Hallan en la cueva funeraria de Tijarafe, La Palma, un vaso benahoarit del siglo XIII.

Un vaso benahoarit completo fue hallado en una estrecha cueva en el Barranco de Los Gomeros, municipio de Tijarafe, durante las excavaciones del campus arqueológico del Proyecto Occidente.

Un notable descubrimiento arqueológico en Tijarafe, municipio de la costa noroeste de La Palma, en las Islas Canarias, ha captado la atención de historiadores y arqueólogos. Un vaso de cerámica benahoarit, completamente intacto y datado entre los siglos XIII y XV, fue desenterrado en una cueva funeraria del Barranco de Los Gomeros, lo que ofrece una visión sin precedentes de la cultura prehispánica de la isla.

El hallazgo se realizó durante el Proyecto Occidente, una iniciativa de nueve años centrada en el estudio de la región noroeste de La Palma para comprender mejor el estilo de vida, los rituales y la cultura material del pueblo Benahoarit, los habitantes originales de la isla. La estudiante de arqueología Lourdes Barroso descubrió el vaso mientras inspeccionaba cuevas y espacios antiguos. Fundamentalmente, no manipuló el artefacto, reportándolo directamente al codirector técnico del proyecto, el arqueólogo Francisco Caamaño:

Este es un hallazgo extraordinario. Las vasijas cerámicas completas son extremadamente raras; la mayoría de las excavaciones solo producen fragmentos. Preservar el vaso en su contexto original nos permite estudiarlo tal como fue concebido, ofreciendo una visión directa de las prácticas de los Benahoarit.

El análisis preliminar indica que el vaso fue colocado en una cueva funeraria, lo que se corrobora con la presencia de restos humanos junto a él. Este contexto sugiere que el vaso cumplió una función ceremonial o ritualística, posiblemente vinculada a prácticas funerarias u ofrendas.

Según Jorge Pais, Jefe de Patrimonio Histórico del Cabildo de La Palma:

Es sumamente valioso recuperar artefactos intactos e in situ. A diferencia de la mayoría de las piezas del Museo Arqueológico Benahoarita, que a menudo se extraen de su contexto original, este vaso nos permite interpretar directamente su significado cultural.

La cerámica Benahoarita es reconocida por sus bases redondeadas, bocas anchas y superficies lisas. Era a la vez práctica y simbólica, utilizada en la vida doméstica diaria para el almacenamiento y la preparación de alimentos, pero también en entornos ceremoniales, particularmente en prácticas funerarias. El vaso Tijarafe ejemplifica estas características, revelando la habilidad y la sensibilidad estética de los indígenas de la isla justo antes del contacto europeo.

El descubrimiento se realizó durante un estudio minucioso de cuevas a lo largo de la costa. Mantener la integridad del sitio requirió una planificación meticulosa y paciencia.

Señaló Caamaño:

Encontrar un vaso intacto en una cueva funeraria es poco común. Ofrece una instantánea de prácticas culturales que de otro modo serían difíciles de reconstruir a partir de artefactos fragmentados.

El equipo del proyecto enfatiza que el contexto es crucial: comprender dónde y cómo se depositaron los objetos informa tanto la interpretación histórica como las iniciativas de conservación.

El jarrón intacto contribuye a la comprensión de la cultura material Benahoarit y las tradiciones funerarias prehispánicas de la isla. Ofrece a los investigadores una conexión tangible con la vida cotidiana y espiritual de una sociedad que prosperó hace siglos. Estos descubrimientos también orientan la curaduría del museo, garantizando que los artefactos exhibidos se contextualicen, en lugar de aislarse, lo que mejora la comprensión pública del patrimonio Benahoarit.

Arkeonews

El legado del Rey Escorpión, violencia, divinidad y el primer estado del mundo

Hoy en día, el paisaje rocoso al este de Asuán sirvió en su día como escenario de una de las transformaciones políticas más revolucionarias de la historia. Hace más de 5000 años, en los desiertos al este de Asuán, una figura enigmática grabó su poder en piedra. Conocido históricamente como el Rey Escorpión, se presentó como un gobernante divino al representar imágenes violentas de conquista, sentando las bases de lo que los académicos reconocen como el primer estado territorial del mundo.

El Prof. Dr. Ludwig Morenz, de la Universidad de Bonn, junto con el investigador egipcio Mohamed Abdelhay Abu Bakr, revela los últimos hallazgos sobre estos antiguos grabados rupestres en su nuevo libro Cultura y poder en el Egipto prefaraónico: Visualizaciones del gobierno en la periferia sociocultural de Wadi el Malik y Wadi Na’am durante el cuarto milenio a. C..

Su investigación destaca cómo los primeros gobernantes egipcios utilizaron el arte, el simbolismo y el propio paisaje para legitimar su autoridad.

El Rey Escorpión y los orígenes de la realeza egipcia

Se sabe poco sobre el Rey Escorpión, pero su legado perdura en piedra. En un valle desértico al este de Asuán, investigadores documentaron una inscripción rupestre que dice: «Dominio del Rey Escorpión Horus». Según Morenz, esta sencilla frase es, de hecho, el topónimo más antiguo conocido del mundo, un hito revolucionario en la historia de la escritura y la formación de un Estado.

Afirma Morenz:

El Estado egipcio surgió durante este período como el primer estado territorial de la historia mundial. A finales del IV milenio a. C., el reino ya se extendía casi 800 kilómetros a lo largo del Nilo, conectando diversas regiones bajo una autoridad central.

El rey Escorpión no estaba solo en este experimento político, pero su nombre, vinculado a una de las criaturas más peligrosas de la naturaleza, encarnaba la autoridad, el peligro y el poder divino.

Las tallas no representan solo a Escorpión. El conjunto es cuadro rupestre real, que presenta sucesivos reyes protodinásticos identificados por animales que simbolizan la autoridad. El rey Toro precedió a Escorpión, mientras que la secuencia comienza con el rey Horus-Halcón.

Morenz identificó recientemente una nueva figura, el rey Eskolopender, llamado así por el ciempiés venenoso.

Explica Morenz:

Los primeros nombres reales a menudo se vinculaban a animales peligrosos, que representaban fuerza y ​​poder. Estos símbolos comunicaban autoridad y proyectaban miedo en el paisaje. La creación de faraones y la legitimidad divina

Un aspecto central del gobierno de Escorpión era la creación de faraones, término de Morenz para la creación deliberada de la personalidad divina de un gobernante. La realeza de Escorpión se asociaba con la diosa Bat, representada como una vaca celestial, y el dios Min, vinculado a la caza y la fertilidad. Juntos, representaban el equilibrio entre las fértiles tierras del Nilo y el desierto circundante, reforzando el papel del rey como mediador entre el mundo natural y el humano.

La violencia y la imaginería divina eran inseparables. Los grabados rupestres representan a gobernantes pisoteando a sus enemigos, decapitando a sus cautivos y elevándose sobre sus adversarios vencidos.

Señala Morenz:

La escena más dramática muestra a Escorpión aplastando a un enemigo bajo sus pies, con dos cabezas cercenadas tras él. Estas escenas reforzaban visualmente la invencibilidad del gobernante y su ideología política.

Además de la violencia, los grabados también representan rituales sagrados. Una llamativa talla muestra un barco de dios tirado por 25 hombres, que simboliza las procesiones religiosas que conectaban los lejanos valles desérticos con el corazón de la civilización del Nilo.

