La cultura del vino en la Península Ibérica

La investigación arqueológica ha demostrado la importancia del estudio del vino en la protohistoria ibérica. Es un fenómeno de origen colonial fenicio y púnico que evoluciona de la importación a la producción local, convirtiéndose en un marcador de estatus social y un elemento central de los rituales de las élites.

Si bien los primeros trabajos se centran en estudios iconográficos y en la tipología de recipientes cerámicos y metálicos relacionados con el almacenamiento y consumo del vino, la investigación moderna ha trascendido este enfoque para integrar disciplinas científicas que corroboran la función de los hallazgos con una base analítica sólida.  

En la década de los 80, la arqueología científica empieza a investigar la relación directa entre los envases y el comercio del vino. A partir de entonces, se generaliza una aproximación que conjuga los trabajos arqueológicos con los analíticos, una metodología que se cristaliza en proyectos como el ambicioso O.R.V.E. (Origen de la Vid y el Vino) de la O.I.V. en París.

Una de las técnicas más innovadoras para este avance es la Arqueología Molecular, desarrollada por Patrick Mc. Govern en la Universidad de Pensilvania. Este método permite analizar los poros de la arcilla en el interior de los contenedores cerámicos.

La cocción de la arcilla genera aluminosilicatos que absorben materiales orgánicos antiguos, como líquidos, y los retienen durante largos periodos de tiempo. Gracias a esta técnica, se han podido obtener dataciones sorprendentes, como la presencia de vino en contenedores del periodo Calcolítico Final en Godin Tepe, Irán (3500-3100 a.C.), y en el poblado neolítico de Ají Firuz Tepe, con fechas calibradas del 5400-5000 a.C.. En este último yacimiento, se detectó la presencia de ácido tartárico en el fondo de los recipientes, un elemento que el investigador ha identificado como exclusivo de las uvas del Próximo Oriente.  

Otra vía de investigación, que busca resolver de manera definitiva el problema del origen de la vitis vinifera, es la desarrollada por la Dra. Rosa Arroyo García del CSIC. Su equipo busca polimorfismos en el ADN de las vides salvajes y domesticadas para rastrear el proceso de domesticación. Mediante este método, se ha demostrado que variedades modernas como la Cabernet-Sauvignon y la Chardonay son el resultado de cruces posteriores a la Edad Media, lo que plantea la existencia de especies autóctonas en Europa antes de la llegada de la vid oriental.

La investigación actual ha logrado establecer con claridad que la presencia de la vid en la Península Ibérica desde el Neolítico no implica la elaboración de vino. Los análisis de polen han identificado la existencia de vitis silvestris con una cronología en torno al 3000 a.C., pero no hay evidencia de la variedad domesticada, la vitis vinifera, hasta el inicio del Periodo Orientalizante, hacia el siglo VIII a.C.. Cualquier hipótesis que sugiera una producción de vino anterior carece de valor científico en el estado actual de los conocimientos.  

El informe concluye que la introducción del cultivo y el conocimiento tecnológico para la elaboración del vino en la Península Ibérica se produjo de manera incuestionable a través de un fenómeno cultural de ámbito mediterráneo de expansión de gentes e ideas del Oriente hacia el Occidente. Los principales vectores de esta expansión fueron los pueblos semitas, específicamente los fenicios y, posteriormente, los púnicos. Esta afirmación está respaldada por una creciente cantidad de pruebas arqueológicas y es un punto que ya genera pocas dudas en el ámbito científico.  

Para comprender la naturaleza de esta introducción, es esencial considerar el modelo económico de la viticultura en el Próximo Oriente. Las viñas no eran un cultivo sencillo; requerían una fuerte inversión inicial, abundante mano de obra y una organización social y económica centralizada, lo que las ligaba a la economía de palacio y a las directrices estatales.

 Esta inversión se destinaba a un producto que, si bien no era esencial para la subsistencia, tenía un enorme valor ideológico y simbólico. De ahí que cuando los fenicios y púnicos introducen el vino en Iberia, lo hacen no como un bien de consumo popular, sino como un instrumento de poder y un bien de prestigio, cuyo consumo estaba restringido a las élites dirigentes. Este papel estratégico del vino se evidencia en la historia de Cartago, que tras la caída de Tiro en el siglo VI a.C., intensificó el cultivo de la vid en su territorio para asegurarse así el monopolio del comercio, según lo narra el historiador Timeo. La existencia de lagares en yacimientos como el poblado de San Cristóbal, dependiente de la ciudad fenicia de Gadir, sirve de evidencia material de la producción local en la Península Ibérica desde fechas tempranas, testificando la importación de las técnicas de elaboración.  

Durante los primeros siglos de su implantación (VIII-IV a.C.), el vino en la Península Ibérica se mantuvo como un bien de lujo importado al alcance exclusivo de las jefaturas locales de Tartessos. Su valor simbólico y económico se derivaba directamente de su condición de producto exótico, lo que potenció su uso en rituales y ceremonias religiosas. Las pruebas de este consumo de élite se encuentran en contextos funerarios, como las ricas tumbas de la necrópolis de La Joya en Huelva. El ajuar de la famosa Tumba 17 de La Joya, fechada en el siglo VII a.C., incluía un carro ceremonial, arreos de caballo y un juego de jarro y braserillo de bronce para libaciones, junto con ánforas del tipo R-1. Esta asociación de objetos demuestra que el consumo del vino era parte de un ritual complejo y un marcador de alto estatus social.  

El santuario de Cancho Roano en Badajoz, un yacimiento del interior, proporciona una de las evidencias más claras del carácter sagrado del vino entre las poblaciones del Periodo Orientalizante. Su ajuar votivo incluía un ánfora con restos de taninos, un gran vaso de factura local que imitaba una crátera griega, un cazo etrusco de bronce para servir el vino y copas áticas.

Este conjunto ecléctico evidencia un sincretismo cultural en el que las élites locales adoptaban rituales y objetos de prestigio del Mediterráneo oriental para legitimar su poder. Sin embargo, el proceso de aculturación fue selectivo.

A pesar de la importación de objetos rituales y de la presencia de banquetes funerarios, la iconografía oriental de la vid, que simbolizaba la resurrección y la fertilidad, apenas tuvo implantación en la Península Ibérica hasta la llegada de los romanos. Esto sugiere que, si bien las élites ibéricas incorporaron el vino y su parafernalia como un lenguaje del poder, no necesariamente adoptan el simbolismo religioso completo de sus orígenes.  

Con la crisis de Tartessos a partir del 573 a.C., las poblaciones periféricas experimentaron un crecimiento significativo que les permitió superar la dependencia de las importaciones y consolidar una cultura del vino a gran escala. Este fue un momento clave en el que se comenzó a documentar la explotación extensiva de la vid y la elaboración de envases indígenas. Este proceso marcó un salto cualitativo: las élites ibéricas pasaron de ser meros consumidores de un bien importado a ser productores y redistribuidores, lo que les otorgó una nueva autonomía económica y cultural. La producción local de vino no fue solo un acto de imitación, sino una declaración de poder que se materializaba en la gestión de un recurso estratégico.  

