La investigación arqueológica en el Sarre revela un pasado híbrido.
Archaeologist Sabine Hornung is a Professor of Prehistory and Early History at Saarland University. Credit: UdS / Thorsten Mohr / Saarland University
Las excavaciones en Oberlöstern revelan túmulos, villas y monumentos que fusionan las tradiciones celtas y romanas, rastreando las raíces de la identidad europea.
A similar, opulent Roman villa rustica like the one near Oberlöstern can be found in the Saarland municipality of Perl. Shown here is the reconstructed entrance building of the so-called Villa Borg. Credit: Sebastian Wallroth
En las tranquilas colinas del Sarre, Alemania, el pasado continúa resurgiendo de formas inesperadas. Cerca del pequeño pueblo de Oberlöstern, en el distrito de Wadern, dos túmulos monumentales se alzan como impactantes recordatorios de un mundo atrapado entre dos civilizaciones.
Aunque construidas en el siglo II d. C., estas tumbas llevan las inconfundibles huellas de las tradiciones celtas y romanas: una hibridez cultural que revela cómo las comunidades locales se adaptaron, resistieron y, en última instancia, redefinieron la vida bajo el dominio romano.
Durante más de una década, la arqueóloga y profesora Sabine Hornung, de la Universidad del Sarre, ha liderado un ambicioso proyecto de investigación en este paisaje. Su trabajo no solo descubre vestigios de la vida cotidiana de hace 2000 años, sino que también arroja luz sobre los procesos más amplios de transformación cultural que moldearon a la propia Europa.
Los dos túmulos funerarios, coronados por prominentes piñas de pino piñonero —símbolos de la vida eterna en la cultura romana—, fueron reconstruidos en la década de 1990 utilizando materiales originales desenterrados durante las excavaciones.
Ahora son puntos de referencia visibles, pero Hornung enfatiza:
fueron monumentos aislados. En cambio, formaban parte de un paisaje de asentamiento mucho más amplio, que incluía granjas, canteras, una finca de villas e incluso un recinto de templos que antaño dominaba el paisaje circundante.
Al situar estos túmulos en su contexto completo, Hornung y su equipo han reconstruido una narrativa de negociación cultural. Señala Hornung:
Nuestros hallazgos nos permiten comprender mejor la vida de la gente común, más allá de lo que sabemos en los libros de historia.
Las evidencias superficiales de la antigua aldea desaparecieron hace mucho tiempo: Dos milenios de agricultura han tenido un impacto negativo. Sin embargo, los estudios geofísicos y las excavaciones han sacado a la luz descubrimientos notables. Bajo tierra se encuentran los restos de una aldea celta, un conjunto de modestas casas de madera donde varias familias vivían juntas sin distinciones sociales claras.
Esta imagen cambió drásticamente tras la conquista romana. A finales del siglo I d. C., una élite terrateniente comenzó a afirmar su poder arquitectónicamente. El equipo de Hornung utilizó la prospección geomagnética para reconstruir la mayor villa romana jamás identificada en la región de Hochwald. La finca contaba con un impresionante edificio principal para el terrateniente, flanqueado por dependencias económicas y viviendas más pequeñas para las familias dependientes. Explica Hornung:
Aquí, las diferencias sociales se hacen visibles en la arquitectura.
Los túmulos funerarios en sí mismos revelan una gran cantidad de identidad en esta época de transición. Si bien su forma de tierra recuerda la arquitectura funeraria celta tradicional, los recintos de piedra y los adornos de piñas pertenecen firmemente a la práctica funeraria romana. Aún más impactante es un monumento funerario cercano que representa a un esposo y una esposa con atuendos celtas, aunque tallados en estilo romano. Afirma Hornung:
Los túmulos monumentales son un híbrido cultural. Sus constructores enfatizaron sus raíces celtas al tiempo que adoptaban elementos arquitectónicos romanos. En esto, vemos una reivindicación de la tierra ancestral, así como un reflejo de un cambio de mentalidad.
Las prácticas económicas también revelan una continuidad persistente. El equipo identificó canteras cercanas donde se habían producido piedras de molino desde la época celta. Aunque la roca local era inferior a las piedras de lava importadas disponibles a través del comercio, la comunidad persistió en usar y valorar sus propios materiales, incluso para monumentos prestigiosos. Sugiere Hornung:
Era casi una declaración desafiante.
La investigación de Hornung en Oberlöstern forma parte de una investigación más amplia sobre los paisajes culturales del Sarre. En 2010, identificó un campamento militar romano en Hermeskeil, un sitio importante para comprender las campañas de Julio César en la Galia. En conjunto, estos descubrimientos aportan nuevas piezas al rompecabezas de cómo las sociedades celtas se integraron en el mundo romano.
Las implicaciones, van mucho más allá del turismo regional. Esta fue la época en que las tribus celtas soberanas se incorporaron al Imperio romano, creando una unidad política que sentó las bases de lo que hoy llamamos Europa.
Estudiar cómo las comunidades antiguas se adaptaron al cambio cultural y político también nos permite extraer lecciones para la actualidad. Los desafíos a los que se enfrentan nuestras sociedades no son nuevos. Podemos mirar atrás para ver qué estrategias funcionaron y cuáles fracasaron.
Gracias a la colaboración con la ciudad de Wadern y al apoyo del Ministerio de Economía y Medio Ambiente del Sarre, así como de la Fundación Cultural Merzig-Wadern, los resultados de estos estudios son ahora accesibles al público. Los paneles informativos y las reconstrucciones en 3D permiten a los visitantes imaginar la grandeza de la villa, la prominencia del recinto del templo y la identidad híbrida expresada en los túmulos funerarios.
Entre estos monumentos reconstruidos, se percibe el peso de la historia. Como observa Hornung: Al imaginar cómo era la finca romana en su día, o cómo el templo se alzaba sobre la vida cotidiana, uno se acerca más a la gente que vivió aquí hace 2000 años, más cerca que en ningún otro lugar.
Universität des Saarlandes (Universidad del Sarre)
Las autoridades iraquíes han revelado el descubrimiento de un toro alado de seis metros, o lamassu, descubierto en Mosul. El hallazgo, anunciado por el ministro de Cultura Ahmed Fakkak al-Badrani en Iraqia News, data del reinado del rey Asarhaddón en el siglo VII a. C. (681-669 a. C.), cuando el Imperio neoasirio se extiende desde el Golfo Pérsico hasta Egipto.
Situada en las ruinas de la sala del trono de Asarhaddón en el yacimiento de Nabi Yunus en Mosul, parte de la antigua Nínive, se cree que la colosal escultura es el lamassu más grande jamás registrado. Más que una maravilla arqueológica, es un emblema excepcional de la grandeza imperial de Asiria y un posible punto de inflexión en el estudio del patrimonio mesopotámico. El ministro de Cultura iraquí, Ahmed Fakkak al-Badrani, anunció en la televisión estatal (Iraqia News) el descubrimiento de lo que describió como el toro alado asirio más grande de la historia, con una altura aproximada de seis metros. La colosal figura, conocida como lamassu, fue descubierta en el salón del trono real del palacio del rey Asaradón, ubicado bajo la mezquita del profeta Jonás en Mosul.
Declaró el ministro:
Este descubrimiento, que alcanza casi seis metros, tiene una gran importancia arqueológica e histórica. Las excavaciones también apuntan a la existencia de copias más pequeñas y han permitido a los investigadores estimar mejor el tamaño y la distribución del salón del trono, uno de los espacios arquitectónicos más importantes del Imperio asirio.
