Alblecht Durer

Autorretrato

Núremberg, 1471-1528). Pintor y grabador alemán

Autorretrato

Tiene gran capacidad de trabajo, 57 años de vida le bastan para legar 120 cuadros, 350 xilografías y 100 grabados en cobre. 

Némesis o “Grossen Glücks“, de Alberto Durero (Museo Albertina, Viena). Aunque en principio se trataba de una representación de la diosa Fortuna, su estética predominantemente alemana, alejada de la imagen amable de la mitología italiana, la convirtió popularmente en una revisión de la diosa de la venganza. La figura celltral se muestra de riguroso perfil, renunciando al canon de belleza universal para adquirir un mayor naturalismo. La inestabilidad que se le atribuye sobre la esfera que la sostiene está equilibrada con el movimiento de los ropajes flotando y las enormes alas que ocupan buena parte de este enorme grabado.


Se conservan además 1.200 dibujos.

Hijo orfebre originario de Hungría que emigra en 1455 a la ciudad de Núremberg, donde se establece y casa en 1467.

El padre del pintor de Alberto Durero (National Gallery, Londres). Alberto Durero el Viejo, padre del artista, fue quien le inició en los primeros conocimientos de la pintura. Este cuadro data de 1497. 
Retrato de su madre, 1490

El origen familiar, además del ambiente cultural y artístico de Núremberg, explican lo precoz de la vocación artística de Durero.

Su familia vive cerca de la casa de los Pirckheimer, y Willibald el humanista, es uno de los intimos y valedores del artista, y Michael Wolgemut, el pintor con el que Alberto da los primeros pasos.

Otra clave de su formación son sus viajes de juventud, el primero de ellos en 1489, cuando parte para la región del Alto Rin, visitando Basilea y Colmar.

Es en la primera de estas dos ciudades en la que tiene noticia de la muerte de Schongauer, al que tenía intención de conocer en Colmar; a pesar de este acontecimiento, no deja de visitar la ciudad.

1493, Durero vive en Estrasburgo y al año siguiente regresa a su ciudad natal, donde se casa con Agnes Frey, pero a los dos meses de la boda inicia su primer viaje a Venecia (1494-1495).

Autorretrato con cardo, 1493

Durante la ida, al atravesar los Alpes, realiza acuarelas paisajísticas, verdadero descubrimiento de la naturaleza por parte del renacimiento del norte, y en Venecia entra en contacto con Bellini.

Molino, de Alberto Durero (Bibliotheque Nationale, París). En esta acuarela puede apreciarse el elaborado detallismo casi obsesivo con que trabajaba el pintor, capaz de dominar todo tipo de técnicas pictóricas y de grabado. El turbio reflejo del agua del río y el paisaje popular que muestra en esta obrita demuestran el puntilloso talento de Durero. 

Ahora Durero ya ha realizado varios autorretratos, tanto dibujados como en pintura.

1498 realiza el conservado en el Museo del Prado.

Autorretrato a los 26 años de Alberto Durero (Museo del Prado, Madrid). Se puede decir que en este cuadro, el artista aparece como un arquetipo del retrato renacentista. Muestra media figura un tanto ladeada, con un brazo apoyado y, al fondo, una ventana por la que se ve un paisaje convencional.
Apocalipsis de San Juan, de Alberto Durero (Biblioteca del Museo Correr, Venecia). Las xilografías del Apocalipsis que realizó en 1498 supondrían el mayor logro artísti1 co de Durero, tanto por su 1 contrapunto estético y religioso con la Última Cena de Leonardo da Vinci como por el terror social que se había propagado entre los milenaristas, que auguraban el Día del Juicio Final dos años después. Varios hechos catastróficos alentaron esta fortuita paranoia, como la caída de un enorme meteorito en tierras alemanas, las riadas del Tíber y el nacimiento de seres malformados tras los continuos brotes de peste que asolaron todo el continente. Durero, profundamente religioso, quedó muy marcado por estos miedos, que plasmó con total desparpajo en estas monstruosas estampas que describen la invasión terrenal de las fuerzas del mal. 
Huida a Egipto, de Alberto Durero (Gemaldegalerie, Dresde) Perteneciente a la serie de Los Siete Dolores de María, se repite en este panel de 1495 una de las escenas más habituales de sus grabados de encargo, en la que la Virgen marcha apesadumbrada llevando en brazos al Niño perseguido por las hordas de Herodes. Narrativamente corresponde al segundo de los paneles, serviría de modelo para otras pinturas de autores de su época, como Lucas Cranach, quien se inspiraría para su Crucifixión de 1 503 en la especial disposición de las cruces que aparece en la Lamentación de María, última de las casullas de este ciclo a petición del elector Federico de Sajonia.