La elección del paisaje no fue casual. El Wadi el Malik, antaño un corredor verde y rico en recursos, era tanto una ruta práctica para expediciones como un escenario simbólico para afirmar el control. Lo que hoy parece un desierto vacío fue antaño un escenario de disputa donde se inventó la monarquía.

Morenz y su equipo aplicaron métodos avanzados de imagen digital, combinando miles de fotografías tomadas desde múltiples ángulos para revelar contornos sutiles invisibles sobre el terreno. Estas técnicas han permitido a los investigadores documentar el arte rupestre con un detalle sin precedentes, revelando la compleja interacción entre arte, paisaje y poder en el Egipto predinástico.

Explica Morenz:

La región de Wadi el Malik es crucial para comprender la formación temprana de los estados en la periferia de Egipto. Sabemos mucho menos sobre estas zonas fronterizas que sobre los centros culturales centrales a lo largo del Nilo.

El arte rupestre no se trata solo de grabados individuales, sino también de su ubicación en el paisaje, conformando una obra de arte total. Espera que se lleve a cabo un proyecto arqueológico a gran escala y que el sitio sea eventualmente accesible al público a través de visitas guiadas y un centro de visitantes, permitiendo a la gente experimentar de primera mano dónde los primeros reyes de Egipto establecieron su autoridad.

La historia del Rey Escorpión demuestra cómo la violencia, la divinidad y el simbolismo se entrelazaron para forjar uno de los primeros estados de la humanidad. Desde escorpiones hasta toros y halcones, estas tallas transformaron el desierto en un escenario de poder y rituales, conectando geografía, religión y gobierno. Más de 5000 años después, el legado del Rey Escorpión perdura, grabado en piedra, revelando el nacimiento de la civilización misma.

Universidad de Bonn

La sequía en la presa de Mosul exhibe una ciudad y un cementerio helenístico  

La grave sequía en el norte de Irak ha sacado a la luz un extraordinario tesoro arqueológico. El descubrimiento, revelado tras la drástica bajada del nivel del agua en la presa de Mosul, ha desenterrado los restos de una ciudad perdida de la época helenística y un extenso cementerio que contiene al menos 40 tumbas antiguas.

Según un informe de Karwan Faidhi Dri para Rudaw, un equipo arqueológico kurdo de la provincia de Duhok ha realizado un descubrimiento notable tras la bajada de las aguas de la presa más grande de Irak. El equipo de excavación ha descubierto al menos 40 tumbas de cerámica antiguas y los restos de una ciudad antaño próspera, lo que arroja nueva luz sobre la historia del norte de Mesopotamia.

El descubrimiento se realizó en el distrito de Semel, en la provincia de Duhok, cerca de la antigua aldea de Khanke, que ha permanecido sumergida durante mucho tiempo bajo las aguas de la presa. Según Bekas Brifkani, jefe del Departamento de Antigüedades y Patrimonio de Duhok, se cree que las tumbas datan del período helenístico (323 a. C. – 31 a. C.), una época marcada por la influencia cultural griega tras las campañas de Alejandro Magno.

Declaró Brifkani a Rudaw:

Descubrimos una ciudad principal y un cementerio. Es la primera vez que se encuentran tumbas de este tipo y tamaño en la zona. Hasta el momento, hemos descubierto cerca de 40 tumbas de cerámica, que datan de miles de años. También se han encontrado cerámica y otros artefactos.

El sitio de excavación resurgió hace apenas diez días, cuando el descenso del nivel del agua dejó al descubierto estructuras ocultas durante mucho tiempo. Desde entonces, el equipo kurdo de 14 miembros ha estado trabajando de forma independiente para documentar y excavar los frágiles restos.

La presa de Mosul, construida sobre el río Tigris en la década de 1980, sumergió más de 80 aldeas, escuelas y asentamientos antiguos. Si bien la presa es crucial para la agricultura, la generación de electricidad y el almacenamiento de agua (puede contener hasta 11 mil millones de metros cúbicos), las inundaciones arrasaron comunidades enteras y lugares de interés cultural.

Los niveles de agua en la presa solo han bajado tres veces en el último medio siglo: en 2017, 2023 y nuevamente este año. La grave sequía, combinada con la reducción de los caudales de los países río arriba, ha contribuido a la última y drástica disminución.

Cada vez que las aguas retroceden, la historia resurge. En 2023, una antigua aldea yazidí (ezidí) reapareció tras permanecer sumergida durante casi cuatro décadas. Más recientemente, se descubrió una tumba yazidí de 1961 a lo largo del río Tigris. A principios de este año, un edificio escolar perdido hace mucho tiempo en Khanke también emergió de las aguas.

Los yazidíes, o ezidíes, son una minoría etnoreligiosa indígena del norte de Mesopotamia, particularmente en la provincia iraquí de Nínive y la región del Kurdistán en general. Su fe es monoteísta y está profundamente arraigada en las antiguas tradiciones mesopotámicas, incorporando elementos del zoroastrismo, el cristianismo y el islam. La veneración a Melek Taus, el ángel pavo real, símbolo de la luz y la guía divinas, es fundamental para la creencia yazidí.

Durante siglos, los yazidíes han soportado oleadas de persecución, incluyendo masacres y desplazamientos forzados. A pesar de ello, han preservado sus tradiciones, santuarios y lugares sagrados, muchos de los cuales se encuentran cerca del monte Sinjar y otras zonas próximas a la presa de Mosul. La recuperación de tumbas y aldeas yazidíes pone de relieve no solo el impacto ambiental de la gestión del agua, sino también la resiliencia de un pueblo cuya historia está inseparablemente ligada a la tierra.

Desde que comenzó la construcción de la presa de Mosul en 1981, los arqueólogos han estado trabajando a contrarreloj para documentar los yacimientos sumergidos.

Explicó Brifkani:

Tras la construcción de la presa de Mosul en 1986, un gran número de yacimientos arqueológicos quedaron sumergidos. Hemos estado monitoreando los niveles de agua desde 2018, cuando la primera gran caída expuso restos antiguos. Este nuevo descubrimiento continúa esa labor.

Las tumbas descubiertas son particularmente significativas porque amplían el conocimiento del período helenístico en la región, una época en la que las culturas mesopotámicas locales interactuaron con los colonos y gobernantes griegos. Estos hallazgos podrían ayudar a los historiadores a comprender mejor cómo se desarrollaron el comercio, la cultura y el gobierno en el norte de Irak hace miles de años.

La presa de Mosul sigue siendo un recurso vital para Irak, ya que produce alrededor de 580 megavatios de energía hidroeléctrica al día y abastece de agua a millones de personas. Sin embargo, los descubrimientos arqueológicos que están surgiendo plantean interrogantes sobre el equilibrio entre el desarrollo de infraestructuras, la sostenibilidad ambiental y la preservación cultural.

Arkeonews

Mendik Tepe, el descubrimiento neolítico que podría reescribir el discurso de la historia 

Arqueólogos que trabajan en Mendik Tepe, un montículo prehistórico en el sureste de Turquía, están desenterrando evidencia que podría datar de una época anterior al mundialmente famoso Göbekli Tepe, a menudo aclamado como el punto cero de la historia.

 La excavación, parte del Proyecto Taş Tepeler, ya está transformando nuestra comprensión de la Revolución Neolítica y la transición de la humanidad de cazadores-recolectores a comunidades sedentarias.

