Colección Rokefeller.Buda y Shiva, loto y dragón en la Fundación Barrié de A Coruña

Figura india de un buda de finales del siglo VI Foto Synthescape Cortesía de Asia Society y American Federation of Arts

Escultura del siglo XI en aleación de cobre que representa a Ganesha, el dios de la sabiduría Foto Synthescape Cortesía de Asia Society y American Federation of Arts

Detalle de un plato de la prefectura de Saga, en Japón, del siglo XVII Foto Synthescape Cortesía de Asia Society y American Federation of Arts

Dice David Rockefeller Jr:

No creo que mi bisabuelo pensara jamás que los petroquímicos fueran un pecado del que tuviera que redimirse algún día a través de la filantropía

Gordon Baile y Jackie Kennedy en una exposición de la Asia Society en 1965.© Ben McCall/Cortesía Asia Society

La familia que practica la filantropía unida permanece unida. Aunque sus miembros difieran en metodología. La causa común que tiene a la familia Rokefeller a partir un piñón desde hace décadas no puede ser más noble, pero donde unos hacen por tender puentes socioculturales y hasta políticos con su mucho dinero, otros están más por prenderles fuego con billetes de a mil. La prensa ha estado especulando las últimas semanas con los malabares caritativos de Rebecca Rockefeller Lambert y Peter Gill Case, quinta generación de la dinastía petrolero-financiera estadounidense por excelencia y ecoactivistas, que han alineado sus respectivas herencias para denunciar los estragos medioambientales de la industria de los combustibles fósiles y financiar lo mismo a quienes los sufren que a quienes los combaten.

En efecto: detrás de la reciente oleada de ataques a obras de arte en distintas instituciones museísticas cometidos por el grupo de desobediencia civil británico Just Stop Oil tintinean parte de los 30 millones de dólares ―suma prácticamente similar en euros ahora mismo― que estos dos primos lejanos van a destinar a las actividades de la Equation Campaign, plataforma de concienciación sociopolítica ante los desmanes del negocio del gas y del petróleo que fundaron en 2020.

Rockefeller de paseo por la Gran Muralla china en 1929© Cortesía The Rockefeller Archive Center

Dice Gill Case, arquitecto sostenible, en carta abierta a The New York Times el año pasado:

Es hora de volver a meter al genio dentro de la lámpara. Siento que es mi obligación moral por lo que me toca. ¿Tú no harías lo mismo?

Comida durante un viaje de John D. Rockefeller III a Japón con su familia en 1958.© Cortesía The Rockefeller Archive Center

Dice David Rockefeller Jr, cuarta generación de la saga, hijo de David Rokefeller, el que fuera presidente del Chase Manhattan Bank y multimillonario más longevo del mundo hasta su muerte en 2017, a los 101 años:

No creo que mi bisabuelo pensara jamás que los petroquímicos fueran un pecado del que tuviera que redimirse algún día a través de la filantropía

 John D. —de Davison— Rockefeller, patriarca del clan y eje de la fortuna, cuando, en 1863, inmerso ya en la creciente fiebre de las refinerías con 24 años, dona 10 dólares de la época —casi 250 al cambio actual, un dineral entonces— a una misión en China.

Es la primera noticia que hay de la pulsión asiática de los Rockefeller, continuada por su hijo y sucesor, John D. Jr., y definitivamente institucionalizada por su nieto más desprendido, John D. Rockefeller III, a través de la Asian Society.

Dice David Rockefeller Jr., activista climático de la rama más moderada de la familia que ejerce de fideicomisario del Asian Cultural Council y de la Asian Society, fundada por John D. Rockefeller III en 1956 y cuyo museo en Nueva York alberga una de las mayores colecciones de obras que ejemplifican la práctica artística milenaria del continente asiático.

Lo que mi tío vio y comprendió en el transcurso de sus muchas visitas a Asia, sobre todo después de la Segunda Guerra Mundial, fue que las conexiones culturales, cimentadas en los lazos de amistad, podían ser un antídoto contra la hostilidad. Un mensaje aún más relevante e importante hoy y en el que creemos firmemente

No, no hay constancia de que algún familiar —o comando de guerrilla medioambiental pagado de su bolsillo— se haya ensañado con ellas en acto de protesta. Y eso que las tienen bien a tiro.

Hace ya un par de años que cerca de un centenar de piezas clave de ingente patrimonio en arte asiático que John D. Rockefeller III (1906-1978) y su esposa, Blanchette Hooker Rockefeller (1909-1992), fueron atesorando entre los años cuarenta y setenta del pasado siglo andan de gira. Buda y Shiva, loto y dragón se titula la magna exposición itinerante que, tras recorrer Estados Unidos, recala por fin en Europa. Primera parada, la Fundación Barrié de A Coruña. Una primicia gallega que se anuncia como muestra del valor del mecenazgo privado como impulsor del encuentro entre culturas.

