgamesh. Foto: Georg Gerster / AGE Fotostock.
Shamash, el dios del sol, era también el dios de la justicia, por lo que era adorado por los reyes. Estatua de terracota. 1900 a.C.
3200-2900 a.C. En la ciudad sumeria de Uruk surge el primer urbanismo y las primeras evidencias de escritura de la historia de la humanidad.
Relieve que muestra a Ur-Nanshe, rey de Lagash. Louvre, París. Foto: Bridgeman / ACI.
Carneros, ovejas, cabras o palomas eran sacrificados en los altares y los suelos de los templos para alimentar a los dioses, como en esta escena de mosaico, en la que unos sacerdotes sacrifican un carnero blanco en honor del dios sol Shamash. Mosaico de madreperla, marfil y esquisto procedente de Mari. 2500-2300 a.C.
2900-2334 a.C. La escritura, plasmada en tablillas de arcilla, se extiende por Mesopotamia y Siria. Aparecen las primeras monarquías.
El recinto de Eanna. Recreación del templo más importante de Uruk, dedicado a su diosa principal, Inanna. Este lugar, que era el centro económico y social de la ciudad, se menciona en La epopeya de Gilgamesh: «Acércate a Eanna, la morada de Ishtar [Inanna], que ni un rey futuro, ni un hombre, puede igualar». Foto: Balage Balogh / Scala, Firenze.
Preocupados por el terrible poder de su panteón, los mesopotámicos buscaban en los dioses piedad y protección, y les dedicaban estatuas votivas como éstas, en postura de constante adoración. Orantes sumerios de alabastro vestidos con la típica falda con flecos. 2500-2300 a.C. Mari.
2334-2154 a.C. Nace el Imperio acadio, forjado por Sargón I y Naram-Sin, y considerado tradicionalmente como el primer imperio de la historia.
Himnos a las divinidades. Tablilla sumeria con un texto religioso en escritura cuneiforme, usada por las culturas mesopotámicas. Museo del Louvre, París. Foto: R. Chipault / RMN-Grand Palais.
En Mesopotamia, los templos tenían forma de torre escalonada, llamada zigurat, en cuya cúspide se hallaba un templo dedicado a la divinidad. En la imagen, el zigurat de la ciudad de Dur Kurigalzu, en Iraq. Siglo XIV a.C.
2154-2112 a.C. En el sur de Mesopotamia aparece el pueblo foráneo de los guteos. Bajo Gudea, rey de Lagash, se elaboran extensos textos literarios.
Tablilla con el texto cuneiforme del código legal impulsado por el rey sumerio Ur-Nammu, considerado el más antiguo de la humanidad. Foto: Bridgeman / ACI.
Este genio alado o apkallu era uno de los guardianes de las estancias privadas del rey Assurnasirpal II en Nimrud. Su función era proteger al monarca asirio contra los demonios. Siglo IX a.C. Museo Británico, Londres.
2112-2004 a.C. Durante el período sumerio con mayor documentación escrita se gesta el Código de Ur-Nammu, el primer código legal de la humanidad.
2004-1595 a.C. La lengua predominante en el período paleobabilónico es el acadio; el sumerio, por su parte, se mantiene como lengua de cultura.
Los kudurrus, palabra que en acadio significa «límite», eran unas grandes estelas de piedra en las que se registraban donaciones de terrenos. Estas estelas se hicieron muy populares en el período de los conquistadores casitas (entre 1530 y 1160 a.C.), que invadieron Babilonia desde el actual Irán. El kudurru aquí reproducido, que se conserva en el Museo Británico, data de esa época y en él se inscribe un contrato de entrega de tierras. Para darle validez, se cita a varios testigos divinos, representados con sus símbolos. El texto contiene asimismo maldiciones para quien ignore, destruya o se lleve el kudurru.
Tabilla sumeria con un ejercicio escolar de matemáticas. Hermitage, San Petersburgo. Foto: Prisma / Album.
669-631 a.C. La biblioteca de Assurbanipal en Nínive alberga numerosos textos sumerios, como La epopeya de Gilgamesh, el legendario rey de Uruk.
Mapa de la antigua ciudad sumeria de Nippur. Hacia 1500 a.C. Universidad de Jena. Foto: DEA / Getty Images.
A pesar de su gran legado, con una documentación escrita que supera los 200.000 textos, los sumerios siguen siendo una cultura desconocida.
Tablilla cuneiforme sumeria con prescripciones médicas inscritas en ella. Foto: Science Source / Album.
La razón estriba en que, a diferencia de otros pueblos de la Antigüedad, los sumerios no son mencionados ni en el Antiguo Testamento ni en los textos grecorromanos, y no fueron descubiertos hasta la segunda mitad del siglo XIX.
Recreación artística de un templo de Sumer en una noche de luna menguante. Ilustración: Bridgeman / ACI.
Este desconocimiento ha hecho que Grecia sea considerada como la cuna de nuestra civilización, si bien los componentes fundamentales de una cultura avanzada, como el urbanismo, la escritura o las ciencias, se originaron mucho antes en Sumer.
Tablilla con registros contables agrícolas procedente de Uruk. Hacia 3000 a.C. Foto: MET / Scala, Firenze.
En este sentido, sigue siendo válida la tesis que planteó en 1956 el sumerólogo estadounidense Samuel Noah Kramer: la historia, y con ella la civilización, empezaron en Sumer.
Vaso de Warka, hallado en el templo de Inanna de la antigua Uruk. Museo Nacional de Irak, Bagdad. Foto: Getty Images.
Así pues, es en Sumer, y no en Grecia, donde aparecen documentados por primera vez los elementos más característicos de nuestra civilización: el urbanismo, la escritura, la literatura, los códigos de leyes y las ciencias.
Mapa de Mesopotamia a principios del III milenio a.C. Cartografía: eosgis.com.
Sin duda, esta apreciación se debe en gran medida a que los sumerios utilizaron un soporte de escritura como la tablilla de arcilla que ha conservado una parte importante de su patrimonio literario y científico.
El gran héroe de Sumer.Estatua asiria que representa a Gilgamesh, rey de Uruk, sujetando un león entre sus brazos. Museo del Louvre, París. Foto: Dagli Orti / Aurimages.
Otras civilizaciones coetáneas, como la egipcia y la del valle del Indo, no nos han transmitido tantas evidencias. En cualquier caso, tanto unas como otras muestran lo desacertado de considerar a Grecia como la única cuna de nuestra civilización.
Animales trepadores. Este aplique de concha de unos tres mil años, que posiblemente decoró algún mueble, representa una cabritilla rampante. Museo del Louvre, París. Foto: Franck Raux / RMN-Grand Palais.
Alrededor del 4000 a. C., la fase más temprana de la cultura sumeria surge como la civilización más antigua de la región de Mesopotamia, en lo que ahora es Irak.
Llevan el nombre de la antigua ciudad de Sumer, que está a pocas millas al sur de la moderna ciudad de Kut, en el este de Irak.
La primera fase sumeria se denomina Periodo Uruk, coincidiendo también con la antigua ciudad de Uruk, a 80 kilómetros al suroeste, donde se hallaron muchos de los artefactos sumerios más antiguos.
Pero los últimos descubrimientos indica que los sumerios tienen rivales, incluido el antiguo Egipto, por el título de civilización más antigua.
La definición de lo que hace a una civilización es vaga, pero una cultura tiene que poseer rasgos distintivos, como el urbanismo, el riego y la escritura; y los sumerios tenían los tres.
Después de aproximadamente el año 2000 a. C., la civilización sumeria condujo a la civilización babilonia en Mesopotamia, a la que se le atribuye el descubrimiento de la trigonometría y los números primos, cuadrados y cúbicos, conceptos desarrollados por los antiguos griegos 1000 años después.
Los sumerios quizás inventan la religión al erigir ingentes templos llamados zigurats en sus ciudades y establecer castas sacerdotales dedicadas al culto ritual de deidades específicas.
El dios más poderoso en el panteón sumerio depende del lugar y la época.
El dios del cielo Anu, por ejemplo, es popular en los primeros tiempos de Uruk, mientras que el dios de la tormenta Enlil es adorado en Sumer.
Inanna, la Reina del Cielo, puede haber sido originalmente una diosa de la fertilidad en Uruk; su culto se extiende a otras ciudades mesopotámicas, donde se la conoce como Ishtar, y puede haber influido en las diosas de civilizaciones posteriores, como Astarté entre los hititas y la griega Afrodita.
Existe una historia muy parecida a la de Noé, en la Biblia hebrea, quien construye un arca repleta de animales para preservar a su familia durante una gran inundación provocada por la ira divina, se relata en la Epopeya de Gilgamesh.
Los arqueólogos piensan que originalmente es una historia sumeria del 2150 a C, siglos antes de que se escribiera la versión hebrea.
