Final del XIX, la crisis de confianza en los valores artísticos modernos y su dinámica innovadora (Antiimpresionismo)

La burguesía es optimista hasta aproximadamente el último tercio del XIX en el que hay una progresión ascendente y tiene una fe ciega en el progreso.

El desarrollo tecnológico, industrial, científico y la prospera expansión de las desarrolladas metrópolis europeas que se expanden por todo el mundo, que obtienen todo tipo de materias primas por apenas nada y ampliarlas al mercado para conseguir productos occidentales de forma universal, da la impresión que el crecimiento es ilimitado, garantizando la expansión cada vez mayor de la economía de mercado.

Pero ese anhelo de disipa cuando las potencias occidentales colisionan con contiendas por disputas en los mercados donde codician los mejores bocados.

En Francia donde acontece ahora la mejor vanguardia artística, la capital mundial del arte desde inicios del XIX, se producen disonancias como consecuencia de la guerra francoprusiana, perdida por Francia y que provoca el fenómeno revolucionario de la Comuna de Paris de 1871, el primer y efímero experimento de gobierno popular rápidamente abortado por la fuerza de las armas.

Este contexto roba el optimismo en todos los órdenes que hasta el momento prevalece, lo que repercute en la cultura, sensible al cambio de estado de ánimo de la sociedad, pues es el eco del grupo.

Se revisan todos los valores que hasta el momento se consideran dogmas, entre ellos la fe ciega en el progreso, con sus implicaciones, confianza sin reserva en la ciencia, espíritu pragmático y positivista o desarrollo ilimitado sin techo de crecimiento, con un total cuestionamiento en el mundo de la literatura y las artes que se mantienen del excedente de la sociedad.

Hay pues una revisión minuciosa y se produce una crisis de confianza en los valores artísticos modernos y su dinámica innovadora.

El Impresionismo sin ir más lejos es una consecuencia de esa dinámica innovadora.

Un hombre del siglo XVIII puede retrotraerse siglos atrás sin resultarle sorprendente o incomprensible todo lo que se produce artísticamente previo a su existencia.

Ese mismo individuo trasladado a 1750 se desconcertaría lo que se hace medio siglo después, y en 1850 no podría reconocer como artístico lo que en ese momento se ofrece al público con naturalidad.

Publicado por ilabasmati

Licenciada en Bellas Artes, FilologÍa Hispánica y lIiteratura Inglesa.

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