El poblado fortificado de L’Alt de Benimaquía en Denia, Alicante, es uno de los mejores ejemplos de este salto cualitativo. Las excavaciones han documentado la existencia de hasta cuatro lagares, cuya extensión física indica un nivel de producción que «superaría los niveles de autoconsumo» y que, por lo tanto, apuntaba a la distribución hacia otros poblados peninsulares. Esta evidencia es irrefutable, ya que la presencia de lagares es el único indicio inequívoco de la vinificación, a diferencia del mero hallazgo de pepitas de uva, que podrían pertenecer a uva de mesa o pasas, un producto estrella en la antigüedad. El poblado de La Quéjola en Albacete, por su parte, demuestra la consolidación de esta cultura en el interior.

Este pequeño oppidum especializado en el almacenamiento, y probablemente la elaboración, del vino, muestra que la casi totalidad de las ánforas eran de producción local, aunque continuaban tipologías fenicio-púnicas.

El hallazgo de un espacio sagrado con un quemaperfumes figurado de una diosa oriental en bronce subraya la estrecha vinculación entre la producción de vino y las élites, que utilizaban el vino como un modo de expresión de su estatus aristocrático-caballeresco.  

El uso del vino también se consolidó en los rituales funerarios del mundo ibérico, como evidencian los silicernia o banquetes funerarios. La necrópolis de Los Villares en Albacete es un caso paradigmático.

En ella se documentaron dos silicernia en los que se habían quemado y sellado minuciosamente una gran cantidad de materiales, incluyendo más de 80 piezas de vajilla ática (copas, escifos, etc.). La presencia de esta abultada vajilla de cerámica griega demuestra la existencia de celebraciones comunales en torno a la bebida para conmemorar a personajes de la élite, donde el vino funcionaba como un elemento vinculante entre nobles aristocratas.  

En la necrópolis de El Salobral, también en Albacete, el valor simbólico del vino se eleva a un nivel superior. En la Tumba nº 21, los huesos cremados del difunto se depositan dentro de una crátera griega de figuras rojas. Este acto revela que el recipiente, un objeto de prestigio importado, trascendió su función utilitaria para convertirse en un receptáculo sagrado para el difunto, materializando su heroización post-mortem. El uso de vajilla importada de esta manera trascendió su simple función de consumo para convertirse en un lenguaje simbólico de prestigio, poder y pertenencia, fusionando el mundo local con el lenguaje cultural del Mediterráneo.  

Finalmente, el estudio de las vías de comunicación, tanto marítimas como terrestres, es un componente esencial para entender la difusión de la cultura del vino. El descubrimiento del pecio del Sec en Mallorca, y el desarrollo de la arqueología subacuática en España, demostró un comercio marítimo mucho más profundo de lo que se pensaba. Para la distribución terrestre, se propone que la Vía Heraclea fue el elemento encardinador de los primeros territorios ibéricos, como lo sugiere la coincidencia entre los poblados de más antigua cronología y su proximidad a esta ruta.

La escasez de ánforas en el interior puede explicarse por la hipótesis de que el vino se redistribuía en odres de piel por su ligereza y menor fragilidad, mientras que los hallazgos de ruedas y carros en yacimientos como El Amarejo y El Castellar de Meca demuestran la existencia de una red de transporte terrestre bien articulada que facilitó el comercio y la difusión del vino hacia las élites del interior. La red de distribución de vino, por lo tanto, no solo refleja la dinámica comercial, sino también la jerarquía social y económica de la época, mostrando cómo la cultura del vino se convirtió en un sistema dinámico con nodos de producción y distribución en todo el territorio.  

file:///C:/Users/media/Downloads/CELESTINO_PEREZ_S_y_BLANQUEZ_PEREZ_J_Ori%20(1).pdf

Planificación urbana en una calle de 9750 años en Canhasan Hoyuk 3, Anatolia, Turquía

Canhasan Hoyuk 3, situado en la región de Anatolia, Turquía, es conocido por sus hallazgos que informan sobre el Neolítico y el Calcolítico. Las excavaciones muestran una secuencia de ocupación de varios milenios, revelando la evolución de las comunidades agrícolas. Se han encontrado estructuras de adobe rectangulares con techos planos, algunas de las cuales contaban con hogares y plataformas elevadas, lo que sugiere un uso tanto doméstico como ceremonial.

Los arqueólogos han descubierto una gran cantidad de artefactos, incluyendo cerámica decorada con patrones geométricos y figuras de animales, herramientas de obsidiana y sílex, y figurillas de arcilla que representan a humanos y animales. Estos objetos proporcionan información valiosa sobre las prácticas artísticas, tecnológicas y rituales de las personas que vivieron allí. La cerámica, en particular, es notable por su alta calidad y su variedad de formas, lo que indica un avanzado conocimiento de la alfarería.

Además de los artefactos, los restos de plantas y animales hallados en Canhasan Hoyuk indican una economía basada en la agricultura y la ganadería. Se han identificado semillas de cereales como el trigo y la cebada, así como huesos de ovejas, cabras y vacas, lo que confirma que estas comunidades se dedicaban a la domesticación de animales y al cultivo de plantas. El sitio es un ejemplo importante de cómo las sociedades neolíticas de Anatolia se organizaron y desarrollaron sus modos de vida…

Hace casi 10.000 años, mucho antes del auge de las ciudades, una comunidad en Anatolia central ya experimentaba con la distribución espacial. Las excavaciones en Canhasan 3 Höyük (Höyük: Montículo), en la provincia turca de Karaman, mostro una de las calles más antiguas conocidas del Neolítico, que data de 9.750 años, 750 años antes que Çatalhöyük.

Los arqueólogos descubrieron un pasaje planificado entre casas con minuciosidad, una característica poco común que se asemeja a uno de los primeros ejemplos de calle en la historia de la humanidad. Este hallazgo desafía la imagen tradicional de la vida neolítica como grupos de viviendas con acceso por tejado y escasa organización externa, como se ve en Çatalhöyük.

En cambio, Canhasan revela una comunidad que deliberadamente deja espacio entre las estructuras, lo que sugiere formas tempranas de organización social, acceso compartido y planificación arquitectónica casi un milenio antes del auge de Çatalhöyük.

Las excavaciones, realizadas en el marco del Proyecto Patrimonio para el Futuro del Ministerio de Cultura y Turismo de Turquía, están dirigidas por Adnan Baysal, de la Universidad de Ankara.

Su equipo descubrió un pasadizo que separaba dos casas, lo que sugiere un intento deliberado de crear un espacio común o funcional, algo poco común en la Anatolia neolítica.

Es una gran sorpresa. Mientras que Çatalhöyük tenía casas agrupadas con acceso a los tejados, Canhasan 3 muestra una visión arquitectónica diferente. Estos espacios entre las casas podrían haber funcionado como pasadizos, corredores de protección para el ganado o incluso como una forma primitiva de calle. En cualquier caso, es extremadamente raro ver tal organización espacial en este período.

El equipo también descubrió hogares ubicados de forma diferente a los de Çatalhöyük, lo que sugiere la existencia de diversas prácticas culturales en las comunidades neolíticas de Anatolia Central.

Canhasan no es un solo montículo, sino un complejo de tres montículos (Canhasan 1, 2 y 3), que representan la ocupación humana continua desde el Neolítico precerámico hasta las Edades del Bronce y del Hierro. Durante miles de años, esta pequeña pero fértil región albergó comunidades que presenciaron el nacimiento de la agricultura, la domesticación de animales y la arquitectura permanente.