Hay otras civilizaciones que pueden ser tan antiguas o incluso más antiguas que la de los sumerios.
Décadas de guerra y disturbios en Irak ha hecho que los arqueólogos no puedan acceder a muchos yacimientos mesopotámicos, pero los egiptólogos han seguido excavando.
El resultado es que los arqueólogos en Egipto ahora tienen escritos tan antiguos como los primeros escritos de Sumer, lo que sugiere que la fase más antigua de la antigua civilización egipcia surge aproximadamente al mismo tiempo que la fase más antigua de la civilización sumeria: alrededor del 4000 a. C.
Otra posibilidad más es la civilización del valle del Indo que emerge en el territorio de lo que ahora es Afganistán, Pakistán y el noroeste de la India, y data de al menos el 3300 a. C., según los primeros artefactos encontrados allí.
El comercio temprano a lo largo de los bordes del Océano Índico ayudó a estas primeras civilizaciones (la egipcia junto al Mar Rojo, la sumeria en el extremo norte del Golfo Pérsico y la civilización del valle del Indo más al este, a desarrollarse a partir de gentes pre-civilizadas que vivieron allí antes que ellos, llevándoles recursos e ideas de más lejos.
Quizás había una red comercial en el Océano Índico.
La Mesopotamia arcaica. Nicholas Postgate. Akal, Madrid, 1999.
La ley más antigua: textos legales sumerios. Manuel Molina. Trotta, 2000.
El arqueólogo. Martí Gironell. Suma de Letras, Madrid, 2011.
Que a Sumeria no se le reconozca cuna de la humanidad y sea desconocida para el gran publico porque no aparece en el Antiguo Testamento, es descubierta a mitad del siglo XIX y es una zona de conflicto desde hace años donde los arqueologos no pueden entrar, cuando es una cultura excepcional, donde quedan millones de tablillas enterradas en el desierto, que posiblemente esten siendo destruidas o devoradas por la guerra.
Es una edificación mencionada en la Biblia. El relato explica el por qué los pueblos del mundo hablan diferentes lenguas.
La Torre de Babel se describe en el libro del Génesis cuya autoría se atribuye tradicionalmente a Moisés. Según estos escritos; la humanidad queda casi extinta después del diluvio universal, es gracias al Arca de Noé en la que Noé y siete integrantes de su familia sobreviven a la catástrofe. Los descendientes de Noé, como únicos seres humanos del planeta, se desplazan hasta la llanura de Senar (Babel), todos hablan un solo idioma, y deciden construir una torre tan alta que llegue al cielo. El dios de Noé (Yahweh), al observar la edificación y la rebeldía, decide que los habitantes hablen diferentes lenguas y así abandonan la construcción y se esparcen por la Tierra.
Opiniones extra bíblicas que apoyen el mito fundacional, es que se construye la torre por si ocurre otro diluvio, poder subir a la torre, donde el agua no pueda llegar. Al estar cerca de ríos sus habitantes quieren construirse un salvavidas, por si ocurre una inundación repentina y tal vez no les diera tiempo para desplazarse a una montaña próxima para ponerse a salvo. Las opiniones más tradicionalistas no están de acuerdo y toman el relato al pie de la letra.
El Etemenanki, un templo piramidal dedicado a Marduk (deidad local) en la ciudad de Babilonia del siglo vi a. C., de la dinastía caldea, atrae trabajadores de diferentes pueblos.Algunos eruditos modernos como Stephen L. Harris, la historia bíblica de la Torre de Babel es influenciada por esta construcción durante el cautiverio babilónico de los hebreos. El cuento tradicional sumerio Enmerkar y el Señor de Aratta relata una historia con similitudes al pasaje bíblico.
El templo Etemenanki originalmente posee siete pisos y más de 90 metros de altura, pero en realidad, no supera los 60 metros.
Dice una inscripción del tiempo de Nabopolasar:
Marduk [el gran dios de Babilonia] me ha ordenado colocar sólidamente las bases del Etemenanki hasta alcanzar el mundo subterráneo y hacer de este modo que su cúspide llegue hasta el cielo.
En otra inscripción, de los tiempos de Nabucodonosor II se precisa que la decoración de la cúspide está hecha de ladrillos de esmalte azul.
The ziggurat of Ur The ruins of the ancient city of Ur are within the boundaries of our base, and from time to time we are allowed to go on tours. The picture above is of the Great Ziggurat of Ur, taken from the one of the excavated buildings in the ruins of the ancient city of UR.
La torre de Babel se asocia con el templo Etemenanki, hoy en ruinas. La construcción de ese templo es incierta, pero probablemente existe antes del reinado de Hammurabi (hacia 1792-1750 a. C.). Se piensa que el poema sobre la creación de Babilonia Enûma Elish fue escrito durante o poco tiempo después del reinado de Hammurabi; dado que el poema menciona al Esagila, el templo de Marduk, como creado inmediatamente después de la creación del mundo, e intuye la existencia de Etemenanki, se presume que ambas existían durante al menos 100 años del tiempo en el que se escribe este poema, pero debe haber sido escrito mucho antes, ya que los autores también ignoran cuándo lo construyeron exactamente.
El tiempo aproximado de su construcción puede deducirse de la siguiente información: Péleg (cuyo nombre se perpetuó en el de una ciudad en la confluencia del Éufrates con el Khabor, mencionada en las tablillas de la ciudad de Mari, en el Éufrates medio, y que en la época grecorromana lleva el nombre de Phaliga) habría vivido desde aproximadamente 2269 hasta aproximadamente 2030 a. C. Su nombre significa División, porque en sus días se dividió la tierra, esto es, la población de la tierra, de allí los había esparcido Yahveh sobre toda la superficie de la tierra.
Un texto cuneiforme de Sharkalisharri, rey de Akkad (y sucesor de Sargón I de Akkad), quien vive en el tiempo de los patriarcas, menciona que restaura una torre-templo en Babilum (Babel o Babilonia), con lo que da a entender que tal edificio existe antes de su reinado. De hecho, en los registros sumerios aparece mencionada como Kadingira, que es el equivalente sumerio del acadio Babilum.
Los arqueólogos sitúan la torre de Babel mencionada en la Biblia en la zona del actual Irak. Entre otros sitios, se busca en Akar Quf (al oeste de Bagdad), donde existie la ciudad de Dur-Kurigalzu (las ruinas de una edificación son descritas como la torre de Babel por algunos viajeros) y en Birs Nimrud, donde se encuentran las ruinas de la antigua ciudad Borsippa, en Mesopotamia.
En 1913, el arqueólogo Robert Koldewey encontró una estructura en la ciudad de Babilonia que identifica como la Torre de Babel (el templo Etemenanki). Esta torre es destruida y reconstruida en numerosas ocasiones, debido al cambiante destino de la zona. La destruyen los asirios y también los arameos. Y es reconstruida en varias oportunidades por los príncipes caldeos, entre ellos Nabopolasar (625-605 a. C.). Se estima que la construcción más antigua se realiza durante el III milenio antes de nuestra era.
A pesar de las imágenes que existen, tanto en la literatura como en el arte, sobre la torre de Babel no se ha encontrado ningún registro sin base en la Biblia que se ocupe de su forma y aspecto.
Sin embargo, se tiene de referentes edificaciones de la época, y tanto la antigua documentación en escritura cuneiforme como las imágenes conservadas y los restos arqueológicos, permiten reconstruir algunas de sus características; por ejemplo, el templo de Etemenanki es un monumento con una base de planta cuadrada o rectangular, construido en forma de alta terraza, escalonado en varios niveles –tres, cuatro o siete–, en el último de los cuales se erigía una capilla o un templo. El núcleo se construye con adobes secados al sol, revestido con una gruesa capa de ladrillos cocidos en hornos. El templo en la cima, al que se accede a través de escaleras situadas de forma perpendicular a la fachada o adosadas a esta, era de ladrillos esmaltados.
Una de las reseñas antiguas que habla sobre la edificación del Etemenanki es el relato de Heródoto cuando pasa por Babilonia en el siglo v a. C. Heródoto describe la fachada de la torre con una altura de aproximadamente 90 m, el edificio en forma escalonada de siete pisos y hecho de muros con resaltos verticales. El templo tiene una planta cuadrangular dividida en dos sectores y delimitada por una gran muralla. La subida a cada una de las torres se hace por fuera siguiendo una escalera en espiral hasta llegar al final. El último piso tiene instalaciones para el culto, adornadas con ladrillos esmaltados azules, imitando el color del cielo. También señala que aquel santuario azul de la cima está dedicado al dios Marduk y hace referencia a la celebración anual de renovación del reinado como fruto del contacto entre Marduk y el rey.
