Lorenzo Lotto

Autorretrato

Lorenzo Lotto (Venecia, 1480–Loreto, 1556/57) es uno de los grandes retratistas del Renacimiento por la variedad de tipologías que emplea, por la profundidad psicológica que imprime a los modelos, y por su inteligente uso de los objetos para definir el estatus, las aficiones y las aspiraciones de los modelos.

Lotto, que conoce tanto el éxito como el fracaso, cae en el olvido tras su muerte y es a finales del siglo XIX cuando Bernard Berenson (1865-1959) lo rescata como el primer pintor italiano preocupado por representar los estados de ánimo y, consecuentemente, como el primer retratista moderno.

Esta interpretación encuentra terreno abonado en una sociedad cada vez más interesada por los aspectos profundos del individuo, y no parece casual que Berenson sea coetáneo de Sigmund Freud (1856-1939) y los inicios del psicoanálisis.

Trabaja en su Venecia natal, Treviso, Bérgamo, Roma y Las Marcas, realizadas durante cincuenta años.

Las primeras traen ecos de Antonello da Messina tamizados por Alvise Viviarini, su maestro, y Giovanni Bellini, a los que se agregaron elementos nórdicos (principalmente Durero), de Giorgione, Rafael, Leonardo y, en la década de 1540, de Tiziano. Lotto reelabora estos aportes hasta dotarse de un discurso propio.

Son retratos con un formidable potencial narrativo que invitan a imaginar las vidas de los efigiados y dan fe de una Italia en profunda transformación.

Inicios en Treviso

1495. La primera actividad de Lotto se sitúa en Treviso, al norte de Venecia.

Lotto es entonces un pintor subyugado por el mito de Antonello da Messina, activo en Venecia en 1475-76; un influjo tamizado por la mediación de otros pintores.

La técnica de sus primeros retratos remite a Alvise Vivarini, probablemente su maestro, pero según modelos de Giovanni Bellini, gran experto entonces de la pintura veneciana.

A ello se unen influencias nórdicas directas (en Treviso trabajaban artistas germánicos), e indirectas, a través de grabados.

Este componente alemán se acentúa tras la llegada de Durero a Venecia a fines de 1505.

La etapa trevisana es feliz para Lotto.

Allí traba relación con importantes intelectuales como el obispo Bernardo de’ Rossi, y su prestigio se extendió a localidades como Asolo, donde pinta para Caterina Cornaro, última reina de Chipre.

Una situación similar vive en Recanati, en Las Marcas, y su trabajo hasta entonces le sirve de trampolín para su gran desafío: Roma, donde llega probablemente por mediación de Bramante, arquitecto de San Pedro.

Allí, en 1509, se documenta trabajando en las estancias de la Signatura y de Heliodoro.

Nada sobrevive de este trabajo, cubierto por los frescos de Rafael.

Bérgamo, 1513-1525

Micer Marsilio Cassotti y su esposa Faustina, el Prado 1523

1511-12 Tras el fracaso romano, Lotto vuelve a Las Marcas (Recanati y Jesi), donde pinta algunos retratos presentes en la exposición (Museo Thyssen-Bornemisza y Uffizi), antes de instalarse en Bérgamo en 1513.

1521 es allí, donde alumbra algunos de sus mejores retratos, encargados por una alta burguesía rica y ambiciosa dispuesta a aceptar soluciones novedosas.

A instancias de ella, Lotto experimenta con todas las modalidades de representación, en términos tan originales que no tiene parangón en el arte italiano de la época.

Introduce novedades relevantes tanto en el retrato único como en el doble, pero también en el criptorretrato y en el retrato incluido en contextos devocionales.

Son retratos vivos, que reflejan al mismo  tiempo el elevado estatus social de los efigiados y su sofisticación intelectual, con abundantes referencias a la mitología, al arte clásico y a la cultura emblemática, y cuyo común denominador es su capacidad para dialogar con el espectador.

El retrato matrimonial

Lorenzo Lotto responde a la libertad que le conceden las élites bergamascas con esquemas representativos inéditos.

El más innovador es sin duda el del retrato matrimonial, que reúne a los cónyuges dentro de un mismo campo visual, acompañados de objetos y elementos susceptibles de una lectura simbólica.

 Se ha sugerido un origen del Norte de Europa para esta tipología y, ciertamente, existieron retratos de familia anteriores en Flandes y Alemania, pero dada la formación de Lotto, tampoco puede descartarse el influjo del arte clásico, tanto a través de la escultura como de la numismática y la glíptica.

Lotto recurre para estos retratos, la mayoría de los cuales se asocian a la prominente familia Cassotti, a un novedoso formato horizontal que, probada su eficacia, trasladaría en Venecia al retrato individual.  