Los lamassu, criaturas híbridas con cuerpo de toro o león, alas de águila y cabeza humana, servían como deidades protectoras en la cultura mesopotámica. Solían colocarse en las puertas de los palacios para protegerse del mal y mostrar el poder real. Los ejemplos más famosos se conservan hoy en el Museo Británico (de Khorsabad) y el Louvre (de Dur-Sharrukin), y suelen medir entre 3,5 y 4,2 metros de altura. Incluso el colosal lamassu descubierto en Nimrud a mediados del siglo XIX rara vez supera estas dimensiones.
En comparación, el toro de Mosul recién descubierto, de aproximadamente seis metros, superaría a todos los especímenes conocidos hasta ahora, representando no solo el lamassu más grande jamás desenterrado, sino también un hito importante en la arqueología asiria.
El descubrimiento se ha localizado en las ruinas del palacio del rey Asarhaddón (que reinó entre 681 y 669 a. C.), uno de los gobernantes más poderosos del Imperio neoasirio. Asarhaddón es recordado por reconstruir Babilonia, sus campañas en Egipto y la expansión del dominio asirio por Oriente Próximo.
Según Badrani:
la arquitectura del palacio incluye múltiples salas contiguas que conducen a la sala del trono, cada una custodiada por parejas de lamassu en sus entradas. La escultura descubierta formaba parte de un par que flanqueaba la puerta principal del salón del trono.
Este no es el primer lamassu descubierto en el yacimiento. En la década de 1990, en el lado izquierdo del palacio, se encontró un ejemplar más pequeño, de poco menos de cuatro metros. En 2021, las autoridades iraquíes anunciaron el descubrimiento de otro gran toro alado, aunque más pequeño que el nuevo hallazgo. Sin embargo, la excavación más reciente ha sacado a la luz el más grande jamás registrado, convirtiendo el yacimiento en un punto focal para el estudio de la escultura monumental asiria.
Ruwaid Muwafaq, director de la Inspección de Antigüedades y Patrimonio de Nínive, enfatizó:
este descubrimiento aumentará la importancia arqueológica y turística del yacimiento.
Las excavaciones están siendo realizadas por la autoridad de antigüedades de Irak, en colaboración con la Universidad de Heidelberg (Alemania). Se están llevando a cabo planes para transformar el yacimiento de Nabi Yunus en un complejo museístico que integrará los hallazgos asirios con el patrimonio islámico de la Mezquita del Profeta Jonás.
Explicó Muwafaq:
El objetivo es vincular la historia asiria con el estrato cultural islámico de Mosul, señalando que pronto se anunciará un plan detallado.
Peter Nicholas, arqueólogo de la Universidad de Heidelberg, declaró a la Agencia de Noticias Iraquí (INA):
los equipos de excavación también descubrieron numerosas tablillas cuneiformes con inscripciones de los reyes Senaquerib, Asarhaddón y Asurbanipal, tres de los gobernantes más prominentes del Imperio Neoasirio. Otros artefactos parecen representar botines de guerra tomados de Egipto y el Levante, lo que ofrece una visión más completa de las extensas campañas de Asiria.
El anuncio se produce en un momento en que Irak invierte en la rehabilitación del patrimonio cultural de Mosul, gran parte del cual fue dañado o destruido en conflictos recientes. El descubrimiento del lamassu más grande hasta la fecha no solo reafirma la centralidad de Mosul en la historia asiria, sino que también refuerza la idea de un turismo basado en el patrimonio y el intercambio cultural internacional.
Para los asiriólogos, la figura de seis metros Plantea nuevas preguntas:
¿Fue un encargo único para Esarhaddón o parte de una tradición mayor ahora prácticamente perdida? ¿Cómo se talló, transportó e instaló una escultura tan colosal en el salón del trono? ¿Y qué revela su escala sobre la visión de autoridad del rey en el apogeo del imperio?
Si bien el anuncio del ministro en la televisión estatal ha acaparado titulares internacionales, los investigadores advierten que aún está pendiente la documentación científica detallada. Se necesitarán mediciones precisas, escaneos 3D y planes de conservación para confirmar plenamente las dimensiones y el contexto del descubrimiento.
El edificio conserva elementos únicos en Europa, como la tribuna de oración y la estructura central
Las investigaciones arqueológicas realizadas este verano han certificado la existencia de una antigua sinagoga en el Pueblo Viejo de Belchite (Zaragoza). El edificio, conocido popularmente como La Sinoa, conserva elementos únicos en Europa, como la tribuna de oración (bimá) y la estructura central (tevá), datados en el siglo XIV.
El hallazgo, dirigido por el arqueólogo Alfonso Fanjul, confirma la tradición oral transmitida por algunos vecinos del antiguo Belchite, que ya señalaban que aquel inmueble había sido lugar de culto judío. Explico Fanjul:
El verano pasado se limpió el acceso a la judería y a la superficie del edificio. Los indicios apuntaban a una sinagoga, pero faltaban pruebas. Ahora hemos localizado la tevá y la bimá, elementos indispensables en cualquier templo judío medieval.
La campaña ha contado con la participación de 27 estudiantes de Estados Unidos, Canadá, Inglaterra y Holanda. Además de las estructuras principales, se ha hallado una extensa yesería del siglo XIV, así como restos de un mural con la representación central de una menorá. Este detalle resulta clave, ya que guarda gran similitud con los restos hallados en la sinagoga de Híjar y sugiere la existencia de una auténtica escuela arquitectónica aragonesa dedicada a lugares de culto judíos en la Edad Media.
El descubrimiento no se limita a la arquitectura. Los arqueólogos han recuperado miles de granos de cebada carbonizada, que coinciden con la única referencia documental conocida: la transformación de la sinagoga en granero antes de ser pasto de las llamas en época moderna. La destrucción por el fuego, paradójicamente, contribuyó a preservar gran parte de los restos hasta hoy.
La consejera de Educación, Cultura y Deporte del Gobierno de Aragón, Tomasa Hernández, visitó el yacimiento y subrayó el carácter extraordinario del hallazgo:
Somos herederos de todos los pueblos que vivieron antes en Aragón y nos legaron un patrimonio que debemos cuidar para que lo disfruten las generaciones futuras.
En la misma línea, el alcalde de Belchite y presidente de la Fundación Pueblo Viejo, Carmelo Pérez, destacó el potencial turístico y cultural del descubrimiento:
En España solo existen cinco sinagogas visitables. Con esta, Belchite podría convertirse en la sexta y acceder a la Red de Juderías de España, lo que reforzaría la proyección del Pueblo Viejo.
El informe elaborado por Fanjul y su equipo recoge hasta veinte evidencias que certifican el carácter sinagogal del edificio. Entre ellas, la orientación hacia el este, la disposición en tres naves, su ubicación dominante en el corazón de la judería y el acceso a través de un callejón. Otros elementos resultan igualmente decisivos: contrafuertes exteriores idénticos a los de la sinagoga de Híjar, proporciones de la sala de oración, estructuras asociadas a un mikvé o baño ritual, un muro divisor en una de las naves, restos de instalaciones para abluciones, yeserías decorativas y la menorá pintada en dirección al este.
Finalmente, la posterior reconversión del edificio en granero y el incendio que lo destruyó explican por qué las estructuras de tapial y hierro de la bimá y la tevá han permanecido bajo los escombros durante siglos, hasta ser redescubiertas en esta campaña arqueológica.
Las autoridades egipcias han abierto una investigación y han alertado a puertos, aeropuertos y pasos fronterizos
Un brazalete de oro y lapislázuli de unos 3.000 años de antigüedad ha desaparecido de un laboratorio de restauración en el Museo Egipcio de El Cairo, según han denunciado las autoridades egipcias, que no han precisado desde cuándo se desconoce el paradero de esta joya datada en el reinado de Amenemope, faraón de la Dinastía XXI (1070-945 a.C.) durante el Tercer periodo intermedio.