Según Baysal:

 el secreto de la longevidad de Canhasan reside en sus abundantes fuentes de agua y tierras fértiles. Entre los huesos de animales encontrados en el yacimiento se incluyen restos de uros (ganado salvaje), peces y aves acuáticas, lo que sugiere un entorno de humedal que proporcionaba abundantes recursos alimenticios. Se espera que los restos vegetales, actualmente en análisis, revelen más información sobre las prácticas agrícolas tempranas en la región. El descubrimiento de un espacio con características de calle en Canhasan 3 desafía las suposiciones arraigadas sobre los asentamientos neolíticos tempranos. Las calles se consideran un indicador de complejidad social y urbanismo planificado. El hallazgo de un elemento de este tipo hace casi 10.000 años retrasa la cronología de estas innovaciones.

Además, el contraste con Çatalhöyük, famoso por sus casas compactas y sin calles, demuestra que las sociedades neolíticas anatolias no eran uniformes. Diferentes comunidades experimentaron con distintas soluciones a necesidades cotidianas como el desplazamiento, la protección y la interacción social.

Aunque Çatalhöyük ha eclipsado durante mucho tiempo a otros yacimientos de Anatolia Central, Canhasan 3 se perfila ahora como un asentamiento clave para comprender las diversas trayectorias de los asentamientos humanos tempranos.

Los arqueólogos argumentan que Canhasan ofrece:

Evidencia de una planificación espacial temprana (posible formación de calles)

Continuidad de la ocupación a lo largo de varios milenios

Abundantes datos ambientales que combinan geología, botánica y zoología

Un vínculo entre las tradiciones neolíticas precerámicas y alfareras

Esto hace que Canhasan 3 sea significativo no solo para la arqueología turca, sino también para el estudio más amplio de la evolución social humana.

Las excavaciones continúan con la esperanza de descubrir más detalles sobre la vida cotidiana de los habitantes neolíticos de Canhasan. Los investigadores buscan comprender si estas calles eran puramente funcionales o si tenían importancia simbólica o comunitaria.

Como explica Baysal:

Al estudiar cuidadosamente la arquitectura, los artefactos y los ecofactos, podemos reconstruir cómo vivían, cultivaban e interactuaban las personas con su entorno. Canhasan 3 nos permite ver una versión única de la vida neolítica, una que difiere de la de Çatalhöyük, pero que es igual de importante para comprender el pasado compartido de la humanidad.

Arkeonews

Tumbas de 5.000 años de antigüedad descubiertas en Ibri revelan vínculo entre la antigua Omán y Mesopotamia

El Ministerio de Patrimonio y Turismo de Omán ha anunciado un descubrimiento extraordinario en la zona de Al-Sabikhi, en la wilayat de Ibri, en la gobernación de A’Dhahirah. Una excavación de rescate realizada por el Departamento de Patrimonio y Turismo ha descubierto 25 tumbas que datan del tercer milenio a. C., lo que ofrece una nueva perspectiva sobre las antiguas conexiones de Omán con Mesopotamia.

La excavación, dirigida por arqueólogos del Departamento de Patrimonio y Turismo, reveló restos óseos junto con vasijas de cerámica completas cuidadosamente colocadas en las cámaras funerarias.

Algunas de estas vasijas se identificaron como importadas de la civilización Jemdet Nasr de Mesopotamia, una cultura que prosperó en el actual Irak alrededor del 3100-2900 a. C. Además de la cerámica, los investigadores desenterraron cuentas de la Edad de Bronce hechas de piedra y conchas, que reflejan la artesanía y las prácticas simbólicas de las sociedades primitivas de Omán. Estos hallazgos no solo apuntan a las costumbres funerarias de las comunidades antiguas, sino que también indican vibrantes intercambios culturales y rutas comerciales de larga distancia que antaño conectaban la Península Arábiga con Mesopotamia y más allá.

Walid Awad Al Ghafri, arqueologo destacó:

Los descubrimientos se están documentando, estudiando y preservando cuidadosamente de acuerdo con los estándares internacionales. Un equipo conjunto de expertos omaníes e internacionales se encarga actualmente de los artefactos para garantizar su protección para futuras investigaciones.

La excavación destaca la vastedad de la civilización de Omán y su papel en la comunicación cultural con las sociedades vecinas. Estos resultados enriquecen nuestra comprensión del patrimonio antiguo de la Península Arábiga y realzan la importancia global de Omán como centro de investigación arqueológica.

La wilayat de Ibri, ubicada a unos 230 kilómetros al oeste de Mascate, es el centro administrativo de la gobernación de A’Dhahirah. Enclavada cerca de la frontera de Omán con los Emiratos Árabes Unidos, Ibri se encuentra en la encrucijada de cordilleras y llanuras desérticas, una ubicación que históricamente la convirtió en una parada vital para las caravanas comerciales.

Durante siglos, Ibri fue una puerta de enlace que conectaba el interior de Omán con las regiones vecinas, facilitando el intercambio de bienes, ideas y tradiciones culturales. Hoy en día, sigue siendo famosa por sus zocos tradicionales, fuertes históricos y paisajes arqueológicos. El imponente Fuerte de Ibri y las cercanas necrópolis de la Edad de Bronce son atracciones clave que siguen atrayendo tanto a investigadores como a visitantes.

Esta singular combinación de ventaja geográfica y patrimonio cultural subraya la importancia arqueológica mundial de los descubrimientos en Ibri, como las tumbas de Al-Sabikhi. Destacan el papel de Omán como puente entre civilizaciones, un papel que ha mantenido durante miles de años.

Agencia de Noticias de Omán

Hallan en Vence (Francia) una catedral paleocristiana del siglo V con baptisterio y sepulturas de élite

Durante un proyecto de reurbanización en la ciudad de Vence, en pleno corazón de la Provenza, los arqueólogos encontraron una serie de restos que los pusieron sobre aviso de inmediato. Las excavaciones arqueológicas siguientes revelaron lo improbable: los vestigios, excepcionalmente conservados, de un edificio religioso paleocristiano del siglo V, acompañado por un baptisterio y más de una treintena de sepulturas de alto rango.

El hallazgo, que los especialistas han calificado como único en Europa por su estado de conservación y relevancia histórica, reescribe la historia religiosa de la región y confirma el papel central de Vence en la difusión del cristianismo en el sur de la actual Francia.

Las excavaciones comenzaron en marzo de 2025, en el marco de los trabajos de remodelación de las Halles Surian, el histórico mercado cubierto de la ciudad. Fue durante el desmontaje de los pavimentos cuando el equipo arqueológico, dirigido por el Servicio Arqueológico de la Metrópolis Niza Costa Azul y supervisado por la Dirección Regional de Asuntos Culturales (DRAC) de la región Provenza-Alpes-Costa Azul, descubrió las estructuras de una catedral paleocristiana cuya localización exacta se desconocía hasta entonces. Se trataba de un edificio de grandes dimensiones, de unos treinta metros de longitud. Datado en el siglo V, permaneció en uso hasta su demolición en el siglo XI, momento en el que se erigió la actual catedral románica.

Descubrir los restos de una catedral que permita seguir su evolución arquitectónica entre el siglo V y el XI es un acontecimiento que pocas veces ocurre. Además de por su relevancia artística, este hallazgo es crucial para comprender los inicios del cristianismo en la Provenza, una región muy ligada a figuras episcopales influyentes.

