Théodor Gericault

Fallecido con 33 años, su perfil es el patrón del modelo romántico, por lo que con asiduidad se le compara con su contemporáneo Lord Byron, cuya corta existencia novelesca es casi tan interesante como su obra.

Muy jóvenes para participar en levantiscas revoluciones y las épicas gestas bélicas que propicia Napoleón, han de inventarse sus batallas propias y escándalos en el terreno privado y en el público.

Byron se da a conocer en 1812 con Peregrinacion de Childe Harold, Gericaul también ese año expone en el Salón Oficial de cazadores Guardia imperial cargando, lo que implica que la fama de ambos se consolida en una docena de años de producción artística.

Los dos se afanan por una vida rápida y peligrosa y ambos culminan su existencia con un fallecimiento precipitado en plenitud artística.

Gericault nace en Rouen, en un entorno familiar acomodado que no impide su viva agitación por la revolución, pero conoce la tragedia intima al fallecer su madre cuando cuenta 10 años.

Su educación intelectual es esmerada y tras finalizar sus estudios en el Liceo Imperial Louis le Grand, no encuentra obstáculo para desarrollar su vida artística, en cuyo periodo de formación pasa por los talleres de Carle Vernet y Pierre Narcise Guerin.

El primero un especialista en el género épico de batallas, transformado después en pintor de caballos, detalle relevante para Gericault, un apasionado de la equitación, y el segundo mentor un virtuoso davidiano.

Aunque Gericault termina siendo un autodidacta a la sombra del Louvre, así asombra que con solo 21 años se presenta en el Salon con la obra antes citada, pero al margen de la obra realizada y el resto que confecciona, continua con su aprendizaje artístico, terminando con un paso nada académico por Italia en donde fue a parar en parte para romper con una peligrosa aventura amorosa emprendida con Modeste de Saint Martin, casada con Jean Baptiste Caruel, su tio.

Antes de este viaje a Italia Gericault da muestrs de genialidad corroborada por representaciones de escenas de guerra, algunas tan siniestras como las que ilustran la retirada de Rusia y la destrucción de la Grand Armee, así como algún escalofriante retrato, el del Campesino vandeano de datacion dudosa.

Tras su regreso a Paris, sin aminorar su aventurera existencia, tiene la necesidad de la ambición de una obra maestra absoluta, que tras muchas dudas y estudios termina siendo La balsa de la Medusa, exibida en el Salón en 1819, obteniendo una de las medallas de oro no sin antes tener una gran polémica y luego llevada a Inglaterra donde es mostrada al público durante dos años.

Hay dos factores que influyen en su concepción estética, el primero es haber sido el iniciador de la corriente pictórica del romanticismo del color, que se enfrenta al romanticismo de la línea.

Gericault explota una vertiente tardía del romanticismo que en Francia se conoce como el Romanticismo Noir, que se sumerge de lleno en el goticismo macabro, un mundo de fantasmas sobrenaturales, ensoñaciones terroríficas y morbosas representaciones naturalistas de la fealdad, del sufrimiento y del deceso.

Muestra en La balsa de la Medusa con el reportaje, es decir cifrar épicamente un suceso de actualidad, el santo seña del periodismo hasta hoy.

Durante dos años buscos el tema en un principio se centro en el Affaire Fualdés, el secuestro y asesinato de un jacobino por parte del terrorismo blanco de la Restauración en el que este revolucionario superviviente es llevado a una casa de lenocinio y es degollado y despojado de una gran suma de dinero que lleva.

Aunque tenia todo el morbo para ser escandalo publico Gericaul entiende que es difícil de plasmar en un lienzo y lo desecha en favor del naufragio de la Fragata Medusa, nave capitana de una flotilla que se dirige a Senegal para su colonización,, compuesta por un pasaje variopinto de soldados, funcionarios, artesanos de muy diversos ramos y nacionalidades.

 El 2 de julio de 1816, la fragata comandada por un aristócrata comandado llamado Hugues de Duroy de Ca¡haumareys, que no es un lobo de mar, embarranca en el banco de Arguin, un arrecife arenosos de Africa Occidental.

Cuando la nave se da por perdida, siendo insuficiente los botes salvavidas para los mas de 150 pasajeros del convoy, el nombrado gobernador de la colonia Jules Desire Smaltz y su familia con una pequeña tropa de militares y funcionarios y se adueñaron de los botes y el resto debió acomodarse apretujados en una balsa improvisada, fabricada con los restos del buque, para en principio ser arrastradas por las privilegiadas barcas con remos.

Al no poder avanzar estas lo suficiente, se decidió cortar el amarre y dejar la balsa a la deriva al grupo de ocupantes de la improvisada balsa, lo que les procura una lenta agonía que se prolonga durante 13 días hasta que los pocos supervivientes son rescatados por el navío británico Argus que solo logra salvar a diez de los casi 150 náufragos.

Si la tragedia en si es terrible, el relato de los pocos que se salvan, incrementa el morbo, al conocerse los detalles de la agonia, con amotinamiento, asesinatos, suicidios, muertes por inanición, episodios de canibalismo y todo tipo de calamidades.

Por otro lado si las decisiones del gobernador y el capitán no son ejemplares, se airea además que el gobernador estaba comisionado para reactivar el comercio de esclavos, lo que añade a este asunto un lamentable cariz político.

Gericault entiende que este asunto contiene los ingredientes que busca, por un lado un hecho escandaloso de proyección publica pero también la posibilidad de transformarla en un acontecimiento aleccionador intemporal.

El pintor busca representar una lenta agonia, plena de incidentes, pero tiene que hacerlo sin traicionar lo ocurrido y lo encuentra cuando los naufragos tras ver el barco ingles con esperanza y hacerle todo tipo de señas están convencidos que no son vistos y se sienten decepcionados, buscando una alegoria con el destino humano en general.

Organiza un esquema compositivo y represento la barca bamboleante con el oleaje, formando una diagonal en cuyo lugar mas elevado se suben los náufragos, da la sensación de que los náufragos puedan volcarse sobre el espectador que los observa.

Hay una turbia luz, patetismo de gestos desesperados, o detalles morbosos, pero los protagonistas a pesar de las calamidades muestran una complexión atlética.

Hay un horror macabro en cuerpos idealizados que logran trascender lo anecdótico de la crónica.

El cuadro causa asombro al ser expuesto en el Salón de 1819, pero lo mejor fue la satisfacción personal del artista con la obra producida con la que se traslada a Reino unido para que se redondease un triunfo internacional.

Gericaul transforma una crónica en un inmortal cuadro de historia.

Publicado por ilabasmati

Licenciada en Bellas Artes, FilologÍa Hispánica y lIiteratura Inglesa.

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