Şanlıurfa’da, Kültür ve Turizm Bakanlığının «Taş Tepeler Projesi» kapsamında yürütülen kazılarda, Göbeklitepe ve Karahantepe’den daha eski olabileceği değerlendirilen Mendik Tepe’de Neolitik döneme ait izler gün yüzüne çıkarılıyor. ( Cebrail Caymaz – Anadolu Ajansı )

Mendik Tepe se encuentra en el distrito de Eyyübiye de Şanlıurfa, cerca de la aldea de Payamlı, en el corazón de la Media Luna Fértil. El yacimiento fue identificado por primera vez por la arqueóloga Fatma Şahin y actualmente se está excavando bajo la dirección del profesor Douglas Baird, de la Universidad de Liverpool, en colaboración con el Museo de Arqueología de Şanlıurfa y el Instituto Británico de Arqueología.

Şanlıurfa’da, Kültür ve Turizm Bakanlığının «Taş Tepeler Projesi» kapsamında yürütülen kazılarda, Göbeklitepe ve Karahantepe’den daha eski olabileceği değerlendirilen Mendik Tepe’de Neolitik döneme ait izler gün yüzüne çıkarılıyor. ( Cebrail Caymaz – Anadolu Ajansı )

Baird destaca la importancia de este nuevo yacimiento:

Los hallazgos sugieren que Mendik Tepe se sitúa en los inicios del Neolítico. Si bien está vinculado a Göbekli Tepe y Karahantepe, sus estructuras presentan formas únicas e incluso podrían ser anteriores a ellas.

Esto convierte a Mendik Tepe en una pieza crucial para comprender cómo surgió y se expandió la cultura neolítica por la región de Taş Tepeler.

Las excavaciones han revelado una variedad de estructuras en cuanto a tamaño y función:

Los edificios pequeños parecen haberse utilizado para almacenar o preparar alimentos.

Las estructuras medianas (de unos 4 a 5 metros de ancho) probablemente funcionaban como viviendas o viviendas comunales. Se cree que las grandes estructuras, construidas con meticulosa mampostería, tuvieron un significado ritual o ceremonial.

Esta diversidad sugiere que Mendik Tepe no fue simplemente un centro ritual como Göbekli Tepe, sino también un asentamiento multipropósito donde coexistían la vida cotidiana y las prácticas espirituales.

Lo que más entusiasma a los arqueólogos es la posibilidad de que Mendik Tepe sea más antiguo que Göbekli Tepe (c. 9600 a. C.). Evidencias recientes de datación del cercano Çakmak Tepe, otro yacimiento del Proyecto Taş Tepeler, muestran sorprendentes similitudes en cuanto a antigüedad. De confirmarse, estos hallazgos podrían retrasar la cronología de la arquitectura monumental en la historia de la humanidad.

A diferencia de Göbekli Tepe y Karahantepe, conocidos por sus icónicos pilares en forma de T, Mendik Tepe presenta piedras verticales de diferentes formas, lo que marca una identidad arquitectónica distintiva. Esta diferencia podría indicar una fase de transición en los métodos de construcción de los primeros humanos.

Mendik Tepe es uno de los más de 12 yacimientos de montículos neolíticos de la región de Şanlıurfa, conocidos colectivamente como Taş Tepeler (Colinas de Piedra). Juntos, forman uno de los paisajes prehistóricos más significativos del mundo.

Estos yacimientos interconectados revelan cómo las primeras comunidades agrícolas experimentaron con la arquitectura, los rituales y la organización social. Yacimientos como Sayburç, con sus relieves, y Çayönü Tepesi, con pilares sin forma de T, comparten paralelismos con Mendik Tepe, lo que refuerza la idea de una cultura neolítica diversa pero interconectada.

Los arqueólogos creen que los descubrimientos en Mendik Tepe podrían transformar la comprensión de la Revolución Neolítica, el período en el que los humanos pasaron de grupos de cazadores itinerantes a asentamientos permanentes y sociedades agrícolas. Esta transformación, que comenzó en el sureste de Turquía hace más de 11.000 años, sentó las bases de la civilización moderna. Con Mendik Tepe cobrando protagonismo, los investigadores anticipan nuevos descubrimientos sobre:

Cómo los primeros humanos organizaron los espacios comunales y rituales.

El papel del almacenamiento y la producción de alimentos en el surgimiento de asentamientos permanentes.

La expansión de las tradiciones arquitectónicas a lo largo del Creciente Fértil.

Las excavaciones de Mendik Tepe aún se encuentran en sus primeras etapas, pero los hallazgos ya sugieren que el sitio podría ser uno de los descubrimientos arqueológicos más significativos del siglo XXI. Como señala el profesor Baird, la investigación en curso revelará si este montículo poco conocido es realmente anterior a Göbekli Tepe y si redefine la historia del mundo neolítico.

Por ahora, una cosa es segura: Mendik Tepe no es un simple yacimiento arqueológico más, sino una clave para desvelar los primeros pasos de la humanidad hacia la civilización.

Arkeonews

El ave que ponía huevos de 10 kilos y se extinguió hace 1000 años

Madagascar, famosa por albergar una biodiversidad única, albergo hace de mil años una criatura extraordinaria, el pájaro elefante, el ave más grande que alcanzaba los 3 metros y un peso que podía superar los 700 kilogramos. Dominó los paisajes de la isla durante milenios antes de desaparecer, víctima de los cambios provocados por la llegada del ser humano.

Los pájaros elefante pertenecían al orden Aepyornithiformes y eran aves no voladoras, como sus parientes modernos los kiwis, las avestruces y los emús a los que se parecía físicamente. Pero su enorme tamaño los hacía únicos. La especie más imponente, el Aepyornis maximus, ponía los huevos más grandes conocidos de cualquier animal amniótico, con un volumen de hasta 13 litros y un peso de alrededor de 10,5 kilogramos, aproximadamente equivalente a unos 150 huevos de gallina.

Tenían patas robustas, cuellos largos y cabezas pequeñas en proporción a sus cuerpos. Las alas, al igual que las de otros pájaros no voladores, eran vestigiales, pero sus poderosas patas les permitían moverse con facilidad por los bosques y pastizales de Madagascar. Estudios de sus cráneos indican que, al igual que los kiwis, podrían haber tenido hábitos nocturnos, con órganos visuales reducidos pero un sentido del olfato muy desarrollado, sobre todo el A. maximus, que posiblemente habitaba en las zonas boscosas.

Durante siglos los relatos sobre aves gigantes en Madagascar, como el del gobernador francés Étienne de Flacourt que escribió sobre una enorme ave denominada «vouropatra» que ponía huevos como las avestruces y vivía en lugares remotos, se consideraron leyendas. No sería hasta el siglo XIX que la ciencia confirmó su existencia.

En la década de 1830 viajeros europeos comenzaron a encontrar huevos y fragmentos de cáscaras de un tamaño descomunal, hallazgos que llamaron la atención de los científicos principalmente después de que se descubrieran los moas en Nueva Zelanda, otra especie de ave gigante extinta. En 1851, el naturalista Isidore Geoffroy Saint-Hilaire describió formalmente por primera vez al Aepyornis maximus a partir de huesos y huevos encontrados en la isla.

Curiosamente, algunos huevos de pájaro elefante se encontraron en las costas de Australia, a miles de kilómetros de Madagascar. Los científicos creen que estos huevos pudieron flotar hasta allí gracias a las corrientes oceánicas, como la Circumpolar Antártica, un fenómeno que también ha arrastrado huevos de pingüinos y avestruces a lugares distantes.

