A raiz de diferentes muertes familiares, de repente, me encontre como un canal al que quitan la programacion, porque la conexion con el mundo era mi familia.
Fue como una mezcla de emociones, un amasijo informe que me desconcerto en un inicio, porque el duelo que vivi, algo que te obliga a repensarte, lejos de ser siniestro fue liberador.
Coincidio con los encierros forzosos por la epidemia de covi, en el que tuve tiempo para hacer algo que siempre habia deseado, que es leer.
He de decir que no tengo gustos definidos, lo mismo me leo Las aventuras de Tintin, a Hegel que un manual de instrucciones de un ascensor…
Pero todos me suspenden en un stand-by delicioso que me hace el día unico y la vida mejor.
A partir de esta experiencia placentera empece a descubrir que tenia tiempo para mi, para hacer lo que deseara y no hacer planes.
Podía vivir la vida como decían los ingleses del XIX, (like a traveler no like a tourist), como una viajera y no como una turista…es decir parandome donde me apeteciera.
Y ahi sigo, sin un departamento de metodos y tiempos que estimule mi productividad, sin planes, viviendo el tiempo con los ciclos lunares y no como un presente continuo.
Dando prioridad a la mitad salvaje, que en realidad es la civilizada, porque vincula e integra al entorno.
Se estima que el precio del Códice Sassoon, de principios del siglo X, podría alcanzar los 50 millones de dólares en Nueva York
Hasta 50 millones de dólares (46,7 millones de euros) estiman que puede llegar la puja el próximo mes de mayo en Sotheby’s por la más antigua y completa biblia hebrea, que data de finales del siglo IX o principios del X.
El códice Sassoon, así conocido por el apellido de su propietario más famoso, un apasionado coleccionista de manuscritos judaicos y hebreos llamasdo David Solomon Sassoon (1880- 1942),
Es el manuscrito o documento histórico de mayor valor jamas ofrecido en una subasta
Según la firma estadounidense que lo saca a la venta y en opinión de Richard Austin, podría convertirse en uno de los más caros jamás vendidos. El jefe de libros y manuscritos antiguos en Sotheby’s ha revelado además que la lista de posibles compradores es un pozo sin fondo.
El jefe de libros y manuscritos antiguos en Sotheby’s revela:
La lista de posibles compradores es un pozo sin fondo. La Biblia hebrea es el libro más influyente en la historia humana y la base de la civilización occidental, recuerda la casa de subastas. Y el Codex Sassoon, la copia más antigua y completa que ha perdurado hasta nuestros días.
Autentificado por la prueba de carbono 14 y en un estado de conservación excepcional, contiene los 24 libros de la Biblia hebrea divididos en tres partes: el Pentateuco, los Profetas y los Escritos. Solo le faltan 12 hojas, y precede a la primera Biblia hebrea completa, el Codice de Leningrado, en casi un siglo.
Los manuscritos bíblicos más antiguos que se conservan son los Rollos del Mar Muerto, datados entre el siglo III a.C. y el I d.C. Después transcurrieron casi 700 años de silencio en los que solo sobrevivieron unos pocos fragmentos de texto hasta que a principios de la Edad Media los masoretas comenzaron a compilar la Biblia hebrea, que se transmitía oralmente, y estandarizaron su texto.
A este proyecto pertenece el Códice de Alepo, compilado hacia el 930 d.C., del que solo han sobrevivido menos de 300 de sus aproximadamente 487 páginas originales. Este manuscrito, que sirvió de ejemplo para los escribas, pudo haber sido consultado por el masoreta que copió en el códice Sassoon las notas de la Masorah, los comentarios que aseguran la correcta inscripción y recitación del texto bíblico. Así lo sugiere la nota que se refiere al «gran maestro Aaron ben Moses ben Asher», un destacado erudito bíblico responsable de corregir el Códice Alepo para que coincidiera con la tradición.
Además de los relatos bíblicos recogidas en sus páginas, el Códice Sasson cuenta su propia historia a través de las anotaciones e inscripciones realizadas a lo largo de los siglos. Por estas notas se sabe que fue vendido por Khalaf ben Abraham a Isaac ben Ezekiel al-Attar, quien luego transfirió la propiedad a sus dos hijos, Ezekiel y Maimon, o que en el siglo XIII, se dedicó a la sinagoga de Makisin, en la actual Siria, y que fue confiado a Salama ibn Abi Al-Fakhr cuando la ciudad fue atacada.
Sassoon, que poseyó una de las bibliotecas privadas de manuscritos judaicos de la historia, lo adquirió en 1929 y colocó su ex libris en la cubierta interior de la encuadernación.
Artnews dice que su propietario actual es el financiero y coleccionista suizoJacob Safra, heredero de una fortuna bancaria, que vendió en 2022 dos pinturas de la artista italiana del siglo XVII Artemisa Gentileschi en una subasta en Sotheby’s Nueva York.
Según declaró Austin al New york Times un comité de expertos ha discutido su precio estimado durante dos años, teniendo en cuenta que en el códice se emplearon más de 100 pieles de animales, así como la cuidada caligrafía de un solo escriba y su excepcional valor histórico.
El Codice Sassoon podría superar los récord que alcanzaron el Codex Leiceste de Leonardo da Vinci, que fue comprado por Bill Gates en 1994 por 30,8 millones de dólares, o la primera impresión de la Constitucion de los Estados Unidos, vendida al multimillonario y coleccionista Ken Griffin en 2021 por 43,2 millones.
El fragmento de la traducción del Nuevo Testamento es visible bajo luz ultravioleta ACADEMIA DE LAS CIENCIAS DE AUSTRIA/ BIBLIOTECA VATICANA
S.C.
De 1.750 años de antigüedad, estaba oculta bajo una colección de himnos litúrgicos.
Escrita en siríaco antiguo, es anterior a los manuscritos bíblicos griegos más antiguos que se conservan, como el Códice Sinaítico, en al menos un siglo.
Muchos de los primeros escritos se escribieron en pergaminos, hojas parecidas al papel elaboradas con la piel de animal, especialmente cordero, y usadas para escribir. Debido a que este material era difícil de producir y raro, a menudo se usaba varias veces: la escritura antigua se raspaba y se sobrescribía.
Texto griego
El texto del Evangelio es diferente al que conocemos hoy. Por ejemplo, mientras que el griego original de Mateo capítulo 12, versículo 1 dice: «En ese momento, Jesús pasó por los campos de trigo en sábado; y sus discípulos tuvieron hambre y comenzaron a arrancar espigas y a comer», la traducción siríaca dice , «[…] comenzaron a arrancar espigas, restregárselas en las manos y comérselas».
