Cruce de caminos (Territorio y paisaje II)

El arte a través de su representación de la mímesis, enseña mediante la pintura, poesía y jardinería a mirar y valorar los escenarios naturales y los cambios que experimenta la pintura paisajística a través del tiempo desde su autonomía como tema pictórico, mostrando la complejidad de las relaciones y la variedad de percepciones en función de los cambios de sensibilidad de cada época.

León Batista Alberti siguiendo a Plinio y Vitrubio en su tratado De la pintura, afirma que la base de cualquier cuadro debe estar en la poesía clásica, aconsejando a los pintores que lean a los poetas.

Horacio en Ut pictura poesis dice que la pintura imita a la poesía, porque es el arte de generar historias según Leonardo da Vinci en su Tratado de Pintura, donde explica que la pintura no son solo pigmentos, sino que el arte reside en la capacidad que tiene el pintor para fabular como poeta.

Así pues la pintura occidental desde el Renacimiento se apoya en la poesía, en la narración poética, pero el interés por la naturaleza y el paisaje comienza con poetas como James Thomsom, John Dyer, Thomas Grey y William Shenstone.

El interés pictórico de estos poetas ingleses supone novedad en la poesía, pues hasta entonces los pintores se basan en Ovidio o Virgilio, mientras que estos poetas ingenian un cambio de valor poético y pictórico al integrar las obras de sus pintores en sus trabajos.

Dice Folch R en Ambient, territori i paisatje que en la transición entre la Ilustración y el Romanticismo, se gestan las grandes construcciones sistemáticas de la filosofía de la naturaleza, cuyos ecos reverberan en valoraciones étnicas y estéticas del paisaje, emergiendo de las diferentes formas científicas que se acercan a su valoración e interpretación.

Hasta el siglo XIX la sociedad occidental no diferencia entre territorio y paisaje o invención de esa realidad en función del momento histórico, mezclan la realidad con el deseo.

Una relación dialéctica entre referente y ficción que los románticos convierten en naturaleza como soporte.

Los conceptos naturaleza, territorio y paisaje sufren continuos desplazamientos de significado, por las distintas acepciones que cada disciplina les otorga, lo que lleva a una gran ambigüedad y equivoco, generando adherencias e incertidumbres.

Así el paisaje es una construcción cultural en ó de los gustos del momento, pues la naturaleza es intervenida de forma continua lo largo de la historia.

Pero Occidente hasta casi el siglo XV no posee la carga ideológica para aprender a percibir ese vinculo cómplice entre el observador y lo observado, como cuando el Duque de Berry pide el encargo en 1410 a unos miniaturistas flamencos, los Hermanos Limbour, para que realicen el libro de oraciones iluminado o Libro de Horas.

Resultado de ello son Las muy ricas horas del Duque de Berry.

Su interior representa las estaciones del año y las actividades agrícolas que a cada etapa corresponde.

Una de esas páginas se refiere al mes de agosto y presenta a un grupo de campesinos segando un campo con un castillo al fondo.

En 1400 el Maestro Wenceslao pinta unos frescos en Trento, cada uno dedicado a un mes del año.

Estos murales tienen una estructura parecida con El libro de las horas.

Así los campesinos se unen al paisaje como elementos secundarios y contextuales, con la actividad artesana representada en primer plano.

En las piezas dedicadas a junio, julio y agosto el almiar es el elemento común.

Hoy se sospecha que la reiteración de este signo alude a una buena cosecha que permite la supervivencia un año mas (como ocurre en la fiesta del Thanks Giving americano).

Estas representaciones de la naturaleza constituyen junto a otras en puntos geográficos distantes, el inicio de las primeras manifestaciones del paisaje en el arte occidental.

De manera diferente Bruegehel El Viejo retrata las estaciones.

En La siega (1565) donde no existe contraste de clases y la composición compromete a los campesinos, sus faenas y lo que el verano exige.

En Los cosechadores (1565) el espectador es introducido entre las mieses y los microrelatos que acontecen a la hora del descanso.

El tema de La siega se asocia a series que se ocupan del paso del tiempo y las actividades humanas que se realizan en cada estación.

Dice Goethe que el simple mirar una cosa no nos permite avanzar, cada mirar se muta en considerar, cada considerar en un reflexionar, en un enlazar. Teorizamos en cada mirada.

Publicado por ilabasmati

Licenciada en Bellas Artes, FilologÍa Hispánica y lIiteratura Inglesa.

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