El Simbolismo

Emerge el Simbolismo alrededor de 1880 cuando la crisis de valores se hace palpable en la hostilidad por parte de la sociedad hacia escritores y artistas y contra todos los presupuestos defendidos por ellos encarnado por el Naturalismo-Impresionismo.

Es una defensa de la espiritualidad con la excusa de que el desarraigo que provoca la emigración hacia las ciudades del campo se queda sin referentes y el artista se ve en la obligación de fabricar otros nuevos.

Por lo que una pintura o un texto literario simbolista tiene mensaje, por lo que los valores plásticos no importan.

Este movimiento vuelve sobre lo tradicional en literatura y artes plásticas e intenta que su mensaje sea espiritual, grave, trascendente evocador de otros mundos superiores a lo cotidiano, un mundo que no puede controlarse con la razón o la ciencia.

Hay una vuelta atrás en el tiempo, una renovación de valores y creencias que se creían pasadas, como la religión, a la vez que se vuelve a la superstición y lo exotérico.

Hay un total irracionalismo a la par que se pierde la confianza en la colectividad, el grupo social, la alegría y se cultiva el mundo interior, subjetivo, solipista, el individualismo y el elitismo aristocrático.

Es una batalla encarnizada contra la vulgaridad, representada por la cultura democrática de masas y su feroz rasero igualitario, contra su materialismo y positivismo, su culto al dinero y su desprecio al arte y todo lo que este conlleva, su incomprensión de todo lo que sea distinto y espiritual.

Todo esto con un ambiente de melancolía, decadentismo, que era antitético del optimismo y progresismo de la época precedente.


En pintura los máximos representantes del simbolismo son el grupo de Pont-Aven.

En esa localidad de la Bretaña francesa se retiran varios pintores capitaneados por Gauguin que pretenden en un ambiente de fraternidad espiritual y comunitaria, devolver a la pintura sus valores espirituales, sus temas trascendentes.

Pero para ello apuestan por recuperar el contorno que se había disuelto en el Impresionismo, parodiando con ello el viejo estilo de las vidrieras de las catedrales además de los colores puros y planos.

Hay también dentro de esta sensibilidad común de la época artistas en otros países que tratan de imbuir espiritualidad en el arte, espiritualizarlo a través de los temas en la mayor parte extraídos de las viejas mitologías de los pueblos diferentes de la mitología simbolista.

Destacan en Paris Gustave Moureau (1826-1898) y Odilon Redon (1840-1916).




Moureau es un buen colorista y Redon hace una notable obra como dibujante y grabador.


El simbolismo florece en infinidad de lugares pero sobre todo en países nórdicos y germánicos, por semejanza en el talante.

Hay que destacar Arnold Brocklim (1827-1901), y Max Klinger (1857-1920), el austriaco Gustav Klim (1862-1918), el suizo Ferdinand Holder (1853-1918), el noruego Edward Munch (1863-1944), los belgas Felicien Rops (1833-1898), Fernand Khnoplf (1858-1921) y James Ensot (1860-1949).

Publicado por ilabasmati

Licenciada en Bellas Artes, FilologÍa Hispánica y lIiteratura Inglesa.

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