Los medios de comunicación egipcios informaron que la pérdida se detectó en los últimos días durante una inspección de inventario previa a la exposición Tesoros de los Faraones, programada en Roma para finales de octubre.
Se ha abierto una investigación interna y se ha alertado a las unidades de antigüedades de todos los aeropuertos, puertos marítimos y pasos fronterizos terrestres de Egipto, según el Ministerio de Turismo y Antigüedades de Egipto.
El caso no se anunció de inmediato para permitir que las investigaciones continuaran, y se está realizando un inventario completo del contenido del laboratorio, añadió.
Declaro el egiptólogo Jean Guillaume Olette-Pelletier que trabajo en Tanis:
el brazalete fue descubierto en Tanis, en el delta oriental del Nilo, durante las excavaciones arqueológicas en la tumba del rey Psusennes I, donde Amenemope había sido enterrado de nuevo tras el saqueo de su tumba original.
No es el objeto más bello, pero científicamente es uno de los más interesantes.
El brazalete tenía un diseño bastante sencillo, pero estaba hecho de una aleación de oro diseñada para resistir la deformación. Mientras que el oro representaba la carne de los dioses, el lapislázuli, importado de lo que hoy es Afganistán, evocaba su cabello.
El Museo Egipcio de la plaza Tahrir alberga más de 170.000 piezas, incluyendo la famosa máscara funeraria de oro del rey Amenemope.
La desaparición se produce pocas semanas antes de la inauguración, prevista para el 1 de noviembre del Gran Museo Egipcio.
Una de las colecciones más emblemáticas del museo —los tesoros de la tumba del rey Tutankamón— se está preparando para su traslado antes de la inauguración, que se considera un importante hito cultural bajo el gobierno del presidente Abdel Fattah al-Sisi.
En 2021, Egipto organizó un desfile de gran repercusión para el traslado de 22 momias reales, entre ellas las de Ramsés II y la reina Hatshepsut, al Museo Nacional de la Civilización Egipcia en el Viejo Cairo, como parte de un esfuerzo más amplio para impulsar la infraestructura museística y el atractivo turístico de Egipto.
Egipto ha reaccionado con indignación tras conocerse que un brazalete de hace 3.000 años perteneciente al faraón Amenemope fue robado del Museo Egipcio de El Cairo y posteriormente fundido para obtener oro.
El ministro de Turismo y Antigüedades, Sherif Fathy, explicó en televisión que la pieza desapareció el pasado 9 de septiembre, mientras se preparaban objetos para una exposición en Italia. El responsable atribuyó el robo a la negligencia en los protocolos de seguridad y confirmó que la Fiscalía mantiene abierta una investigación.
La joya, que incluía una cuenta de lapislázuli, fue sustraída de un laboratorio de restauración del museo, que no disponía de cámaras de seguridad. Según el Ministerio del Interior, el brazalete pasó por varias manos antes de ser fundido en un taller de oro.
El brazalete, que perteneció al faraón Amenemope, fue vendido por apenas 4.000 dólares antes de ser fundido
Cuatro personas fueron detenidas, entre ellas un especialista en restauración del propio museo. Este habría entregado la pieza a un conocido propietario de una joyería de plata en el barrio cairota de Sayyeda Zainab. Tras varias transacciones, el brazalete fue finalmente vendido por unos 4.000 dólares a un trabajador de otro taller, quien lo fundió para fabricar nuevas piezas de joyería.
Las autoridades confiscaron el dinero obtenido y difundieron imágenes de cámaras de seguridad en las que se ve a un comerciante recibiendo la joya y pesándola antes de pagarla.
La pérdida de un tesoro que había sobrevivido tres milenios generó frustración entre la población egipcia, muy orgullosa de su patrimonio faraónico. La arqueóloga Monica Hanna, decana de la Arab Academy for Science, Technology & Maritime Transport, pidió suspender las exhibiciones internacionales hasta contar con mejores medidas de seguridad.
Sorprendente hallazgo en Almería: la cremación se practicaba en la Edad del Cobre milenio y medio antes de las primeras evidencias de esta práctica
Un equipo de la Universidad de Granada halla en la necrópolis megalítica de Los Milanes, en Abla, una tumba con los restos de 21 individuos incinerados hace 4800 años, adelantando en un milenio y medio la aparición de esta práctica funeraria y revelando una complejidad cultural inédita para la época.
La historia de los ritos funerarios en la Prehistoria de la Península Ibérica acaba de ser reescrita tras el análisis de los hallazgos en la necrópolis megalítica de Los Milanes, en el municipio almeriense de Abla. Una investigación arqueológica dirigida por la Universidad de Granada (UGR) ha demostrado que la práctica de la cremación como ritual mortuorio se inició hace 4800 años, durante la Edad del Cobre, lo que supone que este procedimiento se adelanta en aproximadamente mil quinientos años a lo que hasta ahora establecía la evidencia científica disponible.
Este descubrimiento desplaza significativamente la línea temporal aceptada y fuerza una reevaluación profunda de las prácticas culturales y la complejidad social de las comunidades humanas del III milenio antes de nuestra era, para las que se presumía la inhumación como método funerario casi exclusivo.
Los resultados, obtenidos tras las campañas de excavación realizadas entre 2023 y 2025 por el grupo de investigación GEA. Cultura material e identidad social en la Prehistoria Reciente en el sur de la Península Ibérica de la UGR, se centran en el examen minucioso de una de las dieciocho sepulturas megalíticas identificadas en el enclave, estructuras funerarias colectivas con cámaras de planta circular u ovalada. Fue en el transcurso de los trabajos de 2023 cuando los arqueólogos se percataron de la naturaleza excepcional del hallazgo en una de estas tumbas: su cámara funeraria no contenía esqueletos inhumados, sino que estaba compuesta exclusivamente por una capa de restos óseos humanos que habían sido sometidos al fuego.
La investigadora de la UGR Paula Becerra subraya la singularidad del descubrimiento, que ha requerido una metodología analítica específica y extremadamente detallada. El estudio antropológico posterior, de una minuciosidad sin precedentes para un contexto de estas características, ha logrado individualizar un total de 28.740 fragmentos óseos y 1.209 restos dentales, un rompecabezas anatómico que ha permitido establecer la presencia de, como mínimo, veintiún individuos de ambos sexos y de todas las franjas de edad, desde infantes hasta adultos.
La apariencia física de los restos ofrece un relato elocuente de la intensidad del proceso al que fueron sometidos. La colección ósea se encuentra altamente fragmentada, con una inmensa mayoría de las piezas sin superar los dos centímetros de longitud, y presenta una amplia gama de coloraciones que oscilan entre el marrón, el negro, el gris, el azul y el blanco.
Esta variación cromática no es aleatoria, sino que constituye un indicador directo de las diferentes condiciones de combustión. Los patrones de fractura observados y los cambios morfológicos en la estructura de los huesos, como la contracción y la curvatura, enfatizan que la exposición al calor superó de manera constante los 650 grados centígrados, temperatura necesaria para reducir el cuerpo humano a ese estado.
Uno de los aspectos más reveladores del análisis es la asimetría en la exposición al fuego entre los lados izquierdo y derecho de los cuerpos. La evidencia muestra que el calor afectó en mayor medida al lado izquierdo, un dato que los científicos interpretan como una prueba incontrovertible de una colocación deliberada y premeditada del cadáver sobre la pira funeraria. Esta posición no casual sugiere la existencia de un protocolo establecido, un ritual con pasos definidos que trasciende la mera quema accidental o funcional, apuntando hacia una sofisticación simbólica en el tratamiento de la muerte.
