La imaginación

Sugerencia de escritura del día
¿Qué hace que te centres en la vida?

 La imaginación es el mayor patrimonio que nos saca de los pozos más profundos.

Eso dijo Vargas Llosa en su discurso de entrada en la Real Academia

Lo suscribo porque es un potencial increíble y mi primera fuente de satisfacción diaria.

Nos entrenan en este primer mundo occidental en la racionalidad cartesiana que posibilita el progreso, pero el precio que paga el mundo desarrollado por ello es alto y se traduce en enfermedades mentales.

Se olvidan en la educación infantil de entrenar la otra mitad de nuestro ser, que es la salvaje y la más civilizada, que nos hace más intuitivos y empáticos.

Einstein decía que no entendía como seguía teniendo curiosidad después de haber terminado la Universidad.

La imaginación parece que tiene mala prensa, no lo entiendo, porque si algo alimenta el anhelo es la fantasía.

Y como decía Adriano, el ser humano es una mezcla entre nubes y líquidos en tránsito.

La imaginación me hace ser curiosa y me recuerda la dicotomía de Quinto Horacio Flaco de docere et delectare, de aprender divirtiéndome.

Si de algo presumen los diseñadores en esta época postindustrial es de creativos (me chirria el oido ese autobombo).

Y digo yo ¿de verdad no sabe nadie que sin imaginación un científico no tendría su instrumento más importante?

Y no digamos un empresario.

Pero además la imaginación hace que seamos gestores de nosotros mismos.

A mí me alegra la vida cada día el reinventarme, aunque siempre sea la misma.

La imaginación es la clave para una vida armónica, porque el secreto está en nosotros, no en los demás, lo que buscamos está dentro.

El pensamiento lógico, no es tan importante o si lo es debería ocupar el lugar que le corresponde que es el de la funcionalidad.

Nos hace rígidos e insensibles, nos priva de la capacidad de innovar de fantasear, que digo yo, de ser felices.

Quizás sea producto del boom de las tecnocracias del pasado.

Cada persona posee pasiones y sus propias áreas en las que destaca, y en todas ellas, la imaginación es el factor poético, el añadido.

A través de ella se proyecta la individualidad y se fija aquello que nos hace únicos.

Si solo existiera conocimiento, la inteligencia artificial ganaría.

Pero es la imaginación la que hace avanzar el mundo, la que permite que surjan nuevas vías.

Además, la imaginación es el factor determinante que posibilito la evolución humana.

A mí me sirve para viajar y me cuesta menos y además la imaginación y no la inteligencia es lo que me hace humana y cercana a los demás.

La que me divierte en tiempos de bonanza y me permite adaptarme adversidad para salir indemne.

No hay flaco feliz, que decía Shakespeare

Sugerencia de escritura del día
¿Hay alguna cita que describa tu vida o sobre la que pienses a menudo?

 Quizás sea porque este a dieta ahora, suspiro como una enamorada.

No es estricta, ni me la ha puesto nadie, estoy intentando racionalizar la comida comiendo una vez al día.

Quizás porque este de moda la autofagia o quizás porque no me guste verme con la ropa demasiado ajustada.

El caso es que cada año, cuando salgo del invierno, suelo hacer algo parecido, pero me gustaría creer que lo que hago ahora va a permanecer en el tiempo.

Mi amor por el dulce es tan grande que le he puesto freno, porque empieza a ser adicción (con gran dolor de mi corazón porque me encanta).

Y he de decir que lo noto en el carácter, he pasado de ser alegre, a ser la institutriz de una película de miedo.

Pero los pantalones no me los tengo que poner con calzador.

Y me produce satisfacción tener voluntad para llevar a cabo proyectos.

Pero digo yo ¿por qué no habré nacido en África donde una mujer con roscas es una bendición?

Detesto esta sociedad postindustrial hipercontroladora donde todo son cashflow.

¿Y Asia? ¿Alguien conoce un Buda flaco? Yo no. Allí la forma del cuerpo se interpreta como carácter y son tan flacos, que una mujer con curvas es alguien placida.

Quizás me equivoque de siglo. Debería haber nacido en el XIX, donde tener algún michelín era sexi.

No sé, los desafíos de mi generación han sido grandes. Había que estar guapa, tener familia, ir a la Universidad, tener profesión, carrera laboral, ser simpática, no engordar a pesar de los partos y un largo etc.

Todo en una como Fuenteovejuna.

Se trata de gestionar lo que esperas de ti misma y es agotador porque crea tensión, a fin de cuentas, la vulnerabilidad es connatural al ser humano.

La vida es incierta, impermanente, y cambia constantemente… Y la autoexigencia justamente tiene que ver con el miedo a la incertidumbre, porque una forma de intentar tapar este miedo es asumir metas difíciles de alcanzar, con el fin falso o casi imposible de querer controlar todo.

Porque la idea de progreso va unida a la de certidumbre.

Es obsesivo lo de planificar, se ha perdido el sentido épico de la existencia, algo que los emigrantes todavía mantienen y miro con envidia.

Aquí todo esta trazado de antemano y cuando nacemos solo seguimos el guión.

Quizás son las normas que se integran a lo largo de la existencia, aunque crecer pase por la autodisciplina.

O quizás en las expectativas silenciosas que los padres transmiten, quien sabe.

Esta sociedad vive atenazada por la obsesión del éxito. No se puede fallar porque todos son objetivos a cumplir, que aburrido y previsible.

Al concepto de identidad habría que darle un zapatazo rápido, porque al final somos una caricatura de nosotros mismos.

Creo que me voy a hacer un bocadillo de jamón.

La Navidad

Sugerencia de escritura del día
¿Cuál es tu festivo preferido? ¿Por qué?

De toda Europa, los españoles somos los europeos que más celebramos la Navidad (y los que mas gastamos).

De pequeña mis 3 hermanos y yo, cada año preparábamos, como en tantos hogares, un belén gigantesco y con cada año que pasaba intentábamos añadir algún efecto especial que lo singularizara.

Mi madre protestaba porque el comedor ya tenía un scalextric gigante en el suelo con el que todo el que se acercaba a la habitación sin ser avisado, tropezaba.

Por lo que el comedor, en teoría el sancta sanctorum de la casa que nunca se usaba como tal, era nuestra improvisada mesa de pin-pon, la superficie donde jugar al metrópoli, o donde mi hermano mayor, el cerebrito de los cuatro, hacia sus experimentos de química (luego se dedicó al periodismo nunca lo entenderé).

El caso es que casi con un mes de antelación a la Nochebuena, ya estábamos pensando en poner musgo, comprar nuevas luces, reparar los corderos que se nos habían caído y se le habían quedado las patas de alambre o montar un inmenso lago donde flotaran patos (que generaba cortocircuitos continuos).

No incluyo los kilos de arena que trasportábamos de la playa y que mi madre maldecía porque llenaba todo.

Obviamente la arena y el musgo eran bastante incongruentes.

El nuestro no era un belén napolitano ni lo pretendía, pero para nosotros era el mejor del mundo.

Había una fecha clave que era el 22 de diciembre, día de la lotería.

Ese día era el de la instalación del belén, en el que todo tenía que estar planificado de antemano.

Yo como mujer, en un mundo de varones y siendo la menor, solo podía aspirar a ser amanuense, obedecer órdenes de las cabezas privilegiadas de mis hermanos,  líderes indiscutibles de ese microcosmos.

Como era pequeña, no entraba en colisión, solo aceptaba.

Para cuando terminábamos, ya habían saltado los plomos más de una vez, había refunfuñado mi madre y nos había dado la corriente a todos (menos mal que era de 125).

Por la noche buscábamos nuestros instrumentos y cantábamos villancicos como un coro de ranas. Compensábamos las carencias chillando, con lo que el asunto era peor.

En ocasiones íbamos a cantar a las casas de nuestros amigos y compañeros de juego que eran vecinos, que solían acompañarnos en los graznidos.

Desde esa fecha a la llegada de los Reyes Magos de Oriente, transcurrían un par de semanas y había que tener cuidado porque los reyes se movían mientras dormíamos hacia el portal, y si nos portábamos mal retrocedían y podían no llegar con los regalos.

En esas fechas nos regalaban un pavo que parecía un avestruz de grande y que convivía con nosotros un par de días hasta que lo asesinaban cortándole el pescuezo y desangrándolo las personas de servicio de mi abuela.

Nos poníamos tan malos que cuando fuimos adolescentes le mencionamos a nuestro padre que no queríamos presenciar más horrores, y podíamos cenar coliflor gratinada.

Mi padre muy respetuoso con nosotros le comento a González Montoya, que muchas gracias por el pavo, pero que no nos regalara más que los niños se impresionaban de la muerte tan brutal.

Pero mi madre, muy cabezona, siguió comprando pavo, ahora más pequeños y rellenándolos con trufa.

Aunque nosotros preferíamos los calamares frescos rellenos, un plato que también se toma en ciudades vecinas de Marruecos a pesar de que no es muy Halal.

Cuando terminábamos de cenar solíamos ir a la Misa del Gallo.

Era una noche mágica, en la que siempre solíamos tener algún detalle.

Previamente escribíamos una carta a los Reyes Magos de Oriente explicándoles que habíamos sido personas honorables todo el año (más bien dudosos).

Esas cartas las leían en Radio Juventud de Almería y estábamos pendientes de la radio que para nosotros era como ABC New, more or less (después me entere que era del padre de Rato que estaba preso aquí).

La noche del 5 de enero, la vivía como lo más grande de este mundo, con unos nervios horrorosos que casi me impedían dormir.

Mis padres nos advertían que teníamos que acostarnos pronto, porque los Reyes tenían mucho trabajo y podían llegar a cualquier hora y si nos encontraban despiertos se marcharían sin dejar regalos.

Al día siguiente madrugábamos y conteníamos la respiración antes de abrir los regalos.

Con tres años me regalaron Tintín en el Tíbet. No sabía leer, pero me fascino y a partir de entonces me dibuje con Tintín.

Con 40 años me dieron a elegir un viaje y pedí conocer el Himalaya.

No añadí que pensaba buscar a Tintín, a Chan y al Yeti de mi infancia, por si estaban todavía por allí.

Girl Guide adolescente

Sugerencia de escritura del día
¿Alguna vez has ido de acampada?

