El mar esconde auténticas joyas. Prueba de ello es lo que acaba de descubrir un equipo de arqueólogos: un galeón pirata español que permaneció sumergido en las aguas del mar Caribe durante más de tres siglos.
La nave, llamada Nuestra Señora de las Maravillas, transportaba además un valioso tesoro: monedas de oro, joyas y artefactos históricos.
Naufragó en el siglo XVII mientras realizaba la travesía desde Cuba hacia Sevilla, España, y el equipo liderado por Carl Allen, CEO de Allen Exploration, ha sido el encargado de descubrirlo.
Este hallazgo posee un considerable valor histórico y arqueológico, porque proporciona fundamental información sobre las rutas comerciales marítimas y las actividades navales de la época.
Los arqueólogos estiman que el tesoro encontrado supera los 5 millones de dólares, aunque es probable que aparezcan más artefactos que incrementen este valor.
Además, este descubrimiento ofrece una oportunidad única para estudiar la vida a bordo de los galeones del siglo XVII.
Durante los trabajos de mantenimiento de un sótano llevados a cabo por el propietario de una casa en Francia salieron a la luz los restos de treinta y ocho tumbas de la Antigüedad Tardía y diez sarcófagos que los arqueólogos han datado en la Edad Media.
Tras el descubrimiento fortuito de un esqueleto durante las obras de acondicionamiento de un sótano por parte del propietario de un inmueble, en la localidad de Corbeil-Essonnes, a unos 28 kilómetros de París, el Servicio Regional de Arqueología de Francia envió a un equipo de investigadores para que realizara una excavación en el lugar del hallazgo.
Aunque este no ha sido un descubrimiento aislado. La presencia de tumbas de principios de la Edad Media en esta zona se conoce desde hace mucho tiempo, y algunos vecinos han ido haciendo descubrimientos como este desde hace bastante tiempo.
Por ejemplo, los trabajos llevados a cabo en el siglo XIX en la localidad ya sacaron a la luz diversos sarcófagos de yeso típicos del período medieval. En aquel entonces, los investigadores supusieron que los enterramientos estaban asociados a la capilla de Notre-Dame-des-Champs, construida en el siglo VII sobre un antiguo templo pagano que honraba a un manantial.
Pero a día de hoy, no queda ni rastro de aquellas antiguas construcciones y las tumbas no han podido ser objeto de estudio hasta ahora. Así, los trabajos de excavación que los arqueólogos del Servicio Regional de Arqueología han llevado a cabo en las cuatro habitaciones que conforman el sótano de este particular han sacado a la luz 38 sepulturas de un cementerio que estuvo activo durante un largo período de tiempo: siete siglos (desde el siglo III al siglo X).
Y es que todos estos enterramientos han resultado ser mucho más antiguos de lo que supusieron en un principio los investigadores que hicieron las primeras excavaciones en el siglo XIX. De hecho, las primeras inhumaciones datan de la Antigüedad Tardía, un período de transición entre la Edad Antigua y la Edad Media, los siglos IV y VIII, lo que probaría que aquel emplazamiento ya había sido utilizado como cementerio mucho antes de la construcción de la capilla de Notre-Dame-des-Champs.
Posteriormente, a comienzos de la Edad Media, con el cambio en las costumbres funerarias, los difuntos ya no se enterraban tumbados sobre su espalda en un ataúd de madera colocado en una fosa, sino que eran sepultados en sarcófagos de yeso, algunos de los cuales estaban decorados, aunque este no es el caso de los diez descubiertos en el sótano de este particular.
Estos ataúdes, a diferencia de otros, solo contienen un difunto y uno de ellos estaba rematado por un bloque de piedra blanda tallada que, al no estar terminado, resulta muy difícil de restaurar en su forma original. Sin embargo, en una cara de este bloque los arqueólogos han podido distinguir parte de un rosetón, mientras que en la opuesta se grabó una cruz latina y otra cruz en el interior de un círculo.
Los investigadores han manifestado que el análisis de los esqueletos determinará el sexo de los individuos, su edad al fallecer y cuáles habrían sido sus condiciones de vida. También se estudiará la posición que ocupaban los huesos y los objetos funerarios para conocer mejor las prácticas de enterramiento del período, así como saber si las tumbas fueron abiertas para reacondicionar los huesos o, si por el contrario, pudieron haber sido saqueadas poco después de la inhumación.
Los geoglifos son enormes figuras creadas en el suelo de paisajes áridos, mediante la retirada o alteración de piedras y tierra. En el desierto de Atacama, estas figuras, que representan animales, seres humanos y objetos, fueron talladas por pueblos indígenas hace más de 3000 años. Estas impresionantes obras de arte ancestral han sido preservadas durante siglos, convirtiendo Atacama en un área invaluable para la arqueología y el patrimonio cultural de Sudamérica.
Las culturas indígenas prehispánicas que habitaron el desierto de Atacama, como los atacameños y los incas, fueron las responsables de crear los geoglifos. Estas civilizaciones usaban las figuras como símbolos religiosos y de comunicación, representando su cosmovisión y actividades rituales. Muchos de estos geoglifos fueron realizados en laderas o zonas planas del desierto, y su conservación ha sido sorprendente a pesar de las extremas condiciones climáticas del lugar.
En los últimos años, el auge del turismo y las actividades recreativas con motos, quads, pick-ups, todoterrenos y buggies ha puesto en riesgo la conservación de estos antiguos geoglifos. Sin conocer el valor histórico y cultural de las figuras, muchos usuarios de estos vehículos recorren el desierto de Atacama, dejando profundas marcas en el suelo. Estas huellas de neumáticos atraviesan los geoglifos, destruyendo irremediablemente parte del legado ancestral que ha perdurado durante milenios.