Este no ha sido el único descubrimiento relevante en la zona. Junto a la catedral y a escasa distancia de su nave principal, apareció un baptisterio coetáneo. Su estado de conservación era extraordinario, con su pila bautismal intacta y sin haber experimentado modificaciones posteriores.

 Este detalle resulta de particular relevancia, ya que en la antigüedad tardía el bautismo se administraba principalmente a los adultos mediante inmersión total, a diferencia de la aspersión, práctica habitual en la actualidad. El descubrimiento, por tanto, confirma que Vence contaba con un complejo religioso bien estructurado, con un espacio dedicado a los ritos de iniciación cristiana que marcaban la integración de los catecúmenos en la comunidad eclesiástica.

El baptisterio se integrará en el futuro mercado. Gracias a una cubierta de cristal, podrá visitarse in situ como pieza central de un recorrido expositivo sobre la historia del lugar.

El conjunto arqueológico incluye también una treintena de sepulturas de alto rango, situadas tanto dentro como en las inmediaciones de la catedral. Se trata de enterramientos de una notable calidad arquitectónica. Probablemente, albergaron a obispos, canónigos o notables laicos de la comunidad tardoantigua y altomedieval. Entre los restos recuperados, figuran tres esqueletos infantiles.

Las investigaciones en curso, que incluyen el análisis isotópico de los restos, permitirán determinar la edad, el sexo y posibles detalles biográficos de los individuos enterrados. Los arqueólogos albergan la esperanza de poder vincular algunos de estos restos con personajes documentados en las biografías de los obispos de Vence entre los siglos V y XI. Otros casos similares, como la identificación de sepulturas en Notre Dame de París, demuestran que tal hipótesis es factible.

El estudio estratigráfico ha permitido reconstruir las distintas fases de ocupación y transformación del sitio. Así, tras la demolición de la catedral paleocristiana en el siglo XI y coincidiendo con la construcción del nuevo templo románico, parte del espacio sagrado se reutilizó con fines artesanales.

En el interior de la antigua nave, por ejemplo, se hallaron dos moldes para la fabricación de campanas. Se atestigua así que algunos elementos arquitectónicos de los edificios religiosos podían encontrar usos funcionales en épocas posteriores. Además de ilustrar la historia de la arquitectura religiosa en Vence, el descubrimiento también permite investigar la adaptación de los espacios a las necesidades de la comunidad a lo largo de más de medio milenio.

El descubrimiento ha impulsado un ambicioso plan de integración patrimonial. La municipalidad de Vence ha anunciado que los restos más relevantes no se volverán a enterrar, sino que se conservarán y expondrán al público. El nuevo mercado se convertirá, por tanto, en un espacio híbrido que combinará actividad comercial y difusión cultural. Además del baptisterio, se prevé preservar y exhibir los basamentos del ábside de la catedral y, posiblemente, una de las sepulturas mejor conservadas.

Este modelo de integración entre desarrollo urbano y conservación patrimonial ha recibido la 43.ª Marianne d’or de la République 2025, distinción que premia los proyectos que combinan función pública y valorización de la memoria histórica. La apertura del renovado mercado de Halles Surian está prevista para febrero de 2026.

El hallazgo confirma que Vence fue un centro neurálgico del cristianismo en la antigüedad tardía. Se vinculó a las redes episcopales que extendían su influencia desde las islas de Lérins hasta el interior provenzal. El complejo monumental descubierto, con catedral, baptisterio y necrópolis, no solo aporta datos sobre la arquitectura y la liturgia de la época, sino que también abre nuevas vías de investigación sobre la organización social y religiosa en el sur de la Galia.

La combinación de monumentalidad, excelente estado de conservación y potencial para la investigación histórica convierte este yacimiento en un laboratorio único para el estudio del cristianismo primitivo en el Mediterráneo occidental. Además, en un contexto en el que las intervenciones arqueológicas suelen quedar relegadas a las publicaciones especializadas, Vence propone un modelo innovador: hacer de la arqueología un motor de identidad, memoria y desarrollo urbano, integrando el legado tardoantiguo en un espacio público vivo.

2025. «Découverte majeure d’une Cathédrale paléochrétienne à Vence». Vence. URL: https://vence.fr/decouverte-majeure-dune-cathedrale-paleochretienne-a-vence/

2025. «Cathédrale paléochrétienne : une découverte capitale pour éclairer plusieurs siècles d’histoire». Vence. URL: https://vence.fr/cathedrale-paleochretienne-une-decouverte-capitale-pour-eclairer-plusieurs-siecles-dhistoire/

Capoccia, Noemi. 2025. «A Vence, in Provenza, è stato scoperto un battistero paleocristiano accanto alla cattedrale del V secolo». Finestre sll’Arte. URL: https://www.finestresullarte.info/archeologia/vence-provenza-scoperto-battistero-paleocristiano-accanto-alla-cattedrale-del-v-secolo

Melchiorri, Gaspare. 2025. «A Vence in Costa Azzurra scoperta una cattedrale paleocristiana». Il Giornale dell’Arte. URL: https://www.ilgiornaledellarte.com/Articolo/A-Vence-in-Costa-Azzurra-scoperta-una-cattedrale-paleocristiana

El pecio de Kumluca, el tesoro minoico que reescribe el comercio mediterráneo de hace 3600 años

El Kumluca descubierto en 2018 por un equipo de la Universidad de Akdeniz y excavado entre 2019 y 2024, este barco mercante de la Edad del bronce ha dejado al descubierto un cargamento excepcional de lingotes de cobre, objetos metálicos, pesos de plomo y cerámicas que apuntan a un estrecho vínculo con la cultura cretense. La investigación, aún en curso, está consiguiendo reconstruir las redes comerciales, tecnológicas y culturales del Mediterráneo oriental hace unos 3600 años.

El hallazgo del pecio se produjo en 2018, cuando un equipo de la Universidad de Akdeniz localizó los restos de un barco a una profundidad de entre 39 y 53 metros. Situado en la vertiente oriental del cabo Gelidonya, en el distrito turco de Kumluca (provincia de Antalya), los arqueólogos identificaron el pecio como un mercante de la Edad del bronce que transportaba, sobre todo, lingotes de cobre.

La primera campaña de excavación se realizó en 2019. Tras un largo parón producido por la pandemia de COVID-19, un equipo interdiciplinar de arqueólogos subacuáticos, especialistas en medicina hiperbárica y conservadores retomaron las campañas en 2022. Durante las inmersiones, se emplearon buques de investigación equipados con cámaras hiperbáricas, robots submarinos y sistemas de monitorización 24 horas para intervenir de forma segura y meticulosa en un entorno de gran complejidad técnica.

A finales de 2024, el equipo ya había recuperado 52 lingotes de cobre en forma de almohada, 19 lingotes discoidales y 8 fragmentos menores. Según la clasificación de Bucholz-Bass, los lingotes almohada corresponden a los tipos 1a y 1b, lo que sugiere que se produjeron en el mismo periodo en talleres vecinos.