Con 11 años entre en los Scouts de España que era sinónimo de libertad. Al principio nos reuníamos en el mundo extinto del abandonado Palacio del Marqués de Cabra del XIX

 Una preciosidad, con piano y pequeño teatro forrado de terciopelo rojo.

La hiedra del patio se había apoderado de él y lo devoraba. La distribución espacial era el de una casa que miraba al interior, como en las casas romanas que luego hereda el Islam.

Los muros gruesos y los techos altos eran una bendición para una ciudad en el desierto.

De allí pasamos al un local céntrico frente a correos, un mamotreto del desarrollismo de los 70, que los jesuitas nos proporcionaron.

Ahora éramos Scouts cristianos de España…

Los jesuitas que había conocido en mis ejercicios espirituales, eran cultísimos y cosmopolitas, pero el que teníamos aquí era un horror, parecía un soldado monje del medievo, fanático y gris.

Había otro hermano que aporreaba el piano las 24 horas del día y era una tortura.

Estaba adscrita a la patrulla de las panteras. Era Bagheera del Libro de la selva de Rudiard Kipling, y llevaba una bandera con un palo de madera de fresno.

Un día me fui a los astilleros que había a la entrada de la ciudad y me regalaron troncos y maderas y con eso confeccionamos una inestable mesa y asientos.

Solíamos salir los fines de semana a cortijos cercanos de alguna de las que componíamos el grupo.

Mi vida consistía en madrugar, ponerme debajo el equipo de gimnasia para entrenar a balonmano una hora antes de rezar el rosario, para luego entrar a clase.

Los fines de semana consistían en marcharme pronto para jugar un partido, vestida con el equipo de gimnasia, con una mochila a la espalda, que llevaba ropa y una tienda de campaña, un saco de dormir, comida más unas botas de monte.

Si alguien faltaba en el grupo de volei o baloncesto, por supuesto la sustituía.

Después jugaba mi partido de balonmano, que más bien parecía rugby porque nos echábamos al campo a por todas y ganábamos sí o sí.

Cuando terminaba más muerta que viva, me cambiaba de ropa y andaba kilómetros cargada como un borrico, hacia el cortijo donde habíamos quedado.

Allí volvíamos a hacer actividades físicas como explorar la zona.

Antes tenía que colocar la tienda y después de tensar los vientos con el piolet, tenía que hacer una zanja alrededor por si llovía no nos comiéramos el agua.

Aquí no llueve nunca, pero era el protocolo. Las tiendas eran de lona y cuando hacía calor se nos metían todos los insectos del mundo y más.

En una ocasión compre un aparato de ultrasonidos que fue la solución. Después me he enterado que se usa en los museos contra las termitas, ratas, carcoma etc.

Yo me lo lleve un mes a la India para los mosquitos y fue efectivo.

Después de los scouts heredé una tienda de mis hermanos, que pensaba estaba bien, hasta que me fui a Suiza con dos niñas muy pequeñas y tuve que dormir 1 noche en un camping de Ginebra.

La tienda estaba agujereada por el tiempo, y allí si llovía, pero estábamos tan cansados que nos quedamos durmiendo los cuatro, y amanecimos dentro de una piscina…mi marido que odiaba acampar, me maldijo.

Al día siguiente llegamos a la casa que alquilamos en el cantón de Aarau con 10 vacas en la parcela y pasamos un mes viajando por el país (Suiza es muy pequeña).

Es la última vez que acampe. Después de eso me compre un saco de dormir y de vez en cuando pernoctaba en el suelo como cuando era adolescente y lo bueno está por llegar.

Hoy tengo otro y lo sigo haciendo.

Nubios, Dinastia XXV

El legado de la vigesimoquinta dinastía de faraones está siendo rescatado del silencio al que se había visto abocado por una historia intencionadamente mal contada.

Ahora, el trabajo de investigadores e instituciones recupera el esplendor que siempre mereció.

Restos arquelógicos de Musawwarat en Nubia. Fotografía: Getty

Egipto siempre nos ha fascinado por su increíble cultura, historia, monumentos o religión, dejando en el olvido otra no menos fascinante y sorprendente civilización que se desarrolló a la par que la egipcia, la civilización del pueblo del África negra de Nubia, del Kush bíblico, pero que por circunstancias geográficas, climáticas e históricas quedó enterrada y olvidada en las ardientes arenas del desierto nubio durante miles de años.

Hoy está viendo la luz, revelando sus admirables secretos, gracias al ingente trabajo y al esfuerzo de arqueólogos y organizaciones como la UNESCO que pretenden salvarla de las aguas de la presa de Asuán.

El arqueólogo suizo Matthieu Honneger, que ha dirigido numerosas excavaciones en la zona y es una de las referencias mundiales en cultura kushita. Fotografía: Getty

El territorio más al sur de Egipto histó­ricamente fue siempre propicio para el misterio y la leyenda: era el reino de donde procedían el oro, los productos exóticos, los temibles ­guerreros armados con sus arcos, el país de la gente negra, de los etíopes.

En la modernidad al territorio situado entre la primera catarata, en Asuán, y Jartum, donde convergen el Nilo Blanco y el Nilo Azul, se le conoce como Nubia.

Ruinas de la fortaleza de Buhen, en Nubia, antes de ser cubierta por las aguas del Nilo tras la construcción de la gran presa de Asuán. Foto: UNESCO (CC BY-SA 3.0 IGO)

Aunque hoy se encuentra dividida entre dos países, Egipto y Sudán, la antigua Nubia formaba un estado homogéneo e independiente, tenía sus propios gobernantes, costumbres, religión y cultura, aunque con el paso del tiempo la influencia egipcia se intensificó y prácticamente la absorbió.

Exterior of one of the ancient Nubian tombs at El-Kurru near Karima, Sudan. A stariwell angles down into the sand to a tomb with two small rooms. The tombs here date from circa 1000 BCE. Most of the pyramids and tombs have been destroyed, but you can still visit the tombs of Pharoah Tanutamen and his mother, Qalhata.

Para muchos historiadores, arqueólogos y estudiosos de la cultura egipcia es muy relevante conocer o descubrir que una de las civilizaciones más antiguas de la humanidad tuvo su nacimiento y desarrollo en el mismo corazón de África, al sur de Egipto, y que sus creadores tienen rasgos negroafricanos, pelo rizado, piel oscura y labios gruesos, aunque en los bajorrelieves de la época siempre aparezcan infravalorados bajo la zapatilla del faraón de turno.

Un grupo de prisioneros nubios representados en un relieve del templo de Abu Simbel.

Foto: iStock

Lo que conocíamos de ellos es lo que nos contaron egipcios y griegos, aunque ahora la arqueología y recientes descubrimientos han ayudado a poner en su sitio la gran importancia de esta olvidada civilización africana.

Espejo de bronce procedente de Semna, en Sudán. Museo de Khartum.

Este increíble pueblo africano de artesanos y comerciantes, de finos orfebres y fieros guerreros muy duchos en el uso del arco, fue capaz de rivalizar con el todopoderoso vecino del norte, enemigo y conquistador, crear su propia civilización y, siglos mas tarde, ser capaz de doblegar y gobernar el potente reino egipcio durante 70 años.

Un mapa minero de hace 3000 años

Unos faraones de piel oscura, venidos del sur, del mítico país de Kush, llegaron al norte. Eran los faraones de la dinastía XXV o Kushita, originaria de la ciudad-estado de Napata, que se extendió entre los años 747 y 664 a. C., la única que no aparece reflejada en los paneles de mármol de la entrada al Museo Egipcio de El Cairo.

La frontera sur de Egipto. En el Imperio Antiguo, el límite entre Egipto y la Baja Nubia se situaba en Asuán, a la altura de la primera catarata del Nilo. El enclave actuó como centro de redistribución del oro procedente de tierras del sur.

Al sur de la tercera catarata del Nilo se encuentra la ciudad de Kerma que fue un brillante centro comercial entre el norte de Egipto y el reino de Kush, a la que acudían los comerciantes egipcios princi­palmente en busca del codiciado oro.

Bajo estas líneas se muestra el pie de uno de los ataúdes del faraón Tutankhamón, en oro, que está decorado con una diosa Isis que extiende sus alas y aparece arrodillada sobre el símbolo del oro. Museo Egipcio, El Cairo.

Kush era conocida por los egipcios como la tierra del oro, tan apreciado por los faraones, aunque también se comercializaba con metales, ganado, animales y pieles exóticas, maderas de toda clase, plantas aromáticas, incienso, cerámica y esclavos.

El interés de Egipto por el reino de Kush era básicamente material.

Las esculturas de Taharca y Tanutamon, dos de los faraones de la XXV dinastía, fueron descubiertas en julio de 2004 en Kerma. Fotografía: Getty

Kerma

La ciudad de Kerma estaba rodeada de murallas, pero lo mas significativo es que allí se encuentra una de las edificaciones mas antiguas y enigmáticas de todo el mundo y, sin lugar a dudas, de África: se trata de un edificio enorme de adobe, con una planta cuyos lados tienen 50 y 25 metros, y unos 18 metros de altura.

Oro para los faraones. Una embajada nubia ofrece aros de oro al faraón Tutmosis IV. Escena pintada en la tumba del oficial Sobekhotep. Museo Británico, Londres.

De gran complejidad constructiva –comparable a las pirámides–, es conocido por los lugareños como Deffufa, que significa monolito de ladrillo.

Para propagar el culto a los dioses egipcios, Ramsés II hizo construir seis templos en Nubia. Entre ellos se contaba el de Wadi es-Sebua, provisto de una avenida o dromos flanqueada por varias esfinges.

Lo sorprendente de esta edificación es su antigüedad, unos 4.500 años, comparable por tanto a las primeras pirámides egipcias.

Tendríamos, por tanto, a dos civilizaciones coincidentes en la fecha de su comienzo.

Kerma

La ciudad fue excavada por el famoso egiptólogo George Reisner a principios del siglo XX.

Pero Reisner solo veía Nubia y Sudán con ojos egipcios y no podía creer que tanto la ­Deffufa como las pirámides nubias que veía a su alrededor hubiesen sido construidas por los antepasados de la gente negra –demasiado pobre e inculta– que tenía a su alrededor.

No podían haber sido ellos sino forasteros, gente de piel clara venida del norte.

El arqueólogo norteamericano fue incapaz de superar unos prejuicios racistas que, con el tiempo, se han visto superados y corregidos por numerosos estudios y nuevos hallazgos que han reconocido el valor histórico del reino africano nubio de Kush.

