La Carrera de Indias o la obsesión por el Monopolio Comercial de América

Examina esta investigación, la estructura, funcionamiento y eventual colapso de la Carrera de Indias, el sistema que articuló el monopolio comercial entre España y sus posesiones ultramarinas. Basado en un análisis pormenorizado del texto de la Dra. María Luisa Laviana Cuetos, se concluye que este modelo, concebido bajo la premisa del mercantilismo imperfecto español y el Pacto Colonial, fue un instrumento de control más que de desarrollo económico. Si bien la Corona estableció una compleja red de mecanismos —control oficial mediante la Casa de la Contratación, colaboración privada a través del Consulado de Mercaderes, el régimen de puerto único y la navegación protegida con flotas y galeones—, el sistema estaba inherentemente destinado al fracaso.

Las fallas estructurales de la metrópoli, como su incapacidad para desarrollar una industria propia, la convirtieron en una mera intermediaria de los bienes manufacturados europeos.

Esta debilidad, sumada a la ineficiencia logística, los costos desorbitados y la proliferación del contrabando, socavó el monopolio de facto mucho antes de su supresión legal. Los tardíos intentos de reforma del siglo XVIII, materializados en el libre comercio, no lograron revertir la tendencia, sino que solo sirvieron para modernizar un sistema ya caduco. En última instancia, el colapso del monopolio no solo significó un revés para la economía española, sino que también aceleró la independencia económica de las colonias al obligarlas a buscar nuevos canales de comercio, sentando las bases para su futura autonomía política.

La relación entre España y sus territorios en América, conocidos como las Indias españolas, se cimentó sobre un principio económico fundamental: el monopolio. Para la Corona, esta conexión no era de simple interdependencia, sino una relación de absoluta dependencia económica de la colonia hacia su matriz, España. Un claro exponente de esta visión fue el conde de Revillagigedo, virrey de Nueva España, quien en 1794 expresó que la colonia «debe depender de su matriz, España, y debe corresponder a ella con algunas utilidades por los beneficios que recibe de su protección». Esta conceptualización de la relación económica dio forma a un sistema de mercantilismo imperfecto.  

El mercantilismo, en su definición clásica, es una doctrina económica que busca la acumulación de metales preciosos y una balanza comercial favorable mediante la intervención estatal. En el caso español, el sistema se concretó en el Pacto Colonial, un acuerdo tácito según el cual las colonias debían proveer a la metrópoli de materias primas y, a su vez, servir como mercado exclusivo para sus productos manufacturados. Sin embargo, el texto señala una contradicción fundamental en la aplicación de este pacto por parte de España: aunque América cumplió su parte al enviar enormes cantidades de plata, este flujo no estimuló la producción industrial española. Por el contrario, la riqueza se desvió para financiar costosos conflictos internacionales y, en lugar de ser invertida de manera productiva, provocó un proceso inflacionario que debilitó la economía interna. España, en lugar de consolidarse como una potencia industrial, se convirtió en el principal cliente de los países mercantilistas europeos que sí habían logrado desarrollar sus manufacturas.  

Durante más de tres siglos, el mecanismo operativo de este monopolio fue la llamada Carrera de Indias. Si la minería de metales preciosos era el motor de la economía indiana, el comercio era el engranaje que ponía en marcha ese motor. Para garantizar el control de este mecanismo vital, la Corona estableció cuatro pilares esenciales: el control oficial, la colaboración privada, el puerto único y la navegación protegida. La efectividad de este entramado, sin embargo, se vería comprometida por la rigidez del propio sistema y la evolución del contexto económico global.  

La primera y principal institución creada para salvaguardar el monopolio fue la Casa de la Contratación, fundada en Sevilla en enero de 1503. Su primacía institucional es notable, ya que fue el único organismo específico para los asuntos americanos durante las primeras dos décadas, anterior incluso a la creación del Consejo de Indias. Inicialmente concebida como una simple agencia comercial de la Corona, su rol se expandió progresivamente, convirtiéndose en el organismo rector de todo el comercio y la navegación con las Indias. Sus funciones se diversificaron de tal manera que, además de actuar como aduana y ministerio de comercio, se transformó en una escuela de navegación de renombre internacional.  

Las tareas de la Casa de la Contratación eran vastas y abarcadoras. Incluían la inspección de los buques y la autorización de las travesías, la recaudación de los impuestos de importación y exportación, la concesión de licencias a pasajeros, la preparación de pilotos y la elaboración de mapas y cartas náuticas. Su organización interna reflejaba esta complejidad. Aunque originalmente contaba con solo tres oficiales reales (factor, tesorero y contador-secretario) que actuaban de manera conjunta en tareas fiscales, con el tiempo se añadieron nuevos cargos, incluyendo un presidente, letrados para asuntos judiciales, y figuras técnicas de gran relevancia como el Piloto Mayor y el Cosmógrafo Mayor. Esta estructura permitió a la Casa operar como un centro integral de control y conocimiento marítimo.  

Durante más de doscientos años, Sevilla fue la sede de esta crucial institución, una elección lógica dada su situación como puerto fluvial y su desarrollada infraestructura comercial. Sin embargo, las crecientes dificultades de navegación por el río Guadalquivir para los buques de mayor calado provocaron que, de forma progresiva y a partir del siglo XVII, las operaciones de carga y descarga se hicieran de facto en Cádiz. Este cambio fáctico fue reconocido oficialmente en 1717 con el traslado definitivo de la Casa de la Contratación a la ciudad gaditana. Este movimiento administrativo, parte de las reformas borbónicas, evidenció una adaptación pragmática de la Corona a las realidades logísticas que el rígido sistema original no había podido prever.  

El monopolio oficial no operó en solitario. La Corona garantizó su continuidad mediante la colaboración con un actor privado: el Consulado de Mercaderes de Sevilla. Reconocido oficialmente en 1543, este gremio, conocido como la Universidad de los Cargadores a Indias, se le otorgó el privilegio exclusivo de comerciar con América. Al delegar este monopolio a un grupo reducido de súbditos, la Corona los convertía en los principales beneficiarios del sistema y, por tanto, en sus más férreos defensores. El Consulado asumió una serie de funciones mercantiles y judiciales, asumiendo pleitos y reduciendo las competencias de la Casa de la Contratación. Instituciones similares y con idéntico espíritu monopolista se crearían posteriormente en México (1592) y Lima (1613).  

A pesar de la aparente rigidez del sistema, una inspección más detallada revela una paradoja fundamental. El documento señala que, aunque el Consulado de Sevilla nominalmente ejercía el monopolio, ya desde el siglo XVI, una gran cantidad de comerciantes extranjeros—principalmente italianos, portugueses, flamencos, franceses e ingleses—controlaban la exportación de productos manufacturados. Los andaluces y vascos se limitaban a la exportación de productos agrícolas y de hierro. Esta situación llevó a que los cargadores de Indias actuaran como testaferros de los comerciantes extranjeros, sirviendo de intermediarios a cambio de una comisión. De este modo, la supuesta exclusividad del monopolio sevillano era, en la práctica, una cáscara vacía, un sistema que enmascaraba el dominio del comercio por parte de potencias rivales. El monopolio formal, en lugar de canalizar la riqueza americana hacia el desarrollo industrial de España, funcionó como una simulación, dirigiendo los flujos comerciales y la plata extraída hacia las economías de las naciones que sí estaban articulando una política industrial eficaz.  

La centralización del comercio en un solo puerto fue un tercer mecanismo clave para facilitar el control fiscal y del tráfico. La elección inicial de Sevilla no fue aleatoria; su condición de puerto interior ofrecía mayor seguridad frente a ataques de piratas o corsarios, y su desarrollada infraestructura mercantil la posicionaba como el principal centro comercial del sur de España. Aunque hubo breves excepciones, como la autorización de ocho puertos en 1529, el régimen de puerto único de Sevilla fue reafirmado por Felipe II en 1573.  

Sin embargo, la realidad logística superaría las normativas reales. Las dificultades de navegación en el Guadalquivir hicieron que las operaciones de carga y descarga se trasladaran progresivamente a Cádiz. Esta ciudad, que desde 1519 ya contaba con un delegado de la Casa de la Contratación, se convirtió en la cabecera de la flota de facto para 1680. El posterior traslado de la Casa de la Contratación a Cádiz en 1717 fue, en esencia, el reconocimiento oficial de una práctica que llevaba décadas en vigor. Esta transición ilustra cómo la rigidez del sistema, diseñada para un contexto particular, se vio obligada a ceder ante la presión de las realidades operativas y económicas.  

Para proteger el flujo de riquezas del acoso de corsarios y enemigos, se estableció el sistema de navegación obligatoria en convoy, con escolta militar y rutas fijas. El sistema de flotas, regulado definitivamente en 1564, contemplaba dos convoyes anuales: la flota a Nueva España (con destino a Veracruz) y los galeones a Tierra Firme (con destino a Portobelo), que se reunían en La Habana para el viaje de regreso a España.  

Aunque el sistema resultó ser notablemente eficaz en su propósito de seguridad, sufriendo pocos ataques exitosos (con la notable excepción de la captura de la flota de 1628 por el holandés Piet Heyn), su éxito militar tuvo un costo económico devastador. La rigidez del sistema de convoyes, que obligaba a los barcos más rápidos a esperar a los más lentos, generaba una ineficiencia logística crónica. Un viaje de ida y vuelta de Cádiz a Veracruz podía ocupar hasta dos años, de los cuales la navegación efectiva no superaba los seis meses. Los tiempos muertos en puerto para reparaciones y esperas aumentaban los costos y los riesgos de enfermedad para la tripulación. De esta forma, la obsesión por la seguridad comprometió gravemente la eficiencia económica del sistema, un compromiso que se manifestaría de manera más dramática en el precio de las mercancías.  

El monopolio comercial, a pesar de su detallada organización, fracasó en su objetivo fundamental de fortalecer la metrópoli.

Si bien la plata americana llegó a España, no se tradujo en un estímulo a la producción. En su lugar, el flujo de metal precioso condujo a un proceso inflacionario que hizo que los productos españoles fueran menos competitivos en comparación con los de otras naciones europeas.

España, lejos de convertirse en una potencia industrial, se consolidó como una simple estación de paso del tesoro americano, que fluía rápidamente hacia otros países para pagar por los productos manufacturados que la metrópoli no producía.

