Sert

Sert juega al ajedrez en la playa cercana a su casa de Long Island en Nueva York. Fue un regalo de su gran amigo Calder, que sabía de la gran afición de Sert por el ajedrez.
Calder regaló al matrimonio Sert varias obras suyas, como El Corcovado, un móvil en recuerdo de un viaje que hicieron juntos a Brasil, pieza que les acompañó en todas sus casas, que ahora sus descendientes han vendido por pasa de un millón de euros

Si uno cambia de lenguaje cada tres o cuatro años, cometerá errores sintácticos permanentemente. Es mejor dominar un lenguaje y hacer finalmente una obra de literatura

Sert es el ejemplo glorioso y trágico del optimismo radical de las vanguardias, así como de la corta e intensa historia de la arquitectura moderna de España Represaliado e inhabilitado por Franco se instala en 1941 en Estados Unidos donde creó el Town Planning Associates. Durante 13 años realizó proyectos urbanísticos en Brasil, Colombia, Perú y Venezuela. En Cuba aceptó el encargo del dictador Fulgencio Batista para ampliar La Habana, un proyecto que afectaba a un millón de personas. “Renunció a sus ideas para construir la obra de su vida y frente a sus detractores, alegaba que los regímenes dictatoriales caen, pero el urbanismo y la arquitectura quedan”.

Gropius dice de él que une el espíritu mediterráneo con el Nuevo Mundo.

Josep Lluís Sert (1902-1983) estudia en la Escuela Superior de Arquitectura de Barcelona.

El arquitecto Josep Lluís Sert en su despacho, en una imagen del álbum de su mujer Moncha.Sert fue profesor de arquitectura en la Universidad de Yale y decano de la de Harvard, entre 1953 y 1969. Con socios americanos construyó por todo Estados Unidos centros comerciales, residencias y edificios de oficinas. “En todos refleja su atmósfera mediterránea y el canon que adoptó de las construcciones ibicencas”, insiste la autora. Fuera de Estados Unidos construyó la embajada de los Estados Unidos de Bagdad (1955-1963), “una auténtica desconocida en peligro de desaparecer”, el taller Joan Miró en Palma (1955) y la Fundación Maeght en Saint Paul de Vence (1965).

Tras colaborar en París con Le Corbusier y Pierre Jeanneret, 1931 abre estudio en Barcelona.

Felicitación de año nuevo de Le Corbusier a Sert. Una amistad les unía desde su primer encuentro de Barcelona en 1928. Décadas después, Sert fue su colaborador en la construcción del único edificio de Le Corbusier en EEUU, el Carpenter Center de Harvard.
En París, junto a su gran amiga Charlotte Perriand. Se conocieron trabajando en el estudio de Le Corbusier, donde llamaban cariñosamente a Sert “Pepet” y a Charlotte “Lolotte”.




1937-1939 vive de nuevo en París y después emigra a América.

Sert propone una arquitectura racional y actual que tenga en cuenta las peculiaridades regionales.

Casa de fin de semana en el Garraf realizada junto a Torres Clavé, uno de sus grandes colaboradores. Obra de juventud que ya muestra las constantes de la arquitectura de Sert.

1930 funda el Grup d´Artistes i Tecnics Catalans per al Progres de la Arquitectura Contemporania (GATCPAC).

1931 funda la revista A.C. Documentos de Actividad Contemporánea.

Portada de Miró en 1934 para la revista D’Ací i d’Allà dirigida por Sert y Joan Prats durante su época barcelonesa, años que también destacan por su estrecha implicación en el GATPAC (Grupo de Arquitectos y Técnicos Catalanes para el Progreso de la Arquitectura Contemporánea).

1947-1956 es presidente de los CIAM.