Los estudios de isótopos y fósiles han revelado que se alimentaban de hojas y frutos en los bosques. Algunas plantas como la palma Voanioala gerardii, producían frutos con características que pudieron evolucionar para ser dispersados por estas aves gigantes, de forma similar a cómo los casuarios ayudan a esparcir semillas en los bosques de Australia y Nueva Guinea.

Los huevos de pájaro elefante eran enormes pero también extremadamente resistentes, de un grosor de hasta 3,3 milímetros. Las hembras debían extraer grandes cantidades de calcio de sus huesos para producirlos, un proceso que dejó marcas detectables en sus fémures. Los embriones que se encontraron dentro de estos huevos demuestran que las crías ya tenían esqueletos robustos al nacer, por lo que serían capaces de moverse y valerse por sí mismas poco después de la eclosión.

La extinción del pájaro elefante está íntimamente ligada a la llegada de los humanos a Madagascar. Las evidencias más antiguas de presencia humana en la isla datan del primer milenio d.C., y se cree que para el año 1000 d.C. estas aves ya habían desaparecido.

Pero no porque los humanos las cazaran directamente en grandes cantidades, sino porque su impacto en el medio ambiente fue devastador. La transformación masiva de bosques en pastizales para la ganadería mediante el uso del fuego destruyó el hábitat de muchas especiees endemicas como el pájaro elefante.

También es posible que los humanos recolectaran sus huevos, una práctica que habría afectado gravemente a una especie de reproducción lenta como la del pájaro elefante.

Su extinción formó parte de una oleada de desapariciones que incluyó a hipopótamos enanos, tortugas gigantes y lémures de gran tamaño, con las que Madagascar perdió algunos de sus habitantes más emblemáticos dejando un vacío ecológico que aún hoy es palpable.

Aunque desaparecieron hace siglos los pájaros elefante siguen fascinando a científicos y aficionados. En 2023 un estudio de ADN extraído de cáscaras de huevo confirmó que su pariente vivo más cercano es el kiwi de Nueva Zelanda, a pesar de la enorme distancia geográfica que separa a ambas especies.

Es posible que sus ancestros comunes fueran aves voladoras que llegaron a Madagascar y Nueva Zelanda en épocas diferentes, evolucionando de manera independiente hacia el gigantismo y la incapacidad de volar.

Hoy los huevos de pájaro elefante son objetos codiciados por museos y coleccionistas. En 2013 uno de ellos se vendió en una subasta por más de 100.000 dólares.

Hansford JP, Turvey ST. Unexpected diversity within the extinct elephant birds (Aves: Aepyornithidae) and a new identity for the world’s largest bird. R Soc Open Sci. 2018 Sep 26;5(9):181295. doi: 10.1098/rsos.181295

Anusuya Chinsamy, Delphine Angst, Aurore Canoville, Ursula B Göhlich, Bone histology yields insights into the biology of the extinct elephant birds (Aepyornithidae) from Madagascar, Biological Journal of the Linnean Society, Volume 130, Issue 2, June 2020, Pages 268–295, doi.org/10.1093/biolinnean/blaa013

Carol Hand, Evolution of Birds

Julian P. Hume, Extinct Birds

Wikipedia, Aepyornithidae

La Brujula Verde

Coetánea a Cnosos, arquitectura de 8.800 años

Arqueólogos que excavan el montículo Uğurlu-Zeytinlik en Gökçeada (Imbros), la isla más occidental de Turquía en el mar Egeo, han hallado los primeros restos arquitectónicos pertenecientes a las primeras comunidades agrícolas de las islas del Egeo.

El descubrimiento, datado en unos 8.800 años, sitúa a Uğurlu, junto con Cnosos en Creta, como los únicos asentamientos en las islas del Egeo pertenecientes a las primeras sociedades agrícolas.

El director de la excavación, el Prof. Dr. Burçin Erdoğu, explicó:

La primera vez que encontramos una arquitectura así

Este tipo de arquitectura se ha encontrado por primera vez en las islas del Egeo, lo que la hace extremadamente valiosa para nosotros. Hemos identificado un estilo de construcción de planta circular, con pisos hundidos, construido mediante la técnica de adobe. El asentamiento de Uğurlu, junto con Cnosos en la isla de Creta, es el único asentamiento en las islas del Egeo perteneciente a las primeras comunidades agrícolas. En este contexto, puedo afirmar que hemos descubierto la arquitectura de las primeras comunidades agrícolas de las islas del Egeo por primera vez

Esta afirmación subraya la importancia del descubrimiento, no solo para Turquía, sino para toda la historia de la cuenca del Egeo.

Durante la última temporada de excavaciones, los arqueólogos descubrieron cinco estructuras domésticas que datan de alrededor del 6800 a. C. Estas casas primitivas presentan plantas circulares, pisos empotrados y una construcción de caña y adobe, lo que representa la arquitectura agrícola más antigua jamás documentada en una isla del Egeo.

Hasta ahora, no existía evidencia arquitectónica que mostrara cómo las primeras comunidades agrícolas del Egeo construían sus hogares u organizaban sus asentamientos. Uğurlu ha proporcionado la primera huella física de los agricultores isleños, transformando la especulación en una realidad tangible.

Si bien se habían documentado evidencias de prácticas agrícolas como el cultivo de cosechas y la domesticación de animales en la región, la arquitectura proporciona la prueba más clara de asentamiento permanente y organización social. Hasta ahora, los investigadores no contaban con restos arquitectónicos que mostraran cómo vivían los primeros agricultores del Egeo.

El descubrimiento en Uğurlu cambia esto por completo. Las estructuras confirman que los primeros pobladores no eran visitantes temporales, sino comunidades establecidas, que moldearon el paisaje de la isla con hogares perdurables. Esto hace que el sitio sea invaluable para comprender cómo se arraigaron las formas de vida agrícolas en todo el mar Egeo.

La importancia de Uğurlu no reside solo en su arquitectura. La evidencia botánica revela cultivos domesticados como el trigo, la cebada y los guisantes, lo que demuestra que los primeros pobladores trajeron la agricultura de Anatolia continental. Los huesos de animales muestran que ovejas, cabras, vacas y cerdos también formaban parte de su sistema de subsistencia.

Hallazgos de obsidiana en Melos y sílex, tanto en Anatolia como en los Balcanes, confirman que estos primeros isleños se integraron en redes de intercambio a larga distancia hace casi nueve milenios. Lejos de estar aislado, Uğurlu fue una encrucijada de innovación e interacción en el Egeo Neolítico.

Durante décadas, Cnosos, en Creta, se mantuvo como el asentamiento agrícola más antiguo conocido en el Egeo. Con los descubrimientos en Gökçeada, los investigadores pueden ahora identificar un segundo yacimiento, igualmente antiguo, que perteneció a la primera oleada de agricultores isleños. Esto posiciona a Uğurlu-Zeytinlik como un pilar fundamental de la cultura neolítica egea, conectando Anatolia y el Egeo, y transformando la comprensión de cómo la agricultura se extendió tanto por mar como por tierra.

Anteriormente, se descubrió un monumento con una antigüedad aproximada de 8.000 años en Uğurlu Höyük, en el noroeste de Turquía. El último descubrimiento en Gökçeada reveló los primeros restos arquitectónicos de 8.800 años de antigüedad de las primeras comunidades agrícolas de las islas del Egeo. Crédito: AA Crédito: AA

El descubrimiento de la arquitectura agrícola más antigua del Egeo desafía las narrativas antiguas y amplía el mapa de la vida neolítica en las islas. Demuestra que el asentamiento permanente y la innovación arquitectónica no se limitaron a Creta, sino que también estaban firmemente arraigados en el norte del Egeo hace casi 9.000 años.