El texto inicial fue escrito alrededor del siglo III, pero fue borrado por un escriba en Palestina, una práctica común porque el papel hecho con pieles de animales era escaso. La traducción siríaca se escribió al menos un siglo antes que los manuscritos griegos más antiguos que han sobrevivido, incluido el Códice Sinaítico. En total, el pergamino tiene tres capas de escritura: siríaco, griego y georgiano.
Gracias a fotografías ultravioletas, un investigador de la Academia de las Ciencias de Austria ha revelado el texto del Evangelio de Mateo en un palimpsesto.
Detalle del manuscrito. Biblioteca Vaticana.
(Un palimpsesto es un manuscrito en el que se ha borrado, mediante raspado u otro procedimiento al texto primitivo para volver a escribir un nuevo texto).
Es cuanto queda de la cuarta copia manuscrita del Nuevo Testamento en siríaco antiguo. Apenas un fragmento del Evangelio de Mateo (Mateo 11:30–12:26) que permanecía oculto al ojo humano, en la capa inferior de un manuscrito que se conserva en la Biblioteca del Vaticano. Gracias a la fotografía ultravioleta, un investigador de la Academia de Ciencias de Austria (OAW) ha logrado descubrir las líneas copiadas en el siglo VI de la traducción siríaca del griego, escrita en el siglo III.
Cuatro siglos después, en el X, un prolífico escriba georgiano, Iovane Zosime, reutilizó éste y otros antiguos pergaminos escritos en diversos idiomas, borró los textos y confeccionó un códice sobre liturgia georgiana que hoy se conserva incompleto en el Monasterio de Santa Catalina del Monte Sinai (Egipto). Un fragmento de este palimpsesto que se creía perdido fue descubierto hace unos años en un manuscrito adquirido por la Biblioteca Vaticana en el siglo XX. En él, Grigory Kessel ha conseguido ahora que las palabras originales que fueron borradas vuelvan a ser legibles. Se trata de una de las primeras traducciones de los Evangelios. Dice:
La tradición del cristianismo sirio conoce varias traducciones del Antiguo y Nuevo Testamento.
Hasta hace poco, solo se conocían dos manuscritos que contenían la traducción siríaca antigua de los evangelios.
Uno de ellos se conserva en la Biblioteca Británica de Londres y otro fue descubierto en un palimpsesto en el Monasterio de Santa Catalina. A ellos se han sumado recientemente unos fragmentos de un tercer manuscrito, durante el Proyecto de Palimpsestos del Sinaí.
Señala la Academia de Ciencias de Austria en una nota:
El pequeño fragmento manuscrito que ahora se ha encontrado puede considerarse como el cuarto testimonio textual. Usando fotografía ultravioleta, Kessel lo identificó en la tercera capa de texto, es decir, en un doble palimpsesto, en el el manuscrito Vat. Iber de la Biblioteca apostolica Vaticana.
El fragmento es hasta ahora el único remanente conocido del cuarto manuscrito que da fe de la versión en siríaco antiguo y ofrece un acceso único a la fase más temprana en la historia de la transmisión textual de los Evangelios.
(El siríaco (ܣܘܪܝܝܐ suryāyā)es un conjunto de dialectos del arameo, un idioma semítico hablado en Oriente Medio que alguna vez durante su apogeo, se habló en la mayor parte del Creciente Fertil.
El siriaco fue originalmente un dialecto arameo del norte de Mesopotamia, el cual, en su forma actual, se ha desarrollado bajo la influencia del cristianismo.
Antes de que el árabe se convirtiera en la lengua dominante, el siriaco era un idioma importante entre las comunidades cristianas del Oriente Medio, Asia Central y Kerala.
A comienzos del siglo XXI, los dialectos siriacos son hablados por aproximadamente 400.000 personas muy dispersas geográficamente; sin embargo, se encuentran localizadas principalmente en el sureste de Turquia y en el norte de Irak, así como en pequeñas comunidades de Libano, Siria, Iran, Armenia, Georgia y Azerbaiyan.
El arameo ha existido al menos desde el siglo XII a. C. y ha evolucionado con el correr de todos estos siglos; mientras que el siriaco hizo su aparición durante el período helenístico y no tuvo una escritura propia hasta el siglo después de Cristo, en el que se creo la escritura siriaca, que proviene del alfabeto arameo.
El siriaco clásico llega a ser la lengua principal de Medio Oriente desde el siglo IV d.C. hasta el VIII, así como su vehículo de transmisión cultural y religiosa del cristianismo ortodoxo, difundiéndose a través de Asia, hasta la India y el oriente de China
E incluso sirve a árabes y persas como lengua franca.
Cuantas más traducciones se descubren, más se conoce sobre el texto original de los Evangelios.
Santiago Guijarro, catedrático de Teología de la Universidad Pontifica de Salamanca, explica a ABC que los evangelios, como el resto de la Biblia, se tradujeron pronto a otras lenguas, sobre todo al latín y al siríaco. Las traducciones más antiguas a estas lenguas son la Vetus latina y la Vetus Syra.
Este manuscrito apoya una versión ya conocida de la antigua versión siríaca, la del códice Curetoniano, que es posterior. Ese es su valor. Aporta confirmación y para los estudiosos de la versión siríaca es importante, porque la Vetus Syra es la base de la gran traducción al siríaco, la Pesita, que se usó en las iglesias de Oriente, lo mismo que la Vulgata se usó en Occidente.
La traducción siríaca del siglo III, cuya existencia solo se conoce por transmisión indirecta, es decir, por citas de otras obras, se escribió al menos un siglo antes que los manuscritos griegos más antiguos que se conservan, incluido el importante Codice Sinaitico.
Los manuscritos más antiguos que se conservan con esta traducción siríaca datan del siglo VI y se conservan en palimpsestos.
Para Claudia Rapp, directora del Instituto de Investigacion Medieval de la OAW y directora científica del proyecto Palimpsestos del Sinai:
este descubrimiento demuestra lo productiva y lo importante que puede ser la interacción de las tecnologías digitales más modernas en la investigación básica al encontrar manuscritos medievales.
El Proyecto Palimpsestos del Sinaí utiliza imágenes espectrales de última generación para recuperar textos borrados de los valiosos manuscritos de la biblioteca del Monasterio de Santa Catalina, el más antiguo del mundo en funcionamiento continuo. Hasta el momento, se han descifrado 74 manuscritos.
