Un estudio reciente, todavía en pre-publicación y no revisado por pares, propone una reinterpretación de los famosos petroglifos (helleristninger) de la Edad del Hierro en Noruega y Suecia, sugiriedo que casi todos fueron creadas por solo cuatro artistas.
El investigador Allan Krill, profesor de geología en la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología, se fundamenta en técnicas avanzadas de datación y análisis estilístico, aportando nuevos horizontes a la comprensión de estos vestigios prehistóricos.
El estudio combina datos geológicos y arqueológicos para argumentar que estos petroglifos e inscripciones, tradicionalmente asociadas a la Edad de Piedra y la Edad de Bronce, pertenecen en su mayoría a un período posterior. Según Krill, las marcas precisas y profundas de estas inscripciones indican el uso de herramientas de hierro, descartando la idea de que fueran realizadas con herramientas de piedra. Este hallazgo sitúa su creación en la Edad del Hierro, alrededor del año 400 d.C.
Krill identifica cuatro artistas principales detrás de estas obras: Steinn Stikkmann, Bårdr Båtmann, Ingi Innrisser y Oddr Omrisser, quienes habrían desarrollado estilos y técnicas únicos. Cada uno dejó una huella característica en sus grabados, permitiendo rastrear sus trayectorias y aportaciones artísticas.
Steinn Stikkmann, considerado el inventor de la técnica de grabado con clavos de hierro, inició su obra en las rocas suaves de Trøndelag, en Noruega central. Posteriormente, llevó su arte a regiones de Suecia y otras áreas escandinavas.
Sus grabados, que incluyen figuras humanas estilizadas, barcos con proas elevadas y huellas de zapatos, destacan por su diseño geométrico y meticuloso. Según Krill, Stikkmann utilizó clavos de hierro, posiblemente tomados de barcos, para crear estos petroglifos. Sus paneles grabados contienen runas del alfabeto Futhark antiguo, lo que ayuda a fecharlos en el siglo IV.
El segundo artista identificado, Bårdr Båtmann, centró su obra en representar Rosa181257 barcos. Aunque su estilo derivó del de Stikkmann, Båtmann se mantuvo principalmente en la región de Stavanger, en el suroeste de Noruega. Sus barcos muestran un diseño más realista y reflejan embarcaciones típicas de la Edad del Hierro, utilizadas para la pesca y el comercio. A diferencia de su precursor, Båtmann no exploró otros motivos artísticos.
Ingi Innrisser, el tercer artista destacado, es reconocido por su variedad de temas y su alcance geográfico. Desde la región ártica de Alta hasta el este de Rusia, Innrisser grabó escenas que incluyen ciervos, alces y renos, a menudo decorados con patrones intrincados que sugerían órganos internos. También representó historias complejas como la migración de animales, cacerías y actividades de pesca en grupo. Según el análisis, sus obras reflejan una profunda conexión con las tradiciones culturales de los pueblos indígenas de la región.
El último de los artistas, Oddr Omrisser, se distingue por su estilo naturalista y su inclinación a superponer imágenes en paneles existentes, a menudo creando composiciones caóticas. Utilizó varias técnicas a lo largo de su carrera, comenzando con pinturas rupestres en lagos congelados y evolucionando hacia grabados con clavos y raspados en líquenes para revelar contrastes de color. Omrisser también introdujo un enfoque tridimensional en sus grabados, añadiendo profundidad y detalle a sus representaciones de animales y humanos.
Un tema recurrente en los grabados de estos artistas es la representación de barcos, que Krill argumenta son precursores de los famosos barcos vikingos. Sin embargo, a diferencia de las embarcaciones vikingas del siglo VIII, las representadas en las inscripciones carecen de mástiles y velas, lo que refuerza su origen anterior. Esta conexión sugiere que los artistas probablemente viajaban en embarcaciones similares, utilizando clavos sobrantes para grabar sus obras en paradas estratégicas a lo largo de las costas escandinavas.
El estudio de Krill no solo desafía las cronologías tradicionales, sino que también invita a reconsiderar la distribución geográfica de estos petroglifos e inscripciones. Según su análisis, la ausencia de grabados en ciertas áreas como Finlandia o el sur de Noruega no se debe a limitaciones culturales, sino a la falta de visitas de estos artistas. Además, su investigación subraya la importancia de un enfoque interdisciplinario, combinando geología, arqueología y arte para reinterpretar el pasado.
El trabajo de Krill abre la puerta a nuevas investigaciones sobre el arte rupestre en Escandinavia y su relación con las dinámicas culturales y tecnológicas de la Edad del Hierro. Su hipótesis sobre los cuatro artistas principales proporciona un marco para analizar las diferencias estilísticas y técnicas en las inscripciones, así como su impacto en las tradiciones posteriores, como las piedras rúnicas vikingas.
Allan Krill, Four Iron Age artists made nearly all the petroglyphs (hellesristninger) in Norway and Sweden. DOI:10.13140/RG.2.2.25232.32007
Johann Ludwig Heinrich Julius Schliemann, conocido como Heinrich Schliemann fue un millonario prusiano que, tras amasar una fortuna, se dedicó a su gran sueño: la arqueología en Hisarlik, y en otros yacimientos homérico como Micenas, Tirinto y Orcómeno, demostrando que la Ilíada describía realmente escenarios históricos.
La muerte de un sacerdote. El troyano Laocoonte y sus hijos mueren por haberse opuesto a la entrada del caballo de madera en su ciudad. Escultura del siglo I d.C. Museo Pío Clementino, Roma. Wkimedia Commons
El descubrimiento de Troya lo realizó en 1864 a partir de la lectura de Homero, recibiendo varias críticas de los eruditos de la época por su creencia ciega en Homero como fuente histórica para hallar el lugar, situación que después terminó a su favor y pasó a ser considerado un referente en la investigación arqueológica. De la excavación sería su esposa quien vestiría las joyas desenterradas de la casa del tesoro real de Príamo.
El arma de la destruccio´n. E´sta es la primera representacio´n conocida del caballo de Troya, con su mortal cargamento de guerreros griegos. Siglo VII a.C. Museo Arqueolo´gico, Mikonos. Wikimedia Commons
Era hijo de un humilde pastor protestante que sentía pasión por la historia antigua. A través de sus relatos, se interesó cuando era un niño por los poemas homéricos. Schliemann cuenta en su autobiografía que en la Navidad de 1829 recibió de su padre como regalo un volumen de Historia Universal para los niños de Georg Ludwig Jerrer y que se sintió muy impresionado por un grabado que representaba a Eneas con su padre Anquises y su hijo Ascanio huyendo de Troya en llamas.