A medida que continúan las excavaciones, se espera que Uğurlu proporcione una comprensión aún más profunda de cómo la agricultura, la arquitectura y la complejidad social se extendieron por los paisajes insulares, lo que lo convierte en uno de los yacimientos arqueológicos más importantes de la región.

El montículo Uğurlu-Zeytinlik en Gökçeada ha aportado un descubrimiento de importancia sin precedentes: la primera arquitectura agrícola de las islas del Egeo. A través de sus casas redondas, hundidas y tejidas con caña, el yacimiento revela cómo vivían, trabajaban y se conectaban con las regiones vecinas los primeros agricultores isleños. Al estar hombro con hombro con Cnosos, Uğurlu no solo reescribe el capítulo más antiguo de la prehistoria del Egeo, sino que ancla firmemente a Gökçeada en la historia de cómo los primeros agricultores de la humanidad dieron forma a las islas del mar Egeo.

Arkeonews

ADN desvela el misterio de los niños sacrificados por los mayas en Chichén Itzá

El análisis de 64 cadáveres sugiere que este pueblo asesinaba selectivamente a gemelos o hermanos de corta edad, siempre varones y en parejas, como ritual religioso

Cenote sagrado de Chichen Itza

En 1967, los obreros que trabajaban en una pista de aterrizaje cerca de la mítica ciudad maya de Chichén Itzá, Yucatan (Mexico) descubrieron una cavidad subterránea llena de huesos humanos. Los restos se recogieron, la cueva se destruyó, y desde entonces el hallazgo ha constituido uno de los mayores enigmas sobre la cultura maya.

La corta edad de los más de 100 muertos impedía saber si eran niños o niñas, para frustración de los investigadores que intentaban entender por qué este pueblo realizaba frecuentes sacrificios humanos. Ahora, el análisis del ADN de 64 de esas víctimas ha permitido aclarar quiénes eran y especular por qué los mataron.

Chichén Itzá, con su pirámide de Kukulkán, la mitológica serpiente emplumada, su juego de pelota, su observatorio astronómico, y sus 50.000 habitantes fue epicentro de la civilización maya, que se expandió por la península de Yucatán, Belice y Guatemala durante siglos, antes de colapsar alrededor del año 1.000 de nuestra era.

Dentro del recinto religioso también está el Cenote Sagrado, un gran agujero en el terreno lleno de agua dulce que los mayas consideraban la entrada al inframundo. En su fondo se han encontrado multitud de restos humanos. La cavidad descubierta en 1967, conocida como chultún, estaba muy cerca. Probablemente sirvió de cisterna de agua dulce y después, de sepulcro improvisado para los sacrificados.

Rodrigo Barquera, paleogenetista mexicano que trabaja en el Instituto de Biología Evolutiva Max Planck de Alemania, ha sido uno de los líderes de una investigación que comenzó en 2014 para enviar a Leipzig los restos de 64 cadáveres, extraer unos miligramos del hueso petroso del cráneo uno de los más densos del cuerpo, y recuperar su ADN.

Los resultados muestran que todos los niños eran varones de tres a seis años de edad. Fueron asesinados a lo largo de cinco siglos, del VI al X, aunque los sacrificios se intensificaron en el periodo de máximo esplendor y posterior colapso de la capital maya, entre el 800 y el 1.000, según el estudio, fue publicado en Nature en 2024, referente de la mejor ciencia mundial.

El hallazgo más sorprendente ha sido que entre los muertos hay dos pares de hermanos gemelos que probablemente fueron sacrificados juntos. Entre el resto de víctimas también hay lazos estrechos de parentesco, algunos eran hermanos, otros primos, con lo que probablemente había un parecido físico claro entre ellos.

La civilización maya tenía una obsesión especial por los gemelos. Su libro sagrado, el Popol Vuh, que data de la época colonial, pero que en teoría se remonta a los albores de esta cultura, relata el mito de dos gemelos que bajan al inframundo y son sacrificados por los dioses después de un juego de pelota. La cabeza de uno de ellos preña a una virgen, que pare a otros dos hermanos idénticos que vuelven al inframundo en busca de venganza, en un ciclo continuo de sacrificios. Los investigadores creen que todos los niños fueron asesinados en parejas y al mismo tiempo en una suerte de homenaje a los gemelos héroes.

Oana del Castillo, bioarqueóloga del Instituto Nacional de Antropología e Historia de México y coautora del estudio, profundiza en esta interpretación, explica:

Según el mito, este par de gemelos se enfrenta a la muerte y la oscuridad para garantizar la continuidad de los ciclos cósmicos, y con ello, la vida en la superficie de la Tierra.

Hasta ahora se pensaba que todas las sacrificadas eran niñas o adolescentes. Uno de los primeros en proponer esto fue Edward Herbert Thompson —Don Eduardo—, artífice del expolio de este Egipto Americano, como llamaron a Chichén Itzá tras su redescubrimiento en el siglo XIX. A principios del pasado siglo, Thompson fue nombrado cónsul de Estados Unidos en Yucatán.

En apenas unos años dragó el Cenote Sagrado con grúas y sacó cientos de huesos y objetos de oro y jade que fueron enviados al Museo Peabody de la prestigiosa Universidad Harvard, donde siguen muchos de ellos. En su novela La ciudad del pozo sagrado, Don Eduardo especula que las sacrificadas eran princesas mayas a las que arrojaban vivas a las profundas aguas del cenote para satisfacer a los dioses.

Los cuerpos analizados no tienen rastros físicos de violencia. No hay marcas de decapitación ni de extracción del corazón, unos rituales que eran más típicos de los aztecas, y que en este caso están mucho mejor documentados por los testimonios de los conquistadores españoles que llegaron a Tenochtitlán, en la actual Ciudad de México. A pesar de esto, Rodrigo Barquera explica que el sacrificio es la opción más plausible.

En aquella época los niños que morían por enfermedades solían fallecer en los dos primeros años de edad. Es raro encontrar tantos muertos de entre tres y seis años. Además, si fuera un enterramiento, veríamos una mezcla de sexos, pero aquí hay una preselección clara de varones. Muchos de ellos estaban emparentados. Y además hemos encontrado dos pares de gemelos. La posibilidad de que sea producto del azar es prácticamente nula.

Otro factor que apoya la teoría del sacrificio ritual es la dieta. Los investigadores han analizado los diferentes tipos de átomos de hidrógeno (isótopos) hallados en los huesos, así como el carbono 14 que permite afinar su datación. Esta parte del trabajo la ha realizado el investigador español Patxi Perez Ramallo, que trabaja en la Universidad de Ciencia y Tecnología de Noruega, explica:

Fue un reto enorme. Tardé mucho en entender la dieta a partir de los isótopos. Después vimos que hay tres grandes grupos, unos que procedían de la costa y que comían más proteína de pescado, otros de interior que consumían más carne y otros que tienen una dieta más humilde, lo que apunta a que eran de clase baja.

Lo más relevante es que la dieta entre cada pareja de niños sacrificados es prácticamente idéntica, lo que apoya que recibiesen el mismo cuidado y alimentos en los meses o años previos al sacrificio. La mayoría de muertes se concentra en los siglos VIII y IX, aproximadamente cada 50 años, lo que puede coincidir con periodos de especial carestía de alimentos y, en consecuencia, de inestabilidad política y social.