Su peso medio ronda los 25 kilos, una cifra coherente con lo que se conoce de los estándares de transporte de cobre en el Mediterráneo oriental durante el Bronce medio. Aunque no se han realizado aún análisis de isótopos de plomo (un impedimento derivado de las restricciones legales y la carga de trabajo en los laboratorios turcos), la comparación con otros yacimientos sugiere que los lingotes proceden de minas chipriotas. Es más: se hipotetiza que su lugar de origen está en la región de los montes Troodos. Según los estudiosos, la presencia de este tipo de material en los contextos minoicos de Creta refuerza la hipótesis de que los palacios de la isla eran el destino final de tan preciada carga.

En la campaña de 2022 se recuperaron dos pesos de plomo, uno de 22 g y otro de 45 g. Determinadas características, como su forma discoidal, la ausencia de inscripciones y la semejanza con ejemplares hallados en el asentamiento de Akrotiri  (1700–1625 a.C.) apuntan a un origen minoico o egeo. Estos pesos probablemente se utilizaron para pesar con precisión el metal y asegurar, de este modo, transacciones justas en los intercambios comerciales del Bronce medio. Los estudios sobre metrología antigua sugieren que estos valores (22 g y 45 g) podrían corresponder a múltiplos de unidades de peso cretenses, lo que añade un dato más a la conexión cultural y económica entre el pecio de Kumluca y Creta.

El material cerámico recuperado hasta el momento asciende a 38 fragmentos en total. Entre ellos, se incluyen un asa de ánfora de tipología muy común en el Mediterráneo oriental entre el Bronce temprano y el Bronce tardío. Ejemplares similares se han hallado en áreas como Israel, el Egeo y, en particular, Creta. Este patrón de distribución confirma la intensa circulación de bienes y personas en la región, y respalda la idea de que el barco operaba dentro de las rutas marítimas que conectaban Chipre, Anatolia y el mundo minoico.

Uno de los descubrimientos más significativos se produjo en 2024: una daga de bronce de tipo cretense XIV, fechada entre 1700 y 1600 a.C. Según la tipología metálica establecida por Keith Branigan, este tipo de arma, estrechamente vinculado a la élite minoica, representaría una evolución de modelos anteriores. Su hallazgo en Kumluca sugiere la presencia de un mercader o tripulante cretense, o bien la participación del barco en un intercambio que incluía armas de prestigio. Junto a la daga, se documentaron un anzuelo, una aguja de bronce y un cuenco hemisférico de paredes finas, todos ellos objetos vinculados a la vida cotidiana a bordo.

El Mediterráneo oriental del siglo XVI a.C. era un espacio de intensas interacciones comerciales. Chipre se había consolidado como productor y exportador clave de cobre, mientras que Creta se encontraba en plena fase neopalacial, en la que palacios como Cnosos, Malia y Zakros actuaban como centros redistributivos. Anatolia, por su parte, ofrecía recursos minerales y era un punto de paso estratégico.

En este contexto, el pecio de Kumluca ha revelado una nave mercante de unos 11 o 12 metros de eslora que se dedicaba a transportar cobre desde Chipre hacia Creta, con escalas en los puertos anatolios. El naufragio pudo deberse a una tormenta. Esto explicaría que se hubiese hundido cerca de un cabo conocido por su peligrosidad para la navegación.

El estado de conservación del pecio y la calidad de los hallazgos lo convierten en un referente para el estudio del comercio marítimo en la Edad del bronce. A diferencia de otros yacimientos subacuáticos, los objetos de Kumluca se encuentra adheridos al lecho rocoso, lo que, por un lado, dificulta su extracción, pero, por otro, garantiza su integridad.

Hasta ahora, solo se ha excavado una parte del yacimiento. Es probable que las futuras campañas de excavación ofrezcan más datos sobre el origen exacto de la carga, la identidad de la tripulación y las rutas comerciales.

Öniz, H. 2025. «Traces of Mynos in Kumluca Bronze Age Shipwreck: 2022, 2023, 2024 Excavation Seasons». Journal of Maritime Archaeology. DOI: https://doi.org/10.1007/s11457-025-09453-7

Hallan una daga de 3.500 años, en Turingia, Alemania

Un paseo familiar cerca del pueblo de Gudersleben, en el condado de Nordhausen, Turingia, en el centro de Alemania, se ha convertido en un momento arqueológico memorable. Una daga de la Edad de Bronce de 3.500 años de antigüedad, identificada como una daga de espiga plana, fue descubierta en el suelo, probablemente expuesta por las fuertes lluvias que la habían arrastrado.

Los expertos afirman que el hallazgo no solo es excepcionalmente raro, sino que también ofrece un vínculo directo con la artesanía, los rituales y la vida cotidiana de las sociedades europeas de la Edad de Bronce.

Según Daniel Scherf, arqueólogo regional de la Oficina Estatal de Turingia para la Preservación de Monumentos y Arqueología en Weimar, un hallazgo de estas características en este estado de conservación es excepcionalmente raro.

Objetos como este no son descubrimientos cotidianos. Ver una daga de la Edad de Bronce tan bien conservada es algo verdaderamente especial.

La daga ha sido trasladada a los talleres de restauración del estado en Weimar, donde se está limpiando, conservando y examinando cuidadosamente con métodos arqueológicos y científicos. Una vez finalizado el análisis, el artefacto se exhibirá en el Museo de Historia Local de Ellrich, ofreciendo al público la oportunidad de contemplar un objeto que fue sostenido por última vez por manos humanas hace más de tres milenios.

Las dagas con espiga de placa como esta representan un tipo de arma distintivo de la Edad de Bronce europea (circa 2200-800 a. C.). A diferencia de los cuchillos modernos, estas armas presentaban una espiga ancha y plana diseñada para ser remachada a un mango orgánico de madera, hueso o asta. La artesanía requería no solo una fundición experta en bronce, sino también un ensamblaje cuidadoso para garantizar su durabilidad tanto en combate como en uso ceremonial.

Los arqueólogos creen que estas dagas eran más que simples herramientas de guerra. En muchos casos, simbolizaban estatus, poder o importancia ritual en las sociedades europeas primitivas. El bronce era un recurso valioso que requería la fundición de cobre y estaño, y las armas forjadas con él eran posesiones prestigiosas. El hallazgo de Gudersleben pudo haber pertenecido a un guerrero, un líder, o quizás haber sido depositado intencionalmente como parte de un entierro o una ofrenda ritual.

El yacimiento se encuentra en una región kárstica del norte de Turingia, una zona marcada por el movimiento dinámico del suelo, dolinas y arroyos subterráneos. Estas condiciones geológicas suelen exponer artefactos enterrados inesperadamente, sobre todo tras periodos de fuertes lluvias. Los arqueólogos locales sugieren que este proceso natural probablemente trajo la daga a la superficie tras permanecer oculta durante miles de años.

Gudersleben cuenta con una larga historia de asentamientos, con vestigios arqueológicos que apuntan a actividad prehistórica en los campos y colinas circundantes. Hallazgos como la daga de bronce refuerzan la comprensión de que la zona formó parte de un vibrante paisaje cultural durante la Edad del Bronce, con redes de comercio, guerra y prácticas rituales que moldeaban la vida cotidiana.

La daga fue descubierta por Maik Böhner, un residente local, quien informó inmediatamente a las autoridades en lugar de intentar recuperarla él mismo. Los arqueólogos elogiaron su responsable actuación, señalando que dicha cooperación es esencial para la preservación del patrimonio cultural.

