La genealogía, a pesar de ser un tema poco estudiado por la historiografía modernista española, jugó un papel esencial en los siglos XVI y XVII. En una sociedad más porosa de lo que se creía, el ascenso social era habitual, aunque ocurría de manera subrepticia porque contradecía los principios ideológicos del sistema.
La genealogía se convirtió en uno de los principales instrumentos para ocultar las transformaciones sociales y mantener la imagen de inmovilidad requerida. En la Modernidad, la genealogía legitimó la realidad política y social, moldeó idearios culturales y creó imaginarios. Sirvió como un medio eficaz para salvar la brecha entre la realidad y el ideal de una sociedad inmóvil. Fue una de las principales palancas del ascenso social, no al causarlo, sino al justificarlo, ocultando los orígenes modestos de muchos recién llegados.
La producción historiográfica relacionada con la genealogía en la España Moderna alcanzó importantes cotas, tanto en calidad como en número de obras. Este fenómeno se remonta tímidamente a los siglos bajomedievales, con textos como el Nobiliario del Conde don Pedro y las Generaciones y Semblanzas de Fernán Pérez de Guzmán. Sin embargo, estas obras iniciales solían ser redactadas por la alta nobleza para ensalzar sus propias glorias. El siglo XVII fue el apogeo de la genealogía española. Obras notables de este siglo incluyen la de Alfonso López de Haro y la de Pedro Salazar de Mendoza, con sus Dignidades Seglares de Castilla y León. La cumbre de estos estudios la representa don Luis de Salazar y Castro (fallecido en 1728), conocido como el Príncipe de los Genealogistas, autor de tratados monumentales y numerosas obras menores, que destacan por la modernidad de su método y crítica histórica.
Existían los hambrientos genealogistas muchos de origen hidalgo y escasa fortuna, o incluso de antiguos linajes empobrecidos, cuya vida se centró en ascender socialmente gracias a sus conocimientos. Un ejemplo fue Luis de Salazar y Castro, que pasó de ser hijo de un receptor a ostentar una rica encomienda en la Orden de Calatrava. Algunos de estos autores, como Jerónimo Román de la Higuera y posiblemente Francisco de Cascales y Gonzalo Argote de Molina, eran judeoconversos y emplearon sus conocimientos para ocultar la ascendencia hebraica de muchas familias, incluida la suya propia.
Un caso llamativo de falsificación fue Andrés Gutiérrez de los Ríos, un tejedor de sedas de origen villano que, mediante la manipulación de documentos y testimonios, se hizo reconocer como descendiente de la noble Casa de los Ríos, prosperando y escribiendo genealogías a dictado y por encargo de las familias para legitimar sus propias mentiras.
Más allá de los tratadistas, el uso de la genealogía era cotidiano en la España Moderna. Era esencial incluso en estratos bajos de la sociedad, por ejemplo, para tramitar dispensas matrimoniales de la Iglesia debido al impedimento de parentesco hasta el cuarto grado, lo que obligaba a elaborar árboles genealógicos.
El conocimiento genealógico también era omnipresente en el ámbito judicial, donde los pleitos por mayorazgos, capellanías o patronatos se basaban en demostrar un derecho hereditario preferente. Los nobles y sus administradores confeccionaban árboles de su parentela para conocer los bienes vinculados y reaccionar rápidamente a fallecimientos o profesiones religiosas. La búsqueda de parientes lejanos para heredar se plasmó en los pleitos de inmediación, a veces con fraudes. Otro elemento cotidiano era la obtención de rentas de obras pías y patronatos, donde se requería demostrar la descendencia del fundador.
La Limpieza de Sangre fue un elemento diferenciador crucial de España y Portugal en la Edad Moderna. Los Estatutos de Limpieza de Sangre obligaron a las familias nobles o con pretensiones de nobleza a realizar innumerables probanzas genealógicas a lo largo de tres siglos, requiriendo un conocimiento certero y amplio de los orígenes familiares. Estas pruebas eran necesarias para cargos públicos, eclesiásticos, colegios universitarios, empleos inquisitoriales y, las más complejas, para las Órdenes Militares.
La imposición de los Estatutos de Limpieza de Sangre propició la aparición de los Linajudos, oportunistas que se beneficiaban económicamente del sistema mediante la mentira y el chantaje. Eran figuras influyentes en el ámbito local, y su testimonio podía inclinar la balanza a favor o en contra de un pretendiente. Un ejemplo es Cristóbal Guerrero en Granada, un ministro del Santo Oficio que, al insinuar dudas sobre la calidad de un solicitante, lograba que este lo hiciera dueño del caso, obteniendo grandes sumas de dinero.
Los Libros Verdes fueron otra manifestación curiosa de la tratadística, recopilaciones manuscritas, a menudo anónimas, que revelaban el bajo origen o la ascendencia judeoconversa de linajes encumbrados. Se nutrían de información de los archivos municipales y, especialmente, de los archivos de la Inquisición, a la que accedían por ser ellos mismos miembros del Santo Oficio o mediante soborno a secretarios. El más conocido fue el Libro Verde de Aragón, que se utilizó incluso por el tribunal inquisitorial como prueba, pese a estar prohibido y mandado quemar en 1623.
Otro, que se convirtió en un mito, fue el Tizón de la Nobleza de España, que desgranaba los defectos de la ascendencia de las grandes Casas nobles, escrito supuestamente por el cardenal Francisco de Mendoza y Bobadilla.
Los Reyes de Armas, empleados regios que certificaban blasones, elaboraban informes (ejecutorias) a cambio de dinero, calificando la nobleza de los apellidos y a menudo inventando armerías y genealogías totalmente falsas para legitimar la posición del pretendiente. Lo hacían simulando que todos los que portaban un mismo apellido pertenecían a un idéntico linaje del que el cliente era una rama desgajada, inventando antepasados aristocráticos o héroes.
Las Historias Ciudadanas del Siglo de Oro, dedicadas a narrar el pasado de villas y ciudades, también se relacionaron estrechamente con la genealogía y el ascenso social. Estas obras dedicaban buena parte de sus páginas a trazar los abolengos de las principales familias nobles locales, sirviendo como medio de expresión de las oligarquías urbanas para consolidar su poder y privilegios. También ofrecían a las familias de nuevos cristianos la posibilidad de eludir la mancha de su origen.
Se presentan ejemplos detallados de manipulación genealógica para el ascenso social. En Guadix, la familia Santa Cruz, de origen judío y converso, logró que don Juan Fajardo de Amescua, a pesar de las pruebas de su ascendencia hebraica, obtuviera un hábito de caballero de Calatrava en 1641. El linaje cambió su apellido de Santa Cruz a Fajardo para desvincularse de su origen y crearon la fábula de descender ilegítimamente de los marqueses de los Vélez, también llamados Fajardo. Su éxito fue tal que sus descendientes ocuparon importantes cargos, dignidades y honores.
Otro caso de Guadix fue el de los Díaz de Palencia, una familia judeoconversa con parientes reconciliados por judaizantes en 1615. A pesar de la notoriedad de un origen manchado, el dinero y el poder permitieron que sus distintas ramas avanzaran socialmente, logrando que los rumores y sospechas cesaran. La rama granadina litigó su hidalguía, logrando una ejecutoria favorable, y sus antepasados judaizantes fueron convertidos en prestigiosos conquistadores del Reino de Granada, con sus apellidos embellecidos y la adición de un certificado del Rey de Armas. Incluso consiguieron el ingreso de tres hermanos como ministros del Santo Oficio. Finalmente, encargaron la redacción de genealogías impresas que consagraron las mentiras urdidas, olvidando para siempre a conversos y judaizantes.
La visión tradicional de la sociedad española de la Edad Moderna como estamental e inmóvil se desmorona, existiendo un mundo cambiante con ascenso y descenso social. Sin embargo, el sistema se mantuvo porque se arbitraron mecanismos para ocultar los ascensos y proyectar una imagen de nobleza eterna, logrando aunar cambio y continuidad, realidad y deseo. La genealogía fue clave en este proceso, sirviendo como fuente de legitimación y, sobre todo, como instrumento para esconder la progresión de los recién llegados, convirtiendo las mentiras en una estrategia global de éxito. Los abolengos oficiales de la nobleza española están contaminados por la literatura genealógica de la época, y no se debe creer a priori en los orígenes de los linajes sin documentación de por medio. La tratadística genealógica de la España Moderna tiene un doble valor: como fuente inestimable de datos para comprender la sociedad de la época, y como muestra del poder de las estrategias culturales para mantener el sistema, incluso vulnerando sus principios ideológicos esenciales
SORIA MESA ENRIQUE. Genealogia y poder. Invencion de la memoria y ascenso social en la España Moderna. Universidad de Cordoba.
Según Teófanes Egido en su artículo La marginación social en la España Moderna (siglos XV al XIX) la marginación abarca grupos más extenso a los que refieren los historiadores, como pobres, esclavos, conversos, moriscos y gitanos, además de minorías locales como xuetes, vaqueiros de alzada, pasiegos o agotes. En aquellas sociedades caracterizadas por el privilegio y la desigualdad, los motivos de exclusión social estaban ligados a los religiosos. Hay tres grupos para la reflexión histórica: los pobres, los judeoconversos (confesos) y los niños expósitos (abandonados).
La historia de la pobreza durante el Antiguo Régimen a menudo se aborda con anacronismos, ya que las mentalidades de la época consideran la pobreza de una manera distinta a como lo hace la sensibilidad burguesa posterior. La pobreza era una realidad aceptada y enfrentada por la sociedad en la época moderna, donde la caridad incluso fomentaba lo que más tarde se querría combatir, y el pobre podía ser visto no solo como un problema social, sino también como una realidad cordial, soportable y hasta deseable.
Los pobres urbanos podían representar entre el 10% y el 20%, llegando al 25% y 50% en años de crisis agrarias que arrojaban a la penuria a muchos que vivían en los límites de la pobreza o eran pauperizables. Las crisis de subsistencia o hambrunas eran frecuentes. Otros agentes de crecimiento de pobres incluían la inmigración, como la pirenaica, que generaba alarma y sentimientos de xenofobia, especialmente contra los franceses y gascones.
Existió un debate de altura sobre la pobreza, con posturas irreconciliables como las del dominico Domingo de Soto y el benedictino Juan de Medina o de Robles. Una sensibilidad veía a los pobres como un peligro social y religioso, abogando por la racionalización de la pobreza y obligando a los válidos y vagabundos a trabajar, incluso en encerramientos, postura defendida por humanistas como Vives y Erasmo, y por reformadores protestantes. La otra postura, más teológica y moral, defendía la caridad evangélica y encontraba en el pobre la mejor ocasión para vivirla, llegando Domingo de Soto a decir que la presencia y el vocerío de los pobres en Semana Santa ablandaba los corazones.
Además, el pobre de solemnidad, reconocido como tal, podía ser considerado un privilegio o una profesión demandada y a veces rentable. Estos tenían derecho a mendigar, a atenciones primarias en tiempos de crisis, y se beneficiaban de cofradías, hospitales y mandas testamentarias para el entierro. Incluso los funerales de los pobres atendidos por cofradías como la Penitencial de la Pasión en Valladolid podían tener una solemnidad que otros menos pobres anhelarían. Había también los pobres envergonzantes, personas venidas a menos que la sociedad del honor y la honra miraba con compasión, ofreciéndoles asistencia discreta, como lo hacía la Cofradía de Esgueva en Valladolid.
En cuanto a los conversos, o judeoconversos, su marginación social fue tanto sufrida como burlada. A diferencia de los moriscos (que autoexcluían al no convertirse realmente), los conversos, bautizados, se esforzaban por identificarse con el cristiano viejo y borrar sus raíces judías, buscando la integración social.
Contra ellos se tejió una densa trama de repudios materializados en los estatutos de limpieza de sangre y de oficio, que se extendieron desde ciudades y órdenes religiosas hasta órdenes militares, cabildos catedrales y colegios mayores. La exclusión se reforzaba al descender de inquisitoriados, ya que la herejía era el delito más odioso y total, llevando a la marginación, la exclusión y la muerte civil o la hoguera.
Sin embargo, los conversos no estuvieron desamparados y contaron con defensas y recursos para lograr la integración social. Entre estos se encontraban la compra de hidalguías, las falsificaciones de linajes y las complicidades de cristianos viejos, como se vio en el pleito de hidalguía de la familia de Santa Teresa. Además, existió un discurso de defensa por parte de cristianos viejos y nuevos, con argumentos teológicos, históricos y morales que rechazaban las exclusiones por caridad cristiana. Figuras como el Cardenal Juan de Torquemada y el dominico Agustín de Salucio defendieron a los conversos, argumentando que se ofendía a Cristo y a la Virgen, de ascendencia judía, al menospreciarlos, y que la estirpe judía era más noble que la de los cristianos viejos, descendientes de paganos.