Muerte de Príamo a manos de Neoptóleomo, hijo de Aquiles. Óleo de Pierre-Narcisse Guerin, 1817, Museo de Bellas Artes, Angers. Bridgeman Images
Heinrich no tuvo, sin embargo, una infancia feliz. Su padre bebía, maltrataba a su esposa, mantenía una relación con la criada; los hijos le tenían miedo. La madre murió de las consecuencias de su noveno parto cuando Heinrich tenía nueve años. El padre, ya fuera por problemas económicos o por escaso apego a sus hijos, los distribuyó entre los tíos, quienes se hicieron cargo de ellos mal que bien. Heinrich solo fue unos meses al Gymnasium por no poder pagárselo su padre. Muy joven tuvo que empezar a trabajar de aprendiz en una tienda. A causa de la gran cantidad de horas que trabajaba no tenía momentos para estudiar, pero en una ocasión entró en ella un molinero borracho llamado Niederhoffer y, según explica Schliemann en su autobiografía, el molinero, que también había sido pastor protestante:
La suerte de los vencidos. Cassandra se agarra al altar de Atenea implorando su protección antes de ser violada por Áyax Oileo, quien sería castigado por los dioses en el viaje de regreso a Grecia.
Bridgeman Images
no había olvidado su Homero, puesto que aquella noche en que entró en la tienda nos recitó más de cien versos del poeta, observando la cadencia rítmica de los mismos. Aunque yo no comprendí ni una sílaba, el sonido melodioso de las palabras me causó una profunda impresión. Desde aquel momento nunca dejé de rogar a Dios que me concediera la gracia de poder aprender griego algún día.
Eneas escapa con su padre Anquises a cuestas. Óleo sobre tela de Luca Giordano, 1700, Museo del Prado, Madrid. Wikimedia Commons
Heinrich trabajó en tiendas durante cinco años, pero tras un accidente decidió cambiar de ocupación. Embarcó rumbo a Venezuela, pero su barco naufragó en la costa de Países Bajos. Sin embargo, se salvó junto a varios compañeros en un bote salvavidas. En Ámsterdam fingió estar enfermo para que lo llevaran a un hospital y recibió ayuda de un amigo de Hamburgo que era agente naviero. Poco después, con ayuda del cónsul general prusiano, empezó a trabajar en una oficina comercial. Allí sellaba letras de cambio y llevaba y traía cartas al correo. Durante este periodo, a pesar de vivir en condiciones precarias, se dedicó a estudiar varios idiomas.5 Según explica en su autobiografía, se gastaba la mitad de su sueldo en clases de idiomas, y llegó a hablar con fluidez neerlandés, inglés, español, francés, portugués, ruso, italiano, griego y árabe. Además, a un nivel que él mismo juzga de aceptable, griego antiguo, turco, danés, sueco, esloveno, polaco, hindi, hebreo, persa, latín y chino.
A los 22 años dominaba siete idiomas y entró a trabajar en una compañía comercial, la casa Schröder. A los 24 años aprendió ruso, puesto que la casa Schröder exportaba añil a Rusia. Fue enviado como representante a San Petersburgo y a Moscú en 1846. Allí se desenvolvió exitosamente y se independizó como negociante. En 1851 abrió una oficina de reventa de polvo de oro. A los 30 años ya tenía una enorme fortuna. Mientras, viajaba a las grandes capitales europeas y, cuando estaba en Londres, solía visitar el museo Británico, donde disfrutaba de las antigüedades egipcias.7
En 1852 se casó con una aristócrata rusa, Ekaterina Petrovna Lishin (1826-1896), con la que tendría tres hijos: Sergei (1855–1941), Natalja (1859–1869) y Nadeschda (1861–1935). El matrimonio duró, a duras penas, hasta 1869, año en el que por fin se divorciaron. A los 33 años dominaba 15 idiomas. Entre 1851 y 1859 realizó diversos viajes de negocios, llegando a radicarse temporalmente en California, donde, heredando la concesión de un hermano fallecido, se hizo banquero e incrementó su fortuna. Durante esta época estuvo gravemente enfermo de tifus, pero se restableció y regresó a Europa.
Viajó por Oriente Medio y, al volver a Rusia, aprovechó el bloqueo provocado por la guerra de Crimea para comerciar con armas, provisiones y acero.
En 1866, después de trasladarse a París, comenzó a estudiar Ciencias de la Antigüedad y Lenguas Orientales en la Universidad de la Sorbona. Entretanto compró un campo de cultivo de caña de azúcar en Cuba.
Una visita a Pompeya, que durante mucho tiempo se había creído una leyenda, le hizo recordar los relatos de su padre sobre la Guerra de Troya, la mítica expedición de una coalición griega para rescatar a Helena de su cautiverio a manos de los troyanos, y comenzó a preguntarse si no estaría también basada en hechos reales.
En 1868 viajó a Grecia por primera vez. Entre los lugares que visitó estuvo la isla de Ítaca, donde contrató algunos hombres para realizar pequeñas excavaciones en las que hizo escasos hallazgos. También estuvo en Micenas y, tras cruzar los Dardanelos, recorrió a caballo la llanura de Troya. Ese año conoció a Frank Calvert, cónsul británico en los Dardanelos, quien había comprado la mitad de la colina de Hisarlik, en Turquía, donde algunos estudiosos de la Antigüedad ubicaban Troya.
En el Círculo A de tumbas (arriba) Schliemann halló la máscara de oro atribuida a Agamenón, aunque es muy anterior al siglo XIII a.C., la época de la guerra de Troya.
iStock
En 1869 Schliemann se divorció y el 23 de septiembre del mismo año se casó en segundas nupcias con una joven griega de tan solo 17 años, Sophia Engastromenos (1852-1932), sobrina de un amigo sacerdote a quien había conocido en San Petersburgo, llamado Vimpos. Ese mismo año obtuvo su doctorado en Arqueología.
Con Sophia tuvo otros dos hijos, a los que puso nombres de personajes homéricos: Andrómaca (1871–1962) y Agamenón (1878–1954).
Convencido de que los poemas de Homero describían una realidad histórica, emprendió expediciones en Grecia y Asia Menor para encontrar los lugares descritos en ellos.
La máscara de Agamenón. Así llamada por Schliemann, la máscara de oro de la derecha cubría el rostro de un rey de Micenas del siglo XVI a.C. Museo Arqueológico Nacional, Atenas. Wikimedia Commons
En Hisarlik, Heinrich Schliemann empezó a excavar, en 1870, las ruinas de Troya. Frank Calvert había realizado excavaciones preliminares siete años antes de la llegada de Schliemann, y le sugirió que la colina de Hisarlik era el emplazamiento de la mítica ciudad. Posteriormente, Schliemann minimizaría en sus escritos el papel que realmente había tenido Frank Calvert en el descubrimiento.