El uso no autorizado de detectores de metales está prohibido por la legislación alemana, y una información responsable garantiza que artefactos como este se estudien en su contexto adecuado.

Enfatizó Scherf, señalando la vital importancia de la cooperación entre la ciudadanía y las autoridades patrimoniales para preservar la historia cultural de la región:

Me complace enormemente que todo se haya informado correctamente

Una vez finalizados los trabajos de conservación en Weimar, la daga se exhibirá en el Museo de Historia Local de Ellrich. Tanto para arqueólogos como para visitantes, servirá como una conexión tangible con el pasado remoto de Turingia, recordándonos la habilidad, el simbolismo y las historias de quienes vivieron hace 3500 años.

Cover Image Credit: MDR / Hauke Arnold, Thuringian State Office for Monument Preservation and Archaeology

Arkeonews

Hallan Saint-Romain-en-Gal, Lyon, un mausoleo romano inspirado en la tumba de Augusto

Arqueólogos en Francia han desenterrado un mausoleo romano bien conservado en Saint-Romain-en-Gal, cerca de Lyon, que se inspiró en el famoso Mausoleo de Augusto en Roma (27 a. C.-14 d. C.), lugar de descanso final del primer emperador romano.

Los expertos describen el descubrimiento como excepcional, señalando que la escala y el diseño del monumento resaltan el prestigio de la figura aristocrática enterrada allí y ofrecen una visión excepcional de la grandeza de la Galia romana hace casi 2000 años.

La estructura recién desenterrada, construida alrededor del año 50 d. C., tiene un diámetro interior de 15 metros y se cree que alcanzaba más de seis metros de altura. Su imponente presencia habría sido visible para todos los viajeros que entraban en Vienne, una próspera colonia romana, en particular para aquellos que llegaban por el río Ródano.

La decisión de modelar el mausoleo según la gran tumba de Augusto en Roma subraya el prestigio del individuo enterrado aquí. Según los arqueólogos, el monumento probablemente honraba a un miembro de la élite aristocrática con fuertes vínculos con la autoridad imperial.

Explicó Giulia Ciucci, arqueóloga y directora científica del yacimiento museístico de Saint-Romain-en-Gal:

Se trataba de una persona que, incluso en la muerte, permaneció presente en el mundo de los vivos. El parecido con el mausoleo del emperador sugiere una figura de considerable poder e influencia política.

Hasta la fecha, solo se han documentado 18 mausoleos de túmulos en toda Francia, pero este es el único monumento de elevación circular conservado en tan notable estado de conservación. Para los arqueólogos, no se trata solo de un hallazgo excepcional, sino también de una prueba crucial que vincula la Galia provincial con la grandeza de la capital imperial.

A la importancia del hallazgo se suma el hecho de que se desarrolló a plena vista de visitantes, estudiantes y residentes durante la temporada de excavaciones de verano.

Declaró Martine Publié, vicepresidenta del departamento del Ródano a cargo de Cultura y Turismo:

Todos hemos soñado con estar presentes cuando se produzca un descubrimiento. Estas excavaciones dejarán una huella imborrable no solo en los estudiantes de arqueología, sino también en los visitantes que presenciaron el renacimiento de su pasado.

Para Émilie Alonso, directora del museo departamental:

 el descubrimiento refuerza la misión de Saint-Romain-en-Gal como museo in situ, donde la historia se desentierra y se exhibe en el mismo lugar donde se vivió.

Las excavaciones continuarán en colaboración con las universidades de Aix-Marsella, la Universidad de Franche-Comté y el CNRS, y se extenderán hasta 2026 y 2027, con la esperanza de identificar algún día al ocupante de la tumba.

Si bien el mausoleo es el descubrimiento principal, los arqueólogos también descubrieron vestigios de tres antiguas tiendas que datan de los siglos I y II d. C. cerca de las Termas Norte del yacimiento. Estas tiendas formaban parte de un complejo comercial identificado por primera vez en la década de 1980, compuesto por al menos ocho unidades.

Las tiendas fueron destruidas por un incendio, pero paradójicamente, el incendio ayudó a preservar las estructuras de madera y las herramientas artesanales. Los investigadores descubrieron que dos talleres estaban ocupados por batanes, artesanos que limpiaban y reforzaban los tejidos de lana, especialmente las togas blancas que usaban los ciudadanos romanos.

Una tercera tienda albergaba un horno, probablemente utilizado para la fabricación de vidrio o con fines culinarios.

Afirmó Benjamin Clément, profesor de arqueología romana en la Universidad de Franche-Comté:

La calidad y diversidad de estos restos nos permitirá comprender mejor el comercio local. Sabemos mucho sobre el comercio a larga distancia en este período, pero es raro encontrar evidencia tan bien conservada de la actividad económica local cotidiana.

Cover Image Credit: Julien Bourreau, Musée Gallo-Romain

Arkeonews

Hallan en Manbij, Siria, una estela romana de 2.000 años con un águila e inscripciones griegas

La provincia romana de Siria fue una de las más ricas e importantes del Imperio Romano, desempeñando un papel clave como nudo comercial entre Oriente y Occidente. Se incorporó al Imperio en el 64 a.C. tras la conquista de Pompeyo el Grande. La región experimentó un florecimiento económico y cultural bajo el dominio romano, marcado por la construcción de ciudades, la expansión del comercio y la adopción de costumbres romanas, aunque conservando su identidad cultural y religiosa.

La provincia de Siria abarcaba una vasta extensión, incluyendo las regiones actuales de Siria, Líbano y partes de Turquía, Jordania e Israel. Limitaba al este con el Imperio Parto (y más tarde el sasánida), lo que la convertía en una zona de constante tensión militar. Su fundación se debió a la victoria de Pompeyo el Grande sobre el Imperio Seléucida, que había perdido su poder en la región.

Bajo el dominio romano, Siria se benefició de la pax romana, lo que impulsó la economía y la construcción de infraestructuras. Se construyeron calzadas, acueductos y templos, y se fundaron o embellecieron ciudades importantes. Entre ellas destacan Antioquía, la capital de la provincia y una de las ciudades más grandes del Imperio, Palmira, conocida como la «Novia del Desierto» por su control de las rutas de caravanas, y Dura-Europos, una ciudad fortificada en la frontera oriental. Otras ciudades significativas fueron Apamea, Emesa y Bosra, que mostraron una rica arquitectura romana.

La economía siria se basaba en la agricultura (cereales, vino y aceite de oliva), el comercio y la producción de artesanías (vidrio y textiles). Su posición geográfica la convirtió en un punto de intercambio de productos de lujo, como especias, seda y perfumes, que llegaban de la India y China.

Culturalmente, Siria fue un crisol de civilizaciones. El latín y el griego se usaban en la administración, pero el arameo seguía siendo la lengua común. La provincia también fue un importante foco de sincretismo religioso, donde las deidades romanas convivían con cultos locales, como los de Baal. Además, fue una de las primeras regiones en adoptar el cristianismo, que se extendió rápidamente.