El Etemenanki es descrito en una tablilla cueniforme llamada del Esagil, escrita en el 229 a. C. en la ciudad de Uruk. La copia más antigua del texto se encuentra hoy en el Museo del Louvre de París. Este escrito deja constancia del estado de la torre y describe las medidas solamente del primer piso, que llegaban a los 90 metros de longitud y de anchura, mientras que de alto mide unos 33 metros. Se hace mención de que la Torre de Babel es constituida con 7 pisos en total, de medidas cada vez más pequeñas. En la actualidad se ha identificado una estructura de adobe de similares características que es confirmada por excavaciones dirigidas por Robert Koldewey en 1913. Se descubren largas escaleras en el sur del edificio, donde un triple pasillo se conecta en la cima con el templo superior de Marduk. Un pasillo más largo, al este, conectaba el Etemenanki con el camino sagrado procesional (reconstruido en el Museo de Pergamo de Belín).
Por otro lado, las excavaciones arqueológicas han sacado a la luz que existía una escalera con forma de T aunque se desconoce hasta qué altura llegaba. Por el momento no se descarta que se diesen dos sistemas de comunicación simultáneos, la escalera con forma de T por un lado y por el otro una escalera en espiral o en zigzag tal como plantea Heródoto. Al mismo tiempo, se conoce que había nichos ricamente decorados con motivos de la fiesta del Año Nuevo Babilónico y la creación del monumento, tema que remite al significado de la estructura puerta del sol, entrada del cielo, que seguramente viniese a ser interpretado como un lugar de comunicación entre lo divino y lo terrenal.
El relato del Génesis no hace mención de ninguna destrucción de la torre. Las personas cuyas lenguas se confunden simplemente dejan de construir su ciudad, y se dispersan desde allí sobre la faz de la Tierra. Sin embargo en otras fuentes, como el Libro de los Jubileos (cap. 10 v.18-27), Alejandro Polihistor (frag. 10), Abideno (frags. 5 y 6), Flavio Josefo (Antigüedades 1.4.3) y los Oráculos sibilinos (iii 117-129), Dios derriba la torre con un gran viento. En el Midrash, se dice que la parte superior de la torre fue quemada, la parte inferior fue tragada por la tierra y el medio se dejó en reposo para erosionarse con el tiempo.
Toda la Tierra habla una misma lengua y usa las mismas palabras. Al emigrar los hombres desde Oriente, encuentran una llanura en la región de Senaar y se establecen allí. Y se dicen unos a otros: Hagamos ladrillos y cozámoslos al fuego. Emplean ladrillos en lugar de piedras y betún en lugar de argamasa; y dicen: Edifiquemos una ciudad y una torre cuya cúspide llegue hasta el cielo. Hagámonos así famosos y no andemos más dispersos sobre la faz de la Tierra.
Pero Yahveh desciende para ver la ciudad y la torre que los hombres estan edificando y dijo:
He aquí que todos forman un solo pueblo y todos hablan una misma lengua; siendo este el principio de sus empresas, nada les impedirá que lleven a cabo todo lo que se propongan. Pues bien, descendamos y allí mismo confundamos su lenguaje de modo que no se entiendan los unos con los otros.
Así, Yahveh los dispersa de allí sobre toda la faz de la Tierra y cesan en la construcción de la ciudad. Por ello se la llam Babel, porque allí confunde Yahveh la lengua de todos los habitantes de la Tierra y los dispersó por toda la superficie.
Nimrod, que fue el primero en hacerse rey después del Diluvio, y a quien la Biblia identifica como un poderoso cazador opuesto a Yahveh, es señalado como el verdadero gestor de la idea de llevar a cabo esta enorme empresa. Algunos intentan identificarlo con Sharrukin o Sargón I de Akkad, el fundador del primer Imperio semita (acadio) de que se tiene memoria. Otros creen ver en este vigoroso cazador la figura del dios asirioNinurta, dios de la guerra y de la caza que, como Nimrod, se place en cazar a sus enemigos.
El Libro de los Jubileos contiene una de las historias más detalladas que se encuentran sobre la Torre.
Comienzan a construir y, en el cuarto septenario, cuecen al fuego ladrillos que luego utilizan como piedras. El cemento con que las unen era asfalto que brotaba del mar y de unos pozos de agua en la tierra de Sennaar. Los constructores tardan unos cuarenta y tres años: la altura fue de 5433 codos y dos palmos; la anchura, unos doscientos tres ladrillos, cada uno de una altura de un tercio de sí mismo; la extensión de un muro, trece estadios, y la del otro, treinta.
Según los escritos del Pseudo-Filón de Alejandría en el año 70, la dirección de la obra de la Torre de Babel se le atribuye no solo a Nimrod, quien se hace jefe de los descendientes de Cam, sino también a Joctán, como príncipe de los semitas, y a Fenech, hijo de Dodanim, como príncipe de los Jafetitas. Sin embargo, durante la obra doce hombres son arrestados por negarse a poner ladrillos, y éstos son Abraham, Lot, Nacor y varios hijos del mismo príncipe Joctán. Finalmente, Joctán salva a once de estos hombres de la ira de los otros dos príncipes y Dios termina protegiendo a Abraham.
El historiador judeo-romano Flavio Josefo (~37 al ~100) en sus Antigüedades judías, publicado cerca del año 93, narra la historia que se encuentra en los textos hebreos y menciona la Torre de Babel. Describe a Nimrod, un rey tirano que trató de apartar el estado de la religión y quien construye la torre. En este relato, Yahveh hace confundir a la gente en lugar de destruirlos, porque la aniquilación por medio de la inundación no les había enseñado a ser piadosos.
Y Nebrodes (Nimrond) paulatinamente convirtió su gobierno en una tiranía, viendo que la única forma de quitar a los hombres el temor a Dios era el de atarlos cada vez más a su propia dominación. Afirma que si Dios se propone ahogar al mundo de nuevo, [Nemrod] haría construir una torre tan alta que las aguas jamás las alcanzarían. La multitud esta dispuesta a seguir los dictados de Nebrodes y a considerar una cobardía someterse a Dios. Y levantan la torre; trabajaron sin pausas y como son muchos los brazos que intervienen, comienzan a levantar muy rápidamente. Pero eran tan gruesa y tan fuerte, que por su gran altura parecía menos de lo que era. Estaba construida por ladrillos cocidos unidos por betún para que no pasara agua. Cuando Dios los ve trabajar como locos decide no destruirlos por completo, ya que no habían aprendido nada de la destrucción de los pecadores anteriores; provoca, en cambio, la confusión entre ellos haciéndoles hablar en distintas lenguas para que no se entiendan.
El libro III de Baruc o Apocalipsis griego de Baruc (del siglo II) es uno de los escritos apócrifos que describe las recompensas justas de los pecadores y los rectos para la vida eterna. En el relato del libro, en el capítulo 3:5, Baruc es llevado por el ángel Famael en una visión que pasa por el primer cielo. En el lugar él ve hombres cuyo rostro era de buey, tenían cuernos de ciervo, los pies de cabra y los lomos de cordero. Entonces con sorpresa le pregunta al ángel y este le responde que «aquellos son los que construyeron la torre (la Torre de Babel) de la lucha en contra de Yahveh. El señor los ha trasladado de sitio…
La literatura rabínica ofrece muchos relatos diferentes sobre las causas para la edificación de la Torre de Babel, y de las intenciones de sus constructores. Según el Midrash los constructores de la torre, llamados en las fuentes judías como la generación de la secesión, dijeron:
Yahveh no tiene derecho a elegir el mundo superior para sí mismo y dejar el mundo inferior para nosotros, por lo que vamos a construir nosotros una torre, con un dios en la parte superior sujetando una espada, de modo que pueda reflejar nuestra intención de hacerle la guerra a Yahveh.
La construcción de la torre estaba destinada no solamente a desafiar a Yahveh, sino también a Abraham, quien exhortaba a los constructores a volverse a la reverencia. El pasaje menciona que los constructores proferían duras palabras contra Yahveh, que no se citan en la Biblia. Ellos creían que Yahveh, cada cierto tiempo, drenaba toda el agua del cielo, y por tanto levantaron varias columnas para que no hubiera otro diluvio.
Algunos entre esa generación todavía querían la guerra contra Yahveh en el cielo (Talmud Sanedrín 109a). Se les animó en esta tarea con la idea de que las flechas que disparaban hacia arriba luego caían chorreando sangre, motivo por el que se creía que se podía hacer la guerra (literal) contra los habitantes celestiales (Sefer ha-Yashar, Noah, ed. Leghorn, 12b).
La Torre de Babel no se menciona en el Corán, pero hay historias con similitudes. En Egipto, el Faraón pide construir una torre tan alta para poder subir y confrontar al dios de Moisés.
