¿Lujo después de la muerte? Rahotep y su mujer Nofret, 2570 a.C. Escultura funeraria

100000 a.C. los entierros de homínidos en Skhul y Oafzeh incluyen comida y herramientas lo que implica la creencia de la vida tras la muerte.

2600 antes a.C. artesanos egipcios tallan una escultura funeraria del faraón Kefren.

700-500 a.C. en Grecia están los Kuroi, en los cementerios en honor de los fallecidos.

400 a.C. el sarcófago de los esposos etruscos presenta una escultura de una pareja en un banquete de ultratumba.

300 a.C. se entierran guerreros y caballos de terracota cerca de la tumba del emperador chino Shi Huangdi para protegerlo del más allá.

Desde 100000 años o más remontándonos al Paleolítico Medio, los hombres entierran a sus muertos en lugares especiales reservados para tal fin.

Los arqueólogos han encontrado restos humanos en zonas de cuevas y en yacimientos funerarios, a menudo acompañado de herramientas y alimentos.

Estos objetos son la prueba de que celebraban algún tipo de rito funerario lo que sugiere que creían en la vida tras la muerte.

En el Neolítico, los yacimientos se vuelven más complejos y muchos se señalan con grandes piedras (megalitos) o incluso con estructuras de piedras.

Mientras que las tumbas neolíticas contienen objetos que pueden haber pertenecido al fallecido en la Edad de Bronce (hace 5000 años) los restos humanos se hacen con objetos hechos especialmente para la ocasión, como joyas, herramientas ornamentales y armas, y otros enseres que se consideran útiles para la vida después de la muerte.

Durante este periodo, el tamaño de las tumbas y la calidad del ajuar que albergan empieza a reflejar la categoría social del finado.

Anteriormente no hay  jerarquía en los yacimientos funerarios, pero a medida que gobernantes, nobles y líderes militares cobran protagonismo, disfrutan de tumbas mas ostentosas, rodeadas de esplendidas obras de arte funerario en forma de decoración y escultura.

Estas tumbas de la realeza y la aristocracia proporcionan los mismos lujos de los que habían disfrutado sus ocupantes en vida, además de ser un homenaje a su grandeza.

Se construyen edificios impresionantes, como las pirámides del Antiguo Egipto, para albergar las tumbas de los grandes líderes.

El arte funerario florece por primera vez en los reinos del antiguo Egipto.

3000 a.C. nace la tradición de enterrar a los faraones y sus familias en tumbas suntuosas y se ponen las bases del arte egipcio que tiene un objetivo ritual, relacionado con la muerte.

Se crea una escultura del fallecido, a menudo sentado, que se coloca en la tumba junto al cuerpo.

Aunque se hace un gran esfuerzo para conservar los restos, los egipcios creen que el ka (el alma o fuerza vital) abandona al cuerpo al fenecer.

La escultura de la tumba se considera un lugar de descanso permanente para el difunto.

El contenido de la tumba está asociado con los rituales y ceremonias diseñados para asegurar el tránsito a la otra vida.

Por lo que las esculturas son más que representaciones conmemorativas de los fallecidos, cumplen con una función especial en nombre del muerto.

Las paredes de las tumbas están adornadas con relieves o escenas pintadas en la pared.

A menudo representan el cuerpo del difunto en estado de preparación para la otra vida por dioses como Anubis el dios de la momificación con cabeza de chacal.

En estas pinturas funerarias se hallan los ejemplos de la postura del arte egipcio, con la cabeza y las piernas de perfil, pero el torso de frente.

En la pared final del periodo dinástico, el Libro de los Muertos, una guía para el mas allá en forma de hechizos e instrucciones, también se incluye en la tumba.

Uno de los hechizos ilustrado en el libro es el peso del alma.

El corazón del fallecido se pesa en una balanza con la pluma de Maat, la diosa de la verdad.

Si ambos están en equilibrio, el alma vivirá eternamente, pero en caso contrario, el fallecido es condenado a la no existencia y devorado por el monstruo que todo lo engulle.

Rahotep y Nofret. A diferencia de las esculturas regias situadas en las salas exteriores de los complejos fúnebres, las del interior son de gran realismo.

1871 cuando el arqueólogo francés Auguste Mariette descubre las representaciones de Rahotep y su mujer Nofret en Meidum, al sur del Cairo, los trabajadores huyen despavoridos por los ojos brillantes que poseen.

El príncipe Rahotep es un noble egipcio, miembro de la corte del faraón y merecedor junto a su mujer, de un funeral en una mastaba, un edificio que alberga un templo y una sala fúnebre.

Gracias a la sequedad del clima egipcio, las esculturas se conservan muy bien.

Talladas en caliza, las representaciones muestran a Rahotep y Nofret sentados en una silla de respaldo alto, con una postura formal y un brazo encima del pecho.

El arte egipcio es simbólico y ejerce una función ritual para beneficiar al fallecido en la otra vida.

