Reflexiones sobre el siglo XX en Arte

El siglo XX comienza con una gran fe de futuro de la Modernidad que gracias a la tecnología que se traduce en ingeniería y funcionalidad, va a redimir al individuo del trabajo físico y va a poder disfrutar de ocio en sus panales construidos por Le Courbusier, rodeado de espacio verde y diseño.

La sociedad está convencida como en Roma con el ideal del civitas romano, que a mayor formación intelectual y cualificación, mayor ética aplicada, mayor moral y desarrollo económico.

Por lo que se potencia la educación como el mayor dinamizador social, que potencia la movilidad de estamentos y hace individuos con criterio y libres.

Pero la paz armada que viene gestándose desde final del siglo XIX amenaza los bienintencionados planes de futuro, por lo que la realidad convulsa se traduce en un frágil e inestable equilibrio.

Se traduce en una traumática primera guerra mundial a cuyas sombras se gestan las primeras vanguardias que experimentan con los soportes tradicionales hasta agotarlos después de que la fotografía y el cine despoje de su funcionalidad original al dibujo y la pintura.

En el periodo de entreguerras la producción artística es excepcional, quizás porque la potencia europea que era el Imperio Austro Húngaro desaparece con el movimiento de fronteras por el tratado de Versalles que humilla a Alemania y que permite que emerja el nacionalsocialismo años después.

Emerge a la par La Revolución Rusa que enturbia aún más las relaciones entre los países europeos, además de que emerge también paralelo el fascismo en Italia y el nacionalsocialismo en Alemania.

El arte en alianza con la industria va a procurar objetos de diseño, que van a popularizar por poco dinero y va a hacer que el trabajador viva rodeado de objetos bellos y armonía, que va a redimir la degradación y explotación de un pasado reciente.

Los artistas van a ceder su obra a la industria en aras de un bien común y un mundo mejor para todos con un mejor reparto de la renta.

En 1919 Gropius crea la Bauhaus de Weimar que más tarde será de Dessau y Berlín, se debate entre la individualidad del artista y la producción industrial de los objetos, pues también el director además de las razones éticas del bien común por encima del beneficio particular, también tiene otras económicas y es que quiere ser independiente del estado.

Debido a las ideas sociales que por entonces sobrevuelan Europa como consecuencia de la Revolución rusa de octubre, emerge la idea social del diseño como he mencionado, como un beneficio social, donde el artista es un particular obrero.

Así lo que en un principio nace con una idea de beneficio de grupo con el tiempo deviene en la antítesis, es decir un objeto caro al alcance de pocos con una función de singularizar al dueño.

La Bauhaus además del diseño, experimenta con la luz, algo que con anterioridad hacen los rusos que son la primera vanguardia aunque se la quieran adjudicar los italianos, y que por entonces tienen una escuela similar a la Bauhaus, La Vjutemás, que se publicita poco a pesar de sus también fabulosos resultados, por ser entonces la URRSS medieval, pues tarda 30 años en ser potencia.

Rodin huye de la estatua y deja sin peana y soporte toda su obra, integrando en la naturaleza y paisaje todas las piezas, un hilo conductor que sigue su discípulo Brancusi que da un paso más en la distribución espacial y que continua su discípulo Isamu Noguchi en las intervenciones de sus piezas e intervenciones en la naturaleza.

Pero todo esto no es casual, la mirada a la naturaleza y el paisaje desde una perspectiva laica, comienza con el racionalismo ilustrado y adquiere forma a partir del pensamiento científico del romanticismo, pero en el transito al positivismo y a la sociedad industrial de la modernidad, decae, aunque el precedente de la nueva sensibilidad hace que más tarde emerja de nuevo con una vitalidad renovada y esta vez para quedarse.

Por lo que los soportes del siglo XX que emergen en el arte son diferentes, ahora el espacio y la luz con la que ya experimenta el Impresionismo, más tarde los rusos y después la Bauhaus.

Los totalitarismos que emergen a partir de los primeros años del siglo XX no solo generan genocidios que más tarde tras la segunda guerra mundial, envejecen Europa y le hacen cambiar la capitalidad de Paris por la de NY, además de resquebrajar el monolito occidental y hace que quien decide los cánones artísticos sea un país pragmático como EEUU, ahora primera potencia mundial (tras evitar una nueva crisis de superproducción como la del 29 gracias al Plan Marshall).