Una historia ambientada en Babilonia [Babil] pero sin torre; Los ángeles Harut y Marut enseñan magia a algunos babilonios y les advertían que la magia era un pecado pero era una prueba de fe. Un relato sobre Babil aparece más plenamente en los escritos de Yaqut, la humanidad fue arrastrada por los vientos hacia la llanura «Babil», donde Alá les asignó sus idiomas separados, y luego fueron esparcidos nuevamente de la misma manera.
En el libro Historia de los profetas y reyes del teólogo musulmán Al-Tabari del siglo X, relata; Nimrod tiene la torre construida en Babil, Alá la destruye, y el idioma de la humanidad, el siríaco, se confunde en 72 idiomas. Un historiador musulmán del siglo xiii, Abu ul-Fida, relata la misma historia y agrega que al patriarca Eber (un antepasado de Abraham) se le permitió conservar la lengua original, hebrea en este caso, porque no participó en la construcción.
Aunque existen similitudes con la narrativa bíblica, el concepto de Dios separando la humanidad con los idiomas es ajeno de la tradición islámica. El autor musulmán Yahiya Emerick dice que en la creencia islámica, Dios creó las naciones para que se conocieran y no se separaran.
Hay un mito sumerio similar al de la de la Torre de Babel, llamado Enmerkar y el Señor de Aratta, donde Enmerkar, rey de Uruk, construye un enorme zigurat en Eridu y exige un tributo de materiales preciosos a Aratta para su edificación. En un momento del relato, Enmerkar recita un conjuro implorando al dios Enki para restaurar (o, en la traducción de Kramer, para interrumpir) la unidad lingüística de las regiones habitadas en Shubur, Hamazi, Sumer, Uri-ki (Akkad), la tierra de Martu y todo el universo.
En una hipótesis reciente, David Rohl asociaba a Nimrod, el cazador y constructor de Erec y Babel, con Enmerkar (Enmer el Cazador), rey de Uruk, de quien también se dice que es el primer constructor de templos en Eridu y que, a su vez, se lo relaciona con Amar-Sin (2046-2037 a. C.), el tercer monarca de la tercera dinastía de Ur, quien igualmente intentó terminar el zigurat de aquella ciudad del sur. Esta teoría propone que los restos del edificio histórico de Eridu hubieran inspirado la leyenda mesopotámica de la Torre de Babel. Entre las razones que se aducen están el mayor tamaño y la mayor antigüedad de las ruinas, y el hecho de que un título de Eridu era NUN.KI, que significa «poderoso lugar», título que más tarde pasaría a ser el de Babilonia. Por otro lado, ambas ciudades también tenían templos llamados Esagila dedicados a Marduk.
La historia de la Torre de Babel se relaciona con uno de los temas más universales del relato mítico fundacional. Las religiones y los mitos étnicos suelen dar respuestas a todo, como los orígenes y el desarrollo del lenguaje oral. La mayoría de las mitologías no creen que el hombre sea el inventor de las lenguas, pero sí creen en un lenguaje único divino que antecede a las lenguas humanas. El Lenguaje místico usado para comunicarse con los animales o espíritus, como el lenguaje de los pájaros, también es común en los relatos y fue de especial interés durante el Renacimiento.
En el relato de la Torre de Babel, del libro del Génesis en el Antiguo Testamento, Yahveh «castiga» a la humanidad por su arrogancia y hostilidad exponiendo al hombre a gran variedad de lenguas. Pero este castigo puede ser visto al mismo tiempo como un don divino, tal como Adán y Eva, que abre posibilidades a nuevas opciones. Así, la confusión implica la posibilidad de volver a aprender, superar las diferencias y eliminar el odio. Solo así podrá superar la confusión y aprender un nuevo idioma que lo identifique con el prójimo.
Se puede observar que historias parecidas se repiten, como en la tradición sumeria llamada Enmerkar y el Señor de Aratta que ya se ha explicado en el punto anterior. Un grupo de personas de la isla de Hao, en la Polinesia, también cuentan una historia similar a la de la Torre de Babel:
Un dios que enfurecido persigue a los constructores de la ciudad, destruye un edificio y cambió el lenguaje del pueblo, por lo que todos hablaban diferentes lenguas.
En Mesoamérica existe un relato acerca de un hombre llamado Coxcox y una mujer llamada Xochiquetzal, que luego de naufragar juntos encima de un trozo de corteza de árbol, llegan a tierra firme y engendran muchos hijos. Sin embargo, esos hijos no podían hablar hasta que un día llega una paloma que les otorga el don del habla, pero en diferentes idiomas y de igual forma no se pueden entender. Entre los Ticuna del Alto Amazonas se dice que todos los pueblos fueron una vez una sola y gran tribu, hablando todos el mismo idioma, hasta que en una ocasión, ellos se comieron dos huevos de colibrí, no se explica por qué, y posteriormente la tribu se dividió en muchos grupos y se dispersó al no poderse comunicar.
Otra historia, atribuida por el historiador nativo Fernando de Alva Ixtlilxóchitl (c. 1565-1648) a los antiguos toltecas, afirma que los hombres, después de un gran diluvio, se multiplicaron y entonces se erigió una gran torre o Zacuali, para protegerse en el caso de un segundo diluvio. Sin embargo las lenguas aparecen de repente, se confunden y el trabajo se detuvo.
En la antigua Grecia había un mito cuyo relato decía que durante siglos los hombres habían vivido sin ley bajo el imperio de Zeus y que todos podían hablar un mismo idioma dotado por el dios y la diosa de la ingenuidad, Philarios y Philarion. Sin embargo, en una ocasión, el dios Hermes llevó la diversidad en el habla y con ella la separación de las naciones, trayendo consigo la discordia. Zeus entonces renunció a su cargo y cedió su trono al primer rey humano, Foroneo.
En Wa-Sania, un pueblo bantú de África Oriental, tienen una historia acerca del principio de los pueblos de la tierra. Se cuenta que existía un solo idioma, pero que durante una severa hambruna la locura hirió al pueblo, haciendo que la gente vagase hacia todas direcciones, farfullando palabras extrañas y dando forma a los diferentes idiomas.
En su libro de 1918, el antropólogo James George Frazer documentaba similitudes entre los relatos del Antiguo Testamento, como el Diluvio, y leyendas indígenas de todo el mundo. Identificó entonces una historia que se cuenta en la mitología del pueblo Lozi, en donde los hombres malvados construyeron una gran torre de antenas para perseguir al dios creador, Nyambe, que había huido al cielo en una telaraña. Los hombres entonces se pierden cuando colapsaron mástiles de la torre y todos volaron. Frazer también cita las leyendas encontradas entre la gente de la región del Congo, así como de Tanzania, donde los hombres levantaban grandes torres o subían enormes árboles en un fallido intento de llegar a la Luna.
Finalmente, en el Nuevo Testamento se termina redondeando la historia de la dispersión de las lenguas hecha en el Génesis con el relato de la Torre de Babel. En el libro de los Hechos de los Apóstoles (2,1-41) se hace mención al descenso del Espíritu Santo y la restauración del hombre. Esta restauración se manifestó en el Pentecostés con el milagro del «hablar en lenguas». Si en el principio el hombre terminó confundido, ahora esa confusión se superaría en el entendimiento mutuo que hay en las personas que se encuentran con el Señor. El milagro del «hablar en lenguas» del Pentecostés refleja que el amor de Yahveh es el nuevo idioma que permite a los hombres entenderse mutuamente.
(Oita, Kyushu, 1931) Arquitecto japonés. Siguió las tendencias del grupo de la segunda generación de arquitectos japoneses, los denominados metabolistas -en el que se integran Kenzo Tange, Kiyonori Kikutake, Masato Otaka o Sachio Otani-, aunque no se puede decir que formalmente pertenezca a éste.
Este grupo, fundado en 1960, se entregó al urbanismo utópico: su arquitectura es en general orgánica y monumental, de formas vanguardistas que aluden a la industria, pero que también hacen referencia a la tradición japonesa,
Hijo mayor de un rico empresario, hizo sus estudios en la Universidad de Tokyo. En 1953 se incorporó al seminario del antes citado Kenzo Tange, quien dirigirá al año siguiente su tesis de graduación titulada Desarrollo de los rascacielos en Estados Unidos, 1875- 1935. Concluidos sus estudios universitarios permaneció hasta 1963 junto al equipo de Tange y del URTEC. Tomó parte en casi todas las obras del estudio, en las que dejó patente su influencia, como se puede ver en el Centro de Comunicaciones de Yamanashi.
En 1963 fundó su propio taller en Tokyo, al que dio su nombre, Arata Isozaki Atelier. Hasta mediados de la década realizó sus mejores obras, entre las que se pueden citar las realizadas en Niage-cho Oita (prefectura de Oit), como el Centro Médico, la casa y clínica Nakayama, el Banco Mutualidad Fukuoka y, principalmente, la Biblioteca de la prefectura de Oita.