El relato químico extraído de los fragmentos complementa y corrobora la lectura morfológica. Los análisis practicados denotan variaciones significativas en las condiciones de la cremación, con fluctuaciones en la temperatura máxima alcanzada, en la presencia de oxígeno durante la combustión y en el tiempo de exposición a las llamas. La identificación de compuestos químicos como la cianamida en la superficie de los huesos aporta una pista material crucial, ya que esta sustancia se relaciona directamente con la combustión de cuerpos que fueron cubiertos con algún tipo de sudario o tejido orgánico, otro elemento ritual que hasta ahora se consideraba muy posterior.
La conjunción de todas estas evidencias —la selección de los cuerpos, su colocación en la pira, el uso de telas, la recogida meticulosa de los restos calcinados y su traslado final al monumento megalítico— describe una práctica funeraria compleja y plenamente consolidada. El proceso debía ejecutarse en un corto espacio de tiempo tras el fallecimiento, y los restos resultantes eran después depositados de forma colectiva en el interior de la cámara funeraria, que funcionó como panteón para estas cenizas durante un periodo no superior a doscientos años, abarcando varias generaciones.
La datación absoluta mediante radiocarbono (C14) aplicada a los restos ha sido la clave para anclar cronológicamente este hallazgo. Los resultados sitúan la fecha de la muerte de estos individuos hace 4800 años, en plena Edad del Cobre. Este dato es el que fuerza la revisión de los manuales de prehistoria, ya que demuestra de manera irrefutable que la inhumación no fue el único ritual empleado en ese periodo. Por el contrario, convivió con la cremación, una práctica que hasta este momento se vinculaba casi en exclusiva a periodos muy avanzados de la Edad del Bronce, con una difusión masiva ya en la Edad del Hierro.
El descubrimiento en Los Milales añade antigüedad a la cremación y revela una capa de complejidad social y cultural hasta ahora inadvertida para las sociedades coetáneas de la edad del Cobre en el sudeste peninsular. La gestión de la muerte, con la coexistencia de al menos dos rituales muy distintos, implica la existencia de creencias diversificadas, posiblemente de distinciones sociales o de diferentes concepciones sobre la trascendencia y el tratamiento del cuerpo, evidenciando unas comunidades mucho más dinámicas y menos homogéneas de lo que se había supuesto.
Becerra Fuello P, Aranda Jiménez G, Vílchez Suárez M, Robles Carrasco S, Milesi García L, Bonilla MD-Z, et al. (2025) Funerary practices of cremation at the megalithic societies of South-Eastern Iberia: The cemetery of Los Milanes. PLoS One 20(9): e0330771. doi.org/10.1371/journal.pone.0330771
Una investigación basada en el análisis de isótopos de carbono en más de 1.500 muestras arqueobotánicas, muestra que las sociedades antiguas del Creciente Fértil destinaron ingentes recursos a irrigar viñedos, subrayando el valor cultural y económico fundamental del vino en la antigüedad.
Las sociedades agrícolas de la Edad de Bronce y del Hierro en el Próximo Oriente Antiguo tomaron decisiones estratégicas de gestión de recursos que priorizaron de forma inequívoca la producción vitivinícola sobre la oleícola durante periodos de cambio y estrés climático, según se desprende de un estudio interdisciplinar dirigido por investigadores de la Universidad de Durham.
El hallazgo, que aporta una evidencia científica tangible a hipótesis arqueológicas previas, pinta un panorama de comunidades altamente adaptativas que asignaban sus escasos recursos hídricos en función del valor cultural y económico de los cultivos, optando por asegurar el vino, un bien de prestigio, incluso a expensas de otros potencialmente más resilientes.
La investigación, publicada recientemente, se sustenta en el meticuloso examen de 1.500 especímenes de semillas y fragmentos de madera carbonizada de vid (Vitis vinifera) y olivo (Olea europaea). Estas muestras, recuperadas en numerosos yacimientos arqueológicos distribuidos por el Levante y el norte de Mesopotamia —territorios que hoy comprenden Líbano, Jordania, Israel, Palestina, Siria, Turquía y el norte de Irak—, abarcan un arco temporal de 2.400 años, desde el Bronce Antiguo hasta la Edad del Hierro (aproximadamente entre el 3000 y el 600 a.C.).
El núcleo de la metodología aplicada por el equipo de Durham radicó en el análisis de los isótopos estables de carbono presentes en los restos vegetales. Dado que estos isótopos no son radiactivos y no decaen con el tiempo, su ratio se mantiene inalterado desde el momento de la carbonización, funcionando como un archivo bioquímico de las condiciones de vida de la planta.
La proporción entre C¹³ y C¹² varía directamente en función de la disponibilidad de agua durante el crecimiento de la planta; un ratio más alto es un indicador fiable de estrés hídrico, es decir, de escasez de agua.
Los resultados del análisis isotópico revelaron patrones distintos y evolutivos. Para las fases más antiguas, correspondientes al Bronce Antiguo, las señales de estrés hídrico detectadas en las muestras de ambos cultivos se correlacionaban directamente con las variaciones estacionales naturales de humedad, lo que sugiere una dependencia inicial de la pluviometría natural sin intervenciones de irrigación a gran escala.
No obstante, el panorama cambió a partir del Bronce Medio. Los datos indican una mayor variabilidad en las señales de estrés hídrico y, de manera crucial, la presencia constante de restos de vid y olivo en contextos geográficos y estratigráficos asociados a regiones de notable aridez, donde su cultivo sin ayuda humana habría sido ecológicamente inviable. Esta presencia en zonas secas constituye una prueba material indirecta, pero robusta, de la implementación generalizada de prácticas de irrigación artificial para sostener la agricultura.
La divergencia fundamental, y el hallazgo principal del estudio, reside en cómo se asignó este recurso artificial. El análisis isotópico demuestra que los agricultores destinaron el agua disponible de manera preferente y intensiva a los viñedos, en detrimento de los olivares. El olivo, un cultivo arbóreo notablemente más resistente a la sequía y con requerimientos hídricos sensiblemente menores, parece haber sido manejado de forma más extensiva, sobreviviendo con el agua de lluvia y eventuales aportes suplementarios. La vid, sin embargo, requirió y recibió una inversión en irrigación desproporcionadamente alta.
Esta estrategia de gestión de riesgo queda corroborada por el registro arqueobotánico, que muestra la presencia de vides cultivadas de forma sistemática en áreas marginales, topográfica y climáticamente inadecuadas para su desarrollo natural.
El esfuerzo colectivo requerido para excavar canales, construir presas y transportar agua hasta estos viñedos condenados a la sequía solo puede explicarse por el valor excepcional que el producto final, el vino, poseía en el seno de aquellas sociedades.
Los investigadores de la Universidad de Durham argumentan que esta elección no fue meramente utilitaria o alimentaria. Por el contrario, fue una decisión económica y cultural profundamente meditada. El vino en el mundo antiguo del Creciente Fértil era un bien de lujo, un elemento central en rituales religiosos, prácticas funerarias, sellado de tratados diplomáticos y banquetes de élite. Funcionaba como una potente mercancía para el comercio a larga distancia y como un símbolo de estatus social. Su valor económico y cultural superaba con creces al del aceite de oliva, un producto más básico y común.
El estudio concluye que estos agricultores antiguos poseían un conocimiento agronómico sofisticado y una notable capacidad de resiliencia. Eran plenamente conscientes del balance entre el riesgo de cosecha, el coste en mano de obra que suponía la irrigación intensiva y el retorno esperado de cada cultivo.