Es al regreso de Venecia cuando Durero abre taller propio en Núremberg.

Se termina su etapa de aprendizaje.

Altrar de Dresden, 1426

Es en estos años finales del siglo XV cuando realiza sus primeras grandes series de xilografías, como  la Gran Pasión y El Apocalipsis, que constituyen uno de los pilares de su fama.

Son también los años del inicio de su relación con Federico el Sabio y otros amigos humanistas, que culminan con el célebre Autorretrato de la Alte Pinakothek de Múnich (1500), verdadero icono de una nueva época para todo el renacimiento alemán.

Autorretrato
Autorretrato con pelliza de Alberto Durero (Staatsgemaldesammlungen, Mun1ch). En el año 1500, Durero se representó a modo de imitatio Christi. El hieratismo, la mirada sin fondo, el aire obsesivamente trascendente, han hecho de esta pintura un símbolo universal. Y ello quizá por su tremenda ambigüedad, producto de aquellas mentalidades antagónicas que coexistían en el cambio del siglo XV al XVI: por un lado, la mentalidad medieval que veía en todo arte una emanación divina y, por otro, la nueva mentalidad renacentista que hacía del hombre el protagonista de la historia y, del artista, un émulo de Dios.
La Adoración de los Magos de Alberto Durero (Gallería degli Uffizi, Florencia). Obra de 1504 que lleva la fecha y la sigla de Durero en la piedra que está en primer término, a los pies de la Virgen. La influencia italiana es enorme y se nota en la composición que escalona ruinas y personajes, en el colorido y en la luz. En el más soberbio de los Reyes, el que se alza de pie en el centro y domina la composición, Durero pintó su autorretrato. El asno, símbolo de la vieja Ley, parece amenazar con sus rebuznos la nueva Revelación que el Nacimiento supone. 

1505-1507, Durero realiza su segundo viaje a Italia, visitando Venecia y, posiblemente, Roma.

Joven veneciana de Alberto Durero (Kunsthistorisches Museum, Viena). Pintado en 1505, durante la segunda estancia de Durero en Italia, con este cuadro se inicia una nueva fase en la obra del artista, a la que no es ajeno el arte de Giovanni Bellini. El color y los efectos lumínicos, la velada alegría de esa enigmática sonrisa y la gama de matices, dan al retrato de la dama un aire italianizante. El traje, al parecer típicamente milanés, añade aún otro interrogante a esta obra maestra, que quedó inacabada y que podría ser la Gioconda del Norte.

Se trata de una estancia, la de Venecia, muy bien documentada por la existencia de diez cartas que desde allí envía a su amigo Pirckheimer.

 En esta ocasión Durero es recibido en la ciudad italiana como artista famoso: allí es considerado como un señor, como él mismo dice en una célebre misiva a su amigo, quien, por otra parte, había costeado su viaje.

De estos momentos son obras tan importantes como La Virgen del Rosario (Palacio Sternberk, Praga), realizada para la iglesia de San Bartolomé, el templo de los alemanes en Venecia, cuya iconografía es una llamada a la concordia entre el papa Julio II y el emperador Maximiliano i, entonces en guerra, y Cristo entre los doctores (Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid), pintada, como el mismo artista dice, en cinco días, probablemente en Roma.

La Virgen del Rosario (Palacio Sternberk, Praga), realizada para la iglesia de San Bartolomé, el templo de los alemanes en Venecia, cuya iconografía es una llamada a la concordia entre el papa Julio II y el emperador Maximiliano i, entonces en guerra, 1506.Instauración de la fiesta del Rosario de Alberto Durero (Narodni Galerie, Praga). Obra encargada por la Fundación de Comerciantes Alemanes en 1506, durante su estadía en Venecia. También se lo conoce como el Retablo de las guirnaldas de rosas. 
.Jesús entre los doctores de Alberto Durero (Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid). En 1506, el artista realizó este cuadro y en él puso una inscripción en latín que reza: “obra hecha en cinco días”. La hermosura y juventud de la figura de Jesús, en el centro, contrasta con la vejez y fealdad casi caricaturesca de los doctores que lo rodean. Destaca, además, la expresividad de las manos que constituyen el foco de atención del cuadro.

Este segundo viaje a Italia supone el periodo de madurez de Alberto Durero.

A partir de este momento, hay un personaje consciente de su valía y en posesión de una sólida formación teórica y en pleno dominio de sus facultades.

El Retablo Paumgartner de Alberto Durero (Aite Pinakothek, Munich). En este retablo, el artista aporta al tema, de tradición medieval, una novedad profana, al retratar en las alas del retablo a los hijos del donante bajo la apariencia de santos: Stephan como San Jorge, a la izquierda, y Lukas como San Eustaquio, a la derecha. 
El Retablo Paumgartner de Alberto Dmero (Aite Pinakothek, Munich). En el centro del retablo, las diminutas figuras que asisten al Nacimiento son, a la izquierda, varios miembros de la familia Paumgartner y, a la derecha, la esposa del donante y dos de sus hijas. 

