El Impresionismo

Es el movimiento que emerge en Francia a mitad del XIX tan vapuleado en un inicio como loado después, además de que hay pocos movimientos artísticos modernos que hayan llevado a más equívocos.

El más importante de todos ellos es quizás el que se confunde la participación en una serie de exposiciones que hacen en su momento con ser un pintor expresionista.

La primera de las exposiciones es el 15 de abril de 1874 en el taller del fotógrafo Nadar y agrupa a 32 artistas que se presentan como una Sociedad anónima de artistas, pintores, escultores, grabadores etc.

De entre ellos solo se pueden identificar como impresionistas a 10. La muestra es una de las muchas que se organizan como alternativa al Salón oficial y sus constantes rechazos de los artistas innovadores.

Similares a estas se llegan a organizar 9 muestras colectivas del grupo y la última de ellas tiene lugar también en Paris en 1866 y agrupa a 17 participantes entre los que siendo la selección más filtrada que en la primera, tampoco hay una orientación impresionista.

Toma el nombre el grupo de un comentario despectivo de Louis Leroy un crítico sobre una obra de Monet en la primera muestra del taller de Nadar.

El termino cala y esta situación se repite precisamente por esta misma vía irónica en sucesivas vanguardias, que terminan llamándose como las conocemos en la actualidad por alguien las moteja de forma insultante, aceptando los insultados la formula despectiva como un título de honor.

Los artistas que en este momento se presentan ante el gran público denomina impresionista, se considera a sí mismo como tales y no pintan y si lo hacen de forma ocasional no es en estilo impresionista.

Algunos de ellos en realidad son naturalistas que tratan una temática cada vez más insólita y provocadora, adoptando una técnica más suelta y simplificada, pero sin apenas pintar paisajes ni estar preocupados por los efectos de la luz.

Los que de manera genuina se pueden considerar impresionistas son aquellos que continúan con la actitud de los paisajistas del Realismo de pintar directamente sobre el motivo, focalizan toda su atención sobre los efectos luminosos que son los que mantienen en constante cambio de tonos y matices cualquier elemento que se observa al aire libre.

Para ello captan el instante que se produce en función de la variante luz que es el verdadero objetivo, pero para conseguirlo hace falta una técnica adecuada, aplicada con total rapidez, para que no se esfume esa impresión única e irrepetible.

Como dice Calvo Serraller la fabricación de colores industriales, que se transportan en tubos y no se secan, posibilita esta nueva forma de trabajar al aire libre.

La forma se consigue con una pincelada suelta y rápida, corta y yuxtapuesta, no apta para figuras bien delimitadas y nítidas como es del agrado del mundo académico de entonces, pero adecuadas si lo que se intenta es captar el instante de luz preciso y su manera de vibrar en los objetos, cuyas tonalidades cambian según sea la incidencia de los rayos solares.

Delacroix con anterioridad analiza lo que la física establece científicamente después, el que los colores se interrelacionan entre si por la ley de complementarios además de ratificar que las sombras nunca son negras como se cree en la pintura tradicional, sino que cada primario colorea con su complementario el espacio que lo rodea.

Así el rojo se exalta y se vuelve más intenso cuando esta junto a su complementario, que es el verde, pero ambo se aniquilan entre si cuando se mezclan.

Es la luminosidad natural captada directamente mediante la técnica mencionada el objetivo fundamental de los pintores impresionistas que al pintar de esta manera el aspecto sombrío de los cuadros tradicionales.

Pero quienes así lo hacen son pocos o casi ninguno, es decir Claude Manet (1840-1926) también se puede incluir a Camille Pissarro (1830-1903) y a Alfred Sisley (1839-1899).

Del resto a los que el público actual sigue denominando impresionistas y que solo lo son accidentalmente hay que distinguir dos generaciones.

De la primera los que nacen en la década de 1830 o a comienzos de 1840 hay que citar a Edouard Manet (1832-1883), Edgar Degas (1834-1917), Pierre Auguste Renoir (1841-1919), Paul Cezane (1839-1906), Frederic Bazille (1841-1870) o Berthe Morisot (1841-1895).

Todos ellos sin ser impresionistas en algunos momentos tienen concomitancias con el Impresionismo.

Pero los nacidos a finales de 1840 y 1850 o incluso a comienzo de 1860 conforman otra generación diferente y son decididamente anti impresionistas o postimpresionistas.

Como Paul Gauguin (1848-1903), Vicent van Gogh (1853-1890), George Seurat (1859-1890), Paul Signac (1863-1935) y Henri de Toulouse Lauttrec (1864-1901).

La confusión se debe a que además de esta estricta técnica de la pintura de paisaje hecha sobre el motivo, el Impresionismo aporta de forma indirecta otras novedades.

La nueva actitud en la elección de los temas afecta por igual la actividad artística de los que son genuinos impresionistas como de los que solo se consideran impresionistas circunstanciales e incluso de los radicales anti impresionistas o postimpresionistas.

La primera modernización artística emprendida por el arte de nuestra época es la de actualizar los temas, es decir tratar los temas de cuanto acontece en lo cotidiano, inspirándose en las acciones de la gente común.

La primera modernización artística emprendida por el arte de nuestra época es la de actualizar los temas, es decir tratar los temas de cuanto acontece en lo cotidiano, inspirándose en las acciones de la gente común.

Los pintores que empiezan a pintar en torno al impresionismo en la década de 1860 y se mantienen activos en esa situación vanguardista hasta 1880, coinciden en seguir esa línea de inspirarse en la vida cotidiana de la actualidad y asimilan fragmentos de la misma, incluso los que carecen de cualquier significado.