Como todo lo relativo al pueblo y reino de Kush, el de los faraones negros fue siempre un capítulo desconocido en la historia, pues ya los mismos faraones egipcios se encargaron de borrarlos de sus monumentos y escritos.

Esa omisión ha permanecido vigente hasta que los arqueólogos han sacado a la luz sus vestigios.

Hacia el año 730 a. C. Egipto sufrió una gran crisis política, religiosa y moral.

Cada ciudad o demarcación territorial tenía su propio gobernante, campo de cultivo para que las potencias extranjeras pescasen en aguas revueltas.

Ante el gran vacío de un poder centralizador, comunidades de origen libio se hicieron con el control del norte del país.

Es entonces cuando los influyentes sacerdotes de Amón en Karnak, viendo que su poder y privilegios estaban en peligro, llaman al faraón kushita Piye –o Pianji– para que salve la civilización egipcia de su definitiva destrucción y desaparición.

Piye no se lo piensa dos veces. Aclamado por los sacerdotes como el hijo del dios Amón –y por tanto, partícipe de su divinidad– se presenta en Tebas con un ejército formidable.

Ordena a sus soldados purificarse en las aguas del Nilo antes del combate, rociando sus cuerpos con el agua sagrada del templo de Karnak.

De esta manera, bendecidos por los sacerdotes de Amón, empiezan la guerra contra los enemigos del norte.

Piye se consideraba el legítimo sucesor de grandes faraones egipcios como Tutmosis III y Ramsés II, aunque su piel fuera algo más oscura.

En poco mas de un año, todos los gobernantes del norte habían sido derrotados y la ansiada unión política y religiosa de Egipto se había realizado. Una vez consolidado su poder y restablecida la unidad del país, Pianji se volvió a Kush cargado con su botín de guerra.

Bajo su mandato Egipto recuperó de nuevo la soberanía, el culto a Amón, sus dioses y su cultura religiosa. Cuando murió en el 715 a. C. fue enterrado, según su voluntad, en una pirámide al estilo egipcio junto a cuatro de sus caballos. Pianji fue el iniciador de la dinastía XXV, conocida como la de los Faraones Negros de la historia de Egipto.

A su muerte, su hermano Shabaka asumió el poder y puso su residencia en Menfis, desde donde tuvo que hacer frente a varios levantamientos de los libios así como al rey asirio Senaquerib que estaba atacando el reino de Judá.

En vez de ordenar la ejecución de sus enemigos, Shabaka los ponía a cavar canales de riego y diques para proteger los poblados de las inundaciones del Nilo.

Le sucedió su sobrino Taharca, hijo de Pianji. Taharca fue un temible guerrero que se enfrentó al rey asirio Senaquerib.

Aparece en el Libro de los Reyes como el salvador de la ciudad de Jerusalen y de su templo. Cuando Senaquerib cercaba Jerusalen, levantó de forma rápida e inexplicable el asedio y se marcó a su país.

¿Con qué razón actuó de ese modo? Muy sencilla: se enteró de que el temible ejército de arqueros de Taharca marchaba contra él.

Años mas tarde los asirios se vengaron y lograron echarlo de Menfis, e hicieron que retrocediese hasta Tebas y, más tarde, a Napata.

Según las estelas que han quedado, Taharca es recordado como uno de los grandes faraones de Egipto.

En el año 690 a. C. fue coronado en ­Menfis como el elegido de Amón, el faraón de los reinos de Egipto y Nubia, consiguiendo en los 26 años de su reinado llevar la paz y la prosperidad a su país.

Pero ademas de un gran guerrero, Taharca fue también un gran constructor siguiendo la senda de los grandes faraones .

En la ciudad nubia de Napata, donde se encuentra la montaña sagrada de Jebel Barkal, lugar de nacimiento y residencia del dios Amón según los sacerdotes, edificó dos templos.

En Tebas, en el templo de Karnak queda una columna gigantesca de lo que fue un templete de 10 columnas erigido por ­Taharka para honrar a Amón. Siguiendo la costumbre de los faraones erigió bustos, estatuas o capillas.

También son numerosos los conocidos cartuchos egipcios que llevaron su nombre por todo el país. Muchas de estas representaciones están mutiladas como signo para que no regresase de entre los muertos.

Tienen la nariz arrancada y la corona, el uraeus, destrozada como rechazo a su pretensión de ser el faraón de los dos reinos.

En lo alto del pináculo de Jebel Barkal, en un lugar prácticamente inaccesible se ha descubierto un relieve que dice «Yo Taharca, el buen Dios, el rey del alto y bajo Egipto que vive eternamente, he aniquilado a los beduinos de Asia y he acabado con los habitantes del desierto de Libia».


Taharca ha sido el faraón negro mas importante de la dinastía XXV y su influencia en Egipto fue tan grande e importante que ni siquiera sus enemigos o el tiempo han sido capaces de borrarla.

Su sucesor, Tanutamani, pretendió reunificar de nuevo los reinos egipcios. Se mantuvo en el trono en Tebas durante ocho años, pero los asirios le vencieron y le obligaron a volver a Nubia, donde los reyes ­kushitas siguieron reinando durante un milenio, primero desde Napata y luego desde Meroe.

Los faraones negros de la dinastía XXV fueron los salvadores y los unificadores de los valores religiosos y culturales de Egipto en una época crítica de su historia.

Eran los hijos de Amón, garantes de la continuidad de la dinastía divina egipcia, de todas sus tradiciones y principios. Por eso lucharon contra los invasores que ponían en peligro tanto la unidad como sus valores.

Ejercieron su poder como auténticos faraones egipcios controlando la administración, la religión, a los sacerdotes y siendo grandes constructores.

Se consideraban plenamente egipcios por su cultura y religión, aunque procedentes de un ambiente étnico diferente.

Nunca se vieron como invasores sino como parte integrante de un mismo reino, el Alto y Bajo Egipto y, también muy importante, del de Kush.

(Extraido de Mundo Negro, Luis Casado, septiembre 25, 2018)

https://historia.nationalgeographic.com.es/edicion-impresa/articulos/mundo-celtas_19462

https://es.wikipedia.org/wiki/Dinast%C3%ADa_XXV_de_Egipto

https://www.lugaresconhistoria.com/nubia-egipto

https://historiaeweb.com/2017/01/02/la-xxv-dinastia-egipcia/

https://www.lavanguardia.com/historiayvida/historia-antigua/20221227/8654197/faraones-negros-sudan-adueno-egipto.html

https://historia.nationalgeographic.com.es/a/nubia_7851

Soy contradictoria

Sugerencia de escritura del día
¿Cuándo te sientes más productivo?

Adoro las mañanas, pero amo la noche.

Soy más lista recién despierta, pero me concentro mejor por la noche, porque no hay ruido ni tiranía horaria.

De tal manera que en función de lo que tenga que resolver lo hago a una hora u otra.

Al vivir en un país muy agrario, noto que la gente en su mayoría todavía da mucho valor a la repetición, a madrugar, al trabajo físico…muy cuartelero el asunto, porque se reproduce hasta la saciedad el mismo patrón.

Obviamente no hay que generalizar, porque depende de las aspiraciones personales o profesionales de cada cual, pero quizás hoy día es más interesante aplicar la imaginación para controlar el destino porque las demandas son otras.

El ocio es necesario decían los griegos, de hecho, lo encuentro inspirador y se me ocurren más cosas cuando estoy relajada sin hacer nada que cuando lucho por ser productiva.

Ahí noto un gran salto con las sociedades industrializadas que nos encuentras ociosos a los que no lo somos y no es casualidad que el arte emerge mas aquí, entre otras porque no somos autómatas y no estamos tiranizados por los horarios.

Para trabajar el norte y para vivir el sur.

Cnosos, el palacio del minotauro

Arthur Evans dedica 30 años a investigar Cnosos, desde 1900 a 1930, tiene 48 años cuando empieza y 78 cuando termina.

En 1882 Arthur visita a Schliemann con una carta de recomendación, por aquel entonces ya había descubierto Troya. Lo que más le atrae de su encuentro con Schliemann son los objetos micénicos que éste tenía.

En 1900 emprende un trabajo de excavación que le lleva 30 años desde 1900 a 1930, deteniéndose entre 1915-1921 por la I Guerra Mundial, tiempo que dedica a escribir sus 4 volúmenes El Palacio de Minos con los resultados sobre las excavaciones y su teoría sobre la civilización minoica.

El gran Palacio tiene 20 kilómetros cuadrados y la isla en total otras 4 zonas de palacios más pequeños. Evans calcula que su población debió rondar los 80.000 habitantes.

El palacio en torno a un patio central posee cañerías de terracota, suministros de agua, teatro, molinos de grano, habitaciones para elaborar vino y aceite y un gran almacén, además de sistema de ventilación de paredes, lugares de culto y pequeños santuarios.

En cuanto a la finalidad de los edificios del palacio sigue siendo una incógnita. Parece ser que pudieran tener una función de tipo administrativo. Y es que Cnosos no puede considerarse un palacio, sino todo un núcleo urbano.

No se puede olvidar las más de 3000 tablillas con inscripciones que se hallan, las llamadas Lineal A y Lineal B e ideogramas. Éstos últimos aún están por descifrar.

El arquitecto inglés Michael Ventris descifra el lineal B en 1952; del lineal A sólo se ha podido descifrar una pequeña parte, contemporáneo del lineal B. Con ella comparte 55 caracteres.

Hoy en día sería impensable que un sólo hombre tomara tantas decisiones sobre un hallazgo así. Pero Evans, que viene de familia aristocrática, compra el terreno de Cnosos, se financia con su propio patrimonio e investiga con aciertos y errores.

Mientras acierta en la evolución y estatigrafía histórica, se puede decir que falla por completo en la reconstrucción del palacio, basado en una estética modernista.

Arthur Evans y el descubrimiento de Cnosos (supercurioso.com)

https://historia.nationalgeographic.com.es/a/descubrimiento-cnosos-fabuloso-palacio-minotauro_18699

Kennedy, muerte en Dallas

Sentados en un coche con la capota abierta, John Fitzgerald Kennedy y su esposa saludan a los ciudadanos de Dallas. No pueden ni imaginar que, durante esa mañana lluviosa del 22 de noviembre de 1963, alguien les apunta con un rifle.

recorrido limusina dallas

Probablemente el crimen que más teorías conspirativas genera en la historia. Y eso es, en parte, porque, sesenta años después, el caso sigue envuelto en dudas…

El 22 de noviembre de 1963, Lee Harvey Oswald, de veinticuatro años, va a trabajar al depósito de libros de Texas, en Dallas. Hacía un mes, más o menos ha conseguido aquel trabajo, y su jefe esta contento con él.