Los colaboradores de Schliemann destruyeron algunos restos de las capas centrales a causa de sus prisas por alcanzar los estratos más antiguos. En algunas fases de las excavaciones fue acompañado por su esposa griega, que solía clasificar los fragmentos de cerámica y otros restos arqueológicos que eran hallados.
Existieron numerosas dificultades durante las excavaciones, algunas de ellas derivadas de que hasta entonces se habían realizado pocas excavaciones de tal envergadura y de la inexperiencia de los participantes, más las producidas por el clima del lugar, que favorecía enfermedades como la malaria.
Estratos de la antigua Troya. La ciudad sufrió a lo largo de milenios diversas destrucciones, pero siempre fue reconstruida y estuvo habitada hasta época romana. En la imagen, vista de las ruinas de Troya iStock
Schliemann distinguió entre varios estratos correspondientes a distintas fases de ocupación de Troya. Inicialmente creyó que el correspondiente a Troya II era la Troya cantada en la Ilíada.
Vista aérea de las ruinas de Troya. La ciudad destruida en la Ilíada se correspondería con la fase VI de ocupación. iStock
En 1873 descubrió una colección de objetos y joyas de oro que llamó Tesoro de Príamo. La hizo trasladar ilegalmente a Grecia y por ello, en 1874, fue acusado de robo de bienes nacionales por el Imperio otomano y luego condenado a pagar una multa. Para volver a tener la posibilidad de que las autoridades turcas le permitieran volver a excavar en el futuro, pagó una indemnización mayor y donó algunos hallazgos al museo de Constantinopla. Por otra parte, la comunidad científica cuestionaba sus métodos y sus resultados.
Aquiles se enfrenta a Memnón en esta ánfora ática del 490 a.C. Museo Británico, Londres. Wikimedia Commons
Poco después realizó grandes descubrimientos en Micenas, de cuyas ruinas hasta entonces solo se conocían la Puerta de los Leones, la muralla ciclópea adosada a ella y el llamado Tesoro o tumba de Atreo.
Grabado de Joseph Denis Odevaere sobre la entrada del caballo en Troya, la trampa griega es arrastrada por los troyanos dentro de su ciudad entre las danzas y alegría de la población. 1818, colección privada. Wikimedia Commons
Schliemann llegó a un acuerdo con las autoridades griegas mediante el cual pudo excavar en Micenas con el derecho exclusivo de informar de sus descubrimientos durante un limitado período a cambio de entregar todo lo que hallase en las excavaciones y de sufragar todos los gastos.
Ruinas de Troya, nivel 3
Usó la obra de Pausanias para localizar las tumbas entre las cuales se creía que se encontraba la correspondiente al legendario Agamenón. Anteriormente los eruditos habían interpretado erróneamente las indicaciones de las tumbas de las que hablaba Pausanias, creyendo que estaban ubicadas todas fuera de la muralla de la acrópolis.
Micenas
En las excavaciones halló cinco tumbas (en un recinto que ha sido llamado Círculo funerario A) con un total de 20 cadáveres, y en torno a ellos abundantes y ricos ajuares funerarios, con numerosos objetos de oro, bronce, marfil y ámbar.
La escena de esta ánfora recrea el sacrificio de Polixena, la hija menor del rey Príamo, sacrificada en honor del héroe Aquiles. Museo Británico, Londres. Wikimedia Commons
Además halló sesenta dientes de jabalí y un numeroso grupo de sellos con grabados de escenas religiosas, de luchas o de caza. Entre estos hallazgos estaba la llamada máscara de Agamenón, fechada, sin embargo, varios siglos antes de la cronología que tradicionalmente se atribuye al legendario rey.
Christos Stamakatis, que había sido designado por el gobierno griego para controlar el trabajo de Schliemann y vigilar que todo lo que se encontrase quedase en Grecia, continuó con la excavación en 1877, pero solo descubrió una tumba más.
Diadema de oro del tesoro de Príamo, Museo Pushkin, Moscú. Wikimedia Commons
En 1876 había iniciado unos pequeños sondeos en Tirinto, y en 1877 volvió a Ítaca, exploró la isla en busca de restos arqueológicos y realizó algunos sondeos, pero sin resultados.
Troya IX es la última ciudad que se levantó en la colina de Hissarlik. Corresponde al período romano y fue embellecida por Julio César y por Augusto. El odeón de la imagen fue renovado en el año 124, bajo el gobierno de Adriano. iStock
En 1880 excavó en Orcómeno, donde encontró un tipo de cerámica que llamó cerámica minia. También descubrió una tumba del tipo tholos, de época micénica.
Aquiles sentado sobre el cadáver de Héctor, en una kylix ática del siglo V a.C. Wikimedia Commons
En 1882-1884, junto con Wilhelm Dörpfeld -un joven arquitecto y arqueólogo alemán ya célebre por sus campañas en Olimpia-, regresó para excavar a mayor escala, inspirado en los datos que sobre esta ciudad habían escrito Homero y Pausanias. Desenterró un palacio micénico de considerables dimensiones.
Las élites troyanas bebían vino durante la celebración de banquetes en copas de plata como la que se muestra bajo estas líneas, hallada en las ruinas de Troya. 2300 a.C. Museo Pushkin, Moscú.
Schliemann volvió durante tres campañas a Troya. En ellas, su colaborador más valioso fue el citado Wilhelm Dörpfeld.
Esta puerta monumental, flanqueada por dos leones, era una de las entradas a Hattusa, la capital hitita. En Troya se hallaron también estelas que decoraban las puertas de la ciudad. iStock
Por los hallazgos de cerámica en estas campañas, Schliemann admitió su error en su creencia inicial de que el estrato de Troya II era el correspondiente a la ciudad homérica, y en cambio esta debía identificarse con Troya VI.
Muerte de Príamo. Óleo de Johann Andreas Herrlein, Museo Städel, Frankurt. Wikimedia Commons
Uno de los hallazgos más llamativos de la última campaña fue el denominado tesoro L, que constaba de cuatro hachas ceremoniales, que trasladó también ilegalmente a Grecia.
Escena de la guerra de Troya en una crátera ática del siglo VI a.C. Museo Arqueológico de Atenas. Wikimedia Commons
Un equipo de arqueólogos ha desenterrado importantes vestigios históricos en la localidad de Pacé (Bretaña, Francia), que abarcan desde la Edad del Bronce hasta la época medieval. Entre los hallazgos más destacados se encuentra un anillo romano de oro, cuya antigüedad se remonta al periodo entre los siglos II y III d.C.