Regreso a Venecia

Retrato de Andrea Odoni

1525 Lotto reapareció en Venecia en el invierno provisto de los recursos expresivos y formales desarrollados en Bérgamo.

El panorama pictórico es más dinámico que nunca, en línea con la renovatio urbis (renovación de la ciudad) preconizada por el gobierno del dux Andrea Gritti (1523-1538).

 El retrato es sin embargo el género pictórico más sujeto a convenciones pasadas, centrado en personajes de alto linaje mostrados en composiciones de media figura o tres cuartos.

Ello explica el éxito de las novedosas propuestas de Lotto, quien adapta el formato apaisado de los retratos matrimoniales a los individuales, incorporando en el campo visual un espacio que hablaba, ya fuera por los ademanes de los efigiados o por los objetos que los acompañaban.

De estos años datan algunas de sus creaciones más memorables, con figuras deliberadamente enigmáticas en dinámicas composiciones de considerable tamaño.

Lotto y los dominicos

Matrimonio místico de Santa Catalina, 1523, Lorenzo Lotto (Bergamo, Accademia Carrara). A la izquierda, detrás de la silla de la Virgen, emerge la figura de uno de los mecenas del artista y comitente de la obra, Nicolò Bonghi. En la parte superior del cuadro podemos ver pintado de verde el gran trozo que falta.

A su llegada a Venecia en 1525 Lotto se hospeda con la comunidad dominica de Santi Giovanni e Paolo, a cuyo tesorero, Marcantonio Luciani, retrata entonces.

 Es posible que poco después se le encargara la gran pala de altar que preside esta sala: San Antonino repartiendo limosnas, culminada a principios de la década de 1540.

Su vinculación con los dominicos, sobre todo con su rama observante, es intensa.

En el testamento de 1531 expresa el deseo de ser enterrado con el hábito dominico y parte de sus honorarios por San Antonino procedían de las predicaciones de Fray Lorenzo de Bérgamo, cuyo retrato cuelga más adelante.

Otro dominico, Angelo Ferretti, aparece retratado con los atributos de San Pedro Mártir en la última sección de la exposición. Este ámbito propone de hecho una reflexión sobre la relación entre retrato y pintura religiosa, y sobre uno de los debates más candentes en el arte del momento: el del paragone, sobre los méritos respectivos de la pintura y la escultura.

Libertad en las marcas

Retratp de caballero 1536

Pese a éxitos parciales, Lotto no obtiene en Venecia el triunfo deseado.

La competitividad genera enemistades y estas propician algún fracaso.

 Algo se rompe dentro de él y, en una carta de esta época, confiesa tener la mente muy alterada por diversas y extrañas perturbaciones.

Durante su estancia en Venecia Lotto no descuida su relación con Las Marcas, donde enviaba obras con regularidad y adonde finalmente se traslada, probablemente en busca de un ambiente artístico menos estresante.

1534 esta en Ancona, en 1535 en Jesi, de nuevo en Ancona en 1538 y en 1539 en Macerata y Cingoli, donde trabaja para las menos sofisticadas clientelas locales.

Vierte en estos retratos lo experimentado en Bérgamo y Venecia, pero empiezan a prodigarse en ellos los personajes singulares y tristes, como el caballero de la Borghese, en sintonía con el estado anímico del propio Lotto.

Solo, sin fiel gobierno y muy inquieto de mente

1540, en el umbral de los sesenta años, Lotto regresa de nuevo a Venecia, para abandonarla dos años después rumbo a Treviso. Allí, entre 1542  y 1545, pinta algunos de sus retratos más intensos, en los que plasma, sin idealización, el irreversible y demoledor efecto del dolor y la vejez.

La mayor parte de ellos están revestidos de la propia melancolía del pintor.

Un velo de tristeza, casi una sombra de muerte, se extiende sobre quienes posan frente a su caballete y, paradójicamente, sus lujosas indumentarias asumen casi el valor de una vanitas.

Son retratos cuya sobriedad cromática y compositiva reflejan el impacto de Tiziano, más en el terreno formal que en el conceptual, pues Lotto rehuye la idealización de sus modelos.

1545 Lotto regresó a Venecia por última vez y el 25 de marzo de 1546 redacta un segundo testamento, que incluye la confesión que titula esta sección: Solo, sin fiel gobierno y muy inquieto de mente.

Santa Lucía ante el juez, Retablo de santa Lucía, 1532, Lorenzo Lotto (Ancona, Pinacoteca Civica)
Santa Lucía ante el juez, Retablo de santa Lucía, 1532, Lorenzo Lotto (Ancona, Pinacoteca Civica)

Fuentes

https://www.aparences.net/es/periodos/lorenzo-lotto-biografia-y-obra/

https://www.museodelprado.es/actualidad/exposicion/lorenzo-lotto-retratos/4efebe6a-ba81-ab76-08b9-83363fb32538

Publicado por ilabasmati

Licenciada en Bellas Artes, FilologÍa Hispánica y lIiteratura Inglesa.

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