Este fenómeno fue la consecuencia de la incapacidad de España para articular una política industrial eficaz, una debilidad atribuida a los altos impuestos, un consumo interno elevado, conflictos internacionales y una posible falta de talento empresarial.

La abundancia de metales actuó como una trampa de riqueza, desincentivando la inversión en la producción y fomentando una economía de consumo y rentismo. El Pacto Colonial cumplió su función extractiva pero fracasó estrepitosamente en su componente industrial y comercial.  

La rigidez e ineficiencia del sistema de flotas y el monopolio crearon un mercado americano de escasez y precios exorbitantes. El documento proporciona cifras que ilustran el encarecimiento de las mercancías europeas. El precio de un producto en Sevilla, ya más elevado que en el resto de Europa, se multiplicaba por cinco al ser vendido en las Antillas, por diez en México central, y por hasta veinte en el Alto Perú. Se atribuye la mayor parte de este encarecimiento a los costos, riesgos y lentitud del transporte, más que a la codicia de los comerciantes.  

Esta situación generó un caldo de cultivo perfecto para el contrabando. La escasez crónica de bienes y la marginación de regiones enteras, como el Río de la Plata, Venezuela y el Pacífico, que quedaban fuera de las rutas oficiales, incentivaron a los comerciantes locales a recurrir al comercio ilícito.

Para fines del siglo XVII, las estimaciones sugieren que el contrabando representaba dos terceras partes del comercio con las Indias, superando con creces al flujo legal. El sistema de monopolio, concebido para controlar y maximizar la riqueza para la Corona, se convirtió irónicamente en el principal motor del comercio clandestino. La ineficiencia del sistema hizo que el contrabando no fuera una simple violación de la ley, sino una respuesta económica necesaria a la demanda insatisfecha.  

El sistema de flotas, ya inoperante por su ineficiencia, colapsó definitivamente bajo la presión de la política internacional. Las guerras del siglo XVIII, como la Guerra de Sucesión, paralizaron el tráfico comercial, interrumpiendo las flotas por largos períodos. Durante estos parones, el abastecimiento americano fue cubierto por el contrabando, tolerado o no, de franceses e ingleses, estos últimos a través de concesiones como el navío de permiso del Tratado de Utrecht.

La destrucción del puerto de Portobelo por el almirante inglés Vernon en 1739 fue un acto simbólico que marcó el fin del sistema de galeones. A partir de ese momento, se generalizó el uso de navíos de registro despachados individualmente para cada puerto, rompiendo así la exclusividad de Lima y México como centros distribuidores en América.  

Conscientes de la inviabilidad del sistema, los Borbones intentaron revitalizarlo. El texto describe las reformas borbónicas como un intento de aplicar rigurosas prácticas mercantilistas para promover la industria nacional y el comercio con las Indias.

El Reglamento de Libre Comercio de 1778, a pesar de su nombre, no fue una verdadera liberalización, sino un intento de revitalizar y modernizar el monopolio. Este reglamento permitió que 13 puertos españoles y 24 puertos americanos comerciaran directamente entre sí, simplificando trámites y suprimiendo algunos impuestos menores.

No obstante, el principio de exclusividad no fue abolido, y el sistema de flotas a Nueva España no se suprimió por completo hasta 1789. El texto lo describe como una puesta al día del mercantilismo tradicional, un intento pragmático y tardío de recuperar el control del comercio perdido ante el contrabando, en un momento en que la Revolución Industrial ya estaba transformando las economías europeas.  

El verdadero libre comercio fue impuesto por la fuerza de las circunstancias. El bloqueo inglés de Cádiz en 1797 obligó a España a autorizar el comercio de neutrales, que permitió a países no beligerantes (principalmente Estados Unidos) comerciar con las colonias. Este evento fue un anticipo de la independencia económica que las colonias experimentarían, demostrando que podían prosperar fuera del control español y sembrando las semillas de su futura emancipación política.  

El monopolio comercial español en América, articulado a través de la Carrera de Indias, fue un sistema de control más que de desarrollo, cuya ineficacia se debió a una combinación de factores estructurales y operativos. La principal causa de su fracaso residió en el mercantilismo imperfecto, de España, que fue incapaz de transformar la riqueza extraída de las colonias en un motor de producción industrial. Esta debilidad fundamental condenó a España a ser un simple intermediario, mientras que las potencias industriales de Europa cosechaban los verdaderos beneficios del comercio transatlántico.  

Las rigideces operativas del sistema, como la lentitud y los altos costos del sistema de flotas, crearon una disfunción económica que hizo que la demanda de bienes en América fuera crónicamente insatisfecha, lo que inevitablemente fomentó el contrabando a una escala masiva. Para el siglo XVII, el comercio legal ya era solo una fracción del total, evidenciando el colapso de facto del monopolio. La tardía y limitada liberalización comercial de las reformas borbónicas, aunque buscaba salvar el sistema, solo lo hizo más eficiente para un mercado que ya estaba en manos de potencias rivales.  

En última instancia, la experiencia del monopolio y su colapso sirvieron como un catalizador para la independencia de las colonias. La incapacidad de la metrópoli para proveer bienes de manera eficiente y a precios razonables, combinada con la experiencia de comerciar libremente (primero de contrabando y luego con neutrales), demostró a las colonias que su prosperidad no dependía de la Corona. Esta independencia económica de facto fue el preludio de su eventual independencia política, y el fin de la Carrera de Indias marcó el inicio de una nueva era en las relaciones hemisféricas.


Tabla I: Cronología Clave de la Organización del Monopolio

FechaEvento ClaveDescripción
1503Fundación de la Casa de la ContrataciónPrimera institución específica para el gobierno y el comercio con las Indias, con sede en Sevilla.  
1543Fundación del Consulado de MercaderesGremio de comerciantes de Sevilla al que se le otorga el privilegio exclusivo de comerciar con América.  
1564Regulación del Sistema de FlotasOrdenanzas que establecen el sistema de dos convoyes anuales a Nueva España y Tierra Firme.  
1573Reafirmación del Puerto ÚnicoFelipe II reafirma el régimen de puerto único para el comercio con las Indias, siendo este el de Sevilla.  
1680Cádiz como Puerto de FactoLa creciente dificultad del Guadalquivir hace que Cádiz se convierta de facto en la «cabecera de la flota».  
1717Traslado de la Casa de la ContrataciónLa Casa de la Contratación se traslada de Sevilla a Cádiz, oficializando una situación de hecho.  
1739Destrucción de PortobeloEl almirante inglés Vernon destruye Portobelo, marcando el fin del sistema de galeones a Tierra Firme.  
1778Reglamento de Libre ComercioSe promulga un reglamento que permite a 13 puertos españoles y 24 americanos comerciar entre sí, flexibilizando el monopolio.  
1789Supresión Final de las FlotasEl sistema de flotas a Nueva España es suprimido por completo y definitivamente.  
1797Comercio de NeutralesEl bloqueo inglés a Cádiz obliga a España a autorizar el comercio con países no beligerantes.  

Tabla II: Precios y Flujos Comerciales en la Carrera de Indias

Lugar de VentaMultiplicador de Precio (respecto a Sevilla)Participación en el Comercio Total a Fines del S. XVII
Antillas y Tierra Firme5x
México Central10x
Bajo Perú15x
Alto Perú20x
Contrabando: Aproximadamente dos tercios del total  
Comercio Legal: Aproximadamente una tercera parte del total  

Tabla III: Puertos Autorizados bajo el Reglamento de 1778

Puertos Españoles Autorizados (13)Puertos Americanos Autorizados (24)
SevillaSan Juan de Puerto Rico
CádizSanto Domingo
MálagaMontecristi
CartagenaSantiago de Cuba
AlicanteTrinidad (Cuba)
BarcelonaBatabanó
SantanderLa Habana
GijónMargarita
La CoruñaTrinidad (Venezuela)
AlmeríaCampeche
Alfaques de TortosaSanto Tomás de Castilla
Palma de MallorcaOmoa
Santa Cruz de TenerifeCartagena de Indias
Santa Marta
Río Hacha
Portobelo
Chagres
Montevideo
Buenos Aires
Valparaíso
Concepción
Arica
El Callao
Guayaquil
(Venezuela y México excluidos inicialmente, añadidos en 1789)  

(Extraido de La Organización de la Carrera de Indias o la obsesión por el monopolio de América de María Luisa Laviana Cuetos, Escuela de Estudios, Hispano-Americanos, EEHA-CSIC)

Hallan un sello de 3.500 años con cuerpo humano y cabeza de águila en Karahöyük, Anatolia

Se cree que Karahöyük fue uno de los asentamientos más grandes y significativos de Anatolia en la época pre-romana. Las evidencias sugieren que fue un centro importante con una ocupación continua desde la Edad del Bronce Temprana hasta el final del periodo helenístico.

Una de las teorías más apasionantes es que Türkmen-Karahöyük podría ser la ubicación de Tarḫuntašša, la segunda capital del Imperio hitita. Aunque su ubicación exacta ha sido un misterio durante mucho tiempo, el tamaño del sitio y los hallazgos arqueológicos lo convierten en un fuerte candidato.

Karahöyük, está ubicado en el distrito de Meram de Konya, Turquía, es un importante asentamiento de la Edad de Bronce con una historia que se remonta a más de 4000 años. Las excavaciones en el sitio han revelado una compleja planificación urbana, arquitectura doméstica, instalaciones de almacenamiento y áreas rituales, lo que proporciona valiosa información sobre la vida social, económica y religiosa de las antiguas comunidades anatolias.

Artefactos como sellos, cerámica y ajuares funerarios indican que Karahöyük fue un centro tanto de producción local como de comercio a larga distancia, conectando a las poblaciones del interior con la costa mediterránea.

La semana pasada, los arqueólogos también descubrieron un juego de comedor de 3.500 años de antigüedad en Konya Karahöyük en Turquía, lo que ofrece más información sobre la vida cotidiana de sus antiguos habitantes.