Tramo antiguo romano donde se encontro el anillo
El anillo fue descubierto en un tramo de un camino de origen romano, estudiado como parte de la excavación. Este eje de comunicación, construido entre los siglos II y IV d.C., destaca por su estructura, compuesta de una capa de grava de cuarzo sobre el terreno natural, delimitada por fosos laterales que marcan su trayectoria. Las huellas visibles de carros atestiguan su intenso uso durante la Antigüedad.
Monedas carolingias encontrads en el lugar
El anillo finamente trabajado, que ha sobrevivido intacto al paso del tiempo, cuenta con una montura exquisitamente cincelada y un intaglio en una piedra semipreciosa muy valorada en la época romana para la elaboración de gemas. La imagen representa a Venus Victrix, la diosa que encarna la victoria, simbolizando tanto belleza como fuerza.
Dos recipientes datados entre el siglo VII y VIII.
Venus Victrix era una figura icónica en la Roma antigua, venerada como la diosa que otorgaba éxito en la guerra y la vida. Su representación en joyas como esta no solo tenía un propósito ornamental, sino que también portaba un significado espiritual y personal.
Los anillos con intaglios eran comunes entre las élites romanas y servían tanto como adornos personales como sellos distintivos para marcar documentos y pertenencias.
En la época romana, este tipo de infraestructuras como el camino donde fue encontrado no solo facilitaba el comercio y los desplazamientos, sino que también conectaba asentamientos rurales con centros urbanos.
En el caso de Pacé, el camino pudo haber estado vinculado a un establecimiento cercano que estuvo activo entre el siglo II y el siglo IV d.C.
El anillo, por su estado de conservación y diseño, sugiere que pudo haber pertenecido a un individuo de alto estatus social, posiblemente relacionado con las actividades de comercio o administración de la región.
Este descubrimiento forma parte de una investigación arqueológica más amplia que abarca hallazgos desde el final de la Edad del Bronce hasta el periodo moderno. Entre ellos destacan un taller de fabricación de objetos de bronce, estructuras funerarias del primer milenio a.C., monedas carolingias y un asentamiento medieval que alcanzó su apogeo entre los siglos VII y VIII.
La idea errónea de que las levantaron miles de esclavos siendo azotados despiadadamente, reflejada en algunas películas de Hollywood, surge de estos relatos. Como los antiguos egipcios dejaron información limitada sobre cómo se organizaban y vivían los trabajadores de las pirámides, durante mucho tiempo Heródoto ha sido fuente de referencia. Sin embargo, recientes descubrimientos arqueológicos y el análisis de algunos textos arrojan muchas dudas.
Los grandes reyes de la dinastía IV. La pirámide de Kefrén, la segunda más grande de Gizeh, asoma por detrás de la Gran Pirámide erigida por su padre Keops. La de Kefrén es la única que conserva parte de su revestimiento de piedra caliza en la cúspide. Nick Brundle / Getty Images
Un punto controvertido es el del número de trabajadores. Heródoto relata que el rey Keops «ordenó a todos los egipcios trabajar para él». Indica que fueron necesarios turnos de 100.000 trabajadores para llevar a cabo la construcción de su pirámide. Por su parte, Diodoro de Sicilia, autor de la Biblioteca histórica, dice que toda la obra se acabó en veinte años con la ayuda de 360.000 hombres. Sin embargo, hoy se calcula que los obreros empleados en la construcción de la gran pirámide fueron entre 25.000 y 30.000. Muchos podían ser trabajadores permanentes, pero había otros temporales. Es posible que estos últimos se incrementaran durante los meses de la inundación del Nilo, cuando el trabajo de los campesinos se reducía y quedaban disponibles para otros menesteres.
El faraón Keops representado en una pequeña estatuilla de marfil. Museo Egipcio, El Cairo. Scala, Firenze
La edificación de la gran pirámide y su complejo funerario asociado supuso un enorme desafío organizativo para los egipcios de hace 4.500 años. Tal cantidad de trabajadores, empleados en funciones muy distintas, solo podía ser eficaz si estaban coordinados a la perfección. No solo había que organizar a quienes trabajaban en las canteras, el transporte o la construcción propiamente dicha, sino también a los responsables del suministro de otros materiales de construcción, embarcaciones, alimentos, combustible, instalaciones de hornos metalúrgicos y cerámicos, almacenes o alojamientos para los trabajadores.
Sin duda, el trabajo más duro era el de los canteros. Los distintos materiales –alabastro, granito, basalto, grauvaca o diorita– se extraían de canteras lejanas, situadas cientos de kilómetros Nilo arriba o incluso en zonas desérticas, adonde se enviaban expediciones lideradas por jefes de tropa, con un equipo compuesto por escribas, exploradores, soldados, canteros y oficiales.
Durante miles de años, los egipcios extrajeron de las numerosas canteras de granito de Asuán, en la primera catarata del Nilo, esta dura piedra necesaria para erigir esculturas y obeliscos, y que fue empleada en la cámara funeraria de la pirámide de Keops.
Canteras de grnito de Asuan.Durante miles de años, los egipcios extrajeron de las numerosas canteras de granito de Asuán, en la primera catarata del Nilo, esta dura piedra necesaria para erigir estatuas y obeliscos, y que fue empleada en la cámara funeraria de la pirámide de Keops. SPL / AGE Fotostock
El director general de todo el proyecto constructivo era el Inspector de todos los trabajos del rey. En la época del faraón Keops, ese cargo lo ejerció Hemiunu, un miembro de la familia real que también fue visir. Es posible que el príncipe Ankhaf dirigiera la construcción de la pirámide en la parte final del reinado de su medio hermano Keops.
En un texto de la dinastía VI, un capataz se queja de no haber recibido la ropa para sus obreros
Hemiunu, el arquitecto. Miembro de la familia real y visir y jefe de obras de Keops, Hemiunu fue el arquitecto de su pirámide. En la imagen, estatua de Hemiunu en el Museo Roemer-Pelizaeus, Hildesheim. Scala, Firenze
Por debajo del Inspector de todos los trabajos había una larga serie de inspectores de diferentes rangos, cuya función era supervisar el trabajo de los operarios. Había un jefe de panaderos, responsable de la producción de las miles de piezas de pan con que se sustentaban los trabajadores. También había encargados de la producción de cerveza. Otro era el inspector de los lavaderos, con la responsabilidad de recoger, lavar y redistribuir la vestimenta de los trabajadores. Las fuentes mencionan igualmente a los productores de cerámica, de la que han quedado miles de fragmentos, especialmente de los recipientes para el pan (bedja); a los encargados de la obtención de combustible; a los aguadores que transportaban el líquido en grandes recipientes cerámicos a lomos de burros desde el Nilo hasta el lugar de trabajo, o a los encargados de los diversos talleres de producción artesanal a los cuales otros obreros enviaban las materias primas.