Una investigación llevada a cabo por la Universidad de Chile, indica que desde 2009, el Rally Dakar ha convertido el norte de Chile en su escenario. Con los vehículos pesados y motocicletas cruzando a alta velocidad el desierto de Atacama, incidiendo sobre los daños causados al patrimonio arqueológico de la región. Vestigios de civilizaciones antiguas han sido alterados o destruidos por la competición, sin que se hayan considerado completamente estos impactos en la planificación del evento.
Informes del Consejo de Monumentos Nacionales revelan que entre 2009 y 2011 se destruyeron 283 sitios arqueológicos, el 58,2% de los registrados.
Geoglifos, caminos del Inca y otros sitios históricos fueron gravemente afectados, mientras que el rally se disputó en la zona. Pese a los esfuerzos por delimitar rutas, los competidores a menudo sobrepasan los límites en su afán por ganar, causando daños irreparables. Otras pruebas automovilísticas también se han ido disputando en el área del desierto de Atacama.
Los geoglifos no son visibles a ras del suelo. Para ver estas maravillas arqueológicas, al igual, por ejemplo, que las líneas de Nazca, deben ser observadas desde el aire. Por eso, los drones han sido fundamentales para conocer la destrucción real. Las imágenes captadas por estos aparatos revelan el impacto devastador de las actividades motoristas. Las cicatrices dejadas por los vehículos son claramente visibles, y en algunos casos, han destruido tramos completos de las figuras.
Las labores de cultivo que un agricultor estaba llevando a cabo en el este de Anatolia ha supuesto el descubrimiento de un espectacular mosaico de 84 metros cuadrados que ha sido datado por los expertos entre el período romano tardío y el bizantino temprano.
Un agricultor llamado Mehmet Emin Sualp, que vive en la población turca de Salkaya, situada en la región de Anatolia Oriental y a 14 kilómetros de la ciudad de Elazig, descubrió un espectacular mosaico mientras realizaba labores agrícolas en sus terrenos.
Me fijé en el mosaico mientras plantaba. Desde entonces he estado involucrado en los trabajos de excavación. Es imposible asignar un valor monetario a este descubrimiento ahora. El museo sabrá mejor el valor de este sitio.
El agricultor se puso de inmediato en contacto con los expertos del Museo de Elazig, localizado en la Universidad de Firat, en la misma ciudad, para informarles del hallazgo.
Después de examinarlo in situ, los especialistas pudieron confirmar que se trataba de un mosaico de unos 84 metros cuadrados, posiblemente elaborado durante el período romano tardío o bizantino temprano.
Los investigadores han incidido en la importancia del descubrimiento, principalmente porque presenta algunos detalles que lo hacen distinto al resto de mosaicos.
Y es que según ellos, no es solamente por su enorme tamaño, sino también por sus finos detalles artísticos, que incluyen una gran variedad de representaciones de animales (leones, cabras montesas, patos…) y elementos vegetales, como árboles, además de sus intrincados patrones geométricos.
El gobernador de Elazig, Numan Hatipoglu dice:
el mosaico se encuentra en una sola pieza y es enorme. Si como resultado de nuestras investigaciones en la región surgen áreas en las que necesitemos llevar a cabo trabajos de excavación, lo haremos.
Asimismo, si nuestros estudios sacan a la luz algunos objetos históricos que puedan ser expuestos y exhibidos, desarrollaremos una estrategia distinta. En cambio, si no es así, prepararemos este hermoso mosaico para su exposición en el Museo de Elazig.
Además de este fantástico mosaico, las excavaciones en Salkaya han sacado a la luz diversas estructuras que incluyen una iglesia y una bodega, lo que hace suponer a los arqueólogos que este yacimiento habría sido un lugar muy importante en diferentes etapas de la historia de esta región.
Fundada por los fenicios en el 1.101 a.C., pasa a manos romanas durante la tercera guerra púnica, capitulando a sus nuevos conquistadores antes de la caída de Cartago. Su rendición favorece su estatus de ciudad libre y su elección como capital de la nueva provincia de África. A pesar de posicionarse en el bando de Pompeyo durante la guerra civil, la ciudad mantiene su importancia, obteniendo además sus habitantes la ciudadanía romana gracias a Augusto. Su desarrollo alcanza su cenit durante la administración de Septimio Severo (193-211 d.C.). Mantiene su vitalidad tras el ocaso imperial bajo el control de los vándalos y los bizantinos. Su abandono se produce tras la invasión musulmana, siendo rescatada del olvido el siglo pasado gracias a las excavaciones arqueológicas.
Tras la caída de Cartago, Utica es la capital de la provincia romana de África y una de las más importantes ciudades del mediterráneo en la Antigüedad. Según los textos griegos y latinos, esta antigua urbe ahora Túnez, es el asentamiento fenicio más antiguo del continente africano.
Los fenicios se ubican en el Líbano, en la franja Sirio Palestina. Y fenicios es el nombre que le dan los griegos porque son descendientes de los cananeos, un pueblo semita mencionado en la Biblia, antepasados de los fenicios durante la Edad de Bronce. Con la crisis de 1.200 a.C. la gran crisis de la edad de bronce, los reinos cananeos desaparecen, pero muchas ciudades cananeas continúan durante la edad del hierro y por influencia de los griegos les denominan fenicios. Los fenicios mantienen intercambio marítimo con Chipre, el Egeo, Creta, con los reinos micénicos…
Ahí comienza la proyección marítima de los cananeos, posteriormente fenicios, hacia el Norte Egeo y hacia el Mediterráneo Occidental a comienzos del primer milenio Antes de Cristo.