Finalmente, los niños expósitos o abandonados representaron a los marginados más cruelmente excluidos, sujetos a la llamada marginación mortal. Eran discriminados por la legislación hasta el siglo XIX y padecían una mortandad desbordante, alcanzando a veces hasta el 90% de los recogidos. Antes del siglo XVIII, la preocupación principal era asegurar su vida eterna mediante el bautismo, más que su supervivencia física.
La sensibilidad hacia la infancia cambió con la Ilustración, valorando la vida terrena y promoviendo el cariño a los niños. Campañas de ilustrados como Antonio de Bilbao denunciaron la situación de los niños en los hospitales, llamándolos potros del infanticidio o trampas de los desgraciados niños.
A finales del siglo XVIII, se impulsó legislación para la integración social de los expósitos, legitimándolos para efectos civiles y prohibiendo el uso de nombres injuriosos como borde o bastardo. Aunque esta legislación ilustrada no se cumplió a corto plazo por falta de financiación y resistencias, el cambio de sensibilidad a largo plazo ayudó a que el trágico fenómeno del abandono disminuyera y se convirtiera en una noticia que hiere la sensibilidad colectiva.
EGIDO TEOFANES. La marginacion social en la Epaña Moderna. Marginados y minorías sociales en la España Moderna y otros estudios sobre Extremadura Llerena, Sociedad Extremeña de Historia, 2005 Pags. 27 a 43 ISBN-10: 84-611-0399-8 – ISBN-13: 978-84-611-0399-7
La civilización Maya representa uno de los desarrollos culturales y políticos más complejos del mundo precolombino. Los Mayas no constituyeron un imperio unificado, sino una compleja red de ciudades-estado independientes que compartían profundos lazos culturales, lingüísticos y religiosos. Su alcance geográfico fue vasto, abarcando una región diversa que incluye la Península de Yucatán, la totalidad de lo que hoy es Guatemala y Belice, y porciones de Honduras y El Salvador. Esta variedad de entornos, desde las tierras bajas kársticas hasta las tierras altas volcánicas, exigió estrategias agrícolas y políticas altamente adaptativas.
El estudio de la historia Maya debe reconocer una continuidad de más de diez milenios, abarcando desde el Período Arcaico (8000–2000 a. C.) hasta la diáspora contemporánea, lo que desafía la narrativa tradicional de un simple «ascenso y colapso». La civilización Maya es, fundamentalmente, una historia de resiliencia y adaptación cultural. Es importante destacar que las divisiones cronológicas son objeto de debate académico; la definición de las fechas de inicio y fin de los períodos puede variar hasta en un siglo, reflejando las diferencias regionales en los ritmos de desarrollo y declive.
La cronología Maya se divide tradicionalmente en períodos que reflejan cambios sistemáticos en la organización política, la producción arquitectónica y la densidad de población.
A. Fundamentos: Períodos Arcaico y Preclásico (8000 a. C. – 250 d. C.)
El Período Arcaico (8000–2000 a. C.) sentó las bases para la vida sedentaria, esencial para el desarrollo de la civilización. El posterior Período Preclásico (2000 a. C. – 250 d. C.) fue testigo del surgimiento de las primeras ciudades-estado y de la arquitectura monumental. Este período temprano es vital para comprender los logros intelectuales mayas, ya que se cree que el sistema de notación posicional, fundamental para su matemática, comenzó a utilizarse tan pronto como el Preclásico Tardío (aproximadamente 400 a. C. – 150 d. C.). Además, las inscripciones mayas identificables más tempranas datan del siglo III a. C. en San Bartolo, Guatemala, lo que marca el inicio del sistema de escritura desarrollado.
B. El Cenit del Período Clásico (250–950 d. C.)
El Clásico se considera el apogeo cultural e intelectual, caracterizado por el uso generalizado de la Cuenta Larga, el auge de las grandes ciudades-estado en las tierras bajas, y la consolidación de dinastías poderosas. Este período se subdivide en el Clásico Temprano (250–550 d. C.) y el Clásico Tardío (550–830 d. C.), con un período de transición denominado Clásico Terminal (830–950 d. C.). Este era se definió por la construcción de templos piramidales masivos y acrópolis reales en los centros urbanos.
C. La Adaptación Postclásica y los Centros Cambiantes (950–1539 d. C.)
El Clásico Terminal y el inicio del Postclásico (950–1539 d. C.) estuvieron marcados por el colapso y el abandono de los centros de las tierras bajas del sur. Sin embargo, el poder político se desplazó hacia el norte, especialmente en la Península de Yucatán. Chichén Itzá, cuyo núcleo original fue fundado alrededor del 400 d. C. (Chichen Viejo), fue reconstruido en gran medida por los Itzá, un pueblo de habla maya del Petén, alrededor del 850 d. C.. Esta nueva fase de la ciudad se caracterizó por las prominentes representaciones del dios Kukulkán, la serpiente emplumada.
D. La Conquista Española y la Resistencia Prolongada (1511–1697 d. C.)
El contacto con los europeos comenzó a principios del siglo XVI. La Conquista Maya fue un proceso extraordinariamente largo y fragmentado, muy diferente de la caída centralizada de los imperios Azteca o Inca. La lucha involucró a figuras clave como Hernán Cortés y la familia Montejo, enfrentándose a la resistencia liderada por gobernantes mayas como Nachi Cocom, e incluso con la ayuda de españoles náufragos que se aliaron con los mayas, como Gonzalo Guerrero.
El lapso de tiempo de casi dos siglos que abarca el Período de Contacto (1511–1697) es un factor determinante en la continuidad cultural maya. Esta resistencia no fue derrotada hasta 1697, cuando un asalto español coordinado, dirigido por Martín de Urzúa y Arizmendi, finalmente venció al último reino maya independiente, los Itzá Maya del Petén. El hecho de que la destrucción cultural fuera gradual y localizada, en contraste con la rápida aniquilación política de otras civilizaciones, permitió a muchos grupos lingüísticos en áreas remotas preservar sus estructuras políticas y tradiciones. Esta resistencia histórica, sostenida durante casi dos siglos después de la llegada inicial, alimenta de manera fundamental el arraigado deseo de autonomía cultural y política observable en los movimientos contemporáneos.
La civilización Maya se caracterizó por un sistema de numerosas ciudades-estado independientes, cada una gobernada por su propia dinastía y manteniendo su propia esfera de influencia. En lugar de un imperio central, la civilización funcionó como una compleja red interconectada. Los centros urbanos más grandes, como Tikal y Calakmul, sirvieron como centros políticos, económicos y religiosos neurálgicos para las regiones circundantes.
El diseño urbano, aunque a menudo desarrollado de forma un tanto fortuita según la topografía local, se organizaba invariablemente en torno a grandes plazas. Estas plazas estaban rodeadas por los edificios gubernamentales y religiosos más valiosos, incluyendo pirámides, templos y acrópolis reales.
En la cima de la jerarquía sociopolítica se encontraba el rey hereditario, conocido como el k’uhul ajaw (Señor Divino), quien ejercía poder absoluto y era considerado un gobernante de origen divino. La función principal del rey era actuar como intermediario entre los reinos humano y divino. Su mandato se legitimaba a través de rituales elaborados, la erección de monumentos y la propaganda, que reforzaban su conexión celestial.
La sociedad estaba rígidamente estratificada. Debajo del rey se encontraban la nobleza (almehenob), compuesta por miembros de la familia real y cortesanos influyentes que ocupaban altos cargos militares, gubernamentales y religiosos. La administración era llevada a cabo por una burocracia de funcionarios, escribas y especialistas. Los plebeyos, que constituían la mayoría de la población e incluían agricultores, artesanos y comerciantes, sostenían toda la estructura mediante su trabajo, asumiendo pesadas responsabilidades.
La alta dependencia en la autoridad divina de los reyes generaba una vulnerabilidad política particular. Si el k’uhul ajaw fallaba en sus deberes esenciales—como liderar campañas militares exitosas o, crucialmente, asegurar las lluvias mediante ceremonias religiosas —cualquier fracaso militar o desastre ambiental se interpretaba como un fracaso cósmico por parte del rey. Este tipo de crisis podría socavar la legitimidad de toda la dinastía, desestabilizando a los estados vasallos y acelerando las fracturas sistémicas frente a tensiones externas.
La arquitectura monumental Maya operó como una poderosa herramienta de propaganda política y cronometraje. Los centros ceremoniales más grandes incorporaron una profunda comprensión de la astronomía. Por ejemplo, la Pirámide de Kukulkán en Chichén Itzá está alineada con el solsticio de invierno, creando una sombra que se asemeja a una serpiente emplumada. De manera similar, los templos de Tikal estaban alineados con el amanecer durante los equinoccios. Estas alineaciones no eran meramente estéticas, sino que servían para rastrear las estaciones y celebrar festivales religiosos cruciales. Al controlar y encarnar físicamente el cosmos dentro del centro urbano, los gobernantes mayas demostraban su dominio científico y su autoridad divina, un elemento que justificaba el inmenso costo laboral de la construcción y los privilegios de la élite.
Un elemento integral de los centros urbanos era el juego de pelota. Estos campos rituales, que a menudo presentaban lados verticales en el Clásico Tardío (como en Chichén Itzá), se construían dentro de los recintos ceremoniales. El juego en sí era un ritual ceremonial que simbolizaba la lucha cósmica entre el día y la noche, o la vida y el inframundo. Los tribunales mismos eran considerados portales a Xibalba, el inframundo Maya.
El Período Clásico Tardío estuvo dominado por la rivalidad hegemónica entre las dos superpotencias de las tierras bajas: Tikal (en la actual Guatemala) y Calakmul (en México), sede del reino de la Serpiente (Kaanul). Su conflicto, a menudo referido en la epigrafía como «Guerra de las Estrellas» (posiblemente ligado a eventos astronómicos), fue una lucha intensa por el control de las rutas comerciales y los estados vasallos.
Calakmul logró una victoria decisiva en 562 d. C., liderada por el sucesor de Piedra Mano Jaguar, el rey Testigo del Cielo, quien derrotó y saqueó Tikal con la ayuda de aliados como El Caracol. Este evento marcó el inicio de un «hiato» de 130 años para Tikal, durante el cual Calakmul consolidó su dominio instalando gobernantes leales en ciudades como Dos Pilas y El Naranjo, operando a través de una extensa red de estados proxy. Sin embargo, el resurgimiento de Tikal bajo Jasaw Chan K’awiil I culminó en la derrota y el saqueo de Calakmul en 695 d. C.. Si bien Tikal recuperó su dominio, las guerras prolongadas habían agotado a ambas ciudades, un factor que contribuiría a la eventual decadencia de ambas potencias.
A continuación se presenta una tabla que resume la importancia de algunos de los principales sitios del Clásico Maya:
Tabla 1
Sitio
Región
Rol Político Clave
Significado Arquitectónico/Histórico
Tikal
Cuenca del Petén (Guatemala)
Potencia hegemónica Clásica; rival de Calakmul.
Grandes pirámides alineadas astronómicamente ; fuente de los Itzá.
Calakmul
Campeche (México)
Sede del Reino de la Serpiente (Kaanul); dominó durante el hiato de Tikal (562–695 d. C.).
Gobernó a través de una extensa red de estados vasallos.
Palenque
Chiapas (México)
Famoso por su refinamiento arquitectónico y la historia jeroglífica detallada.
Hogar del Templo de las Inscripciones, que contiene la tumba de Pakal.
Chichén Itzá
Península de Yucatán
Centro Postclásico; reconstruido por los Itzá; simbolismo de Kukulkán.
Pirámide de Kukulkán alineada con el solsticio de invierno; cuenta con un gran juego de pelota.
Los logros intelectuales de los Mayas, particularmente en matemáticas y astronomía, se encuentran entre los más sofisticados del mundo antiguo.
Los Mayas desarrollaron un avanzado sistema de numeración vigesimal (base-20), en contraste con nuestro sistema decimal (base-10). Este sistema utilizaba una notación posicional, donde el valor de un símbolo dependía de su posición vertical. Los valores de posición ascendían en potencias de 20, con la posición inferior representando las unidades (), la segunda los veintes (), la tercera los cuatrocientos (), y así sucesivamente.
El sistema era notablemente eficiente, utilizando solo tres símbolos: un punto para ‘uno’, una barra para ‘cinco’, y una concha para ‘cero’ o «finalización».