En 1967 trabajó en el plan de Osaka y fue contratado como arquitecto jefe de la Expo’70, acontecimiento internacional concebido como celebración del rápido crecimiento del país durante la década. A Isozaki se encargó la Festival Plaza, las instalaciones de los espacios de exposición…
El arquitecto japonés, con un enfoque progresista, es un visionario en su disciplina
El arquitecto, teórico y urbanista Arata Isozaki ha fallecido a los 91 años. Reconocido como un visionario entres sus compañeros internacionales, siempre había tenido un enfoque progresista y un profundo compromiso con el arte del espacio que se evidencia desde la década de los 60.
Isozaki, que había trabajado en más de 100 edificios en Asia, Europa, América y Australia, facilita el diálogo entre el este y el oeste, por reinterpretar las influencias globales a través de la arquitectura y por apoyar el desarrollo de las generaciones más jóvenes.
En el 2019 recibe el Premio Pritzker por su profundo conocimiento de la historia y la teoría de la arquitectura. Dice el jurado:
Ha abrazado la vanguardia y nunca se ha limitado a copiar el statu quo, sino que su búsqueda de arquitectura significativa se ha reflejado en unos edificios que, hasta la actualidad, desafían las categorizaciones estilísticas y están en constante evolución.
Sus primeros éxitos se producen los años posteriores a la ocupación aliada de Japón. Quería ver el mundo con mis propios ojos así que viajé por todo el mundo al menos diez veces antes de cumplir los 30. Quería sentir la vida de personas en diferentes lugares y visité extensamente Japón, pero también el mundo árabe, los pueblos en las profundas montañas de China, el sudeste asiático y las ciudades metropolitanas de Estados Unidos. Intentaba encontrar cualquier oportunidad para hacerlo y mientras tanto me seguía cuestionando qué es la arquitectura.
Isozaki se gradua en la Universidad de Tokio en 1954 y empieza su carrera como aprendiz de Kenzo Tange (Premio Pritzker 1987).
Funda el estudio Arata Isozaki & Associates en 1963, cuando el país necesita recomponerse tras la Segunda Guerra Mundial.
Para encontrar la manera más adecuada de resolver estos problemas, no podía ceñirme a un solo estilo. El cambio era algo constante. Paradójicamente, esto se convierte en mi estilo.
Sus proyectos, aunque parecen geométricamente simples, están acompañados de teoría y propósito.
Comienza a nivel local con varios edificios en su ciudad natal y en Fukuoka pero pronto se expande por Gunma, Osaka y Tokio.
Algunos de sus primeros edificios son la Oita Prefectural Library (Oita, Japón, 1962-1966), The Museum of Modern Art de Gunma (1971-1974) y el Kitakyushu Municipal Museum of Art de Fukuoka (1972-1974).
Su primer encargo internacional es el Museo de Arte Contemporáneo de Los Ángeles (1981-1986).
La combinación de la universalidad y la identidad local se traduce en soluciones interdisciplinares que reflejan su sensibilidad ante las necesidades contextuales, ambientales y sociales.
El arquitecto es, además, autor de edificios como el Kitakyushu City Museum of Art (Fukuoka, Japón, 1972-1974), Art Tower Mito ( Ibaraki, 1986-1990), Pala Alpitour (Turin, Italia, 2002-2006), Himalayas Center (Shanghai, China, 2003-2013 ), Allianz Tower (Milán, 2003-2014), Qatar National Convention Center (Doha, Qatar, 2004-2011) y el Shanghai Symphony Hall (Shanghai, China, 2008-2014).
En España esta el Palau Sant Jordi (Barcelona, 1983-1990), La Domus o Casa del Hombre de La Coruña (1995), el Parque Universitario de Santiago de Compostela (1995), el Pabellón Polideportivo de Palafolls (Barcelona, 1996), el Parque de La Muntanyeta (Barcelona, 2000), el patio de CaixaForum Barcelona (2002), el complejo de siete edificios conocido como Isozaki Atea en Bilbao (2009) o el parque empresarial D-38 de Barcelona (2011).
Dr. Adolfo Roitman, Curator of the Dead Sea Scrolls at The Israel Museum, Jerusalem shows the The great Isaiah Scroll at Asia Society Hong Kong Center in Admiralty during media preview of Temple, Scrolls and Divine Messengers: Archeology of the Land of Israel in Roman Times at Asia Society Hong Kong Center in Admiralty. 30OCT14
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Los Rollos del Mar Muerto son más de 900 manuscritos, la mayoría escritos en hebreo, que sirven de testimonio de los textos bíblicos más antiguos que se conozcan.
Crean controversia porque los Rollos de Qumrán son más de mil años más antiguos que los manuscritos bíblicos.
También conocidos como rollos de Qumrán, por el lugar en donde son hallados, contienen un cuerpo único de literatura religiosa. Se dividen en dos grandes grupos: los manuscritos bíblicos —que se recopilan en la Biblia hebrea actual— y los no-bíblicos. Estos últimos son textos sagrados que circulaban alrededor de la época del Segunda Templo de Salomon.
Estan dispersos a lo largo de 12 cuevas en Medio Oriente. En algunos casos, incluso, no se tiene certeza de su procedencia. Entre manuscritos bíblicos y sectarios, se han sumado hasta 972 textos antiguos. Los arqueólogos destacan registros de leyes, costumbres y creencias de la antigüedad.
Por la amplísima variedad de relatos sagrados, los investigadores piensan que las comunidades contemporáneas de los Rollos no poseen una concepción unificada de la Biblia. Por el contrario, la idea de canon bíblico se consolida siglos después, durante el Imperio Romano. Algunos de los pasajes fueron cercenados de la narrativa religiosa oficial.
El uso del antiguo calendario solar hebreo por la comunidad esenia, diferente del oficialmente vigente en el siglo I d. C., distingue a la comunidad que habita en Qumrán de otras corrientes judías, como los fariseos y saduceos.
Los arqueólogos hallaron además un comedor, un aula, una biblioteca, despensas y aljibes ABC
Las concepciones de los miembros de esta comunidad chocan con las de los poderes sociales del momento.
Por eso, a diferencia del nacionalismo de los zelotes, la secta de Qumrán no ve en el establecimiento nacional judío oficial una alternativa contra Roma.
La idea que se saca de la lectura de estos manuscritos coincide bastante bien con la forma en que los autores antiguos describen a los esenios.
El estudio del contenido y significado de los Manuscritos del Mar Muerto muestra un judaísmo diferente al judaísmo rabínico posterior (más afín a la secta de los fariseos), pero que, al mismo tiempo, tiene varias coincidencias con el cristianismo.
Los manuscritos son contemporáneos a Jesús de Nazaret y a sus primeros discípulos, el estudio de estos es de gran utilidad para entender el nacimiento del cristianismo en el interior del judaísmo.
El cristianismo tiene un origen esenio (probablemente qumramita). Se identifica a Jesús de Nazaret con el Maestro de Justicia que funda la congregación esenia autora de los manuscritos.
Según esta corriente, Jesús celebra la última cena el día de la Pascua judía según el calendario de Qumrán. Esto, en teoría, resuelve los problemas de datación que se dan si se comparan las versiones de Mateo, Marco y Lucas con la de Juan.
Los autores de los Manuscritos del Mar Muerto son una fuente del cristianismo primitivo que preparan en el desierto el camino de Jesús.
Hay afinidad con algunas ideas aparecidas posteriormente en el Evangelio de Juan y otros libros del Nuevo Testamento.
Los escritos de Qumrán inciden en temas claves resaltados por Jesús y los cristianos…
Estos 972 manuscritos son hallados en cuevas situadas en Qumrán, Israel, a orillas del mar Muerto.
Redactados en hebreo y arameo, solo con algunos ejemplares en griego. En 1946 los primeros siete manuscritos son descubiertos por pastores beduinos, en una cueva en las cercanías de las ruinas de Qumrán, en la orilla noroccidental del mar Muerto.
Hasta 1956, se encuentran manuscritos en once cuevas de la misma zona.
Algunos constituyen el testimonio más antiguo del texto bíblico encontrado hasta la fecha.
En Qumrán se descubren doscientas copias, la mayoría muy fragmentadas, de todos los libros de la Biblia hebrea, con excepción del Libro de Ester (aunque tampoco se han hallan fragmentos de Nehemías, que en la Biblia hebrea forma parte del Libro de Esdras). Del Libro de Isaías se ha encontrado un ejemplar completo.
Otra parte de los manuscritos son libros no incluidos en el canon del Tanaj, comentarios, calendarios, oraciones y normas de los esenios.
