El Mazarrón II, un pecio fenicio hallado en las costas de Murcia, representa un verdadero tesoro para la arqueología marítima al ser la nave mas antigua mas completa encontrada en el Mediterráneo.
Este barco, cuya estructura se encuentra en un estado de conservación excepcional, es una ventana única hacia el pasado, arrojando luz sobre las técnicas de construcción naval de los fenicios, una civilización cuya pericia marinera ha sido frecuentemente opacada por otras culturas mediterráneas como la griega.
El análisis del Mazarrón II permite adentrarnos en un periodo histórico marcado por la interacción cultural y tecnológica entre diversos pueblos del Mediterráneo, desvelando aspectos hasta ahora desconocidos de una antigua koiné marítima.
Una de las características que hace único al Mazarrón II es la conservación intacta de sus carpinterías originales. Este hecho, por sí solo, proporciona a los investigadores la posibilidad de estudiar técnicas constructivas que han permanecido en el misterio durante siglos.
A diferencia de las embarcaciones griegas arcaicas, cuya documentación es más abundante gracias a hallazgos previos, las naves fenicias han sido menos accesibles desde un punto de vista arqueológico.
Este descubrimiento ofrece una oportunidad para entender los métodos empleados por los fenicios y cómo estos evolucionan en contextos locales, influenciados por las particularidades de cada región donde navegaron.
El Mazarrón II no solo habla de los fenicios como navegantes excepcionales, sino que también evidencia la existencia de un entramado cultural y tecnológico que conectaba regiones tan diversas como Egipto, Chipre y Anatolia.
Este vínculo mediterráneo, una especie de red de conocimiento compartido, queda plasmado en la construcción del barco y en los materiales empleados, reflejando la capacidad de los fenicios para adaptarse e integrar influencias externas sin perder su identidad.
Los análisis preliminares de las maderas del Mazarrón II han permitido identificar una combinación de técnicas típicamente fenicias y elementos adaptados a las condiciones locales. Esto sugiere que las comunidades involucradas en la construcción del barco no solo adoptaron, sino que también innovaron sobre las bases fenicias, enriqueciendo un legado marítimo que se extendió a lo largo del Mediterráneo.
Sin embargo, algunos aspectos de su construcción permanecen enigmáticos, lo que resalta la complejidad de este tipo de embarcaciones y la necesidad de realizar investigaciones más profundas.
Las excavaciones en el templo egipcio de Taposiris Magna han sacado a la luz varios artefactos, incluyendo un busto que según una investigadora podría pertenecer a la reina Cleopatra VII.
Un equipo de investigadores ha encontrado varios artefactos en un templo incluyendo un busto que, según la arqueóloga Kathleen Martínez, podría pertenecer a Cleopatra VII, la última reina del antiguo Egipto, aunque otros expertos no apoyan su hipótesis.
El busto encontrado en Taposiris Magna
El hallazgo se produjo en el curso de las excavaciones en un templo ptolemaico de Taposiris Magna, en la costa mediterránea de Egipto, que la doctora Martínez y su equipo llevan excavando durante dos décadas.
Monedas encontradas en Taposiris Magna
El Ministerio de Antigüedades de Egipto ha informado de varios descubrimientos notables en este lugar. El primero son los restos de un templo griego del siglo IV a. C., que fue destruido entre el siglo II a. C. y principios del periodo romano.
Este templo se encuentra cerca de un intrincado sistema de túneles profundos que se extienden desde el lago Marriot hasta el mar Mediterráneo. El segundo es una gran necrópolis con 20 catacumbas, entre las cuales han destacado una tumba subterránea debajo del antiguo faro de Taposiris Magna.
Es en esta tumba, que consta de tres cámaras, donde se han localizado nueve bustos de mármol blanco y otros artefactos. Uno de ellos es un busto femenino coronado por una diadema que se sabe que llevaban las reinas de la dinastía ptolemaica, de la que ella fue la última representante.
Sin embargo, otros expertos han señalado que sus rasgos faciales son distintos a los que se atribuyen a la reina y que es más probable que represente a alguna otra reina o princesa ptolemaica.
La estatua fue fabricada en mármol blanco y cabe en la palma de una mano. Fue encontrada en una de las dos salas ocultas del templo que Martínez y su equipo dedicaron semanas a excavar.
La arqueóloga, que ha dedicado su vida a encontrar el lugar de reposo de la legendaria reina, lleva veinte años trabajando en el templo de Taposiris Magna, que se encuentra cerca de la actual ciudad costera de Borg El Arab, en las inmediaciones de Alejandría, la capital de Egipto durante la dinastía ptolemaica.
En el lugar se han encontrado numerosos objetos y productos relacionados con el culto a Isis, como artefactos cerámicos, incienso, productos de maquillaje, recipientes que habían contenido vino y perfumes, un anillo de bronce dedicado a la diosa Hathor y un amuleto de escarabeo con la inscripción «la justicia de Ra se ha alzado».
También se ha hallado un tesoro de más de 300 monedas con la imagen de Cleopatra. Los investigadores que estudiaron estas piezas corroboraron que su antigüedad coincidía con el reinado de esta soberana, entre los años 51 y 30 a.C.
La cantidad y calidad de dichos objetos en un templo relativamente poco conocido es una de las razones que esgrime la doctora Martínez para afirmar que el edificio tenía una conexión directa con la reina, ya que se sabe que se consideraba la encarnación de dicha diosa, pero según otros arqueólogos esta no es una prueba concluyente.
La hipótesis de Martínez, sin embargo, no goza de grandes apoyos y la investigadora ha tenido que enfrentarse a las críticas de muchos colegas egiptólogos que siguen la pista de la tumba perdida en otros yacimientos. Pero ella está convencida de que este es el lugar que tantos han buscado y cita las palabras que supuestamente dijo Cleopatra antes de morir: “Ningún hombre encontrará jamás mi tumba”.
Cleopatra VII, la última reina de Egipto, murió en el año 30 a.C. tras la derrota de las fuerzas egipcias y las de su amante romano Marco Antonio frente al ejército de Octavio, heredero de Julio César y futuro emperador Augusto. Según las fuentes clásicas, Cleopatra se quitó la vida poco después de la caída de Alejandría para evitar la humillación de desfilar derrotada en el triunfo que Octavio seguramente habría organizado para celebrar su victoria.
La versión más conocida sobre su muerte, narrada por autores como Plutarco y Dión Casio, afirma que Cleopatra se dejó morder por una cobra egipcia escondida en una cesta de higos. Este acto tenía una fuerte carga simbólica, ya que la cobra representaba a la diosa Uadyet, protectora de los faraones.
Sin embargo, algunos estudiosos modernos desafían esta versión “literaria” y sugieren que la reina pudo haberse envenenado con una mezcla de plantas tóxicas como la cicuta y el acónito.
Plutarco menciona que Cleopatra fue enterrada junto a Marco Antonio en un mausoleo construido por ella misma en Alejandría. Sin embargo, ni él ni otros autores dan detalles precisos sobre su localización. Además, gran parte de la antigua Alejandría ha quedado sumergida debido a terremotos, tsunamis y la subida del nivel del mar. Esto ha hecho que localizar su tumba sea una tarea tan atractiva como difícil.