Su elección de priorizar la vid, aun en contextos climáticos adversos, fue una apuesta estratégica por un producto de alto valor, confirmando que los desafíos modernos de la gestión hídrica, la adaptación climática y la asignación eficiente de recursos en agricultura tienen una historia profundamente enraizada en el pasado humano.
La investigación refuerza la imagen de unas sociedades antiguas dinámicas, inteligentes y capaces de tomar decisiones complejas para salvaguardar no solo su subsistencia, sino también su estructura cultural y económica.
Riehl S, Deckers K, Hinojosa-Baliño I, Gröcke DR, Lawrence D (2025) Fluctuations of viti- and oleiculture traditions in the Bronze and Iron Age Levant. PLoS One 20(9): e0330032. doi.org/10.1371/journal.pone.0330032
El yacimiento neolítico de Gobekli Tepe, reconocido como el templo más antiguo del mundo y eje fundamental para la comprensión de los albores de la civilización humana, ha vuelto a dar una alegria. En el transcurso de los trabajos de restauración de su mayor estructura, conocida como Estructura C, los arqueólogos han exhumado una singular escultura humana de carácter ritual, que se suma a las anteriores figurillas antropomorfas descubiertas en el lugar.
El anuncio fue realizado por el Ministro de Cultura y Turismo de la República de Turquía, Mehmet Nuri Ersoy, durante la ceremonia de inauguración de la culminación del proyecto de restauración de la citada estructura, un evento que contó con la destacada presencia de la Princesa Akiko de Japón, subrayando el interés internacional que suscita el enclave.
El ministro Ersoy definió Göbekli Tepe no como un mero yacimiento arqueológico, sino como la memoria colectiva de toda la humanidad, enfatizando la responsabilidad compartida de proteger y legar este patrimonio a las generaciones futuras.
El descubrimiento, descrito con precisión técnica por el ministro, se produjo en un espacio concreto localizado entre las estructuras identificadas como B y D. En el interior de lo que parece haber sido el muro de una habitación, el equipo de excavación halló una figura humana esculpida, dispuesta en posición horizontal y embutida en la propia pared.
La orientación y el contexto inmediato del hallazgo han llevado a los investigadores a proponer una interpretación preliminar: la escultura habría sido depositada como una ofrenda votiva, un objeto de carácter ritual integrado intencionadamente en la arquitectura del espacio sagrado. Esta práctica encuentra un paralelismo significativo, aunque no idéntico, en los descubrimientos previamente realizados en el yacimiento coetáneo de Karahantepe, situado dentro de la misma región y perteneciente al complejo cultural denominado Taş Tepeler (Colinas de Piedra).
La relevancia de la pieza es capital para los estudios del Neolítico Precerámico. Su valor intrínseco reside en su capacidad para actuar como una lente a través de la cual observar las complejas creencias y los sistemas simbólicos de sus creadores. Cada nuevo elemento iconográfico, cada representación, constituye un dato crucial para descifrar el código mental de unas sociedades que estaban realizando la transición trascendental de la caza recolección nómada hacia la sedentarizacion y la domesticación, un proceso del que Göbekli Tepe es el testimonio arquitectónico más temprano y sofisticado.
La ceremonia sirvió también para presentar la finalización de los meticulosos trabajos de conservación y restauración llevados a cabo en la Estructura C, la más grande del conjunto. Este edificio, caracterizado por sus imponentes pilares en forma de T que alcanzan los seis metros de altura y un peso de varias toneladas, ha sido objeto de una intervención minuciosa dentro del paraguas del amplio programa denominado Geleceğe Miras Projesi (Proyecto Legado para el Futuro).
La restauración ha implicado el reposicionamiento de los megalitos en sus localizaciones originales documentadas, el reforzamiento estructural de los muros perimetrales y la aplicación de técnicas y materiales que garantizan la autenticidad del conjunto, como el uso de un mortero de junta especial fabricado con pelo de cabra, replicando así los métodos constructivos neolíticos.
En su alocución, el Ministro Ersoy detalló además las próximas intervenciones planificadas para la mejora de la infraestructura de recepción de visitantes, incluyendo un nuevo centro de gestión, una zona de aparcamiento y una red de senderos peatonales, cuya puesta en servicio está prevista antes de que concluya el año 2025. Asimismo, informó sobre el traslado de aproximadamente un millar de olivos para facilitar la continuidad de las investigaciones y anunció la realización de nuevas prospecciones geomagnéticas cuyo objetivo es cartografiar el subsuelo para trazar una estrategia de excavación precisa y eficiente en las campañas venideras.
El marco temporal de estos avances no es casual. El presente año marca el trigésimo aniversario del inicio de las excavaciones sistemáticas en Göbekli Tepe, que comenzaron en 1995 —tras un reconocimiento inicial del lugar en 1963— y que culminaron con su inscripción en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO en 2018.
La celebración de esta efeméride se enmarca a su vez dentro del vasto proyecto Taş Tepeler, una iniciativa arqueológica de escala internacional que aglutina los esfuerzos de 36 instituciones académicas y 220 especialistas y estudiantes de múltiples nacionalidades, desplegados en diez yacimientos distintos de la región. Este esfuerzo colaborativo, según Ersoy, trasciende la mera excavación para abarcar una labor integral de restauración, conservación y transmisión del patrimonio, constituyendo un movimiento de revitalización cultural de primer orden.
La proyección global de Göbekli Tepe se sustenta igualmente en una estrategia de difusión que traslada sus hallazgos más allá de sus colinas ancestrales. El ministro recordó el éxito de la exposición Göbekli Tepe: Il Mistero del Tempio Più Antico del Mondo, presentada en el Coliseo Romano durante 2023 y visitada por más de seis millones de personas.
Anunció que la próxima itinerancia de esta muestra tendrá como destino la James-Simon-Galerie de Berlín en 2025. La exposición germana exhibirá 96 piezas registradas en el inventario del Museo de Şanlıurfa, ofreciendo una visión panorámica del universo simbólico de los primeros constructores de la humanidad.
Entre 1520 a 1560, la situación socioeconómica de Castilla se caracteriza por un crecimiento demográfico, agrícola y manufacturero, aunque esta prosperidad aparente oculta problemas subyacentes.
El crecimiento demográfico no es uniforme, algunas áreas de Castilla la Vieja exhiben signos de saturación desde 1530 y un crecimiento desacelerado en ciudades como Burgos y Valladolid a partir de la década de 1550.
La población de Castilla crece desde 4 millones de habitantes a 6.5 millones a finales del siglo XVI. Este aumento demográfico se modera por la emigración de jóvenes hacia el Nuevo Mundo, y por la recurrencia de epidemias y hambrunas.
La expansión agrícola se logra a expensas de las tierras de pasto y de monte, lo que afecta a la ganadería trashumante.
Aunque la producción se mantiene hasta 1580, el ritmo de crecimiento agrícola no continua el ritmo del crecimiento demográfico, lo que genera un desajuste y dificultades crecientes.
La proliferación de la pobreza es evidente, con un aumento en el número de mendigos en las ciudades castellanas desde finales de la década de 1520.
La industria manufacturera, especialmente la textil, también experimenta un crecimiento, aunque este se ve perjudicado por el aumento de la contribución indirecta a partir de 1557.
La inflación se dispara desde 1532, lo que provoca quejas sobre la carestía de la vida.
Las causas de esta inflación se atribuyen a la exportación de mercancías a las Indias y a la corrupción de las oligarquías municipales.
Cataluña, en contraste, presenta un panorama diferente. Su crecimiento demográfico más significativo ocurre en la segunda mitad del siglo XVI, impulsado por la migración francesa.