La invención y el uso del concepto matemático de cero como marcador de posición es considerado uno de los mayores logros de la civilización Maya. Este concepto apareció en las inscripciones mayas en una de las instancias más tempranas conocidas a nivel mundial, siendo los Mayas una de las dos únicas civilizaciones antiguas que lo utilizaron. La conceptualización del cero fue la infraestructura fundamental que hizo posible su avanzada contabilidad del tiempo. Sin un marcador de posición para el cero, el sistema posicional de Base-20 no habría podido calcular con precisión los enormes números necesarios para el calendario de la Cuenta Larga, ni generar las complejas tablas predictivas utilizadas en la astronomía codical.
Los Mayas eran astrónomos consumados y observadores meticulosos del cielo. Desarrollaron uno de los sistemas calendáricos más exactos de la historia humana, basado en ciclos de tiempo interconectados.
Tzolk’in (260 días): El calendario sagrado utilizado para rituales y propósitos astrológicos.
Haab (365 días): Una aproximación al año solar, compuesto por 18 meses de 20 días más un mes corto de 5 días llamado Wayeb (18 x 20 + 5 = 365 días).
Rueda Calendárica (52 años): La combinación del Tzolk’in y el Haab, que se repite después de 18,980 días.
Además, los Mayas desarrollaron la Cuenta Larga, un calendario lineal diseñado para datar eventos míticos e históricos en ciclos muy grandes. El ciclo de 13 baktun de la Cuenta Larga mide 1,872,000 días, o 5,125.366 años tropicales.
Su conocimiento se plasmó en textos especializados, como el Códice de Dresde, el cual contiene tablas astronómicas de precisión excepcional, incluyendo cálculos para el movimiento sinódico de Venus y para los ciclos de eclipses solares y lunares. El Códice de Dresde, que data de alrededor de 1000–1200 d. C., demuestra cómo la astronomía estaba intrínsecamente ligada a la profecía y la planificación ritual.
El sistema de escritura Maya (a menudo denominado jeroglífico, aunque no está relacionado con el egipcio) es el único sistema de escritura verdadero y completo nativo de las Américas. Es un sistema logosilábico complejo, que utiliza una combinación de logogramas (símbolos para palabras completas) y glifos silábicos (símbolos fonéticos). El script se utilizaba para registrar inscripciones en piedra, madera y arquitectura, pero el medio más común eran los frágiles libros plegables hechos de corteza de higuera, conocidos como códices.
La supervivencia de este vasto archivo intelectual fue trágica. De los miles de libros existentes en el momento de la Conquista, solo cuatro códices sobrevivieron a la humedad de los trópicos y a la destrucción deliberada por parte de los sacerdotes católicos, como Diego de Landa en 1562.
El arqueólogo Michael D. Coe comparó la pérdida, basándose en lo que solo cuatro textos sobrevivientes (Códices de Dresde, Madrid, París y México) revelan, con si la posteridad conociera nuestra sociedad solo a través de «tres libros de oraciones y El Progreso del Peregrino». La concentración de información astronómica y profética en el Códice de Dresde sugiere que la gran mayoría de los textos perdidos contenían información crítica sobre historia, medicina y gobierno, lo que subraya la magnitud de la pérdida cultural e intelectual.
Aunque los primeros esfuerzos de desciframiento se centraron en la numeración y el calendario, el avance crucial que confirmó la naturaleza fonética e histórica del script se produjo rápidamente a partir de las décadas de 1960 y 1970. Hoy en día, la mayoría de los textos mayas pueden leerse casi por completo en sus idiomas originales.
La religión y la cosmología mayas impregnaron todos los aspectos de la vida pública y política. La cosmovisión maya estructuraba el universo en tres planos: la Tierra, que era plana y estaba sostenida en las esquinas por cuatro dioses Bacabs; los 13 cielos superiores, cada uno gobernado por un dios; y el inframundo, conocido como Xibalba.
Xibalba, un lugar frío e infeliz, se dividía en nueve capas, cada una bajo el dominio de un Señor de la Muerte. El destino del alma dependía de la forma de la muerte. Aquellos que morían por causas naturales debían trabajar laboriosamente para ascender a través de las capas de Xibalba. Sin embargo, aquellos que morían en el parto, como resultado de un sacrificio ritual, o como víctimas del juego de pelota, pasaban inmediatamente al cielo supremo.
Este aspecto de la cosmología —donde la muerte sacrificial era recompensada con el acceso inmediato al cielo supremo— proporcionaba una potente justificación teológica para el sistema. Reforzaba la participación de la élite en guerras de alto riesgo (que a menudo terminaban en el sacrificio de cautivos) y el juego de pelota ceremonial, donde los perdedores podían ser sacrificados.
El panteón Maya era extenso y mutable, con estimaciones que varían entre 166 y 250 deidades nombradas.
Itzamná: A menudo considerado la deidad suprema, Itzamná era el dios creador, el soberano celestial del día y la noche, y el patrón de las artes y las ciencias.
Kukulkán: Venerado como la serpiente emplumada, este dios simbolizaba la unión divina entre la Tierra y el cielo, encarnando los dominios del viento y el conocimiento. Su iconografía fue particularmente prominente en los centros postclásicos como Chichén Itzá.
Chaac: El dios de la lluvia, cuya adoración era de vital importancia, especialmente en las tierras bajas de Yucatán, donde la agricultura dependía fundamentalmente de las lluvias estacionales. Los antiguos mayas en Chichen Viejo incluso caracterizaron su arquitectura con numerosas representaciones de Chaac.
La arquitectura no solo servía como centro ceremonial y propaganda, sino también como mausoleo dinástico. El Templo de las Inscripciones en Palenque es un ejemplo emblemático. Esta estructura piramidal de nueve niveles fue iniciada por Kʼinich Janaab Pakal I y terminada por su hijo después de 683 d. C.. El templo es crucial para el estudio maya debido a los textos jeroglíficos detallados y, en particular, al descubrimiento en 1952 de la cripta y el sarcófago de Pakal I, al que se accedía por una escalera interna. La propia construcción del templo como monumento que alberga la tumba real sirvió para transformar al rey en una figura divina tras su muerte.
La declinación de los grandes centros de las tierras bajas del sur durante el Período Clásico Terminal (800–1000 d. C.) constituye un tema de intenso estudio arqueológico, con más de 80 teorías propuestas para explicar el fenómeno. Este período se caracterizó por la cesación de la arquitectura monumental (particularmente después de 830 d. C.) y una masiva despoblación, seguida de un largo período de asentamiento de baja densidad.
La evidencia reciente apunta a una interacción crítica entre factores humanos y ambientales como precipitante principal del colapso. Un factor primario fue el estrés climático inducido por la aridez prolongada, que culminó en severas sequías durante la temporada de lluvias. La evidencia química de estalagmitas mexicanas ha demostrado que el declive de la civilización Maya Clásica coincidió con sequías repetidas, incluyendo una que se extendió por 13 años. Estas sequías se correlacionaron precisamente con la interrupción política y el cese de la construcción monumental en sitios clave.
Durante los 1,500 años de éxito Maya en la explotación del problemático bosque tropical, las técnicas agrícolas dependían por completo de un suministro abundante de agua, lo que hacía a la sociedad extremadamente vulnerable a la sequía. Las prácticas humanas exacerbaron esta vulnerabilidad, generando una degradación ambiental preexistente, evidenciada por la deforestación, la sedimentación y el declive de la biodiversidad. Por ejemplo, los estudios zooarqueológicos indican una disminución de mamíferos grandes, como el venado cola blanca, lo que sugiere una combinación de sobrecaza y pérdida de hábitat en el Clásico Tardío.
La declinación se entiende mejor como una falla de sistema en cascada. El estrés político crónico (guerras internas intensas como el conflicto Tikal-Calakmul) y la inestabilidad económica (posible colapso de las redes comerciales vinculadas a Teotihuacán) habían agotado los recursos y la mano de obra, mermando la resiliencia del sistema. Cuando el shock externo de la sequía severa golpeó, el sistema sociopolítico, cuya legitimidad dependía de la capacidad del k’uhul ajaw para mantener el orden cósmico y asegurar los recursos , se desintegró rápidamente.
El patrón de abandono generalizado en múltiples sitios y la drástica caída de población sugieren que la capacidad de carga del ecosistema se había reducido drásticamente. Si el problema central hubiera sido meramente político (una invasión extranjera o una revuelta), las poblaciones típicamente permanecen, y nuevos regímenes toman el control. En cambio, el abandono masivo de la región del Petén central subraya la incapacidad fundamental del paisaje para sostener la población en los niveles del Clásico Tardío, incluso bajo una nueva autoridad. Esto refuerza la conclusión de que la catástrofe ecológica y climática, combinada con la vulnerabilidad social, fue la fuerza motriz detrás del abandono del corazón Maya.
A pesar de los siglos de conquista, marginalización y la catastrófica despoblación del Clásico Terminal, la civilización Maya es una cultura vibrante y viviente. Se estima que más de seis millones de personas hoy en día hablan lenguas mayas.
La mayor concentración se encuentra en Guatemala, donde entre el 40% y el 60% de la población habla una lengua maya, y en México, con una población estimada de 2.5 millones de hablantes en 2010. La diversidad lingüística es notable, incluyendo ramas principales como el Yucateco (hablado por aproximadamente 800,000 personas, conocido simplemente como «Maya» por sus hablantes), las lenguas Chʼolan (como el Chʼol en Chiapas) y las lenguas Quichean–Mamean en las tierras altas de Guatemala.
Es fundamental reconocer que los Mayas contemporáneos no constituyen una única entidad monolítica. Son un grupo notablemente diverso que se identifica por su localidad, lengua y nacionalidad (México, Guatemala, Belice). Algunos se autoidentifican fuertemente como étnica o culturalmente «Mayan,» mientras que otros prefieren identificarse por categorías locales o nacionales, e incluso pueden rechazar el término «indígena».
Desde la era colonial, los Mayas han funcionado como una «clase baja casi permanente». Enfrentan desafíos económicos, sociales y políticos crónicos asociados a la globalización.
A finales del siglo XX y principios del XXI, los movimientos Mayas han fomentado un renovado sentido de Mayanness como una identidad política y cultural significativa. Su visión de futuro está firmemente anclada en el deseo de autodeterminación económica y cultural.
Este proceso se manifiesta a través de diversas formas de movilización política. Han surgido partidos políticos liderados por Mayas, como Winaq en Guatemala, diseñados para representar directamente los intereses indígenas y desafiar el dominio de los partidos Ladino/Mestizo. Simultáneamente, movimientos sociales como los Zapatistas (EZLN) en México y el Movimiento Maya Guatemalteco han operado fuera de la política electoral para exigir cambios estructurales.
Las demandas de estos movimientos —en particular los derechos a la tierra, la autonomía cultural y el reconocimiento de los sistemas legales y lingüísticos indígenas— son una consecuencia directa de la marginalización histórica. Estos reclamos son las iteraciones modernas de la continua resistencia que caracterizó el prolongado Período de Contacto (que finalizó en 1697). Por lo tanto, el activismo contemporáneo busca rectificar los profundos desequilibrios políticos y económicos impuestos durante siglos de dominación colonial y postcolonial.
VIII. Conclusión: Una Civilización de Complejidad Profunda
La civilización Maya se distingue no solo por su antigüedad sino por la profundidad y complejidad de sus logros. Su legado se define por contribuciones intelectuales únicas, como la invención independiente del cero y el desarrollo de un sistema de escritura logosilábico completo, que sustentaron una capacidad de cronometraje astronómico y calendárico inigualable.
Políticamente, el sistema de ciudades-estado independientes demostró una gran sofisticación en la gestión de vastas poblaciones a través de una gobernanza dinástica centralizada en la figura del k’uhul ajaw. Sin embargo, esta estructura, al basar su legitimidad en el éxito cósmico del rey, demostró ser vulnerable al fracaso amplificado cuando los conflictos internos y la presión demográfica chocaron con la catástrofe climática del Clásico Terminal.
El impacto más duradero de la civilización Maya es su continuidad. La existencia, la diversidad lingüística y la movilización política de más de seis millones de Mayas hoy en día atestiguan la extraordinaria adaptabilidad y resistencia de su cultura, una civilización que, a pesar de las adversidades históricas y la marginalización, perdura y exige su autodeterminación cultural y económica.
Añadidos
Las pirámides mayas se erigían principalmente a través de un proceso de superposición de estructuras a lo largo del tiempo. No eran construcciones únicas, sino que a menudo se construían una nueva pirámide o templo sobre una más antigua.