Cada epoca de mi vida ha tenido un deporte, porque también ha tenido un entorno diferente.
Ahora vivo en un desierto encima del mar, a 4 kilometros de la ciudad, con muchas cabras salvajes que son muy dulces, (yo creo que son animales que se han escapado del paraiso), serpientes que me cagan del susto, jabalies, inteligentes y aguerridos a los que echo fruta de oferta despues de lavarla y zorros, ademas de perros silvestres que la gente abandona y que vuelven a su condicion de lobo originaria, cazando en grupo cabras y jabalies para comer.
Vivir en una esquina del universo, tiene handicaps pero tambien muchas ventajas, porque como no eres competencia para nadie eres invisible, y eso permite un entorno intacto al que saco partido con caminatas diarias, por terreno abrupto porque esto es la Penibética.
Me pego golpes porque soy atrotinada andando, y porque intento ir cada vez por caminos diferentes, tanto es asi que me pierdo, lo he hecho siempre, pero sigo las instrucciones que me daba mi padre de pequeña cuando me ocurria eso, y es que siga los cables de alta tension que a algun sitio llevan.
Me encuentro cortijos antiguos con aljibes intactos, que tienen por los lados abrevaderos para que las mulas o caballos en su tiempo bebieran agua, porque el clima de aqui es muy africano y nosotros también.
He decidido que estos lugares los voy a dibujar, porque asi los atrapare en mi interior del todo, no me extrañaria que en unos años entrara la pica y lo convirtiera en urbanizaciones de lujo, no seriamos los primeros ni los ultimos…mientras me doy el gusto de disfrutar en soledad de un paisaje unico y en soledad.
Fray Bernardino de Sahagún asegura en sus textos que cuando Cortés contempló las hordas de enemigos clamó que los españoles entre tanto escuadrón indígena eran como una islita en el mar. Una leyenda fantasiosa ubica al patrón de España junto a los jinetes que dirigió el conquistador extremeño.
En la llamada Noche Triste , el 30 de junio de 1520, Cortés y sus hombres se vieron obligados a huir desordenadamente de la capital azteca , Tenochtitlán, acosados por los aztecas, que les provocaron centenares de bajas y la mayor derrota de la Monarquía hispánica en sus primeros 50 años de conquista.
Lejos de la malintencionada imagen de la desbandada española, aparentemente provocada por la codicia de los conquistadores, más preocupados por recoger su oro que por salvar su vida– la Noche Triste fue pródiga en acciones heroicas y fue el prólogo de la batalla, una de las más desproporcionadas de la historia, que selló el destino del Imperio azteca .
Hernán Cortés, un hidalgo extremeño enviado a explorar la actual zona de México, aprovechó el odio de los pueblos dominados por el Imperio azteca para incrementar notablemente sus escasas tropas y avanzar en dirección a la capital mexica. Tras ser recibido de forma pacífica por Moctezuma II, el máximo líder azteca, el largo y tenso periodo que los españoles pasaron en Tenochtitlán , sin que pareciera que tuvieran intención de marcharse, terminó levantando al pueblo contra los conquistadores justo cuando Hernán Cortés regresaba de enfrentarse a una expedición arrojada por el gobernador Velázquez para obligarle a volver a Cuba.
La noche se tiñó de sangre cuando los aztecas se abalanzaron sobre el convoy de carros que los españoles y sus aliados tlaxaltecas formaban durante su huida de la ciudad, 600 españoles y cerca de 900 tlaxcaltecas fallecieron durante la huida o bien fueron apresados para satisfacer la interminable sed de sacrificios humanos de los aztecas.
La mayor parte de los caballos murieron –solo veinte caballos quedaron con vida– todos los cañones se perdieron y los arcabuces quedaron arruinados con la pólvora mojada. Frente a la tragedia, el cronista Bernal Díaz afirma que a Cortés « se le soltaron las lágrimas de los ojos al ver como venían ». Durante seis días el ejército español marchó sin rumbo fijo con las huestes aztecas a sus espaldas.
No obstante, la fortuna fue propicia para los españoles, puesto que los aztecas se entretuvieron festejando la victoria y conduciendo a los prisioneros hacia los altares con parsimoniosa ceremonia, ofreciendo sus corazones a los dioses y devorando sus cuerpos.
El conquistador extremeño no desaprovechó el error de los aztecas, que estimaban que los españoles estaban completamente derrotados, y reorganizó sus escasas fuerzas buscando un terreno favorable. Cortés y sus capitanes, entre ellos Alvarado, Gonzalo de Sandoval , Cristóbal de Olid y Juan de Salamanca , se plantearon como objetivo llegar a Tlaxcala, donde podrían reponer fuerzas y preparar mejor un contrataque si se veian acorralados.
Para ello eligieron bordear el lago Texcoco por el norte. Hostigados por los aztecas y por el hambre, la marcha de los españoles dejó a sus espaldas nuevas bajas.
El sábado 7 de julio de 1520, la huida ya no fue una opción. Un gran contingente de guerreros mexicas y sus aliados de Tlalnepantla, Cuautitlán, Tenayuca, Otumba y Cuautlalpan alcanzaron a los españoles en los llanos de Temalcatitlan .
La cifra de aztecas allí congregado es todavía hoy un tema de controversia, siendo posible que hubiera reunidos cerca de 100.000 guerreros (los primeros historiadores en estudiar la batalla calcularon 200.000), frente a unos 400 españoles y 3.000 indígenas aliados. Lo único irrefutable es la sensación absoluta desproporcion que provoco la visión del ejercito azteca a Hernan Cortes.
Fray Bernardino de Sahagún asegura en sus textos que cuando el conquistador contempló las hordas de enemigos clamó que «los españoles entre tanto escuadrón indígena eran como una islita en el mar. La pequeña hueste parecía una goleta combatida por las olas».
María de Estrada peleó con una lanza, siendo una de las pocas mujeres en la expedición
En la primera línea enemigas se situaron las cofradías militares del Jaguar y del Águila , fácilmente identificables por sus trajes a imitación de estos depredadores, y la nobleza azteca encabezada por Matlatzincatzin , el cihuacóatl (jefe militar), que veía en la contienda una forma de borrar de una vez a los españoles.