El dominio romano en Siria terminó con la división del Imperio Romano y las invasiones de los pueblos persas y árabes. En el siglo VII d.C., la región fue conquistada por el Califato Rashidun, marcando el fin de la era romana y el comienzo del dominio islámico. El legado romano en Siria es visible en las impresionantes ruinas de sus ciudades, que son un testimonio de la prosperidad y la importancia estratégica de la provincia. Su papel como puente entre Oriente y Occidente dejó una profunda huella en la cultura, el comercio y la religión de la región…

La noticia dice que una impresionante estela de la época romana tallada en basalto negro, que presenta un águila detallada con una corona de laurel y adornada con inscripciones griegas, fue descubierta en Manbij, una ciudad histórica al este de Alepo, Siria. Con una antigüedad estimada de aproximadamente 2.000 años, este monumento funerario ofrece una perspectiva excepcional del pasado antiguo de la región y del simbolismo del arte imperial romano.

La estela fue descubierta por primera vez por un residente local detrás del mercado mayorista de Cardamomo, quien alertó a la Dirección de Museos y Antigüedades. Los arqueólogos recuperaron rápidamente el artefacto y lo trasladaron al antiguo emplazamiento de los baños en Manbij para su almacenamiento seguro, a la espera de su posterior traslado a Alepo para su posterior estudio.

En la iconografía romana, el águila era un poderoso símbolo de fuerza, autoridad y protección divina. Frecuentemente asociada con Júpiter, rey de los dioses romanos, el águila aparecía a menudo en estandartes militares, monedas y monumentos funerarios.

Su representación en esta estela, con las alas extendidas y una corona en sus garras, podría haber tenido la intención de simbolizar el valor del difunto, la vida eterna o su lealtad a los ideales romanos. Estelas funerarias como esta se usaban comúnmente para honrar a ciudadanos o soldados prominentes, reflejando tanto logros personales como una ideología imperial más amplia.

Las inscripciones griegas talladas en la estela sugieren una fusión de influencias romanas y helenísticas en el norte de Siria. El griego se usaba ampliamente en las provincias romanas orientales, especialmente en contextos administrativos y funerarios. Estas inscripciones pueden revelar el nombre, el rango o el linaje del difunto, ofreciendo una conexión tangible con la vida personal de los antiguos habitantes de Manbij.

Manbij, históricamente conocida como Hierápolis Bambyce, ha sido un importante centro cultural y comercial desde la antigüedad. Bajo el dominio romano, la ciudad era un centro provincial con importantes conexiones comerciales, albergando templos, edificios públicos y tumbas. El descubrimiento de la estela del águila refuerza la evidencia de la influencia romana en el norte de Siria e ilustra el papel de la ciudad como encrucijada regional donde se fusionaron las tradiciones romanas, helenísticas y locales.

La larga historia de la ciudad también la ha convertido en blanco de saqueos, especialmente durante los conflictos recientes. Entre 2011 y 2019, aproximadamente un millón de artefactos fueron saqueados en Siria, y más de 700 sitios arqueológicos sufrieron graves daños. La propia Manbij se convirtió en un foco de excavaciones ilícitas durante la guerra civil. Bajo el control del ISIS, se permitía a los residentes excavar en busca de antigüedades en sus tierras, siempre que informaran sobre la destrucción de artefactos figurativos. Tras la toma de posesión de las Fuerzas Democráticas Sirias en 2016, las élites locales solían supervisar las excavaciones, convirtiendo la ciudad en un centro de contrabando de artefactos a países vecinos y más allá.

A pesar de estos desafíos, la cooperación comunitaria ha resultado crucial. El residente que reportó la estela del águila ejemplifica cómo la vigilancia local puede ayudar a salvaguardar el invaluable patrimonio cultural de Siria. Una vez analizada a fondo, la estela contribuirá no solo a la comprensión de las prácticas funerarias romanas, sino también a la narrativa más amplia de la importancia histórica de Manbij.

Mambij Region

Arkeonews

Hallan en Siberia la tumba de un noble guerrero escita de 2600 años

Los escitas eran un grupo de pueblos nómadas de jinetes que vivieron en las estepas euroasiáticas, en el territorio que hoy abarca desde Ucrania y el sur de Rusia hasta Kazajistán. Su cultura floreció aproximadamente entre el siglo VII a.C. y el siglo III a.C. y se caracterizaron por su destreza en la guerra y su rica tradición artística.

Eran conocidos por ser guerreros feroces, y su poder se basaba en la caballería. Su estilo de vida nómada les permitía moverse con rapidez y atacar asentamientos y caravanas. Esto los convirtió en una fuerza dominante en su región. Su arsenal incluía arcos compuestos, lanzas y espadas cortas, que manejaban con gran habilidad mientras montaban a caballo.

La cultura escita se destacó por su arte, en particular el «estilo animalístico». Creaban objetos elaborados en oro, bronce y otros metales, decorados con representaciones estilizadas de animales como ciervos, caballos, águilas y panteras. Estas piezas no eran solo decorativas, sino que a menudo tenían un significado espiritual o ceremonial. También se han encontrado kurganes, grandes túmulos funerarios donde se enterraban a los líderes escitas con sus caballos, armas y valiosos objetos, lo que ha proporcionado a los arqueólogos una gran cantidad de información sobre su sociedad.

Eventualmente, los escitas fueron superados por otros grupos, como los sármatas. Sin embargo, su legado influyó en las culturas vecinas y su historia ha sido una fuente de fascinación para historiadores y arqueólogos…

El entierro de la noticia incluye un cinturón ornamentado, una hebilla con cabeza de carnero, un espejo de bronce y elementos de arneses para caballos, lo que revela el estatus de élite del noble guerrero escita.

Arqueólogos en Siberia han hallado la tumba de un noble guerrero escita que data del siglo VI a. C., lo que da información sobre las tradiciones marciales y la complejidad cultural del mundo escita-siberiano.

El descubrimiento, realizado a orillas del río Kem, en la región de Krasnoyarsk, por investigadores de la Universidad Federal de Siberia, ha sido aclamado como uno de los hallazgos arqueológicos más significativos de los últimos años.

La cámara funeraria reveló a un guerrero enterrado con una notable colección de posesiones: un cinturón decorado con placas de bronce, una hebilla con forma de cabeza de carnero de montaña, joyas ornamentadas, un espejo de bronce pulido, armas y elementos de un arnés de caballo. Cada objeto no solo era una pertenencia personal, sino también un símbolo de estatus, riqueza e identidad espiritual.

Entre los hallazgos, un objeto destaca por su singularidad: un hacha de batalla de hierro conocida como chekan.

Según Pavel Mandryka, director del Laboratorio de Arqueología de Yeniséi, Siberia:

 esta arma era particularmente rara en su época, el chekan tenía una punta afilada diseñada para perforar la armadura. Un objeto así resalta el alto estatus del guerrero. Lo que hace excepcional al hacha es su material. En Siberia, el uso generalizado del hierro no se generalizaría hasta cinco siglos después. La presencia de un arma tan avanzada sugiere firmemente que el guerrero pertenecía a una élite privilegiada con acceso a redes comerciales lejanas o que había migrado a la región desde el suroeste, evitando las zonas de estepa forestal de la actual Krasnoyarsk.

Los escitas eran legendarios en todo el mundo antiguo como maestros jinetes y arqueros. Sus arcos cortos compuestos permitían disparos de precisión a caballo, mientras que sus espadas de hierro y flechas con punta de bronce infundían miedo en los enemigos. Sin embargo, el chekan añade una nueva dimensión a nuestra comprensión de su arsenal. A diferencia de las espadas, que cortaban, o las flechas, que perforaban a enemigos con armadura ligera, el hacha de batalla estaba diseñada para la fuerza bruta. Con su punta puntiaguda, podía destrozar yelmos y perforar armaduras, convirtiéndola en una herramienta práctica y simbólica de autoridad.