Junto a Walter Gropius y Le Corbusier en 1949 durante el séptimo CIAM (Congreso Internacional de Arquitectura Moderna), donde Sert entró en contacto con grandes figuras de la arquitectura del siglo XX. Sert, Gropius y Le Corbusier, de izquierda a derecha, hacia 1949. ARCHIVES CHARLOTTE PERRIAND.Walter Gropius, la Bauhaus y Le Corbusier, con el que le unió una amistad desde que lo descubrió en 1926 y lo invitó a viajar a Madrid y Barcelona para enseñarle el trabajo de su admirado Gaudí. Sert fue el alumno aventajado que, tras su exilio, introdujo el legado de Le Corbusier en América.

Es profesor en la Universidad de Yale y decano en la Facultad de Diseño de la Universidad de Harvard (1953-1969).

Sert y su mujer Moncha, en 1939, en una foto de Ise Gropius del álbum familiar.Su mujer Ramona Longás, Moncha, hija de una portera de la que no se separó, pese a que su madre nunca la aceptó y dejo de hablarle.

Sert se interesa mucho por el urbanismo. Participa en el diseño de un plan para Barcelona (1933-1935) y desarrolla planos para varias ciudades sudamericanas como Lima, La Habana, Chimbote etc, con el objetivo de mejorar las condiciones de vida urbana.

Croquis de la Ciudad de Motores (1944) proyectada por Sert en Brasil. A lo largo de los años proyectaría diversos planos urbanísticos para Sudamérica, explorando las ideas de urbanismo que más tarde recuperaría en su labor docente en Harvard y que a su vez han servido como punto de inicio para el trazado de otras ciudades posteriores.

1942 publica ¿pueden sobrevivir nuestras ciudades?

Los marcos de aceros del Pabellón Español de la Exposición de Paris de 1937 están totalmente rellenos de cristal y una rampa arqueada conduce al patio interior con su gran toldo.

Maqueta del pabellón de España en la Exposición Internacional de París, 1937.Mientras Picasso trabajaba a toda máquina en el taller de la Rue des Grands-Augustins, las obras también avanzaban con retraso en la parcela asignada al Gobierno republicano en el Trocadero, a los pies de la Torre ­Eiffel. Allí tenía como vecino al neoimperialista pabellón alemán diseñado por Albert Speer, el arquitecto de Hitler, que a su vez competía en altura, frente a frente, con el soviético de Borís Iofán. En un acto típico de la diplomacia de los años treinta, ambos proyectos fueron galardonados ex aequo con la medalla de oro. La ­ expo de París se inauguró el 25 de mayo. El pabellón español lo hizo el 12 de julio. Los retoques duraron hasta final de ese mes. Pese a la calcu­lada tibieza de las potencias ­europeas, el objeto del proyecto comisariado por el filósofo José Gaos no era otro que recabar el apoyo internacional en defensa de la República.
Mientras Picasso trabajaba a toda máquina en el taller de la Rue des Grands-Augustins, las obras también avanzaban con retraso en la parcela asignada al Gobierno republicano en el Trocadero, a los pies de la Torre ­Eiffel. Allí tenía como vecino al neoimperialista pabellón alemán diseñado por Albert Speer, el arquitecto de Hitler, que a su vez competía en altura, frente a frente, con el soviético de Borís Iofán. En un acto típico de la diplomacia de los años treinta, ambos proyectos fueron galardonados ex aequo con la medalla de oro. La ­ expo de París se inauguró el 25 de mayo. El pabellón español lo hizo el 12 de julio. Los retoques duraron hasta final de ese mes. Pese a la calcu­lada tibieza de las potencias ­europeas, el objeto del proyecto comisariado por el filósofo José Gaos no era otro que recabar el apoyo internacional en defensa de la República.
Un año antes, con el estallido de la Guerra Civil, el gabinete de Largo Caballero había visto en la exposición parisiense una oportunidad de difundir la causa de la España leal. De ahí el carácter eminentemente político de una muestra que aunaba propaganda, vanguardia y artes populares, y que terminó convirtiéndose en una selección efímera de grandes nombres. Para ello fue decisivo el nombramiento como embajador en Francia de Luis Araquistáin, con Max Aub como agregado cultural. Fue Araquistáin el que pensó como arquitecto en Josep Lluís Sert, un destacado discípulo de Le Corbusier que llegaría a decano en Harvard. Al mismo tiempo, las morosas autoridades de Madrid habían ofrecido el proyecto a Luis Lacasa, miembro del Partido Comunista e impulsor de la Alianza de Intelectuales Antifascistas para la Defensa de la Cultura, que en julio de ese mismo año iba a celebrar su segundo congreso en Valencia.