El control de los súbditos. A lo largo de la historia de Egipto, el control de todos aquellos que trabajaban para el Estado fue de gran importancia, como muestra este registro de obreros de época ramésida. Museo Británico, Londres. RMN-Grand Palais
Un documento de la dinastía VI hallado en Saqqara, informa de los fallos que en ocasiones podía haber en este entramado de inspectores y trabajadores de diverso tipo. Se trata de una carta en la que un capataz de un grupo de trabajadores de la cantera de Tura se queja a su superior por no haber recibido las vestimentas de sus obreros, con el retraso que ello estaba generando en los trabajos.
Cincel de cobre usado para quebrar la piedra. K. Garrett / NG
Posiblemente, la unidad laboral de mayor tamaño estaba constituida por 2.000 trabajadores, suma de dos grupos de 1.000 hombres. Gracias a unos grafitos hallados en la pirámide de Micerino sabemos que uno de estos grupos llevaba el curioso nombre de Borrachos de Micerino, y otro, el de Amigos de Micerino. A su vez, cada grupo estaba dividido en cinco cuadrillas o phylai de 200 hombres cada una. Los nombres que estas recibían eran: Grande, Asiático, Verde, Pequeña y Última. Existían también grupos menores, de veinte o diez hombres. Se sabe incluso que cada lado de la pirámide tenía su responsable y su equipo de trabajo, de igual modo que siglos más tarde las tumbas del Valle de los Reyes fueron construidas por un equipo del lado derecho y otro del izquierdo.
Una de las primeras cosas que descubrió Lehner en la Ciudad Perdida fue una panadería. En la imagen, recipiente para cocer el pan. Su parte inferior descansa en un hoyo donde se disponía leña a la que se prendía fuego para cocer el pan.
Gracias a los grafitos y a algunos documentos administrativos, como los papiros de Abusir, se tiene cierta idea de cómo se organizaba la enorme red de trabajadores involucrados en las obras. Sobre esta cuestión ha arrojado aún más luz el diario de un capataz llamado Merer, escrito a finales del reinado de Keops, del que unos arqueólogos franceses encontraron extensos fragmentos en el año 2013, en el antiguo puerto faraónico de Wadi el-Jarf, a orillas del mar Rojo.
La comida y bebida de los obreros. Esta maqueta funeraria del Reino Medio muestra a un grupo de personas ocupadas en la elaboración de pan y cerveza. Museo de Bellas Artes, Boston. Scala, Firenze
Dos yacimientos arqueológicos localizados en la meseta de Gizeh ofrecen asimismo una valiosa información sobre los constructores de las pirámides. El primero es un cementerio hallado por Zahi Hawass en 1990 al sur de un antiguo muro de piedra conocido como Muro del Cuervo, y que contiene cientos de tumbas donde fueron enterrados inspectores, capataces, artesanos, pequeños funcionarios y simples obreros. Ello permitió a los arqueólogos estudiar y comparar las patologías de muchos individuos de diverso rango. Se ha establecido así que los obreros tenían una esperanza de vida y una estatura media sensiblemente inferior a las de los nobles, y que sufrían enfermedades degenerativas en las articulaciones, y en especial artrosis en la columna y las rodillas. Muchos, además, presentaban fracturas craneales o en las extremidades, claro reflejo de una jornada de trabajo muy dura, de sol a sol. Su alimentación se basaba en pan, hortalizas, pescado, carne y cerveza. Muchos de estos productos podían proceder de las fincas reales. Heródoto aporta datos curiosos al respecto: «Está indicado con letras egipcias en la pirámide cuánto en rábano silvestre y en cebollas y ajos se empleó para los que trabajaban y si yo recuerdo bien lo que dijo el intérprete al leerme las letras, se gastaron 1.600 talentos de plata».
En 1988, el egiptólogo Mark Lehner descubrió, a 400 metros de la Gran Esfinge, los restos de un poblado de obreros que debieron de trabajar en la construcción de la pirámide de Keops. Se han hallado habitaciones rectangulares, auténticos barracones aptos para albergar a medio centenar de trabajadores que dormían sobre plataformas de adobe. En conjunto, podrían haberse alojado en ellas unos 2.000 hombres. Otras viviendas, pertenecientes a inspectores y artesanos, tenían mejores condiciones, con varias habitaciones, cocina e incluso patio interior. Todas estas viviendas estaban asociadas a talleres, almacenes, graneros, panaderías, hornos y otras instalaciones.
Aunque no nos ha llegado información sobre el sueldo de esas personas, cabe suponer que la mayoría cobraba por su trabajo cantidades en cereal, como mil años después hicieron los trabajadores de Deir el-Medina, el poblado de los constructores del Valle de los Reyes. Lo que es seguro es que la imagen de obreros esclavos difundida por Heródoto nada tiene que ver con la verdadera condición de los trabajadores de las pirámides.
El papiro de un oficial llamado Merer, tal como fue descubierto por los arqueólogos en Wadi el-Jarf, a orillas del mar Rojo. cortesía de Pierre Tallet. Misión Arqueológia del Wadi al Jarf
El diario de Merer es una excepcional fuente de informaciónque nos ayuda a comprender cómo se organizaron los trabajadores de la Gran Pirámide. Merer, que dirigía un grupo de 40 barqueros, habla del trabajo de transporte en barca de bloques de piedra caliza desde la cantera de Tura, en la orilla este del Nilo, hasta el gran puerto de la pirámide, llamado Ro-she Khufu, el cual estaba bajo la supervisión del príncipe Ankhaf. El diario de Merer también describe el ritmo de trabajo que llevaba su pequeño equipo: de dos a tres viajes por semana de diez días, lo que supone el transporte por mes de unos 200 bloques, de unas 2 o 3 toneladas cada uno. Incluso hay referencias al avituallamiento de estos trabajadores, del que se encargaba una embarcación que se desplazaba desde HeliópolisEn 1990, el egiptólogo egipcio Zahi Hawass descubrió, al sur de las pirámides de Gizeh, un cementerio compuesto por tumbas modestas contemporáneo a la construcción de estos imponentes edificios. Se trataba del lugar del descansofinalde los constructores de las pirámides. Dos años antes, el egiptólogo Mark Lehner localizó y empezó a excavar el lugar donde estas personas habían vivido, en un punto justo debajo del cementerio.El poblado que halló fue bautizado como la Ciudad Perdida de los constructores de las pirámides.