Los arqueólogos no se ponen de acuerdo sobre la ubicación de este lugar. Algunos creen que el mausoleo de Cleopatra podría estar en alguna parte de los restos sumergidos del palacio real, en la bahía de Alejandría, mientras que otros sostienen que la reina dejó instrucciones para que trasladaran su cuerpo a algún otro lugar. Tras la conquista de Egipto por las tropas de Octavio, Cleopatra podría haber intentado proteger su tumba situándola en un lugar más discreto, fuera de Alejandría, para evitar su profanación.
Taposiris Magna es uno de los lugares que los expertos han propuesto como posible lugar de reposo final de la reina. Este lugar había sido un centro religioso importante bajo el dominio de la dinastía ptolemaica y en él se encontraban templos dedicados a Osiris, el dios de la resurrección, y a Isis, diosa con quien Cleopatra se identificaba. Por ello, aunque por ahora no se han encontrado pruebas concluyentes, Martínez y otros investigadores apuestan por esta ubicación en su búsqueda de la tumba perdida de la última reina de Egipto.
Cada 12 de diciembre, en el cerro de Tepeyac, millones de devotos se reúnen para reverenciar a la conocida como madre de Latinoamérica». Su santuario convierte a México en uno de los países mas visitados del mndo por turismo religioso, y su rostro ha sido grabado en todo tipo de superficies: desde piedra y barro hasta cáscaras de coco. Hablamos de la Virgen de Guadalupe, la máxima personificación del catolicismo en el continente.
Santuario de la Virgen de Guadalupe en Extremadura
La santa mujer ha sido símbolo de México desde tiempos de la colonia: el mito guadalupano, sitúa sus primeras apariciones en 1531 -poco más de diez años después de la conquista de la Ciudad de México- frente al azteca Juan Diego Cuauhtlatoatzin, y representa un momento de fusión entre las cosmovisiones prehispánica y católica.
Santuario de la Virgen de Guadalupe en Mejico
Sin embargo, el registro histórico revela que la Virgen de Guadalupe ya existía mucho antes de esta fecha: en un monasterio ubicado en la provincia de Cáceres, en España, una estatua tallada en madera de cedro y datada del siglo XIII lleva su nombre. Esta misma, de hecho, fue testigo del encuentro entre los Reyes Católicos y Cristóbal Colón que dio lugar, meses más tarde, a la conquista de América.
Aparición de la Virgen de Guadalupe a Juan Diego. Fresco en la iglesia de San Francisco Javier en Tepotzotlán. 1756. Granger / Album
Se han escrito bibliotecas enteras sobre la Virgen de Guadalupe, y en lo que coinciden la mayoría de textos es en que su figura fue clave durante el proceso de evangelización del Nuevo Mundo. Su éxito en América, en efecto, se relaciona estrechamente con la manera en la que concentró las tradiciones indígenas y cristianas: es un claro ejemplo de sincretismo religioso, y de ello da cuenta el propio aspecto de la santa, no casualmente conocida como virgen morenita.
Con respecto a su nombre, Guadalupe, la teoría más respaldada -no solo por etimólogos, sino también por la evidencia de la virgen en territorio español, anterior a la mexicana- defiende que proviene del árabe Wādi al-lub, que se traduce como río de lobos o río oculto. Este primer término es el que dio denominación a topónimos de origen árabe como Guadalquivir, Guadiana o Guadarrama. Por su parte, en México gusta otra versión que asocia el nombre de la santa con la palabra náhuatl coatlallope: es decir, la que aplasta a la serpiente.
Este tríptico ejecutado por el valenciano Senén Vila a finales del siglo XVII representa las distintas apariciones de la Virgen de Guadalupe al indio Juan Diego. La obra se exhibe en el Museo de América, en Madrid. Oronoz / Album
En cualquier caso, si nos remontamos a la época de la colonia, es indudable que los religiosos españoles conocían bien las costumbres y prácticas de aquellos a quienes deseaban evangelizar, algo clave para encontrar puntos en común entre ambos sistemas de creencias: por ejemplo, más allá del nombre de la virgen, no es de extrañar que su aparición se diera en el cerro del Tepeyac, un lugar sagrado para los antiguos nahuas, donde desde antes adoraba a la diosa madre Tonantzin.
La figura tallada en el Monasterio de Guadalupe, en Cáceres, también está envuelta en leyenda: las fuentes indican que fue realizada en Palestina por Lucas el Evangelista en el siglo I, pero no hay registro de una aparición hasta el siglo XIII, cuando a un vaquero llamado Gil Cordero (sí, la versión española de Juan Diego) se le perdió una vaca y, tras horas buscándola, la encontró muerta.
Primera página del Nican mopohua en náhuatl.
Library of Congress
Así, el hombre decidió aprovechar su piel y, en línea con el procedimiento habitual, cortó una cruz sobre su vientre. Según la leyenda, el animal resucitó y al mismo tiempo una milagrosa mujer apareció a su lado: era la Virgen de Guadalupe, que insistió en que el vaquero comunicase al clérigo de la ciudad lo que había visto.
Litografía del pueblo de Guadalupe tomada desde un globo. Hacia 1869.
Alamy / Cordon Press
Cuando Gil Cordero contó la historia a los clérigos, no le creyeron. Sin embargo, pronto lo hicieron al ver que el hijo del hombre, que había muerto ese mismo día, resucitó durante su misa y narró que una mujer le había ayudado a despertarse. Una leyenda que, nacida siglos antes de la conquista de América, no por casualidad recuerda a la de la virgen más venerada en México y en parte del mundo hispano.
Altar de la antigua basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, reconstruida en el siglo XIX y que en la actualidad es un templo expiatorio dedicado a Cristo Rey.
Descubiertas hace poco en Inglaterra es, según los investigadores, la mayor colección de monedas acuñadas durante el reinado de Nerón que ha sido hallada hasta la fecha en las islas británicas.
Casi dos mil años después de que alguien ocultase todos sus ahorros en un recipiente de cerámica bajo tierra en la moderna parroquia de Leigh and Bransford, en el condado de Worcesterhire, al oeste de Inglaterra, y nunca regresara para poder recuperarlos, un grupo de aficionados a la detección de metales los ha devuelto a la luz durante unos trabajos de prospección.
Reverso de una de las monedas con la victoria.
El conjunto que acaba de ser descubierto está formado por 1.368 monedas de plata, de las cuales todas menos una son denarios acuñados en Roma, y abarca un amplio período de tiempo que comprende desde época republicana (la moneda más antigua está acuñada en el año 157 a.C.) hasta el gobierno del emperador Nerón (54-68).
Reverso y anverso de uno de los denarios de plata con la efigie de Nerón. Worcestershire Museums
En este conjunto de monedas tan solo hay una acuñación distinta al resto. Se trata de un estátero de oro de la Edad del Hierro acuñado entre los años 20 y 45 por la tribu britana de los dobunni, que vivieron en la actual región de Worcestershire.