Rodrigo Barquera compara lo que sucedía en el complejo ceremonial de Chichén Itzá con lo que puede verse en cualquier iglesia o sinagoga:

En estos templos vemos diferentes estancias dedicadas a cada rito. En la ciudad maya se usaría el chultún para los sacrificios en homenaje a los héroes gemelos. Sin embargo, en el Cenote Sagrado sabemos que los sacrificados  eran arrojados vivos cuando estaba completamente seco, como petición a que llegara la lluvia.

No existe algo comparable al volumen y complejidad cultural de estos sacrificios humanos de los mayas, sostenidos durante siglos. Lo más cercano, son los sacrificios de mujeres jóvenes y sus hijos por los incas, cuyas momias excepcionalmente conservadas se han encontrado en algunas de las cumbres mas altas de los Andes.

 En estos casos también se ha demostrado que venían de lugares remotos y comían la misma dieta, pero se trata de dos o tres casos, no de decenas o incluso cientos.

Los responsables del trabajo advierten de que no es recomendable interpretar lo que sucedió en la ciudad maya con una visión actual. Explica Pérez-Ramallo:

Cuando analizo cosas como esta intento ser un mero testigo y no juzgar con los ojos del presente. Por muy diferente que el mundo maya sea de la edad media europea,  siempre hay conexiones. Cuando los romanos llegaron a Lusitania [la actual Portugal, Extremadura y Salamanca], atestiguan sacrificios humanos por parte de la población local. Son comportamientos antropológicos que explican una sociedad, más que una barbarie.

Su colega Barquera añade:

En aquellos tiempos, en Mesoamérica, la muerte en sacrificio era un honor. En el juego de pelota se aspiraba a ganar y el premio era ser sacrificado. Dar a tus hijos en sacrificio era probablemente también un gran honor. Desde nuestra óptica parece bárbaro, pero así se explicaba el mundo hace algo más de mil años. Es algo distinto que no podemos calificar con la moral de hoy.

El equipo también ha analizado el ADN de 68 habitantes actuales de Tixcacaltuyub, localidad cercana a las ruinas de Chichén Itzá. Los resultados muestran que los descendientes de los pueblos mayas conservan marcas genéticas de las epidemias que diezmaron la población americana tras la llegada de los conquistadores en el siglo XVI, en especial genes de resistencia a la bacteria Salmonella enterica, que en 1545 provocó la terrible epidemia del llamado cocoliztli. 

Iñigo Olalde, genetista de la Universidad del País Vasco, opina:

 este es un estudio único. Es excepcional poder recuperar ADN de tantos individuos en una zona cálida. Y gracias a la extracción genética ha sido posible determinar el sexo, ya que ningún rasgo físico en los huesos de niños de corta edad permite diferenciarlo. Gracias a esto sabemos a quiénes estaban matando por ritual. 

https://elpais.com/ciencia/2024-06-12/el-adn-desvela-el-misterio-de-los-ninos-sacrificados-por-los-mayas-en-chichen-itza.html#?rel=mas

La Politécnica de Valencia da la clave del urbanismo Maya al detectar edificios bajo la selva

La teledetección con LIDAR (Light Detection and Ranging) es una tecnología de detección remota activa que utiliza pulsos de luz láser para medir distancias y crear modelos tridimensionales precisos del entorno. A diferencia de otras tecnologías como el radar que usan ondas de radio, el LIDAR opera en el espectro óptico.

El sistema LIDAR emite pulsos de luz láser hacia un objeto o una superficie. Un sensor mide el tiempo que tarda cada pulso en rebotar y regresar al emisor. Conocido el tiempo de vuelo y la velocidad de la luz, el sistema puede calcular la distancia exacta al objeto. Al realizar millones de mediciones por segundo desde un emisor en movimiento (como un avión, dron o vehículo terrestre), se genera una nube de puntos que representa la forma y la altura de las superficies y objetos escaneados.

El LIDAR tiene una amplia gama de aplicaciones:

Aéreo: Se monta en aviones o drones y se usa para mapear grandes áreas, como ciudades, bosques o terrenos.

Terrestre: Se instala en vehículos o trípodes para escanear entornos más pequeños con alta precisión, como fachadas de edificios o sitios arqueológicos.

Espacial: Satélites equipados con LIDAR se usan para estudiar la topografía global y la atmósfera de la Tierra.

El LIDAR se utiliza en:

Cartografía y topografía: Creación de mapas topográficos de alta precisión.

Gestión forestal: Medición de la altura y densidad de los árboles para estimar la biomasa forestal.

Arqueología: Detección de estructuras ocultas bajo la vegetación.

Geología: Análisis de fallas geológicas y deslizamientos de tierra.

Planificación urbana: Creación de modelos 3D de ciudades para el diseño y la gestión de infraestructuras.

Vehículos autónomos: Permite que los coches sin conductor «vean» su entorno y detecten obstáculos…

Una investigación, en la que participa la Universitat Politècnica de València, analizan más de 2.600 kilómetros cuadrados entre Guatemala y México

Un estudio internacional en el que participa la Universitat Politècnica de València (UPV) permite identificar edificios mayas abovedados mediante mapas Lidar, una tecnología que hace posible ver bajo la vegetación, lo que ofrece la clave para entender el urbanismo maya.

Así lo aseguran los responsables de este trabajo, en el que participa la arquitecta e investigadora del Centro PEGASO de la UPV Laura Gilabert, y que es fruto de una colaboración con Tulane University (Nueva Orleans, Estados Unidos) y el consorcio internacional Pacunam Lidar Initiative.

En él se analizan más de 2.600 kilómetros cuadrados de selva en las Tierras Bajas Mayas, entre Guatemala y México, donde se han detectado más de 100.000 estructuras antiguas, de las cuales un 30 % han sido identificadas como abovedadas (vinculadas a un mayor estatus).

Según explican desde la UPV, el proyecto, financiado por la Generalitat Valenciana, ha descubierto cómo rastrear la riqueza y el estatus en la sociedad maya antigua utilizando tecnología Lidar, mediante la detección de estructuras abovedadas y el análisis de su distribución territorial en entornos urbanos y rurales.

Para ello, el equipo ha desarrollado un modelo predictivo, validado con un 93% de fiabilidad, que permite clasificar los antiguos edificios según su sistema constructivo, identificando aquellos construidos con muros y bóvedas de piedra, un rasgo vinculado a una mayor riqueza y prestigio social.

La posibilidad de diferenciar los edificios abovedados de otras construcciones más sencillas permite formular nuevas hipótesis sobre la organización social y económica de la antigua civilización maya, explican desde la institución académica.

El estudio ofrece así nuevas claves sobre la vida cotidiana de miles de personas que habitaron en las ciudades mayas durante el periodo Clásico (250-900 d.C.).

Uno de los hallazgos más relevantes es que las élites mayas tendían a ubicarse distribuidas entre la población general, tanto en zonas urbanas como rurales, para supervisar el uso e intercambio de recursos.

Afirma Francisco Estrada-Belli arqueólogo e investigador de Tulane University y director del estudio, quien señala que:

Hasta ahora ha sido difícil definir los barrios mayas poder ver la distribución de residencias élite y no élite a gran escala da la clave para entender el urbanismo maya.