Otros objetos del entierro refuerzan esta interpretación. El cinturón, decorado con placas de bronce, habría sido un indicador visible de rango. La hebilla con cabeza de carnero evocaba fuerza y ​​virilidad, mientras que los elementos del arnés de caballo enfatizaban el vínculo inseparable entre los guerreros escitas y sus monturas. Los caballos no eran simplemente medios de transporte; eran compañeros de batalla y a menudo eran enterrados junto a sus jinetes para acompañarlos al más allá.

Igualmente intrigante es la presencia de un espejo de bronce pulido. Los arqueólogos creen que tenía una función más allá de la decorativa. En la cultura escita, los espejos podían cumplir funciones rituales, actuando como talismanes protectores o instrumentos en prácticas chamánicas.

Si bien los guerreros podían ser hombres o mujeres en la sociedad escita, e incluso los adolescentes a veces asumían roles marciales, la combinación de armas, accesorios de arnés y adornos de cinturón en este caso indica claramente el entierro de un hombre.

Este descubrimiento forma parte de un patrón más amplio de descubrimientos arqueológicos en Siberia. Desde tumbas congeladas en las montañas de Altái que preservan cuerpos tatuados hasta tesoros dorados desenterrados a lo largo del río Yeniséi, los escitas emergen no solo como saqueadores de la estepa, sino como una sociedad compleja con un rico simbolismo, conexiones de largo alcance y tradiciones marciales avanzadas.

La tumba del guerrero de Krasnoyarsk resalta la interacción entre las tradiciones locales y las influencias externas. El uso del hierro, siglos antes de su adopción generalizada en Siberia, apunta a un flujo de tecnología, comercio e ideas a través de la estepa euroasiática. Al mismo tiempo, la riqueza y los objetos rituales del entierro subrayan la profunda dimensión espiritual de la guerra escita, donde cada objeto, desde un espejo hasta un arnés de caballo, albergaba capas de significado.

A medida que continúan las excavaciones, los arqueólogos creen que más secretos de los escitas emergerán del suelo helado de Siberia. Por ahora, el hacha de hierro del guerrero del río Kem se alza como testigo silencioso de un mundo de poder, prestigio y el misterio perdurable de los nómadas que antaño dominaron la estepa.

Cover Image Credit: Press Service of Siberian Federal University / Evgeny Puzin

Arkeonews

Hallan en una terma romana de 1700 años un sistema de calefacción por suelo 

Arqueólogos de Anatolia han hallado unas termas romanas de 1.700 años de antigüedad equipadas con un avanzado sistema de calefacción por suelo radiante, que informan sobre la ingeniería romana y la vida cotidiana en la región.

En 2023, un agricultor de la aldea de Salkaya, provincia de Elazığ, tropezó con un trozo de mosaico mientras cavaba un hoyo para plantar árboles jóvenes. El hallazgo accidental pronto se convirtió en un importante proyecto arqueológico coordinado por el Ministerio de Cultura y Turismo de Turquía. Las excavaciones revelaron los restos de un complejo termal romano, que data de alrededor del siglo III d. C.

Mediante georradar (GPR), los arqueólogos inspeccionaron los alrededores para detectar otras estructuras enterradas. Lo que descubrieron fue extraordinario: el caldarium, o sala de baños calientes de las termas, aún conserva evidencias de un avanzado sistema de calefacción romano.

Las excavaciones revelaron una red de pequeñas columnas (suspensurae) bajo el suelo del baño, un sello distintivo del sistema hipocausto, una ingeniosa tecnología romana que proporcionaba calefacción central hace dos mil años.

El aire caliente generado por un horno cercano circulaba bajo el suelo elevado y a través de canales empotrados en las paredes. Este sistema calentaba tanto el suelo como las paredes circundantes, creando un ambiente cálido y húmedo perfecto para el baño. El caldarium de los baños de Elazığ demuestra esta tecnología en acción.

El arqueólogo Emre Çayır, quien dirige la excavación, explicó:

Los pequeños pilares que vemos aquí sostenían el sistema hipocausto, que proporcionaba calefacción por suelo radiante y paredes. Es uno de los rasgos distintivos de la arquitectura romana y pone de relieve la ingeniería avanzada de la época.

Este descubrimiento marca el primer baño romano desenterrado en la provincia de Elazığ, lo que lo convierte en una adición única al rico registro arqueológico de Anatolia. La presencia de una estructura tan sofisticada sugiere que la región albergó en su día un asentamiento próspero, no solo una aldea rural.

Çayır señaló que el área que rodea el complejo de mosaicos y baños probablemente representa un centro urbano rural, con estructuras adicionales que esperan ser descubiertas en futuras temporadas de excavación.

Los baños romanos eran más que un simple lugar para bañarse: eran un centro de vida social, cultural y política. El descubrimiento en Elazığ revela hasta qué punto la influencia romana se extendió hasta Anatolia oriental, fusionando las tradiciones locales con la ingeniería imperial.

El sistema de hipocausto en sí mismo marcó un hito en la historia de la arquitectura. Mientras que civilizaciones anteriores, como la griega y la persa, experimentaron con suelos radiantes, los romanos perfeccionaron el método, convirtiéndolo en un elemento estándar de los baños públicos y las villas de élite. Esta forma temprana de calefacción central se considera precursora de las tecnologías modernas de calefacción por suelo radiante que aún se utilizan en las viviendas de lujo.

Las excavaciones continúan bajo la supervisión de la Dirección del Museo de Elazığ, con el objetivo de preservar el sitio para las generaciones futuras. Una vez estudiados y conservados en su totalidad, se espera que las termas romanas y sus mosaicos se conviertan en un importante atractivo para el turismo cultural de la región.

Çayır enfatizó:

Nuestros esfuerzos se centran en proteger este patrimonio cultural y transmitirlo al futuro. Las termas, con su caldarium y el sistema de hipocausto, son un testimonio directo de la vida cotidiana y el ingenio arquitectónico romanos.

El descubrimiento en Elazığ se suma a una larga lista de termas romanas descubiertas en todo el imperio, desde Bath en Inglaterra hasta Pompeya en Italia. Cada yacimiento ofrece información sobre cómo vivían, socializaban y aprovechaban la tecnología los romanos.

El sistema de hipocausto, en particular, sigue fascinando a ingenieros y arquitectos en la actualidad. A diferencia de los métodos de calefacción modernos que dependen de la electricidad o el gas, los hipocaustos utilizaban hornos de leña para distribuir el calor eficientemente. Algunos diseños de edificios ecológicos modernos incluso se inspiran en este antiguo método, lo que demuestra que los romanos se adelantaron a su tiempo en ingeniería sostenible.

El descubrimiento de unas termas romanas de 1700 años de antigüedad con calefacción por suelo radiante en Elazığ es más que un descubrimiento arqueológico: es un puente entre la innovación antigua y la tecnología moderna.

A medida que continúan las excavaciones, el yacimiento promete revelar más sobre la expansión de la cultura romana en Anatolia oriental y el perdurable legado de sus maravillas de ingeniería.

Arkeonews