Según los investigadores, se trata del tesoro de época neroniana más grande descubierto hasta la fecha en el Reino Unido, y casi con total seguridad afirman que las monedas llegaron a la antigua Britania con los legionarios romanos.
Pero la gran suma de dinero que conforma este tesorillo plantea la interrogante de quién pudo ser su propietario.
Dice Murray Andrews, del Instituto de Arqueología de la Universidad de Londres:
Nuestra investigación inicial sugiere que el tesoro está relacionado con una expedición militar, quizás un pago oficial a un granjero o a un comerciante local acaudalado que suministraba grano y ganado al fuerte romano construido en Worcester.
Fue ocultado en una época de disturbios en las fronteras galesas, cuando grupos locales como los siluros se enfrentaron al avance romano. Es posible que el propietario estuviera tratando de proteger su dinero de la amenaza del conflicto y de las incursiones fronterizas.
Los arqueólogos especulan con que el recipiente de cerámica en el que se depositaron las monedas procede de uno de los hornos de cerámica que había al pie de las colinas de Malvern, un municipio situado en la actual Worcestershire. Dado que las monedas más recientes se encuentran prácticamente en perfecto estado y no parece que hubieran sido utilizadas durante mucho tiempo, lo más probable, según los investigadores, es que el tesoro hubiera sido enterrado hacia el año 55 o poco tiempo después.
Concluye Murray:
Este extraordinario hallazgo es uno de los mayores tesoros romanos jamás encontrados en Gran Bretaña. Permite vislumbrar un breve momento en el tiempo hace 2.000 años, cuando las fronteras del Imperio romano se extendían desde el norte de África y el Próximo Oriente hasta las colinas de Malvern y el río Severn. Este tesoro abre una ventana importante a la historia y a la arqueología de la Britania romana, y un estudio más en profundidad nos ayudará a entender mejor cómo y por qué fueron enterradas estas monedas. En todo caso es un descubrimiento único.
Los trabajos que se están llevando a cabo en la necrópolis de Almalyk-dere, en la península de Crimea, han sacado a la luz un tesoro que, en opinión de los arqueólogos, podría haber pertenecido a dos mujeres de la nobleza que vivieron entre los siglos IV y VI.
Entre los hallazgos se encuentran pendientes hechos de oro con incrustaciones de granate o cornalina.
Un equipo de arqueólogos de la Universidad Federal de Crimea VI Vernadsky y del Instituto de Arqueología de Crimea, que se encuentra excavando en la necrópolis de Almalyk-dere, en la meseta de Mangup, situada a dieciséis kilómetros al este de Sebastopol, acaba de descubrir una colección de joyas de oro y plata que, al parecer, pudo pertenecer a un grupo de mujeres de la nobleza que vivieron en la región entre los siglos IV y VI.
Entre los descubrimientos realizados por los arqueólogos en dos de las tumbas se encuentran diversos pendientes de oro, broches, adornos elaborados con láminas de oro pensados para ser cosidos en los cuellos de las vestimentas, así como hebillas de cinturones y de zapatos.
Fíbulas de plata cubiertas de pan de oro y con incrustaciones de piedras semipreciosas.
En el interior de una de las tumbas exploradas, los arqueólogos también han encontrado un píxide, un recipiente que en este caso fue elaborado con asta de animal y que fue utilizado para guardar cosméticos en polvo, como el rubor (un material muy parecido al actual colorete).
Dice Valery Naumenko, arqueólogo de la Universidad Federal de Crimea:
Esta necrópolis nos ha proporcionado muchas e interesantes sorpresas. Y es que pesar de los numerosos saqueos, los objetos que hemos ido sacando a la luz son de un gran interés arqueológico y científico
La meseta de Mangup posee una larga historia de ocupación humana que data de hace unos 5.000 años. Durante el período medieval temprano formó parte del principado cristiano de Gothia, fundado por parte de los ostrogodos que se habían negado a seguir al rey Teodorico el Grande durante su invasión de Italia en 488. La necrópolis de Almalyk-dere, la más grande de época medieval temprana, ha sido fundamental para comprender la estructura social y la cultura de este principado.
El tesoro descubierto en Crimea podría estar datado entre los siglos IV y VI.
El arqueólogo Artur Nabokov, del Instituto de Arqueología de Crimea, dice:
lo más probable es que en ambas tumbas se enterrara a mujeres de la aristocracia. Las fíbulas (broches para sujetar la ropa) probablemente fueron fabricadas en Crimea, el antiguo Quersoneso, o en regiones del Bósforo, mientras que los pendientes de oro fueron importados. Estos pendientes, que están hechos de oro con incrustaciones de granate o cornalina, son particularmente raros y resaltan la riqueza y el estatus de las mujeres que fueron enterradas allí
Además de la excavación llevada a cabo en la necrópolis de Almalyk, los arqueólogos también han centrado sus investigaciones en un monasterio rupestre cristiano del siglo XV conocido por los habitantes de la región como Monasterio de la Cueva del Sur, en cuyo interior se encuentra un conjunto de frescos muy bien conservado.
Asimismo, y para finalizar los trabajos llevados a cabo durante esta temporada, los arqueólogos realizaron un estudio de la necrópolis musulmana que se extiende en la colina de Mazar-Tepe, un cementerio que estuvo en funcionamiento desde el siglo XVI hasta el siglo XIX y que se caracteriza principalmente por un gran número de estructuras funerarias complejas y muros de piedra con torres, algunas de las cuales se hallan en perfecto estado de conservación.
Vengo de Bellas Artes y de Filología que es también una Bella Arte, y quizás tengo la mirada colonizada, el caso es que al ser fabuladora, estoy acostumbrada a concebir mundos posibles.
Eso es una profesión, aunque no lo aparente, dependiendo de los soportes, se le puede llamar de mil maneras, pero el ser solo es uno, y quien esta detrás es la esencia y quien decide la composición de ese universo (añadiría la contención).
Pero me sorprende que, en la calle, la selva de información, lejos de hacer buscar la excelencia en las personas, genera una trivialización no ya del conocimiento que tiene rigor, sino de la realidad que debería tenerlo también.
Así la mayoría de las personas novelizan su vida con ligereza, y se dejan pisar en ocasiones su biografía con excusas absurdas, donde deberían ser más mirados, porque aunque la identidad sea una impostura, al final el personaje se integra, y banalizarlo lo pisotea.
No entro en que con la edad el cerebro es menos plástico, y la capacidad de reinvención mengua, pero parece todo una continua huida, como si encontrar la armonía no entrara en los planes.
Así se forja una realidad de mentiras piadosas, que al final termina siendo una tela de araña falsa donde también la emoción queda atrapada, pero las mentiras continuan y con ella el personaje de cartón piedra, que al final es una falla.
Por eso cuando veo algo, ya sea una pintura, un relato, da igual el soporte, incluso una sonrisa, por pequeña que sea, pero que sea genuina, me sorprende y da paz de espíritu, al sospechar que no todo esta perdido, y que la vida continua.
Porque entre otras me saca del tedio, de la previsibilidad de lo cotidiano, que no es poca y me invita a tener fe de carbonera, y a pensar que lo bueno está por llegar.