Dice Marcello A. Canuto, director del Middle American Research Institute de Tulane University:

En este artículo mostramos cómo la combinación de excavación arqueológica, análisis arquitectónico y datos Lidar permite obtener nuevas perspectivas sobre la organización de la sociedad maya antigua.

Además de las edificaciones, la tecnología Lidar ha permitido detectar infraestructuras agrícolas y de gestión del agua, como terrazas de cultivo, canales y aguadas, unos hallazgos que refuerzan la idea de un alto grado de planificación del territorio y una compleja organización política.

Indica Laura Gilabert:

La teledetección con Lidar permite optimizar el uso de los recursos económicos y humanos dedicados a la investigación arqueológica, pues las excavaciones pueden planificarse previamente de forma muy precisa.

 Lidar abre nuevos horizontes en la conservación y la gestión del patrimonio arqueológico, especialmente cuando éste se encuentra bajo áreas naturales protegidas.

https://elpais.com/espana/comunidad-valenciana/2025-08-25/un-estudio-ofrece-la-clave-del-urbanismo-maya-al-permitir-detectar-edificios-bajo-la-selva.html

Hallan en Borneo un hacha de meteorito de 3000 años

Hace poco se descubrió en Indonesia una rara hacha cónica de la Edad de Bronce, de más de 3.000 años de antigüedad y hecha de metal de meteorito, lo que ha asombrado a arqueólogos e historiadores.

Considerada la primera de su tipo en la región, esta extraordinaria pieza ofrece nuevas perspectivas sobre las avanzadas técnicas de metalistería y las prácticas sociales de las antiguas comunidades de Borneo, destacando el rico patrimonio incluso de las zonas más remotas de la isla.

El hacha provino de la colección de un aldeano local, quien la conservó junto con otros artefactos encontrados durante la búsqueda de oro. Entre estos objetos se encontraban cuentas antiguas de la tribu Dayak y hachas de piedra tradicionales, pero el hacha cónica captó inmediatamente la atención de los expertos por su forma única, su intrincada artesanía y su origen meteorítico.

La arqueóloga Ida Bagus Putu Prajna Yogi fue una de las primeras en examinar el hallazgo:

En todos mis años estudiando la arqueología de Kalimantan, nunca había visto un hacha cónica como esta

Su observación subraya la rareza y la importancia del descubrimiento.

Hartatik, miembro del Equipo de Expertos en Patrimonio Cultural (TACB) de la Regencia de Banjar, explicó que el hacha cónica, conocida localmente como Gigi Petir o Untu Gledek, posee importancia tanto cultural como histórica.

Si bien las leyendas locales sugieren que estos objetos aparecen donde cae un rayo, los investigadores proponen que podría haber sido elaborada utilizando técnicas avanzadas de metalistería a partir de material de meteorito fundido.

El hacha cónica, reliquia de la Edad de Bronce, fue descubierta por un residente de la aldea de Paau, distrito de Aranio, regencia de Banjar.

A diferencia de las hachas de piedra comunes, el hacha cónica no estaba destinada a cortar. Su pequeño tamaño y diseño artístico sugieren que servía como símbolo de estatus social o artículo de comercio.

Señaló Harta:

Representa tanto el arte como la jerarquía social, reflejando la cultura de las comunidades de la Edad de Bronce en Kalimantantik.

Verificar la autenticidad del artefacto es crucial. Comprender el contexto de su descubrimiento —incluyendo cuándo y cómo se encontró y si fue heredado o descubierto directamente— es esencial para garantizar la precisión histórica y evitar falsificaciones.

La aparición de esta rara hacha proporciona evidencia contundente de que las antiguas comunidades de Kalimantan habían trascendido la Edad de Piedra, empleando sofisticadas habilidades de metalistería con fines simbólicos, sociales y posiblemente ceremoniales. El descubrimiento también enfatiza la importancia de preservar el patrimonio local, mostrando cómo incluso las zonas aisladas pueden albergar información valiosa sobre el pasado de Indonesia.

El TACB y la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (BRIN) están coordinando con las autoridades para realizar análisis y autenticar más a fondo. De confirmarse, este descubrimiento lo posicionará como un hito en el estudio de la Edad de Bronce de Indonesia, con el potencial de redefinir la comprensión de las sociedades tempranas de Borneo y sus capacidades tecnológicas.

Cover Image Credit: MADA FOR RADAR BANJARMASIN

Arkeonews

La cultura del vino en la Península Ibérica

La investigación arqueológica ha demostrado la importancia del estudio del vino en la protohistoria ibérica. Es un fenómeno de origen colonial fenicio y púnico que evoluciona de la importación a la producción local, convirtiéndose en un marcador de estatus social y un elemento central de los rituales de las élites.

Si bien los primeros trabajos se centran en estudios iconográficos y en la tipología de recipientes cerámicos y metálicos relacionados con el almacenamiento y consumo del vino, la investigación moderna ha trascendido este enfoque para integrar disciplinas científicas que corroboran la función de los hallazgos con una base analítica sólida.  

En la década de los 80, la arqueología científica empieza a investigar la relación directa entre los envases y el comercio del vino. A partir de entonces, se generaliza una aproximación que conjuga los trabajos arqueológicos con los analíticos, una metodología que se cristaliza en proyectos como el ambicioso O.R.V.E. (Origen de la Vid y el Vino) de la O.I.V. en París.

Una de las técnicas más innovadoras para este avance es la Arqueología Molecular, desarrollada por Patrick Mc. Govern en la Universidad de Pensilvania. Este método permite analizar los poros de la arcilla en el interior de los contenedores cerámicos.

La cocción de la arcilla genera aluminosilicatos que absorben materiales orgánicos antiguos, como líquidos, y los retienen durante largos periodos de tiempo. Gracias a esta técnica, se han podido obtener dataciones sorprendentes, como la presencia de vino en contenedores del periodo Calcolítico Final en Godin Tepe, Irán (3500-3100 a.C.), y en el poblado neolítico de Ají Firuz Tepe, con fechas calibradas del 5400-5000 a.C.. En este último yacimiento, se detectó la presencia de ácido tartárico en el fondo de los recipientes, un elemento que el investigador ha identificado como exclusivo de las uvas del Próximo Oriente.  

Otra vía de investigación, que busca resolver de manera definitiva el problema del origen de la vitis vinifera, es la desarrollada por la Dra. Rosa Arroyo García del CSIC. Su equipo busca polimorfismos en el ADN de las vides salvajes y domesticadas para rastrear el proceso de domesticación. Mediante este método, se ha demostrado que variedades modernas como la Cabernet-Sauvignon y la Chardonay son el resultado de cruces posteriores a la Edad Media, lo que plantea la existencia de especies autóctonas en Europa antes de la llegada de la vid oriental.

La investigación actual ha logrado establecer con claridad que la presencia de la vid en la Península Ibérica desde el Neolítico no implica la elaboración de vino. Los análisis de polen han identificado la existencia de vitis silvestris con una cronología en torno al 3000 a.C., pero no hay evidencia de la variedad domesticada, la vitis vinifera, hasta el inicio del Periodo Orientalizante, hacia el siglo VIII a.C.. Cualquier hipótesis que sugiera una producción de vino anterior carece de valor científico en el estado actual de los conocimientos.  

El informe concluye que la introducción del cultivo y el conocimiento tecnológico para la elaboración del vino en la Península Ibérica se produjo de manera incuestionable a través de un fenómeno cultural de ámbito mediterráneo de expansión de gentes e ideas del Oriente hacia el Occidente. Los principales vectores de esta expansión fueron los pueblos semitas, específicamente los fenicios y, posteriormente, los púnicos. Esta afirmación está respaldada por una creciente cantidad de pruebas arqueológicas y es un punto que ya genera pocas dudas en el ámbito científico.  