Recreación de los complejos funerarios de Keops 1, Kefrén 2 y Micerino 3 en Gizeh, con el poblado de los constructores de las pirámides 4 y el cementerio de los obreros 5.Ilustración: 4D NewsHombres soplando con fuerza para fundir el cobre, metal con el que se fabricaban útiles de trabajo. Dinastía IV.Kenneth Garrett / NG Image Collection
Cada útil empleado en la construcción de las pirámides era el fruto de un largo proceso de producción que incluía numerosos trabajadores. El cobre procedía de las apartadasminas de Serabit el-Khadim, en el Sinaí,y, además de los mineros que lo extraían y de los hombres que lo transportaban, hacían falta obreros que trabajasen en los hornos de fundición para fabricar las herramientas, encargados del combustible para alimentar esos hornos u operarios para fabricar los moldes de los útiles de cobre, como los taladros y las sierras con que se cortaba la piedra, o los cinceles usados para tallar los bloques de caliza; dado que se doblaban con facilidad tras varios golpes, se calcula que por cada cien cinceladores hacía falta un operario dedicado exclusivamente a su reparación.
En esta ilustración se recrea la vivienda de un inspector u oficial hallada en la ciudad de los constructores de las pirámides de Gizeh. A diferencia de las viviendas de los simples obreros, estas residencias comprendían un amplio dormitorio, una sala de recepción, cocina, almacenes y un espacio para el trabajo de los escribas.
Tumbas de los obreros que construyeron las pirámides de Gizeh, descubiertas por el egiptólogo egipcio Zahi Hawass.Kenneth Garrett
La necrópolis de los constructores de las pirámides, en Gizeh, llegó a contener unas 3.000 tumbas, de las que los arqueólogos han excavado o identificado un millar. Algunas son sepulcros relativamente suntuosos que reflejan la posición social del difunto. Así, la tumba de un tal Nefer-theit está decorada con escenas de molienda de grano y fabricación de pan y cerveza, lo que sugiere que se trataba de un supervisor de panaderías. Otras tumbas contienen inscripciones que indican los cargos que sus propietarios desempeñaban en la construcción de las pirámides, desde «supervisor de albañiles» y «director de artesanos» hasta «jefe de canteros». En muchas tumbas fueron enterrados matrimonios con sus hijos, y algunas contienen restos de tres generaciones de obreros de una misma familia. También se han localizado tumbas de sacerdotisas de las diosas Hathor y Neith. En la necrópolis se han hallado desechos del trabajo en las pirámides, comolosas rotas o piedras o sillares con alguna fractura que los obreros habían decidido reaprovechar.
Entierro de una mujer en la necrópolis de los obreros de Gizeh. A la derecha, su anciano esposo mira el cuerpo amortajado, mientras recibe consuelo.Christopher A. Klein / National Geographic Image Collection
Es marca me produce fetichismo, no se porque, quizas son coches sobrios, resistentes y poco conocidos en el santoral.
Hay buena relacion calidad precio, aguantan lo que les eche sin quejarse, no te deja tirada, visita poco el taller o casi nada, es poco ostentoso, y quizas encarne el espiritu japo.
Pero sobre todo, pasa desapercibido y eso es algo que me encanta.
Hallado por casualidad en medio de viñedos, el sepulcro de Huerta Montero, en Almendralejo (Extremadura), es una de las construcciones megalíticas más singulares de la península ibérica.
Con una antigüedad de unos 4.650 años, este sepulcro es visitado por centenares de turistas que, durante el solsticio de invierno, quieren ver cómo los rayos del Sol iluminan la estancia principal de la construcción.
La luz del Sol penetra en el interior del sepulcro durante el solsticio de invierno.
Turismo de Extremadura
Uno de los sepulcros mejor preservados de la península ibérica, Huerta Montero, localizado en la localidad pacense de Almendralejo, en Extremadura, es, sin lugar a dudas, una maravilla de la Prehistoria peninsular.
Construido hace alrededor de 4.650 años, Huerta Montero fue utilizado como un espacio de enterramiento colectivo y de culto. En él se encontraron los restos, muy deteriorados, de 109 individuos (uno de ellos colocado en posición fetal) acompañados de diversos amuletos y objetos de valor.
Utilizado en dos momentos distintos, con una diferencia de 500 años, en la actualidad Huerta Montero levanta expectación durante el solsticio de invierno a los visitantes llegados de todos los rincones de España, incluidos los propios habitantes de Almendralejo, se reúnen para contemplar cómo los rayos del Sol penetran por el corredor de la cámara del sepulcro.
Afirma Isabel García, responsable de la oficina de turismo de Almendralejo e integrante del equipo arqueológico que excava en Huerta Montero:
Es por su orientación. El terreno donde se asienta Huerta Montero no era más que un viñedo en el año 1988. Un señor que le estaba vendiendo un tractor a otro le enseñó que el vehículo funcionaba introduciendo el arado en la tierra, de forma que movió una piedra de gran tamaño. En aquella zona, el suelo está compuesto por arcilla y caliza y no hay piedras grandes. Y así se localizó el sepulcro. Nada más saberse la noticia, un grupo de arqueólogos se acercó hasta el lugar y cada fin de semana, de manera voluntaria, empezaron a excavar.
La luz del Sol penetra en el interior del sepulcro durante el solsticio de invierno.
Según Isabel García:
no ha habido ningún tipo de reconstrucción posterior gracias a las técnicas constructivas y de mantenimiento que emplearon quienes lo levantaron: una especie de hormigonera prehistórica que permitía la mezcla de arcilla y caliza con agua, creando una masa con la que cubrían las paredes de la tumba dando consistencia a la estructura con la intención de que durara en el tiempo.
La segunda característica importante de Huerta Montero es que sus antiguos constructores parecían poseer amplios conocimientos de geometría y astronomía. Mientras estábamos excavando el sepulcro nos dimos cuenta de que, por su orientación, la cámara se iluminaba con el Sol de invierno, de manera que todos los restos óseos que encontramos y que posteriormente fueron trasladados al Museo Arqueológico quedaban bañados por la luz solar.
Que al no haberse conservado la bóveda original, actualmente podemos disfrutar del Sol más días, pero en el pasado, cuando la tenía, es posible que el interior solo se iluminara los días 20, 21 y 22 de diciembre. Los días exactos del solsticio de invierno. Aquellas comunidades de la Edad del Cobre rendían culto al Sol e identificaban a sus antepasados como unos mediadores entre ellos y el astro rey.
Si soy creativa lo deberían decir otras personas, no yo, que es un impudor hablar en primera persona, entre otras porque amañaría la historia a favor.
No tengo visión periférica como una mosca, ni un dron que me sobrevuele (ni demasiado ego).
A partir de la II Guerra Mundial, después de los genocidios y sobre todo, Europa envejeció y ademas no solo dejo de ser Paris la capital del mundo para pasar a serlo NY, sino que además como canon occidental, vino abajo.
Las ideologías tradicionales en Europa se hicieron menos radicales, de tal manera que los comunistas se hicieron socialistas y los socialistas socialdemócratas.