2022 se rememoro el quinto centenario de la Primera Vuelta al Mundo, aquella expedición marítima española que permitió circunnavegar el globo y abrir una ruta hacia las islas de las especias, alternativa a la que discurría por el sur de África, monopolio de Portugal. Fue una aventura con mayúsculas en la que el primer gran hallazgo tuvo lugar en el invierno de 1520, seis meses después de zarpar, y no fue geográfico sino antropológico: la flota fondeó en la bahía de San Julián, en territorio de la actual Argentina, donde los expedicionarios se encontraron con un pueblo indígena cuyos miembros eran de gran estatura y por ello les llamaron patagones.
Fernando de Magallanes, un marino portugués nacido en Sabrosa (Vila-Real) en 1480, empezó a navegar en las Armadas de la India (las flotas que organizaba la Corona lusa para mantener la denominada Carreira da India, una ruta por mar que conectaba Lisboa con Goa doblando el Cabo de Buena Esperanza) en 1505, llegando a conocer bien el sudeste asiático por haber permanecido allí ocho años.
En 1511 participó en la conquista de Malaca y regresó rico a su patria, sumándose a la expedición militar que el rey Manuel I envió dos años después contra Azamor, una ciudad del Reino de Fez que prestaba vasallaje a Portugal.
Tras la batalla, Magallanes fue acusado de aprovechar su estancia en Azamor para comerciar, algo que estaba prohibido, lo que le trajo problemas con las autoridades lusas al retornar a Lisboa. Recusado y sin trabajo, empezó a considerar la posibilidad de embarcarse de nuevo hacia las Molucas, desde donde un ex-compañero, Francisco Serrao, le había escrito instándole a unirse a él porque estaba al servicio del sultán de Ternat. Magallanes empleó aquel tiempo muerto en estudiar mapas y portulanos en compañía del cosmógrafo Rui Falero, quien apuntó la idea de que quizá las Molucas quedasen en la parte española del Tratado de Tordesillas y no en la portuguesa.
María, una patagona que habitaba en Bahía Gregorio en el Estrecho de Magallanes, dibujada por Phillip Parker King. Crédito: Dominio público / Wikimedia Commons
Ese archipiélago de la actual Indonesia era conocido como la Especiería porque allí se obtenían las preciadas especias, sustancias vegetales aromáticas que se empleaban ya desde la Antigüedad como condimentos en la cocina y enmascaradoras del sabor y olor desagradables que generaba su putrefacción en una época en la que la conservación en frío se limitaba al hielo y la nieve en sitios naturales. Por eso alcanzaban precios exorbitantes y algunas crecían exclusivamente en esas islas -a las que también se llamaba el Maluco genéricamente-, en concreto la nuez moscada y el clavo (éste también en Madagascar).
Detalle del mapa de Diego Gutiérrez en el que se aprecia la expresión Gigantum Regio en la Patagonia. Crédito: Dominio público / Wikimedia Commons
Por eso también los portugueses guardaban celosamente la ruta hacia allí, que seguía el litoral atlántico africano para doblar el cabo de Buena Esperanza y continuar por el océano Índico, considerándola un monopolio suyo cedido por el Papa en el reseñado Tratado de Tordesillas. Pero, si Falero tenía razón y los cartógrafos del pontífice habían errado al fijar la línea divisoria, ello significaba que el rey español Carlos I era el auténtico dueño de la Especiería. Así que convenció a Magallanes para plantearle un viaje al Maluco al que pronto sería todopoderoso emperador del Sacro Imperio.
Un marinero ofrece pan a una pareja de patagones para su bebé. Grabado basado en una acuarela anónima de 1780. Crédito: Dominio público / Wikimedia Commons
Eso sí, el trayecto debía ser distinto, por otro itinerario, ya que el rey Manuel I nunca lo autorizaría por África. De hecho, le hicieron la oferta a él primero, pero la rechazó terminantemente porque ello implicaba dos problemas. El primero, entrar en conflicto con Carlos porque el subcontinente sudamericano, con la excepción del actual Brasil, era español. Y segundo, si se abría una nueva ruta eso conllevaba el riesgo de que la otra decayera y pusiera así el punto final al monopolio que tantos beneficios le traía a Portugal.
Descartado viajar por tierra, muy largo, peligroso y caro, la única opción que quedaba era seguir un rumbo completamente opuesto: atravesar el Atlántico, doblar el continente americano por su extremo meridional, cruzar el Mar del Sur (al que bautizarían Pacífico, descubierto por Vasco Núñez de Balboa en 1513) y alcanzar el archipiélago viniendo desde el otro lado. Todo ello deja patente, que la esfericidad de la Tierra era algo plenamente aceptado entre gentes medianamente formadas; no en vano había sido demostrado ya por Eratóstenes en el siglo III a.C. y el viaje de Colón mismo se había basado en ello.
Fotografía de tehuelches exhibidos en la Exposición Universal de San Luis (1904) por el Departamento de Antropología. Crédito: Dominio público / Wikimedia Commons
Magallanes y Falero pasaron a Castilla y en Sevilla recibieron el apoyo de Juan de Aranda, factor de la Casa de Contratación, a las que se sumó luego el de Juan Rodríguez de Fonseca, obispo de Burgos, en plena efervescencia descubridora. Así fue cómo en 1518 el rey aceptó la propuesta y les nombró almirantes de la expedición que habrían de organizar, concediéndoles una serie de privilegios que, entre otros, incluían ser gobernadores de las tierras que hallasen, una vigésima parte de las ganancias y el monopolio de la explotación por una década.
Una vez dispuesto todo, no sin múltiples obstáculos (entre ellos la total oposición de Portugal), los cinco barcos fletados dejaron la Península Ibérica el 20 de septiembre de 1519 rumbo a las islas Canarias, donde se reaprovisionaron para hacer la travesía atlántica. Ésta concluyó el 13 de diciembre arribando a lo que hoy es Río de Janeiro. No hubo mayores problemas, más allá de la siempre atemorizadora aparición del fuego de San Telmo en los mástiles (una descarga electroluminiscente causada por la ionización del aire) y el descontento de algunos oficiales con el secretismo de Magallanes.
Tras el descanso pertinente, reanudaron la navegación haciendo cabotaje por la costa hasta descubrir lo que pensaban que era el paso hacia el Mar del Sur; se internaron por él, pero finalmente desistieron después de dos semanas. En realidad se trataba del estuario del Río de la Plata, de modo que salieron otra vez al océano y siguieron bajando por la costa hasta llegar a la mencionada bahía de San Julián, que fue donde encontraron aquel pueblo de gente tan alta. Patagones, los llamaron, un nombre de etimología incierta que serviría para denominar a toda la región, la Patagonia.
Tradicionalmente se dice que fue motivado al considerarlos «patones», o sea, de grandes pies, por las enormes huellas que dejaban en el suelo, probablemente agrandadas por las pieles con que envolvían sus pies aquellos indígenas para protegerse del intenso frío. Sin embargo, es una explicación tardía que no apareció hasta su reseña por el cronista Francisco López de Gomara mucho después (Gómara no pisó nunca América, pero adquirió gran renombre por ser el biógrafo oficial de Hernán Cortés y su capellán personal).