En esta expansión, buscan recursos como metales. Entre ellos el estaño, un metal necesario para obtener el bronce, que además es escaso en el planeta. Esta búsqueda es una de las causas por las cuales los fenicios inician la fundación de una serie de establecimientos, ciudades fijas, son pragmáticos.
José Luís López Castro director del proyecto dice:
Sabían adaptarse muy bien a las circunstancias ambientales, geográficas, orográficas, sabían reconocer muy bien las ventajas de cada sitio para obtener la máxima eficacia en su propósito, optimizar los resultados de sus actividades productivas.
Esta civilización que más allá de ser grandes comerciantes también eran grandes artesanos con enormes conocimientos técnicos.
El hecho de que ahora estemos encontrando restos monumentales que no son muy abundantes en la Península Ibérica, ni tampoco en otras partes del Mediterráneo Central. Es muy interesante porque pone de manifiesto los grandes conocimientos técnicos que tenían en arquitectura, en ingeniería. El conocimiento profundo de los tipos de suelo, de los tipos de roca, de los materiales pétreos como sabían trabajar y optimizar los materiales y era una civilización que tenía unos rasgos monumentales dignos de mención.
Desgraciadamente como luego hubo una etapa romana muy intensa en gran parte del Mediterráneo, los monumentos fenicios han desaparecido.
El área que ocupó la ciudad fenicia de Utica ha permanecido inexplorada hasta hace pocos años. Desde 2010 un equipo hispano-tunecino viene investigando en el sector Norte de la ciudad, junto a la antigua línea de costa, con excelentes resultados científicos.
Se trata de un proyecto que cuenta con la colaboración conjunta del Instituto Nacional del Patrimonio de Túnez, la Universidad de Almería y la asociación científica Centro de Estudios Fenicios y Púnicos (CEFYP).
Se exploró Utica, pero sólo las excavaciones del francés Pierre Cintas realizada en 1951 en la necrópolis de la ciudad, aportaron datos sobre la larga etapa fenicio púnica. Apenas existían informaciones de la presencia de esa civilización en la ciudad.
En 2010 empezaron a documentar la presencia fenicio- púnica en Utica.
Iniciamos primero nuestros trabajos con una campaña de prospección geofísica, utilizando georradar o radar de subsuelo, que nos permitió localizar una serie de estructuras enterradas, hicimos sondeos de comprobación en la primera campaña de investigación arqueológica de 2012, y entonces ya seleccionamos dos zonas la zona uno y la zona dos, centrándonos por una parte en una área donde habíamos localizado restos muy antiguos del siglo IX a.C y otra área donde habíamos localizado una área urbana de una gran extensión. Y también localizamos unos restos monumentales que actualmente interpretamos como los restos de dos templos fenicio-púnicos.
Hay un pozo de agua del siglo IX a.C… en el interior del cual se encontraron los restos de un gran banquete.
Un pozo de agua, cartesiano, para extraer el agua que por algún motivo, probablemente una salinización, por la proximidad del mar, barajamos como hipótesis, el pozo dejó de utilizarse como tal y entonces fue aprovechado para depositar, clausurar, con una gran cantidad de restos de huesos de animales consumidos y de fragmentos cerámicos, lo que consideramos los restos de un gran banquetes colectivo probablemente con algún tipo de carácter o de origen sacro. Sabemos que existen fiestas colectivas y banquetes colectivos en el mundo fenicio. No podemos asociarlo con seguridad con ninguna fiesta en concreto pero sí tiene todo el aspecto de tratarse de un gran banquetes colectivo de estas características
Las tareas de excavación del pozo fueron bastante complicadas ya que éste se inundaba de agua y se tenía que extraer mediante el uso de una bomba. Además fue necesario sumergir a un arqueólogo equipado con un neopreno, ya que la temperatura dentro del lugar era muy baja.
Se sabe que en el banquete se sacrificaron animales, como cerdos, ovejas o cabras que sirvieron para alimentar a centenares de personas, según cuentan los expertos.
Se consumieron también, a partir de las ánforas que han aparecido…ánforas tanto fenicias como ánforas de tipo sardo, sardo-fenicias, que contenían vino. Un banquete que debió de durar no solamente una comida sino varias porque también han aparecido lucernas, un cierto número de lucernas, que indicas que por la noche se encendían las luces para poder iluminarse. Los animales fueron sacrificados no lejos de allí, pero no en el sitio y se consumieron probablemente cocidos estofados, porque no hay marcas de fuego
Hemos encontrado una gran colección de cerámica fenicia, alguna importada y otra probablemente producida ya en Utica, cerámica Libia, pero también hay importaciones de Cerdeña, cerámicas griegas sobre todo vasos para beber, cerámica de crátera, e incluso han aparecido dos fragmentos de cerámica que provienen de la península ibérica del área que denominamos tartésica
Esta gran variedad de cerámica da una idea del área de influencias de los fenicios
Por lo tanto ya desde muy pronto Utica forma parte de los principales circuitos de distribución dentro de ese comercio fenicio temprano del siglo IX antes de Cristo.
Otro de los hallazgos de la excavación es el de dos templos monumentales superpuestos. El más antiguo de finales del siglo VII a.C y el más reciente de mediados del siglo IV.