A diferencia de otras construcciones de la exposición que tienen un carácter monumental, el Pabellón Español es ligero y abierto.

El estadounidense Alexander Calder fue el único artista no español con obra en el pabellón. Su Fuente de mercurio, una escultura móvil que incluye el texto “Almadén” escrito en alambre, subrayaba la dimensión económica de la Guerra Civil.La premura de tiempo llevó a Lacasa, más afín al llamado regionalismo castellano que al “simplismo de Le Corbusier”, a desechar su primera idea: construir “a la española”, es decir, con piedra y ladrillo. La experiencia de Sert con estructuras vistas y módulos prefabricados fue decisiva para levantar, “en seco” y a toda velocidad, un edificio de planta libre cuya primera piedra se colocó el 27 de febrero.
El arquitecto y diseñador Josep Torres Clavé creó para el pabellón una butaca de madera con respaldo de cuerda inspirada en la sillería ibicenca. La empresa Mobles 114 la sigue produciendo.La obra de Sert y Lacasa se convirtió ella misma en pieza destacada de aquella antología de la arquitectura, el diseño y las artes plásticas marcada por el Guernica, pero engrosada también por obras hoy clásicas: un mural pintado in situ por Joan Miró en el rellano de la escalera ( El segador), una butaca diseñada por Josep Torres Clavé y esculturas tan icónicas como El pueblo español tiene un camino que conduce a una estrella, de Alberto Sánchez; La Montserrat, de Julio González (Gaos la prefirió a la abstracta Mujer ante el espejo , otro icono), o la fuente de mercurio de Almadén de Alexander Calder, el único artista no español de la muestra. Y envolviéndolo todo, los fotomurales del cartelista Josep Renau, que durante la guerra ejerció como director de Bellas Artes.

A la espalda del ‘Guernica’, fuera del pabellón, Picasso expuso una copia en cemento de la escultura ‘Dama oferente’ de 1933 (en la imagen, a la izquierda). Picasso cedió además varios grabados y esculturas, como la cabeza de mujer, a la derecha, que se colocó a la entrada del pabellón.El 25 de noviembre, la Exposición de París cerró sus puertas y comenzó el precipitado desmontaje de la sede española. El Guernica inició un viaje que no le traería a España hasta 1981 y el mural de Miró se perdió para siempre. En 1992 una versión del pabellón se levantó en La Vall d’Hebron (Barcelona) y desde 2001 una copia de la escultura de Alberto Sánchez ocupa la plaza del Reina Sofía. Muchos de los protagonistas de aquellos meses de 1937 murieron en el exilio.