Por su parte, los escasos cuatrocientos españoles formaron en una disposición típica en ese momento en Europa: los piqueros se colocaron tras los rodeleros, mientras los ballesteros formaban en los flancos dispuestos a cubrir a sus compañeros junto a los pocos afortunados que portaban arcabuces. Cortés contaba con dos únicas ventajas para enfrentarse a la oleada de enemigos: un pequeño grupo de jinetes capaces de marcar la diferencia con sus cargas al estilo táctico europeo y la escalofriante garantía de que los aztecas buscarían apresar vivos a todos y cada uno de los conquistadores para usarlos en sus rituales. Aquella garantía sirvió de excusa para aguantar hasta las últimas consecuencias.
Finalmente, fueron los jinetes castellanos encabezados por el propio Cortés los primeros en arremeter contra la marea, sorprendiendo a los aztecas. La fuerza de la galopada les introdujo en mitad del ejército enemigo antes de retroceder ordenadamente. El extremeño y su caballería repitió este movimiento, carga y huida, una y otra vez, mientras la infantería española recibía las primeras acometidas furiosas.
María de Estrada, una de las pocas mujeres españolas que participó en la conquista de México, peleó junto a la infantería con una lanza en la mano «como si fuese uno de los hombres más valerosos del mundo».
Pese a las exitosas incursiones de la caballería, la desproporción de fuerzas causó que la infantería formada por españoles y tlaxcaltecas comenzara a retroceder lentamente . De hecho, el flanco protegido por los tlaxcaltecas estaba a punto de derrumbarse completamente cuando Hernán Cortés dispuso un plan para salir con vida de aquella encrucijada. Tras pasar varios meses en la corte de Moctezuma , el extremeño sabía que en Mesoamérica la muerte del general, e incluso la captura del estandarte del enemigo, se consideraba el fin del combate. También conocía el importante papel que estaba jugando Matlatzincatzin en aquella batalla, quien, bajo un enorme estandarte negro con una cruz blanca sobre fondo rojo, era fácilmente distinguible desde la posición española.
Así, al grito de Santiago y cierra España, Cortés se abrió pasó junto a cinco jinetes (Pedro de Alvarado, Alonso de Ávila, Cristóbal de Olid, Rodrigo de Sandoval y Juan de Salamanca) en dirección al jefe militar azteca. Según una leyenda fantasiosa que surgió poco después de la batalla, el Apóstol Santiago, patrón de España, también secundó a caballo la carga casi suicida, como se cuenta que había hecho en varias contiendas contra los musulmanes en la Península Ibérica .
Antes de que la infantería pudiera detener la carga, los jinetes alcanzaron el estado mayor azteca y a Matlatzincatzin. El cihuacóatl vestía un traje de negro de pies a cabeza , con enormes garras en sus pies y manos y un yelmo imitando el aspecto de una serpiente. Pese a su aspecto tétrico, Cortés no tembló en derribarlo y Juan de Salamanca en darle el golpe final antes de apoderarse de su estandarte. Cuando los guerreros de la Triple Alianza vieron a los jinetes castellanos enarbolar el estandarte de su general, dieron la batalla por perdida y comenzaron ellos entonces una desesperada huida hacia Tenochtitlán.
Y con su muerte ceso aquella guerra, escribió Hernán Cortés a Carlos I de España anunciando el desenlace de la batalla .
Los españoles y sus aliados indígenas se reorganizaron para atacar Tenochtitlán meses después.
Un cerco de setenta y cinco días, donde la ciudad quedó muy diezmada por una epidemia de viruela traída por los europeos , marcó el final del Imperio azteca .
Siete novelas de Alvaro Mutis (que tiene una vida mas novelesca que el protagonista) sobre un personaje errante e en busca de lo desconocido que es el Gaviero -el hombre de la gavia, el que tenía la posibilidad de ver más lejos en el horizonte-, y cuyo vagabundeo por puertos y 17 mares apasionante.
Suárez Japón, junto a la estatua de Hasekura Tsunenaga, en Coria del Río. / RAÚL CARO / EFE
Suárez Japón se enrola en la expedición de los samuráis desde Sendai hasta Sevilla en el siglo XVII
Cuenta Juan Manuel Suárez Japón que cuando Caballero Bonald visita la estatua de Hasekura Tsunenaga en Coria del Río, a orillas del Guadalquivir, murmuró: Más que historia, lo que aquí se contiene es mucha literatura.
Las palabras del escritor quedaron rondando al político y catedrático de Geografía Humana de la Universidad Pablo de Olavide, que muchos años después ha convertido la historia de los samuráis que visitaron Sevilla en el siglo XVII en una novela histórica, La katana perdida, recientemente publicada por Renacimiento.
Me jubilé en el 2015 y en el 2016 publiqué un libro de relatos, Aquello era Doñana, donde hablaba de la transformación en la marisma, la desaparición de la pesca, el papel que el propio río jugaba en la sociedad en mis años juveniles.
El profesor José Manuel Rubio Recio, el catedrático con el que me formé, me lo presentó junto a Manolo Sanlúcar, y me dijo: ‘No sé si te va a gustar lo que voy a decirte, pero este es el mejor libro de Geografía Humana que tú has hecho’. Luego escribí una novela con carácter histórico, Los caminos de la orilla, sobre la emigración. Y finalmente, me metí con esto porque el mundo de lo japonés se ha ido metiendo en mi vida y ocupando la mayor parte de los espacios.
En efecto, las conexiones histórico-culturales entre Japón y las tierras del sur español, y la comunidad de los apellidados Japón en Coria del Río han atraído en los últimos años el interés del escritor, autor de libros de referencia como Japones y japoneses a orillas del Guadalquivir (2007), De Sendai a Coria del Río: historias de japoneses y japones (2014), o La trastienda de Virginio (Memoria Gráfica) (2018).
Asimismo, ha participado como autor invitado en la magna obra Japón archipiélago de cultura (2021), es fundador y vicepresidente Ejecutivo de la Asociación de Amistad Hispano Japonesa Hasekura y en 2016 el Gobierno de Japón, en nombre del Emperador, le otorgó la Orden del Sol Naciente, «la distinción más alta que ellos dan a extranjeros que ayudan a la amistad hispano-japonesa».
Pero la ficción narrativa era un reto muy diferente a todo lo hecho antes: ahora se trataba de contar el viaje del noble japonés Hasekura Tsunenaga desde el puerto de Sendai hasta España en 1613, acompañado del monje franciscano español Luis Sotelo y de un nutrido séquito de samurais y comerciantes nipones, con el objetivo de establecer relaciones políticas y comerciales con la corona española y solicitar su apoyo para, entre otras cosas, acrecentar el cristianismo en su país.