El tiempo del siglo cuarto reutilizó los sillares de cantería empleados en el primer templo… El templo se sitúa en las proximidades de una fuente termal de agua caliente que todavía hoy día existe. Este templo a pesar de no estar en un estado óptimo, como podemos imaginarnos al conocer otros templos de la zona del mediterráneo, pero lo cierto es que el del siglo IV es uno de los templos mejor conservados del mediterráneo central y occidental.
Las excavaciones han permitido completar la planta del edificio más reciente y descubrir elementos arquitectónicos como fragmentos de cornisas decoradas, capiteles y columnas.
Lo que dificulta la documentación de los templos y restos arqueológicos fenicios es el expolio que hicieron los romanos al llegar a la zona. Estos aprovecharon aquello que les convenía, cómo las piedras fenicias, para hacer sus propias edificaciones.
Un expolio que continuó en época medieval y en época contemporánea a causa de los movimientos de tierra provocados por las explotaciones agrícolas.
Otro de los estudios que se han llevado a cabo en este proyecto es en análisis de las semillas encontradas en la zona de Utica.
Hacemos un registro sistemático de muestras de tierra, que luego flotamos con agua y allí podemos por ejemplo semillas y gracias a esas semillas podemos reconocer las semillas de especies silvestres como de especies cultivadas. Como semillas de trigo, de cebada, de legumbre, como guisantes, lentejas, también de frutos, por ejemplo de nueces. Gracias a eso podemos hacernos una idea de que especies se cultivan y qué especies servían de combustible, por ejemplo en la construcción, a lo largo de la secuencia histórica que estudiamos en Utica, que duró casi un milenio.
A través de diferentes técnicas se puede ver como evolucionan los cultivos… pueden verse también especies nuevas que los fenicios introducen… y pueden hacerse comparaciones de larga duración a lo largo de casi un milenio. Por ejemplo, esto les ha permitido comprobar como en época romana la agricultura es más expansiva que en época fenicia.
Probablemente se extiende una agricultura de tipo esclavista en época romana que implica un incremento muy notable de la producción. Y la puesta en cultivo de muchas más hectáreas de productos con el objetivo de obtener grandes cosechas que luego se transforman. Por ejemplo el aceite africano, que abastecía a muchas provincias. Los fenicios practicaban una agricultura de tipo mercantil, destinada también a la exportación… por eso también usan ánforas, pero el incremento agrícola que se produce en época romana es mucho mayor.
Para nosotros trabajar en Utica y para mi en particular es una suerte inmensa porque es una de las grandes ciudades fenicias y romanas. Además es una gran satisfacción poder contribuir a desvelar ese pasado fenicio y sobre todo a recuperar Utica para la investigación. Utica antes apenas estaba situada en los mapas arqueológicos y desde que estamos nosotros trabajando aparece en todos los mapas. Cualquiera que hace un trabajo sobre el mundo fenicio tiene que mencionar a Utica no? Entonces, desde este punto de vista es una gran satisfacción.
Los resultados arqueológicos más significativos obtenidos en el proyecto consisten, en la localización de un complejo arquitectónico en el área más antigua de ocupación de la ciudad que se remonta al siglo IX a.C., convirtiendo a Utica en el asentamiento colonial fenicio más antiguo del Mediterráneo de acuerdo con las dataciones de C14 calibradas.
Las excavaciones hispano-tunecinas han exhumado una extensa área en uso desde el siglo VIII a.C. hasta época romana. En esta zona se han descubierto restos de dos templos superpuestos a los que se asocian elementos de arquitectura monumental fenicio-púnica, únicos por el momento en el Mediterráneo Central y Occidental. Por lo que respecta al área más antigua, formando parte del complejo arquitectónico fenicio se ha localizado un pozo ritual de 4 m de profundidad relleno con los restos de un banquete colectivo, que podemos datar con cronología arqueológica convencional en el periodo Geométrico Medio II, entre 825/800 y 750 a.C.
Los restos constructivos fenicios localizados del siglo IX a.C., se asocian a material arqueológico fenicio, griego geométrico y sardo, del mismo tipo a los que definen el horizonte fenicio más antiguo documentado en Huelva, en El Carambolo y en La Rebanadilla, en el aeropuerto de Málaga.
El pozo formaba parte de un complejo compuesto por un edificio de grandes proporciones conservado sólo en su mitad norte, que estuvo en uso en el siglo IX a.C., al que se asocian restos de actividades metalúrgicas
Las excavaciones han descubierto un muro monumental de sillares datado provisionalmente en los siglos III-II a.C. que seguía la misma orientación que el edificio fenicio y que relacionamos con un edificio monumental, posiblemente un templo.
Se ha podido constatar que la ordenación del espacio en Utica sigue patrones ortogonales como ya se ha puesto de manifiesto en el urbanismo de Cartago. Asimismo se han identificado funciones productivas en esta zona mediante restos de actividad metalúrgica y un horno de producción cerámica en entre los siglos VI-IV a.C. Junto a esta área estuvieron en uso de manera sucesiva dos templos monumentales superpuestos, de los siglos VII y IV a.C., de los que el más antiguo está bastante destruido para la construcción del más reciente, que presenta un mejor estado de conservación, aunque fue destruido parcialmente como consecuencia de una reestructuración urbana de época tardorrepublicana romana…
El proyecto en 2021 creo la instalación de un centro de interpretación con la instalación de apoyo didáctico para los visitantes.
Los berserkers eran guerreros vikingos salvajes y aterradores. Con su feroz naturaleza y habilidades de combate, a menudo se convertían en leyendas.