Probablemente fuera más bien una referencia a Patagón, un gigante que aparece en una novela de caballerías titulada Primaleón, publicada en 1512 como continuación de Palmerín de Oliva. Era un libro atribuido al escritor castellano Francisco Vázquez y que había adquirido gran popularidad en esa época, por lo que parece probable que Magallanes lo hubiera leído. Al fin y al cabo, fue él quien les puso ese nombre a aquellos nativos, según dejó escrito el cronista del viaje, Antonio de Pigafetta, sin especificar la razón.
Pigafetta era de la misma edad que su capitán, pero nacido en Vicenza, una ciudad de la República de Venecia. Astrónomo y cartógrafo afamado, había llegado a España acompañando al nuncio apostólico en 1518, justo a tiempo de enrolarse en la expedición porque:
sabía que navegando en el Océano se observan cosas admirables, determiné de cerciorarme por mis propios ojos de la verdad de todo lo que se contaba, a fin de poder hacer a los demás la relación de mi viaje, tanto para entretenerlos como para serles útil y crearme, a la vez, un nombre que llegase a la posteridad.
Registrado con el nombre de Antonio de Lombardía, se convirtió en el cartógrafo personal y traductor de Magallanes, siendo destinado a su nao, la Trinidad. Fue él quien redactó un relato sobre el periplo, Relación del primer viaje alrededor del mundo, que publicaría a su regreso en 1522 (aunque el original no se conserva); curiosamente, no menciona ni una vez en toda la obra a Juan Sebastián Elcano, que sería el que a la postre se llevase la gloria por haber conseguido culminar aquella pionera circunnavegación global tras morir el portugués en la isla filipina de Mactán.
Pero eso sería bastante tiempo más tarde. De momento, la flota estaba fondeada en la bahía de San Julián y los hombres mantenían intercambios comerciales con los ya bautizados como patagones, nombre del que saldría la gracia para referirse a toda la región, la Patagonia, a la que en los primeros mapas se solía añadir el complemento Gigantum Regio (región de los gigantes). El territorio se reparte hoy entre Argentina y Chile, extendiéndose desde el litoral atlántico al pacífico, pasando por la meseta desértica del este, el sur del río Colorado, la región de Aysén y el tramo austral de los Andes, e incluyendo hoy Tierra del Fuego, las islas Malvinas y los archipiélagos al sur de Chiloé.
Esa relación intercultural vino determinada por la llegada del invierno austral, que obligó a Magallanes a invernar allí. Es interesante reproducir en las palabras textuales de Pigafetta cómo se produjo el primer encuentro:
Un día en que menos lo esperábamos se nos presentó un hombre de estatura gigantesca. Estaba en la playa casi desnudo, cantando y danzando al mismo tiempo y echándose arena sobre la cabeza. El comandante envió a tierra a uno de los marineros con orden de que hiciese las mismas demostraciones en señal de amistad y de paz: lo que fue tan bien comprendido que el gigante se dejó tranquilamente conducir a una pequeña isla a que había abordado el comandante. Yo también con varios otros me hallaba allí. Al vernos, manifestó mucha admiración, y levantando un dedo hacia lo alto, quería sin duda significarnos que pensaba que habíamos descendido del cielo.
El veneciano pasa entonces a describir la peculiaridad física del nativo:
Este hombre era tan alto que con la cabeza apenas le llegábamos a la cintura. Era bien formado, con el rostro ancho y teñido de rojo, con los ojos circulados de amarillo, y con dos manchas en forma de corazón en las mejillas. Sus cabellos, que eran escasos, parecían blanqueados con algún polvo. Su vestido, o mejor, su capa, era de pieles cosidas entre sí, de un animal que abunda en el país, según tuvimos ocasión de verlo después. Este animal tiene la cabeza y las orejas de mula, el cuerpo de camello, las piernas de ciervo y la cola de caballo, cuyo relincho imita. Este hombre tenía también una especie de calzado hecho de la misma piel. Llevaba en la mano izquierda un arco corto y macizo, cuya cuerda, un poco más gruesa que la de un laúd, había sido fabricada de una tripa del mismo animal; y en la otra mano, flechas de caña, cortas, en uno de cuyos extremos tenían plumas, como las que nosotros usamos, y en el otro, en lugar de hierro, la punta de una piedra de chispa, matizada de blanco y negro. De la misma especie de pedernal fabrican utensilios cortantes para trabajar la madera.
Era costumbre entonces exagerar las narraciones y basta con leer el Libro de las maravillas de Marco Polo o las leyendas que contarían los españoles sobre ciudades de oro, pero escribiendo Pigafetta que la cabeza de los marineros apenas les llegaba a la cintura del patagón (en 1526 el clérigo Juan de Aréizaga, cronista de la expedición de Jofre García de Loaysa, concretaría atribuyéndoles trece palmos de altura, es decir, dos metros noventa), se entiende que surgieran todo tipo de fantasías sobre la talla media que tenían aquellas gentes. Ahora bien, no fue exclusiva suya. A lo largo de las décadas y siglos posteriores otros marinos pisarían la Patagonia y dejarían testimonios igual de desmesurados.
Por ejemplo, Francis Drake pasó por allí a bordo del Golden Hind, camino del Estrecho de Magallanes, durante su viaje de tres años alrededor del mundo (1577-1580), y el capellán de su barco, Francis Fletcher, bajó a tierra y conoció a los patagones, asegurando que medían unos siete pies y medio (casi dos metros y veintinueve centímetros), aunque su capitán pareció quedar decepcionado porque dejó escrito para la Historia que los salvajes no son tan grandes como dicen los españoles.
Diez años más tarde, Anthony Kivet, uno de los marineros del corsario Thomas Cavendish que por enfermedad había sido abandonado en la Patagonia, afirmó haber visto cadáveres de patagones de tres metros y setenta centímetros de altura. No había acabado el siglo y a estas insólitas descripciones se sumó el testimonio del piloto inglés William Adams, famoso por alcanzar Japón y convertirse en asesor del shogun (su historia fue novelada por el escritor James Clavell y ha dado lugar a un par de adaptaciones televisivas). Adams contó que el barco en el que viajaba tuvo un enfrentamiento con los nativos de Tierra del Fuego, de los que dio fe de que eran extraordinariamente altos, sin concretar más.
Los británicos no parecían tener bastante con ir a remolque de los españoles en lo de dar la vuelta al mundo; también aspiraban a superarles en fantasía. Incluso en una fecha tan tardía como 1766 el comodoro John Byron (abuelo del famoso poeta homónimo), realizó una circunvalación de la tierra a bordo del HMS Dolphin que logró en menos de dos años y durante la cual dijo haber visto indígenas de ocho pies de altura (dos metros cuarenta), alcanzando los mayores hasta nueve pies (dos metros setenta y cuatro), aunque siete años más tarde, al publicar su relato, redujo la medida a seis pies y seis pulgadas, o sea, un metro noventa y ocho; al fin y al cabo, reconoció que no los habían medido.