La inflación en Cataluña es menor que en Castilla durante la mayor parte del siglo…
El análisis de la historia económica del siglo XVI español está dominado por una visión de contraste teleológico. Se ha idealizado el reinado de Carlos V como una época de expansión y prosperidad económica, que sentó las bases para el posterior declive que supuestamente se inició con Felipe II.
Sin embargo, esta perspectiva, en gran medida forjada por crónicas posteriores que se centran en las hazañas militares del Emperador, tiende a simplificar una realidad socioeconómica mucho más compleja y matizada.
La investigación sobre la coyuntura de los años centrales del siglo XVI revela que, lejos de ser un período de bonanza ininterrumpida, fue una era de transición marcada por tensiones estructurales y una incipiente toma de conciencia pesimista por parte de los contemporáneos, quienes ya perciben los signos de un cambio de tendencia. El presente informe examina las circunstancias socioeconómicas de la época, destacando las fragilidades demográficas y económicas de Castilla, la precariedad del sistema fiscal de la Corona y la pluralidad de ritmos históricos en la Península Ibérica, con un enfoque particular en el contraste con Cataluña.
El objetivo es demostrar que la situación que Felipe II heredó en 1556 no era la de un reino próspero, sino un panorama ya plagado de profundos desafíos estructurales.
A pesar de la imagen de aparente pacificación y crecimiento que a menudo se proyecta sobre el reinado de Carlos V, el análisis de las dinámicas internas de Castilla revela un cuadro de tensiones latentes.
Si bien el crecimiento demográfico se ha señalado como el motor de la expansión económica, sus características y consecuencias fueron menos idílicas de lo que una lectura superficial podría sugerir.
Los censos de la época, como el de 1528-36 y el de 1591, conocido como el de Tomás González, documentan un ascenso poblacional en Castilla de poco más de 4 millones a unos 6.5 millones de habitantes, lo que representa un incremento cercano al 48.4%.
Este ritmo de crecimiento, con una tasa anual en torno al 0.6%, pudo haber sido incluso superior en sus inicios, ya que las cifras de 1530 estaban afectadas a la baja por la mala coyuntura de los años veinte, y las de 1591 ya mostraban signos de debilidad demográfica en algunas zonas.
Este crecimiento no fue uniforme y, de hecho, se tradujo en una notable redistribución de la población. Las regiones inicialmente menos densificadas, como la Meseta sur, Andalucía y Murcia, experimentaron un crecimiento superior al de las áreas septentrionales.
El principal protagonista de esta dinámica fue el mundo urbano, que creció con mayor intensidad que el medio rural. Ejemplos ilustrativos de este fenómeno incluyen a Segovia, cuya población aumentó un 49.9% entre 1530 y 1591, y a Sevilla, que triplicó sus habitantes en este mismo periodo, acercándose a los 130,000 para 1588.
Otras ciudades como Ávila y Zamora también experimentaron un crecimiento significativo, duplicando su número de vecinos en las décadas centrales del siglo.
El auge de la miseria y el recurso a la emigración revelan la frágil base de esta expansión demográfica. El crecimiento poblacional en Castilla la Vieja había llevado a una saturación en algunas áreas, con una media de 24 habitantes por kilómetro cuadrado hacia 1530, muy por encima del promedio del resto del país.
La emigración, tanto interna hacia las regiones meridionales y las ciudades, como hacia el Nuevo Mundo, se convirtió en una válvula de escape para las presiones demográficas. Los cálculos de P. Boyd-Bowman indican que entre 1493 y 1600, un 20% de los más de 55,000 pobladores hispanos establecidos en América provenían de las provincias castellano-leonesas y un 14.4% de Castilla la Nueva.
Esta salida constante de hombres jóvenes era tan pronunciada que en 1525, el veneciano Navagero describió a Sevilla como una ciudad de mujeres. Lejos de ser un simple signo de dinamismo, esta migración masiva refleja una incapacidad de la economía castellana para sostener a su población, manifestada en el aumento de la pobreza y el vagabundeo.
La recurrencia de las crisis de mortalidad subraya la vulnerabilidad del sistema. El período de 1520 a 1560 está marcado por epidemias, reflejadas en la proliferación de tratados médicos sobre la peste.
Las fuentes documentan la grave epidemia de 1521 y la de 1527, que obliga a la corte a retirarse de Valladolid. Después, el tifus exantemático se presenta con carácter endémico entre 1556 y 1558. El hambre es frecuente en estas epidemias, como se describe para la crisis de 1521.
Las adversidades climáticas, con inundaciones graves en 1527 y sequías en 1545, exacerban las dificultades agrícolas y contribuyen a las crisis de subsistencia.
La alta incidencia de enfermedades y hambrunas no son eventos aislados, sino síntomas crónicos de una economía de subsistencia frágil, que solo puede mantener su equilibrio en condiciones ideales y que se colapsa ante cualquier shock externo. Esta situación, lejos de ser un período de prosperidad, evidencia el creciente desajuste entre el crecimiento demográfico y la capacidad de la economía para sostenerlo, un problema que se hizo cada vez más evidente en las décadas centrales del siglo.
Crecimiento poblacional de algunas de las principales ciudades castellanas, que evidencia el fenómeno de la migración interna y la urbanización en el periodo.
El análisis de las estructuras económicas de Castilla en este período revela que el crecimiento, aunque significativo en ciertas áreas, era de carácter extensivo y carecía de una base sólida para el desarrollo a largo plazo.
La expansión agraria, que se sincroniza con el crecimiento demográfico, se logra principalmente a través de la extensión de la superficie cultivada, el rompimiento de campos y exidos.
Los estudios sobre los diezmos del Arzobispado de Toledo confirman que la producción cerealística se mantuvo sostenida a partir de 1530, aunque el ritmo de crecimiento no pudo seguir el ritmo del aumento demográfico, lo que genera un desajuste progresivo.
Este crecimiento se obtiene a costa de la reducción de pastos y montes, lo que perjudica la ganadería trashumante, un pilar de la economía castellana.
De manera similar, la producción manufacturera, especialmente la textil, experimenta un notable crecimiento estimulada por la expansión demográfica y agraria.
La industria de paños, concentrada en centros urbanos como Segovia y Córdoba, son de mediana y baja calidad y está controlada por mercaderes hacedores de paños.
Sin embargo, esta industria también muestra signos de vulnerabilidad. El declive de las exportaciones de lana a Flandes a partir de 1570, aunque abarata la materia prima, no mitiga los problemas. La industria se ve negativamente afectada por el aumento de la contribución indirecta entre 1557 y 1590.
El capital mercantil, en respuesta a la creciente incertidumbre y la falta de rentabilidad, comienza a desviarse de la manufactura hacia inversiones más seguras, como la deuda pública y los censos. Este movimiento de capital refleja una falta de confianza en el modelo productivo y es un síntoma de un problema estructural más profundo.
Uno de los fenómenos más disruptivos del período fue la extraordinaria inflación que se manifiesta desde 1532, con los precios del trigo multiplicándose por 2.5 entre 1540 y 1570 en los mercados libres de Extremadura.
Los contemporáneos acusan al comercio americano de ser el principal responsable, señalando que los bienes se encarecen por causa de lo mucho que se llevaba a las Indias.
La masiva exportación de manufacturas a las Indias sin un correspondiente aumento de la producción genera escasez en el mercado interno y eleva los precios. Al mismo tiempo, el tesoro de Indias, que si bien no experimenta su gran despegue hasta la década de 1560, sí aumenta progresivamente desde la de 1530, no permanece en Castilla para mitigar los problemas.
En una paradoja que no escapa a los observadores de la época, la Corona se apropia del oro y la plata para financiar sus continuas campañas militares en Europa, drenando la riqueza del reino. El flujo de metales preciosos actúa así como un catalizador de la inflación, sin generar una inversión productiva significativa en la economía peninsular.