David Rockefeller Jr. prefiere hablar de intercambio en positivo y de calzarse los zapatos ajenos a través de la narración del arte para comprender al otro. A propósito del dinero que, las donaciones, posibilita tal experiencia, dice:

Es una herramienta. Los que lo tenemos en exceso somos muy afortunados, pero también responsables de su correcta administración. Gastarlo sin medida siempre significa perder una oportunidad.

John D. Rockefeller se hizo multimillonario explotando los recursos naturales y satisfaciendo la demanda de petróleo y de gas de medio mundo, pero tanto él como su hijo nos transmitieron la responsabilidad de darle buen uso a ese dinero. Los miembros de mi familia, yo el primero, sabemos que debemos apoyar el arte como lenguaje universal de conexión, capaz de tender puentes entre países y expresar su diversidad, de la misma manera que tenemos que hablar en contra de los combustibles fósiles y ayudar en la transición hacia las energías alternativas, renovables. Si mi bisabuelo estuviera aquí, ahora, se quedaría horrorizado.

Hay quien achaca el talante humanista del clan a la vena calvinista que el patriarca Rockefeller habría sacado de su madre —emigrada a Estados Unidos desde Alemania en 1733, la familia procede de los hugonotes establecidos en la región de Renania tras escapar de la persecución religiosa en Francia un siglo antes— y que ha pasado de generación en generación. Lo curioso, para el caso, es cómo la mayor fortuna conocida en tiempos —en su momento equivalente al PIB de su país y levantada con el nombre de Standard Oil, el trust que durante más de cuatro décadas controló el petróleo estadounidense en plan monopolio brutal (matriz de Exxon Mobil y Chevron, las dos principales megacorporaciones de la treintena en que se dividió la compañía original por orden del Tribunal de Justicia estadounidense, que la consideraba demasiado grande y poderosa como entidad única)— ha pasado de apisonadora industrial/ multinacional a motor/agente de cambio social global. Cierto que todos los hijos de John D. Jr. se entregaron a la filantropía mientras medraban en la política y las finanzas, pero fue John D. Rockefeller III el que, además de continuar el liderazgo en la empresa paterna, más empeño puso no solo en términos de donaciones, sino también como impulsor de proyectos educativos, sanitarios, artísticos o medioambientales de alcance internacional. Se cuenta que la epifanía le sobrevino a raíz de su primer viaje a Asia, en 1929, al poco de que el colapso de Wall Street sacudiera el mundo: su percepción de la sociedad cambió para siempre al comprender que solo compartiendo esperanzas, miedos y aspiraciones sería posible el entendimiento y, con él, la paz y la prosperidad. Tenía 23 años.

Visitors to Asia House in Manhattan in the early 1960s, exact date unknown. Photo courtesy of the Rockefeller Archive Center.

David Rockefeller Jr:

En mi familia sabemos que debemos apoyar el arte como lenguaje universal. 

Dice su nieto, Charles Rockefeller (hijo de John Davison “Jay” Rockefeller IV, exgobernador demócrata de Virginia Occidental).

Blanchette Hooker Rockefeller and her son, John D. “Jay” Rockefeller IV, the future U.S. Senator from West Virginia, admire a portrait of her husband and Jay’s father, the late John D. Rockefeller 3rd. The oil painting, by the American artist and portraitist Everett Raymond Kinstler, a native New Yorker, was unveiled at the dedication of Asia Society’s new building in New York and still hangs on the building’s fifth floor. (Nancy Crampton)

Puede decirse que fue un adelantado a su tiempo. No había muchos que reconocieran el potencial de Asia entonces.

A lo largo de seis décadas, su sabiduría y nobleza han guiado a la Asian Society, a la vez que el propio continente asiático ha ido prosperando en todas las formas posibles, del poder económico a la influencia cultural.

 Simultáneamente, lo que también prosperó, y cómo, fue la colección de obras de arte de sus abuelos, un conjunto extraordinario de esculturas, cerámicas y objetos suntuarios budistas e hinduistas, de uso ceremonial o privilegio imperial, datados entre los siglos IV a. C. y el XIX cuya exposición, amén de arrojar nueva luz sobre las diversas prácticas artísticas de la historia asiática, hay que leer hoy como refuerzo de los vínculos del entendimiento cultural en nuestro propio tiempo, según Pauline Willis, directora ejecutiva de la American Federation of Arts, institución colaboradora de la muestra a admirar en la Fundación Barrié hasta el 22 de enero de 2023.

John D. Rockefeller 3rd and Mrs. Kitoshi Ishii discuss an early eighteenth-century Japanese screen titled The Thousand Flowers of the Four Seasons at the opening of Asia House. This first Asia Society exhibition, “Masterpieces of Asian Art in American Collections,” opened January 7, 1960, and was hailed as “an exhibition of singular beauty and importance” by Stuart Preston in The New York Times. In the nearly 60 years since, Asia Society has presented more than 250 exhibitions of traditional, modern, and contemporary art. (Morris Warman/New York Herald- Tribune/Rockefeller Archive Center)

Dice David Rockefeller Jr que también es director de Oceana, ONG que vela por la salud de los mares:

Para nosotros se trata de un reto histórico como fuerza cultural con influencia incluso en la discusión política. Claro que, en realidad, ni somos una fuerza gubernamental ni diplomáticos, por eso referir ciertas cuestiones resulta complicado, porque queremos preservar los lazos de amistad que nos unen a países como China, por muchas objeciones que podamos ponerle al régimen de Xi Jinping.