En 2020 el Museo de la Biblia de Washington D. C. anuncia que los 16 fragmentos que se hallan en dicho museo son falsificaciones realizadas en el siglo XX.
Los nuevos hallazgos no ponen en duda los miles de fragmentos reales, la mayoría de los cuales yacen en el Santuario del Libro, parte del Museo de Israel.
Los primeros siete rollos de pergamino, que con certeza proceden de Qumrán, los encuentran por casualidad dos pastores beduinos de la tribu Ta’amireh en 1947 en una de las cuevas mientras persiguen a una de sus cabras.
Estos rollos se venden (troceados, para aumentar su precio) a dos anticuarios de Belén. Cuatro de ellos se revenden por una pequeña cantidad al archimandrita del monasterio sirio-ortodoxo de San Marcos en Jerusalén, Atanasio Josué Samuel (más conocido como Mar Samuel).
Los tres siguientes terminan en manos del profesor judío Eleazar Sukenik, arqueólogo de la Universidad Hebrea de Jerusalén, quien, dándose cuenta de su valor, los compra en 1954.
Posteriormente, se publican copias de los rollos, despertando un interés masivo por parte de arqueólogos bíblicos. La publicación de las copias dan como resultado el hallazgo de otros seiscientos pergaminos y cientos de fragmentos más.
Lo más importante del hallazgo es la antigüedad de los manuscritos, que en su mayoría datan de entre los años 250 a. C. y 66 d. C. Esto los sitúa entre los textos más antiguos del Tanaj o Antiguo Testamento bíblico disponibles en lengua hebrea; y también permite estudiar importantes fuentes teológicas y organizativas del judaísmo y del cristianismo.
Se cree que los ocultan los esenios para preservarlos de la guerra de los romanos contra los rebeldes judíos de aquellos años.
En febrero de 2017, arqueólogos de la Universidad Hebrea de Jerusalén anuncian el descubrimiento de la cueva número doce en unas colinas al oeste de Qumrán, cerca de la orilla noroeste del Mar Muerto. No se encuentran manuscritos en la cueva, se hallan frascos de almacenamiento vacíos. Estos están rotos y se supone que el contenido se retira con anterioridad. Se encuentran hachas de hierro que son de alrededor del año 1950, la cueva ha sido saqueada.
Se populariza durante la Edad Media el culto a las reliquias. Los efectos milagrosos que tiene el contacto con los restos de santos alimentan el tráfico de reliquias y también el fraude.
El culto de las reliquias es uno de los elementos más característicos y llamativos del cristianismo desde sus orígenes. Las reliquias se definen como los restos de los mártires o los santos, ya sean corporales –como los huesos, el cabello o incluso tejido orgánico– u objetos asociados con el santo en cuestión y su martirio. Se guardan en recipientes especiales, los relicarios, y se colocan en las iglesias –bajo el altar o en una capilla– para que los fieles los veneren en el día de cada santo y participen de la santidad y gracia ligadas a esos restos.
El culto a las reliquias se populariza durante la Edad Media; las gentes esperan de ellas efectos mágicos y no dudan en peregrinar cientos de kilómetros para alcanzar las más preciadas, las de los apóstoles Pedro y Pablo y otros incontables santos que hay en Roma, o la de Santiago en Compostela. Esta práctica religiosa evoluciona a lo largo del tiempo, como muestra una conocida anécdota de fines del siglo VI. La emperatriz Constantina, hija del emperador Tiberio II y esposa del también emperador Mauricio, pide al papa Gregorio Magno que le envíe la cabeza o alguna otra parte del cuerpo del apóstol san Pablo para colocarla en la capilla que está construyendo en su palacio de Constantinopla.
En su respuesta, el papa le ofrece limaduras de las cadenas que había llevado el mismo san Pablo en su cautiverio y le explica así la negativa a entregarle la cabeza:
Conozca, mi más serena señora, que la costumbre de los romanos no es, ante las reliquias de los santos, tocar su cuerpo, sino poner un brandeum [una prenda] en una caja cercana al sagrado cuerpo del santo.
El episodio ilustra la idea de que en la Cristiandad occidental, en los primeros siglos de la Edad Media, los sepulcros de los santos no suelen ser violados, al contrario de lo que ocurría en Bizancio. Sin embargo, la realidad contradice las palabras de Gregorio: cuerpos enteros, y también pedazos de ellos, circulan por doquier, junto con objetos diversos que en algún momento han estado en contacto con Jesucristo, la Virgen, los apóstoles u otros santos.
Paños introducidos en sepulcros, ropas, instrumentos de martirio y tierra del Coliseo –lugar donde se ha dado muerte a muchos mártires– salen de Roma en manos de emisarios, peregrinos y mercaderes. El propio Gregorio Magno regala al monarca visigodo Recaredo el cáliz de la Última Cena, hallado en la tumba de san Lorenzo.
Las gentes esperan de ellas efectos mágicos y no dudan en peregrinar cientos de kilómetros para alcanzar las más preciadas
En la Alta Edad Media, las catacumbas romanas dan abundante material a los coleccionistas de reliquias. En el siglo IX, el diácono Deusdona crea una asociación destinada a su venta y comienza a exportarlas fuera de Italia. El mercado va creciendo, pero la materia prima comienza a escasear. Así, si al principio el interés se centra en objetos relacionados con Cristo, los apóstoles o los mártires, luego se extiende a los restos de otros santos, obispos, abades e incluso de reyes y aristócratas que muestran en vida alguna relación con la causa religiosa. En ocasiones el tráfico se acelera.
En 1204 durante IV cruzada, el expolio de los templos de Constantinopla procura, según Roberto de Clarí:
Dos fragmentos de la Vera Cruz, tan gruesos como la pierna de un hombre y tan largos como una media toesa. Y se encuentra también el hierro de la lanza con la que es herido el costado de Nuestro Señor y los dos clavos con que clavan sus manos y sus pies. Y se encuentra también la túnica que ha llevado y de la que es despojado cuando lo llevan al Calvario. Y se encuentra también la corona bendita con la que es coronado, que es de juncos marinos, tan puntiagudos como hierros de leznas. Y se encuentra también el vestido de Nuestra Señora y la cabeza de monseñor san Juan Bautista, y tantas otras reliquias que no podría describirlas.
Existe un auténtico ranquin de reliquias en función de su valor. Las más apreciadas son las relacionadas con la vida de Cristo, las reliquias de los apóstoles y los restos de los santos más venerados. Los cuerpos enteros, las cabezas, los brazos, las tibias y los órganos vitales tienen más importancia que otros restos humanos, y su antigüedad incrementa su valor. Los lugares con menos santos, y con menos poder económico o político, cuentan con objetos de menor relevancia. Con huesos, dientes, pieles, astillas y retales se consagran altares, se encabezan procesiones y se elaboran relicarios. Los clérigos los compran, incentivados por decretos conciliares en los que se insta a poseer reliquias para consagrar con ellas los altares.
Los laicos también las adquieren, para tenerlas en sus casas, llevarlas en sus bolsas o colgarlas del cuello. Se entiende que las reliquias ponen en contacto con la divinidad y a muchas se les atribuyen poderes sanatorios, e incluso milagrosos. La demanda incentiva el comercio; muchas reliquias pasan de un lugar a otro, algunas se fragmentan para atender todas las peticiones, otras se duplican, esto es, se falsificaban. Así se explica que, de la más importante de las reliquias de la Cristiandad, la Vera Cruz o lignum crucis –hallada por Elena, madre de Constantino, y siglos más tarde portada por los templarios en las batallas–, se veneren tantos fragmentos que, según se dice, con ellos pueden componerse varias cruces.
Existe un auténtico ránking de reliquias en función de su valor. Las más apreciadas son las relacionadas con la vida de Cristo, las reliquias de los apóstoles y los restos de los santos más venerados.
Otros santos distribuyen por sí mismos sus restos, sin necesidad de portadores. Una imaginativa leyenda cuenta cómo en Arlés, al sur de Francia, se conserva una columna de mármol muy alta, construida justo detrás de una iglesia y teñida de púrpura: es la sangre de san Ginés, un actor convertido al cristianismo en el siglo III al que el gentío infiel ata a la columna y degolla. La historia añade:
Que tras ser degollado, el santo en persona toma su propia cabeza en las manos y la arroja al Ródano, y su cuerpo es transportado por el río hasta la basílica de san Honorato, en la que yace con todos los honores. Su cabeza, en cambio, flota por el Ródano y el mar, llegó guiada por los ángeles a la ciudad española de Cartagena, donde en la actualidad descansa gloriosamente y obra numerosos milagros.