El método constructivo general implicaba:
Núcleo de Escombros y Relleno: Se creaba un núcleo central utilizando una mezcla de tierra, grava, escombros, y a veces piedras grandes. Esto proporcionaba la mayor parte del volumen y la estabilidad a la estructura.
Muros de Contención y Terrazas: Se usaban muros de piedra caliza bien labrada para contener el relleno y dar forma a las plataformas y a los cuerpos escalonados de la pirámide. Estos muros a menudo presentaban un ligero talud (inclinación) para aumentar la estabilidad.
Recubrimiento: Una vez que la estructura básica estaba en su lugar, la pirámide se recubría con una capa de piedra caliza tallada, a menudo estucada y luego pintada con colores vivos o decorada con relieves y mascarones.
Materiales: El material principal era la piedra caliza, que era abundante en la región maya. Se cortaban bloques de diferentes tamaños. Se utilizaba una especie de mortero hecho de cal (obtenida al quemar la piedra caliza) y arena o sascab (una piedra caliza blanda o tierra calcárea) para unir las piedras.
Mano de Obra: La construcción requería una gran cantidad de mano de obra organizada. La piedra se extraía en canteras cercanas, se transportaba y luego se levantaba y colocaba. Los mayas no usaban animales de carga ni la rueda para la construcción, por lo que todo dependía de la fuerza humana.
Propósito: La pirámide era una base elevada para un templo en su cima, que era el verdadero lugar de culto o ritual.
En cuanto a las canalizaciones, los mayas desarrollaron sistemas sofisticados, especialmente en ciudades donde el acceso al agua era un desafío estacional o geográfico. Estos sistemas se enfocaban principalmente en la captación, almacenamiento y distribución de agua de lluvia.
Captación: Las grandes superficies de las plazas y los techos de los edificios, incluyendo las pirámides, a menudo estaban diseñadas para dirigir el agua de lluvia. El estuco y los pavimentos impermeables ayudaban a este proceso.
Canales y Drenajes: Se construían canales hechos de piedra y cemento de cal (similares a acueductos pero generalmente a nivel del suelo o subterráneos) para dirigir el agua desde las áreas de captación hacia los depósitos de almacenamiento. También crearon drenajes y sumideros para evitar inundaciones en las áreas urbanas durante la temporada de lluvias.
Almacenamiento (Chultunes y Aguadas):
Los chultunes eran cisternas o pozos subterráneos con forma de botella, excavados en la roca caliza blanda, y a menudo revestidos con estuco para evitar fugas. Se usaban para almacenar agua de lluvia para el consumo doméstico.
Las aguadas eran grandes estanques o reservorios al aire libre, a menudo naturales pero modificados y revestidos con estuco para maximizar su capacidad y prevenir la filtración excesiva. Eran la principal fuente de agua para uso público y agrícola.
Ingeniería Avanzada: Algunas ciudades mayas, como Palenque, en una zona de mucha lluvia y terreno montañoso, mostraron una ingeniería hidráulica particularmente avanzada. Allí se han encontrado canales que regulaban el flujo de los arroyos, puentes de piedra y sistemas de presión para mover el agua.
Las canalizaciones eran cruciales para la supervivencia de las grandes poblaciones mayas, permitiéndoles sostener su civilización, especialmente en la Península de Yucatán, donde no hay ríos superficiales y el agua dulce es escasa en la superficie durante la estación seca.
Tikal
La ciudad de Tikal, cuyo nombre original era probablemente Yax Mutul, se levanta en la densa selva tropical del Petén, en el norte de Guatemala. Fue, sin lugar a dudas, uno de los centros urbanos y políticos más importantes de toda la civilización maya durante el Período Clásico, que abarcó aproximadamente desde el 200 hasta el 900 d. C. Se constituyó como la capital de un poderoso reino que ejerció una gran influencia militar, económica y cultural sobre una vasta región, manteniendo incluso importantes contactos con la metrópoli de Teotihuacán, en el Valle de México.
La magnificencia de Tikal se manifiesta en su arquitectura. Los mayas utilizaron la piedra caliza abundante en la zona para construir miles de estructuras, de las cuales las más impresionantes son sus templos piramidales. Estas estructuras, que se alzan sobre plataformas escalonadas, servían principalmente como bases para los templos en la cima, funcionando a menudo como mausoleos funerarios para sus gobernantes más importantes. La Gran Plaza es el corazón ceremonial de la ciudad, flanqueada por las siluetas del Templo I o del Gran Jaguar y el Templo II o de las Máscaras. El Templo I, con más de 45 metros de altura, alberga la tumba intacta de uno de los reyes más influyentes, Jasaw Chan K’awiil I. Además, Tikal alberga el Templo IV, que con unos 70 metros es la estructura precolombina más alta del continente americano, ofreciendo una vista espectacular de la selva.
Para sostener una población tan grande en un entorno que carecía de ríos superficiales, los habitantes de Tikal desarrollaron complejos sistemas hidráulicos, incluyendo la construcción de grandes aguadas o reservorios revestidos de estuco para captar y almacenar el agua de lluvia. La historia de Tikal se caracteriza por periodos de auge y declive. Tras un momento de aparente dominio por parte del reino de Caracol, la ciudad experimentó un renacimiento en el Clásico Tardío antes de que, al igual que muchas otras ciudades de las Tierras Bajas mayas, fuera abandonada entre los siglos IX y X d. C. por causas que probablemente combinaron la sobreexplotación de recursos, las guerras y los cambios climáticos. Hoy, el sitio es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y se encuentra integrado en el Parque Nacional Tikal, rodeado de una rica biodiversidad.
Jasaw Chan K’awiil I, cuyo nombre significa «Pájaro-Mono que Aclara el Cielo» y era conocido popularmente como Ah-Cacau o «Señor Chocolate», fue uno de los reyes más trascendentales en la historia de Tikal. Gobernó durante el Período Clásico Tardío (aproximadamente 682 d. C. hasta 734 d. C.) y es considerado el líder que restauró el esplendor de Tikal después de un largo periodo de estancamiento político y militar.
Restauración de Tikal: Su logro más significativo fue la victoria militar sobre el reino rival de Calakmul en el año 695 d. C. Esta victoria no solo restableció la independencia de Tikal y su dominio en la región del Petén, sino que también marcó el comienzo de una nueva era de poder y construcción monumental.
Monumento Funerario: El rey Jasaw Chan K’awiil I fue enterrado en el Templo I, la imponente pirámide del Gran Jaguar que domina la Gran Plaza. Su tumba, descubierta intacta, contenía un tesoro de ofrendas ricas, incluyendo jade, conchas, cerámica y perlas, lo que subraya su importancia y riqueza. La pirámide sirvió como un monumento conmemorativo a su linaje y poder.
Significado Astronómico de la Gran Plaza
La disposición de los principales templos de Tikal no es casual; refleja el profundo conocimiento maya de la astronomía y su cosmología. Los mayas alineaban sus estructuras para marcar eventos solares clave.
La Gran Plaza como Calendario Solar: Las dos estructuras más importantes de la Gran Plaza, el Templo I y el Templo II, están situadas una frente a la otra en un eje este-oeste. Estos templos, junto con los complejos de pirámides gemelas que conmemoran el fin de los períodos k’atun (ciclos de 20 años), definían el centro ceremonial.
El Complejo del Mundo Perdido: Justo al oeste de la Gran Plaza se encuentra el complejo astronómico más importante de Tikal, conocido como el Mundo Perdido. Esta área consiste en una gran pirámide principal y un grupo de tres templos más pequeños en una plataforma al este.
Observatorio de Solsticios y Equinoccios: Los tres templos orientales del Mundo Perdido funcionan como un marcador astronómico: al pararse en la plataforma de la pirámide principal (la «Gran Pirámide»), el observador podía ver:
El Sol saliendo sobre el templo del extremo norte en el solsticio de verano (el día más largo).
El Sol saliendo sobre el templo del centro durante los equinoccios (igual duración de día y noche, en primavera y otoño).
El Sol saliendo sobre el templo del extremo sur en el solsticio de invierno (el día más corto).
Esta precisión no solo demuestra el dominio de la matemática y la observación celestial maya, sino que también indica que la arquitectura de Tikal estaba inherentemente ligada a su religión y a la organización de su calendario.
Sociedad Maya en el periodo clásico 250-900
La sociedad maya durante el Período Clásico, que se extiende aproximadamente entre el 250 y el 900 d. C., fue profundamente jerárquica y altamente estratificada, y estaba basada en el concepto de la ciudad-estado independiente. No existió un único imperio maya, sino una red de reinos autónomos, como Tikal, Calakmul y Palenque, que estaban en constante competencia por la hegemonía regional.
El núcleo de la sociedad giraba en torno al gobernante, conocido como el K’uhul Ajaw o Señor Divino. Este rey no solo poseía el poder político y militar supremo, sino que era considerado una figura sagrada, el vínculo directo entre el mundo terrenal, los dioses y los ancestros. La legitimidad del Ajaw era hereditaria, generalmente a través de la línea patrilineal, y se celebraba con ceremonias complejas y la erección de estelas y templos monumentales.
Bajo el Ajaw se encontraba una compleja nobleza que formaba la corte real. Esta élite incluía a los sacerdotes de alto rango, quienes eran expertos en astronomía, matemáticas y el calendario; jefes militares (Nacom); y administradores locales (Bataboob) que gobernaban las aldeas y áreas tributarias. Esta nobleza residía en grandes palacios dentro de los centros ceremoniales y estaba exenta de las cargas de trabajo.
La gran mayoría de la población estaba compuesta por los plebeyos o gente común, que vivían en las áreas rurales circundantes. Estos eran principalmente campesinos (milperos) dedicados a la agricultura intensiva, artesanos y constructores. Su principal obligación era la producción de alimentos y el pago de tributos mediante bienes y, crucialmente, mediante el trabajo físico para la construcción y mantenimiento de las vastas estructuras públicas y los sistemas hidráulicos.
En el escalafón más bajo se encontraban los esclavos, que eran a menudo prisioneros de guerra o individuos que habían caído en esa condición por deuda o por castigo criminal.
La vida de la sociedad clásica estaba profundamente ligada a la religión y el calendario. La arquitectura misma de las ciudades, con sus templos y observatorios, reflejaba su avanzado conocimiento astronómico, marcando los movimientos solares y celestes. Las guerras, a menudo registradas en las inscripciones jeroglíficas, no solo buscaban el dominio territorial o comercial, sino también la captura de prisioneros de alto rango para ceremonias y sacrificios, un elemento central de la política y el ritual maya.
Mujeres nobles
Durante el Período Clásico maya (250-900 d. C.), el poder político se concentró principalmente en los hombres, siendo el K’uhul Ajaw (Señor Divino) la figura central del gobierno. Sin embargo, las mujeres nobles, especialmente las princesas de la realeza, jugaron un papel esencial y a menudo ejercieron un poder considerable que en ocasiones las elevó a un estatus comparable al de «reinas guerreras» o soberanas titulares, aunque sus roles se enfocaban más en la diplomacia dinástica y la regencia que en el comando directo de batalla.
La manera más común en que las mujeres ejercían influencia era como transmisoras de legitimidad. El matrimonio real era la principal herramienta diplomática maya, y las princesas eran enviadas de una ciudad-estado poderosa a otra (como Tikal o Calakmul) para casarse con un gobernante aliado o vasallo.
Estas mujeres eran llamadas a menudo Señoras (Ix Ajaw) y su prestigio derivaba de la grandeza de su ciudad de origen.
Su principal misión era asegurar la continuidad del linaje al dar a luz al próximo heredero legítimo del trono. En las estelas, la genealogía del nuevo rey a menudo enfatizaba la importancia de su madre para legitimar su derecho a gobernar.
Existieron casos donde las mujeres nobles ascendieron al poder supremo, a menudo cuando la línea de sucesión masculina se interrumpía o el heredero era menor de edad.
Regencia: Si el Ajaw moría dejando a un hijo niño, la madre del heredero o una mujer de la alta nobleza asumía el rol de regente, gobernando la ciudad de facto hasta que el niño alcanzara la mayoría de edad.
Señora Seis Cielo de Naranjo: Es el ejemplo más famoso de una mujer que ejerció un poder equiparable al de una reina guerrera. Originaria de Dos Pilas, fue enviada a Naranjo. Las inscripciones la glorifican no solo por rituales, sino por acciones que implicaron guerra y dominio militar sobre otras ciudades rivales, ejerciendo una autoridad suprema, bien como regente o como soberana titular.
Señora Sak K’uk’ de Palenque: En Palenque, ella actuó como soberana para garantizar que su hijo, K’inich Janaab’ Pakal I (Pakal el Grande), pudiera ascender al trono a pesar de las disputas de sucesión. El ascenso de Pakal se legitimó destacando su descendencia materna, lo que subraya la capacidad de las mujeres para ser el eje del poder dinástico.