También los navegantes holandeses quisieron aportar su granito de alarde creativo y, así, el comerciante de la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales Sebald de Weert en 1598, el pirata Olivier van Noort en 1599 y el corsario Joris van Spilbergen en 1615 afirmaron que la Patagonia estaba habitada por gigantes. Ese último año, Willem Cornelisz Schouten y Jacob Le Maire, recibieron la misión de buscar otra ruta hacia la Especiería para lo cual pusieron proa al cabo de Hornos (descubrirían el Estrecho de Le Maire para pasar), declarando haber encontrado en Puerto Deseado una tumba con huesos de gigante (actualmente se cree que eran fósiles de algún animal prehistórico).
¿A qué se debía esa visión deformada que, encima, contrastaba con la teoría del conde de Buffon de que los animales y las plantas del Nuevo Mundo eran pequeños en comparación con sus homólogos europeos? Lo cierto es que incluso algunos estudios científicos craneométricos del siglo XX acreditaban que los habitantes de la Patagonia eran muy altos, en torno a dos metros de media, si bien dichos estudios no eran unánimes. Esa estatura quizá se vería incrementada por los aditamentos, tal como explicó Charles Darwin tras ver algunos durante la expedición del Beagle y que dejó escrito en su Viaje de un naturalista alrededor del mundo:
Durante nuestra anterior visita (en enero) habíamos tenido una entrevista, en el cabo Gregory, con los famosos gigantes patagones, que nos recibieron con gran cordialidad. Sus grandes abrigos de piel de guanaco, sus largos cabellos flotantes, su aspecto general, los hacen parecer más altos de lo que realmente son. Por término medio vienen a tener seis pies, aunque algunos son más altos; los más pequeños son pocos; las mujeres son también muy altas. En suma, esta es la raza más corpulenta que he visto en mi vida.
Darwin concuerda con lo que había atestigüado el navegante francés Luois Antoine de Bouganville, que visitó la Patagonia mientras dirigía la primera circunvalación del mundo para su país eMás comedido que sus predecesores, dijo que ninguno de aquellos hombres medía menos de cinco pies y cinco a seis pulgadas, ni más de cinco pies nueve a diez pulgadas, lo que significa un máximo de un metro setenta y ocho; altos, sin duda, especialmente para la época (la talla media en la Francia de la segunda mitad del siglo XVIII era de uno sesenta y seis), pero dentro de lo razonable. Bouganville también aportó una novedad que, como vemos, confirmó Darwin: Lo que me parecía gigantesco de ellos era su enorme constitución, el tamaño de sus cabezas y el grosor de sus extremidades.
De hecho, Darwin había llegado a esas latitudes, a bordo del Beagle, en diciembre de 1832 y permaneció varios meses; dos años después de que lo hiciera el explorador y naturalista galo Alcide d’Orbigny, quien después de pasar ocho meses estudiando a los indígenas dejó escrito en su obra Voyage dans l’Amerique Méridionale que no me parecieron gigantes, sino sólo hombres hermosos. D’Orbigny documentó su experiencia con puelches y patagones, aunque a estos últimos se les conoce ahora como tehuelches (o aonikenk, en su lengua). Algunos incluyen a los selknam (u onas), pero vivían más al sur, en Tierra del Fuego, y además su lengua no coincide con lo registrado por Magallanes, por lo que se descarta que fueran los que él encontró.
En realidad, los tehuelches tampoco hablaban todos el mismo idioma porque eran un mosaico de tribus nómadas de cazadores-recolectores que carecían de unidad estructural al estar muy diseminadas en aiken o campamentos familiares (las tolderías, que decían los criollos) por tan vasto territorio. Sin embargo, sí la tenían cultural, plasmada en una religión chamánica y la práctica de la poligamia y la exogamia (a veces acordaban los matrimonios y a veces raptaban a las mujeres de otra tribu, lo que derivaba inevitablemente en guerra).
A menudo se los identifica erróneamente con los mapuches (araucanos para los españoles), algo debido a que a partir del comienzo del siglo XVIII se vieron muy influidos por ellos y adoptaron muchas de sus costumbres, tal cual les pasó a otros como los ranqueles de la Pampa, igual que antes habían recibido el influjo hispano (que introdujo el caballo en sus vidas, por ejemplo). La pregunta que más nos interesaba aquí, la de si son tan altos como para considerarlos gigantes, ya está contestada. No era de respuesta fácil porque el grupo más puro, que vive en la provincia argentina de Santa Cruz,y no llega a dos centenares de individuos, aunque sumándoles los pertenecientes a segunda y tercera generación, rondarían los diez mil seiscientos en 1904.
El número es escaso por dos razones. En primer lugar, en el siglo XIX fueron masivamente exterminados por las nuevas autoridades independientes en la conocida como Conquista del Desierto, que buscaba una expansión del país hacia aquellos territorios vírgenes, quedando apenas un puñado de supervivientes hoy. En segundo, ya habían experimentado un descenso demográfico -especialmente en la zona septentrional, más en contacto con los blancos- como consecuencia de su falta de defensas biológicas ante la llegada de virus desconocidos para ellos como los de la viruela, la gripe o el sarampión.
No obstante, los primeros en caer fueron dos hombres a quienes Magallanes engañó para subir a bordo de una de las naos, zarpando a continuación rumbo al Pacífico. El plan era llevarlos a la corte al término del viaje para mostrárselos al emperador Carlos V en calidad de curiosidad antropológica, tal cual había hecho Colón. Lamentablemente, ninguno llegó vivo a España: uno pudo escapar y el otro murió al negarse a comer (también hay que apuntar una baja española, un marinero envenenado por una flecha durante una escaramuza en la que se intentaba capturar mujeres para acompañar al solitario cautivo).
Fue el contrapunto de lo que semanas antes había sido el primer acto evangelizador de la actual Argentina: el bautizo de otro de aquellos indígenas al que, después de enseñarle a rezar en castellano –con voz muy recia detalla Pigafetta-, pusieron por nombre Juan.
Un yacimiento paleontológico excepcional ha emergido de entre las montañas del Parque de las Orobie Valtellinesi, en los Alpes italianos. Los fósiles, atrapados en delicadas láminas de arenisca y arcilla durante 280 millones de años, revelan un ecosistema completo de la Era Paleozoica. Esta ventana única al pasado ha sido posible por los efectos del cambio climático, que han reducido la cobertura de nieve y glaciares en la región, dejando al descubierto tesoros naturales desconocidos.
Todo comenzó con una excursión casual de Claudia Steffensen, una senderista local, en la Val d’Ambria, a 1.700 metros sobre el nivel del mar. Durante su caminata, observó lo que parecían ser huellas inusuales en las rocas. Su hallazgo llegó al paleontólogo Cristiano Dal Sasso, del Museo de Historia Natural de Milán, quien rápidamente movilizó a un equipo de especialistas de Italia y Alemania para investigar el lugar.
En lo alto de las cumbres del Pizzo del Diavolo de Tenda y otras montañas cercanas, los científicos identificaron una vasta colección de huellas fosilizadas, impresas por anfibios, reptiles e incluso pequeños invertebrados.