Se dejo de reivindicar la dictadura del proletariado y la lucha de clases y las nuevas democracias europeas se erigieron a partir de la socialdemocracia.
Pero sobre todo la gente busco un lugar al sol después de tanto horror y es Theodor Adorno y su Escuela de Fráncfort la que muestra el camino de vuelta a casa o al ser.
A partir de ahora se abate la idea única hegeliana, la mirada del superespecialista, y se democratiza el conocimiento y la opinión, lo que luego en los 80 con Derridas será llamado Deconstructivismo.
Y hay una característica (quitando el que vivamos una sociedad esquizoide) que me encanta, y es que el individuo se convierte en gestor de sí mismo, no necesita a terceros par ser, ni a superdoctos, ni a nadie más allá de su ambición e imaginación.
Y para mi sería el compendio, a mitad camino entre la proyección personal, la ambición y la praxis.
Aunque he de subrayar que todos somos creativos al nacer y que si se le presta un bote de pintura a un niño pequeño y una pared blanca es capaz de hacer una gran obra que luego te explica con media lengua de forma pormenorizada.
Pero al ir a la escuela, la profesora cuando destaque su curiosidad o haga gala de su imaginación, le dirá que es una tontería o una pérdida de tiempo, con lo cual contribuirá a hacer un individuo frustrado y poco imaginativo, para variar.
Y como decía Einstein, no sé cómo después de acabar la secundaria en el instituto y de terminar la Universidad, puedo seguir conservando la curiosidad intacta.
Y menos mal que fue así.
La imaginación, más que creatividad, es un mecanismo de supervivencia para reinventarme y creerme otra, a fin de cuentas la identidad es una impostura y de las grandes.
Y mejor que así sea, es un placer fabular y saberme distinta según convenga.
El artículo de investigación publicado en la revista Archaeology International, académicos analizan el significado del reciente descubrimiento del origen escocés de la Piedra del Altar, que confirmó que todas las piedras que componen Stonhenge fueron traídas a Salisbury Plain a muchos kilómetros de distancia.
La Piedra del Altar, vista aquí debajo de dos piedras de Sarsen más grandes. Crédito: Professor Nick Pearce / Aberystwyth University
Los investigadores afirman que los vínculos a larga distancia de Stonehenge refuerzan la teoría de que el monumento neolítico podría haber tenido algún propósito cohesionador en la antigua Gran Bretaña.
La Piedra del Altar se encuentra en la parte central del círculo de Stonehenge. Crédito: Ladiras / depositphotos.com
El autor principal, el profesor Mike Parker Pearson (Instituto de Arqueología de UCL), opina:
El hecho de que todas las piedras provengan de regiones distantes, lo hace único entre más de 900 círculos de piedras en Gran Bretaña, sugiere que el círculo de piedras podría haber tenido un propósito político además de religioso, como un monumento de unificación para los pueblos de Gran Bretaña, celebrando sus vínculos eternos con sus ancestros y el cosmos.
El coautor, el profesor Richard Bevins de la Universidad de Aberystwyth, dijo:
Es gratificante que nuestras investigaciones geológicas puedan contribuir a la investigación arqueológica y a la historia que se está desarrollando, ya que nuestro conocimiento ha mejorado de manera tan dramática en solo los últimos años. Nuestra investigación es como la ciencia forense. Somos un pequeño equipo de científicos de la tierra, cada uno aportando su propia área de especialización; es esta combinación de habilidades la que nos ha permitido identificar las fuentes de las piedras azules, y ahora la Piedra del Altar.
El estudio se publico el 20 de diciembre, el día antes del solsticio de invierno, cuando el sol poniente se hunde por debajo del horizonte sobre el centro de la Piedra del Altar y entre las dos piedras más grandes en pie (una de las cuales ahora está caída). Durante este período invernal, los pueblos neolíticos celebraban festines cerca de Stonehenge en el gran pueblo de Durrington Walls, y el solsticio de mediados de invierno probablemente fue central en estos eventos.
Stonehenge es famoso por estos alineamientos solares en el solsticio y, incluso hoy, atrae grandes multitudes al sitio en los días más cortos y largos del año. Además, también fue el mayor cementerio de su época. Algunos arqueólogos piensan que pudo haber sido un templo religioso, un antiguo observatorio y un calendario solar, y esta nueva investigación agrega una dimensión política.
El profesor Parker Pearson, profesor de Prehistoria Tardía Británica, añadió:
Sabemos que la gente venía de muchas partes de Gran Bretaña con sus cerdos y ganado para celebrar banquetes en Durrington Walls, y casi la mitad de las personas enterradas en Stonehenge habían vivido en lugares fuera de Salisbury Plain. Las similitudes en la arquitectura y la cultura material entre el área de Stonehenge y el norte de Escocia ahora tienen más sentido. Ha ayudado a resolver el enigma de por qué estos lugares distantes tenían más en común de lo que pensábamos.
Las 43 piedras azules de Stonehenge fueron traídas de las colinas de Preseli en el oeste de Gales, a unas 140 millas de distancia, mientras que las piedras más grandes de sarsen fueron transportadas desde sus fuentes al menos a 15 millas de distancia al norte y al este del círculo de piedras.
Transportar estos enormes monolitos fue una hazaña extraordinaria. Aunque la rueda había sido inventada, aún no había llegado a Gran Bretaña, por lo que mover estas enormes piedras debió requerir los esfuerzos de cientos, si no miles, de personas. Los investigadores señalan cómo la Piedra del Altar horizontal de Stonehenge es similar en tamaño y colocación a las grandes piedras horizontales de los círculos de piedras del noreste de Escocia, de donde originó la Piedra del Altar.
Estos ‘círculos de piedra recumbentes’ solo se encuentran en esa parte de Escocia y no en el resto de Gran Bretaña, por lo que pudo haber habido vínculos estrechos entre las dos regiones. Las piedras megalíticas tenían un significado ancestral, vinculando a las personas con el lugar y el origen. La Piedra del Altar pudo haber sido traída como un regalo de los pueblos del norte de Escocia para representar algún tipo de alianza o colaboración.
Es difícil precisar una fecha exacta en la que la Piedra del Altar escocesa llegó a Stonehenge, pero probablemente llegó alrededor del 2500 a.C., aproximadamente cuando Stonehenge fue remodelado en su forma actual.
Este es el período en el que los constructores neolíticos erigieron las grandes piedras de sarsen formando un círculo exterior y la herradura interior de trilitos, piedras verticales emparejadas conectadas por ‘linteles’ horizontales, que es la estructura presente hoy en día. La Piedra del Altar yace a los pies del trilito más grande, que enmarca la puesta del sol del solsticio de invierno hacia el suroeste. Esta fue la segunda etapa de construcción en Stonehenge, mucho después de la primera etapa (alrededor del 3000 a.C.) cuando se cree que las piedras azules de Gales fueron erigidas.