Estos ejemplos muestran que, aunque el ideal cultural favorecía al varón como gobernante y guerrero, la pragmática necesidad política y dinástica permitía a ciertas mujeres nobles alcanzar la máxima autoridad, desempeñando roles de gran peso político, militar y ceremonial.
Los enanos
El papel de los enanos en la sociedad maya durante el Período Clásico (250-900 d. C.) fue mucho más allá del simple entretenimiento. Se les consideraba seres con un estatus especial y divino, cuya apariencia física los vinculaba directamente con las fuerzas cósmicas y míticas. Esta percepción les otorgaba un lugar destacado en la corte real de los gobernantes, los K’uhul Ajaw.
Los enanos ejercían funciones administrativas y ceremoniales de alta confianza. Las representaciones en vasijas cerámicas y figurillas muestran que formaban parte del séquito del rey, participando en rituales importantes. Se les atribuían tareas como la recaudación de impuestos, el control de calidad de los bienes y la recepción de ofrendas y ajuares matrimoniales, evidenciando un rol de funcionarios palaciegos y no solo de bufones. A menudo, se les representaba sosteniendo emblemas de poder, como el cetro maniquí, o asistiendo a los soberanos en eventos clave como el Juego de Pelota.
En el ámbito mitológico, los enanos se asociaban fuertemente con la renovación y el sustento. Estaban vinculados a deidades del Sol y del Maíz, simbolizando los ciclos de vida y fertilidad, y se les consideraba parte del complejo de los dioses Bacab, que sostenían el cosmos. Esta conexión con lo sagrado se mantuvo a lo largo de la historia maya, siendo el enano en el folclore posterior un ser poderoso y constructor, como se narra en la leyenda de la Casa del Adivino en Uxmal. En esencia, el enano maya era una figura clave que unía el gobierno terrenal con el mundo sobrenatural y ritual.
Comercio clasico 250-900 periodo clasico maya
El comercio fue una actividad fundamental que sustentó la complejidad y el esplendor de la sociedad maya durante el Periodo Clásico (250-900 d. C.). Lejos de ser autosuficientes, las ciudades-estado mayas dependían de una extensa red de intercambio para obtener recursos vitales y bienes de prestigio.
El comercio se desarrollaba a través de dos niveles principales: el comercio a larga distancia de bienes de prestigio, y el comercio a corta distancia de productos básicos.
Rutas Terrestres y Fluviales: Aunque las tierras bajas mayas carecían de grandes ríos navegables en el sentido europeo, utilizaban intensivamente las redes de ríos, lagunas y la costa. Las rutas terrestres conectaban los principales centros urbanos a través de caminos llamados sacbeob (caminos blancos), aunque el transporte de mercancías se realizaba principalmente a pie o mediante canoas en las zonas acuáticas, ya que los mayas no utilizaban animales de carga ni la rueda para este fin.
Bienes de Prestigio (Comercio a Larga Distancia): Estos bienes eran controlados por la élite y servían para legitimar su poder y estatus. Incluían:
Obsidiana: Importada de las tierras altas de Guatemala (como El Chayal e Ixtepeque) y de México (como Teotihuacán) para fabricar herramientas cortantes y armas. Su distribución a larga distancia está bien documentada.
Jade: Un mineral muy valorado por su color verde, asociado al agua y al maíz. Era importado principalmente del Valle del Río Motagua y utilizado en joyería real y ofrendas funerarias.
Plumas de Quetzal: Utilizadas en los tocados ceremoniales de los gobernantes.
Pieles de Jaguar, Cinabrio y Pirita.
Productos de Consumo Básico (Comercio Regional): Estos bienes eran esenciales para la subsistencia de la población y se movían a nivel local o regional:
Sal: Vital para la dieta y la conservación de alimentos, a menudo procedente de la costa de la Península de Yucatán.
Alimentos: Maíz, frijol, calabaza y, en especial, el cacao, que no solo era un alimento de élite y ritual, sino también la principal forma de moneda o medio de intercambio.
Utensilios y Materiales de Construcción: Cerámica (en especial la cerámica policromada), algodón, cal y herramientas de pedernal.
El control de las rutas comerciales y el acceso a los bienes de prestigio eran fuentes cruciales de poder político para los K’uhul Ajaw (Señores Divinos).
Centros de Intercambio: Ciudades como Tikal, Calakmul y Copán no solo eran centros ceremoniales, sino también grandes nodos comerciales que controlaban la entrada y salida de mercancías vitales.
Influencia Externa: El comercio a larga distancia facilitó la interacción cultural. La presencia de obsidiana y cerámica de Teotihuacán en sitios como Tikal sugiere intensas relaciones comerciales y, en algunos casos, influencia política o militar que pudo moldear la dirección de las élites mayas.
Especialización: El comercio estimuló la especialización artesanal en distintas regiones, donde algunas ciudades se destacaron por la producción de cerámica, mientras que otras controlaban la extracción de minerales.
En esencia, el comercio era el circuito sanguíneo que mantenía viva y conectada la civilización maya clásica, siendo un motor tanto de su economía regional como de su sofisticada estructura social y política.
Dios de la guerra y los comerciantes
No, el dios de la guerra y el dios de los comerciantes no eran la misma deidad en el panteón maya clásico y posclásico. Eran entidades distintas que presidían esferas de actividad separadas, aunque ambos eran vitales para el funcionamiento del estado y la élite.
El Dios de la Guerra
La guerra era una actividad constante y sagrada en el Clásico. Los mayas no tenían un único dios de la guerra universalmente reconocido en toda la extensión temporal y geográfica, pero muchas deidades estaban asociadas con el conflicto y el sacrificio:
Deidades del Sacrificio y la Guerra: Varios aspectos de deidades guerreras o de la muerte eran invocados antes de las batallas. El mismo dios del Sol a veces tenía una faceta guerrera cuando se encontraba en el inframundo durante la noche, y algunos gobernantes adoptaban nombres y títulos relacionados con el conflicto.
En el Posclásico: El dios de la guerra más conocido, especialmente en la tradición del Posclásico yucateco, era Ek Chuah o Ek Chuaj, aunque es más conocido por su rol en el comercio. Su asociación con la guerra se debía a que los mercaderes armados a larga distancia (los pochteca) debían ser guerreros para proteger sus rutas y cargamentos.
El Dios de los Comerciantes
El principal y más consistente dios de los comerciantes, asociado a los viajeros y al cacao, era Ek Chuah.
Ek Chuah (Estrella Negra): Era la deidad patrona de los comerciantes itinerantes o mercaderes a larga distancia. En el arte, se le representa con frecuencia con grandes labios, la piel negra (de ahí su nombre, que puede traducirse como «escorpión negro» o «estrella negra») y una carga de mercancías atada a su espalda.
Patrono del Cacao: Estaba intrínsecamente ligado al cacao, que funcionaba como el principal medio de intercambio (moneda) en la sociedad maya
Su ligera asociación con la guerra surge del hecho de que sus devotos, los mercaderes de largo alcance, se veían obligados a viajar fuertemente armados para proteger las valiosas caravanas. Por ello, una de sus facetas lo mostraba con un rostro belicoso y una lanza, fusionando las necesidades de seguridad con las del comercio.
En conclusión, mientras que Ek Chuah era claramente el patrón del comercio y el cacao, y solo secundariamente protector armado de los viajeros, las deidades guerreras puras estaban ligadas a la muerte, el sacrificio y los aspectos más profundos del conflicto ritual de la realeza. Eran roles superpuestos en el caso de Ek Chuah, pero no la misma deidad principal para ambas actividades.
Modificaban los mayas los cráneos infantiles?
Sí, los mayas del Período Clásico (y también en otros periodos) practicaban la modificación craneal artificial en los niños, un proceso conocido como deformación craneana intencional.
Esta no era una práctica médica, sino una costumbre cultural y social que comenzaba poco después del nacimiento, cuando los huesos del cráneo aún eran maleables. El proceso se lograba aplicando presión constante sobre la cabeza del infante utilizando dispositivos hechos de tablas de madera, vendas y amarres.
El objetivo era obtener una forma de cabeza alargada o aplanada, que era considerada un signo de belleza, nobleza y estatus social dentro de su sociedad. Las cabezas modificadas se asociaban a menudo con la apariencia idealizada de algunas de sus deidades, lo que elevaba a la élite a un nivel casi divino.
Este rasgo distintivo era exclusivo de las clases altas y servía como un marcador visual permanente para distinguir a la élite gobernante del resto de la población. La práctica se evidencia en la iconografía, las figurillas de arcilla y los restos óseos encontrados en tumbas reales.
La Máscara de Calakmul
Es considerada una de las obras maestras más significativas del arte maya del Período Clásico Tardío, datada aproximadamente entre el 660 y el 750 d. C. Fue descubierta en 1984 como parte del ajuar funerario de la Tumba 1 de la Estructura VII en la antigua y poderosa ciudad de Calakmul, ubicada en el estado de Campeche, México. Aunque la identidad del gobernante al que perteneció sigue siendo un misterio, se presume que fue un miembro de alto estatus de la dinastía Kaan, que rigió Calakmul.
La máscara no es una pieza única, sino un intrincado mosaico ensamblado a partir de decenas de pequeñas piezas talladas con precisión, conocidas como teselas.
El material predominante es el jade verde esmeralda. Este mineral era el más valioso para los mayas, ya que su color evocaba el agua, el maíz y la vegetación, y por lo tanto, simbolizaba la vida, la fertilidad y la resurrección. Al cubrir el rostro del soberano con jade, la máscara aseguraba su transformación en un ser divino, a menudo asimilado al Dios del Maíz.
Los ojos de la máscara están hechos de obsidiana gris sobre un fondo de concha nácar blanca, proporcionándole un efecto visual intenso y penetrante. Otros materiales, como la pirita y la concha, se utilizaron en los adornos, como las cejas.
La máscara y los elementos asociados reflejan la cosmología maya. Las orejeras suelen tener forma de flor de cuatro pétalos, un símbolo que representa la estructura del cosmos, con las cuatro direcciones y el centro, el lugar que el gobernante ocupaba en el mundo.
Piezas como la mariposa de jade, que se encontraba bajo la barbilla, simbolizan el aliento vital o el alma del difunto en su tránsito hacia el inframundo (Xibalbá) y su posterior renacimiento…
Aunque los olmecas (aproximadamente 1500 a. C. – 400 a. C.) precedieron a los mayas, sentaron las bases para los logros matemáticos que florecerían más tarde en Mesoamérica. No se han encontrado tablillas o códices olmecas que detallen su sistema matemático con la misma claridad que los mayas, pero la evidencia arqueológica y epigráfica indica que fueron ellos quienes inventaron o adoptaron tempranamente los dos elementos cruciales del sistema numérico mesoamericano:
Situado en El Puerto de Santa María, en la provincia de Cádiz, es un emplazamiento arqueológico de importancia para el estudio de la presencia fenicia en la Península Ibérica. Ocupado de forma continua desde el siglo VIII a.C. hasta el siglo III a.C., funcionó como una ciudad-factoría y un puerto avanzado de la gran colonia fenicia de Gadir, la actual Cádiz.
Su ubicación estratégica, en lo que antiguamente era la ribera de un estuario conectado al río Guadalete y al mar, facilitaba el comercio y el intercambio con las poblaciones indígenas de la región tartésica. Las excavaciones han revelado un urbanismo planificado, característico de las colonias orientales.
Uno de los hallazgos más notables es su sistema defensivo, que incluye una muralla fenicia del siglo VIII a.C., la estructura fortificada más antigua de este tipo hallada en la Península Ibérica hasta la fecha, con paralelos directos en el Mediterráneo oriental.
También cuenta con una necrópolis adyacente que ha proporcionado información sobre los ritos funerarios fenicios y púnicos. Además de la arquitectura y la necrópolis, el yacimiento ha sido una fuente rica en material epigráfico, con fragmentos cerámicos que contienen inscripciones en lengua y escritura fenicia, confirmando la identidad cultural de sus pobladores. Por todas estas características, Castillo de Doña Blanca se considera un testimonio fundamental del proceso de colonización fenicia en el extremo occidental del Mediterráneo…
La arqueóloga Ana María Niveau de Villedary dirige esta investigación y busca seguir descubriendo los tesoros de este yacimiento
Treinta años hace que el yacimiento arqueológico de Doña Blanca no tiene un gran proyecto de investigación. Veinte desde que se tocara por última vez. Ahora, un equipo de la Universidad de Cádiz con Ana María Niveau de Villedary al frente, busca retomar la investigación sobre este asentamiento fenicio.
