Pieter Bruegel el Viejo, El vino de la fiesta de San Martin (1566-67), Museo del Prado, Madrid

El reciente descubrimiento, autentificación, restauración y adquisición por el Prado de esta obra de Bruegel el Viejo que se creía perdida, es uno de los mayores acontecimientos de esto últimos años.

Muy estimado por sus contemporáneos, la fama de este autor alcanza su apoteosis en el siglo XX desbordando el cauce de los meros especialistas y aficionados al arte, no solo porque se ha convertido en uno de los pintores flamencos mas apreciado por el publico general sino porque es inspiración de poetas, novelistas, filósofos y cineastas.

Es fascinante y enigmático.

La modernidad de Bruegel, muerto Jan van Eick en 1441, los precedentes más inmediatos son El Bosco y Joachin Patinir.

La modernidad de Bruegel, muerto Jan van Eick en 1441, los precedentes más inmediatos son El Bosco y Joachin Patinir.

Sus maestros son Pieter Coecke van Aelst, con cuya hija se casa y Hieronimus Cock, a los que se puede añadir su suegra una virtuosa   miniaturista, Mayken Verhulst.

No se conoce bien como fragua su particular estilo durante el ultimo lustro de su vida entre 1465 y 1469.

Karen van Mander autor del Libro de los pintores (1604) da información del autor cuando todavía viven sus dos hijos artistas, Jan Bruegel y Pieter Bruegel el Joven.

Van Mander informa de su inscripción como maestro en el gremio de pintores de Amberes en 1551, de su viaje a Italia, de su boda con Mayken Coecke y de su instalación en Bruselas.

Inicia un viaje a Italia en 1552, poco después de obtener el reconocimiento como maestro del gremio de Amberes.

Recorre la península itálica, pues llega hasta Sicilia.

El viaje de ida lo hace en compañía de Martin de Vos y Jacques Jonghelinck y otra información lo vincula con Giulio Clovio en Roma.

Viajar a Roma se convierte en una obligación para los artistas flamencos a partir del XVI.

Es difícil saber la huella de Bruegel esta estancia en Italia, al margen de que no opta por la pintura de historia convencional como sus compatriotas sino por géneros considerados entonces menores, como el paisaje y las escenas costumbristas que tampoco constituyen una novedad en los Países Bajos entonces, aunque repite el impacto que le produce la visión alpina de la que toma apuntes.

Como paisajista, elige un punto de vista elevado, influido por la afición manierista por lo excéntrico, pero mostrando siempre gran detalle y cierto trasfondo filosófico para aprovechar la visión de altura como demostración de su comprensión del cosmos cada vez mas inabarcable que es un desafío a la capacidad de observación cognitiva del observador.

No se puede explicar de otra manera la enorme enjundia de uno de sus primeros cuadros como La caída de Icaro (1555-1558) pintado después de su instalación de Amberes que desafía la capacidad de síntesis del observador.

En este periodo en Amberes a la sombra del artista empresario que es Hieronymus Cock, propietario de la imprenta A los cuatro vientos, Bruegel se dedica a producir dibujos y cuadros al estilo del Bosco.

Genera interrogantes que desafían los esquemas históricos asentados como la separación entre lo medieval y lo renacentista.

Algo que contrasta en el bullicioso moderno universo burgués de los Países Bajos.

Se veneran estas escenas populares moralizantes que se inscriben en los redeirjker, en los que se escenifican los instintos mas primitivos de naturaleza tragicocómica atribuibles al mundo rural.

Algo estudiado por Mijail Bajtin en su ensayo La cultura popular de la Edad Media y el Renacimiento. El significado de Francois Rabelais, donde profundiza sobre el significado de la persistencia de lo carnavalesco.

Este rico entramado icónico que plantea su trayectoria no se debe simplificar con etiquetas ni encuadres estilísticos o con divisiones cerradas que se refieren a las etapas de evolución del autor.

Las etapas no son compartimentos estancos y el curso de su evolución fluye deambulando como una exploración.

La obra que pinta en el ultimo lustro de su vida entre 1565-1569 alcanza la plenitud.

Como explica Aldous Huxley desde un inicio Bruegel concibe la composición de manera diferente a la tradicional, que remarca como invierte el punto de atención de afuera hacia adentro en vez de al contrario, como hace el resto de sus colegas, lo que según el escritor británico propicia ese equivoco de la moderna ironía, por el que la escena terrible puede oscilar entre lo trágico y lo cómico.

Una misma situación puede ser a menudo tanto trágica como cómica, según los ojos de quien la contemple.

El vino de la fiesta de San Martin, la obra descubierta y adquirida por el Prado, pertenece a ese deslumbrante periodo final del autor.

Pintada al temple sobre el frágil soporte de una sarga, el deterioro sufrido por el tiempo hace dudar al ser descubierto sobre la posibilidad de salvar lo esencial de la tela.

Afortunadamente se logra a través de una esmerada restauración que honra al Prado.

Se completa la información documental y critica, porque hay una fecha esbozada que ayuda a datar la obra con precisión en 1566 o 1567.

También se rastrea la historia del cuadro que pertenece a la colección de los Gonzaga, duques de Mantua, y posteriormente al duque de Medinaceli a finales del XVII, donde se mantiene hasta 1956.

La importancia de este cuadro no es solo su autor, el que pertenece a la mejor etapa final, sino al gran tamaño algo que no es usual, al tema y a la composición.

La importancia de un cuadro no es su tamaño sino su capacidad narrativa, en este caso la grandeza responde por igual a la dimensión física de la tela, al tema y al modo pictórico de plantearlo.

En la pirámide del primer plano se apiñan sobre un tonel rojo de vino, aupado sobre un andamiaje de madera, al que todo el mundo trata de encaramarse para obtener el vino

Cada figura esta individualizada, desde un punto de vista, físico, moral o sicológico y además subyace un punto de vista simbólico alegórico a la representación del día de San Martin, el 11 de noviembre, con el que se concluye la vendimia y se inicia el ciclo agrícola invernal.

Esta explosión de desenfreno popular no solo esta asociada a la cata colectiva del primer vino cosechado sino al largo periodo de ayuno previo a la Navidad, los 40 días del llamado Adviento.

Tras un primer plano donde ninguna figura ni acción tiene desperdicio, hay un horizonte en cuyo lateral esta la puerta de Bruselas, mientras que en el lado derecho, esta una aldea rural, como de arrabal.

La ciudad y la aldea unen en diagonal que reúne dos estilos de vida muy diferentes, fiel reflejo de lo que ocurre en los Países Bajos sino es la representación de la modernización de la Europa occidental a partir del siglo XV.

La tensión entre el mundo urbano y el mundo rural, entre la burguesía y el campesinado, tiene su confrontación dialéctica entre la oposición entre el desmayado borracho del primer termino de la izquierda y la figura ecuestre de San Martin partiendo su capa para distribuirla entre los menesterosos en la derecha.

La convergencia en pirámide del vicio, como una multitud de lombrices que se retuercen para conseguir su objetivo es centripeta, mientras que la virtud en el caballo es centrifuga.

La estructura triangular, como un ojo, aquí un tonel de vino, no puede obviar su valor simbólico como la representación ocular de la divinidad profanada, con lo que se entiende los dos puntos de sus bases.

Esta conjetura se solapa con el tema del gran cisma que se desarrolla en el XVI que no solo es el de la Reforma y la Contrarreforma sino el que divide la conciencia moderna de la que Bruegel es testigo.

Publicado por ilabasmati

Licenciada en Bellas Artes, FilologÍa Hispánica y lIiteratura Inglesa.

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