Las excavaciones arqueológicas en Karahöyük, en el centro de Turquía, han dado lugar a un descubrimiento extraordinario: un sello de 3.500 años de antigüedad con cabeza humana y cuerpo de águila. Según el profesor asociado Gonca Dardeniz Arıkan, de la Universidad de Estambul, quien dirige la excavación:

 este raro artefacto proporciona valiosas perspectivas sobre las creencias religiosas y las prácticas simbólicas de las antiguas sociedades anatolias, destacando la interacción entre la vida cotidiana y las tradiciones espirituales durante la Edad de Bronce.

En declaraciones a la Agencia de Noticias Demirören (DHA), Arıkan declaró:

Esta temporada, descubrimos un sello que muestra un águila unicéfala con cuerpo humano. Es uno de los hallazgos más significativos de este año y nos proporciona una visión más profunda de la vida espiritual y cultural de la época

Las excavaciones revelaron detalles fascinantes sobre los rituales funerarios practicados en Karahöyük alrededor del año 1500 a. C. Si bien los entierros de adultos se realizaban mediante cremación, los arqueólogos descubrieron que los bebés solían ser enterrados en espacios domésticos.

Dice Arıkan:

La gente enterraba a sus bebés en las habitaciones que usaban a diario. Creemos que esto estaba estrechamente relacionado con sus creencias religiosas. Quizás querían mantener vivo el recuerdo de sus hijos en sus hogares, a diferencia de los adultos, que eran incinerados y llevados lejos de casa.

Los excavadores también identificaron altares, áreas rituales, objetos simbólicos y ajuares funerarios relacionados con estas prácticas, lo que pone de relieve la estrecha relación entre la vida cotidiana y las tradiciones espirituales en la antigua Konya.

Los arqueólogos descubrieron que, mientras que los adultos eran incinerados, los bebés solían ser enterrados en los espacios habitables del hogar.

Uno de los hallazgos más sorprendentes fue la evidencia del consumo de mariscos, incluyendo calamares, en la Konya, una ciudad sin salida al mar, hace 3500 años.

Señaló Arıkan:

Encontramos grandes recipientes de almacenamiento que contenían no solo productos agrícolas, sino también especies de agua dulce y marinas. El pescado de agua dulce probablemente provenía del lago Beyşehir y ríos cercanos, mientras que los productos marinos como los calamares probablemente provenían de Alanya, en la costa mediterránea.

Además de mariscos, se descubrieron restos de ciervos rojos, gamos, conejos, hienas e incluso osos de las cavernas, lo que da una imagen de un ecosistema mucho más rico y diverso que el actual.

La foca humana con cabeza de águila se considera ahora un artefacto simbólico que refleja la cosmovisión espiritual de los habitantes de Karahöyük.

Enfatizó Arıkan:

Los sellos eran firmas personales que representaban tanto la identidad como las creencias. A través de estas imágenes, podemos comprender cómo se expresaban las personas de la época y su conexión con sus dioses y rituales

Este descubrimiento coloca a Karahöyük como uno de los asentamientos más importantes de la Edad de Bronce de Anatolia, ofreciendo una visión excepcional de la intersección de la vida cotidiana, la práctica religiosa y la identidad cultural.

Arkeonews

Hallan en Senegal un taller de 9.000 años

El yacimiento arqueológico de Ravin Blanc X (25 m²), descubierto en 2017 en el valle de Falémé, al este de Senegal, es uno de los pocos yacimientos de África Occidental que datan del Holoceno temprano.

El valle de Falémé, en Senegal, ha revelado uno de los yacimientos prehistóricos mejor conservados de África Occidental, ofreciendo una visión sin precedentes de los últimos cazadores-recolectores de la región.

Arqueólogos de la Universidad de Ginebra (UNIGE), en colaboración con socios internacionales, han descubierto un taller de talla de cuarzo y una chimenea de la Edad de Piedra Tardía de 9.000 años de antigüedad en el yacimiento de Ravin Blanc X (RBX), al este de Senegal.

Este descubrimiento, publicado recientemente en PLOS One, ayuda a llenar un vacío crucial en la comprensión de los cazadores-recolectores del Holoceno temprano en África Occidental, poblaciones que permanecen mucho menos documentadas en comparación con sus contrapartes en Europa, Asia o África oriental.

Durante décadas, los arqueólogos han luchado por reconstruir el pasado prehistórico de África Occidental. A diferencia de Europa, donde las cuevas conservaban capas de artefactos, las condiciones climáticas y geológicas de África Occidental a menudo han borrado restos arqueológicos estratificados, dejando a los investigadores solo con pistas fragmentadas.

El yacimiento de Ravin Blanc X, descubierto en 2017 y excavado entre 2020 y 2023, constituye una rara excepción. Bajo depósitos neolíticos posteriores, los investigadores descubrieron una capa de ocupación del Holoceno temprano excepcionalmente bien conservada, datada entre 9397 y 8988 años antes del presente.

Explica la Dra. Anne Mayor, profesora titular del Instituto de Estudios Globales de la UNIGE:

Encontrar un yacimiento estratificado de la Edad de Piedra Tardía con esta calidad de conservación en África Occidental es extraordinario. Nos proporciona evidencia directa de las habilidades técnicas y las prácticas culturales de los cazadores-recolectores que vivieron durante un período de transición clave marcado por cambios climáticos y ambientales.

En el corazón del yacimiento se encuentra un taller de talla de cuarzo, donde los herreros prehistóricos producían microlitos: pequeñas herramientas de piedra estandarizadas, probablemente enmangadas sobre madera o hueso para crear flechas y lanzas.

Señala la investigadora principal, Charlotte Pruvost

Aunque no se dejaron herramientas terminadas (ya que los cazadores-recolectores se las llevaron), la excavación reveló más de 1400 fragmentos líticos, incluyendo núcleos, lascas y laminillas. Al reensamblar cuidadosamente estas piezas como si fueran un rompecabezas, los arqueólogos pudieron reconstruir las secuencias de reducción e identificar los métodos de los talladores.

Surgieron dos estrategias de producción distintas:

Piezas en bruto anchas y rectilíneas, gruesas y robustas.

Piezas en bruto delgadas y alargadas con puntas asimétricas, ideales para herramientas de caza de precisión.

El alto grado de estandarización sugiere que estas comunidades valoraban la eficiencia y la destreza en la producción de herramientas. La meticulosa selección del cuarzo y las sofisticadas técnicas demuestran una artesanía avanzada que rivaliza con las tradiciones contemporáneas de otras partes del mundo.

A pocos metros del taller, los arqueólogos descubrieron una chimenea circular de 65 cm de ancho, que aún contenía restos de carbón vegetal. El análisis identificó la madera como Detarium microcarpum, una especie típica de las sabanas sudanesas. La datación por radiocarbono del carbón vegetal proporcionó fechas consistentes del Holoceno temprano, confirmando la edad del yacimiento.

Análisis adicionales de fitolitos (restos vegetales microscópicos) revelaron que el paisaje era una sabana abierta salpicada de árboles y palmeras, lo que reflejaba las condiciones más húmedas del Período Húmedo Africano. Este contexto ecológico habría propiciado un estilo de vida itinerante de caza, recolección y pesca. Tradiciones culturales distintivas en África Occidental

Las comparaciones con otros yacimientos de la Edad de Piedra Tardía en Senegal y Malí sugieren que Ravin Blanc X formaba parte de una facies cultural sahelosaudanesa más amplia, caracterizada por una producción estandarizada de microlitos.

Por el contrario, los yacimientos en entornos de bosque tropical del sur de África Occidental muestran tradiciones de fabricación de herramientas menos estandarizadas y oportunistas. Esta divergencia pone de relieve la diversidad cultural y ecológica de las poblaciones prehistóricas y sugiere que los grupos regionales se adaptaron de forma diferente a sus entornos, incluso dentro del mismo marco temporal.

El descubrimiento de Ravin Blanc X no solo enriquece el registro arqueológico de Senegal, sino que también cierra una brecha crucial en la prehistoria de África Occidental, donde existen pocos yacimientos estratificados. La investigación interdisciplinaria, que combina arqueología, geología, paleobotánica y datación por radiocarbono, subraya cómo la ciencia colaborativa puede arrojar luz sobre períodos que antes se creían invisibles.

Afirma Eric Huysecom, profesor honorario de la UNIGE y director del proyecto Población Humana y Paleoambiente en África:

Este yacimiento nos ayuda a comprender cómo respondieron los grupos humanos a los cambios ambientales en los albores del Holoceno. También desafía la idea obsoleta de que África Occidental fue marginal en la prehistoria. De hecho, albergó comunidades vibrantes e innovadoras

Con financiación de la Fundación Nacional Suiza para la Ciencia y en colaboración con instituciones de Senegal, Francia, Alemania y Suiza, la excavación en Ravin Blanc X representa un hito para la arqueología africana. Los hallazgos resaltan la necesidad de mayor investigación en regiones poco estudiadas, donde cada nuevo descubrimiento tiene el potencial de transformar las narrativas globales de la historia humana.

Como enfatizan Pruvost y sus colegas, la excepcional conservación del sitio ofrece una cápsula del tiempo valiosa. Captura un momento fugaz pero crucial en el que los últimos cazadores-recolectores de África Occidental dominaron el arte de la talla del cuarzo, un testimonio de su ingenio, resiliencia y singularidad cultural.

University of Geneva (UNIGE)

PLOSONE

Pruvost C, Huysecom E, Garnier A, Hajdas I, Höhn A, Lespez L, et al. (2025) A Later Stone Age quartz knapping workshop and fireplace dated to the Early Holocene in Senegal: The Ravin Blanc X site (RBX). PLoS One 20(9): e0329824. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0329824

Cover Image Credit: The Ravin Blanc X archaeological site (25 m²), discovered in 2017 in the Falémé Valley in eastern Senegal, is one of the few sites in West Africa dating to the early Holocene. Credit: © UNIGE-ARCAN

España, siglo XVI

El siglo XVI en España fue una era de contrastes y paradojas, donde el poder y la decadencia, la riqueza y la miseria, la fe y la intolerancia se entrelazaron de forma indisoluble. La Monarquía Hispánica, bajo el liderazgo de los Austrias Mayores, se convirtió en una potencia global sin parangón, extendiendo su influencia política, militar y religiosa a los confines de la Tierra. La victoria en Lepanto y la construcción de la Armada Invencible fueron símbolos de una ambición imperial sin límites, mientras que el flujo de plata americana consolidó su hegemonía económica en el mundo.