Dice la arqueologa:
La colonización fenicia, hasta hace poco, se entendía como el principio de la historia antigua y el principio de un proceso. Pero ahora se entiende más como el final de un proceso. Sabemos que el Mediterráneo está interconectado o muy conectado desde el momento del tercer y segundo milenio, ya en momentos de prehistoria reciente, donde todas las comunidades del bronce atlántico están totalmente relacionadas. Y entonces, cuando ya está todo tan asentado, toda esa serie de relaciones previas, ya les es posible levantar una colonia y a un asentamiento definitivo. Que es, al fin y al cabo, lo que es Cádiz.
Aunque desde el yacimiento de Doña Blanca, el mar se ve como algo lejano, sabemos que en aquella época llegaba hasta allí y que ofrecía una vista privilegiada a toda la Bahía, lo que le da sentido a la elección del lugar. Tras varias destrucciones en Cádiz se cansaron de reconstruir y decidieron que no era un lugar adecuado para el desarrollo urbano que necesitaban. Y entonces es cuando yo creo ya que definitivamente el grueso de la población se va a zona continental, que es en Doña Blanca.
Para entender bien el lugar, hay que saber que se habla de tres frases del yacimiento, tres fases constructivas con muralla y urbanismo con resto de un sistema defensivo y urbanismo. Las dataciones no están claras, pero este nuevo periodo de investigaciones abre la puerta a precisar mejor las fechas.
Hay una primera fase fundacional, un poquito después que la de Cádiz. Hay un segundo momento, no sabemos cómo datarlo bien, si finales del siglo sexto, quinto, algo así, que coincide con el final del asentamiento gaditano insular, que formaría la segunda fase.
Al quedar los restos de este periodo entre los restos de la tercera y última, es el periodo más desconocido, pero el más interesante. Aquí en el yacimiento, todavía vemos una tercera fase, que es cuando empiezan a tener influencia los cartagineses, y vuelve a ver un nuevo programa arquitectónico en la ciudad. Este periodo se data de forma aproximada entre el siglo IV y el III a.C.
La excavación actual se está centrando en la entrada a la ciudad fenicia de la tercera fase. Pero para llegar hasta aquí, ha habido un proceso previo no exento de dificultades.
Por un lado, hay excavado poquísimo, y hay excavado muchísimo, quiero decir. Hay excavado muy poco en relación a las hectáreas que tiene el yacimiento, pero lo que se ha excavado es muchísimo en volumen de tierra y en volumen de estructuras exhumadas.
El primer paso fue hacer un catálogo de estructuras. En primavera de 2024 se plantearon diez pequeños sondeos, de los cuales tres no se pudieron hacer. Estos plantearon más dudas que respuestas porque te salen cosas que no pensabas o que no te aclaran dada la magnitud del tamaño de la estructura. Y sobre todo nos pasó una cosa. Que nos dimos cuenta que muchas de las cosas que hoy parece que no están tocadas, sí estaban excavadas desde hace 30 años.
Así que el siguiente paso fue solicitar los permisos y buscar la financiación para un proyecto de investigación.
Diputación de Cádiz se ha implicado para sacar a la luz algunos de los tesoros que esconde este enclave arqueológico.
Aunque la búsqueda se centra en la hipótesis de que en el punto de excavación se encontraba la entrada a la ciudad fenicia, han surgido más sorpresas. Por ejemplo, un enterramiento, aparentemente de época romana, o una fosa basurera de una alquería de época almohade. Restos que otros investigadores estudiarán para reconstruir piezas del pasado.
Pero la idea no es quedarse aquí. Las nuevas tecnologías son una gran ayuda para los arqueólogos y, mediante técnicas no invasivas pueden llegar a conocer mucho mejor qué hay debajo del suelo y facilitan plantear de forma más precisa un proyecto.
Drones, georradar, tomografía eléctrica son algunas de las técnicas que se quieren utilizar.
Con la suma y justa posición de estos datos, veremos más o menos o podemos hacernos cargo de qué es lo que hay y por dónde nos interesa tirar. A partir de esto, nuestra idea ya es, a partir de esta excavación, planificar un proyecto de investigación de seis años y solicitarlo.
Un estudio pionero con ADN mitocondrial de recién nacidos ilumina la ascendencia materna y las conexiones de las poblaciones del noreste peninsular durante la Edad del Hierro
Un equipo de investigación internacional ha logrado reconstruir, la historia genética de los íberos que habitaron el noreste de la Península Ibérica durante la Edad del Hierro.
El estudio, publicado en la revista Journal of Archaeological Science, revela un paisaje genético complejo, moldeado por una fuerte continuidad local desde la Edad del Bronce, pero salpicado por evidencias de movilidad femenina desde lugares tan distantes como el Norte de África, el Próximo Oriente o Europa Central, probablemente vinculada a las redes comerciales y culturales del Mediterráneo.
La investigación, dirigida por Daniel R. Cuesta-Aguirre y Cristina Santos de la Universitat Autònoma de Barcelona, se centra en el análisis del ADN mitocondrial (ADNmt), que se hereda exclusivamente de la madre, lo que permite rastrear linajes maternos y movimientos de mujeres a través de las generaciones. Este enfoque es particularmente valioso para estudiar a los íberos, cuya práctica funeraria predominante era la cremación, un ritual que dificulta enormemente la preservación del material genético.
La clave del éxito de este estudio radica en una fuente inesperada: los restos de recién nacidos. Mientras que los adultos eran incinerados, los bebés eran a menudo enterrados bajo el suelo de las casas.
Explican los autores en el artículo:
Aquí, analizamos los restos de 31 recién nacidos, obteniendo con éxito perfiles de ADNmt para 21 individuos (20 íberos y 1 tardo-romano).
Estos nuevos datos se fusionaron con 41 perfiles de ADNmt previamente publicados de íberos no emparentados de diferentes tribus del noreste, creando la base de datos más completa hasta la fecha para este período y cultura.
Los iberos no eran un pueblo homogéneo. Entre los siglos VIII y VI antes de Cristo, surgieron a lo largo de la costa mediterránea de la Península Ibérica diversas comunidades con una cultura distintiva, marcada por su alfabeto, su acuñación de moneda, su metalurgia del hierro y su activa participación en el comercio mediterráneo.
El término íberos acuñado posteriormente por los romanos, englobaba a múltiples grupos como los Ilergetes, Cessetanos, Indiketes, Lacetanos o Ausetanos, cada uno con su propia trayectoria sociopolítica.
El estudio se centra en individuos de varias de estas tribus, procedentes de yacimientos arqueológicos en Cataluña como la fortaleza de Vilars (Ilergetes), Sant Miquel d’Olèrdola (Cessetanos), Ullastret (Indiketes), El Camp de les Lloses (Ausetanos) o Castell de Besora (Bergistanos).
Una de las primeras conclusiones del trabajo es la elevada diversidad de linajes maternos encontrada en todas las tribus íberas analizadas. Esto significa que había una gran variedad de ramas genéticas maternas, sin que una sola fuera abrumadoramente dominante.
Esta alta diversidad es consistente con lo que los científicos denominan un sistema de emparejamiento patrilocal.
Afirma el estudio:
La diversidad mitocondrial permaneció relativamente alta en todas las tribus, consistente con sistemas de emparejamiento patrilocales y migración femenina de pequeña distancia que pueden haber prevenido una fuerte diferenciación matrilineal entre tribus,
Este sistema sugiere que, tras el matrimonio, eran las mujeres quienes se desplazaban a la comunidad de sus maridos. Este movimiento constante de mujeres entre grupos tribales cercanos habría actuado como un mezclador genético, evitando que los linajes maternos se volvieran muy diferentes entre una tribu y otra, y manteniendo una alta diversidad general. Esta práctica ya había sido hipotetizada para la Edad del Bronce en la misma región.
El estudio identifica los haplogrupos mitocondriales (grandes ramas del árbol genealógico humano) presentes en estos antiguos íberos. Los más frecuentes son H, J, K, HV0 y U, unos linajes que, en su mayoría, ya estaban presentes en la Península Ibérica antes del inicio de la Edad del Hierro.
Concluyen los investigadores:
La diversidad de haplogrupos se mantuvo estable en el tiempo, sin diferenciación poblacional, sugiriendo una continuidad genética materna desde la Edad del Bronce.
Esto refuerza la idea de que la transición de la Edad del Bronce a la Edad del Hierro en el noreste peninsular fue un proceso mayoritariamente gradual y con una fuerte base de población local, sin sustituciones poblacionales masivas.
El análisis estadístico (Análisis de Correspondencia) mostró una separación sutil entre las poblaciones más antiguas (Neolítico-Bronce) y las más recientes, principalmente por un descenso en algunos haplogrupos arcaicos (como U5b y X) y un aumento de otros (como H3 y HV0). Sin embargo, estas diferencias no fueron lo suficientemente grandes como para indicar una ruptura genética.
Aunque el panorama general es de continuidad, el estudio encontró joyas genéticas que delatan viajes de mujeres desde tierras lejanas. La presencia de algunos haplogrupos muy específicos y raros en la Península apunta a una movilidad femenina ocasional a larga distancia, vinculada al comercio y la interacción cultural en el Mediterráneo.
En el yacimiento de Sant Miquel d’Olèrdola (Cessetanos), se identificó el haplogrupo M1b en un individuo. Este linaje tiene sus raíces en el Norte de África y había sido encontrado previamente en restos paleolíticos y neolíticos de Marruecos, y en un individuo islámico en la Península.
Los investigadores sugieren:
una mujer con ascendencia púnica/cartaginesa pudo haberlo introducido en Sant Miquel d’Olèrdola durante la Edad del Hierro.
Este hallazgo refleja una conexión femenina con el ámbito cartaginés, cuya influencia fue fuerte en el sur y levante peninsular.
En el mismo yacimiento de Olèrdola, otro individuo portaba el haplogrupo N1a1a1a3, un linaje raro en Europa. Su origen se sitúa en el Próximo Oriente y su expansión hacia Europa se habría producido a través de Europa del Este.
Su presencia en la Iberia de la Edad del Hierro ayuda a llenar un vacío en el registro arqueogenético de este linaje.
Otro caso, en Font de la Canya (Cessetanos), fue el de una mujer con el haplogrupo K1a12a, típico de Anatolia, Irán y Armenia desde el Neolítico.
Dado el contexto de contacto con fenicios en este yacimiento, los autores plantean que su llegada pudo estar ligada a la movilidad femenina fenicia.
En El Camp de les Lloses (Ausetanos), un asentamiento de época tardía con fuerte influencia romana, se detectaron varios haplogrupos inusuales. Uno de ellos, H33c, es extremadamente raro y se había identificado previamente en un individuo helenístico de Ampurias (Girona). Otro, H1a1t, solo se había encontrado en etruscos de Italia y en un individuo de la Edad del Hierro en Inglaterra.
Finalmente, el haplogrupo U4d2, hallado también en El Camp de les Lloses, estaba presente en la estepa póntica y en el norte de Europa durante la Edad del Bronce.
Los autores señalan:
dado el alto componente de ascendencia italiana en el ADN nuclear de este individuo, es plausible que los romanos introdujeran este haplogrupo en El Camp de les Lloses.
La ciudad de Ullastret (Indiketes), uno de los oppida (poblados fortificados) íberos más importantes, con sus dos núcleos urbanos (Puig de Sant Andreu e Illa d’en Reixac), mostró un perfil genético mayoritariamente local. A pesar de sus evidentes influencias mediterráneas, los haplogrupos identificados (H1, J1c, J2b1a, K1a, X2b) eran comunes en la Península. Solo un linaje, el I1a1, aunque presente en la Península desde la Edad del Bronce, es más frecuente en Centroeuropa. Esto sugiere que, a pesar de las conexiones comerciales y culturales, la base poblacional femenina en este gran centro era fundamentalmente local.
Este estudio revela raíces profundas en la Península, cuya genética materna no experimentó cambios bruscos con la llegada de la Edad del Hierro. Las diferencias entre tribus eran sutiles, en gran medida difuminadas por el movimiento de mujeres entre comunidades vecinas.
Sin embargo, el trabajo también demuestra que el mundo íbero no estaba aislado. La presencia de linajes maternos exóticos es un testimonio silencioso de los viajes y la integración de mujeres procedentes de otras costas del Mediterráneo. Estas movilidades, aunque esporádicas, dejaron una huella genética que los científicos pueden ahora rastrear.
