Los girasoles de Vincent van Gogh, amistad, pobreza y locura

La Neue Pinakothek de Múnich, la National Gallery de Londres, el Museo Van Gogh de Ámsterdam, el Sompo Museum of Art de Tokio, el Museo de Arte de Filadelfia y una colección privada de Estados Unidos poseen seis de los siete cuadros que integran la serie de los girasoles.

En marzo de 1987 obtiene resonancia mundial la noticia de la compra de un Jarrón con catorce girasoles por el magnate japonés Yasuo Goto en una subasta en Christie´s de Londres, pagando una cifra récord hasta entonces en una subasta, de 39,9 millones de dólares.

 La pintura esta ahora en el Sompo Japan Museum of Art de Tokio.

Después de la compra se plantea una controversia sobre si se trata de una auténtica obra de Van Gogh o una falsificación de Emile Schuffenecker

Una polémica resuelta en 2002 con la publicación de un informe conjunto del Museo van Gogh de Amsterdam y del Art Institute de Chicago que confirma la autenticidad del cuadro.

 Aunque matiza que Schuffenecker restaura la obra y realiza pequeños retoques propios

De la serie hay tres cuadros similares con catorce girasoles en un jarrón, dos con doce girasoles, uno con tres y otro con cinco.

Van Gogh pinta los primeros cuatro cuadros en agosto de 1888, cuando vive en Aelés, en el sur de Francia y otros tres similares en enero del año siguiente.

Las pinturas están todas ejecutadas en lienzos de cerca de 90 x 70 cm.

Usa un pigmento en sus girasoles, el amarillo de cromo o cromato de plomo, al cual deben su misterioso y enigmático color.

La descomposición del cromato de plomo por efecto de la exposición a la luz convierte el amarillo brillante original en un tono pardo verdoso.

Febrero de 1888. Cansado de París, de los ritmos y la indiferencia de la gran ciudad, de las rivalidades entre los pintores, Vincent van Gogh se instala en Arlés, un pueblo del sur de Francia.

Un periodo en el que crea la serie de los girasoles, iniciada en agosto de 1888 e integrada por siete obras

Está fatigado y Busca armonia, además de unas condiciones que le permitan pintar.

Su anhelo es descubrir un Japón cercano y personal y, aconsejado por Tolouse Lautrec y se decide por Arlés, en la Provenza.

Pinta sin descanso. Empieza con una vieja mujer arlesiana, un paisaje con nieve, una vista del final de una calle con la tienda de un salchichero… mal alimentado y con poco dinero.

Estoy en un arrebato de trabajo, le escribe a su hermano Theo

Llega la primavera y la transformación del paisaje de Arlés le fascina.

Nada se le resiste, todo le interesa, pinta puentes y caminos, granjas, molinos, carteros, naturalezas muertas.

Escribe a Theo, espera a su amigo Gauguin, bebe vino malo, hace un pedido de colores (amarillo de cromo, bermellón, azul de Prusia, verde veronés, verde esmeralda…), sufre, mira, recuerda, lee a Maupassant, Balzac, Victor Hugo, roba higos y piensa en la muerte.

Pinta mucho y muy rápido y vive un verano de 1888 decisivo.

Declara a Theo que su deseo de triunfar está quebrado, que trabaja por distracción y para sufrir menos, que su vacío se agranda.

Que las enseñanzas de París se están evaporando y que regresan las ideas que en el pasado, antes de conocer a los impresionistas, le transmitió la naturaleza.

Estoy en vena de pintar, con el ardor de un marsellés comiendo la sopa de pescado, lo que te asombrará, porque se trata de pintar los grandes girasoles.

Escribe a su hermano el 15 de agosto.

Tiene tres telas en preparación y las concibe como decoración para el estudio en el que le gustaría vivir con Gauguin y otros artistas.

Plantea una sinfonía en azul y amarillo, trabajando desde muy temprano porque las flores se marchitan en seguida.

Pronto anuncia un cuarto cuadro (su intención es hacer 12), un ramo de 14 flores sobre fondo amarillo que será una variación simplificada de una naturaleza muerta de membrillos y limones compuesta un tiempo antes.