Cuando Hasekura viene a Sevilla, el presente de amistad que le entrega al Asistente de Sevilla es una carta que desaparece y no se encuentra hasta bien entrado el siglo XIX, y una katana, el arma síntesis de la lucha de los samuráis pero que, según descubrí entre las miles de lecturas que hice y sigo haciendo sobre Japón, había un tipo de katana que no tenía tanto carácter de arma como de pieza de orfebrería, y que los japoneses entregaban en las recepciones oficiales. Esa katana llega a Sevilla, desaparece también, y nunca vuelve a encontrarse. Ese es el punto de partida de una trama en la que he mezclado tiempo pasado y presente, de la mano de un investigador español que trabaja en Japón y viene a indagar este asunto.
En ella, el escritor ha tenido que combinar rigor científico e imaginación. «La novela es un producto de ficción, pero si es histórica tiene que ser respetuosa con los hechos, incluso añado un apéndice bibliográfico con los textos fundamentales sobre los cuales me he basado. Leí hace algún tiempo, quizá en Juan Eslava Galán, que el concepto de novela histórica es complicado, porque novela es cualquier estudio al que puedes llamar como tal, e histórica significa no tanto la búsqueda de la verdad, como de la verosimilitud. La fabulación no puede ir contra los hechos reales.
¿Y por qué Coria?
Esta gente viene a Coria en un momento bueno, en que el pueblo es el antepuerto de Sevilla, aquí se completaban las cargas y se descargaban para que el barco pudiera entrar a puerto. Debió de haber una actividad muy grande. El primer pueblo era Sanlúcar la Mayor, y el segundo era Coria. El hecho de que partieran de aquí y también regresaran fue determinante. Nadie sabe cuántos se quedaron ni dónde, pero como los propios japoneses han afirmado, nuestro apellido Japón solo puede tener un origen, y es la conexión de aquella época.
Eso hace que una parte de la trama la centre en el eje Sevilla-Coria. Pero para que el lector sepa quiénes son Hasekura, Luis Sotelo o Sebastián Vizcaíno, todo está filtrado a través de la figura de Eikichi Hayashiya, embajador japonés que estuvo aquí del 81 al 84, y volvió a Sevilla como jefe de la delegación que acompañó al príncipe Naruhito en el año 1992, con motivo de la Expo.
Elogiado por autores de reconocido prestigio como José Calvo Poyatos o Fernando Iwasaki, Suárez Japón no tiene dudas de que La katana perdida no será su última novela.
Escribo sobre todo porque estoy jubilado, he tenido un accidente aórtico del que me he recuperado por suerte, pero necesito tener una actividad creativa e intelectual. Decidí cerrar la maleta de la Geografía Humana, me jubilé en 2015 y me dedico ahora a leer y a escribir lo que me gusta. Necesito tener una tarea por delante que me anime a salir de la cama por la mañana y mantenerme activo. Estoy trabajando en algunos relatos, pero sin plazo y sin prisa. Lo que quiero es tener tareas por hacer.
Llevaba diez años sin salir de casa. Su casa era una villa de 35 habitaciones, Notre-Dame-de-Vie, en Mougins (Francia). Comento el periodista Henry Diacono que la última vez que salió Picasso a un acto social, en Cannes, se puso el único esmoquin que poseía.
El castillo de Vauvenargues, en la Provenza francesa, donde fue enterrado el artista.
Estaba apolillado debajo de las mangas, así que me quedé toda la noche con los brazos tiesos. Estaba feliz. Incluso se acercó una mujer para invitarme a bailar. Me negué.
Notre-Dame-de-Vie, la casa en Mougins donde Pablo Picasso falleció.
Le gustaba demasiado el espectáculo de la tranquilidad, que se imponía incluso a él mismo:
Cuando se ponía de mal humor, él mismo se encerraba con llave y rechazaba el contacto con ese otro mundo, que no fuera el de él.
La dama oferente, escultura en bronce de Picasso que vela su tumba ABC
Con 90 años, seguía recibiendo a amigos con el entusiasmo de siempre.
Picasso y Kahnweiler, en La Californie (Cannes) en 1957
Nos reprochó nuestra falta de apetito. Bebe, aún queda champán, anda, bebe por mí, yo no puedo… Come chocolate, a mí me lo tienen prohibido, la fruta confitada, ¿a que es rica?
Y se levantó la camisa para mostrarnos una cicatriz: Todo este régimen es a causa de esto. Esa noche acompañó a sus invitados a la puerta a las cuatro de la madrugada. «Hace demasiado frío afuera, se disculpó.
Con Luis Miguel Dominguin el torero, padre de Miguel Bose
El día anterior a su muerte, un sábado, Picasso había estado paseando por el pequeño parque que rodea la enorme casa de piedra con vistas a los Alpes marítimos.
Jacques Barra, el jardinero del malagueño, le mostró anémonas y pensamientos, que le complacieron especialmente.
Con Eugenio Arias su barbero
Horas después, el artista y su esposa, Jacqueline Roque, habían invitado a cenar a unos amigos. Estaba de muy buen humor.
Picasso habla con Miro y Josep Lluis Sert
Bebe por mí, bebe por mi salud, instó, sirviendo vino en la copa de su abogado y amigo de Cannes, Armand Antebi. A las 23.30 horas, Picasso se levantó de la mesa y anunció: Y ahora debo volver al trabajo.
Llevaba semanas trabajando con especial intensidad, preparándose para una gran muestra de sus últimas pinturas en el Palacio de los Papas en Avignon en mayo. Esa noche pintó hasta las 3 de la madrugada y se acostó.
El domingo por la mañana Picasso se despertó como siempre, a las 11.30, pero no pudo levantarse de la cama. Jacqueline pidió ayuda, pero a las 11.40, falleció.
El doctor George Ranee, que acudió a Notre-Dame-de-Vie, certificó la muerte minutos después: edema pulmonar, líquido en los pulmones.
En el lecho de muerte, Jacqueline, su hijo Pablo, el jardinero y el secretario particular del pintor, Michel. La muerte fue un episodio rápido, eficaz, como había querido Picasso.
No le gustaba hablar de la muerte (cuentan que recordaba a los amigos fallecidos siempre mencionándolos en presente) pero no le tenía miedo:
No me asusta la muerte. Lo que tengo miedo es de enfermarme y no poder trabajar. Eso es tiempo perdido.