La huella del clasicismo italiano, unido a sus preocupaciones religiosas, marcan ya el resto de su carrera hasta su muerte.

Dos pinturas como Adán y Eva (Prado), realizadas en 1507, solo tres años después de la estampa del mismo tema, son un buen indicio de sus preocupaciones por el tema de la belleza del cuerpo humano y por el de la teoría de las proporciones.

Adán y Eva, de Alberto Durero (Germanisches Nationalmuseum, Nuremberg). Este grabado de 1504 revela la preocupación del artista por las proporciones ideales del cuerpo humano, inspirado por los estudios anatómicos de Leonardo da Vinci. Para Adán se basó en el canon clásico de un apolíneo Hércules, mientras que para Eva en la idealización de Venus. Las imágenes de desnudos tienen para Durero una doble significación que responde por un lado a las proporciones universales de la belleza y por el otro a su correspondencia fiel con la realidad. Con la intención de convertir a la pareja bíblica en símbolo universal, puso a sus pies la analogía de los cuatro temperamentos, representados por un anta para la melancolía, una liebre para el carácter sanguíneo, un buey para el flemático, y un gato para el colérico.
Adán y Eva, de Alberto Durero (Museo del Prado, Madrid). Uno de los temas fundamentales en la obra de Durero son los dos primeros pobladores del Paraíso. En estas dos tablas gemelas de 1507 de tamaño natural rompe ligeramente con la posición de las figuras, cuyas siluetas se recortan en contraste con el contorno y el fondo aportando una extraordinaria sensualidad al conjunto. Pintadas de regreso a Nuremberg, evidencian su elevado conocimiento de los pintores renacentistas italianos en el torneado y el detallismo de los dos cuerpos. 

Una buena muestra de sus intereses religiosos y los de sus comitentes -recordemos que nos encontramos en el agitado ambiente espiritual de la Alemania de los inicios de la Reforma- es la tabla de La Santísima Trinidad, también conocida como Altar Heller, cuya iconografía se relaciona con La ciudad de Dios de san Agustín, así como series de estampas, como la Vida de la Virgen (1511), o la Pasión grabada (1510), auténticas exploraciones en el carácter divino, pero también humano, de los personajes clave de la Redención.

Adoración de la Trinidad por Todos los Santos de Alberto Durero (Kunsthistorisches Museum, Viena). Cuadro realizado por encargo de Martín Landauer para la capilla del Hospital de los Doce Hermanos de Nuremberg. Esta composición con tantos personajes Durero la resolvió dividiéndola en tres niveles: el terrenal, el intermedio y el divino. El mismo Durero aparece en el cuadro sosteniendo una cartela con su nombre y la fecha de realización del cuadro. 
Izquierda: El emperador Cariomagno de Alberto Durero (Germanisches Nationalmuseum, Nuremberg). Tabla realizada hacia 1 512, en la que aparece el emperador ataviado con los ropajes que lució en su coronación. Derecha: El emperador Segismundo de Alberto Durero (Germanisches Nationalmuseum, Nuremberg). Tabla con el retrato del emperador germánico, y rey de Hungría y Bohemia, con el cetro y los emblemas de sus dominios.

El cenit de la obra grabada de Durero la constituyen sus llamadas tres estampas maestras.

Virgin and child with a pear, 1512

En El caballero, la muerte y el diablo (1513) nos proporciona una de las mejores imágenes del caballero cristiano, el miles christi, un tipo humano y cultural clave para el llamado humanismo cristiano, cuyo mejor representante es Erasmo.

El caballero, la muerte y el diablo1513.

En San Jerónimo (1514) esta la mejor representación del intelectual cristiano de este momento.