A la izquierda, Joan Miró pintando in situ su ‘Pagès catalá en rebel·lió’, un mural de 5 metros conocido también como ‘El segador’. Desmontado el pabellón en noviembre de 1937, la obra terminó perdiéndose para siempre. En el centor, ‘La Montserrat’, del barcelonés Julio González, que utilizó un lenguaje más realista en esta escultura de una campesina catalana con un niño en brazos y una hoz en la mano (actualmente, en la colección del Museo Stedelijk, de Ámsterdam). A la derecha, ‘El pueblo español tiene un camino que conduce a una estrella’, de Alberto Sánchez. La escultura —de 12,5 metros— , es una proclama vanguardista frente al compromiso político ligado al realismo. Hoy se encuentra en la plaza del Museo Reina Sofía.
Taller Sert. En 1957 Sert concibe un taller en Mallorca para su gran amigo Miró, donde la obra arquitectónica busca ante todo responder a las necesidades del artista que regresa a sus raíces en la isla, tanto su madre como su esposa tienen sus orígenes en Mallorca.
En el interior del Taller Sert parece como si el tiempo se hubiera detenido. Junto a los pinceles, lápices o paletas del artista, aparecen elementos de su universo personal y creativo: piedras, recortes o siruells mallorquines que acompañaban e inspiraban a Miró en el día a día.

1959-1964 la Fundación Maeght de Saint Paul de Vence, formada por varios patios y galerías, combina las secciones de fachada rectas con extensiones de la cubierta redondeadas con forma de conchas unas y de cuadrantes otras.

El edificio de la Fondation Maeght en Saint Paul de Vence de 1964 engloba su arquitectura con las artes visuales que tanto inspiraban a Sert. Un entorno en constante conversación con la naturaleza y el Mediterráneo como telón de fondo.
Miró y Sert estudian juntos la maqueta de la Fondation Maeght. Su amistad se prolongará durante décadas con una profunda admiración mutua: en sus edificios Sert solamente utilizará la paleta de colores de Miró.

1963-1965 la residencia de estudiantes Peabody Terrace de la Universidad de Harvard en Cambridge, Massachusetts, consta de tres casas altas y varios edificios mas bajos, unidos entre sí por puentes.

Peabody Terrace (1961), ideada como complejo de viviendas para estudiantes casados en Harvard, está considerada por el propio Sert y por muchos como su obra culmen en América. Da una vuelta de tuerca a la unidad vecinal, guardando la escala humana en un complejo de grandes dimensiones.

En esta ocasión Sert consigue crear una arquitectura habitable en espacio reducido.

Fernand Léger junto a la esposa de Sert, Moncha. Ambos formaban un perfecto tándem profesional y personal que aunaba el agudo sentido del humor de Josep Lluís con la gracia y el estilo de Moncha. Sus fiestas en Cambridge fueron legendarias.
Can Pep Simó, Punta Marinet (Ibiza). En los años 60, Sert regresa a Ibiza con varios edificios que encarnan la esencia de su arquitectura: el blanco como tono predominante y el cubismo como forma, evitando la ornamentación excesiva para poder crear en simbiosis con el entorno.
Los diversos croquis de Sert para el ebanista de Punta Marinet en Ibiza recogen su síntesis de modernidad y tradición, así como su predilección por trabajar con artesanos locales y materiales autóctonos en cada uno de sus proyectos.
En Estados Unidos también concibe y construye diferentes edificios de su época de madurez, como este edificio de viviendas sociales en 1974 en Yonkers, Nueva York, que cierra el círculo de este tipo de construcción ya iniciado décadas atrás en Barcelona con la Calle Rosellón y la Casa Bloc.

En la Fundación Miró de Barcelona, las superficies serenas del complejo con sus cubiertas transitables crean un marco adecuado para las piezas expuestas en ella, aunque la arquitectura conserva su autonomía formal que es mas solida y compacta que en obras anteriores.

En 1968, el inicio del proyecto de la Fondació Miró en Barcelona manifiesta el sueño de ambos artistas de una obra en la que sus dos voces encuentren una simbiosis total.
El recorrido del edificio de la Fundació Miró propone distintos caminos, como capillas a lo largo de las naves de una iglesia, que definiría el arquitecto Bruno Zevi.
Durante una visita a las obras de la Fondació Miró en 1973, Sert se refiere enfáticamente a la fuerza simbólica de la estructura de una de las torres.

Publicado por ilabasmati

Licenciada en Bellas Artes, FilologÍa Hispánica y lIiteratura Inglesa.

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