Las autoridades de Mougins no permitieron el entierro en Notre-Dame-de-Vie, por lo que Jacqueline se decidió por Vauvenargues, el castillo que se compró el malagueño como gesto de soberbia a finales de los 50. ¿Conocen la serie de obras consagradas por Cézanne a la montaña de la Sainte-Victoire, en La Provenza?
En la montaña se encontraba un castillo, donde residió Luc de Clapiers, marqués, escritor y moralista del siglo XVIII.
Picasso se compró el castillo, para pasmo de sus allegados: el castillo iba a necesitar años de remodelación (así fue: más de cuatro años de trabajos), estaba mal comunicado, era demasiado grande, no tenía una logística óptima… Al genio le daba igual:
Cézanne ha pintado esa montaña. Yo soy ahora su propietario.
Al final, Picasso y Jacqueline Roque vivieron en Vauvenargues poco más de un par de años: los médicos aconsejaron al malagueño trasladarse a un clima más benigno. Tampoco volvieron de visita en demasiadas ocasiones.
Jaqueline Roque visitando el Guernica
Cuando se ratificó el no de las autoridades de Mougins al entierro del cuerpo de Picasso en Notre-Dame-de-Vie, el recuerdo de lo que le gustaba la luz provenzal de la zona y lo majestuoso de su entorno (cuentan que a Picasso le recordaba a ciertos paisajes españoles por su relativa rudeza agreste) decidió a Jacqueline por el castillo.
Y allí sigue su tumba. Jacqueline, la mujer a la que Picasso pintó 400 veces, la visitaba el día 8 de cada mes hasta que se suicidó de un disparo en la sien en 1986.
Sus restos reposan junto a los de su marido. El fotógrafo y amigo del malagueño David Douglas Duncan metió en el ataúd de la francesa una de sus fotos del genio para que descansaran juntos.
Picasso fue amortajado con una capa de Seseña. La firma donó una similar a la casa natal de Picasso en Málaga. La bautizó Capa Pablo ABC
El adiós a Pablo Picasso fue un galimatías, más propio del lío de la boda de Lolita Flores que de la despedida al genio artístico multimillonario del siglo XX.
Gendarmes y curiosos se arremolinaron en las puertas de su residencia de Mougins.
Todos querían entrar; pocos podían. Roque había prohibido que se acercaran por allí herederos y exparejas del malagueño, especialmente Françoise Gilot y sus hijos, Paloma y Claude.
Gilot escribió las escandalosas memorias Vida con Picasso, cuya publicación trató de torpedear el artista, para que sus hijos pudieran costearse los gastos legales de la batalla por ser declarados herederos legales de Picasso (Gilot y Picasso nunca se casaron).
Claude Picasso hijo de Françoise Gilot, presidente de la Administración Picasso, que vela por el legado del artista
Lo cierto es que Jacqueline llevaba años preservando la intimidad de su marido, ya muy avejentado.
Periodistas del mundo entero acechaban constantemente la casa, a la caza de primicias. Se cuenta que, en una ocasión, tras un descuido, el propio pintor cogió una llamada telefónica.
Se trataba de un periodista alemán que preguntaba, directamente, si Picasso ya había muerto. El artista respondió: Está usted hablando con el cadáver.
Dice ABC esos días:
A pesar de ser domingo y por tanto una tarde sin periódico, la noticia de la muerte del pintor malagueño Pablo Ruiz Picasso, difundida por radio y televisión, circuló ayer rápidamente por la ciudad y causó una fuerte impresión entre las personas de todas las clases sociales y niveles intelectuales, sustituyendo la noticia en las tertulias y conversaciones a cualquier otra y, sobre todo, a las de tipo deportivo, que suelen ser las más frecuentes en tardes domingueras,
Dos malagueños sí pudieron entrar en el entierro de Pablo Picasso: Miguel Alcobendas y Francisco Ojeda Villarejo. Lo recordó así Guillermo Smerdou en un artículo en La Opinión de Málaga.
Alcobendas, cineasta y director de la sala de exposiciones de la Diputación de Málaga y de su revista Jábega, estaba realizando con Ojeda una película sobre la niñez de Picasso en Málaga.
Cuando se enteró de la muerte, llamó por teléfono a su amigo y colaborador. Eran las diez de la noche del día 8 de abril. Le dijo: Picasso ha muerto. ¿Qué hacemos?» La respuesta de Ojeda fue: «Lo único que podemos hacer es presentarnos allí….
No resultó fácil la organización, viaje y presencia en Vauvenargues de los dos boquerones.
La persona que hizo posible el complicado y urgente desplazamiento de ambos fue el presidente de la Diputación de Málaga y hoy alcalde de la capital, Francisco de la Torre.
Les ayudó a renovar el pasaporte caducado de Alcobendas en minutos y la adquisición de los billetes de avión Málaga-Madrid, Madrid-Barcelona y Barcelona-Niza.
Diez horas después del óbito, los dos malagueños iniciaron el viaje no pudiendo llevar consigo un ramo de rosas rosas, flor favorita de Picasso, porque los kioscos de la Alameda estaban cerrados y ni en Madrid ni en Barcelona pudieron cumplir con el deseo de llevar flores de Málaga o España para depositarlo en la tumba del pintor.
Al final las compraron en Cannes, con un lazo sobre el cual se podía leer en letras doradas Málaga a Pablo Picasso.
Cuando llegaron al lugar tropezaron con una auténtica barrera de gendarmes que impedían el paso incluso a amigos íntimos del fallecido, como el alcalde de Vallauris. Paco Ojeda escribió sobre lo sucedido entonces:
Miguel explicó al que parecía ser el jefe que habíamos llegado de Málaga con la única intención de llevarle unas rosas de su ciudad natal y que solo pretendíamos que su viuda tuviera conocimiento de nuestra llegada. El gendarme volvió minutos después para pedirnos los pasaportes que demostraban nuestra llegada desde Málaga en el día anterior. Cuando regresó nos comunicó que excepcionalmente aceptaba las rosas, pero que solo uno de nosotros dos podía entrar en el recinto. Las únicas flores que entraron en el interior fueron las que Miguel llevaba. Jacqueline aceptó la presencia de Málaga en un momento en que llegaban ramos de flores de distintas partes del mundo. Éstas fueron las únicas flores que pudieron depositarse sobre la tumba de Pablo Ruiz Picasso.
La negativa de Jacqueline Roque a que otros familiares se acercaran al difunto Picasso durante el velatorio y el entierro dejó una honda impresión en Pablito, uno de los nietos (hijo de Paulo, el primogénito, que el pintor tuvo con la bailarina rusa Olga Khokhlova).