El mundo asiste con estupor a la doble moral del alto desarrollo y educación de un pueblo como el alemán que lejos de generar una sociedad con unos principios éticos superiores por su ejemplar cualificación, grado de desarrollo y distribución de la renta, lo que hace es diseñar armas más letales y un supremacismo blanco que genera el Holocausto al igual que Japón hace el genocidio de la Manchuria.

A partir de entonces es Theodor Adorno el que marca las pautas de la sensibilidad del momento, traducido muy tarde al castellano, un virtuoso de la música que opta por la carrera de filósofo y que se convierte en el pensador de la época, revelando las claves del momento que le toca vivir.

Tras las dos guerras mundiales y envejecida Europa por la experiencia tan traumática, desaparece la idea de grupo y sobre todo la fe en las ideologías.

Antes de la formación de las nuevas democracias en la Europa libre, y por el desastre del alto coste de vidas humanas que la radicalidad ha traído, de forma espontánea, todas las ideologías bajan una décima sus presupuestos, así los comunistas pasan a socialistas y los socialistas a socialdemócratas, de tal manera que hace más de 70 años que no hay reivindicación de lucha de clases ni de dictadura del proletariado.

El individuo que emerge a partir del final de la segunda guerra mundial donde se impone el existencialismo, es alguien que solo busca un lugar al sol, de una sociedad esquizoide que recela de las proclamas de los salvapatrias, por lo que a partir de entonces los gustos en arte comienzan a ser eclécticos, entre otras porque en los 50 emerge el Pop, donde los medios de comunicación dominan y se pierde la capacidad de sorpresa con lo que prácticamente es imposible transgredir por lo que el concepto vanguardia se diluye ya que no hay ruptura con la tradición, gusta una cosa y su contraria.

Hay más inmediatez y moda, el discurso es más leve y menos grave.

Hay que decir que nada ocurre por generación espontánea y que ya en los 30 del siglo XX se revisa el concepto vanguardia a la vez que toda una síntesis de ruptura con ese concepto de tradición que con el tiempo pasa a ser algo ecléptico.

Pasados los movimientos modernos como el Cubismo  que se carga la renacentista perspectiva caballera y los puntos de fuga o del Constructivismo que utiliza soportes orgánicos en la construcción de piezas, las experiencias formalistas de la Bauhaus, la síntesis utiliza todos estos recursos y conquistas formales mezclándolas con las experiencias literarias y fantásticas de los surrealistas o con la mirada al paisaje esculpido previo a la edad de bronce, sobre todo a una nueva conciencia de paisaje o de instalación megalítica que ahora mira a los pueblos megalíticos y sobre todo a la funcionalidad en arte.

La herencia celta y pre británica invade el paisaje (la etimología de dolmen y menhir son bretonas y la de crómlech celta).

Gauguin o Picasso se dirigen más al mundo africano o precolombino.

En el caso de Bárbara Hepworth hacia el arte arcaico griego o en el arte de las Islas Cicladas.

En todos influye las instalaciones neolíticas y su sentido de intervención sobre el concepto de paisaje.

Según Cosme Barañano el pasado neolítico para Henrry Moore es el de Yorkshire y para Barbara Hepworth es el de Cornualles.

Pero sobre todo lo que influye en todos ellos del paisaje arqueológico es el sentido totémico más que lo formal y en como determina y moldea el paisaje.

Son las huellas de las instalaciones neolíticas y su sentido de intervención sobre el concepto de paisaje.

Tanto Henry Moore como Barbara Hepworth perciben la espiritualidad que emana de la intervención en el paisaje de los pueblos primitivos, que cargan el paisaje con los vestigios de la huella de su intervención.

En las piezas de ambos de finales de los 30 del siglo XX se encuentra ya el sentido de escultura de paisaje que va de Dani Karavan al Land Art.

Hago un inciso antes de continuar para explicar que una instalación artística es un género de arte contemporáneo que surge en la década de los 60, donde la idea de la obra prevalece sobre los aspectos formales.

Es parte de la forma de experimentación artística enmarcada en el conceptual, que se exhibe un tiempo y se suele presentar en cualquier espacio. Se basa en sacar un objeto de contexto y situarlo en otro para darle utilización estética. Se utiliza cualquier medio para crear una experiencia de interacción con el espectador para crear sentimientos o reflexiones.

Motivan la percepción sensorial en cualquiera de los sentidos, vista, olfato, oído, gusto y tacto. Hoy los equipos de artistas de éxito como Olafur Eliasson tienen un equipo que pasa de 100 personas la mayoría ingenieros y arquitectos.

