Rousseau, Chardin y La raya

Jean Jacques Rousseau (1712-1778) no comparte el optimismo de la Ilustración.

En su primer trabajo El discurso sobre las ciencias y las artes (1750) que premiado por la Academia de Dijon le proporciona inmediata celebridad, advierte que es un error creer -como creen los ilustrados- que la virtud y las costumbres mejoraran a medida que progresan las ciencias y las artes.

Rousseau cree lo contrario, que el progreso de la civilización lleva la decadencia de las costumbres, a la regresión moral de la sociedad.

Su segundo escrito, Discurso sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad entre los hombres (1755) -también respuesta a una iniciativa de la Academia de Dijon, que en 1753 plantea la desigualdad como objeto de nuevo concurso público- es una crítica radical de toda la sociedad moderna (por tanto, de nuevo en la idea del progreso).

Desde su perspectiva -que considera errónea e injusta la evolución de la sociedad desde el estado natural del hombre-, la invención de la propiedad, necesaria a la evolución de la humanidad, es para Rousseau la causa de desigualdad entre los hombres y mas aun, como la razón ultima de todos los males sociales (lo que le lleva a dos de los argumentos que va a desarrollar en El contrato social: libertad e igualdad como los dos mayores bienes del hombre; la voluntad general como fundamento de la igualdad y de toda la política que aspire a desigualdad dominante).

La idea de igualdad no es ajena al pensamiento ilustrado, aunque no tuviera la importancia de los conceptos libertad, felicidad o tolerancia.

La idea de igualdad natural, es esencial en el debate sobre el derecho natural (el propio Rousseau así lo muestra en la primera parte del Discurso sobre la desigualdad) y en los debates que la Ilustración asume con originalidad y oportunidad innegables como en la igualdad de sexos, o sobre la emancipación o igualdad jurídica de los judíos, o sobre el tema de la esclavitud y su posible abolición (aunque el movimiento abolicionista más eficaz, el británico no parte de la ilustración sino de los cuáqueros y de evangelistas).

Rousseau piensa que el concepto de igualdad es una exigencia social mas que un principio filosófico.

El radicalismo social del Discurso sobre la desigualdad -un texto esencial- se aparta del pensamiento ilustrado.

El Discurso no gusta en los salones ilustrados, hecho que el psicológicamente obsesivo, inestable y complicado Rousseau tomo a mal.

Voltaire lee el Discurso como filosofía de mendigo.

Rousseau nace en Ginebra y es de origen modesto, en una familia de artesanos relojeros, es una personalidad difícil, inestable, sensible, hipersensible, neurótico, obsesivo, contradictorio, no es ni por aproximación lo que luego dicen de él: el defensor del buen salvaje y el retorno a la naturaleza, el ideólogo de la democracia de masas.

En Emilio (1761) propone un nuevo tipo de educación que favorezca el pleno desarrollo de la personalidad de los niños en un entorno natural, es decir libre de las convenciones y restricciones autoritarias de la vida social.

En Profesión de fe de un vicario saboyano defiende frente a la religión institucionalizada, una especie de deísmo genérico basado en sentimientos morales y espiritualidad del hombre y en la simple conciencia individual.

El eje de su filosofía moral y política expuesta en El contrato social (1762) son los conceptos de pacto social como origen del Estado y de voluntad general como fundamento de la soberanía.

Es decir el pueblo reunido como único soberano legitimo de la comunidad política y el gobierno como agente de la voluntad general.

El único gobierno legitimo para Rousseau es un Estado regido por leyes emanadas de la voluntad general, cuya soberanía es inalienable e indivisible;

una democracia directa, popular, asamblearia, bajo un gobierno mero ejecutor del mandato popular.

El Contrato Social tiene en su época 13 ediciones entre 1762-1789.

Emilio tiene 22 ediciones y Julia o La nueva Eloisa (1761) en torno a 50 ediciones, y sus lectores no son revolucionarios sino damas de la aristocracia y de la sociedad acomodada francesa, que adoptan algunas de las directrices que Rousseau da en su libro; la madre como nodriza, paseo por el campo y el cuidado directo y personal del niño.

Adulado y combatido por igual, Rousseau es contradictorio.

Exalta los principios modernos de libertad e igualdad, pero critica todo lo que en el siglo XVIII se entiende como progreso histórico.

Postula con éxito de público una educación humanizada y cariñosa y abandona a sus cinco hijos en un hospicio.

Jean Batiste Simeon Chardin 1699-1779 y La Raya o el interior de la cocina

Pintado en 1725 cuando el pintor cuenta 26 años, La raya es un cuadro de gran ambición, no solo por el gran tamaño, sino por la interesante y compleja composición que exhibe.

Sabedor  de ello, lo utiliza para ganarse el favor de los académicos.

La Raya sintetiza toda la brillante trayectoria de Chardin.

Porque se decanta por el estilo pictórico de los Países Bajos, no demasiado en boga en Francia.

Por señalar su especialización en bodegón, un género poco considerado desde el punto de vista académico pero respaldado por la creciente demanda de clientela burguesa.

En tercer lugar, porque demuestra su inclinación por lo material de la naturaleza y por el sentido escenográfico de su composición.

Se articula el eje central sobre la armazón clásica de un eje clásico piramidal, cuyo eje central es la raya despanzurrada que cuelga de un gancho, como el buey de Rembrand.

Incorpora otro elemento dramatizador en la figura de un gato que se pasea por encima del pescado y ostras, un truco tradicional de animación intrigante, que mas tarde el artista reitera en sus naturalezas muertas, para no distraerse con lo anecdótico.

Dignifica modernamente los géneros menores e influye en posteriores pintores como Goya, Paul Cezanne, Henri Matisse, Pablo Picasso o Chaim Soutine.

Habla de intimidad en la pintura y lo que hace es nacionalizar la influencia extranjera mediante un espíritu de síntesis, es decir reduciendo el número de objetos representados.

Frente al modelo holandés Chardin sabe despojarse de lo anecdótico e imponer un modelo compositivo de un sentido elegante y racionalista que se puede definir como muy francés

Publicado por ilabasmati

Licenciada en Bellas Artes, FilologÍa Hispánica y lIiteratura Inglesa.

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