Al día siguiente del fallecimiento del abuelo, se suicida tragándose una botella de lejía. Explicó Pepita Dupont, periodista amiga de Jacqueline:
Pablito era una persona atormentada, depresiva. Le provocó mucho dolor no poder ver a su abuelo, pero ésa no puede considerarse como la razón del suicidio
El yayo, desde luego, no ayudó. Pablito y su hermana, Marina, solían acompañar al padre, un alcohólico aspirante a motorista que sentía auténtico pavor por el pintor, a las puertas de su mansión; allí tenían que esperar horas para que les atendiera, si es que lo hacía, porque la mayoría de las veces le excusaban diciendo que estaba dormido o trabajando.
En la mayoría de esas ocasiones Paulo iba a pedirle dinero a su multimillonario padre. Y se volvía de vacío.
Pablito Picasso no falleció inmediatamente tras ingerir el ácido: Marina le acompañó en su lenta agonía, de más de tres meses; además, tuvo que costear el entierro gracias a las aportaciones de amigos y familiares.
Eran Picassos pero pobres de solemnidad. Conocida es una frase atribuida a Émilienne Lotte, la madre de Marina (y también conocida por sus problemas psiquiátricos y con la bebida):
Ya veis, con toda su fortuna, ese cerdo [Pablo Picasso] siempre nos tiene sin blanca
Pablito Picasso
Pocas muertes de un individuo suponen la modificación de una ley de un país. Pero la de Pablo Ruiz Picasso no fue una muerte normal.
Tras el fallecimiento del genio, el Gobierno francés, astuto, cambió la ley del impuesto sobre sucesiones para permitir que los herederos del malagueño pagaran los impuestos adeudados por su patrimonio en obras de arte en lugar de dinero.
Así que el Estado galo tomó 3.800 obras, que terminaron formando el núcleo expositivo del actual Musée Picasso. El resto se dejó para que la familia lo dividiera. Como pudiera
Museo Picasso de Paris
El mismo día del fallecimiento de Pablo Ruiz Picasso se inició una aventura que continúa hoy día, la de reivindicar la españolidad del genio.
Incluso desde el mismo franquismo, que el artista siempre despreció.
La tarde del óbito, en las Cortes Españolas, el presidente de la Comisión de Industria aseguró:
Picasso no era amigo del Régimen. Todos lo sabemos. Pero fue un español que con sus maravillosos pinceles dio brillo al nombre de su patria en el mundo del arte. España pierde un genio. Por eso me honro en proponer a esta comisión que conste en acta el sincero dolor por tan sensible pérdida.
Y el acuerdo fue unánime.
La prensa española echó el resto, tal y como señala Mateo Revilla Uceda en La muerte de Picasso en la prensa diaria española:
Los periódicos iniciaron la operación de rescate nacional incidiendo en el viejo argumento del españolismo, haciendo hincapié en que su genialidad y su potencia creadora eran, en parte, productos de su esencia española, del espíritu de la raza.
Algunos ejemplos:
Picasso fue español por los cuatro costados (Ya), Se sabe que han sido infinitas las ocasiones en las que con todo el talento que Francia sabe desplegar para estos casos, se había ofrecido a Picasso la ciudadanía francesa pero él siempre se negó a ofrecer su firma (Pueblo), Un hombre español, sin más, pequeño de cuerpo, grande de esfuerzo, como corresponde al español por la sangre (Informaciones).
El diario Información dio en la diana al recuperar las palabras de Gómez de la Serna:
Que es español, no puede negarlo, pues el español es el primero que se cansa de las formas del arte.
The New York Times el día después de la muerte de Pablo Picasso:
Proteico y prodigioso, la mayor fuerza individual en 70 años .
Se desató una fiebre picassiana sin precedentes, que culminó con la histórica retrospectiva del MoMA, en 1980, que dedicó por primera vez todas sus instalaciones a un solo artista. Dijo comisario de la retrospectiva, William Rubin
No hay nada en el arte moderno que Picasso no haya inventado, practicado o al menos influido.
Veremos pocos titulares en la prensa norteamericana estos días por el aniversario de la muerte de Pablo Ruiz Picasso.
La controvertida vida personal del artista le ha llevado al borde de la cancelación; tampoco ciertas frases de don Pablo (Soy una mujer. Cada artista es una mujer y debe tener gusto por otras mujeres. Los artistas que son homosexuales no pueden ser verdaderos artistas porque les gustan los hombres, y como ellas mismas son mujeres están volviendo a la normalidad) le mantienen abiertas las puertas de la conversación social en estos tiempos donde la inclusividad es un desafío primordial.
Jackie Wullschläger lo resumió bien hace unos días en Financial Times:
Picasso fue el cronista visual supremo de la irresponsabilidad, la violencia y las inestabilidades del siglo, incluso sobre los roles sexuales. Él es parte de nuestra historia. Cada generación tiene que negociar con él; cómo lo hacemos nos habla no sólo de Picasso sino de nosotros mismos.
El valor de la herencia de Pablo Picasso, uno de los hombres más ricos del mundo en aquel 1973, fue calculada entre 50 y 100 millones de dólares.
El legado del malagueño incluía dos villas en el sur de Francia, un castillo, dos apartamentos en París y una gran colección de obras propias (las que llamaba cariñosamente los picassos de Picasso) y de otros maestros modernos (Renoir, Menne, Modigliani, Braque y Matisse, entre muchos otros).
Es una novela breve que hay que leerla en ingles, si no pierde el chiste. Es un curtido marinero que encuentra horror y desolación donde otros encuentran una monumental civilización en marcha.
Joseph Conrad realiza la heroicidad de escribir en inglés a pesar de ser polaco. Aunque sea una denuncia del sistema colonial (Leopoldo II y el genocidio del Congo que era de su propiedad), El corazón en las tinieblas muestra la codicia.
Marlow, se embarca en una expedición con varios hombres para traer de regreso a Kurtz, un explorador célebre que ha contribuido a la gloria de la empresa civilizadora con vastas cantidades de marfil. Pero Kurtz no quiere volver: ansioso de marfil, funda un pequeño imperio al filo de un río ancho y hostil, convirtiendo a los nativos en siervos. Pronto enferma y muere en delirio en un camastro prestado.
Es una reflexion sobre la humanidad, condenada a andar a tientas.