Para evitar los frecuentes fraudes que idean los mercaderes es posible poner a prueba las reliquias: si no obran un milagro se considera que son falsas. Además, deben ser aceptadas como tales por la Iglesia, pues de lo contrario venerarlas se castiga con el Purgatorio. Sin embargo, hay reliquias improbables, como el prepucio de Jesucristo, la leche de la Virgen o el cordón umbilical de la misma María, por ejemplo, o bien una pluma del Espíritu Santo, que se conserva en Oviedo, las monedas por las que se vendió Judas, distribuidas en diversos lugares, o el suspiro de san José, que se custodiaba en Blois y hoy se guarda en el Vaticano.
Estos y otros objetos crean polémicas a menudo. Guiberto de Nogent, un escéptico monje benedictino que vive entre los siglos XII y XIII, ve imposible que el diente conservado en Saint-Medard fuese de Cristo, pues era dogma de fe que su cuerpo había resucitado; y señalaba el absurdo de que hubiese dos cabezas de san Juan Bautista, una en Saint-Jean-d’Angely y otra en Constantinopla, obviando o ignorando que, en realidad, había varias.
La primera vez que Tiziano, poco amante de los viajes, salió de Italia fue a causa de una nariz. Al emperador Carlos V no le acababa de satisfacer cómo había plasmado el veneciano tal apéndice en un retrato de su esposa, Isabel de Portugal y le mandó llamar a Augsburgo para retocarlo en 1548.
Autoretrato de Tiziano
Claro que aquel solo era el más urgente de los encargos que esperaban al pintor en la corte imperial, reunida en dieta en aquella ciudad alemana. De aquella visita salió un lienzo que marcó un hito en la historia de la pintura y el poder: El emperador Carlos V, a caballo, en Mühlberg. A partir de entonces, el retrato ecuestre se convirtió en pieza imprescindible de la imaginería de los monarcas (consortes, príncipes, validos y generales también se apuntaron más tarde al género) de todo el continente.
Batalla de Mühlberg, xilografía de Luis de Ávila y Zúñiga, 1550.
Cuando Tiziano Vecellio (Pieve di Cadore, c. 1490-Venecia, 1576) pintó el famoso retrato contaba casi cincuenta años, un anciano en la época. Para fortuna de Carlos V y su sucesor, Felipe II al veneciano aún le quedaban tres decenios de vida y muchos encargos que cumplir para la corte madrileña.
Tiziano jamás visitó Madrid, pero prácticamente ejerció de pintor de cámara a distancia para los Austrias. De hecho, recibió un honor mucho mayor que el de ser considerado el artista oficial: Carlos V le nombró caballero de la Espuela de Oro y le ennobleció con el título de conde palatino. Jamás ningún pintor –por entonces poco más que un artesano– había llegado tan alto.
La Gloria, Tiziano
La relación entre Carlos V y Tiziano no empezó, precisamente, con un fondo de música celestial. Algunos estudiosos sostienen que la primera vez que se vieron fue en 1529, en Parma. Por entonces, el artista ya gozaba de enorme fama, pero los retratos a la maniera veneta (colorista, refinada, a veces sensual) debieron de causar un shock al emperador, acostumbrado a los más adustos y formales pintores norteños y centroeuropeos.
Aquella reunión no fructificó en obra pictórica alguna. Un año más tarde, y a instancias de Federico Gonzaga, duque de Mantua, Tiziano pintó por primera vez a Carlos V (un lienzo hoy perdido). El emperador despachó al artista con la entrega de un ducado. La “estrema avaritia” del hombre más poderoso del mundo dio mucho que hablar. Sin embargo, se ha pensado que aquel pago era un símbolo de agrado y de las abultadas cantidades por venir. Efectivamente, en 1533, mecenas y retratista se encontraron en Bolonia y empezó su eterna luna de miel.
¿Qué había hecho Tiziano para cautivar a Carlos V? El artista, astuto cortesano, había encontrado la mezcla perfecta entre su grácil coloritto y el hieratismo que tanto gustaba a los catoliquísimos y formales Habsburgo. Una mezcla que llegó a la cúspide con El emperador Carlos V, a caballo, en Mühlberg.
El encargo de la obra, aunque no existen pruebas documentales, se atribuye a María de Hungría, la culta y hábil hermana del emperador. El lienzo conmemoraba la victoria de las tropas imperiales sobre los príncipes protestantes de la Liga de Esmalcalda, acontecida el 24 de abril de 1547 en Mühlberg, Alemania, y que había motivado la reunión de la Dieta en Augsburgo. Esta concluyó con la redacción del Interim, documento en que se pactaba la coexistencia entre católicos y protestantes, claramente a favor de los primeros.
Tiziano muy posiblemente tuvo acceso a la crónica de la batalla escrita por Luis de Ávila y Zúñiga, comendador de Alcántara y miembro del séquito imperial. Sin embargo, lo que al artista le interesó del relato no fueron las peripecias bélicas, sino la imagen de Carlos V que emanaba de ellas. En el cuadro no hay vencidos ni derramamientos de sangre. Nada debe empañar el aura de un emperador justo y clemente, auténtico caballero cristiano que, finalizada la contienda, parafraseó a Julio César: “Veni, vidi, Christus vincit”… En definitiva, Tiziano plasmó la imagen idónea del artífice de la pax carolina que se abría con la victoria en Mühlberg.
El retrato ecuestre no fue una invención tizianesca. Sin embargo, el veneciano rompió los moldes del género: colocó a su protagonista aislado, casi ensimismado, sin actitud guerrera o en una escena de caza. Un emperador sobre su trono (el caballo) que sujeta firmemente las riendas (de su imperio). Es lo que se bautizó como la eroica maestá, magnificada por las colosales dimensiones de la obra (3,32 x 2,79 m).
Lo más parecido hasta entonces habían sido las representaciones de san Jorge, las esculturas a caballo de los condottieri italianos o la estatua del emperador Marco Aurelio, la única pieza romana de este género que se había conservado. Muchos sostienen que fue la verdadera inspiración del veneciano (se da la casualidad, además, de que las Meditaciones de Marco Aurelio eran una de las lecturas favoritas de Carlos V).
Los trabajos del lienzo mantuvieron a Tiziano en Augsburgo entre la primavera y principios de septiembre de 1548. Tuvo que solucionarse un fatal imprevisto: mientras la tela se secaba al sol fue derribada por el viento, cayó sobre un poste y se rasgó en el área posterior del caballo. Restaurado el desperfecto con el añadido de un trozo de tela, la obra fue trasladada a Bruselas, residencia de María de Hungría, gobernadora de los Países Bajos.
En 1556, esta se retiró de su cargo y regresó a España, con el retrato en el equipaje. A la muerte de María el lienzo entró en la colección de Felipe II, donde fue considerado la pieza suprema. Adornó las paredes del Alcázar, El Pardo, nuevamente el Alcázar y tras el incendio de este al Palacio Real. Después de una breve estancia en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, el retrato ingresó en 1827 en el Museo del Prado. Solo una vez ha salido de España: fue uno de los lienzos que se ocultaron en Ginebra (Suiza) durante la Guerra Civil.
La segunda y última vez que Tiziano salió de Italia fue en 1550 y su destino volvió a ser Augsburgo. Una nueva llamada del emperador, de nuevo reunido en dieta. Habían pasado tres años y los triunfales ecos de Mühlberg se estaban apagando. Carlos V era un hombre abrumado: el problema protestante estaba lejos de solucionarse y a él se añadía ahora el conflicto de su sucesión, que dividía el Sacro Imperio entre los partidarios de su hijo Felipe y los de su hermano Fernando.
El encuentro entre mecenas y artista fructificó en un nuevo lienzo monumental: La Gloria. El todopoderoso hombre de la tierra rogando por su ascensión a los cielos. Cómo habían cambiado las cosas desde El emperador Carlos V, a caballo, en Mühlberg.
La voz apócrifo deriva del griego y designa algo oculto. Al inicio el término fue utilizado para indicar aquellos escritos que revelaban verdades de tipo esotérico a iniciados.
Hoy, el término se usa para indicar en general los escritos sobre la vida de Jesús no aceptados por la Iglesia como inspirados por la Iglesia como inspirados por Dios ni como norma de fe, a diferencia de los Evangelios atribuidos a Mateo, Marcos, Lucas y Juan, y que se componen en la segunda mitad del siglo I.
********: Mosaic of the apsidal vault with the Savior between Saints – d. (face of the Savior). Rome, Church of SS. Cosma e Damiano*** Permission for usage must be provided in writing from Scala.
Estos últimos se llaman canónicos (de la caña usada para medir los límites) y trazan el perímetro de los textos sacros que entraron en el Cánon de la Biblia católica, es decir, el elenco oficial de los 73 libros (46 del Antiguo Testamento y 27 del Nuevo Testamento) fruto de un proceso de discernimiento iniciado dentro de la Iglesia en el siglo II y que prosigue hasta el siglo IV, si bien el sello definitivo llegó con el Concilio de Trento en 1546.