El estudio concluye:
En general, este estudio proporciona la evaluación más completa basada en secuenciación de nueva generación (NGS) de la ascendencia materna en los íberos de la Edad del Hierro hasta la fecha, revelando un paisaje genético conformado por la continuidad local junto con cierta movilidad femenina a larga distancia vinculada al comercio y la interacción cultural.
Esta investigación desvela pasado de los íberos y subraya la potencia de las técnicas paleogenéticas modernas para recuperar historias personales y colectivas.
Daniel R. Cuesta-Aguirre, M. Rosa Campoy-Caballero, et al., Mitochondrial DNA diversity in northeast Iberians during the Iron Age. Journal of Archaeological Science, Volume 183, November 2025, 106390. doi.org/10.1016/j.jas.2025.106390
En lo alto de los Andes del norte de Chile, donde vientos gélidos azotan las crestas desérticas de la cuenca del río Camarones, el arqueólogo Dr. Adrián Oyaneder, de la Universidad de Exeter, ha descubierto una extraordinaria red de antiguas trampas de piedra para cazar que podrían reescribir lo que sabemos sobre la vida andina mucho antes del auge de los Incas.
Mediante un análisis detallado de imágenes satelitales que abarcan 4.600 kilómetros cuadrados, Oyaneder identificó 76 enormes estructuras de caza en forma de V, algunas de más de 150 metros de longitud, ocultas entre las áridas laderas del altiplano del desierto de Atacama.
Estas instalaciones de piedra, conocidas localmente como chacus, servían antiguamente como trampas para animales a gran escala, ingeniosamente diseñadas para canalizar manadas de vicuñas, ancestros salvajes de las alpacas, hacia fosas o corrales cerrados.
Recordó Oyaneder:
Al principio pensé haber encontrado una estructura única. Pero al seguir explorando, me di cuenta de que estaban por todas partes, dispersas por las montañas en cantidades nunca antes registradas en los Andes.
Cada chacu consistía en dos largos brazos de piedra, que a veces se extendían cientos de metros, que convergían en un pequeño recinto amurallado de aproximadamente 95 metros cuadrados y hasta dos metros de profundidad. Los cazadores conducían manadas de vicuñas entre los muros, guiándolas cuesta abajo hacia el embudo cada vez más estrecho de la trampa hasta que podían ser capturadas o sacrificadas.
El estudio, publicado en Antiquity y financiado por el proyecto FONDECYT de Chile y el programa Becas Chile-ANID, sugiere que estas trampas podrían datar del año 6000 a. C., mucho antes de que los Incas utilizaran sistemas similares. Su ubicación estratégica —a menudo en laderas rocosas y empinadas a altitudes de entre 2800 y 4200 metros— demuestra una comprensión sofisticada tanto del comportamiento animal como de la topografía montañosa.
Según Oyaneder:
Quienes construyeron estos sistemas comprendían el movimiento de los animales, el terreno y las estaciones. El diseño no fue aleatorio, sino que se basó en generaciones de observación.
Además de las trampas de caza, Oyaneder cartografió casi 800 pequeños asentamientos en la misma región, desde refugios de una sola habitación hasta grupos de chozas circulares de piedra. Muchos se ubicaban a pocos kilómetros de los chacus, formando un paisaje de movilidad anclada: una red de campamentos estacionales conectados por la búsqueda de manadas salvajes y la disponibilidad cambiante de agua y vegetación.
Los datos de vegetación satelital y de SIG confirmaron que estos sitios seguían el ritmo de las estaciones andinas. Durante los cortos meses húmedos (marzo-abril), aparecían pastos frescos, atrayendo tanto a animales como a humanos a mayores altitudes. Cuando las laderas se secaban, los grupos se desplazaban a zonas más bajas, probablemente alternando entre la caza, el pastoreo y las primeras formas de agricultura.
Este patrón desafía las suposiciones arqueológicas arraigadas de que la caza en el norte de Chile disminuyó drásticamente después del año 2000 a. C., cuando los cultivos y animales domesticados comenzaron a extenderse. En cambio, los datos de Oyaneder muestran que la búsqueda de alimento y la caza perduraron durante milenios, superponiéndose con el pastoreo y la agricultura hasta bien entrado el período colonial.
El estudio también reabre interrogantes sobre la identidad de los Uru o Uro, grupos de cazadores mencionados en los registros coloniales españoles de los siglos XVI al XVIII. Estas comunidades, a menudo descritas como pescadores y cazadores errantes, podrían haber sido descendientes directos de los cazadores de las tierras altas que construyeron los chacus. Las fuentes etnohistóricas incluso describen cacerías rituales conocidas como chacu o choquela, en las que grandes grupos cooperaban para conducir a las vicuñas hacia trampas mediante cuerdas, música y cánticos. Ceremonias similares sobrevivieron hasta la época moderna en partes de Bolivia y Perú, combinando la caza comunitaria con ofrendas espirituales a las montañas.
Al combinar la teledetección, el modelado espacial y los registros culturales, Oyaneder pinta una vívida imagen de un paisaje humano dinámico moldeado por la adaptación y la resiliencia. Lejos de ser un páramo desolado, las tierras altas de Atacama fueron antaño un ecosistema perfectamente armonizado donde la supervivencia humana dependía de la inteligencia colectiva y de la cooperación entre cazadores, pastores y la propia naturaleza.
Señala Oyaneder:
Lo que estamos viendo, no es una única cultura congelada en el tiempo, sino un sistema en evolución: personas atadas a la tierra, al agua y a los animales que las sustentaban. Los Andes estaban llenos de movimiento.
El descubrimiento también destaca el creciente papel de la arqueología satelital en la exploración de paisajes remotos e inaccesibles. Utilizando imágenes de alta resolución de Google Earth y Sentinel-2, el equipo de Oyaneder logró identificar características antiguas invisibles desde el suelo, revelando cientos de sitios previamente indocumentados.
Su próximo objetivo es datar las estructuras directamente y determinar si estos chacus representan los primeros sistemas de caza a gran escala en los Andes. De confirmarse, serían varios miles de años anteriores a las cacerías organizadas por el estado Inca, evidencia de que la compleja cooperación en las sociedades andinas tiene profundas raíces en la prehistoria.
Los hallazgos ya están transformando la visión de la adaptación humana en uno de los entornos más hostiles de la Tierra, donde los antiguos cazadores diseñaron su supervivencia mediante una estrategia colectiva, transformando las propias montañas en instrumentos de caza.
Oyaneder, A. (2025). A tethered hunting and mobility landscape in the Andean highlands of the Western Valleys, northern Chile. Antiquity, 1–18. doi:10.15184/aqy.2025.10213
En un hallazgo asombroso que podría redefinir la comprensión de la riqueza escandinava medieval temprana, un particular que excavaba en busca de lombrices de tierra cerca de su residencia de verano en la zona de Estocolmo descubrió un vasto tesoro de monedas de plata y joyas.
El tesoro, con un peso estimado de unos seis kilogramos, podría contener 20.000 monedas de plata, junto con anillos, colgantes, cuentas y otros artefactos de plata, todos ellos evidentemente enterrados juntos en un caldero de cobre ahora degradado. Arqueólogos y conservadores trabajan actualmente bajo la supervisión de la Junta Administrativa del Condado de Estocolmo y Länsstyrelsen, basándose en un informe oficial del hallazgo, para examinar, conservar y documentar cada pieza.
La ubicación exacta del hallazgo se mantendrá en secreto hasta que se completen la excavación y el análisis, con el máximo cuidado para proteger el sitio del saqueo o la alteración no autorizada. Una inscripción real: “KANUTUS” y la época de Knut Eriksson Un análisis preliminar ha datado la mayoría de las monedas en el siglo XII, y muchas llevan la inscripción KANUTUS (la forma latina de “Knut”), que apunta al rey Knut Eriksson (que reinó c. 1173-1195). Bajo el reinado de Knut, Suecia experimentó un resurgimiento de la acuñación de monedas.
Tras una larga pausa en la producción monetaria nacional, el rey apoyó el restablecimiento de un sistema monetario alrededor de c. 1180, emitiendo monedas con la marca KANVTVS o KANVTVS REX, probablemente influenciadas por las tipologías monetarias del reino alemán. Knut Eriksson, también conocido como Canuto I, fue una figura crucial en la consolidación de la autoridad real en la Suecia medieval.
Su reinado marcó un punto de inflexión en la política sueca: se fortaleció el poder de la monarquía, se consolidaron las estructuras eclesiásticas y se fomentaron los vínculos internacionales, por ejemplo, con los principados alemanes. La reanudación de la acuñación de monedas bajo su égida representó un símbolo de soberanía e integración con las normas eclesiásticas y monetarias continentales.
Además de las monedas reales, el tesoro incluye varias «monedas de obispo», monedas eclesiásticas acuñadas bajo la autoridad episcopal, que representan a un obispo sosteniendo un báculo (un bastón pastoral) en la mano.
Estas monedas son raras e históricamente reveladoras: reflejan los estrechos vínculos (y a veces tensiones) entre la Iglesia y el Estado, y la autonomía financiera de los obispos como autoridades locales. Estas monedas eclesiásticas podrían haber circulado en contextos transfronterizos, especialmente dentro de las redes eclesiásticas del norte de Alemania o la región del Báltico. Su presencia en un tesoro sueco sugiere complejas redes financieras a través del Mar Báltico a finales del siglo XII.
La forma en que se ocultó el tesoro —envuelto en un caldero de cobre con monedas, joyas y cuentas— sugiere un acto deliberado de custodia. El hecho de que nunca se recuperara sugiere una crisis repentina: quizás un conflicto, tensión política interna o disturbios durante una campaña fronteriza o una disputa regional.
Curiosamente, el descubrimiento es anterior a la fundación de Estocolmo (tradicionalmente datada en 1252), lo que demuestra que debieron existir importantes actividades, riqueza y asentamientos en la región mucho antes de que la ciudad se formalizara. Los arqueólogos buscarán ahora rastros de cualquier asentamiento, granja o estructura contemporánea cercana que pueda explicar quién enterró el tesoro y bajo qué circunstancias.
Según la Ley de Entorno Cultural de Suecia («kulturmiljölagen»), cualquier descubrimiento de tesoros de metales preciosos o depósitos antiguos debe notificarse al estado.
El tesoro está siendo examinado por la Riksantikvarieämbetet (Junta de Patrimonio Nacional), que decidirá si el estado debe ofrecer rescatar (liquidar) el hallazgo a su descubridor, lo que en realidad ofrecería una compensación a cambio de mantenerlo en el dominio público. Se elogia al descubridor por seguir el procedimiento legal. Como señala Sofia Andersson, anticuaria de la Junta del Condado de Estocolmo: Según la Ley de Entorno Cultural, quien encuentre un tesoro o depósito de plata está obligado a ofrecerlo al estado para su adquisición. Si el estado rescata el tesoro, podría acabar en un museo nacional, donde tanto académicos como el público podrán estudiar y apreciar esta singular ventana a la sociedad escandinava medieval.
El Castell Sobirà de Sant Gervàs, también conocido como Castelló Sobirà de Sant Miquel de la Vall, esta ubicado en Gavet de la Conca, dentro del Pallars Jussà. Su relevancia se debe a su papel como un elemento fundamental en la defensa y repoblación de la Vall de Barcedana durante la Edad Media, funcionando como un punto estratégico en la frontera con los territorios musulmanes de Lérida, especialmente entre los siglos IX y XI.
Destaca su Torre del Homenaje de planta circular, que alcanza los 16 metros de altura en la parte más elevada del risco. Esta torre, que tenía muros muy gruesos y acceso por el primer piso, estaba rodeada por un recinto fortificado.
A los pies del castillo se desarrolló un poblado medieval amurallado de aproximadamente una hectárea. Este asentamiento, que incluía la iglesia parroquial de Santa Maria, era característico de los núcleos rurales agrupados de los siglos XI y XII. El conjunto monumental también cuenta con la ermita de Sant Gervàs, que se considera la antigua capilla castral. Las excavaciones han permitido constatar la gran magnitud del castillo y han identificado estructuras como las de un granero, lo que ofrece valiosa información sobre la organización económica interna del recinto.
El yacimiento es objeto de un proyecto de investigación arqueológica continuo, liderado por la Universidad de Barcelona. A pesar de que el poblado fue abandonado definitivamente en la Baja Edad Media, el lugar es hoy un atractivo destino para el senderismo, siendo accesible mediante una ruta de dificultad baja desde Sant Miquel de la Vall…
El equipo de arqueólogos que trabaja en el Castell Sobirà de Sant Gervàs, en el Pallars Jussà, han denunciado el expolio del yacimiento por personas que han utilizado detectores de metal en hechos que se produjeron el pasado miércoles.