Las superficies de roca también guardaban rastros de plantas, semillas y fenómenos naturales como gotas de lluvia y ondulaciones de antiguos lagos. Estos detalles, capturados con una precisión casi fotográfica, narran la vida en un mundo que existió mucho antes de los dinosaurios.
El período al que pertenecen estos fósiles, conocido como el Pérmico, fue una era de transición climática marcada por la expansión de climas áridos y el surgimiento de reptiles como los principales habitantes terrestres. Las huellas encontradas sugieren la existencia de al menos cinco especies diferentes de animales.
Según el paleontólogo Lorenzo Marchetti:
la calidad de preservación es impresionante; incluso se han identificado las texturas de la piel de algunos reptiles y las formas precisas de los dedos de sus extremidades.
Además de las pistas animales, se han encontrado fósiles de plantas, incluyendo frondas y semillas, que ofrecen claves vitales para reconstruir los ecosistemas de entonces. Las superficies rocosas también muestran marcas de desecación, ondulaciones producidas por corrientes de agua y, en un detalle extraordinario, impresiones de gotas de lluvia que cayeron en el barro hace millones de años.
La localización del yacimiento, a casi 3.000 metros de altitud y en terrenos escarpados, representa un desafío considerable para los investigadores. La recuperación de los primeros fósiles fue posible gracias al uso de helicópteros proporcionados por empresas locales.
Estos esfuerzos iniciales han permitido transportar a laboratorios fragmentos clave, incluyendo un “masso” que conserva huellas de un reptil que caminó a lo largo de una antigua orilla lacustre.
Según Ausonio Ronchi, sedimentólogo de la Universidad de Pavía:
estas huellas se formaron cuando el barro, aún húmedo, se endureció bajo el sol, creando una superficie que posteriormente fue cubierta por nuevas capas de sedimentos. Este proceso protegió las huellas durante millones de años, hasta que la erosión las volvió a exponer.
El Parque de las Orobie Valtellinesi, con esta nueva incorporación a su patrimonio natural, se perfila como un laboratorio de estudio paleontológico de relevancia mundial. Los investigadores ya han iniciado proyectos académicos, incluyendo dos tesis universitarias, para analizar en detalle los fósiles y sus implicaciones en la historia climática y biológica de la Tierra.
Doriano Codega, presidente del parque, destaca:
Este descubrimiento representa una oportunidad única para promover la investigación y la educación. Sin embargo, también es importante la necesidad de más recursos, como drones y tecnología avanzada, para mapear los fósiles en las paredes verticales y garantizar su protección frente a los riesgos naturales.
Los científicos involucrados han señalado paralelismos alarmantes entre las condiciones climáticas del Pérmico y las tendencias actuales de calentamiento global. Durante el Pérmico, el aumento de gases de efecto invernadero por actividades volcánicas causó el derretimiento de glaciares y la expansión de climas áridos. Estas condiciones llevaron a una extinción masiva que eliminó a una gran parte de las especies del planeta.
Este yacimiento no solo enriquece nuestro conocimiento del pasado, sino que también nos advierte sobre el futuro, afirmó Dal Sasso. Comprender cómo se adaptaron o perecieron estas especies frente a cambios drásticos puede ofrecer lecciones valiosas para los desafíos que enfrentamos hoy.
El descubrimiento ya ha capturado la atención de instituciones culturales y científicas. El Museo de Historia Natural de Milán ha expresado interés en incluir una exposición dedicada a estos fósiles, mientras que el Parque de las Orobie Valtellinesi planea crear espacios educativos para atraer tanto a expertos como al público en general.
Elio Della Ferrera, fotógrafo y naturalista que desempeñó un papel clave en la documentación inicial, sueña con transportar algunos de los fósiles más representativos a exhibiciones permanentes en museos regionales.
Estos hallazgos son un patrimonio invaluable, no solo para los científicos, sino para todos los que buscan comprender nuestro lugar en la historia del planeta, afirmó.
En Delbrück-Bentfeld, localidad del distrito de Paderborn en Alemania, un equipo de arqueólogos, patrocinado por el Landschaftsverband Westfalen-Lippe (LWL), está llevando a cabo una serie de excavaciones en lo que parece ser una antigua aldea habitada durante los primeros siglos después de Cristo.
El director de la excavación, Sven Knippschild, examina un pozo de 2.000 años de antigüedad en el frío y húmedo mes de noviembre. Crédito: S. Spiong / LWL / AfW
Probablemente se trate de un accesorio de bronce para sillas de montar. Crédito: S. Spiong / LWL / AfW
Esta aldea, que se sitúa a tan solo 1,5 kilómetros de un antiguo campamento romano de Areppen, está revelando pistas valiosas que indican que ya estaba habitada por pobladores locales cuando las legiones romanas se asentaron en la región durante sus campañas de conquista. Entre los hallazgos recientes se encuentran monedas y estructuras que, según los expertos, podrían tener hasta 2.000 años de antigüedad.
La primera evidencia de esta antigua aldea salió a la luz en 2017, durante la expansión de un área residencial en los límites occidentales de Delbrück-Bentfeld. En esa ocasión, los arqueólogos encontraron fragmentos de cerámica que databan de entre los siglos II y III d.C., lo cual permitió establecer una cronología inicial de la ocupación del área.
Recientemente, bajo la dirección de Sven Knippschild, un equipo arqueológico ha continuado la excavación en la zona conocida como Schafbreite, donde, además de la estructura identificada en 2017, se ha descubierto otra construcción, posiblemente una segunda granja de la misma época. Los arqueólogos han identificado restos de postes de madera que, en su momento, sostenían el techo de una gran vivienda. También descubrieron una estructura más pequeña, un posible almacén, que se distingue claramente en el terreno como una mancha oscura sobre el suelo de arena clara.
Uno de los descubrimientos más interesantes fue un denario de la época del emperador Augusto, fechado entre 19 y 18 a.C. Sin embargo, tras una evaluación detallada, el especialista en numismática del LWL, Stefan Kötz, descubrió que se trata de una falsificación de la época, hecha con un núcleo de bronce en lugar de plata pura. Este tipo de monedas imitadas circularon hasta finales del siglo I d.C., lo cual agrega un elemento fascinante sobre el comercio y la economía en aquella época.
Otro hallazgo significativo es un clavo de zapato romano, probablemente perdido por algún legionario hace 2.000 años. Este clavo puede proporcionar información adicional sobre la ocupación romana en la zona, aunque la datación definitiva se obtendrá solo después de su restauración.
El lugar donde se encuentra esta aldea fue cuidadosamente elegido. La ubicación, al sur de una leve pendiente hacia el valle de Lippe, ofrecía protección contra inundaciones. Además, el terreno estaba próximo a una vía romana que discurría desde el oeste del campamento de Anreppen, pasando al sur del río Lippe.
Esta ruta rozaba casi el borde norte de la aldea, lo que posiblemente facilitó la comunicación y el comercio. No obstante, a diferencia de la geografía actual, el terreno en aquella época no era tan llano; los primeros habitantes debieron nivelar una gran duna de arena antes de establecerse.