Los guerreros habían desarrollado la capacidad de entrar en una especie de trance, que les permitía luchar con una fuerza y resistencia sobrehumanas.
A menudo se dice que se volvían tan frenéticos y salvajes que eran capaces de luchar contra múltiples enemigos a la vez, sin sentir dolor ni miedo.
El origen del término «berserker» proviene de la palabra nórdica «berserkr», que significa «hombre-oso». Se cree que los berserkers adquirieron este nombre debido a la creencia popular de que estos guerreros poseían el espíritu de un oso.
De hecho, se dice que los berserkers a menudo usaban pieles de oso como armadura y entraban en batalla rugiendo como un oso.
También se cree que los berserkers eran capaces de transformarse en osos durante la batalla. Sin embargo, esto último es más probable que sea una exageración de las leyendas.
Para convertirse en un berserker, se requería un entrenamiento riguroso y una dieta especial. Los guerreros vikingos que deseaban convertirse en berserkers se preparaban física y mentalmente para la batalla.
Además de un entrenamiento riguroso en artes marciales, los berserkers también practicaban rituales religiosos y mágicos que se creía que les otorgaban habilidades sobrenaturales en la batalla.
Los berserkers luchaban de una manera muy particular. En lugar de la técnica y la precisión de los guerreros normales, los berserkers confiaban en su fuerza sobrehumana y su capacidad para asustar a sus enemigos.
Luchaban sin armadura, a menudo llevando solo pieles de oso o de lobo. Se dice que los berserkers se lanzaban hacia sus enemigos sin pensar en su propia seguridad, a menudo ignorando las heridas que sufrían en el proceso.
Los berserkers no usaban una armadura convencional como la que usaban otros guerreros vikingos. En cambio, se dice que llevaban pieles de animales como el oso o el lobo para protegerse en la batalla. Estas pieles también servían para intimidar a los enemigos, ya que los berserkers rugían y gruñían mientras se acercaban a ellos.
En cuanto a las armas, los berserkers usaban hachas y espadas de dos manos. A menudo, estas armas eran decoradas con runas y símbolos sagrados. También se dice que los berserkers usaban una lanza larga conocida como «spear-axe», que les permitía atacar desde la distancia y luego luchar cuerpo a cuerpo.
A pesar de la gran cantidad de leyendas y mitos que rodean a los berserkers, hay pocos registros históricos que prueben su existencia. Sin embargo, hay algunas menciones de estos guerreros en las sagas nórdicas y en la literatura medieval. También se han encontrado algunos artefactos que sugieren la existencia de los berserkers, como piezas de armadura de piel y armas decoradas con símbolos sagrados.
Los berserkers eran considerados guerreros sagrados en la sociedad vikinga. Se creía que tenían habilidades sobrenaturales que los hacían invencibles en la batalla. Debido a su reputación, los berserkers eran muy valorados en la sociedad vikinga y a menudo se les contrataba como mercenarios en otros países. También se sabe que los berserkers eran parte de la guardia personal de los reyes vikingos, y se les encomendaba la tarea de proteger a los líderes vikingos en la batalla.
Los berserkers son algunos de los guerreros más fascinantes y misteriosos de la historia vikinga. Aunque hay pocos registros históricos que prueben su existencia, las leyendas y mitos que los rodean siguen siendo fascinantes para muchas personas. Su feroz naturaleza, habilidades sobrenaturales y estilo de lucha único los han convertido en una leyenda en la historia de los vikingos.
Los berserkers son a menudo mencionados en la cultura popular moderna, especialmente en la literatura fantástica y en los videojuegos. Muchas personas encuentran fascinante la idea de un guerrero que puede luchar con una fuerza y resistencia sobrehumanas.
Los berserkers eran una elite de guerreros vikingos que se distinguían por sus habilidades sobrenaturales y estilo de lucha único. La mayoría de los guerreros vikingos eran entrenados en técnicas de combate convencionales.
Las pieles de animales eran una forma común de protección para los guerreros vikingos. Además de las pieles de oso y de lobo, también se usaban pieles de otros animales, como el ciervo y la marta.
Una anciana rumana uso como tope de puerta durante decadas una pieza de ambas valorada en un millon de euros.
La piedra de gran interes cientifico, podria tener entre 38,5 y 70 millones de años de antiguedad y es una de las mas grandes del mundo.
La piedra de 3,5 kilos.
Una de las pepitas de ámbar más grandes del mundo que se conoce hasta el momento, valorada en un millón de euros, ha estado durante décadas en casa de una anciana de Rumania que pensó que se trataba de una piedra. La mujer, que encontró la pieza de 3,5 kilogramos en el cauce de un arroyo de Colti, una aldea situada al sureste del país de la Europa del Este, la utilizó como simple tope de puerta sin que nadie se diera cuenta de su valor, ni siquiera unos ladrones de joyas que entraron en su vivienda, revelaron los medios rumanos, una información que ha confirmado a EL PAÍS Daniel Costache, director del Museo Provincial de Buzau, donde se halla el objeto en la actualidad.
La extraordinaria resina fósil llamó la atención de un familiar de la propietaria de la vivienda, que murió dos años después de la caída de la dictadura comunista en 1989. Al heredar lo que consideraba una roca, examinó el trozo de ámbar con más atención y dedujo que podría ser una piedra semipreciosa de gran valor. Y no se equivocó. Vendió el hallazgo único al Estado rumano, que rápidamente clasificó la pieza como tesoro nacional.