Pero ese es el último día que sus compañeros de oficina ven a Oswald. Porque, ese día, él tiene una misión que cumplir que cambia su destino. Esa misión es asesinar al presidente de los Estados Unidos de América; asesinar a Kennedy.

 Lee Harvey Oswald nace en Nueva Orleans, en 1939, y llega al mundo con una mano de cartas poco afortunada.

Su padre muere dos meses antes de que naciera él, y su madre es una mujer distante y egocéntrica, incapaz de mostrar afecto por sus hijos.

Oswald crece en un entorno inestable, y quizá por ello es un niño introvertido y temperamental, con carencias afectivas graves, y que no acepta la auutoridad.

Según el psiquiatra que lo trata en su infancia, Oswald tiene tendencias pasivo-agresivas con trazos esquizoides, e intentaba compensar la frustración que siente fantaseando sobre la idea de tener un gran poder en sus manos.

Tras una adolescencia complicada en la que pasa por doce centros escolares distintos, Oswald decide alistarse en los marines.

Es en esta época cuando aprende a disparar. Oswald se convierte en un buen tirador, pero sigue teniendo problemas con la autoridad.

Su comportamiento rebelde le hace ganarse dos consejos de guerra. Durante estos años, Oswald empieza a interesarse por la política, y a leer sobre comunismo. Incluso aprende algo de ruso por su cuenta.

Su fascinación por la Unión Soviética lo lleva a dar un cambio de rumbo a su vida: con diecinueve años, Oswald decide dejar los marines, renunciar a su pasaporte estadounidense, e irse a la URSS para convertirse en ciudadano soviético.

No consigue que las autoridades soviéticas le den la nacionalidad, pero sí le ofrecen un trabajo en Minsk (Bielorrusia). Oswald acepta.

Pero la vida al estilo soviético no es tan emocionante como Oswald espera. El aburrimiento de la rutina y la falta de ofertas de ocio hacen que, al cabo de dos años y medio de instalarse en Minsk, Oswald decida que ya había tenido suficiente. Recupera su pasaporte estadounidense y vuelve, acompañado de su esposa, Marina Prusakova.

Oswald y Prusakova se habían conocido en 1961, se habían casado y habían tenido una hija. Ahora los tres van a empezar una nueva vida en Dallas, Estados Unidos.

Oswald deja la URSS, pero no sus ideales políticos. A principios de 1963, Oswald compra por correo un revólver y un rifle con mira telescópica.

En abril de ese año, el ex general Edwin Walker, un ultraderechista y anticomunista reconocido, recibe un disparo en su propia casa.

Alguien le dispara desde fuera, a través de la ventana. Oswald nunca llega a ser detenido por este intento de homicidio, pero la investigación posterior apunta a que era el sospechoso número uno.

Poco después, Oswald se pone en contacto con el Fair Play for Cuba Comittee, un colectivo activista en favor de Fidel Castro establecido en Nueva York.

Entonces, decide montar una sede de la organización en Nueva Orleans y distribuir panfletos pro-Castro allí. Más tarde, Oswald viaja a Ciudad de México.

Según la investigación posterior, el plan de Oswald es conseguir allí un visado para viajar a Cuba, y, una vez allí, volver a la URSS.

Después de varios días yendo de consulado a consulado, discutiendo con funcionarios cubanos, le deniegan el visado.

Mientras tanto, la rama del FBI de Dallas se entera de que Oswald ha estado en contacto con la embajada soviética en México.

Sospechan que pueda ser un espía de la URSS y empiezan a vigilarlo. 

En otoño de 1963, John Fitzgerald Kennedy lleva casi dos años ejerciendo de presidente del gobierno de los Estados Unidos, y se está preparando para su próxima campaña presidencial.

Todavía no ha anunciado su candidatura oficialmente, pero se da por hecho que lo haría, y el propio Kennedy confia en que sería reelegido.

En noviembre, Kennedy empieza a planificar su agenda de campaña.

El presidente tiene especial interés en conseguir buenos resultados en Texas y Florida, así que decide visitar estos dos estados ese mismo mes. Kennedy esta preocupado por si no consigue suficiente apoyo en Texas.

El partido demócrata de allí esta en tensión constante debido a las luchas internas entre sus líderes, y Kennedy piensa que su presencia ayudaría a calmar las aguas y cohesionar el partido de cara a las elecciones.

El presidente también sabe que un grupo de extremistas pequeño pero ruidoso estaba causando problemas en Texas, y seguramente se haría notar durante su visita.

Pero no le importaba. Kennedy parece encantado de dejar Washington por unos días y salir a dar discursos y estrechar manos.

Además, su esposa lo acompañaría en su tour. Esta es la primera aparición pública Jacqueline Kennedy desde la muerte de su hijo Patrick, que fallece en agosto de ese año, poco después de nacer. Los Kennedy se estan recuperando del disgusto, y el viaje les ayuda a distraerse y recuperar el ánimo.

El 22 de noviembre de 1963 amanece bajo la llovizna en Fort Worth, una ciudad a unos cincuenta y dos kilómetros de Dallas. Pero la lluvia no impide que varios miles de personas esperen a los Kennedy en el aparcamiento del hotel donde se alojan.

El presidente sale a saludar a la multitud y da un pequeño discurso. Elogia la fortaleza de corazón de los habitantes de Fort Worth, les agradece su presencia, y bromea sobre su esposa:

La señora Kennedy está arreglándose. Hace que nos demoremos, pero después está mucho más guapa que nosotros, claro.

Kennedy también habla de la necesidad de Estados Unidos de ser un país líder a nivel militar y espacial, del crecimiento de la economía, y de la voluntad de los ciudadanos de asumir la carga que conlleva el liderazgo.

El público presente le da un aplauso cálido, y Kennedy se acerca a saludar a la gente, entre un mar de sonrisas.

La comitiva presidencial toma un avión a Dallas. Media hora después, los Kennedy desembarcan y se acercan a saludar a la muchedumbre reunida junto a la pista de aterrizaje. La primera dama recibe un ramo de rosas rojas.

Después, la pareja se dirige al coche descapotable donde la esperan el gobernador de Texas, John Connally, y su esposa Nellie. Ya no llueve, así que el conductor había retirado la capota. Curiosamente, el coche era un Lincoln. 

Según estaba previsto, la comitiva presidencial ira al Trade Mart de Dallas, una especie de salón de exposiciones; una vez allí, Kennedy daría otro discurso.

El coche de los Kennedy va precedido de otro, y seguido de unos diez más, que llevan a altos cargos del gobierno, como el vicepresidente Lyndon Johnson, agentes secretos, autoridades locales, y personal de prensa.

No todos los días se ve al presidente de los Estados Unidos y a la primera dama en el centro de Dallas. La visita de los Kennedy es todo un acontecimiento, y así lo vive la gente local.

Se calcula que unas doscientas mil personas se agrupan a lo largo de los dieciséis kilómetros de trayecto que recorre la comitiva presidencial. 

La procesión de coches avanza despacio, la muchedumbre vitorea al presidente y la primera dama, y ellos responden con saludos y sonrisas.

La esposa del gobernador de Texas, que esta sentada delante de Jacqueline Kennedy, se gira y dice:

Señor presidente, no se puede decir que Dallas no lo quiere.

A lo que Kennedy contesta, satisfecho:

“No, no se puede”.

Hacia las doce y media del mediodía, el coche de Kennedy gira desde una de las calles principales de Dallas, para continuar el recorrido por la calle Elm, bordeando la plaza Dealey… y pasando por delante del edificio que alberga el depósito de libros de Texas, donde Lee Harvey Oswald trabaja.

Segundos después, cuando el coche ha pasado el edificio varios metros, se oye un disparo. Según el informe redactado por la Comisión Warren, que es creada para investigar el suceso, la bala atraviesa el cuello de Kennedy, entrando por la nuca y saliendo por su garganta; después, rebota en el hombro y en la muñeca del gobernador Connally, y finalmente va a parar a su muslo.

Segundos después, otra bala alcanza a Kennedy, esta vez en la cabeza. Jacqueline Kennedy declara que, en ese momento, puede ver el cráneo de su esposo. Entonces, lo abraza, y, meciéndolo, dice:

Oh, Dios mío, han disparado a mi marido. Te quiero, Jack.

Kennedy es trasladado al hospital más cercano a toda velocidad. Al llegar allí, respira con mucha dificultad y a base de espasmos, y su cara tiene un aspecto entre blanco y azulado. Sus ojos estan abiertos; sus pupilas, dilatadas.

Los médicos que lo tratan detectaron dos heridas de bala: una pequeña, en el cuello, y otra más grande y grave, en el cráneo. Viendo que le cuesta respirar, le intuban la tráquea. Al cabo de unos minutos, intentan palparle el pulso femoral, pero no lo encuentran.

Los médicos que lo trataron detectaron dos heridas de bala: una pequeña, en el cuello, y otra más grande y grave, en el cráneo

En un intento desesperado de ayudar a Kennedy a respirar, le hacen una traqueotomía y le administraron hidrocortisona.

Después, le insertan tubos en el pecho para facilitar el drenado de sangre y aire, y le hacen un masaje cardíaco. Pero el esfuerzo es en vano.

Ante su falta de respuesta neurológica, muscular, y cardíaca, los médicos concluyeron que no pueden hacer nada por revivir al presidente.

La herida del cuello es tratable, pero la de la cabeza es fatal. Aproximadamente media hora después de recibir el disparo, Kennedy recibe la extremaunción y es declarado muerto. 

Después de disparar a Kennedy desde la sexta planta del depósito de libros, Lee Harvey Oswald sale del edificio, y se abre paso en medio de la multitud.

Entonces, toma un autobús y un taxi, y vuelve a la casa de huéspedes donde ha dormido.

A cabo de un rato se va de la casa, y, sobre la una y cuarto del mediodía, se encuentra con el oficial de policía J.D. Tippit.

Tippit ha sido alertado del atentado, y sabe que el sospechoso es un varón de raza blanca, delgado, de aspecto militar, y unos treinta años.

