El nacimiento del Arte Contemporáneo en el siglo XVIII

Hasta bien entrado el siglo XX hay un masivo rechazo social a considerar los artefactos de la Revolución Industrial como temas de inspiración artística.

Tiene diferentes motivos este rechazo social entre otras la fealdad del diseño industrial que se impone hasta la entonces tradición estética.

Los artistas además de los arquitectos se consideran al margen de estos proyectos, lo que contribuye a ahondar la distancia entre arte y revolución estética emergente, pero la orientación del gusto social es mas una consecuencia que una causa.

El problema estético tiene mas que ver con la tradición de que el arte no ha de tratar de manera general la actualidad (sino de manera particular) y aun menos sus aspectos triviales, hay un discurso grave todavía.

Están encuadrados estos temas en en una especialidad secundaria denominada cuadros de genero y quienes se dedican a ellos son considerados artistas menores.

Se ponen de moda a partir del XVII las escenas de genero por el Arte Naturista, pero todavía en Francia en el XVIII los artistas de genero que ingresan en la Academia lo hacen con un valor jerárquico de segundo rango.

De hecho la lucha modernizadora a mitad del XIX entre Realismo y Naturalismo (que son los que provocan mayores escándalos sociales en la época contemporánea) es porque se reivindica libertad para que se pueda tratar con libertad los temas superfluos de la realidad.

En esta pugna juega un papel decisivo Coulbert con los formatos grandes para tratamientos insignificantes (que solo se utilizan para escenas épicas) como en el taller del artista, los bomberos apagando un fuego, un entierro rural etc y por otro rememorando el uso de alegorías a través de figuras y conceptos del día.

Charles Baudelaire que aparece en la pintura de Coulbert El estudio del pintor (1854) -subtitulado por el autor como una alegoría real que recapitula siete años de mi vida artística- define la modernidad del artista contemporáneo del que escribe que busca eso que se nos debe poder permitir llamar modernidad.

Se trata de poder sacar de la moda lo que tenga de poético en lo histórico, extraer lo eterno de lo transitorio.

Por entonces casi todos los artistas disfrazan los temas con trajes antiguos.

David se sirve de la moda de los muebles romanos, esta claro que al elegir temas de esa época no puede hacer otra cosa, mientras que los pintores de entonces habiéndolo hecho con carácter general validos para cualquier época disfrazan los temas con la Edad Media, Renacimiento u Oriente.

Es una muestra de pereza de estar convencido de que todo es feo, en vez de extraer lo poético de lo efímero, extraer la belleza por mínima o superficial que sea.

La modernidad es pues lo transitorio, fugaz, contingente.

Baudelaire piensa en el marco por excelencia de la modernidad, en la ciudad, y en los artistas en hombres de las multitudes.

Ese horizonte vital es el genuino paisaje moderno cuyo curso es fugaz, el acontecimiento anónimo, insignificante, porque la realidad ahora la constituyen la acción de miles de individuos sin importancia (que ahora suponen lo que llamamos mercado) que se pasean por las calles, por lo que ahora el artista es un príncipe de incógnito y el publico anónimo el que posibilita su supervivencia.

Supone un escándalo esa modernización de contenido del XIX cuando alcanzan gran dinamismo la revolución científica técnica y el crecimiento de las ciudades.

Por lo que se puede entender la separación entre la belleza, el ideal y el placer frente a la funcionalidad de la tecnología carente de poesía alguna.

Pero esta mezcla de ámbitos en el XVIII no produce rechazo quizás por la limitada extensión todavía de los efectos de las repercusiones de la Revolución Industrial y la también muy escasa proyección social del arte.

El espíritu de la Ilustración tiene una concepción integradora del saber humano por una adscripción al ser común de la razón por lo que no opone el conocimiento humanista al científico y reivindica la dimensión practica de estos, expresada a través de la técnica.

Por lo que no hay resistencia de los artistas de colaborar con los promotores industriales de los nuevos sistemas de la revolución científica en curso en países como UK, donde los cambios sobreviven mediante un rápido desarrollo.

También esta actitud es compartida por los artistas prerománticos del XVIII que tratan la revolución industrial y los descubrimientos técnicos como una utopía sublime.

Publicado por ilabasmati

Licenciada en Bellas Artes, FilologÍa Hispánica y lIiteratura Inglesa.

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