El autor estuvo en el Congo Belga como piloto de un barco que remonto un rio, cuando volvio a Inglaterra estaba tan deprimido del infierno que vio alli, que paso un año en cama y cuando se levanto escribio el libro.
Si habeis visto Apocalipsis now, sabeis de lo que hablo… y Marlon Brando es Kurt
Pablo Picasso: Las señoritas de Avignon. 1907. Óleo sobre lienzo. 243.9 cm × 233.7 cm. Museo de Arte Moderno. Nueva York, EEUU.
Las señoritas de Avignon, más que un cuadro es un acontecimiento
En lienzo con una superficie de 243.9 × 233.7 cm, representa cinco mujeres desnudas.
Estudio de Picasso para Las señoritas de Avignon.
Picasso no deja que ningún visitante de su estudio vea su cuadro durante el proceso de elaboración. Excepto sus colegas pintores, de quienes espera apoyo. Pero, la mayoría lo critican:
Matisse, en su irritación, piensa que el cuadro era un ultraje y una burla al arte moderno, y Georges Braque dice el siguiente comentario:
es como si quisiéramos cambiar nuestra comida actual por otra de estopa y petróleo. Apollinaire… afirma que son como prolongaciones de la Naturaleza… y no pasan a través del intelecto.
Pero Kahnweiler y Wilhelm Uhde, le dan un espaldarazo al pintor.
La primera exposición es en 1916 en el Salón de Antin, París. No tiene título, aunque parece que Picasso la llamaba El burdel filosófico.
El nombre Las señoritas de Avignon (Les Demoiselles d’ Avignon) se lo adjudica el pintor y crítico André Salmon, pues le recuerda un prostíbulo de la calle Avinyó en Barcelona, en el cual las mujeres se presentan desnudas.
En aquella exposición, celebrada en plena Primera Guerra Mundial, el lienzo pasa inadvertido y es necesaria la intervención de figuras como Bretón y Aragón para que Jacques Doucet lo compre en 1921.
En 1937 se exhibe en la Exposición Internacional. Finalmente, en 1939, es adquirido por el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA), en Estados Unidos, donde permanece.
Pinta la obra entre junio de 1906 y julio de 1907 y marca el comienzo de su Periodo africano o Protocubismo.
Hay cuatro influencias para su desarrollo para romper con la profundidad espacial, la anatomía y romper con la tradición de lo sublime:
Cezanne (bañistas), El Greco (Visión del Apocalipsis) y el arte primitivo expuesto en el Museo Trocadero de Paris con sus máscaras africanas, además de las esculturas iberas.
En su interior ardías de calor en verano y te helabas de frío en invierno.
Era una antigua fábrica de pianos en la que su propietario, buscando aumentar su fortuna, divide en pequeños y numerosos estudios para alquilar a todo aquel que soñase con ser un artista en París y no tuviera ni para pagarse las pinturas. Esta sucio, olía mal, sólo hay un caño de agua, una letrina para la veintena de estudios y demasiada gente para tan poco espacio.
El Bateau Lavoir (nombre que se le ocurre a Max Jacob al recordarle a las lavanderías flotantes que recorrían el río Sena) se encuentra en uno de los distritos de París, en el 18, que hasta no hace muchas décadas era un pueblo de las afueras de la ciudad. Allí, en Montmatre, en aquella residencia- taller, se creó el primer cuadro cubista. Las señoritas de Avignon se pintan en este lugar en 1907, tres años después de que Picasso llegase a la capital francesa con poco dinero, mucha angustia y cierto miedo.
Como él muchos antes y muchos después acuden al número 13 de la calle Ravignan para hacer del arte una vida. El precio por vivir allí es el equivalente al sueldo de tres días de un obrero, un alquiler irrisorio para artistas que teniendo muy poco dinero prefieren gastarlo en alcohol y mujeres que en comida o una cama decente.
El primero que llega es Maxime Maufra, en 1892, y el que más la visitaría sería Paul Gauguin. El postimpresionista, que muere un año antes de que Picasso se instala en París, es en gran parte el que da fama al lugar entre los artistas más jóvenes y el que condiciona el arte de todos lo que vinieron después y que le veneran más muerto que vivo.
Porque no sólo Pablo Picasso se siente atraído por este lugar, cuando él llega allí ya están desde Juan Gris a Modigliani o Max Jacob. Todos los que años después son grandes artistas o escritores son en algún momento parte de esta residencia y centro de reunión de los intelectuales que se reúnen en torno a ideas, tragos y fiestas en los que crean los movimientos de principios y mediados de siglo.
A él, a Picasso, le abre la puerta Paco Durrio, el escultor de Valladolid que encabezado a los españoles que llegan en 1900, en una tanda conjunta con pintores italianos.
En cuanto entra a vivir le cambia el ánimo. El pintor malagueño llega con la etapa azul, un color que le inunda tras el suicido de su amigo Casagemas. Pero al llegar al taller, que en aquel momento se llama La casa del trampero, el rosa lo llena y los circenses le dan vueltas en la cabeza. También Fernande Oliver, su primera musa.
Aquel lugar es el centro de la vanguardia artística y es el germen de lo que estemos celebrando al pintor 50 años después de su muerte. Allí en 1907, ante la atenta mirada de Von Dongen, de Gris, de Jacob… Se exponen por primera vez Las señoritas de Avignon, el primer cuadro cubista y el que le transforma como artista.
Es el momento en el que todo cambia. Ya no veremos cuadros como El entierro de Casagemas ni Mujer con mantilla negra, ya será, como dicen algunos, la competición por innovar, por la originalidad, por la genialidad lo que mueve al pintor y a todos los de la época.
Picasso deja la residencia, a Fernande y al rosa y al negro por completo, en 1909 aunque conserva un pequeño taller hasta 1912. Allí se quedan muchos otros aunque la I Guerra Mundial desplaza el espacio hacia Montparnasse dejando casi vacío aquel lugar de hongos, talento y, como diría Picasso, de enorme felicidad.
Porque allí no sólo estan los que no pueden sino los que ya lo tienen todo. Aparecen Guillaume Apollinaire, Georges Braque, Jean Cocteau, Henri Matisse o Gertrude Stein. Es ella la que apuesta por la obra de Picaso en la época cubista en la que los compradores habituales se inhiben.
A día de hoy solo queda la fachada porque el interior quedo completamente destruido durante los años 70 por un incendio. Justo un año antes lo habían declarado monumento histórico por todo lo que aportó a la cultura francesa, europea e internacional.