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Las autoridades rumanas dejaron la pepita en manos de especialistas del Museo de Historia de Cracovia (Polonia), que tiene una sección dedicada al estudio de piedras semipreciosas. Los expertos polacos ratificaron inmediatamente la autenticidad del ámbar y estimaron que podía tener entre 38,5 y 70 millones de años de antigüedad. “Su descubrimiento representa una gran trascendencia tanto a nivel científico como a nivel de museo”, explica Costache, quien cree que su valor es incuantificable. El experto asegura que es una de las piezas más grandes del mundo y la mayor de su tipo.
Miembros de la familia de la dueña llegaron a contar que incluso la anciana fue víctima de un robo en el que le sustrajeron solo unas joyas de oro de poco valor y que ignoraron por completo la pieza de ámbar. “En su frenética búsqueda de objetos de valor, pasaron por alto el verdadero tesoro que guardaba la casa ante sus ojos”, relataron.
Rumania se encuentra entre los países del mundo que cuentan con importantes yacimientos de ámbar, siendo el condado de Buzau una de las zonas donde se halla en abundancia esta piedra semipreciosa. Debido a las particularidades de los yacimientos del país, el geólogo Oscar Helm los llamó “rumanit”, comúnmente conocida como “ámbar de Buzau”, señala World Record Academy, la organización mundial más importante que certifica los récords.
En la región se ubica una reserva natural donde se descubrieron variadas pepitas de ámbar de un valor considerable tanto desde el punto de vista cualitativo como por los más de 160 matices de colores predominantemente oscuros, del rojo al negro. Algunos de ellos tienen un rico contenido de restos fósiles de arácnidos, coleópteros, dípteros, crustáceos, reptiles, plumas de aves y pelos de animales, entre otros. Además, en el territorio protegido se halla la antigua mina de ámbar de Stramba, conocida como una de las más productivas durante la primera mitad del siglo XX, pero que el régimen comunista paró al considerarla poco rentable.
Los medios de comunicación describen el pecio del Bom Jesus, detectado en 2008, como el naufragio de los diamantes.
Hundido en 1533 por una tempestad cerca de la costa desértica de Namibia, encalla en un área tan abundante en estas piedras preciosas que, recogiéndolas de la arena, se puede llenar con ellas una taza en apenas diez minutos. Sin embargo, a nadie se le ocurre repetir en la actualidad este experimento real de comienzos del siglo XX. Se metería en un buen lío.
El yacimiento donde reposan los restos del Bom Jesus se encuadra en una explotación de De Beers, la mayor firma mundial de diamantes, participada, además, por el Estado en el país africano (Namdeb Holdings y Debmarine Namibia). Esto hace que los vestigios del protogaleón renacentista sean vigilados día y noche con videocámaras, sensores de movimiento y otros dispositivos de seguridad.
Dichas medidas y los muros de contención que aíslan el sitio de las aguas atlánticas, a seis metros bajo el nivel del mar, permiten estudiar la nave sin temor alguno a sustracciones, alteraciones ni otros percances que, a veces, afectan a las obras arqueológicas. No es el único lujo reservado para este yacimiento. Más allá del contexto diamantífero, o de la carga que llevaba el barco, también suntuosa, este navío integrante de la Flota de Indias lusa transportaba un tesoro informativo. No lo sabían sus tripulantes. Tampoco se reparó en ello durante el redescubrimiento científico.
Hasta 2020, cuando una investigación académica alertó, por fin, de esos datos inestimables, la atención estuvo puesta en las numerosas monedas de oro, los lingotes de cobre con el sello de la banca Fugger o todo el marfil acarreado en la bodega de esta especie de camión flotante de la época. Sin embargo, la mayor riqueza del Bom Jesus viajaba escondida en el último material precioso mencionado. En los colmillos de elefante.
El 7 de marzo de 1533 había sido un día grandioso en Lisboa. Compuesta por siete naves al mando de João Pereira, cada una engalanada con banderas y gallardetes, la Flota de Indias zarpaba de la capital lusa hacia los confines más remotos del orbe. Le esperaba un año y cuarto de travesía hasta poder avistar de nuevo los meandros del Tajo junto al Atlántico, donde tenía su puerto y su hogar.
El convoy tenía la proa puesta en el meollo de la prosperidad asombrosa del pequeño reino portugués: los exóticos mercados de las especias repartidos por el arco afroasiático del océano Índico.
El propio soberano luso, Juan III el Piadoso, había fletado a su nombre dos navíos, recién construidos. Francisco de Noronha capitaneaba uno de ellos, el Bom Jesus. En él habían embarcado también unos trescientos hombres. Algunos eran marinos, otros, comerciantes, y otros más, soldados. Había, asimismo, desde aristócratas hasta esclavos, amén de algún sacerdote. Pero el destino no siempre concuerda con los planes humanos.
Aunque no se conocen muchos detalles del suceso debido a la escasa documentación superviviente, la carraca financiada por el monarca portugués desapareció durante una violenta tormenta alrededor de agosto, apenas cuatro meses después de iniciarse el periplo.
Era pleno invierno en el hemisferio austral por donde navegaba el Bom Jesus. Allí, las borrascas de la temporada fría pueden alcanzar vientos de hasta setenta nudos. Son unos 130 kilómetros por hora, capaces de destrozar palos, jarcia y velamen, así como de encabritar el mar con un oleaje ingobernable.
Buscar refugio en la costa en esas condiciones resulta verdaderamente utópico. Más cuando la zona es surcada, además, por la potente corriente oceánica de Benguela, cuyas gélidas aguas fluyen de sur a norte por la fachada africana sudoccidental.