Los arqueólogos descubrieron en el yacimiento diez agujeros de los que se habrían extraído materiales previsiblemente, por lo que pusieron una denuncia ante los Mossos d’Esquadra por este hecho, al constituir un delito contra el patrimonio y prohibido por ley.
Los arqueólogos del Castell Sobirà de Sant Gervàs indicaron:
Esto provoca un grave perjuicio para la investigación arqueológica y a la vez que afirman que el daño que han hecho es irreparable.
Marta Sancho, arqueóloga que trabaja en el yacimiento, ha reconocido:
Lo que es un insignificante objeto hallado en un determinado contexto arqueológico, puede ser clave para comprender y encontrar la solución a múltiples interrogantes.
Este yacimiento del Castell Sobirà de Sant Gervàs es uno de los más importantes de Catalunya al tener no solo un castillo, sino también un hábitat asociado, siendo una de las primeras intervenciones datadas de la década de 1980.
El Castell Sobirà de Sant Gervàs está situado en el Valle de Barcedana, en Sant Miquel de la Vall que a su vez se incluye en el término municipal de Gavet de la Conca, y donde se encuentran muy bien conservados los restos de un pueblo amurallado que representa el prototipo de un hábitat rural agrupado, de entre los siglos XI y XII, que fue constituido por una población fortificada de planta casi rectangular.
De la fortificación destaca una torre cilíndrica, edificada en el extremo superior y cerrada en la parte más baja por el templo tardorrománico de una sola nave con ábside de planta semicircular, el castillo y sus torres datan del siglo XI, y al pie del castillo, todavía hay, por el lado norte, extramuros, un gran patio plano, rodeado de paredes de piedra.
Sondalandia es un término biogeográfico que designa la gran región del Sureste Asiático que corresponde a la Plataforma de la Sonda. Geológicamente, incluye las áreas de plataforma continental que estuvieron expuestas como una masa terrestre continua durante los periodos de bajo nivel del mar de la última Edad de Hielo (Pleistoceno).
Esta antigua península conectaba la Península de Malaca (Asia continental) con las grandes islas de Borneo, Java y Sumatra.
Los nuevos hallazgos en Java desafían concepciones previas sobre el comportamiento social de los homínidos, sugiriendo dinámicas comunitarias más complejas (Europa Press)
Su importancia radica en la biogeografía: durante la Edad de Hielo, esta conexión terrestre permitió que la fauna terrestre asiática (como los tigres y orangutanes) se dispersara por estas islas. Cuando los glaciares se derritieron, el nivel del mar subió hace unos 10.000 años, inundando la plataforma y aislando las islas y sus especies.
El límite oriental de Sondalandia está marcado por la Línea de Wallace, una profunda fosa oceánica que nunca fue un puente terrestre. Esta línea funciona como una frontera clave, separando la fauna de origen asiático (al oeste, en Sondalandia) de la fauna con influencias más australianas (al este, en Wallacea).
Sondalandia también fue una ruta fundamental para las migraciones humanas tempranas, incluyendo al Homo sapiens, hace unos 60.000 años…
Entre Java y Madura, han desenterrado los primeros fósiles submarinos del Homo erectus.
Han hallado restos fosilizados de humanos antiguos en un paisaje que ya no existe: una tierra ahora sumergida por el mar entre Java y Madura. Dos fragmentos de cráneo dragados del estrecho de Madura, al norte de Surabaya, han sido identificados como pertenecientes al Homo erectus, el longevo ancestro de los humanos modernos que una vez vagó por el sudeste asiático.
El descubrimiento, comunicado por un equipo internacional de la Universidad de Leiden, la Universidad de Tokio y el Museo Geológico de Bandung, Indonesia, marca los primeros fósiles de homínidos recuperados de la plataforma sumergida de Sunda, una vasta llanura que antaño conectaba muchas de las islas indonesias actuales. Su hallazgo ofrece una visión excepcional de la vida en Sondalandia, un continente prehistórico que prosperó antes de que la crecida del mar lo anegara hace unos 130.000 años.
El autor principal, Harold W. K. Berghuis, describe el momento:
Nos dimos cuenta de que teníamos en nuestras manos los huesos de humanos que habían vivido en tierra firme y que ahora se encuentran en las profundidades del mar. Esto cambia nuestra perspectiva sobre la historia del Hombre de Java.
Los fósiles emergieron por casualidad durante las operaciones de dragado de arena entre 2014 y 2015, cuando se extrajeron alrededor de cinco millones de metros cúbicos de material del lecho marino para construir una isla portuaria artificial cerca de Gresik, Java.
Tras finalizar el trabajo, los lugareños y los investigadores observaron que el terreno recuperado relucía con fósiles: más de 6.700 restos de vertebrados, desde antiguos elefantes y búfalos hasta los dos cruciales fragmentos de cráneo de homínidos que reescribirían la prehistoria regional.
Los análisis de datación mediante luminiscencia ópticamente estimulada (OSL) revelaron que el antiguo valle fluvial donde se originaron los huesos estuvo activo entre 162 000 y 119 000 años atrás, durante el período glacial de la Etapa Isótopica Marina 6. En esa época, el nivel del mar era mucho más bajo, lo que revelaba que la Plataforma de la Sonda era una tierra baja y fértil atravesada por grandes ríos como el río Solo, que en su día se extendía mucho más allá de la actual Java hasta lo que hoy es el estrecho de Madura.
Los huesos fosilizados —un fragmento frontal derecho y un fragmento parietal del cráneo— se conservaron en estas antiguas arenas fluviales, y posteriormente fueron enterrados y sellados bajo sedimentos marinos a medida que el océano recuperaba el valle.
Las tomografías computarizadas detalladas y las comparaciones morfológicas muestran que los fósiles coinciden estrechamente con los de individuos de Homo erectus tardíos de Ngandong y Sambungmacan, en Java central. Estos yacimientos, bien conocidos, situados a lo largo del curso superior del río Solo, representaron durante mucho tiempo la población más joven conocida de Homo erectus en la Tierra. Los nuevos hallazgos confirman que estos homínidos no se limitaban al interior de Java, sino que se extendían por las ahora desaparecidas llanuras de Sondalandia.
El hueso frontal del estrecho de Madura presenta un arco superciliar recto y una constricción postorbital débil, características del Homo erectus javanés posterior, en lugar de formas anteriores y más primitivas.
Además, carece de las pronunciadas cavidades frontales típicas de cráneos anteriores, lo que sugiere un refinamiento evolutivo hacia una arquitectura craneal más ligera.
Curiosamente, los investigadores observan que el arco superciliar de este espécimen es más delgado que el de la mayoría de los ejemplares adultos, posiblemente perteneciente a un individuo joven o más grácil. Aun así, su anatomía lo sitúa firmemente dentro del paleodema Ngandong/Sambungmacan/Ngawi, término utilizado para describir la fase evolutiva final del Homo erectus en Java.
Durante el Pleistoceno Medio, Sondalandia era una extensa masa continental tropical que conectaba Sumatra, Java, Borneo y el continente asiático. En lugar de islas, la región formó una extensión continua de sabanas, bosques y valles fluviales que proporcionaban abundante alimento y agua. La fauna fósil del estrecho de Madura, incluyendo
La fauna fósil del estrecho de Madura, que incluye antiguos elefantes (Stegodon trigonocephalus), búfalos salvajes y ciervos, presenta una imagen de paisajes abiertos y herbosos, salpicados de grandes manadas y ríos perennes.
Estos entornos habrían sido ideales para el Homo erectus, que dependía de los corredores fluviales para obtener agua dulce, piedras para fabricar herramientas y presas. Los autores del estudio proponen que estas vías fluviales actuaron como vías de vida a través de la plataforma expuesta de la Sonda, permitiendo a los homínidos migrar, cazar y quizás interactuar con otras poblaciones, mucho antes de que el mar reclamara su mundo.
Cuando el hielo se derritió y el nivel del mar subió hace unos 130 000 años, estas llanuras desaparecieron bajo las olas. Las personas que vivieron allí perecieron o se retiraron a las tierras altas de Java, dejando atrás un paisaje fantasma ahora enterrado bajo 30 metros de lodo y arcilla.
Hasta ahora, todos los fósiles de Homo erectus del sudeste asiático provenían de yacimientos de tierra firme. El descubrimiento del estrecho de Madura demuestra que los depósitos fósiles submarinos pueden sobrevivir e incluso albergar evidencia clave de la evolución humana.
Afirma el coautor Yousuke Kaifu, de la Universidad de Tokio:
Esto cambia las reglas del juego. Ahora sabemos que partes importantes de nuestra historia evolutiva se encuentran en el fondo marino. Sundaland podría contener muchas más pistas sobre cómo los primeros humanos se adaptaron a los cambios climáticos y paisajísticos.
El hallazgo también aviva el debate sobre cómo interactuó el Homo erectus con otros humanos arcaicos de la región, como el diminuto Homo floresiensis de la isla de Flores y los misteriosos denisovanos, cuyos rastros genéticos aún perduran en el ADN de los australianos y papúes modernos. ¿Podrían las tierras bajas de Sundaland haber servido como encrucijada para estas antiguas poblaciones? Por ahora, el registro fósil es demasiado escaso para saberlo, pero el estrecho de Madura sugiere que las respuestas podrían estar ocultas bajo las olas.
Los investigadores llaman a su trabajo el inicio de la zooarqueología submarina: la exploración de antiguos hábitats humanos ahora perdidos en el océano. Tecnologías modernas como el mapeo sonar de alta resolución y la excavación submarina podrían pronto revelar paisajes completos del Pleistoceno en la Plataforma de la Sonda.
Las implicaciones van mucho más allá de Indonesia. A medida que el nivel del mar global sube hoy, la historia sumergida de Sondalandia nos recuerda que las costas siempre han cambiado, llevándose consigo civilizaciones enteras, o especies.
Dice Berghuis:
Cada grano de arena que extraemos del fondo marino podría contener un capítulo de la historia de la humanidad. Apenas estamos empezando a leer la historia.
Berghuis, H. W. K., Kaifu, Y., Wibowo, U. P., van Kolfschoten, T., Sutisna, I., Noerwidi, S., Adhityatama, S., van den Bergh, G., Pop, E., Suriyanto, R. A., Veldkamp, A., Joordens, J. C. A., & Kurniawan, I. (2025). The late Middle Pleistocene Homo erectus of the Madura Strait, first hominin fossils from submerged Sundaland. Quaternary Environments and Humans, 3, 100068. https://doi.org/10.1016/j.qeh.2025.100068
La pintura ha afectado la mitad izquierda del cuadro Primer homenaje a Cristóbal Colón, de José Garnelo y las dos mujeres han sido detenidas por la Policía Nacional.
Dos activistas del movimiento de desobediencia civil no violenta Futuro Vegetal han lanzado este domingo pintura roja biodegradable sobre un cuadro en el Museo Naval de Madrid, en protesta por la celebración de la Fiesta Nacional.
Las dos mujeres con este acto pretenden denunciar el actual neocolonialismo extractivista que explota los recursos naturales, han sido detenidas por la Policía Nacional.
La pintura ha la mitad afectado el lado izquierdo del cuadro Primer homenaje a Cristóbal Colón, de José Garnelo, que se encuentra a la entrada del Naval.
Las dos activistas han sido «retenidas por un funcionario» del museo hasta la llegada, pocos minutos después, de varios agentes de la Policía Nacional que han procedido a interrogarlas.
Fuentes policiales han informado a Efe de que las dos mujeres han sido detenidas acusadas de un delito contra el Patrimonio y han sido trasladadas a dependencias policiales para tomarles declaración y ser puestas a disposición judicial.
Las personas presentes en las instalaciones han sido desalojadas por los funcionarios.
Según un comunicado del colectivo climático, las activistas portaban una pancarta con el lema 12 de octubre, nada que celebrar. Justicia ecosocial
Con esta acción, la organización ha pretendido poner sobre la mesa que para muchos pueblos originarios esta fecha, 12 de octubre, simboliza
el despojo y el sufrimiento colectivo. Los pueblos originarios están demandando el reconocimiento de las injusticias históricas y la promoción de reparaciones a sus comunidades
El colectivo Futuro Vegetal ha expresado en sus redes sociales que esta protesta se une a las reivindicaciones históricas de los pueblos originarios por la reparación de la ocupación de sus territorios.
La portavoz de Futuro Vegetal, Luna Lagos, ha afirmado:
el 12 de octubre es la celebración de siglos de opresión, explotación y genocidio de la población originaria de Abya Yala. Basta de enaltecer la colonización y los genocidios, los históricos y los actuales.