Al elegir un trozo de la realidad o un objeto vulgar, contribuyen a que el cuadro no pueda ser visto y analizado más que por sus cualidades plásticas.

Esto es de gran valor para el desarrollo de las vanguardias posteriores cuyo mayor insulto es que una pieza sea literaria, es decir que se le dé más importancia a lo que narra que a como plásticamente este confeccionada, es decir sacrificar la forma por el contenido.

El Impresionismo y su entorno vanguardista es el primer movimiento artístico contemporáneo que en vez de modernizar el tema o el contenido de los cuadros como hasta ese momento es lo habitual, moderniza las formas, convirtiendo a partir de entonces el arte de vanguardia en un ejercicio formal.

De ahí viene el calificativo que se le ha dado al arte de vanguardia de gran parte del siglo XX de formalista, autónomo o ensimismado, porque de forma autónoma se rige por sus propias leyes plásticas.

 Inician una nueva etapa de la vanguardia con la deriva formalista que introducen en el arte los impresionistas y su entorno.

Pero también cierran otra pues son ellos los que llevan hasta sus últimas consecuencias el Realismo y el Naturismo, no solo al abrirse de forma indiscriminada a la realidad cotidiana contemporánea sino al aplicar los mismos criterios en la práctica artística que el pensamiento progresista de la época, dominado por el positivismo, el cientifismo y el socialismo.

Es la explicación de que Emile Zola un polemista escritor naturalista (inspirador de nuestra Regenta en Clarín) de orientación progresista en política, es uno de los pocos defensores con los que cuentan los impresionistas.

Con el circulo impresionista se produce un fenómeno que se convierte en una constante en las vanguardias posteriores y es el continuo escándalo público por la transgresión.

Hay que señalar que antes del publico anónimo del arte como consumo de una masa social es novedoso porque con anterioridad está restringido a la aristocracia y más tarde a la burguesía, pero siempre adinerados.

Cuando desde el siglo XVII se ensancha la base social de los consumidores del arte se llega a una total ampliación a nuestra época y las relaciones entre el artista y el consumidor deja de ser directa.

El crearse el mercado como base de estas relaciones anónimas, esta ausencia de contacto se transforma en mutua hostilidad.

 A la mayoría le interesa valores establecidos, los sancionados por la costumbre y el paso del tiempo, mientras que a los artistas modernos guiados por el culto a la novedad, les interesa realizar justo lo opuesto que es experimentar.

Esta situación se degrada conforme pasa el XIX y es la razón de la aparición de la bohemia, que de alguna manera había sido junto al dandy la forma de singularizarse, de transgredir y de ser diferente, son las dos caras de una misma moneda, el transgresor cutre y el transgresor refinado.

Cuando los impresionistas aparecen en la escena pública hay un total rechazo.

El detonante de la explosión es la exhibición en el Salón de los Rechazados de 1863 de los cuadros de Edouard Manet El almuerzo campestre y Olimpia que producen en el publico histeria colectiva.

El Salón de los Rechazados es una creación del estado francés para ofrecer una salida a los artistas que no eran seleccionados para el Salón Oficial.

La existencia del Salón de los Rechazados implica la tensión social que está generando el enfrentamiento entre el gusto artístico innovador y el oficial, más conservador con la que el público se identifica.

Pero lo curioso es que tiene más afluencia el de los Rechazados que el oficial a pesar de todo, porque le resulta más divertido reírse de las novedades que contemplar de forma seria una obra que se supone han de admirar (aunque no sepan porque).

Las obras de Manet provocan un escándalo de orden público que hacen que el pintor tenga que ausentarse temporalmente de París.

El almuerzo campestre representa un grupo de jóvenes estudiantes que se van a almorzar al campo un día de buen tiempo.

Los dos varones están recostados en el campo mientras las mujeres que se bañan están desnudas, pero el desnudo femenino no es lo que importa pues es algo común en la pintura y lo que se exhibe en el salón hay abundantes desnudos y tratados de forma más expresa.

Los dos varones están recostados en el campo mientras las mujeres que se bañan están desnudas, pero el desnudo femenino no es lo que importa pues es algo común en la pintura y lo que se exhibe en el salón hay abundantes desnudos y tratados de forma más expresa.

El escándalo lo produce que el desnudo de Manet no es de una Venus o cualquier figura alegórica del pasado sino el de una mujer de actualidad como había montones en Paris, el de una prostituta.

La histeria se produce porque representa la realidad contemporánea, algo que se aplica también al del Olimpia y el público le parece indigno que el arte tenga que mostrar eso.

Pero Manet se ha inspirado en maestros antiguos, en El Almuerzo de Rafael y su discípulo Marcantonio Raimondi, mientras que, en Olimpia, en las venus tumbadas de los maestros venecianos como Giorgione y Tiziano.

Pero si se revisa la actitud de la crítica y el público de la época frente a las obras impresionistas, hay que subrayar que cuando Manet hace paisajes es también muy criticado porque representa el ferrocarril que para la gente de la época es poco poético.

Imposibilitada de hacer un comentario individualizado hay una primera generación Manet, Degas, Renoir, Cezane, además de los representantes del paisaje impresionista Pissarro, Monet y Sisley, definen el lenguaje de esta visión y el de las vanguardias históricas del siglo XX.

Publicado por ilabasmati

Licenciada en Bellas Artes, FilologÍa Hispánica y lIiteratura Inglesa.

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