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Los evangelios apócrifos tienen algún parecido con los cuatro Evangelios canónicos pues presentan palabras, hechos ligados a la vida de Jesús, o narraciones más amplias sobre personajes ya presentes en los canónicos. Comienzan a circular en el ámbito judío y cristiano a partir de la mitad del siglo II, como reflejo de tradiciones y temas populares, pero no se leen en las celebraciones litúrgicas en las primeras comunidades cristianas, ni gozan de gran fortuna, como lo atestigua la escasez de códices existentes que nos dan noticias sobre ellos. No son aceptados porque se consideran poco fiables, al haber sido compuestos en una época en la que ya han desaparecido no sólo los Apóstoles y todos los testigos oculares de los acontecimientos ligados a la vida y la muerte de Jesús, sino también los discípulos directos de los apóstoles y los miembros de sus primeras comunidades.
Estos escritos se dividen básicamente en cuatro grupos: los mencionados por los antiguos escritores cristianos, por los que conocemos algo de su contenido, los fragmentos de papiro encontrados recientemente, los escritos que contienen detalles sobre la infancia etc. de Jesús, y los de tipo gnóstico, un movimiento herético de la antigüedad cristiana.
Algunos evangelios apócrifos, como el Evangelio de los Hebreos, solo lo conocemos por las noticias de los escritores eclesiásticos. Otros como el Evangelio de Pedro, llega muy fragmentados, apenas algunos trozos de papiro, y no añaden prácticamente nada nuevo a los evangelios canónicos.
Otros, como el Protoevangelio de Santiago, el Pseudo Mateo o el Pseudo Tomás, narran datos de la vida de Jesús, de María o de san José que no aparecen en los evangelios canónicos. Por ejemplo, del Protovangelo de Santiago conocemos la presencia del buey y la mula en la gruta de la Natividad, o el nombre de los padres de la Virgen, Joaquín y Ana. A menudo están llenos de detalles fantásticos o piadosos. Por ejemplo, en ellos se recoge la historia de la vara florida de san José, o el nombre de los tres reyes magos (Melchor, Gaspar y Baltasar), o los milagros que hacía el Niño Jesús, y fueron objeto de inspiración de leyendas y obras de arte durante la Edad Media. Un ejemplo de esto es el Misterio de Elche en España (El Misterio de Elche es una representación teatral sobre la Dormición, Asunción y Coronación de la Virgen María, que tiene lugar cada año en agosto en la basílica de Santa María de Elche, de forma ininterrumpida desde la Edad Media, En 2001 fue declarada Patrimonio de la Humanidad).
El cuarto grupo de evangelios apócrifos son aquellos que ponen bajo la autoridad de algún apóstol doctrinas y contenidos extraños a la fe. Estan relacionados con el gnosticismo, un movimiento filosófico-religioso que florece sobre todo en el Norte de África, en los siglos segundo y tercero. La intención primaria de los gnósticos era validar su sistema de creencias, es decir, con sus escritos pretenden remontar el origen de sus creencias al mismísimo Cristo. Entre ellos destacan el Evangelio de María Magdalena, el evangelio de Tomás y el Pistis Sophia, entre otros.
De ellos hablaban muchos Santos Padres – nombre con el que se conoce a los principales escritores cristianos, por doctrina y santidad, desde san Clemente Romano (+ 101) hasta san Isidoro de Sevilla (560- 636) – para rebatirlos y combatir sus derivaciones gnósticas. La mayor parte de las veces, estos escritos narraban supuestas revelaciones de Jesús después de su resurrección, sobre el principio de la divinidad, la creación, el desprecio del cuerpo, etc.
Existen una cincuentena de apócrifos. Algunos se conocen desde la antigüedad. Otros son descubrimientos recientes, como los escritos de Nag Hammadi (1945).
Algunos expertos, atendiendo a su contenido, suelen clasificar los evangelios apócrifos en cuatro grupos:
– Evangelios de la infancia: narran el nacimiento de Jesús, o los milagros realizados durante su infancia.
– Evangelios de dichos: son colecciones de dichos y enseñanzas de Jesús sin un contexto narrativo. La mayor parte de ellos son gnósticos.
– Evangelios de la Pasión y Resurrección: intentan completar los relatos de la Muerte y Resurrección de Jesús.
– Diálogos del Resucitado: recogen enseñanzas del Resucitado a alguno de sus discípulos. Estos últimos son típicos de la literatura gnóstica.
Los apócrifos más conocidos son: evangelio de Pedro, el evangelio según Tomás, los evangelios de la Infancia de Tomás, el evangelio de Bartolomé, el evangelio de María Magdalena, el evangelio según los Hebreos, el evangelio de Taciano (o Diatessaron), el evangelio del Pseudo-Mateo, el evangelio Árabe de la Infancia, el evangelio de la Natividad de María, el evangelio de Felipe, el evangelio de Valentino (Pistis Sophia), el evangelio de Ammonio, el evangelio de la Venganza del Salvador (Vindicta Salvatoris), el evangelio de la Muerte de Pilatos (Mors Pilati), el evangelio según Judas Iscariote, y el protoevangelio de Santiago.
4. Algunos evangelios apócrifos eran conocidos desde la antigüedad. Otros han sido descubiertos recientemente, como es el caso de los Papiros de Oxirrinco, procedentes de la excavación arquelógica realizada por los ingleses S. P. Grenfell y S. Hunt en 1897, en la actual actual El-Bahnasa (Egipto).
El más importante acontecimiento reciente en el terreno de los escritos apócrifos se produjo con descubrimiento por parte de unos campesinos, en un pueblo egipcio llamado Nag Hammadi en diciembre de 1945, cerca de mil páginas en papiro: 53 textos divididos en códices, cuya antigüedad se remonta probablemente hacia el siglo IV d.C.
Los escritos contenían traducciones originales del griego al copto, que contienen evangelios apócrifos llamados de Tomás y Felipe, un “apocalipsis de Pablo”, tratados teológicos y palabras atribuidas a Jesús, de claro contenido gnóstico.
En ocasiones, los apócrifos proporcionan detalles que describen la sensibilidad de los cristianos de los primeros siglos o que confirman los datos contenidos en los evangelios canónicos.
Aunque no constituyen fuentes escriturísticas de primera mano, los evangelios apócrifos pueden ser útiles para confirmar algunos datos recogidos por los cuatro evangelistas. Por ejemplo, el “evangelio según los hebreos”, que según los expertos se remontaría a la primera mitad del siglo II. No tenemos ningún testimonio directo de él, sino sólo algunas frases recogidas por algunos ilustres hombres de la antigüedad, entre ellos Sofronio Eusebio Jerónimo, más conocido como san Jerónimo, que además de la célebre traducción latina de la Biblia del griego y del hebreo, compuso la obra De viris illustribus, es decir, una especie de diccionario biográfico dedicado a los hombres que se habían distinguido de algún modo en la antigüedad.
En esta obra, Jerónimo recoge en latín un pequeño pasaje del perdido evangelio según los hebreos, que probablemente había consultado varias veces en la biblioteca de Cesarea Maríttima fundada por Orígenes, una de las más ricas y renombradas del mundo antiguo, destruida por los árabes junto con la ciudad en el año 638: “Tras haber dado la Síndone al siervo del sacerdote, el Señor fue donde Santiago y se le apareció”. En este pasaje Jerónimo recoge la palabra sindon para traducir la homónima palabra griega que había empleado al traducir el Evangelio de Lucas (23,53), donde se habla del lienzo que había envuelto el cuerpo sin vida de Jesús. El “evangelio según los hebreos” tendría por tanto el mérito de atestiguar que, en la época de su composición, la Síndone se encontraba probablemente en Palestina, quizás en la misma Jerusalén.
A veces el valor de los apócrifos consiste en reflejar la mentalidad del ambiente en el que se originaron, y sobre todo la voluntad de la gente de llenar los vacíos dejados por la sobria descripción de los evangelios canónicos. Por ejemplo, el “evangelio de Pedro”, compuesto hacia mediados del siglo II, ofrece, aunque con detalles extraños, una descripción del momento preciso de la Resurrección de Cristo. El relato refleja la necesidad que tenía la gente, en particular los cristianos ligados a la figura de Pedro, de imaginar el momento que había cambiado para siempre sus vidas y que constituía el centro de su fe.
Los evangelios apócrifos. Una introducción. Hans-Josef Klauck. Sal Terrae, 2006. La vida de Jesús a la luz de los evangelios apócrifos. Antonio Piñero. Los Libros del Olivo, 2014. Los evangelios apócrifos. Aurelio de Santos Otero. B.A.C., 2003.