San Jerónimo en su estudio, de Alberto Durero (Museo Albertina, Viena). En esta obra maestra del grabado sobre plancha de cobre de 1 513 se pone de manifiesto el pensamiento humanista de Durero, sintetizando en la expresión del concentrado santo la actitud enérgica y decidida de los cristianos. Comparada con otras xilografías encargadas en 1492 por el impresor Nicolás Kessla. en ésta confiere mayor realzado a los detalles, aunque pervierte el realismo en la disposición del león, manso como un canto adormilado junto a un perrillo faldero. El autor siempre plasmaría al santo encerrado en su celda o haciendo penitencia en el desierto, admirado por el ejemplo de reflexión e intelectualidad del beso, un claro icono de la fe reformista.
San Jerónimo, de Alberto Durero (Museo Nacional de Arte Antiguo, Lisboa). Pintado en 1521, este retrato idealizado del santo reflexivo es una pieza maestra de su dominio de la línea, como se evidenoa en la retorcida barba rizada de San Jerónimo, en las páginas recortadas de los volúmenes que destacan en el margen inferior, en el detallado talle de la calavera y, sobre todo, en la fuerza psicológica que contiene la expresión cansada del anciano, quien señala con un dedo el lugar físico del pensamiento mientras se sostiene su cabeza con la mirada atormentada dirigida hacia el espectador, advirtiéndole del dolor y la fatiga del eJercicio mental.
Retrato de Michael Wolgemut de Alberto Durero (Germanisches Nationalmuseum, Nurem’ berg). Fechada en 1 516, no fue obra de encargo, sino que Durero la pintó para poseer un retrato de su maestro. Tres años más tarde, el pintor añadía a la inscripción “Murió el día de San Andrés antes que el sol se pusiera” Al igual que en el dibujo de su madre, la fuerza interior domina el rostro de este anciano de 82 años de edad con una intensidad extraordinaria; la mocencia, la pureza de sus ojos claros contrasta enormemente con la dureza de su perfil de hueso.

En Melancolía I, una de las más célebres imágenes de la historia, Durero aporta su idea del artista como personaje melancólico absorto en profundas e intelectuales cavilaciones.

Melancolía, de Alberto Durero (Germanisches Nationalmuseum, Nuremberg). Es uno de los grabados más famosos de Durero; en él se ha querido ver no sólo un autorretrato íntimo del propio artista, sino la esencia misma del humanismo universal. La desesperanza de esta figura alada ilustra a la vez los peligros y las satisfacciones de la investigación intelectual y la vida contemplativa, siendo asimismo una imagen prototípica del espíritu creador, del hombre a solas consigo mismo, simbolizando la antítesis de la apreciación que tenía Durero por otro personaje pensativo como San Jerónimo.

1515, Alberto entra en estrecha colaboración con el emperador Maximiliano I.

Por medio de programas artísticos como el Carro triunfal, el Arco de triunfo o la ilustración de libros como el Weiskunig o el Theuerdank, Durero crea una de las iconografías del poder más potentes de toda la historia, que culminan en el Retrato de Maximiliano I (Kunst­historisches Museum, Viena).

1520-1521, Durero hace un viaje a los Países Bajos del que deja un diario.

La gran carroza de Alberto Durero (Graphische Sammlung Albertina, Viena). Detalle del Gran  Cortejo Triunfal del emperador Maximiliano 1, serie de xilografías realizadas en 1518. 

 En este viaje del que también conservamos numerosos dibujos, visita a artistas como Quinten Massys, Joachim Patinir, Bernard van Orley o Conrad Meyt y conoce a humanistas de la talla de Erasmo y a políticos como Margarita de Austria y Carlos V.

Virgen de la pera, 1525

Los últimos años del artista suponen preocupaciones religiosas, presentes en su interés por las ideas de Lutero, su relación con Erasmo de ­Róterdam, del que estampa un célebre retrato ya en 1526 y, sobre todo, en unas pinturas como Los cuatro apóstoles, de la misma fecha, verdadero testamento espiritual del artista.

Los cuatro Apóstoles de Alberto Durero (Aite Pinakothek, Munich). El artista hizo donación a su ciudad, Nuremberg, de estas dos tablas. Llevaban al pie largas inscripciones autógrafas basadas en el Nuevo Testamento de Lutero, pero al pasar a Munich se cortaron los textos. Existe una extensa bibliografía sobre la interpretación de estas figuras y hasta se ha visto en ellas los cuatro temperamentos humanos. Así, San Juan representaría el temperamento sanguíneo; San Pedro, anciano, el temperamento flemático; San Pablo, el temperamento melancólico, y San Marcos, el temperamento colérico. 

 Pero son los años de especulaciones teóricas del arte, cuando a través de publicaciones como sus Cuatro libros acerca de la proporción humana (1528), Instrucciones sobre la manera de medir con el compás y la es­cuadra en las líneas, los planos y los cuerpos sólidos (1525) o La teoría de la fortificación de las ciudades, los castillos y los burgos (1528), genera una importante obra escrita.  

The Siskin, 1506

Fuentes

https://elpais.com/ccaa/2019/01/28/catalunya/1548710042_094702.html

https://elpais.com/ccaa/2019/01/28/catalunya/1548710042_094702.html

https://www.arteespana.com/albertodurero.htm

https://www.arteespana.com/albertodurero.htm

Publicado por ilabasmati

Licenciada en Bellas Artes, FilologÍa Hispánica y lIiteratura Inglesa.

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