La derrota de las Comunidades castellanas en Villalar en 1521 no se traduce en una subyugación total de las élites, sino en la forja de un gran pacto político que garantiza la quietud de Castilla a cambio del reparto de la renta feudal. Esta alianza entre la Corona, la aristocracia y las oligarquías urbanas se cimenta en un sistema fiscal que, aunque funcional para mantener la estabilidad política, se convierte en un freno para el desarrollo económico y una bomba de tiempo para la hacienda real.
La Corona apuntala la precaria situación económica de la nobleza mediante la confirmación de derechos señoriales, la concesión de encomiendas de las Órdenes Militares y, de manera crucial, la autorización para tomar censos consignativos sobre sus mayorazgos.
Esto permite a la nobleza endeudarse y mejorar sus ingresos, asegurando su lealtad al monarca. Por otro lado, las oligarquías urbanas se benefician enormemente del sistema de encabezamiento general de las alcabalas, culminado en 1536. Este sistema les permite pagar una cantidad fija a la Corona, cuya carga real se depreciaba con la inflación, mientras trasladaban la carga fiscal a las economías más modestas de la población, los pecheros.
Este pacto de intereses tuvo un impacto devastador en la hacienda real. La necesidad de la Corona de financiar sus guerras la sumió en una deuda creciente, principalmente a través de la emisión de juros, títulos de deuda pública. La magnitud del problema se evidencia en la siguiente tabla que ilustra la evolución de la deuda real en las décadas centrales del siglo.
El crecimiento exponencial de los juros hizo que la Corona se volviera cada vez más dependiente de los servicios votados por las Cortes.
Los gastos militares del Emperador eran tan exorbitantes que no podía prescindir de estos ingresos, lo que le ataba políticamente a la nobleza y a las élites urbanas que controlaban las Cortes.
El rechazo de la nobleza a la propuesta de la sisa general en 1538 y las tensiones por el aumento de los encabezamientos demuestran que la Corona, lejos de ser un poder absoluto, estaba sujeta a la voluntad de los grupos privilegiados.
La inversión en juros se convirtió en un refugio seguro para los capitales de la élite, lo que, en la práctica, canalizó la riqueza de Castilla hacia el pago de una deuda real insostenible en lugar de hacia inversiones productivas en el reino.
La historia de la coyuntura socioeconómica del siglo XVI no puede ser generalizada para toda la Península Ibérica. El contraste entre Castilla y la Corona de Aragón, y en particular Cataluña, revela ritmos históricos dispares que marcan el desarrollo de cada territorio.
A diferencia de Castilla, Cataluña experimenta su mayor crecimiento demográfico no en la primera, sino en la segunda mitad del siglo XVI, con un crecimiento de un 75% en esta última fase. Este crecimiento se debe en gran parte a la intensa inmigración francesa y no llegó a los niveles de saturación que se vivieron en Castilla.
En el plano económico, la inflación fue muy limitada en Cataluña hasta las últimas décadas del siglo, lo que sugiere un desacoplamiento de su economía con respecto al flujo de metales preciosos que afectaba a Castilla.
La orientación comercial de Cataluña sigue estando ligada a sus contactos tradicionales con ciudades italianas y centros financieros europeos como Lyon, en lugar de centrarse en el comercio con América o las ferias castellanas.
Esta marginalidad con respecto al centro del imperio a menudo vista como un signo de decadencia, en realidad la protegió de las presiones inflacionarias y el drenaje de riqueza que sufría Castilla.
En el ámbito fiscal, la contribución catalana a la hacienda real era comparativamente liviana. Los ingresos del rey provenían principalmente de servicios que requerían la convocatoria de las Cortes, un proceso irregular. Las fuentes contemporáneas, como Pedro Mártir de Angleria y Gaspar Contarini, atestiguan esta situación.
El fracaso del proyecto de los quintos en Cataluña, en contraste con el éxito de los millones en Castilla, demuestra la profunda desarticulación de la monarquía y la capacidad de los territorios de la Corona de Aragón para defender sus privilegios.
Mientras Castilla, como corazón del imperio, soportaba la mayor parte de las cargas financieras y demográficas, Cataluña seguía su propio camino histórico, lo que le permitió evitar el agotamiento económico y fiscal que se fraguaba en el centro de la monarquía…
El análisis de la coyuntura socioeconómica entre 1527 y 1556 revela que la situación que Felipe II heredó al inicio de su reinado no era de prosperidad. En lugar de una edad de oro, el período fue una etapa de transición en la que los cimientos de la posterior crisis del siglo XVII ya estaban firmemente asentados.
Los principales problemas heredados por Felipe II incluían:
Una demografía frágil en Castilla, donde un crecimiento superficial escondía problemas de saturación, una alta mortalidad por crisis epidémicas y hambrunas, y una migración masiva que reflejaba un profundo desequilibrio entre población y recursos.
Una economía vulnerable, con un crecimiento agrario extensivo que había llegado a sus límites, una industria manufacturera incapaz de competir y una reorientación del capital de las élites hacia inversiones no productivas en la deuda pública.
Una estructura fiscal insostenible, resultado de un pacto político que beneficiaba a la nobleza y las oligarquías a expensas de los pecheros y que había sumido a la Corona en una deuda creciente y paralizante.
Las angustiosas y constantes demandas de dinero de Carlos V y la miseria generalizada entre la población, documentada desde las décadas de 1540 y 1550, son testimonio de un declive que era ya palpable para los contemporáneos.
La situación que encontró Felipe II era el resultado de un largo calvario fiscal y económico que había devorado los ideales de una época, un calvario que se manifestaba en la constante necesidad de dinero, una necesidad que, como notó el humanista Valdés, había mercantilizado incluso los aspectos más sagrados de la vida.
La supuesta paz y prosperidad castellana no eran más que la quietud superficial de un sistema político y económico que, internamente, ya se estaba colapsando.
Arqueologos egipcios, en el yacimiento de Wadi Al-Nasb, en el sur de la península del Sinaí, ha desenterrado los vestigios de lo que fue un centro integral para la fundición de cobre, complementado por estructuras administrativas y puestos de vigilancia, un descubrimiento que ilustra sobre la sofisticada maquinaria industrial y logística desplegada por el antiguo Egipto para la explotación de sus recursos minerales.
Este hallazgo forma parte de la política del Ministerio de Turismo y Antigüedades de Egipto para potenciar la investigación arqueológica en la región sinaítica, con el objetivo explícito de elucidar y subrayar el papel pionero que la civilización faraónica desempeñó en la gestión y aprovechamiento metódico de sus riquezas minerales, una iniciativa que, además de su valor académico, pretende abrir nuevos horizontes para el turismo cultural en áreas que permanecen sustancialmente inexploradas y cargadas de secretos históricos por desvelar.
El Sr. Sherif Fathy, Ministro de Turismo y Antigüedades, subraya:
el descubrimiento refleja de manera elocuente la importancia estratégica que el Sinaí ostentó durante las épocas faraónicas, erigiéndose como una fuente primordial para el abastecimiento de cobre y turquesa, al tiempo que confirma, de manera incontrovertible, la profundidad y permanencia de la presencia administrativa y operativa egipcia en este territorio.
El ministro recalcó el compromiso continuo de su cartera, actuando a través del Consejo Supremo de Antigüedades, de brindar un apoyo sin reservas a las misiones arqueológicas, dada la relevancia de sus contribuciones tanto para el ámbito científico como para la reivindicación del patrimonio cultural, estableciendo además un vínculo tangible entre los logros técnicos de los antiguos egipcios y los conceptos modernos de desarrollo sostenible y aprovechamiento racional de los recursos.