Sin embargo, detrás de esta fachada de gloria, el imperio era vulnerable. La aparente riqueza fue, en realidad, un factor de su declive económico a largo plazo, ya que la inflación desenfrenada socavó la base productiva de Castilla y la convirtió en un conducto de oro y plata para financiar guerras insostenibles y pagar deudas con banqueros extranjeros.

Las revueltas internas mostraron que la consolidación política no estaba libre de fricciones sociales y que la estructura del poder dependía de un delicado equilibrio entre la Corona y una nobleza que buscaba proteger sus propios intereses señoriales. Las semillas de la crisis del siglo XVII, con su recesión económica y pérdida de influencia, se sembraron precisamente en este período de máximo esplendor. El legado del siglo XVI es, por tanto, una lección histórica sobre cómo el poder y la prosperidad material, cuando no se gestionan con prudencia y se asientan sobre cimientos frágiles, pueden llevar a una nación a la ruina…

El siglo XVI marca en la historia de España el paso de una potencia peninsular a la cúspide de un vasto y complejo imperio global. Este período de transformación se cimentó sobre el legado de los Reyes Católicos, cuya unión dinástica y la Reconquista en 1492 prepararon el escenario para una nueva era de expansión.

Con el advenimiento de la Casa de Habsburgo, esta expansión se aceleró de manera dramática. El ascenso de Carlos I de España, nieto de los Reyes Católicos y del Emperador Maximiliano de Habsburgo, lo invistió de una herencia territorial sin precedentes.

A la Corona de Castilla y Aragón, con sus posesiones italianas y un imperio incipiente en América, se sumaron los territorios de la Casa de Borgoña y el Sacro Imperio Romano Germánico. Esta combinación de reinos hispánicos y dominios europeos y americanos configuró el primer imperio global.

El reinado de Carlos I, también conocido como Carlos V del Sacro Imperio, comenzó con una discordia interna. Al llegar a España en 1516 encontró una población que lo consideraba un extranjero. No hablaba el castellano y estaba rodeado por una cohorte de consejeros y nobles flamencos, a los que otorgó importantes cargos como el de regente, nombrando a Adriano de Utrecht. Esta situación generó un gran descontento en las ciudades de Castilla, que veían cómo sus intereses se veían relegados por las ambiciones dinásticas del nuevo rey. La gota que colmó el vaso fue la demanda de un nuevo «servicio» (impuesto) a las Cortes de Castilla para financiar su campaña para ser elegido emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. Ante la aprobación de las nuevas cargas fiscales en las Cortes de La Coruña en 1520, la tensión social y política estalló.  

Este descontento dio origen a dos de los conflictos internos más significativos del siglo. La Revuelta de las Comunidades de Castilla (1520-1521) fue un movimiento político, social y antiseñorial, liderado por hidalgos y la clase media urbana. Sus líderes, Juan de Padilla, Juan Bravo y Francisco Maldonado, demandaban una mayor atención a las leyes y costumbres del Reino de Castilla y una protección para la industria textil castellana, que se sentía amenazada por las políticas imperiales.

De manera simultánea, se produjo la Revuelta de las Germanías (1519-1523) en Valencia y Mallorca, un conflicto de índole social que enfrentó a artesanos y la pequeña burguesía contra la nobleza y la oligarquía. La revuelta valenciana también manifestó una fuerte carga de intolerancia religiosa, con ataques directos contra la población morisca, a la que acusaban de colaborar con los señores.  

La simultaneidad de estas revueltas, aunque con naturalezas y causas distintas, revela una profunda fisura en la estructura del naciente imperio. Estos no fueron incidentes aislados, sino una respuesta sistémica a un monarca que parecía priorizar su visión de un imperio cristiano universal sobre los intereses de sus reinos hispánicos. La victoria de las fuerzas realistas en la Batalla de Villalar en 1521 y la posterior represión de la nobleza en Valencia contra los agermanados en 1521, evidencian un punto de inflexión. El fracaso de las revueltas se explica por la alianza tácita entre el rey y la alta nobleza, la cual, aunque también desconfiaba de los consejeros flamencos, se unió a la Corona tan pronto como los movimientos de los comuneros y agermanados se tornaron abiertamente antiseñoriales. Este resultado afianzó el autoritarismo real y dejó a la burguesía y a los grupos urbanos sin propiedades políticamente debilitados durante décadas, sentando las bases para una estructura de poder que se mantendría a lo largo del siglo.  

A diferencia de su padre, Felipe II heredó un imperio inmenso pero sin la corona del Sacro Imperio, un hecho que le permitió concentrar su atención en sus dominios hispánicos y en el Atlántico. Su gobierno fue un modelo de centralización y sedentarismo. Conocido como «El Prudente,» Felipe II dirigió su vasto imperio desde su escritorio en el monasterio de El Escorial, rigiendo a través de un sistema de consejos temáticos y territoriales, coordinados por el Consejo de Estado.  

Su política exterior se mantuvo ligada a los dos objetivos heredados: la defensa de la hegemonía de la Casa de Habsburgo y la defensa de la fe católica. Esto le llevó a una serie de conflictos constantes. La lucha por el control del Mediterráneo contra el Imperio Otomano culminó en la decisiva Batalla de Lepanto en 1571, una victoria de la Santa Liga (formada por España, el Papado y Venecia) que supuso un enorme triunfo moral para la cristiandad y frenó la expansión otomana en el Mediterráneo occidental. No obstante, los historiadores han matizado que esta victoria no alteró de forma definitiva el equilibrio de poder geopolítico a largo plazo.  

La rivalidad con Inglaterra, impulsada por diferencias religiosas y el control de las rutas comerciales atlánticas, alcanzó su punto culminante en 1588 con el intento de invasión. La «Grande y Felicísima Armada», conocida irónicamente por los ingleses como la «Armada Invencible», zarpó de Lisboa con más de 141 barcos y 30.000 hombres. Sin embargo, la expedición fue un desastre catastrófico. Las causas de su fracaso incluyeron el mal tiempo, la superioridad de los cañones y las tácticas navales inglesas, y la falta de coordinación con el ejército del Duque de Parma en Flandes.  

El fracaso de la Armada, si bien no supuso el fin inmediato de la guerra con Inglaterra, marcó un cambio estratégico en las prioridades de la Monarquía Hispánica. La derrota expuso las vulnerabilidades del poder naval español a larga distancia, lo que obligó a un mayor enfoque en la defensa de los territorios existentes en lugar de una expansión audaz. La empresa de la Armada, junto con el prolongado y costoso conflicto en los Países Bajos (la Guerra de los Ochenta Años, 1568-1648), que se prolongaría hasta el siglo siguiente, se convirtió en una constante sangría de recursos económicos y militares para la Corona. La vasta riqueza del imperio era, en este contexto, un medio para sostener ambiciones militares que superaban la capacidad real de sus finanzas, generando una tensión que sería el rasgo definitorio de su economía.  

El descubrimiento de América y la posterior conquista de los grandes imperios indígenas desataron un flujo sin precedentes de metales preciosos hacia Europa. Si bien el oro fue el metal predominante en la fase inicial, a partir de 1560 la plata se convirtió en la principal fuente de riqueza. La Monarquía Hispánica implementó un sistema monopolístico para administrar esta bonanza.

La Casa de Contratación de Sevilla, creada en 1503, se encargaba de fomentar y regular todo el comercio y la navegación con el Nuevo Mundo. Este sistema, conocido como la Carrera de Indias, consistía en la organización de flotas y galeones mercantes que viajaban periódicamente bajo la protección de buques de guerra para evitar la piratería.  

La inmensa cantidad de plata que llegaba a España fue amonedada en los territorios de la Monarquía Hispánica en América, principalmente en forma de reales de a ocho. Esta moneda se convirtió en el medio de cambio internacional desde la primera mitad del siglo XVI, sustentando la hegemonía de la dinastía de los Habsburgo en Europa y contribuyendo al nacimiento de una economía global.  

La llegada masiva de metales preciosos a Europa, en particular la «avalancha de plata» a partir de 1560, provocó un fenómeno económico sin precedentes conocido como la «Revolución de los Precios». Este proceso, que fue percibido por la sociedad y la política de la época, se caracterizó por un aumento sostenido de los precios de entre el 1% y el 1.5% anual a lo largo del siglo.  

Aunque la teoría inicial de Hamilton atribuía la inflación directamente al flujo de metales preciosos, investigaciones posteriores, como las de Bartolomé Yun, sugieren que la inflación también estuvo impulsada por la creciente complejidad del sistema productivo y la división del trabajo, que intensificó las operaciones comerciales. Sin embargo, el impacto social de este fenómeno fue devastador. Si bien los precios se dispararon, los salarios de la mayoría de la población —los  

pecheros o no privilegiados— se mantuvieron estancados o aumentaron a un ritmo mucho menor, lo que se tradujo en una pérdida significativa y progresiva del poder adquisitivo. Esto, sumado a la rigidez del sistema social y a la incapacidad de la industria artesanal castellana, por ejemplo la textil, para competir con los productos extranjeros más baratos, generó una dependencia de las importaciones. En lugar de utilizar la riqueza para invertir en producción nacional, la Corona la utilizaba para financiar guerras, y la élite la gastaba en bienes de lujo, provocando una fuga de la riqueza que terminaba en las economías de otras naciones europeas.  

El incesante flujo de plata americana no fue suficiente para sostener los enormes gastos del imperio. La política de mantener vastos dominios y la defensa del catolicismo a escala global generaron un costo extraordinario que superaba con creces los ingresos disponibles. Esto llevó a una situación de endeudamiento crónico, en la que la Corona dependía cada vez más de los préstamos de banqueros, principalmente genoveses y alemanes como los Fugger, a intereses crecientes.  