Cuando Oswald ve que Tippit se dirige hacia él, intuye que el agente lo había reconocido, así le dispara varias veces con un revólver. Tippit muere minutos más tarde.

Oswald continua caminando por la calle, intentando actuar con naturalidad. Pero cuando oye las sirenas de los coches de policía cerca, no puede disimular su nerviosismo.

Cada vez más arrinconado, Oswald entra en el Teatro de Texas en busca de refugio. El taquillero desconfia de él, y avisa a la policía. Cuando llegan los agentes, Oswald intenta resistirse, pero no tiene nada que hacer. Era el principio del fin de Lee Harvey Oswald.

En hora posterior al atentado, los ciudadanos de Estados Unidos reciben la noticia de la muerte de Kennedy.

En medio de la conmoción por el asesinato, el drama de la búsqueda y captura del sospechoso ha puesto en alerta a todo Dallas.

En su huida, Oswald es descuidado: momentos después de que suenen los disparos, se encuentran cartuchos de bala en cerca de la ventana desde la que dispara, en el edificio del depósito de libros. Más tarde también aparece un rifle.

Cuando la policía interroga a los empleados del edificio, estos dicen que, en aquel momento, solo faltan dos personas de la plantilla; una de ellas era Oswald, que ha sido visto antes del atentado en la sexta planta.

La policía hace circular la descripción de Oswald, y es así como el oficial Tippit, primero, y el taquillero del teatro, después, lo reconocen. 

El vicepresidente de los Estados Unidos, Lyndon Johnson, teme que la URSS este tras el asesinato de Kennedy. En plena Guerra Fría, a Johnson le preocupa que el atentado sea una muestra de lo que los rusos estan dispuestos a hacer para desestabilizar el gobierno estadounidense.

Para garantizar una transición de poder rápida y efectiva, Johnson jura el cargo de presidente en el Air Force One, el avión del presidente, que traslada el cadáver de Kennedy y a su comitiva a Washington.

Johnson hace el juramento con cara larga, y acompañado de Jacqueline Kennedy, que permanece a su lado, con su traje de falda y chaqueta rosa todavía manchado de sangre. El gobernador Connally se queda en el hospital; esta herido de gravedad y necesita varias operaciones, pero sobrevive.

En su interrogatorio, Lee Harvey Oswald declaró que era inocente, y se quejó que lo estaban utilizando como cabeza de turco.

También pidió que lo representase legalmente el abogado del Partido Comunista de Estados Unidos. Pero esto nunca llegó a pasar.

Oswald pasó dos días y dos noches en una celda. Estaba previsto que en la mañana del 24 de noviembre lo trasladasen de la cárcel de Dallas a la cárcel del condado. La expectación era tan grande, que había cámaras de televisión y periodistas retransmitiendo el momento en directo.

Oswald estaba saliendo del edificio hacia el aparcamiento, rodeado de detectives, cuando, de repente, recibió un disparo en el abdomen. Así recogieron las cámaras el momento:

 El atacante era Jack Ruby, una cara conocida entre los policías de Dallas por sus problemas frecuentes con la ley. Oswald hizo un gesto de dolor y cayó al suelo enseguida.

Antes de que perdiese el conocimiento, uno de los detectives que lo acompañaban le preguntó si había algo que quisiese decirles; él negó con la cabeza.

 Oswald fue trasladado al mismo hospital donde intentaron salvarle la vida a Kennedy, y donde, igual que él, murió.

El asesinato de Lee Harvey Oswald fue recogido por el Libro Guinness de los Records como “el primer asesinato de una persona visto en televisión en directo”. Y, aunque muchos celebraron su muerte, pero lo cierto es que este nuevo crimen contribuyó a enmarañar el caso todavía más. 

Ruby declaró que había matado a Oswald por motivos, digamos, humanitarios: para ahorrarle a Jacqueline Kennedy el mal trago de tener que testificar en el juicio contra el asesino de su marido.

En marzo de 1964, Ruby fue acusado de homicidio y condenado a pena de muerte. Seis meses después, el veredicto fue anulado por testimonio ilegal.

Estaba previsto que se celebrase un juicio nuevo, pero no fue necesario: Ruby murió a causa de una embolia pulmonar, poco más de tres años después de los asesinatos de Kennedy y Oswald… y en el mismo hospital que ellos. 

Unas doscientas cincuenta milpersonas presentaron sus respetos ante el ataúd de Kennedy en el Capitolio

JFK había muerto, pero su leyenda no había hecho más que comenzar. Para su funeral se activaron los protocolos que se habían seguido en el del primer presidente de los Estados Unidos que fue asesinado: Abraham Lincoln.

Unas doscientas cincuenta milpersonas presentaron sus respetos ante el ataúd de Kennedy en el Capitolio, y el día del funeral se organizó un desfile fúnebre en carroza de caballos por las calles de Washington D.C.

Tras el funeral, en la catedral de San Mateo, el hijo pequeño de los Kennedy, John Kennedy junior, se despidió de su padre con un saludo militar. Tenía tres años.

En los meses posteriores al asesinato de Kennedy, empezó a ganar fuerza la creencia de que el crimen formaba parte de una conspiración comunista.

El ahora presidente Lyndon Johnson estaba convencido de que algo de cierto había en esto, pero no quería tomar medidas drásticas y arriesgarse a entrar en conflicto directo con la Unión Soviética o con Cuba.

Con la intención de esclarecer dudas y pasar página, Johnson creó una comisión de investigación, que hemos mencionado antes, para evaluar y verificar los hechos relacionados con las muertes de Kennedy y Oswald.

Esta comisión sería conocida como la Comisión Warren, por Earl Warren, el presidente de la Corte Suprema de los Estados Unidos, y responsable de la investigación.

Durante diez meses, la comisión investigó la autopsia de Kennedy, informes del FBI, pruebas físicas, testimonios, análisis de imágenes, y recreaciones científicas, entre otros elementos.

El informe final concluyó que Oswald había actuado solo, y que había disparado tres veces -y fallado una-. Pero esta conclusión no convenció a todo el mundo: mucha gente pensaba que había habido un segundo tirador, y algunos testigos aseguraban haber oído disparos que venían de la vía del tren cerca de la plaza Dealey, y no del edificio desde donde había disparado Oswald.

La hipótesis de que la primera bala había alcanzado primero a Kennedy y después a Connally tampoco tuvo mucha aceptación; resultaba demasiado rocambolesca, y se llegó a conocer como la teoría de “la bala mágica”.

En cuanto a Ruby, se especuló que era parte de una conspiración, y que había matado a Oswald para evitar que este delatase la trama.

También se dijo que Ruby tenía tratos con la mafia. Sin embargo, la comisión Warren afirmó que, aunque el hombre manejaba negocios turbios, no estaba involucrado en el crimen organizado.

Lejos de poner punto y final a la historia del asesinato de Kennedy, el informe de la Comisión Warren fue combustible para todo tipo de teorías conspirativas.

Muchas de ellas tienen a Cuba como antagonista. Según una de las más populares, el gobierno cubano fue el responsable intelectual de la muerte de Kennedy, cosa que Fidel Castro negó.

Otra teoría defiende que el crimen fue perpetrado por colectivos anticastristas, que estaban molestos con Kennedy por no haber apoyado la invasión de Bahía Cochinos. Estas teorías se sustentan en el interés de Oswald de visitar Cuba, y en su contacto con grupos pro Castro.

Otra teoría, que incluye a Ruby, sugiere que la mafia estaba interesada en eliminar a Kennedy como respuesta a los esfuerzos de su hermano, el fiscal general Robert F. Kennedy, por erradicar el crimen organizado.

Y hay incluso quien afirmó que el propio Johnson encargó el asesinato de Kennedy para despejar su camino hacia la presidencia del gobierno. 

En 1975, doce años después de la muerte de Kennedy, el público norteamericano empezó a revisar el metraje del momento del asesinato.

Las imágenes parecían indicar que una de las balas había sido disparada desde delante de Kennedy, y no desde detrás. Esto hacía imposible que el tirador hubiese sido Oswald, debido a su posición. La polémica estaba servida.

Además, en la misma época saltó la noticia de que la CIA había ocultado información a la Comisión Warren. A raíz de todo esto, se formó el Comité Selecto de la Cámara sobre Asesinatos (House Select Comittee on Assassinations), que investigó no solo el asesinato de Kennedy sino también el de Martin Luther King.

Tras revisar las pruebas, este comité confirmó que no se podía demostrar que ni la URSS ni Cuba estuviesen implicadas en el crimen, pero reveló una prueba crucial: una grabación de sonido captada por el micrófono de un policía en la que se oían cuatro disparos, tres de Oswald y uno de otro tirador posicionado en una zona ajardinada de la plaza Dealey.

Basándose en esta prueba acústica, el comité concluyó que hubo dos tiradores, y que el asesinato había sido, muy probablemente, producto de una conspiración.

Sin embargo, algunas voces críticas dudaban de la fiabilidad de las pruebas, y la credibilidad del comité quedó entredicho.

El estreno de la película JFK de Oliver Stone, en 1991, levantó una nueva ola de especulación sobre el caso. Entonces, el congreso creó el Assassination Records Review Board, una junta independiente que analizó, desclasificó, y publicó millones de documentos secretos sobre el asesinato de Kennedy, redactados por la Comisión Warren, el FBI, la CIA y otros organismos.

También aprobó una ley que fijaba la desclasificación de todos los documentos relacionados con el caso en un plazo de veinticinco años.

En 2017, cuando la fecha límite se acercaba, el entonces presidente Trump anunció efusivamente que la gran revelación estaba al caer.

Pero, entonces, la CIA y el FBI pidieron a la Casa Blanca que eliminase varios cientos de documentos, por el bien de la seguridad nacional.

Trump aceptó a regañadientes, pero liberó unos dos mil novecientos papeles inéditos.

Uno de ellos sugería que Oswald pensaba huir a la Unión Soviética tras el asesinato, y por eso había ido a Cuba a tramitar papeles para el viaje.

Otro documento contradice a la Comisión Warren y afirma que Jack Ruby estaba en la plaza Dealey en el momento del crimen; si esto fuese cierto, la teoría que conecta a Ruby y a la mafia podría ganar peso.

En los años siguientes el gobierno estadounidense continuó desclasificando documentos, y a finales de 2022 la Casa Blanca declaró que había liberado el noventa y sietepor ciento del total.