Esta segunda versión de Stonehenge fue construida en un momento de creciente contacto entre los pueblos de Gran Bretaña y los recién llegados de Europa, principalmente de lo que hoy son los Países Bajos y Alemania. Los investigadores sugieren que este período de contacto pudo haber sido lo que impulsó esta reconstrucción en la segunda etapa, y que el monumento fue una reacción a estos recién llegados destinada a unir a los británicos indígenas.
Los recien llegados trajeron consigo conocimientos de metalurgia y la rueda, y, durante los siguientes cuatrocientos años, sus descendientes, conocidos como la cultura del vaso campaniforme (en inglés Bell Beaker) por las jarras distintivas que enterraban con sus muertos, reemplazaron gradualmente a la población de británicos indígenas, y las personas con esta ascendencia europea se convirtieron en la población dominante en toda la isla.
Stonehenge in southern England ranks among the world’s most iconic archaeological sites and one of its greatest enigmas. The megalithic circle on Salisbury Plain inspires awe and fascination—but also intense debate some 4,600 years after it was built by ancient Britons who left no written record.
The monument’s mysterious past has spawned countless tales and theories. According to folklore, Stonehenge was created by Merlin, the wizard of Arthurian legend, who magically transported the massive stones from Ireland, where giants had assembled them. Another legend says invading Danes put the stones up, and another theory says they were the ruins of a Roman temple. Modern-day interpretations are no less colorful: some argue that Stonehenge is a spacecraft landing area for aliens, and even more say it’s a giant fertility symbol in the shape of female genitalia.
Archaeological investigation of the site dates back to the 1660s, when it was first surveyed by antiquarian John Aubrey. Aubrey wrongly credited Stonehenge to the much later Celts, believing it to be a religious center presided over by Druid priests.
Centuries of fieldwork since show the monument was more than a millennium in the making, starting out 5,000 years ago as a circular earthen bank and ditch. A complicated pattern of wooden posts was replaced in about 2600 B.C. by 80 dolerite bluestones from Wales that were rearranged at least three times once the larger sarsen stones were added several hundred years later. These huge sandstone blocks, each weighing around 25 tons, were transported some 19 miles (30 kilometers) to create a continuous outer circle with five trilithons (pairs of uprights with a lintel on top) forming a horseshoe within. It’s been estimated that it took well over 20 million hours to construct Stonehenge.
Modern debate over the monument’s meaning has two main camps: those who see it as a holy site, and others who believe it represents a scientific observatory. Both camps base their theories on the site’s celestial influence, with alignments to the sun and moon taken as evidence of rituals linked to the changing seasons and the summer and winter solstices. Alternatively, alignments identified particularly with stars point to a megalithic calendar used for working out dates or to reflect or predict astronomical events such as solar eclipses.
Recently a radical new theory has emerged—that Stonehenge served as a «prehistoric Lourdes» where people came to be healed. This idea revolves around the smaller bluestones, which, researchers argue, must have been credited with magical powers for them to have been floated, dragged, and hauled 145 miles (233 kilometers) from west Wales. A team lead by Tim Darvill of Bournemouth University, U.K., announced in 2005 that it had located the quarry the bluestones came from, only for another study to suggest the stones had made the journey earlier, powered naturally by ice age glaciers. Excavations at Stonehenge co-directed by Darvill in 2008 bolstered the hypothesis, also based on a number of Bronze Age skeletons unearthed in the area that show signs of bone deformities.
Competing to solve the enduring prehistoric puzzle is Sheffield University’s Mike Parker Pearson, co-leader of the Stonehenge Riverside Project, which is partly funded by the National Geographic Society. Discoveries by the project team supported Parker Pearson’s claim that Stonehenge was a center for ancestor worship linked by the River Avon and two ceremonial avenues to a matching wooden circle at nearby Durrington Walls. The two circles with their temporary and permanent structures represented, respectively, the domains of the living and the dead, according to Parker Pearson.
«Stonehenge isn’t a monument in isolation,» he says. «It is actually one of a pair—one in stone, one in timber. The theory is that Stonehenge is a kind of spirit home to the ancestors.»
Por primera vez la economía española deja de estar en caída libre gracias a las remesas que envían los emigrantes y al incipiente turismo.
Total 28 años después de terminar la guerra, después de tres hambrunas, una oligarquía y una afortunada coyuntura de guerra fría en los 50 que nos hace pasar de país fascista a conservador, una cuestión de etiqueta y apellido, que permite que las embajadas abran, que los créditos internacionales fluyan y que comiencen los planes de desarrollo.
EEUU coloca bases, somos un país amigo, a pesar de no haber tenido Plan Marshall, y de que la ONU en 1947 condenara al estado español por genocidio.
Hay un cambio de gobierno de la democracia cristiana de Ruiz Giménez, más cristiano que demócrata, con los nuevos cachorros del régimen más cualificados Pio Cabanillas, fraga, etc. al conservadurismo tecnócrata del OPUS de López Rodo, ag.
La furia y el ruido exterior se aplaca, todo se detiene, y se deforma, pero placenteramente, el mundo visible e invisible se dan la mano en la duermevela, donde todo se fusiona de forma amable.
Ya lo usa el Surrealismo como fuente de imágenes, donde el talante español es puntero. Dali agarra las llaves con fuerza para no ser arrastrado por un sueño mas profundo y olvidar lo que la seminconsciencia le otorga como regalo, donde el ser es uno, y la percepción se altera.
Así entre 10 y 20 minutos la llave permanece en la mano, pero cuando llega el total relax, cae, hace ruido, perturba y despierta, solo entonces y a la carrera va y dibuja, esa obra de relojes que se deshacen al sol como un queso brie o elefantes esbeltos que corren despavoridos.
El mundo salvaje que es el civilizado, emerge con fuerza, pero el discurso es placido, nada violento, y el inconsciente colectivo, base del surrealismo, y de moda en ese momento de Carl Gustav Jung, discípulo de Freud y primero en la línea de sucesión, emerge atrapando el instante, para crear su propia atmosfera de placer y caos
Es la base de la percepción el tercer ojo de la sabiduría, donde pasado y futuro se unen en éxtasis, haciendo que el espíritu por un instante se eleve, intemporal y placido, abandonado a su suerte.
Pero yo me quedo con la hora concubinas romana, esta hora de la siesta, donde el placer carnal de la somnolencia despues de la comida, invita al abandono de los sentidos, donde la mente se aplaca y detiene, para que el cuerpo sea uno con la naturaleza.
La hora sexta marcaba el medio dia por ello se llama siesta.