En su etapa arlesiana, tan fecunda en términos artísticos, tan llena de carencias en casi todos los demás aspectos, Van Gogh acaba de encontrar un motivo iconográfico por el que será mundialmente conocido. 

Hay girasoles anteriores en la obra de Van Gogh (los que realizó en París en 1887, cortados y marchitos, fueron admirados por Gauguin), pero el tratamiento es muy distinto al de esta serie, cuyo desarrollo se concentra en dos momentos, agosto de 1888 (cuatro cuadros) y enero de 1889 (tres).

Es un verano frenético para el artista, que también pinta jardines, cafés, retratos, cielos estrellados, cita a Petrarca y a Boccaccio y sospecha que la poesía es más terrible que la pintura.

Y regala en sus cartas algunas frases memorables:

Mañana voy a dibujar hasta que llegue el color.

Se abisma en un proceso que es al mismo tiempo de expansión y de repliegue. Reconoce el mérito de Seurat y Signac, su éxito en la búsqueda de nuevas formas, pero él está en otra coordenada: la recuperación privada de estímulos indagatorios preparisinos, con el instinto y el ánimo:

de un pintor japonés esencial e inagotable que anhela una fusión definitiva con la naturaleza y que padece «una lucidez o una ceguera de enamorado por el trabajo«.

Los girasoles aparecen en número variable según las obras (entre tres y catorce), siempre en un jarrón sencillo que queda integrado en el conjunto

Los girasoles aparecen en número variable según las obras (entre tres y catorce), siempre en un jarrón sencillo que queda integrado en la formulación cromática del conjunto.

El artista utiliza el amarillo, un color de su predilección, en numerosas variantes, con derivaciones y asociaciones con el ocre, el naranja y el marrón.

En el Jarrón con tres girasoles y el Jarrón con cinco girasoles, ambos de agosto (y los que menos flores reúnen de toda la serie), modifica y oscurece su discurso.

Gauguin llega a Arlés y conviven varios meses.

En noviembre le dice a Van Gogh que ha visto un cuadro de girasoles de Monet muy hermoso, pero que los suyos son mejores.

 La relación se deteriora:

Creo que Gauguin está un poco decepcionado de la buena ciudad de Arlés, de la casita amarilla donde trabajamos y sobre todo de mí, escribe a su hermano…

 y el 23 de diciembre Vincent ataca a su amigo con una navaja de afeitar con la que seguidamente decide mutilarse: se corta una oreja.

Un episodio que acaba con él en un hospital psiquiátrico.

La compleja relación con Gauguin

En los meses que comparten en Arlés, Gauguin retrata a Van Gogh pintando girasoles, un motivo que se convierte en símbolo de la relación entre los dos artistas, en la que se mezclan la amistad, la admiración y la rivalidad.

Su proyecto de creación de una colonia de pintores no llega a realizarse.

El cuadro ofrece, con su composición inestable y tensa, pistas sobre el choque de caracteres entre los dos.

Gauguin muestra a un Van Gogh enfermizo y maquinal, de mirada cansada y mortecina, cuyo ánimo establece correspondencias con el complicado trasfondo cromático de la obra.

El impulso estival, inaugural y decorativo de los girasoles de agosto se reconduce en los de enero en términos de modulación anímica a partir de un concepto de repetición plástico-iconográfica.

Son los meses que separan las últimas ilusiones del artista del comienzo de su descenso final.

 Van Gogh abandona Arlés en mayo de 1889, un año y dos meses antes de su suicidio.

El Jarrón con cinco girasoles es destruido en la Segunda Guerra Mundial.

Quisiera pintar de manera que, en rigor, todo el que tuviera ojos pudiera ver claro.

Amistad, pobreza y locura: así pintó Van Gogh ‘Los girasoles’ (msn.com)

https://es.wikipedia.org/wiki/Los_girasoles

Publicado por ilabasmati

Licenciada en Bellas Artes, FilologÍa Hispánica y lIiteratura Inglesa.

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