La arquitectura de los ingenieros

Las nuevas demandas de la Revolución Industrial pilla desprevenido a los arquitectos que tardan en reaccionar ante los desafíos.

Esta falta de determinación es compensada por los ingenieros civiles que son los grandes protagonistas de la construcción durante toda la primera etapa de la época contemporánea.

No se trata solo del uso de los nuevos materiales, sino de la imposibilidad de resolver urgentes problemas de construcción que suscitan los nuevos desafíos del desarrollo industrial y urbano con los viejos métodos y estilos.

Hay demandas de construcción de estaciones de ferrocarril, almacenes, fabricas, mercados, miles de viviendas etc cuyos imperativos prácticos están más allá de problemas decorativos sofisticados o de viejas estructuras.

Por lo que la creatividad se impone y esta tiene que adaptarse a las demandas de la nueva tecnología industrial.

Hay que destacar la construcción en hierro, algo que Inglaterra hace a mediados del XVIII.

En un inicio se emplea en la fabricación de puentes y después en la fabricación de cubiertas y cupulas, generalizándose al final su uso para todo tipo de edificaciones.

En 1779 se termina el puente de Coalbrookdale de Abraham Darby, el cual se ha hecho famoso por producir desde 1767 railes de hierro colado.

El puente de Coalbrookdale tiene 30 metros de abertura o luz, pero entre 1793 y 1796 se construye el de Sunderland, de Paine y Burdon, que alcanza los 70 metros, y el 1719 el de Tweed, según el novedoso prototipo de cadena de Samuel Brown,  

O el de los puentes colgantes, que llega hasta los 135 metros, todo lo cual puede servir como muestra del acelerado y espectacular desarrollo de este material y esta tecnología.

Aunque su aplicación a la construcción de edificios es posterior, los resultados son también espectaculares.

A mitad del XIX esta técnica en la construcción de edificios es algo común y se erigen obras espectaculares como El palacio de cristal de Londres de 1851 de Joseph Paxton (1801-65), una especie de invernadero de hierro y cristal, destinado a lugar de exhibición de la primera Exposición Universal, con una distribución espacial modélica, luminosidad que es desmontable que se erige en tiempo mínimo y con un presupuesto hasta entonces inconcebible.

El segundo edificio destacable es La sala de lectura de la biblioteca de Santa Genoveva de Paris que se erige en 1843 y 1850 por el francés Henri Labrouste (1801-75), consistente en una sala de columnas de hierro colado y dos bóvedas de cañón apoyadas también en arcos metálicos.

A partir de este momento se multiplican los edificios de esta naturaleza, muchos de los que van batiendo marcas de altura y anchura o de cualquier otra índole.

Pero hace falta un elemento simbólico para que se desate la polémica y este es la Torre Eiffel, que se erige con motivo de la Exposición Universal de Paris de 1889.

La espectacular torre se eleva hasta los 300 metros sin utilidad alguna, su autor Gustave Eiffel (1832-1926) realiza una estructura abierta que la hace más ligera.

Pero el escándalo que genera es tan grande que las autoridades calman las protestas asegurando que será desmontada, algo que no ocurre por suerte y además se convierte en el emblema de la ciudad.

Publicado por ilabasmati

Licenciada en Bellas Artes, FilologÍa Hispánica y lIiteratura Inglesa.

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