Se estima que, cuando el Bom Jesus intentaba doblar el no muy distante cabo sudafricano de Buena Esperanza, comenzó a sufrir los zarpazos descritos de aire y de agua. Esas fuerzas naturales habrían arrastrado la embarcación cientos de kilómetros hacia el norte. Vapuleada y sin control, acabó con el casco incrustado en un saliente rocoso delante del litoral desértico de la actual Namibia. Sucedió a solo un centenar y medio de metros de donde desemboca el río Orange, un estuario famoso, siglos más tarde, por su exuberancia diamantífera.
Los indicios de esta tragedia marinera, pero también una faceta palpitante de la intrépida globalización renacentista a bordo de naos, carabelas y carracas, empezaron a recuperarse por un hecho fortuito. En abril de 2008, un geólogo de la mina de diamantes creyó haber encontrado una piedra curiosamente semiesférica en el sector U-60. Al desenterrarla y limpiarla, resultó ser un lingote de cobre, estampado con el tridente característico de los Fugger.
Los banqueros alemanes –aquí, en concreto, Anton, un sobrino de Jakob, el fiador de Carlos V para su ascenso al trono imperial– pagaban con esas medias bolas metálicas las compras índicas de especias. La estabilidad brindada por el cobre acumulado evitó que el barco hundido se dispersase por completo con la acción secular del mar.
Empleando desde escáneres láser, con el fin de obtener imágenes tridimensionales del pecio, hasta fotografías y mediciones pormenorizadas del conjunto y sus partes, los investigadores fueron rastreando el resto de la carga y concibieron el estado original del galeón primitivo, recreando, igualmente, sus angustiosos momentos finales. Estos estudios con alta tecnología se combinaron con trabajo de biblioteca.
Las relaciones de las armadas portuguesas, una carta de los archivos reales lusos, las colecciones numismáticas de ese período y otras referencias, algunas, de las escasas no arrasadas por el gran seísmo de Lisboa de 1755, permitieron identificar y datar el barco, fechar las monedas y los lingotes y, también, determinar que el Bom Jesus navegaba hacia la India, no de regreso. Estas y otras tareas científicas demandaron un esfuerzo académico internacional. Participaron entidades principalmente de Namibia, Sudáfrica, el Reino Unido, Estados Unidos y Portugal.
Las universidades de Oxford, Ciudad del Cabo, Pretoria, Illinois y A&M de Texas, el Museo Pitt Rivers de la británica y el Nacional de Namibia, el Instituto Africano de Investigación Marina y Subacuática y el Ministerio de Cultura portugués han tenido un papel destacado en la excavación, el análisis o la interpretación del yacimiento y los restos.
Los arqueólogos marinos Bruno Werz, Francisco Alves y Filipe Vieira de Castro, los arqueólogos Shadreck Chirikure, Ashley Coutu y Dieter Noli y los historiadores Wolfgang Knabe y Luís Filipe F. R. Thomaz se cuentan entre los nombres propios que han dirigido o intervenido en algunos proyectos clave que se han desarrollado.
Gracias a las aportaciones de estos y otros profesionales, pronto se tuvo una idea ajustada de la enorme importancia del pecio. No tardó en calificárselo, de hecho, como el naufragio más antiguo y también como el más opulento que se haya encontrado en el África subsahariana.
Buena parte de su valía radicaba en que el Bom Jesus, el segundo barco de la edad dorada de los descubrimientos geográficos recobrado indemne de cazadores de tesoros, contenía una cantidad sin parangón de marfil. La histórica carraca ha deparado, en rigor, el mayor cargamento arqueológico de procedencia africana que se haya recuperado nunca de este material precioso.
Desde 2020, el yacimiento viene revelando información trascendental sobre los animales de los que se extrajo. El centenar largo de colmillos de elefante rescatados del hundimiento ha convertido al Bom Jesus en un aliado providencial para la supervivencia de esta especie fascinante.
Cabe recordar que, en su variedad de bosque, precisamente la referenciada en la nave renacentista, estos paquidermos se hallan en peligro crítico de extinción, de acuerdo con la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. Si hubiera sido un serio menoscabo testimonial y patrimonial la pérdida de oro, marfil o cobre de la carraca, puede imaginarse el lujo inasumible, irreparable y desolador de un mundo sin elefantes africanos.
A bordo de la carraca viajaban unas dos mil monedas de oro y plata (siete de cada diez, españolas), veintidós toneladas de lingotes de cobre, armas, instrumentos de navegación y efectos personales. También se conservan la estructura y otros restos del Bom Jesus.
Sin embargo, el marfil representa el culmen del pecio por su cantidad (más de cien colmillos de elefante), su calidad y su estado. El marfil africano era un lujo muy apreciado en el siglo XV en Europa y Oriente. Con él se fabricaban desde imágenes religiosas hasta peines, marcos y joyas.
Un estudio de 2020 evidenció, además, la relevancia bioarqueológica de este material. El análisis, mapeo y comparación de su ADN con el de elefantes actuales señalaron que los de hace cinco siglos habían sido de bosque, no de sabana, y exclusivamente de África occidental, dos sorpresas para los expertos.
También se sabe que ha habido una fuerte merma de esta subespecie: diecisiete manadas en el siglo XV y hoy solo cuatro en la misma región. Los elefantes de ahora se internan más en la selva para eludir la caza y la reducción de su hábitat, ambas amenazas de origen humano. Ya se está trabajando con estos hallazgos arqueológicos, históricos, genéticos y etológicos para hostigar menos a estos animales y contribuir a su conservación.