Para comprender la naturaleza de esta introducción, es esencial considerar el modelo económico de la viticultura en el Próximo Oriente. Las viñas no eran un cultivo sencillo; requerían una fuerte inversión inicial, abundante mano de obra y una organización social y económica centralizada, lo que las ligaba a la economía de palacio y a las directrices estatales.

 Esta inversión se destinaba a un producto que, si bien no era esencial para la subsistencia, tenía un enorme valor ideológico y simbólico. De ahí que cuando los fenicios y púnicos introducen el vino en Iberia, lo hacen no como un bien de consumo popular, sino como un instrumento de poder y un bien de prestigio, cuyo consumo estaba restringido a las élites dirigentes. Este papel estratégico del vino se evidencia en la historia de Cartago, que tras la caída de Tiro en el siglo VI a.C., intensificó el cultivo de la vid en su territorio para asegurarse así el monopolio del comercio, según lo narra el historiador Timeo. La existencia de lagares en yacimientos como el poblado de San Cristóbal, dependiente de la ciudad fenicia de Gadir, sirve de evidencia material de la producción local en la Península Ibérica desde fechas tempranas, testificando la importación de las técnicas de elaboración.  

Durante los primeros siglos de su implantación (VIII-IV a.C.), el vino en la Península Ibérica se mantuvo como un bien de lujo importado al alcance exclusivo de las jefaturas locales de Tartessos. Su valor simbólico y económico se derivaba directamente de su condición de producto exótico, lo que potenció su uso en rituales y ceremonias religiosas. Las pruebas de este consumo de élite se encuentran en contextos funerarios, como las ricas tumbas de la necrópolis de La Joya en Huelva. El ajuar de la famosa Tumba 17 de La Joya, fechada en el siglo VII a.C., incluía un carro ceremonial, arreos de caballo y un juego de jarro y braserillo de bronce para libaciones, junto con ánforas del tipo R-1. Esta asociación de objetos demuestra que el consumo del vino era parte de un ritual complejo y un marcador de alto estatus social.  

El santuario de Cancho Roano en Badajoz, un yacimiento del interior, proporciona una de las evidencias más claras del carácter sagrado del vino entre las poblaciones del Periodo Orientalizante. Su ajuar votivo incluía un ánfora con restos de taninos, un gran vaso de factura local que imitaba una crátera griega, un cazo etrusco de bronce para servir el vino y copas áticas.

Este conjunto ecléctico evidencia un sincretismo cultural en el que las élites locales adoptaban rituales y objetos de prestigio del Mediterráneo oriental para legitimar su poder. Sin embargo, el proceso de aculturación fue selectivo.

A pesar de la importación de objetos rituales y de la presencia de banquetes funerarios, la iconografía oriental de la vid, que simbolizaba la resurrección y la fertilidad, apenas tuvo implantación en la Península Ibérica hasta la llegada de los romanos. Esto sugiere que, si bien las élites ibéricas incorporaron el vino y su parafernalia como un lenguaje del poder, no necesariamente adoptan el simbolismo religioso completo de sus orígenes.  

Con la crisis de Tartessos a partir del 573 a.C., las poblaciones periféricas experimentaron un crecimiento significativo que les permitió superar la dependencia de las importaciones y consolidar una cultura del vino a gran escala. Este fue un momento clave en el que se comenzó a documentar la explotación extensiva de la vid y la elaboración de envases indígenas. Este proceso marcó un salto cualitativo: las élites ibéricas pasaron de ser meros consumidores de un bien importado a ser productores y redistribuidores, lo que les otorgó una nueva autonomía económica y cultural. La producción local de vino no fue solo un acto de imitación, sino una declaración de poder que se materializaba en la gestión de un recurso estratégico.  

El poblado fortificado de L’Alt de Benimaquía en Denia, Alicante, es uno de los mejores ejemplos de este salto cualitativo. Las excavaciones han documentado la existencia de hasta cuatro lagares, cuya extensión física indica un nivel de producción que «superaría los niveles de autoconsumo» y que, por lo tanto, apuntaba a la distribución hacia otros poblados peninsulares. Esta evidencia es irrefutable, ya que la presencia de lagares es el único indicio inequívoco de la vinificación, a diferencia del mero hallazgo de pepitas de uva, que podrían pertenecer a uva de mesa o pasas, un producto estrella en la antigüedad. El poblado de La Quéjola en Albacete, por su parte, demuestra la consolidación de esta cultura en el interior.

Este pequeño oppidum especializado en el almacenamiento, y probablemente la elaboración, del vino, muestra que la casi totalidad de las ánforas eran de producción local, aunque continuaban tipologías fenicio-púnicas.

El hallazgo de un espacio sagrado con un quemaperfumes figurado de una diosa oriental en bronce subraya la estrecha vinculación entre la producción de vino y las élites, que utilizaban el vino como un modo de expresión de su estatus aristocrático-caballeresco.  

El uso del vino también se consolidó en los rituales funerarios del mundo ibérico, como evidencian los silicernia o banquetes funerarios. La necrópolis de Los Villares en Albacete es un caso paradigmático.

En ella se documentaron dos silicernia en los que se habían quemado y sellado minuciosamente una gran cantidad de materiales, incluyendo más de 80 piezas de vajilla ática (copas, escifos, etc.). La presencia de esta abultada vajilla de cerámica griega demuestra la existencia de celebraciones comunales en torno a la bebida para conmemorar a personajes de la élite, donde el vino funcionaba como un elemento vinculante entre nobles aristocratas.  

En la necrópolis de El Salobral, también en Albacete, el valor simbólico del vino se eleva a un nivel superior. En la Tumba nº 21, los huesos cremados del difunto se depositan dentro de una crátera griega de figuras rojas. Este acto revela que el recipiente, un objeto de prestigio importado, trascendió su función utilitaria para convertirse en un receptáculo sagrado para el difunto, materializando su heroización post-mortem. El uso de vajilla importada de esta manera trascendió su simple función de consumo para convertirse en un lenguaje simbólico de prestigio, poder y pertenencia, fusionando el mundo local con el lenguaje cultural del Mediterráneo.  

Finalmente, el estudio de las vías de comunicación, tanto marítimas como terrestres, es un componente esencial para entender la difusión de la cultura del vino. El descubrimiento del pecio del Sec en Mallorca, y el desarrollo de la arqueología subacuática en España, demostró un comercio marítimo mucho más profundo de lo que se pensaba. Para la distribución terrestre, se propone que la Vía Heraclea fue el elemento encardinador de los primeros territorios ibéricos, como lo sugiere la coincidencia entre los poblados de más antigua cronología y su proximidad a esta ruta.

La escasez de ánforas en el interior puede explicarse por la hipótesis de que el vino se redistribuía en odres de piel por su ligereza y menor fragilidad, mientras que los hallazgos de ruedas y carros en yacimientos como El Amarejo y El Castellar de Meca demuestran la existencia de una red de transporte terrestre bien articulada que facilitó el comercio y la difusión del vino hacia las élites del interior. La red de distribución de vino, por lo tanto, no solo refleja la dinámica comercial, sino también la jerarquía social y económica de la época, mostrando cómo la cultura del vino se convirtió en un sistema dinámico con nodos de producción y distribución en todo el territorio.  

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