Tendrán que pasar varios años antes de que los expertos e historiadores revelen todos los secretos ocultos en estos documentos. 

Sesenta años después, el asesinato de Kennedy sigue despertando interés, avivando teorías conspirativas populares, y generando otras nuevas.

El gobierno estadounidense lleva décadas intentando dar una imagen de transparencia al asunto, abriendo investigaciones nuevas y desclasificando documentos.

Pero lo cierto es que cada comité o junta que ha trabajado en el caso se ha encontrado con miles de críticos, expertos y detractores, dispuestos a cuestionar hasta el último detalle de cada teoría.

Y es que el asesinato de Kennedy, el crimen político más famoso del siglo veinte, sigue siendo, y será, una fuente inagotable de dudas, polémica y especulación.

https://historia.nationalgeographic.com.es/a/muerte-en-dallas-kennedy-drama-y-misterio_19224

https://historia.nationalgeographic.com.es/multimedia/asesinato-kennedy-minuto-a-minuto-video-interactivo_15871

https://www.history.com/news/why-the-public-stopped-believing-the-government-about-jfks-murder

Paloma Picasso quiere que se juzgue a su padre solo por su arte

‘Paloma en azul’, uno de los retratos que Picasso hizo de su hija Paloma SUCESIÓN PICASSO

La hija del artista desvela la cara más íntima y personal de su padre. Puso su trabajo por delante de todo, pero no hay ningún reproche

Paloma Picasso, en Miami, en una imagen de 2016 GETTY

Vive a caballo entre Lausana y Marrakech, y viaja mucho a Nueva York, donde vive su madre, Françoise Gilot, a sus 101 años. Esta fue la única mujer que huyó de  Picasso con quien tuvo dos hijos: Claude y Paloma.

Picasso en la Californie, en Cannes, pintando con sus hijos en la mesa

Amiga de Warhol, musa de Lagefeld, de Yves Saint Laurent, Paloma Picasso (Vallauris, Francia, 1949) es diseñadora de joyas. Conversamos con ella vía telefónica desde Marrakech. Habla un perfecto español, pero con marcado acento francés. A sus 73 años, derrocha fuerza, pasión y mucha personalidad. De casta le viene al galgo.

Picasso y Jean Coucteau en los toros en Vallauris

—¿Cómo se gestiona ser hija de Picasso, el artista más importante del siglo XX?

—(Ríe) Como se puede…

—¿Pesa demasiado el apellido Picasso?

—Yo siempre lo sentí como una responsabilidad. Es un regalo maravilloso, pero mucha gente cree que todo es fácil si tienes el apellido Picasso. Es cierto que abre muchas puertas, pero a veces resulta complicado. Siento que tengo que ser mejor que lo que se espera de mí.

Picasso, con Françoise Gilot, y sus dos hijos, Claude y Paloma ABC

—¿Temían usted y sus hermanos no estar a la altura?

—Tengo un nombre, Paloma, que es muy especial, tiene una gran connotación (la paloma de la paz). Y el apellido conlleva también cierto peso. Todo ello ha condicionado quién soy.

—Dicen que ha heredado de su padre su fuerza.

—Sería pretencioso decirlo. Me sentía muy cercana a mi padre. Yo era la más pequeña de sus hijos. Me trató siempre con mucho cariño. Como era una niña muy tranquila, me dejaba quedarme a su lado mientras él pintaba. Era capaz de permanecer callada, sin abrir la boca, durante horas. Me daba papel y lápices para que dibujara.

 —¿Qué recuerdos tiene de él?

—Claude y yo pasábamos con él todas las vacaciones. Era muy divertido con los niños. Más difícil, supongo, era la relación con los adultos. Le fascinaba la inocencia de los niños. Siempre me sorprendió cómo podía pasar de estar comiendo a dibujar sobre la mesa. En menos de un segundo estaba totalmente inmerso en su trabajo.

«Nunca tuve un reproche. Sabía que era pintor y tenía mucho respeto por su trabajo»

Los Reyes Don Juan Carlos y Doña Sofía, con parte de la familia Picasso (Paloma, a la izquierda, vestida de negro) y el entonces presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero, en la inauguración de la exposición ‘Picasso. Tradición y vanguardia’, que tuvo lugar en 2006 en el Prado y el Reina Sofía 

—¿Era un buen padre? ¿Tiene algún reproche que hacerle?

—No, nunca tuve un reproche. Sabía que era pintor y tenía mucho respeto por su trabajo.

—¿Puso el arte por delante de todo lo demás?

—Sí, pero me parecía bien, justo. Para mi madre también su arte era lo más importante. Eso no quiere decir que no se ocupara de nosotros.

—¿Cómo recuerda el 8 de abril de 1973? Usted tenía 23 años.

—Fue un poco difícil, porque en esos momentos no lo veía. Lo supe por la radio, pero yo sabía que iba a pasar. No me sorprendió tanto.

—No poder despedirse de su padre debió ser muy duro. ¿Se lo ha perdonado a Jacqueline? [Al parecer, su última esposa fue quien lo alejó de sus hijos]

—Fue por decisión de Jacqueline, sí, es así. Maya, Claude y yo hablamos con Paulo [primogénito del artista]. Él dijo que habría querido dejarnos entrar, pero que Jacqueline estaba en un estado que no había modo de convencerla.

—Picasso sigue siendo hoy un muerto muy, muy vivo…

—(Ríe) Sí, totalmente, eso le daría mucho placer. Está cada día más joven, se podría decir.

—¿Admira más a Pablo, el padre, o a Picasso, el artista?

—Siempre fue las dos cosas para mí. Desde muy chiquita noté que la gente lo veía como el más grande maestro del siglo XX.

Paloma Picasso (centro), junto a Carmen Giménez, y Josef Helfenstein, director del Kuntsmuseum de Basilea, en la inauguración de la exposición ‘Picasso-El Greco’ en el museo suizo, que comisarió Carmen Giménez 

—¿Le hacían la pelota en el colegio por ser hija de Picasso?

—Sí, a veces resultaba un poco pesado. Pero, bueno, una sabe que no puede soñar con que no sea así. O sea, mejor aceptarlo.

—¿Hay alguna época u obra que le guste especialmente?

—Hay tantas cosas fabulosas… Hay periodos mejor que otros, me parece. Pero siempre hay una pintura, una escultura, las cerámicas… Al verlas, uno dice: ¡Ohhhh!, ¿cómo es posible?

—¿Cuántos retratos le hizo?

—Miles y miles. Lo impresionante es que si hablas de pinturas, él hizo más que nadie; si hablas de dibujos, grabados y cerámicas, lo mismo. Y en todo es así. Es el pintor más grande, el escultor más grande. También escribió, hizo poemas…

—Hallaba inspiración en cualquier cosa, ¿no?

—Sí. Mi hermano Claude tenía unos cochecitos con los que estaba jugando y, de repente, mi padre los cogió e hizo la cabeza de una mona con su bebé. Crecer en un ambiente así es fabuloso para un niño.

—No debía ser tan fabuloso para su madre: ser artista y pareja de Pablo Picasso…

—La gente es machista. En Europa la veían como la pareja de Picasso. Su verdadera carrera la hizo en América. Lo genial es que mi madre era muy adelantada a su época. Cuando empezaron a hablar del ‘movement liberation’ yo tenía 13 o 14 años. Decía: ¿qué están pidiendo estas mujeres? Años después entendí que lo que pedían era lo que yo veía todos los días.

—Françoise Gilot fue ‘la mujer flor’ en la obra de Picasso.

—Sí. Esa época se llama la ‘joie de vivre’. Es el final de la II Guerra Mundial. De repente, el optimismo renace, empieza la relación con ella, se van a vivir al sur de Francia… Y la cultura mediterránea toma más influencia en su trabajo. Son muy alegres las pinturas que hizo en Antibes. ¿Ha visitado el Museo Picasso de Antibes?

—Sí, me declaro una fan picassiana. Fue Matisse quien dijo que si alguna vez retrataba a Françoise Gilot lo haría con el cabello de color verde, como si fuera una planta… 

—Sí, y mi padre se puso muy celoso (ríe).

—¿Había rivalidad sana entre ellos? Debía ser de los pocos pintores a los que admiraba.

—Absolutamente. Era una rivalidad positiva. La gente a veces lo describe como algo negativo, pero no fue así. Había un respeto enorme entre ellos.

«Mi madre debía demostrar que era una persona fuerte. Por ella y también por sus hijos»

—Su madre fue la única mujer que huyó de Picasso.

—Lo hizo porque tenía dos hijos pequeños. Debía demostrar que era una persona fuerte. Por ella y también por sus hijos.

—¿Su padre llegó a perdonarle que lo abandonara?

—No tanto (ríe). No le gustó. Ella tuvo una hija con otra persona con quien se casó [Aurelia, fruto de su matrimonio con Luc Simon]. Lo peor es que era pintor. Más tarde lo hizo con Jonas Salk, un científico fabuloso.

«En ‘Vida con Picasso’, mi madre lo mostró como un hombre, no como un dios. Conociéndolo, creo que no leyó el libro»

—Su madre escribió ‘Vida con Picasso’, unas memorias en las que su padre no sale muy bien parado que digamos…

—No es verdad, no habla mal de mi padre. En realidad, el libro está dedicado a él, pero lo mostró como un hombre, no como un dios. Es mucho más fascinante que sea un hombre como todos los demás.

—¿Usted lo leyó?

—Por supuesto. Nuestra madre nos lo dio a leer. Si no, no lo habría publicado.

—¿Y su padre?

—Conociéndolo, pienso que no.

—¿Hubo un antes y un después del libro en la relación con su padre? ¿Fue el motivo del alejamiento con sus hijos?

—No, así se ha dicho siempre, pero las cosas se habían puesto un poco dífíciles justo antes.

—¿Le costó hallar su camino como diseñadora de joyas?

—Pensé estudiar arquitectura, después dije: «No, me van a matar». Así que estudié inglés, esperando tener la inspiración, y finalmente empecé a diseñar joyas. Yo era una chica muy ‘tomboy’ (chicazo), pero las joyas siempre me gustaron.

—¿Su padre diseñó joyas?

—Sí, pero solo para la familia o amigos muy cercanos. A veces cogía una piedra en la playa y la grababa. Tenía muy buena dentadura. Fue al dentista bastante tarde en su vida. Quería hacer con él algún proyecto.