Por suerte, China ha descubierto que hacer dinero no lo es todo y que el desarrollo industrial y urbano desmedido resta en lugar de sumar, de ahí que haya empezado a repensar su modelo de crecimiento y esté regresando a sus valores. Y no es solo allí: hay muchas culturas, en todo el mundo, que nos pueden dar las respuestas que tanto necesitamos

On April 19, 1961, at New York City’s Town Hall, American poet and four-time Pulitzer Prize winner Robert Frost (at right) delivered remarks as a featured guest at an Asia Society- sponsored program commemorating the centenary of the birth of Indian writer and Nobel laureate Sir Rabindranath Tagore (1861–1941). Asia Society founder John D. Rockefeller 3rd, who introduced Frost at the event, described Tagore as a man with “a great deal of love for humanity, a man whose heart spoke of the inevitable loneliness and silence of life.”

Mi abuelo fue un adelantado. Entonces pocos reconocían el potencial de Asia.

John D. Rockefeller 3rd and Blanchette Hooker Rockefeller view a display of artworks from their collection in the reception area of Mr. Rockefeller’s office at Rockefeller Plaza in New York, circa 1968. It was the gift of their collection to Asia Society, announced in 1974, that inspired the building of a new and larger home to house the collection and maintain a program of changing exhibitions. Though Rockefeller did not live to see the Society’s new building, his vision was realized when the new headquarters opened at 725 Park Avenue in 1981. One of the blue and white platters in the photograph is currently on view in the Visitors’ Center as part of this installation. (Bernard Wolf)

Dos veces al año, los casi 300 descendientes vivos de John D. Rockefeller se juntan en Nueva York en las que deben de ser las reuniones familiares más multitudinarias conocidas (asistencia no obligatoria, eso sí). Lo típico: se enseñan las fotos de los nuevos retoños Rockefeller, se ponen al día y discuten las estrategias para mantener la relevancia del clan, una vez la primera fortuna de su país. Sí, hace tiempo que fue superada por los modernos magnates de la tecnología y la comunicación, pero ninguno ha logrado hasta la fecha lo que esta dinastía, habitual en los círculos de poder durante más de una centuria, pródiga en genuinos influencers con sitio en la mesa del mandatario mundial que se les antojara y, sobre todo, artífice de la narrativa sociocultural hegemónica estadounidense a partir de la segunda mitad del siglo XX.

Born in Nepal and educated in India, renowned dancer Bali Ram found fame performing to raise money for Mother Teresa, ultimately becoming an international sensation who rubbed elbows with the likes of Marilyn Monroe and Pablo Picasso. After Bali Ram moved to New York in the 1960s, John D. Rockefeller 3rd invited him to visit Asia Society, where he later gave regular performances of Indian and Nepali dance, and even occasional classes on Indian cooking. In this photo from 1964, Ram poses with a fourteenth-century sculpture of Avalokiteshvara, on loan from the Golden Temple in Patan, Nepal, for Asia Society’s “The Art of Nepal” exhibition.

The U.S. Ambassador to Japan Caroline Kennedy and her husband Edwin Schlossberg attend the opening of the Asia Society Museum exhibition “Kamakura: Realism and Spirituality in the Sculpture of Japan.” Also in attendance were Ambassador Reiichiro Takahashi, Consul General of Japan in New York, and his wife, Madame Masako Takahashi. In his remarks, Ambassador Takahashi wished Asia Society a happy 60th anniversary, noting that in Japan, a 60th birthday is especially meaningful since 60 years is the time it takes for the lunar calendar to complete a full cycle. Ambassador Kennedy praised Japan’s “deep artistic traditions” and “rich cultural history,” adding, “I’m so happy that the citizens of New York will get to have a small sense of that with this beautiful exhibition.” (Elena Olivo)

Una visita coruñesa para ver las Obras maestras de la colección de los señores John D. Rockefeller III en Asia Society bastará para comprobarlo: el tigre está en plena forma filantrópica, y el dragón, con más ganas que nunca de escupir fuego.

Charles Rockefeller at the International House of Japan, March 2018.

https://asiasociety.org/asia-society-mourns-passing-david-rockefeller

https://www.lavozdegalicia.es/noticia/cultura/2022/07/15/expo-budista/00031657883670709306101.htm

https://asiasociety.org/60-on-60-asia-society-celebrates-six-decades-in-photographs

David Rockefeller Jr.: “No creo que mi bisabuelo pensara jamás que los petroquímicos fueran un pecado del que tuviera que redimirse algún día a través de la filantropía” (msn.com)

Publicado por ilabasmati

Licenciada en Bellas Artes, FilologÍa Hispánica y lIiteratura Inglesa.

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