Ferdinand Holder

Nace en 1853 en Gurzelen, próximo a Berna, en una familia de artesanos y queda huérfano de padre a los 7 años y su madre se casa con Gottlieb Schupbach, un pintor decorativo, que inicia a Hodler en el oficio.

Es difícil saber cuanto oficio consigue con su padrastro, ya que tras la repentina muerte de la madre, emigra a EEUU cuando Ferdinand cuenta trece años, pero está claro que a partir de esta experiencia, se siente atraído por la pintura decorativa.

Lo que explica la mutua simpatía con Puvis de Chavanne manifestada años después, que es el responsable que Holder al hablar de sus preferencias de los grandes maestros del pasado, declare su predilección en el Museo del Prado por Tiziano y Velazquez, pero sobre todo por Giotto.

Tras la huida de su padrastro y siendo con trece años el responsable de la suerte de seis hermanos menores, se las ingenia para vivir mediante el oficio de pintor artesano en el que ha sido introducido.

En un inicio trabaja junto a un pintor local de cortos vuelos artísticos llamado Ferdinand Sommer que hace paisajes convencionales de ínfima calidad para turistas.

Holder no recuerda con entusiasmo lo que tiene que hacer entonces por cuestiones alimenticias.

Este origen vergonzante recuerda a Watteau fabricando San Roques para venderlo a los campesinos en las ferias de Paris.

Su formación artística es de autodidacta,artesanal poco cualificado con carencias prácticas y teóricas.

En 1870 decide con 17 años instalarse en Ginebra, donde en un inicio sobrevive como siempre mediante cuadros o carteles al gusto del comprador.

Pero tiene la suerte de conocer a Barthelemy Menn, que es profesor de la Escuela de Bellas Artes de Ginebra, donde se le permite estudiar gratuitamente.

Es ahora cuando puede adquirir los conocimientos de los que carece y ser algo más que un hábil fabricante de postales y retratos callejeros.

Estudia con Barthelemy Menn entre 1871-1876, que ha sido discípulo de Ingres y Corot, lo cual ayuda a interpretar la huella directa en la pintura de Holder.

Así alguien formado en los principios de Ingres de lo lineal y aplanamiento así como en la abstracción idealista, su pintura refleja estas enseñanzas.

Menn le inculca en el valor de la construcción abstracto-matemática del cuadro.

Antes de terminar su formación con Menn, comienza a dar muestras de su inquietud cuyo resultado es un viaje a Basilea en 1875, a Madrid en 1878 en el que pasa 6 meses viviendo en Villalba, viajes todos ellos destinados a estudiar en directo la obra de maestras como Durero, Tiziano, Velazquez y Holbein, así como Rafael (que también era preferido de Ingres).

A orillas del Manzanares 1879

Aunque nunca deja de pintar por cuestiones de supervivencia, es a partir de 1880 cuando su trabajo empieza a ser personal, pero a partir de 1890 es mas interesante todavía porque ya tiene un discurso propio.

Almas truncadas

Hay algo que marca su biografía y artística y es cuando en 1884 conoce a Louis Duchosal uno de los muchos poetas influido por Baudelaire y Wagner.

El cambio definitivo es en la segunda mitad de 1880 que es la del triunfo internacional del Simbolismo que vive con pasión y su pintura refleja la huella de Camille Pisarro, Claude Monet, Alfred Sisley pero sobre todo Edouard Manet.

Sabe lo que ocurre en Paris aunque lo aborda desde un ángulo más germánico o desde personalidades independientes como Charles Auguste Emile Durand, conocido como Carolus Duran o Giovanni Segantini.

El trabajador filosófico 1884

La situación de Holder en 1880 es de gran espectación.

El zapatero 1878

En 1891 esa maduración se concreta en la obra La Noche, que primero es un escándalo en Ginebra y es retirada de la exposición pública oficial al turbar las conciencias puritanas, aunque continúa consiguiendo éxito del público en su exhibición en otro local privado pero sobre todo tiene un reconocimiento internacional al triunfar en París.

El presidente del Salón francés es además Pierre Puvis de Chavannes, con cuya obra se ha relacionada y que le brinda un apoyo entusiasta, además de que allí se rodea de artistas protagonistas entonces del pujante simbolismo.

Recibe la invitación para participar en el Salón de los Rosacruces, lo que confirma la consagración del artista que considera La Noche, su primera obra que marca su destino definitivo.

El simbolismo queda claro porque la obra es una meditación sobre la muerte, aunque la muerte despierta, sorprende al durmiente.

Desdeña en sus cuadros la elaboración de símbolos artificiosos e intelectualizados.

HODLER, Ferdinand_El lector, c.1885_585 (1979.59)

Holder es mas que un simple seguidor del Simbolismo ya que en su obra cuajan muchos elementos que sirve para explicar en que consiste ese movimiento.

El deempleado 1891
Los cansados de la vida 1892

A partir de 1890 su obra es simbolista lo que no supone una ruptura con su estilo naturalista anterior ya que el contorno duro muy en consonancia con la tradición germana, las figuras vigorosas, y la expresividad psicológica de los rostros continúan hasta el final lo que le sirve como bisagra para conectar con el Expresionismo emergente de principios del siglo XX.

Publicado por ilabasmati

Licenciada en Bellas Artes, FilologÍa Hispánica y lIiteratura Inglesa.

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