—El feminismo extremo ha emprendido un linchamiento público de su padre. Piden cancelar a Picasso por maltratador, cruel, tirano, violento, despiadado con las mujeres…

—Era un poco tirano, debo decir. Pero Dora Maar, a la que se dice que hizo llorar, fue a buscarlo sabiendo muy bien dónde iba. Él era fascinante. No solo fascinaba a la gente, también a los animales. Se acercaban siempre a mi padre. Tenía un magnetismo alucinante. Nació en 1881, hace mucho tiempo. Eligió a unas mujeres que eran muy… [piensa la palabra justa]

—¿Influenciables?

—Más que eso, digamos. Pero también estuvo con mujeres como mi madre, como Dora Maar, que eran artistas. Estuvo con mujeres de todo tipo.

—Decía que fue un tirano…

—Mirando su trabajo se ve que cada mujer se vuelve parte de su obra. Decía que no sabía si encontraba a una nueva mujer porque ya estaba trabajando en esa dirección o cambiaba de dirección porque encontraba a una mujer. La mujer era parte de su materia para crear.

—¿Ve justo que se juzgue a Picasso con los ojos de hoy?

—No veo en qué sentido es interesante. Lo que uno tiene que juzgar es su arte, no a la persona. No me parece muy interesante esta cultura de estar buscando la culpa de uno, del otro… Nosotros estamos cometiendo errores que dentro de cien años nos van a reprochar.

—En junio habrá una exposición en el Museo de Brooklyn…

—No sé cómo va a salir eso…

—La comisaria es Hannah Gadsby, una cómica australiana que confesó en ‘Nanette’ (Netflix) que odia a Picasso.

—Vi el filme y lo que cuenta no me parece interesante. Ella tuvo problemas con un hombre. Bien, lo entiendo. Que no le gusten los hombres… Bien. Pero decir que un Picasso sin la firma no vale nada… No se puede tomar seriamente. Y se ataca al nombre más famoso que puede atacarse. Es cierto que mi padre era más bien macho, pero, bueno, él y tantos otros.

—Su sobrina Marina publicó hace años un libro durísimo con Picasso. ¿Fue un ajuste de cuentas con su abuelo por la muerte de su hermano Pablo?  

—Para ella fue un trauma tremendo perder a su hermano. Cada uno hace como puede. No la he visto en veinte años. Pienso que la gente cambia. Creo que está más de acuerdo consigo misma y con el mundo.

—Picasso mantuvo la nacionalidad española toda su vida.

—Sí, sí…

—¿Se sentía muy español?

—Mi padre era muy español y sobre todo muy andaluz. A través del flamenco y las corridas de toros mantenía la relación con España.

—¿Cómo se gestiona ser hija de Picasso, el artista más importante del siglo XX?

—(Ríe) Como se puede…

—¿Pesa demasiado el apellido Picasso?

—Yo siempre lo sentí como una responsabilidad. Es un regalo maravilloso, pero mucha gente cree que todo es fácil si tienes el apellido Picasso. Es cierto que abre muchas puertas, pero a veces resulta complicado. Siento que tengo que ser mejor que lo que se espera de mí.

—¿Temían usted y sus hermanos no estar a la altura?

—Tengo un nombre, Paloma, que es muy especial, tiene una gran connotación (la paloma de la paz). Y el apellido conlleva también cierto peso. Todo ello ha condicionado quién soy.

—Dicen que ha heredado de su padre su fuerza.

—Sería pretencioso decirlo. Me sentía muy cercana a mi padre. Yo era la más pequeña de sus hijos. Me trató siempre con mucho cariño. Como era una niña muy tranquila, me dejaba quedarme a su lado mientras él pintaba. Era capaz de permanecer callada, sin abrir la boca, durante horas. Me daba papel y lápices para que dibujara.

—¿Qué recuerdos tiene de él?

—Claude y yo pasábamos con él todas las vacaciones. Era muy divertido con los niños. Más difícil, supongo, era la relación con los adultos. Le fascinaba la inocencia de los niños. Siempre me sorprendió cómo podía pasar de estar comiendo a dibujar sobre la mesa. En menos de un segundo estaba totalmente inmerso en su trabajo.

«Nunca tuve un reproche. Sabía que era pintor y tenía mucho respeto por su trabajo»

—¿Era un buen padre? ¿Tiene algún reproche que hacerle?

—No, nunca tuve un reproche. Sabía que era pintor y tenía mucho respeto por su trabajo.

—¿Puso el arte por delante de todo lo demás?

—Sí, pero me parecía bien, justo. Para mi madre también su arte era lo más importante. Eso no quiere decir que no se ocupara de nosotros.

—¿Cómo recuerda el 8 de abril de 1973? Usted tenía 23 años.

—Fue un poco difícil, porque en esos momentos no lo veía. Lo supe por la radio, pero yo sabía que iba a pasar. No me sorprendió tanto.

—No poder despedirse de su padre debió ser muy duro. ¿Se lo ha perdonado a Jacqueline? [Al parecer, su última esposa fue quien lo alejó de sus hijos]

—Fue por decisión de Jacqueline, sí, es así. Maya, Claude y yo hablamos con Paulo [primogénito del artista]. Él dijo que habría querido dejarnos entrar, pero que Jacqueline estaba en un estado que no había modo de convencerla.

—Picasso sigue siendo hoy un muerto muy, muy vivo…

—(Ríe) Sí, totalmente, eso le daría mucho placer. Está cada día más joven, se podría decir.

«Desde muy chiquita noté que la gente lo veía como el más grande maestro del siglo XX»

—¿Admira más a Pablo, el padre, o a Picasso, el artista?

—Siempre fue las dos cosas para mí. Desde muy chiquita noté que la gente lo veía como el más grande maestro del siglo XX.

—¿Le hacían la pelota en el colegio por ser hija de Picasso?

—Sí, a veces resultaba un poco pesado. Pero, bueno, una sabe que no puede soñar con que no sea así. O sea, mejor aceptarlo.

—¿Hay alguna época u obra que le guste especialmente?

—Hay tantas cosas fabulosas… Hay periodos mejor que otros, me parece. Pero siempre hay una pintura, una escultura, las cerámicas… Al verlas, uno dice: ¡Ohhhh!, ¿cómo es posible?

—¿Cuántos retratos le hizo?

—Miles y miles. Lo impresionante es que si hablas de pinturas, él hizo más que nadie; si hablas de dibujos, grabados y cerámicas, lo mismo. Y en todo es así. Es el pintor más grande, el escultor más grande. También escribió, hizo poemas…

—Hallaba inspiración en cualquier cosa, ¿no?

—Sí. Mi hermano Claude tenía unos cochecitos con los que estaba jugando y, de repente, mi padre los cogió e hizo la cabeza de una mona con su bebé. Crecer en un ambiente así es fabuloso para un niño.

«La gente es machista. En Europa veían a mi madre como la pareja de Picasso. Su verdadera carrera la hizo en América»

—No debía ser tan fabuloso para su madre: ser artista y pareja de Pablo Picasso…

—La gente es machista. En Europa la veían como la pareja de Picasso. Su verdadera carrera la hizo en América. Lo genial es que mi madre era muy adelantada a su época. Cuando empezaron a hablar del ‘movement liberation’ yo tenía 13 o 14 años. Decía: ¿qué están pidiendo estas mujeres? Años después entendí que lo que pedían era lo que yo veía todos los días.

—Françoise Gilot fue ‘la mujer flor’ en la obra de Picasso.

—Sí. Esa época se llama la ‘joie de vivre’. Es el final de la II Guerra Mundial. De repente, el optimismo renace, empieza la relación con ella, se van a vivir al sur de Francia… Y la cultura mediterránea toma más influencia en su trabajo. Son muy alegres las pinturas que hizo en Antibes. ¿Ha visitado el Museo Picasso de Antibes?

—Sí, me declaro una fan picassiana. Fue Matisse quien dijo que si alguna vez retrataba a Françoise Gilot lo haría con el cabello de color verde, como si fuera una planta… 

—Sí, y mi padre se puso muy celoso (ríe).

—¿Había rivalidad sana entre ellos? Debía ser de los pocos pintores a los que admiraba.

—Absolutamente. Era una rivalidad positiva. La gente a veces lo describe como algo negativo, pero no fue así. Había un respeto enorme entre ellos.

«Mi madre debía demostrar que era una persona fuerte. Por ella y también por sus hijos»

—Su madre fue la única mujer que huyó de Picasso.

—Lo hizo porque tenía dos hijos pequeños. Debía demostrar que era una persona fuerte. Por ella y también por sus hijos.

—¿Su padre llegó a perdonarle que lo abandonara?

—No tanto (ríe). No le gustó. Ella tuvo una hija con otra persona con quien se casó [Aurelia, fruto de su matrimonio con Luc Simon]. Lo peor es que era pintor. Más tarde lo hizo con Jonas Salk, un científico fabuloso.

«En ‘Vida con Picasso’, mi madre lo mostró como un hombre, no como un dios. Conociéndolo, creo que no leyó el libro»

—Su madre escribió ‘Vida con Picasso’, unas memorias en las que su padre no sale muy bien parado que digamos…

—No es verdad, no habla mal de mi padre. En realidad, el libro está dedicado a él, pero lo mostró como un hombre, no como un dios. Es mucho más fascinante que sea un hombre como todos los demás.

—¿Usted lo leyó?

—Por supuesto. Nuestra madre nos lo dio a leer. Si no, no lo habría publicado.

—¿Y su padre?

—Conociéndolo, pienso que no.

—¿Hubo un antes y un después del libro en la relación con su padre? ¿Fue el motivo del alejamiento con sus hijos?

—No, así se ha dicho siempre, pero las cosas se habían puesto un poco dífíciles justo antes.

—¿Le costó hallar su camino como diseñadora de joyas?

—Pensé estudiar arquitectura, después dije: «No, me van a matar». Así que estudié inglés, esperando tener la inspiración, y finalmente empecé a diseñar joyas. Yo era una chica muy ‘tomboy’ (chicazo), pero las joyas siempre me gustaron.

—¿Su padre diseñó joyas?

—Sí, pero solo para la familia o amigos muy cercanos. A veces cogía una piedra en la playa y la grababa. Tenía muy buena dentadura. Fue al dentista bastante tarde en su vida. Quería hacer con él algún proyecto.