Por su parte, el Dr. Mohamed Ismail Khaled, Secretario General del Consejo Supremo de Antigüedades, detalla:
Los resultados de las temporadas de excavación han permitido documentar una serie de evidencias arquitectónicas e industriales que demuestran, de manera fehaciente, la continuidad de la actividad minera egipcia en Wadi Al-Nasb desde el período del Reino Antiguo hasta épocas significativamente posteriores, registrando un pico de prosperidad y actividad especialmente notable durante la era del Nuevo Reino, un dato que aporta una dimensión completamente nueva a la comprensión de la historia industrial y metalúrgica del país.
Los hallazgos realizados, que incluyen talleres dedicados a la fundición del mineral, así como una variedad de lingotes de cobre de múltiples morfologías y dimensiones y las boquillas de los fuelles utilizados en el proceso, constituyen una prueba irrefutable de la existencia de un sistema industrial avanzado y altamente organizado para la producción y moldeado del cobre in situ, el cual era posteriormente transportado al valle del Nilo para su utilización en la fabricación de herramientas, armamento, elementos administrativos y una amplia gama de objetos de uso artesanal, militar y burocrático.
El profesor Mohamed Abdel Badee, jefe del Sector de Antigüedades Egipcias, Griegas y Romanas del Consejo Supremo de Antigüedades, proporcionó una descripción técnica más pormenorizada de las estructuras descubiertas:
Destacan dos edificios principales; el primero, de planta rectangular y construido con arenisca, se localiza en la entrada occidental de Wadi Al-Nasb, mientras que el segundo se encuentra al este del punto de confluencia entre Wadi Al-Nasb y Wadi Sur.
La evidencia estratigráfica y material indica que ambas construcciones fueron concebidas inicialmente para funcionar como puestos de vigilancia y control, si bien durante el transcurso del Nuevo Reino fueron reconvertidas para albergar operaciones de fundición de cobre. En su interior, los arqueólogos han logrado identificar varios hornos de fundición, numerosos fragmentos de escoria metalúrgica, lingotes de cobre entre los que destaca uno con un peso superior a un kilogramo, y una colección de boquillas de arcilla para fuelles, presentando una notable variedad de tamaños.
Desde la perspectiva operativa de la misión, el Dr. Hisham Hussein, Jefe de la Administración Central de Antigüedades del Bajo Egipto y director de la expedición, añadió:
Los trabajos de limpieza y análisis estratigráfico se extendieron también a una tercera estructura, situada en el borde superior sur de Wadi Sur.
Las características arquitectónicas y su posición dominante sobre el valle llevan a los investigadores a conjeturar que este edificio funcionaba como un puesto de control y observación de alto nivel, probablemente supervisando las actividades de las expediciones mineras durante sus labores de extracción y procesamiento, y su origen podría remontarse a un período anterior al propio Nuevo Reino.
El éxito de la campaña concluyo con el descubrimiento parcial de un taller centralizado de grandes proporciones, un complejo industrial que aglutinaba una diversidad tipológica de hornos de fundición, áreas específicas para el tratamiento y preparación inicial del mineral crudo, crisoles cerámicos para la colada del metal fundido, y fragmentos de ánforas y vasijas de procedencia egipcia destinadas presumiblemente al almacenamiento y transporte.
El contexto arqueológico también ha proporcionado volúmenes considerables de carbón vegetal, preparado a partir de especies arbóreas locales para alimentar los hornos, y bloques compactos de arcilla pura, materia prima esencial para la fabricación in situ de las boquillas de los fuelles.
El INAH anuncia que para detectar los vestigios alrededor de 20 arqueólogos caminaron más de 800 kilómetros de con apoyo de mapas, GPS y brújula
Además de conectar a pasajeros, los más de 781 kilómetros con los que arrancará el ambicioso plan ferroviario de la presidenta Claudia Sheinbaum, también conectarán con la historia. El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) ha comunicado el hallazgo de 203 sitios arqueológicos a lo largo de las rutas ferroviarias.
El plan de infraestructura de la presidenta, anunciado en abril, supondrá una inversión de cerca de 1,3 billones de pesos. En un comunicado, el INAH ha señalado que realiza labores de salvamento en las rutas de trenes de pasajeros en las cuatro secciones con las que iniciará el proyecto ferroviario: AIFA-Pachuca, Ciudad de México-Querétaro, Querétaro-Irapuato y Saltillo-Monterrey-Nuevo Laredo.
El director de Salvamento Arqueológico del INAH, Salvador Pulido Méndez dijo:
Para detectar los vestigios, alrededor de 20 arqueólogos caminaron más de 800 kilómetros con apoyo de mapas y GPS, brújulas, reglas y una vista con entrenamiento en la búsqueda de huellas culturales.
A fin de abatir costos, recurrimos a procesos de investigación tradicionales que han dado buenos resultados y, en tiempo récord, hemos completado el cien por ciento de los recorridos de superficie sobre el derecho de vía de las cuatro rutas.
En la ruta Ciudad de Mexico-Qerétaro, que abarca 226 kilómetros, han registrado 141 lugares con elementos culturales. De ellos, 31 son de interés arqueológico y dos de importancia: El Venado y Tula.
El Venado, cerca del pueblo de Jasso, en Hidalgo, se conservó hasta la década de 1980 como un asentamiento con terrazas y un área arquitectónica que parecía corresponder a complejos habitacionales y con pinturas rupestres.
Sin embargo, en el recorrido reciente se encontraron elementos arquitectónicos afectados por el tiempo y la explotación agrícola, pero las representaciones rupestres se conservan, por lo que se harán observaciones a la obra para que el tren no las afecte, ha indicado el boletín. También se prepara un proyecto para explorarlo y determinar su cronología, pues se estima que, tentativamente, data de finales del periodo Clásico al Posclásico Tardío (400-1521 d.C.).
En el caso de Tula, el arqueólogo ha explicado en el comunicado que la zona de monumentos está atravesada por la vía del tren de carga a través de un túnel.
Ha indicado Pulido:
Tenemos 11 kilómetros por investigar y proyectamos trabajar con varias excavaciones, porque es una nueva oportunidad para conocer más aspectos de la capital de la cultura tolteca.
El resto de sitios registrados son de interés histórico, como puentes, estaciones antiguas, alcantarillas y elementos de haciendas. La segunda ruta con mas sitios detectados es la Querétaro-Irapuato, de 108 kilómetros, en la que se registraron 28 sitios, siete de los cuales hay que excavar; en los otros 21 se definirá si se excavan o se aplica un procedimiento de supervisión y vigilancia durante la obra.
En la ruta Saltillo-Monterrey-Nuevo Laredo, de alrededor de 390 kilómetros, se tiene el recorrido completo sobre el derecho de vía y hasta el momento se han registrado 27 sitios, la mayoría concentraciones de materiales arqueológicos.
Pulido ha detallado:
Hay dos casos en los que estudiamos cómo resolver el paso del tren, porque se encontraron vestigios gráfico-rupestres: Cueva Ahumada y Los Fierros, en Nuevo León.
En la ruta más corta, la de AIFA-Pachuca, de 57 kilómetros, se registraron siete sitios arqueológicos con diferentes concentraciones de cerámica y fragmentos de lítica tallada. En las siguientes semanas esperamos comenzar las excavaciones arqueológicas de los puntos con potencial arqueológico. De estas cuatro investigaciones esperamos nuevos datos, novedosas propuestas académicas e interpretaciones históricas de las regiones que se abordarán. No se trata solo de caminar y ver si hay vestigios arqueológicos que hay que hacer a un lado para que el tren pase, sino de hacer con ellos una investigación y propuestas de carácter científico.