En los 50 del siglo XX, emerge la Action Painting, donde la pintura es acción y resultado, que en América se denomina Expresionismo y en Europa Informalismo, donde emerge también el concepto de proceso, es decir, lo importante ya no es tanto el resultado como el proceso.

En los 60 emerge el concepto sociológico de entorno, donde el espacio, su distribución y contexto tiene un valor determinante, el espectador cierra el circulo de la obra que ha iniciado el creador.

Así cuando alguien contempla una instalación esta dentro de ella, es parte de la pieza, y su percepción es diferente según el ángulo o la perspectiva desde donde la perciba o según la hora del día y la luz que absorba la pieza, sin contar las instalaciones luminiscencias de Land Art donde la naturaleza es la pieza.

Hay un cambio de escala a partir de finales de los 60 y los 70 en la escultura pues se amplia el campo de acción y tamaño.

El Land Art y los movimientos relacionados al estar dentro del Conceptual tratan de ir más allá del triángulo taller-galería-coleccionista, que es la pauta que hasta entonces se sigue.

En el Land Art el trabajo es concebido como idea, proceso, situación e información.

Los artistas trabajan en espacios abiertos, a veces en lugares lejanos dejando obras que la naturaleza integra y el tiempo modifica interactuando (en ocasiones hasta aniquilarla porque es un trabajo efímero).

El trabajo queda registrado mediante cuadernos de campo, fotografías, películas que se suelen vender como obra para financiar el trabajo.

Las obras de Robert Smithson Spiral Jetty (1970) en el Gran Lago Salado de Utah (Great Salt Lake), Sun Tunnels de Nancy Holt, en el Great Basin desert de Utah o Lightning Field (1977) de Walter de Maria en el Desierto de Nuevo Méjico, James Turrell en el volcán de Arizona, son creaciones emblemáticas de este movimiento artístico.

Y aunque el Land Art pueda entenderse como un movimiento norteamericano, dentro del mismo incluyen artistas europeos como Michael Heizer, Dennis Openheim, Christo u otros más contenidos como los artistas de la tierra ingleses Richard Long o Hamish Fulton que comparten la idea de caminar como experiencia artística.

Andy Goldsworthy (1956) fotografía estructuras efímeras que hace con hielo y hojas y construye ayudado de bancaleros británicos, muros de piedra seca (Storm King Wall) en simpatía con el espacio que atraviesa ya que para él la obra es el lugar.

Hay que recordar el Non Site (no lugar) de Franklin en 1968 o la Espiral de Jety de 1970 de Robert Smithson.

En septiembre de 1967 este artista recorre recorre el desolado paisaje industrial de su ciudad natal de Passaic (New Jersey) fotografiando con su cámara las deterioradas instalaciones industriales que interpreta en términos estéticos como restos monumentales.

Escribe un texto sobre la visita The Monument of Passaic (Smithson 1967) que se considera una nueva manera de considerar el paisaje.

Pero la obra de Smithson es un gigantesco malecón de 6000 toneladas que se adentra como un dique en el Great Salt Lake de Utah.

Lo construye cuando el lago está seco, pero con el tiempo el agua vuelve a su nivel, dejando el malecón como una sombra subacuática, pero el dique reaparece de nuevo en 2001 con la sequia quedando de nuevo al descubierto la pieza.

Joseph Beuys miembro de Fluxus, con ayuda de voluntarios planta a partir de 1982 miles de robles durante varios años en la ciudad de Kassel.

Jim Denevan (1961) traza grandes figuras sobre la arena de la playa, el hielo o la tierra, sus obras son efímeras.

En todas estas manifestaciones hay una idea de terminar con el monumento en cuanto escultura independiente de las otras artes.

La naturaleza no es soporte de una acción artística, sino su potencialidad.

La obra de Richard Long A line Made by Walking (1967) está a medio camino entre la escultura, la performance y la arquitectura del paisaje.

Para Long el Land Art es una expresión americana que significa maquinaria pesada y grandes proyectos.

Esto no le interesa en absoluto, su único instrumento es su cuerpo con él interviene y mide el espacio y el tiempo.

El Walkscape trata de deambular como arquitectura del paisaje, caminar como forma de arte autónoma, acto primario de transformación simbólica del territorio, instrumento estético de conocimiento y modificación física del espacio que se convierte en intervención urbana.

Publicado por ilabasmati

Licenciada en Bellas Artes, FilologÍa Hispánica y lIiteratura Inglesa.

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