«Mi padre era fascinante. Tenía un magnetismo alucinante»

—El feminismo extremo ha emprendido un linchamiento público de su padre. Piden cancelar a Picasso por maltratador, cruel, tirano, violento, despiadado con las mujeres…

—Era un poco tirano, debo decir. Pero Dora Maar, a la que se dice que hizo llorar, fue a buscarlo sabiendo muy bien dónde iba. Él era fascinante. No solo fascinaba a la gente, también a los animales. Se acercaban siempre a mi padre. Tenía un magnetismo alucinante. Nació en 1881, hace mucho tiempo. Eligió a unas mujeres que eran muy… [piensa la palabra justa]

—¿Influenciables?

—Más que eso, digamos. Pero también estuvo con mujeres como mi madre, como Dora Maar, que eran artistas. Estuvo con mujeres de todo tipo.

«Era un poco tirano. La mujer era parte de su materia para crear»

—Decía que fue un tirano…

—Mirando su trabajo se ve que cada mujer se vuelve parte de su obra. Decía que no sabía si encontraba a una nueva mujer porque ya estaba trabajando en esa dirección o cambiaba de dirección porque encontraba a una mujer. La mujer era parte de su materia para crear.

—¿Ve justo que se juzgue a Picasso con los ojos de hoy?

—No veo en qué sentido es interesante. Lo que uno tiene que juzgar es su arte, no a la persona. No me parece muy interesante esta cultura de estar buscando la culpa de uno, del otro… Nosotros estamos cometiendo errores que dentro de cien años nos van a reprochar.

—En junio habrá una exposición en el Museo de Brooklyn…

—No sé cómo va a salir eso…

«Mi padre era más bien macho, pero bueno, él y tantos otros»

—La comisaria es Hannah Gadsby, una cómica australiana que confesó en ‘Nanette’ (Netflix) que odia a Picasso.

—Vi el filme y lo que cuenta no me parece interesante. Ella tuvo problemas con un hombre. Bien, lo entiendo. Que no le gusten los hombres… Bien. Pero decir que un Picasso sin la firma no vale nada… No se puede tomar seriamente. Y se ataca al nombre más famoso que puede atacarse. Es cierto que mi padre era más bien macho, pero, bueno, él y tantos otros.

—Su sobrina Marina publicó hace años un libro durísimo con Picasso. ¿Fue un ajuste de cuentas con su abuelo por la muerte de su hermano Pablo?  

—Para ella fue un trauma tremendo perder a su hermano. Cada uno hace como puede. No la he visto en veinte años. Pienso que la gente cambia. Creo que está más de acuerdo consigo misma y con el mundo.

—Picasso mantuvo la nacionalidad española toda su vida.

—Sí, sí…

—¿Se sentía muy español?

—Mi padre era muy español y sobre todo muy andaluz. A través del flamenco y las corridas de toros mantenía la relación con España.

«Habría querido haber vuelto a España. Es una pena, murió demasiado pronto»

—¿Le dolía no volver a pisar nunca más España?

—Habría querido haber vuelto, porque eso significaría que en España ya había libertades. Es una pena. Él murió demasiado pronto, dos años antes. Su mensaje es muy fuerte y aún válido.

—Una curiosidad. ¿Qué idioma hablaban en casa?

—Francés. Mi padre nunca me hablaba en español. Yo hablo español porque lo estudié en la escuela. Mi profesor no me creía. Mi padre solo hablaba español cuando alguien no hablaba francés, como con los toreros.

—Los toros y el mar, dos de las pasiones de su padre…

—Le gustaban los toros quizás porque eran recuerdos de su pasado en España. La muerte y el amor se mezclan en el erotismo. Son cosas extremas que a él le inspiraban mucho.

—¿Cómo era Picasso en la distancia corta?

—Muy cariñoso, muy chistoso…

—Sin embargo, su mirada debía fulminar. Intimida solo verla en las fotografías.

—Absolutamente. La gente sucumbía a su mirada.

En 2009 y en 2010, Catherine Hutin, hija de Jacqueline, abrió al público unos días el castillo de Vauvenargues, donde está enterrado su padre.

—Me invitó y yo fui.

—¿Hasta entonces no pudo visitar la tumba de su padre?

—No. Una vez fui a Aix-en-Provence; ella no estaba, le dejé un mensaje. Cuando decidió abrirlo, me invitó.

—Su hermano Claude preside la Administración Picasso, que vela por el legado de su padre. ¿Qué opina del trabajo que se está haciendo?

—Es fantástico. Con la historia del electricista [Pierre Le Gennec escondía 270 obras del artista y la familia presentó una querella] se hizo un trabajo increíble. Tomó siete u ocho años. Fue muy complicado.

—Picasso sigue siendo hoy el rey del mercado del arte.

—En su tiempo ya hacía los precios más altos. Cada año que pasa se añaden más ceros.

—¿Cuál es la principal lección que ha aprendido de su padre? ¿Ser valiente? ¿Ser libre?

—Sí. Fue valiente y libre, y por eso la gente sigue fascinada con su trabajo. Siempre hay más que descubrir. Hay pocos artistas que se ponen en cuestión toda la vida.

Picasso intimo

Lucien Clergue filmando a Picasso en Notre-Dame-de-Vie durante el rodaje de ‘Picasso, guerre, amour et paix’. Mougins, 11 de octubre de 1969 © ATELIER LUCIEN CLERGUE/© SUCCESION PABLO PICASSO, VEGAP, MADRID

El Teatro Fernán Gómez-Centro Cultural de la Villa exhibe fondos de los Archivos del Museo Picasso de Barcelona dentro de PhotoEspaña.

Los 50 años de la muerte de Picasso se han colado en la programación de museos, ferias, bienales y festivales de medio mundo. No es una excepción PhotoEspaña.

Un mes antes de que arranque su XXVI edición, la sala de exposiciones del Teatro Fernán Gómez-Centro Cultural de la Villa acoge, hasta el 28 de julio, ‘Picasso en foto. Archivos del Museo Picasso de Barcelona’.

El objetivo es acercarse a la vida y el trabajo del artista a través de los impresionantes fondos del archivo fotográfico del museo catalán, que en 2019 abrió la exposición «Picasso, la mirada del fotógrafo», donde se exploraba la relación entre Picasso y la fotografía.

El director del museo, Emmanuel Guigon, comisario de esta muestra, explica que «permite una aproximación a la figura de Pablo Picasso, el hombre y el artista, sus procesos de trabajo y la génesis del museo, con fotografía vernácula y de autor de grandes maestros como Lucien Clergue o David Douglas Duncan, contemporáneos y amigos del genio que le siguieron de cerca a lo largo de su carrera y su vida«.

Clergue y Douglas Duncan fueron dos de los célebres fotógrafos a los que Picasso abrió su entorno más privado. Otros son Brassaï, Burri, Capa, Cartier-Bresson, Doisneau, Man Ray, Arnold Newman, Edward Quinn, Herbert List, André Villers, Bill Brandt, Cecil Beaton o la propia Dora Maar, quien inmortalizó el proceso creativo del Guernica

Picasso y Clergue se conocieron el 5 de abril de 1953 en la plaza de toros de Arlés. Dos años después, el artista lo invitó a La Californie, su casa de Cannes. «Aquél fue el día más hermoso de mi vida», decía el fotógrafo francés.

Así empezó una gran amistad, que duró toda la vida.

Lo filmó en su estudio de Mougins, lo retrató en las fiestas gitanas con el guitarrista Manitas de Plata y en el taller Madoura de Vallauris, fotografió el rodaje de ‘El testamento de Orfeo’ de Cocteau… Siguió las huellas de Picasso de Barcelona a Chicago. El último encuentro fue el 24 de marzo de 1971, dos años antes de su muerte.

El norteamericano David Douglas Duncan (falleció en 2018 a los 102 años) trabajó para ‘Life’ y fue reportero de guerra durante la Segunda Guerra Mundial.

Aunque Rober Capa le había prometido presentarle a Picasso, no pudo cumplir la promesa, pues murió en la guerra de Indochina.

En 1956, durante un viaje a Cannes, se armó de valor y se dirigió a su casa para conocerlo.

Debió haber ‘feelling’, pues, a lo largo de 17 años de una estrecha amistad, pudo hacerle unas 25.000 fotografías. Y en los momentos más íntimos, relajados y divertidos del malagueño: en una bañera, bailando con Jacqueline, saltando a la comba con sus hijos Claude y Paloma dando buena cuenta de un pescado, del que solo queda una raspa; jugando con su querido perro Lump, con el sombrero de cowboy que le regaló Gary Cooper, parapetado tras la máscara de un búho…

Además de las instantáneas de Clergue y Douglas Duncan, la exposición aborda a través de fotografías, carteles, documentos, libros y grabados la creación del Museo Picasso de Barcelona, hace 60 años, gracias a las donaciones a la ciudad que hizo el propio artista y quien fuera una de las personas de más confianza de su entorno: su secretario Sabartés.

Tras su muerte en 1968, legó a Barcelona un buen conjunto de obras de Picasso, germen del museo del artista. Otras personas presentes en la muestra y que propiciaron la creación del museo son el editor Gustavo Gili y los galeristas Joan y Miquel Gaspar.

En la galería Gaspar de Barcelona hubo una muestra de Picasso en 1960, que supuso un gran éxito.

También se hace hueco a la catalogación de los grabados picassianos a cargo de Bernhard Geiser y Brigitte Baer.

https://www.lavanguardia.com/cultura/20230429/8931260/picasso-fotografia-photoespana-marina-abramovic-orlan-miralda-malick-sidibe-ouka-leele-joana-biarnes-marivi-ibarrola-bernard-plossu-circilo-bellas-artes-francesca-woodman.html

https://www.abc.es/cultura/arte/picasso-intimo-traves-mirada-fotografos-20230429004756-nt.html

https://www.timeout.es/madrid/es/arte/picasso-en-foto

https://www.larazon.es/cultura/picasso-imagenes-mas-intimas-vividor-detras-genio_20230429644c6d512e790c00019f9fa7.html

https://www.madridiario.es/album/15030/picasso-en-foto.-archivos-del-museu-picasso-de-barcelona/5/imagen.html#galeriaWrap

https://www.lavanguardia.com/vida/20230428/8930122/picasso-foto-viaje-intimidad-proceso-creativo-pintor.html