La situación de insostenibilidad financiera se manifestó en las sucesivas suspensiones de pagos o bancarrotas, que Felipe II declaró en 1557, 1575 y 1596. Es importante destacar que estas bancarrotas no eran impagos totales, sino renegociaciones de la deuda en las que se consolidaba la deuda a corto plazo en títulos a más largo plazo, a menudo con una reducción de los intereses y del principal. Aunque esto permitía a la Monarquía evitar el colapso inmediato, dañaba gravemente su crédito y su reputación, lo que obligaba a recurrir a nuevos préstamos en condiciones aún más desfavorables. La riqueza que llegaba de América era, en efecto, una «maldición de los recursos» disfrazada. En lugar de fortalecer la base económica productiva, sirvió como un mero conducto para financiar un aparato militar y administrativo insostenible, transfiriendo la riqueza a sus acreedores extranjeros y a los comerciantes de las potencias rivales, sentando así las bases de la decadencia económica que caracterizaría al siglo XVII.  

La sociedad española del siglo XVI estaba fuertemente estratificada en estamentos, una estructura social que ofrecía privilegios y exenciones fiscales a la nobleza y al clero, mientras que la mayoría de la población, los no privilegiados o pecheros, cargaban con el peso económico. En este contexto, la obsesión por la pureza de la fe se manifestó en el concepto de limpieza de sangre, que excluía a los descendientes de judíos y moriscos de los cargos públicos y los títulos nobiliarios, creando un clima de desconfianza e intolerancia que afectó profundamente la movilidad social y económica.  

La Contrarreforma, un movimiento de renovación de la Iglesia Católica para combatir el avance del protestantismo, encontró en España a su principal baluarte. La Monarquía de Felipe II se erigió como la defensora de la ortodoxia católica, utilizando a la Inquisición como un instrumento clave de control social y religioso. El Santo Oficio, establecido en 1478, no solo perseguía a los herejes (especialmente a los conversos de origen judío y morisco), sino que también servía para censurar libros y diseminar una doctrina uniforme. La confiscación de bienes a los condenados por herejía añadió un componente económico significativo, permitiendo a la Corona redistribuir riquezas y financiar las actividades de la Inquisición, lo que subraya la dualidad de sus objetivos.  

En un contraste notable con las rigideces sociales y las tensiones militares, el siglo XVI fue el apogeo de la cultura española, un período conocido como el Siglo de Oro. Este florecimiento, que abarcó tanto el Renacimiento como el inicio del Barroco, produjo obras maestras en la literatura y el arte.  

La complejidad del momento histórico encontró su reflejo en nuevos géneros literarios. La novela picaresca, con obras como Lazarillo de Tormes (1554), surgió como una cruda crítica social. Relatando las peripecias de un antihéroe desde la perspectiva de la pobreza, esta prosa ofrecía un retrato realista de la hipocresía de una sociedad obsesionada con el honor y el estatus. En el otro extremo del espectro, la poesía ascética y mística.

Figuras como Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz, impulsadas por el fervor de la Contrarreforma, describieron en sus obras el viaje espiritual hacia la unión con Dios, dejando un legado de profunda introspección que marcó la literatura española. El teatro también se renovó, de la mano de Lope de Vega, con una nueva propuesta que fusionaba lo trágico con lo cómico. El siglo también vio el nacimiento de la novela moderna, con Miguel de Cervantes y su obra Don Quijote de la Mancha.  

El Siglo de Oro no fue solo un período de esplendor artístico, sino también de una profunda renovación intelectual. La Escuela de Salamanca, un grupo de teólogos y juristas de la universidad, se dedicó a reinterpretar la escolástica para abordar los nuevos desafíos morales y económicos de la época, como el descubrimiento de América y la reforma protestante.  

Sus contribuciones al pensamiento económico fueron pioneras. En un momento de inflación sin precedentes, fueron los primeros en formular la teoría cuantitativa del dinero, explicando que el valor del dinero dependía de su abundancia y escasez. Teólogos como Martín de Azpilcueta y Domingo de Soto entendieron el dinero como una mercancía cuyo valor disminuía a medida que aumentaba su cantidad, un análisis que servía de justificación moral para el cobro de intereses.  

En el ámbito jurídico y político, encabezados por Francisco de Vitoria, sentaron las bases del derecho internacional moderno (ius gentium), al debatir la legitimidad de la conquista de América y proponer la doctrina de la guerra justa. Este pensamiento jurídico establecía límites morales a la actuación de los conquistadores y consideraba los derechos de los pueblos indígenas, incluso si el resultado práctico de estos debates no siempre se reflejaba en la realidad del nuevo mundo. La vida intelectual de la época, por tanto, no era un ejercicio académico aislado, sino una respuesta directa a las realidades económicas y políticas de la expansión imperial. La crítica social de la novela picaresca, el consuelo espiritual de la poesía mística y las teorías económicas y jurídicas de la Escuela de Salamanca fueron reflejos artísticos e intelectuales de las tensiones y contradicciones de un imperio en su apogeo.

Hallan en Çayönü Tepesi un edificio público de 9.500 años con suelo rojo

Arqueólogos han desenterrado un edificio público de 9.500 años de antigüedad con un llamativo suelo pintado de rojo en Çayönü Tepesi, uno de los asentamientos neolíticos más importantes del mundo, ubicado en Ergani, Diyarbakır, sureste de Turquía. El hallazgo informa  sobre la vida social y cultural de las primeras comunidades agrícolas durante la transición de la humanidad del nómada al sedentario.

Las excavaciones en Çayönü, iniciadas en 1964, han revelado numerosos hitos en la historia de la humanidad, incluyendo los inicios de la agricultura, la domesticación de animales y la metalurgia temprana. Esta temporada, bajo la dirección del profesor Savaş Sarıaltun, de la Universidad Çanakkale Onsekiz Mart, centró su trabajo en un área de 900 metros cuadrados en el lado este del montículo. Allí, descubrieron el llamado Edificio Público de Suelo Rojo que data de alrededor del 7600-7500 a. C.

A diferencia de las viviendas, el edificio parece haber servido como lugar de reunión comunitaria. Sarıaltun explicó que podría haber albergado reuniones, rituales o eventos colectivos:

Esta estructura es diferente de las viviendas privadas. Representa un espacio compartido por toda la comunidad, lo que la convierte en uno de los descubrimientos más valiosos de Çayönü.

La evidencia sugiere que el edificio permaneció en uso durante 150-200 años. Los arqueólogos descubrieron que su suelo había sido repintado al menos cuatro veces, lo que pone de relieve la continua importancia del edificio para el asentamiento. Los pigmentos utilizados para crear los intensos tonos rojos probablemente se obtuvieron de ocre natural o arcilla rica en hierro presente en las montañas cercanas.

Este uso avanzado de pigmentos no solo demuestra preferencias estéticas tempranas, sino que también refleja el valor simbólico y ritualista que se atribuía a los espacios comunitarios en la sociedad neolítica. La proximidad del edificio al famoso Edificio de Terrazo —otra estructura monumental con suelo de mosaico— subraya aún más su importancia en la vida social y ceremonial del asentamiento.

Çayönü Tepesi, con más de 12 000 años de antigüedad, se erige como uno de los yacimientos más importantes de la Revolución Neolítica: la transición global de la caza y la recolección a la agricultura y el asentamiento permanente. Ubicado en la Alta Mesopotamia, el yacimiento rivaliza con otros yacimientos arqueológicos pioneros como Göbeklitepe y Nevali Çori.

Las excavaciones han revelado no solo viviendas y estructuras comunitarias tempranas, sino también evidencia de domesticación animal, el primer cultivo de cereales e incluso la temprana elaboración del cobre. Estos descubrimientos convierten a Çayönü en una piedra angular para comprender cómo las sociedades humanas evolucionaron hacia la vida urbana.

Reconocido como candidato a Patrimonio Mundial de la UNESCO, Çayönü ofrece información valiosa sobre los orígenes de la agricultura, la tecnología y la organización social. El reciente descubrimiento del Edificio de Suelo Rojo añade una nueva dimensión, ofreciendo una visión excepcional de cómo las primeras comunidades agrícolas construían y mantenían espacios públicos compartidos.

La singularidad de esta estructura reside no solo en su antigüedad, sino también en su suelo pintado, el primero de su tipo descubierto en Çayönü. Sarıaltun enfatizó que el uso de pigmento rojo en múltiples capas demuestra un esfuerzo deliberado por preservar el carácter especial del edificio. Esto indica que la identidad comunitaria, las prácticas simbólicas y los rituales compartidos ya estaban profundamente arraigados en las primeras sociedades neolíticas.

Mediante el estudio de este edificio, los arqueólogos buscan reconstruir la vida cotidiana, las prácticas espirituales y la organización social de las personas que vivieron hace casi 10,000 años. De este modo, Çayönü continúa reformulando nuestra comprensión de los primeros experimentos de la humanidad con asentamientos permanentes y vida cultural compartida.

Arkeonews

Hallan en Sayburç, Taş Tepeler, 50 estructuras neolíticas y pilares en forma de T de 12600 años

Arqueólogos que trabajan en el asentamiento de Sayburç en Şanlıurfa, al sureste de Turquía, han desenterrado un tesoro extraordinario de más de 50 edificios neolíticos, muchos de los cuales aún conservan la presencia de misteriosos pilares en forma de T.

Este descubrimiento no solo amplía la huella conocida de la región de Taş Tepeler (Colinas de Piedra), sino que también proporciona evidencia excepcional de cómo las comunidades primitivas construían sus hogares y espacios sagrados en paralelo.

Los hallazgos, que destacan por sus enigmáticos pilares en forma de T, ofrecen una perspectiva notable sobre la vida cotidiana, las prácticas rituales y la evolución arquitectónica hace casi 12.600 años.

Las excavaciones en Sayburç comenzaron en 2021 bajo la dirección del profesor asociado Eylem Özdoğan, de la Universidad de Estambul. Desde entonces, el equipo ha descubierto un asentamiento denso que refleja y amplía las tradiciones culturales de Göbeklitepe, Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, a menudo considerado el primer templo del mundo.

A diferencia de Göbeklitepe, donde predominan los recintos rituales monumentales, Sayburç revela un paisaje mixto de edificios domésticos y comunales. Los descubrimientos incluyen hogares, plataformas, bancos y espacios de trabajo integrados tanto en viviendas como en estructuras públicas especiales. Fundamentalmente, los pilares en forma de T —un sello distintivo de los sistemas de creencias neolíticos en la región— aparecen en ambos contextos, lo que sugiere que su significado simbólico se extendía más allá de los espacios rituales y se extendía a la vida cotidiana.