El cuerpo se pone en posición vertical mirando hacia adelante, a la eternidad.

Las manos cerradas pegadas al pecho, como en la imagen de Rahotep y Nofret, puede significar veneración la pintura de ambas esculturas se conserva en excelente estado.

Rahotep tiene el cabello negro y luce bigote fino, como es habitual durante el Imperio Antiguo (2600-2130 a.C.).

Lleva una falda blanca corta (shenti) y un sencillo collar con un amuleto en forma de corazón.

Nofret viste una túnica blanca larga y se adorna con un collar de joyas brillantes, una diadema pintada con motivos florales sujeta una peluca larga.

Como es habitual en el arte egipcio, el hombre tiene un color de piel rojo oscuro mientras la mujer es muy pálida.

Ambos tienen los ojos de azul intenso que son en realidad cuarzo pulido.

A pesar del realismo de las esculturas, estas no son retratos precisos del fallecido, sino mas bien representaciones realizadas según el estilo canónico o tradicional.

La identidad de ambas figuras se consigna en las inscripciones jeroglíficas de los respaldos.

Las esculturas funerarias son el depósito eterno del Ka o espíritu de los fallecidos de manera que dichas inscripciones permiten que el Ka halle el cuerpo correcto en el mas allá.

Los jeroglíficos datan del Imperio Antiguo y las esculturas muestran mucha destreza así como muchas de las convenciones artísticas que apenas cambian durante 2500 años.

Muchas de las esculturas y tumbas reales egipcias son creaciones imponentes y algunas tardan décadas en construirse.

El complejo piramidal de Gizeh, erigido en el 2500 a.C. incluye las pirámides de los faraones, Keops, Kefrén y Micerino, además de una de las esculturas más antiguas y grandes del mundo, la Gran Esfinge (2530 a.C.) dedicada a Kefrén.

También es excepcional los templos de Ramsés II (1279-1213 a.C.) en Abu Simbel, en la orilla occidental del Nilo, cuya construcción se prolonga 20 años.

El complejo incluye dos esculturas gigantes de Ramses II en su trono.

Además de las esculturas, las tumbas reales también contienen numerosos útiles como los que se encuentran en las tumbas de Tutankamón (1323 a.C.) en el Valle de los Reyes de Tebas, hallada por el egiptólogo ingles Howard Carter en 1922.

Cuando abre un pequeño agujero en la antesala de la tumba solo distingue animales extraños, estatuas y oro por todas partes.

Cuando acceden a la sala, esta llena de tesoros, desde esculturas de tamaño natural, hasta joyas, carros, cofres y cajas con telas.

Un ajuar funerario como el que se encuentra en la tumba de Tutankamón refleja el estilo de vida del difunto

En el caso del faraón además de los adornos de la realeza hay varios bastones, lo que lleva a pensar que el joven faraón sufre una deformidad en los pies.

Habitualmente los objetos funerarios incluyen representaciones del muerto, como máscaras y bustos.

El cuerpo se encuentra en un ataúd protegido a veces por un sarcófago, ambos decorados por pinturas y grabados.

Estas muestras de refinamiento no son exclusivas de la aristocracia.

Es muy probable que los ciudadanos comunes no fuesen enterrados en tumbas tan suntuosas pero los nobles son acompañados al descanso eterno por escultura de sus siervos para que siguieran atendiéndolos en el más allá.

Estas esculturas incluyen a escribas sentados con las piernas cruzadas y con papiro y plumas, así como representaciones de siervos domésticos y mujeres cocinando.

Estas figuras funerarias son más pequeñas que la de los nobles, siguiendo la costumbre artística egipcia de la proporción jerárquica, según la cual el tamaño de una figura se correspondía con la categoría y la importancia de la persona.

La gran riqueza del arte funerario egipcio llega a su fin después de 3000 años cuando la influencia de los imperios griego y romano se extiende por todo el Mediterraneo con su propio sistema de creencias.

Los griegos desarrollan una sólida tradición escultural y aunque sus tumbas son muy sencillas, del siglo VII-V a.C. los Kuros (representaciones del cuerpo masculino ideal) sirven para señalar las tumbas.

Para los etruscos y los primeros romanos, las provisiones para el más allá son importantes.

El ajuar funerario suele incluir recipientes con alimentos.

En el siglo II a.C. los sarcófagos romanos grabados con relieve siguiendo el estilo griego clásico contienen los cuerpos de los ciudadanos ricos y poderosos acompañados de esculturas de tamaño real de los finados.

Pero estas imágenes no desempeñan un papel en la vida del difunto en le mas allá, sino que ensalzan su vida.

http://www.historiadelartedospuntocero.com/2019/07/estatuas-de-rahotep-y-nofret-2360-ac.html

Publicado por ilabasmati

Licenciada en Bellas Artes, FilologÍa Hispánica y lIiteratura Inglesa.

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