Unas excavaciones arqueológicas en Bulgaria desenterraron una serie de hallazgos increíbles después de que los arqueólogos descubrieran el lugar de descanso final de un antiguo guerrero que se hizo acompañar en su último adiós de tesoros y artefactos muy antiguos.
La excavación en Bulagiar, en Kapitan Petko Voyvoda, un pueblo en el municipio de Topolograd, comenzó como parte de un proyecto de edificación que tenía como objetivo construir un parque de paneles solares en el área, según un informe citado por el Miami Herald, pero se convirtió en algo mucho más emocionante.
Los arqueólogos descubrieron una tumba de 1.900 años de antigüedad perteneciente a un guerrero tracio y el lugar del entierro contenía varios de los increíbles tesoros dejados junto al soldado cuando él fue sepultado.
Entre los tesoros descubiertos se encuentran varios objetos de oro, así como múltiples armas y cerámica, que fueron mostrados por el municipio de Topolovgrad en su página de Facebook después del descubrimiento.
Uno de los artefactos más impresionantes desenterrados fue un collar que, según señaló el Miami Herald, parecía tener un diseño trenzado con “varios colgantes en forma de linterna con incrustaciones de piedras rojas”.
En la tumba también se descubrió una pulsera rectangular de oro con un diseño similar al del collar. La pulsera tenía tantos detalles incrustados como el collar, pero su diseño parecía mucho más intrincado.
La parte posterior de la pulsera muestra la habilidad técnica del creador de la pieza. Un borde muy detallado en la pulsera encierra una incrustación aún más intrincada y compleja de piedras preciosas conectadas por varios patrones.
En la tumba también se descubrió un cuchillo que parecía tener piedras preciosas similares a las del brazalete. Sin embargo, además del pequeño tesoro de joyas de oro, también se descubrieron algunos objetos más mundanos.
Entre los restos arqueológicos menos interesantes, pero igualmente valiosos, se encontraron varias ollas, jarras y cántaros, así como los huesos del guerrero tracio que se cree que fue un jinete aristocrático empleado por los romanos.
El antiguo guerrero fue incinerado después de su muerte y enterrado junto a su caballo. El phecho de que las joyas descubiertas en la tumba parecieran pertenecer a un solo conjunto puede indicar que el guerrero era una figura importante.
Los tracios eran un pueblo indoeuropeo que surgió a principios de la Edad del Bronce (entre el 1.700 y el 1.100 antes de Cristo). Este grupo de pueblos antiguos entró en conflicto con los romanos durante las guerras macedonias.
La historia de los tracios es larga y complicada, pero es importante saber que los romanos finalmente convirtieron a las tribus tracias que vivían en lo que hoy es Grecia y Bulgaria en un estado asociado antes de anexar su territorio.
“Los tracios solían servir en las fuerzas auxiliares romanas como tropas no ciudadanas, especialmente en funciones de caballería e infantería ligera”, explicó Mark Milligan de Heritage Daily.
“Los soldados tracios se establecían en colonias romanas o se les concedían tierras, lo que les permitió integrarse aún más en la sociedad romana”, añadió Milligan. El guerrero desenterrado en Kapitan Petko Voyvoda podría haber sido uno de los muchos tracios integrados a Roma, pero es posible que nunca lo sepamos.
Las excavaciones en Kapitan Petko Voyvoda fueron dirigidas por Daniela Agre, arqueóloga del Departamento de Tracia del Instituto Arqueológico Nacional y un comunicado de prensa de los arqueólogos destacó los numerosos objetos que desenterraron.
Entre las impresionantes joyas y cuchillos se encontraron una diadema de oro, varias piedras preciosas, un peto y varias armas que datan del siglo I e.c.. Los motivos de algunos de los objetos no tienen otros ejemplos conocidos en Bulgaria.
Arqueólogos turcos descubrieron en una excavación submarina un hallazgo histórico y de valor incalculable. Encontraron una daga que tendría unos 3600 años de anguedad.
Pertenecía al cargamento de un barco hundido en El Mediterraneo. Pese a que el barco se localizó en 2019, los tesoros que llevaba siguen apareciendo al día de hoy.
Este verdadero tesoro arqueológico se hallaba en la costa de Kumluca, un pueblo de Turquía que tiene playas paradisíacas.
El naufragio fue descubierto en 2019, y ahora, cinco años después, todavía se están realizando hallazgos sorprendentes en el fondo del océano.
El barco transportaba lingotes de cobre, y se cree que su destino, antes de hundirse frente a la antigua ciudad de Lycia, era la isla de Creta.
Esta excavación submarina fue encabezada por el profesor Hakan Öniz de la universidad de Akdeniz, y allí encontraron una daga minoica de unos 3600 años.
Mehmet Nuri Ersoy, Ministro de Cultura de Turquía, destacó el hallazgo. «Un secreto de 3600 años de antigüedad escondido en las profundidades del mar Mediterráneo ha salido a la luz», indicó.
«Durante excavaciones submarinas frente a la costa del distrito Kumluca de Antalya se encontró una daga de bronce con remaches de plata perteneciente a la civilización Minos», detalló a través de sus redes.
«Este naufragio puede ser uno de los descubrimientos más importantes no solo en Turquía sino también en el mundo de la arqueología subacuática», agregó.
Según han relatado los investigadores, a través de un minucioso trabajo, en un primer momento excavaron pequeñas muestras para conseguir más información.
Luego de cinco años están comenzando a aparecer los primeros objetos hallados, y se espera que los continúen durante los próximos cinco años.