Explica Özdoğan:

Sayburç nos permite ver tanto las actividades cotidianas como los aspectos ceremoniales de la vida neolítica en un solo lugar. El número y la disposición de los pilares en forma de T difieren entre viviendas y edificios públicos, lo que demuestra cómo se entrelazaban el simbolismo y la funcionalidad.

 Arqueólogos del sureste de Turquía han descubierto más de 50 estructuras neolíticas en el yacimiento de Sayburç, en Sanliurfa.

Los pilares en forma de T se encuentran entre los elementos más emblemáticos de los yacimientos de Taş Tepeler, reconocibles al instante por su estilizada forma antropomórfica. A menudo interpretados como seres antropomórficos o figuras ancestrales, estos pilares difuminan la línea entre arquitectura y espiritualidad.

En Sayburç, los pilares individuales se encuentran típicamente en estructuras domésticas, mientras que los edificios públicos a veces presentan múltiples piedras dispuestas a lo largo de las paredes o en posiciones centrales.

Esta variación sugiere jerarquías sociales, rituales compartidos y tradiciones arquitectónicas en evolución dentro de la comunidad.

En algunos casos, la ubicación de los pilares puede reflejar reuniones comunitarias, festines o actividades espirituales, mientras que, en otros, pueden haber simbolizado protección o identidad a nivel familiar. Esta versatilidad refuerza la idea de que el simbolismo neolítico estaba profundamente arraigado en cada ámbito de la vida.

Sayburç forma parte del Proyecto Taş Tepeler, una ambiciosa iniciativa arqueológica del Ministerio de Cultura y Turismo de Turquía. El proyecto abarca más de una docena de yacimientos prehistóricos en la provincia de Şanlıurfa, incluyendo Göbeklitepe, Karahantepe, Sefertepe, Kurt Tepesi y Harbetsuvan Tepesi. Juntos, forman la mayor concentración de asentamientos neolíticos tempranos del mundo.

Mientras que Göbeklitepe deslumbró a los investigadores con su escala monumental, Sayburç destaca por documentar una ocupación continua de 300 años durante un período de transición crucial. Las excavaciones revelan la transición gradual de edificios circulares a rectangulares, lo que pone de relieve una evolución en las técnicas de construcción y la organización social. Esta transformación arquitectónica refleja cambios tecnológicos y culturales más amplios: la transición de grupos pequeños y móviles a comunidades más permanentes con estructuras sociales complejas.

Uno de los aspectos más atractivos de Sayburç es su doble identidad como espacio vital y paisaje ritual. Los hogares y las áreas de trabajo evocan rutinas domésticas como la cocina y la preparación de alimentos, mientras que la disposición de pilares en forma de T en edificios especiales enfatiza las ceremonias compartidas.

Esta combinación desafía las interpretaciones anteriores que separaban el ritual de la vida cotidiana en el Neolítico. En cambio, Sayburç demuestra que la espiritualidad y la practicidad coexistieron a la perfección, moldeando la forma en que las personas construían sus hogares, se reunían en comunidad y concebían su mundo.

Hallan balas, flechas y monedas en Gallegos de Arganán, Salamanca

Una prospección electromagnética recupera 320 objetos arqueológicos de Gallegos de Argañán, cuyos archivos ardieron durante la Guerra de la Independencia

Gallegos de Arganán (Salamanca, 260 habitantes) es una población sin rastro documental de su memoria. Se quemo en diversas guerras y desastres que redujeron sus archivos a cenizas. Pero el proyecto de instalación de una planta solar, en un terreno yermo de 60.000 metros cuadrados, a  un kilómetro de su centro urbano, puede ayudar a recuperar su pasado. Un total de 320 objetos arqueológicos (monedas, botones, proyectiles esféricos, hebillas, terminales correa, restos de armas…) han sido localizados por los expertos de la empresa Vacceo Integral de Patrimonio cuando llevaban a cabo una prospección electromagnética. Los materiales localizados abarcan un periodo que se inicia en el 2000 a. C, atraviesa el dominio romano, cruza la Edad Media, y concluye en el reinado de Juan Carlos I.

¿Cómo es posible tal cantidad de material histórico en una parcela sin construcciones y alejada del pueblo? Clemente Gonzalez Garcia, arqueólogo da la respuesta en su informe Prospeccion Intensiva electromagnética para la instalación de planta solar fotovoltaica en el sureste salmantino. Estudio del material metálico,publicado en la revista Cuadernos de Cultura Material Metálica:

Parece evidente que, lo que a primera vista no era más que una simple parcela de cultivo, tuvo en el pasado y de forma continuada, gran interés para diversos grupos humanos. Se trata de un gran conjunto de materiales arqueológicos que, en cualquier otra población con más habitantes y recursos económicos, ya habría servido para crear, sino un museo, sí al menos una colección museográfica específica.

Todos los materiales documentados han sido depositados en el Museo de Salamanca.

La parcela se ubica al sur de Gallegos de Argañán y próxima al yacimiento romano de La Dómine. Todos los objetos recuperados, gracias al empleo de un detector de metales, se situaban a poco menos de 15 centímetros de profundidad. La mayor parte procede de conflictos bélicos que van de la Guerra Civil Castellana del siglo XV, pasando por la Guerra de Restauración Portuguesa del siglo XVII o la Guerra de la Independencia del XIX.

El más antiguo es una punta de flecha de la Edad del Bronce, entre los años 2000 y 1700 a. C., de las denominadas tipo Palmela. Su estado de conservación es óptimo. Mide 60,15mm de altura y 20,32 de anchura. Pesa 8,45 gramos.

Explica González García

Pero el conjunto más abundante de materiales lo integran 61 monedas documentadas. Toda son de cobre, salvo dos, que fueron acuñadas en plata. El suelo de la zona es muy ácido, lo que unido al empleo de fertilizantes químicos y los cambios de temperatura de la provincia de Salamanca, ha provocado que los materiales de cobre apareciesen muy degradados. A pesar de ello, se ha logrado catalogar la casi totalidad del conjunto en el que predominan de forma clara las emisiones del siglo XVII. Lo cual es, sin duda, un indicador de la abundante presencia humana en este lugar durante ese convulso periodo.

De las tres monedas romanas halladas, una es un as muy desgastado en cuyo anverso se distingue la figura del emperador Tiberio. Las otras dos son antoninianos de vellón, que circulaban entre los siglos III y IV.

En el caso de las monedas del siglo XVI destaca una de plata de muy buena calidad y factura en cuyo reverso se lee Fernandus et Elisab y en el centro aparece el escudo cuartelado de Castilla y León alternado con el de Aragón, con la Granada en punta y corona real”. Además de esta pieza, también se han localizado maravedíes de Felipe III, Felipe IV, Carlos II, Felipe V y Fernando VI. Del reinado de este último monarca, destaca un ejemplar de “medio real acuñado en Madrid en 1748 en muy buen estado de conservación.

Probablemente esta moneda esté relacionada con una importante operación militar ocurrida en 1762, conocida como la Guerra Fantástica, la invasión de Portugal ordenada por Carlos III, en apoyo a la política internacional de su primo, el rey Luis XV de Francia. El 28 de julio de ese año, un gran ejército compuesto por unos 30.000 españoles y 12.000 franceses salió de Ciudad Rodrigo, cruzó por estas tierras y avanzó hacia Almeida (Portugal).

Se lee en el informe:

El sitio de Almeida comenzó el 4 de agosto de 1762 y el 25 del mismo mes la plaza fue tomada. Aunque la invasión no logró sus objetivos, la huella que dejó en esta comarca fue terrible. A su regreso del país vecino los soldados españoles extendieron una brutal epidemia que provocó más bajas que los cañones portugueses. De manera muy rápida la enfermedad se extendió a los civiles que atendían a las tropas —primero murió el médico del pueblo, luego sus familiares— y acabó provocando una tremenda mortandad en Gallegos.

Indica González García

También se han hallado monedas de los reinados de Carlos III y Carlos IV. Tres de estas piezas estarían directamente relacionadas con la Guerra de la Independencia y que convirtió los montes y casas de esta pequeña población salmantina en un hervidero de tropas españolas, portuguesas, francesas, inglesas y alemanas. Igualmente, se han recuperado monedas de entre los reinados de Fernando VII e Isabel II, “al igual que otras emitidas por Alfonso XII en 1877, que estuvieron en circulación hasta 1939 y que se las conocía como perras gordas y chicas. También se han localizado unas pocas pesetas de la dictadura del general Franco y del reinado de Juan Carlos I.

Es lógico pensar que los mismos individuos —que debieron ser muchos— que en determinadas circunstancias perdieron todas esas monedas pudieron también perder más objetos, entre ellos proyectiles de plomo de armas de avancarga, que se cargaban por la boca. Son 31 piezas, muchas sin indicios de disparo. El grupo más numeroso pesa entre 20 y 22 gramos, la munición empleada por los arcabuces de 6/8 de onza, que debió de ser un arma muy usada en la Guerra de Restauración Portuguesa.

Los botones encontrados se corresponden con los siglos XVI y XIX. Los lucían tropas francesas, portuguesas, inglesas y españolas. El más grande de todos tiene un diámetro de 26,8mm.

La moda francesa, extendida por los Borbones y caracterizada por la ostentación y pomposidad, el colorido, el uso de lazos, encajes, pelucas y tacones, llevó también el diámetro de los botones a su máximo exponente. Se trata de un botón usado seguramente en alguna casaca militar y que se puede situar en torno a mediados del siglo XVIII.

Otro de los ejemplares es absolutamente icónico y representativo de una de las principales unidades que participaron en la defensa de Ciudad Rodrigo ante el asedio francés de 1810. Es de bronce, muy bien conservado y en su divisa se indica: Voluntarios de Ávila por Fernando VII. Ávila envió tres batallones de voluntarios (1.235 hombres) a Ciudad Rodrigo en 1809. Durante el asedio a la ciudad destacaron por su defensa de los puestos exteriores y luego del propio recinto amurallado. Fueron traslados a Francia como prisioneros.

Pero, además, entre los abundantes materiales metálicos de uso militar localizados (conteras de dagas, hebillas y pasadores en T completos), se ha desenterrado el terminal de una correa nazarí del siglo XV.