El alcalde de Delbrück, Werner Peitz, se mostró orgulloso de estos hallazgos. Según sus declaraciones, la herencia romana es motivo de orgullo para los residentes, y la zona recibe anualmente a muchos visitantes que desean conocer más sobre la historia del campamento romano a través de la ruta ciclista Römer-Lippe-Route.
Entre los objetos encontrados recientemente también hay monedas de los emperadores Maximiano y Adriano, piezas que abarcan un amplio rango cronológico y reflejan un período de ocupación extenso, que podría haber sido intermitente. Además, un accesorio de silla de montar de bronce y otros fragmentos de cerámica ofrecen perspectivas para nuevos estudios.
El Dr. Sven Spiong, director de la sucursal de Bielefeld del LWL-Arqueología para Westfalia, explicó que estos hallazgos brindan una oportunidad única para explorar la interacción entre los romanos y los pobladores locales. Uno de los objetivos de esta investigación es comprender cómo era la convivencia y qué tipo de relación existía entre los soldados romanos y los agricultores locales hace 2.000 años.
A lo largo de los siglos, el lugar fue adaptado y protegido. En la Edad Media, el área se convirtió en tierra de cultivo, y los agricultores utilizaban una técnica de fertilización que consistía en superponer capas de tierra fértil sobre el suelo arenoso. Este tipo de “cobertura” de 10 a 20 centímetros de espesor ha protegido los restos arqueológicos, preservándolos hasta el día de hoy. Una fíbula de bronce del siglo XI, también encontrada en el sitio, proporciona una primera indicación de su uso durante la época medieval.
Polibio ( Megalopolis, Grecia, 200 a.C) es un historiador griego, al igual que un buen militar tactico romano.
Las lenguas semíticas carecen de vocales, por lo que el nivel fonico de la pronunciacion es siempre aproximado.
Los fenicios no han dejado vestigios literarios, aunque debieron ser muchos, no en balde tienen una ciudad que se llama Biblos.
Polibio, a pie de obra, brinda información de primera mano, así como de su propia trayectoria, ya que narra como durante la Segunda Guerra Púnica es designado por Roma como experto.
A lo largo de su educación en Grecia toma formación política y militar, siendo conocedor de la coyuntura del mundo mediterráneo.
Es discípulo de Filopemen, militar consumado, que batalla en Selasia en el año 222 a.C., reformó el ejército aqueo y es estimado como hombre de estado.
Igualmente Polibio actua en la vida política, por lo que al llegar a Roma es un político y militar formado, que comparte muchas similitudes con los aristócratas romanos, quienes les adoptan, liberándole de su condición de rehén y considerandolo uno más, aunque no podía dirigir ejércitos.
Se queda en Roma y penetra en el círculo de los Escipiones, llegando a ser maestro de Escipión Emiliano, lo que justifica sus comentarios exculpatorios, y aduladores de la familia.
Aqui Polibio describe la Ciudad Nueva Nueva, o Nueva Cartago, que mas tarde es Cartago Nova romana y despues Cartagena de la que pretenden adueñarse por las increibles riquezas y los rehenes hispanos.
Por un lado les permite alejarse de los cartagineses que les come el terreno a los romanos y por otro, supone el mejor puerto para mantener su flota, una ventaja para los romanos, a quienes posibilitaba mantener una ruta abierta con Roma, frente a la ruta terrestre empelada por los cartagineses.
Esta estrategia les posibilita a los romanos una retirada rapida en caso de adversidad o derrota.
Para infundir tranquilidad a sus tropas Escipión utiliza el recurso de la inspiración divina durante el asalto a esta ciudad, ya que le presenta como un elegido.
En la intervencion de Escipion no hay improvisacion porque durante el invierno interroga a pescadores sobre la topografía y las peculiaridades de la ciudad y que estan familiarizados con el comportamiento del mar.
Aprende que durante la bajamar que se da en un momento concreto del día, hay una reducción de la profundidad de la laguna que rodeaba la ciudad por el norte, de tal manera que el foso es transitable.
La laguna al ser de agua marina comparte las características de una ría.
La descripción esta inmersa en el contexto de la Segunda Guerra Púnica, donde los romanos con Escipion a la cabeza, ante la imposibilidad de vencer a Anibal frontalmente en la Peninsula Italica, deciden cortar el oxigeno de su aprovisionamiento en Hispania, con lo que no tiene tropas de refresco, ni viveres para mantener un ejercito grande.
Sin contar que los hijos de los nobles hispanos, que forzaban el aprovisionamiento, son liberados, por lo que la obligacion de suministrar cualquier apoyo por parte hispana a la guerra es un vinculo que se rompe en ese momento en el que se hacen pro romanos.
Esta estrategia permite, remontar las sucesivas derrotas romanas, conseguir una victoria y forzar a la vuelta a su patria a Anibal, en una guerra que casi esta en tablas en ese momento, quizas en desventaja romana.
Esa tactica, vuelca la balanza del lado romano y decide la historia.
Fenicios y romanos hasta lantes de las Guerras Púnicas, habian convivido en armonia, luchando contra un enemigo comun, que eran los guiegos, pero eran dos potencias en expansion y estaban condenadas a encontrarse en algun momento.
Solo una podia hacerse con el control del Mediterraneo y eso se decide por el affaire esenio en el estrecho de Messina, en el que Cartago encia tropas y el senado romano hace lo propio también.
Quizas el autor, por su origen y formacion griega, establece un paralelismo entre el santoral fenicio y el griego.
El texto tiene un conocimiento astronomico al erigir el templo de Hefesto orientado en direccion este.
Al igual que Altes por haber descubierto minas de plata.
Altes es mencionado por Homero, es el padre de Laothoee, una de las muchas espossas de Priamo, es tambien el padre del argonauta Ancaeius.
La descripcion detalla y alaba con emocion los proyectos de infraestructura e ingenieria de la ciudad, que fascina a un griego culto que trbaja para Roma.
Conclusión
Asdrúbal Barca erige Qart Hadasht, lo que supone una proyección Mediterránea. Roma entiende este nuevo poder en el Mediterráneo occidental, en el que aseguran su dominación tras la primera guerra púnica, por lo que necesitaban una estrategia militar trasversal que evite la frontalidad, frente a un genial Anibal.
Polibio dibuja con precision la fisonomia de la ciudad, ensalzando el lugar, con una mirada de estratega tactico militar, de quien esta acostumbrado a hacer un analisis y sintesis rapida de los enclaves, para su conquista.
Lo que no quita para que haga digressios historicas muy ilustrativas como la que dedica a la familia Barca, que humaniza el texto y le aporta calidez.
Aunque breves en el tiempo y en el lugar, dejan una gran huella, por su refinamiento y buena gestion que suponen no ya progreso, sino el factor añadido de una correa de transmision de 2000 años del Creciente Fertil.
Su condición literaria le permite una composicion de la cronica historica con un resultado excelente.
Es conocedor de los elementos retoricos que despliega y la descripcion tiene el factor añadido de la poetica.