Este tipo de piezas se usaban para rematar correas estrechas y eran de uso masculino, en correajes para sus vestimentas o sujeción de sus armas. Los hombres de armas hispánicos del siglo XV y XVI gustaban de emplear este tipo de adornos lujosos pero morunos, lo que se denomina maurofilia o vestir a la morisca. Tras la conquista de Granada, la indumentaria de Boabdil el Chico pasa a formar parte del botín de guerra de Isabel y Fernando. Esta anécdota, que puede parecer superflua, está relacionada con la materialización del ideal de conquista y constituye un referente ideológico de dominación-sumisión.

Entre los restos de armamento sobresalen varias piezas asociadas con armas de fuego, entre las que destacan la nuez o mecanismo de una llave de chispa y la tapa del guardamanos de un fusil inglés conocido como Brown Bess.

González García lo resume así:

Los hallazgos documentados convierten la parcela en una pieza más del gigantesco puzle que representa el término municipal de Gallegos. Este municipio perdió durante la Guerra de la Independencia toda su documentación convirtiéndose así, de repente, en un pueblo sin memoria. Salvo algunos documentos judiciales conservados en Valladolid y los libros de la parroquia, apenas tenemos datos directos. Un pasado que se apoya en hallazgos singulares —como adornos o monedas de plata— pero también simples y humildes como los botones, los proyectiles esféricos o los clavos de las botas de los soldados. Un gran conjunto de materiales arqueológicos que, en cualquier otra población con más habitantes y recursos económicos, ya habría servido para crear un museo.

https://elpais.com/cultura/2025-09-04/balas-flechas-y-monedas-el-tesoro-de-un-pueblo-salmantino-que-perdio-toda-su-historia.html

Profesor documenta 53 personajes bíblicos confirmados por la arqueología

Durante siglos, se ha debatido si la Biblia es historia, mito o algo intermedio. Ahora, una importante investigación del profesor de la Universidad de Purdue, Lawrence Mykytiuk, ha reforzado el argumento de que la Biblia refleja personajes históricos reales. En su reciente artículo para Bible History Daily, Mykytiuk recopiló evidencia que confirma la existencia de 53 individuos mencionados en la Biblia mediante descubrimientos arqueológicos.

Mykytiuk, profesor emérito de Bibliotecología en Purdue, se describe a sí mismo no como un arqueólogo, sino como un analista. Su especialidad es analizar minuciosamente inscripciones, sellos y tablillas de la antigüedad para determinar si hacen referencia a personajes que también se encuentran en las Escrituras.

Explicó Mykytiuk en una entrevista con Bible Gateway:

Analizo las inscripciones para ver si se refieren a personajes bíblicos y llevo la cuenta cuando se pueden hacer identificaciones sólidas

Este trabajo comenzó en 1990, cuando quedó fascinado por un sello de arcilla (bulla) con el nombre de un rey mencionado en la Biblia hebrea. Desde entonces, ha examinado miles de inscripciones, comparándolas con relatos bíblicos. El resultado es una lista de gobernantes, sacerdotes y funcionarios que pueden anclarse firmemente en la historia.

Entre las confirmaciones más impactantes se encuentra el rey David, una de las figuras centrales del Antiguo Testamento. Desestimado durante mucho tiempo por algunos eruditos como un personaje legendario o simbólico, el nombre de David aparece en tres inscripciones antiguas —una egipcia, una aramea y una moabita— que datan del siglo IX a. C. Cada una apunta a la misma dinastía davídica descrita en la Biblia.

Igualmente bien documentado está Nabucodonosor II, el monarca babilónico que destruyó Jerusalén y exilió a su pueblo. Su nombre se conserva en innumerables tablillas cuneiformes, muchas probablemente escritas bajo su supervisión. Libros bíblicos como 2 Reyes, Jeremías y Daniel lo mencionan extensamente, y la arqueología confirma ahora su presencia histórica.

Sisac (Sheshonq I): el faraón egipcio que invadió Judá alrededor del año 925 a. C. (1 Reyes 11:40). Su campaña también está registrada en los muros del templo de Karnak.

Ezequías, rey de Judá (2 Reyes 18:13), recordado tanto por sus reformas religiosas como por su enfrentamiento con el rey asirio Senaquerib. Inscripciones y un famoso túnel de agua en Jerusalén confirman su reinado.

Ciro el Grande de Persia (Esdras 1:1), quien permitió el regreso de los judíos exiliados a Jerusalén. Su famoso Cilindro de Ciro evoca la descripción bíblica de él como restaurador de los pueblos desplazados. Belsasar, corregente de Babilonia (Daniel 5), se consideró una invención bíblica hasta que las inscripciones confirmaron su reinado junto a su padre Nabonido.

Según la investigación de Mykytiuk, la arqueología ha confirmado la existencia de 53 figuras bíblicas, desde faraones y monarcas hasta gobernadores, sacerdotes y escribas. Entre los gobernantes egipcios se encuentran Sisac (Sheshonq I), Osorkon IV, Tirhaka (Taharqa), Necao II y Hofra (Apries). Del reino moabita proviene el rey Mesa, mientras que entre los reyes de Aram-Damasco se encuentran Hadad-ezer, Ben-Hadad hijo de Hadad-ezer, Hazael, Ben-Hadad hijo de Hazael y Rezín. El Reino del Norte de Israel aporta nombres como Omri, Acab, Jehú, Joás (Jehoás), Jeroboam II, Menahem, Pekah, Oseas y el gobernador persa Sanbalat I. El Reino del Sur de Judá está representado por David, Uzías (Azarías), Acaz, Ezequías, Manasés, Hilquías, Safán, Azarías el sumo sacerdote, Gemarías, Joaquín, Selemías, Jehucal, Pasur y Gedalías.

Del Imperio Asirio esta Tiglat-Pileser III, Salmanasar V, Sargón II, Senaquerib, Adrammelec y Esarhaddon, mientras que el Imperio Babilónico produce a Merodac-Baladan II, Nabucodonosor II, Nebo-Sarsekim, Nergal-Sharezer, Nabuzaradán, Evil-Merodac y Belsasar. Finalmente, el Imperio Persa proporciona a Ciro el Grande, Darío I, Tatnai, Jerjes I, Artajerjes I Longímano y Darío II Notus.

Los escépticos podrían preguntarse: ¿cómo sabemos que estas inscripciones se refieren realmente a los mismos individuos que aparecen en la Biblia? Mykytiuk insiste en criterios rigurosos. Un nombre por sí solo no es suficiente; también debe haber detalles coincidentes como el título, la ascendencia, el período de tiempo y la ubicación. Solo cuando todos coinciden, registra una identificación sólida.

Al aplicar estos estrictos estándares, Mykytiuk ha confirmado 53 figuras, que van desde reyes conocidos como Acab, Omri y Jerjes I, hasta funcionarios menos conocidos como Jehucal, un ayudante real en la época de Sedequías (Jeremías 37:3).

Para Mykytiuk, el proyecto no se trata de demostrar la fe, sino de respetar la historia, declaró a Bible Archaeology Report:

 Independientemente de la fe religiosa, y con base en una gran cantidad de evidencia clara y concreta, no encuentro ninguna razón para rechazar, y sí muchas para aceptar, la credibilidad histórica general de la Biblia.

Sus hallazgos desafían una tendencia en la erudición moderna que descarta la Biblia como poco fiable a menos que se pruebe de forma independiente. Al confirmar docenas de figuras mediante la arqueología, Mykytiuk demuestra que la Biblia, al menos desde la época del rey David en adelante, concuerda significativamente con el registro histórico.

A pesar de la impresionante lista, Mykytiuk reconoce que la arqueología no puede confirmarlo todo. Personajes anteriores a David, como Abraham o Moisés, permanecen fuera del alcance de la evidencia actual.

Los estragos del tiempo han destruido enormes cantidades de artefactos físicos y escritos.

Aun así, argumenta que sobrevive lo suficiente como para tomar en serio gran parte del relato bíblico.

La confirmación de 53 figuras bíblicas es importante no solo para los académicos, sino también para millones de creyentes en todo el mundo. Para judíos, cristianos y musulmanes, estos nombres representan la herencia compartida de la fe. Para los historiadores, representan puntos de referencia que vinculan las inscripciones antiguas con uno de los textos más influyentes de la humanidad.

La lista de Mykytiuk continúa evolucionando, y él mantiene su compromiso de actualizarla a medida que aparecen nuevas inscripciones. Su trabajo demuestra que, incluso en una época de escepticismo, las piedras y tablas del mundo antiguo aún hablan y, en ocasiones, confirman las historias de las Escrituras.

Informe de Arqueología Bíblica

Arkeonews

Hallan en Motya, Sicilia, 51 frascos de perfumes fenicios

 Un equipo de investigadores ha logrado, por primera vez, atrapar esas esencias y descifrar su valor cultural en el contexto de la diáspora fenicia, revelando que el aroma fue un potente instrumento de conexión identitaria para quienes navegaron lejos de su hogar.

El estudio, publicado en el Journal of Archaeological Method and Theory, ha sido liderado por expertos de la Universidad de Tubinga y la Universidad Complutense de Madrid, en colaboración con instituciones de Italia y el Reino Unido, y se ha centrado en el análisis exhaustivo de 51 pequeños frascos de cerámica recuperados en el asentamiento fenicio de Motya, una isla situada en la costa occidental de Sicilia que fue un enclave comercial crucial.

Estos recipientes, de una apariencia sencilla y una altura modesta que oscila entre los 15,5 y los 18,5 centímetros, datan de entre los siglos VIII y VI a.C. y suelen aparecer en contextos funerarios, domésticos y áreas sacras, además de estar distribuidos de forma extraordinariamente amplia por todo el Mediterráneo y más allá, una dispersión que ya sugería su importancia y sus múltiples usos.

Explicó el Dr. Adriano Orsingher, del Departamento de Prehistoria, Historia Antigua y Arqueología de la Universidad Complutense de Madrid y actualmente investigador honorario en el Instituto de Arqueología Bíblica de la Universidad de Tubinga, quien ha codirigido la investigación junto a la Dra. Silvia Amicone, del grupo de investigación de Arqueometría de la universidad alemana:

Su amplia distribución en y más allá del Mediterráneo sugiere que estos recipientes cumplían diversas funciones

La clave del hallazgo reside en la aplicación de una metodología interdisciplinar que combinó el estudio de la composición de la arcilla de los frascos para determinar su procedencia con el minucioso análisis de los residuos orgánicos que, de forma casi milagrosa, se habían conservado en el interior de las paredes cerámicas durante milenios. Los resultados de estos análisis técnicos han sido reveladores: la pasta cerámica señala un origen inequívoco en el sur de Fenicia, concretamente en un territorio comprendido entre la actual Beirut y la región del Carmelo.

Aún más interesante fue lo que encontraron dentro. En ocho de los cincuenta y un recipientes estudiados, los investigadores detectaron residuos de lípidos de origen vegetal, así como trazas químicas inequívocas de resina de pino y de lentisco o mástique. Estos compuestos son indicadores robustos de la presencia de preparados de aceites aromáticos, confirmando la hipótesis de su función primaria. 

Dice la Dra. Amicone:

Nuestra investigación confirma que estos recipientes cerámicos se utilizaron para transportar aceites aromáticos.

Pero el estudio va mucho más allá de la mera identificación de una sustancia. En un mundo, el del Mediterráneo de la Edad del Hierro, caracterizado por una movilidad intensa, el comercio a larga distancia y un constante entrelazamiento cultural, los fenicios se erigieron como los principales agentes de esta conectividad.

Eminentes navegantes, comerciantes, artesanos y migrantes, fundaron colonias y factorías muy lejos de su Levante natal. Y en este proceso de expansión y asentamiento en tierras extrañas, elementos aparentemente mundanos como estos frascos de perfume adquirieron una dimensión cultural profundamente emotiva.

Añadió el Dr. Orsingher: 

Estos aceites eran más que simples commodities. Funcionaban como conectores culturales, como expresiones de identidad que acompañaban a los migrantes fenicios a través del Mediterráneo. Llevando consigo los aromas del hogar, servían como instrumentos de memoria y reforzaban prácticas compartidas y experiencias olfativas entre comunidades dispersas.

El aroma contenido en esos pequeños frascos se convertía así en un poderoso ancla sensorial, un vínculo invisible pero omnipresente con el paisaje, la vegetación y las prácticas rituales de la patria lejana, ayudando a cohesionar a grupos humanos en territorios nuevos y potencialmente hostiles.

Este descubrimiento obliga a una reconsideración más amplia de cómo se experimentaban conceptos como la migración, el comercio y la pertenencia cultural en el mundo antiguo, invitándonos a imaginar una historia no solo de objetos y personas, sino de sensaciones y recuerdos impregnados en el olfato. 

Argumentó Orsingher:

Debemos repensar la movilidad antigua, no solo como el movimiento de personas y bienes, sino como la circulación de olores, memorias y tradiciones sensorialesEl olfato está íntimamente ligado a la identidad. Como tal, juega un papel crucial, aunque a menudo pasado por alto, en los procesos de migración, asentamiento e intercambio cultural.

Dra. Amicone.

La investigación, por tanto, trasciende lo puramente arqueológico para adentrarse en los terrenos de la antropología de los sentidos y la historia cultural, subrayando el potencial de las ciencias interdisciplinares para desbloquear las dimensiones más elusivas de la antigüedad. Nuestro trabajo destaca el potencial de la ciencia interdisciplinaria para desbloquear las dimensiones intangibles de la antigüedad,. 

Dr. Orsingher:

Al estudiar qué contenían estos recipientes y cómo se usaban, obtenemos información única sobre cómo los olores conectaban vidas, paisajes e identidades en el antiguo Mediterráneo

 La profesora Karla Pollmann la presidenta de la Universidad de Tubinga:

Los enfoques de investigación innovadores continúan descubriendo ideas sorprendentes sobre el pasado. Este estudio muestra cómo incluso rastros elusivos como los aromas antiguos pueden hacerse accesibles mediante métodos interdisciplinarios, abriendo nuevas ventanas a los mundos sensoriales y culturales de la antigüedad.

El mapa de distribución de estos frascos, que se extiende desde el Levante hasta el Atlántico, ya no se lee solo como una carta de rutas comerciales, sino como la cartografía sentimental de un pueblo que llevaba consigo, en pequeñas vasijas de barro, la esencia misma de su hogar.

Eberhard Karls Universität Tübingen

Orsingher, A., Solard, B., Bertelli, I. et al. Scents of Home: Phoenician Oil Bottles from Motya. J Archaeol Method Theory 32, 59 (2025). doi.org/10.1007/s10816-025-09719-3

La Brujula Verde

Çatalhöyük desvela nuevos secretos

El cambio social y la Casa de los Muertos en una de las ciudades más antiguas del mundo Enclavado en la llanura de Konya, en el centro de Turquía, Çatalhöyük, un asentamiento neolítico de 9.000 años de antigüedad y Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, continúa revelando información extraordinaria sobre los primeros experimentos urbanos de la humanidad.

Recientes excavaciones arqueológicas dirigidas por equipos turcos e internacionales han descubierto nuevas evidencias que sugieren que la transformación social impulsó a los antiguos habitantes a migrar del montículo oriental al occidental del asentamiento.

 Al mismo tiempo, los investigadores han identificado una notable estructura mortuoria, conocida como la Casa de los Muertos donde se depositaban ritualmente los restos de 20 individuos. Estos descubrimientos están transformando nuestra comprensión de la sociedad neolítica, destacando cómo los cambios en la vida comunitaria, las prácticas espirituales y la organización social contribuyeron a uno de los primeros ejemplos conocidos de migración urbana.

Estructuras sociales cambiantes: ¿Por qué se desplazaron las personas en el Neolítico? Los arqueólogos han debatido durante mucho tiempo por qué la población del este de Çatalhöyük finalmente abandonó sus hacinadas viviendas y se trasladó al montículo occidental.

Según el director de la excavación, el Prof. Asociado Dr. Ali Ozan, de la Universidad de Pamukkale: La respuesta podría residir en la evolución de la dinámica social. En los niveles inferiores, la arquitectura muestra un patrón denso e interconectado. Pero a medida que avanzamos hacia las capas posteriores, observamos signos de una creciente separación entre los edificios.

Esto sugiere que las estructuras sociales estaban cambiando gradualmente. Una vez que estos cambios se intensificaron, la gente podría haber optado por abandonar el este y establecerse en el oeste.

Esta transformación marca una fase crítica en la historia de la humanidad, que refleja no solo la evolución arquitectónica, sino también un cambio más profundo en la forma en que se organizan las primeras sociedades agrícolas.

Lo que comenzó como una comunidad muy unida podría haberse diversificado gradualmente en hogares más individuales, un cambio que transformó la vida cotidiana, los rituales e incluso las prácticas funerarias.

Mientras que el montículo occidental narra la historia de la migración, las excavaciones en el lado oriental han sacado a la luz uno de los descubrimientos más notables de Çatalhöyük hasta la fecha. Un equipo dirigido por el Prof. Dr. Arkadiusz Marciniak, de la Universidad de Poznań (Polonia), ha descubierto un conjunto de estructuras no domésticas dispuestas alrededor de un patio. Entre ellas se encuentra la Casa de los Muertos (Casa Espiritual), donde los arqueólogos encontraron los restos de al menos 20 individuos colocados deliberadamente bajo el suelo. Marciniak sugiere que estas personas probablemente murieron en otro lugar antes de que sus restos fueran trasladados al yacimiento, lo que indica una deposición ritual en lugar de un entierro convencional.

Estas prácticas subrayan la importancia simbólica y espiritual del entorno construido de Çatalhöyük, donde las viviendas y las estructuras rituales difuminaban la línea entre la vida cotidiana y lo sagrado. Otros descubrimientos incluyen un gran edificio ritual pintado con 14 plataformas, cuya excavación está prevista para el próximo año, así como una de las estructuras más antiguas conocidas en el asentamiento oriental, que contiene tres entierros bajo sus plataformas. Aunque la datación por radiocarbono está pendiente, estos hallazgos arrojan luz sobre cómo los primeros agricultores integraron la espiritualidad en la esencia misma de su arquitectura.

Fundada alrededor del 7500 a. C., Çatalhöyük llegó a albergar hasta 8000 habitantes en su apogeo, convirtiéndola en uno de los primeros centros urbanos del mundo.

A diferencia de ciudades posteriores con calles y plazas abiertas, Çatalhöyük estaba compuesta por casas contiguas de adobe a las que se accedía a través de aberturas en los tejados.

El asentamiento carecía de edificios públicos en el sentido tradicional; en cambio, cada hogar funcionaba como espacio doméstico y ritual. Las casas servían como lugares sagrados donde las familias enterraban a sus muertos bajo el suelo, pintaban las paredes con diseños simbólicos y celebraban ceremonias comunitarias.

La integración del ritual y la vida cotidiana ilustra cómo las primeras sociedades agrícolas concebían la espiritualidad no como algo separado de la vida cotidiana, sino como parte integral de ella. El descubrimiento del asentamiento ha tenido profundas implicaciones para la arqueología.

Desde su inclusión en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO en 2012, Çatalhöyük ha sido reconocido no solo por su notable conservación, sino también por su papel en la iluminación de la transición de grupos móviles de cazadores-recolectores a comunidades sedentarias basadas en la agricultura.

Hoy en día, sigue siendo un sitio crucial para comprender cómo los humanos experimentaron por primera vez con los conceptos de comunidad, identidad y complejidad social.

Las excavaciones en curso en Çatalhöyük, apoyadas por el Ministerio de Cultura y Turismo de Turquía en el marco del Proyecto Patrimonio para el Futuro, prometen profundizar nuestro conocimiento sobre cómo surgieron las primeras ciudades y cómo las personas se adaptaron a las cambiantes realidades sociales.

 El descubrimiento de la Casa de los Muertos y la evidencia de migración entre los montículos orientales y occidentales revelan que la sociedad neolítica distaba mucho de ser estática: era dinámica, adaptable y profundamente simbólica.

A medida que los investigadores continúan desenterrando nuevas capas de este antiguo asentamiento, Çatalhöyük se erige como un poderoso recordatorio de que las raíces de la vida urbana, la tradición espiritual y el cambio social se remontan a mucho antes de lo que imaginábamos.

Arkeonews