Isabel de Portugal emperatriz de España

De 13 años de matrimonio, 6 los pasa sola haciendo de regente, pero la relación con su marido Carlos I es plena y feliz.

Isabel es la segunda de los diez hijos del rey portugués Manuel I el Afortunado y María de Aragón hija de los Reyes Católicos.

Crece bajo la sombra protectora de su madre, mujer culta e inteligente que diseña y supervisa la educación de sus hijos.

La corte de Manuel I es la más opulenta de Europa ahora. Isabel tiene curiosidad por todo, un carácter decidido e independiente. Su infancia es rica en experiencias y feliz en compañía de sus hermanos.

Disfruta de la presencia de artistas como Gil Vicente y desarrolla interés por lo exótico. Hay en su infancia olores y sabores novedosos, además de una mascota de la isla de Goa en forma de pequeño elefante.

1517 muere de parto la reina María con 34 años.

Isabel tiene 14 años, pero despunta como una persona preparada. De los Trastamara tiene la piel clara y los ojos grandes y ovalados y de los Alvis, la clase.

Unido a la posición económica de la monarquía portuguesa, la hacen objeto de deseo par las cancillerías que la piden en matrimonio.

Interviene entonces Leonor de Habsburgo, Hermana de Carlos I y tercera esposa de Manuel I.

Las campañas militares esquilman las arcas de los Austrias y la alianza con la boyante corona lusa es deseable.

1519, la nueva reina comienza a concertar dos matrimonios, el de su hermana Catalina con el heredero portugués y el de Isabel con Carlo ya rey.

Las negociaciones se alargan más de lo previsto a causa del contencioso de ambas coronas con las Molucas, la muerte en 1521 de Manuel I, y la elección de Carlos I como emperador del Sacro Imperio.

En 1525 se celebra el matrimonio de Juan y Catalina, pero la falta de acuerdo de la dote de Isabel parece hacer inviable su compromiso con el emperador.

En octubre del mismo año que el nuevo monarca portugués Juan III acepta que Isabel reciba 300000 doblas en concepto de arras, garantizadas por el señorío de Úbeda, Baeza y Andújar, al tiempo que le otorgaba una dote 2328500 maravedíes, una cantidad exorbitante para la época

Se organiza todo para la boda y en enero de 1626 Isabel cruza la frontera con Badajoz para dos meses después, en Sevilla se casan el 11 de marzo.

Se gustan desde el principio los primos hermanos y la historia confirma que se trata de un matrimonio feliz.

Pocos días después de la ceremonia, se trasladan a Granada, una ciudad que gusta a la reina, tanto como había agradado al rey.

Por complacerla, Carlos, conocedor de su gusto por lo exótico, manda plantar en el patio de la Lindaraja de la Alhambra una planta de origen persa, desconocida entonces, el clavel y que en esos días decide construir el palacio de Carlos V, en el recinto de la fortaleza de la Sabika, con la intención de hacer de la ciudad la capital del reino.

Nueve meses después han de abandonar Granada para ir a Valladolid.

El peligro que representan las tropas de Solimán el Magnífico a las puertas de Viena, corazón del imperio, hace necesario que el emperador tome las riendas desde Valladolid, capital virtual del reino como sede de la Chancillería y el resto de instituciones de gobierno.

El largo viaje en pleno invierno fatiga a Isabel embarazada de pocos meses.

Tanto que desde la llegada a la ciudad del 22 de febrero de 1527 no vuelve a aparecer en público y vive retirada en sus aposentos de la casona de los Pimentel.

Es allí donde el 21 de mayo de 1527 nace Felipe II. A este le sigue Fernando en 1528 y un tercer varón que tampoco alcanza la edad adulta, Juan en 1530.

Un año antes nace María, futura emperatriz de Hungría y en 1535, Juana que sería princesa de Portugal por matrimonio.

Solo durante el nacimiento del primogénito y de María, Isabel está acompañada de su marido.

Las obligaciones militares del emperador, especialmente las campañas de Italia, multiplican sus ausencias e Isabel tiene que afrontar en solitario la muerte de sus hijos.

Demuestra fortaleza moral y capacidad de decisión, la misma que muestra al hacerse cargo de la educación del heredero y de sus hermanas ya que siguiendo el ejemplo de su madre, dirige personalmente sus estudios con Leonor de Mascarenhas, una dama de su confianza que la acompaña desde Portugal y que permanece siempre a su lado, además de los preceptores, humanistas muy solventes como Juan Martínez Silíceo o Juan Ginés de Sepúlveda.

Desde el principio de su matrimonio, Isabel ejerce de mediadora entre los intereses del emperador y los de Portugal, hasta el punto de ser ella quien designa los embajadores en Lisboa y recibe a sus homólogos lusos cuando estos se instalan en la corte.

Pero su papel político cobra mayores dimensiones cuando Carlos I la nombra lugarteniente general y gobernadora del reino, durante su ausencia.

Con ello se inicia una tradición que se perpetua en el reinado de los Austrias, la de designar a las mujeres de la familia para cargos políticos de trascendencia.

Así no solo Isabel ejerce como gobernadora de los territorios del Imperio, sino también las hermanas y nietas del emperador.

Algo insólito en otras dinastías que se repite con María regente entre 1558-1561 y Juana entre 1554 y 1559, así como Margarita de Parma, hija natural de Carlos I, e Isabel Clara Eugenia su nieta, a quienes se encomienda el gobierno de Flandes.

En la decisión pesa la excelente preparación de ellas, pero también la historia familiar ya que el emperador es nieto de dos soberanas por derecho propio, María de Borgoña e Isabel la Católica.

E incluso su propia madre Isabel de Castilla, fue soberana, si no de facto, si de iure y mientras vivió compartió con su hijo la corona de Castilla.

La primera vez que Isabel actúa como gobernadora es en 1529, cuando el emperador se desplaza a las cortes de Monzón, para la asamblea del reino de Aragón jurara el futuro Felipe II como heredero.

Continúa ejerciendo su mandato entre 1530-1533 en que el rey acude a Bolonia para ser coronado emperador y tiene lugar su campaña contra el Imperio otomano.

Vuelve a ejercer la responsabilidad entre 1535-1536 durante la expedición de Argel y la tercera guerra con Francia.

En 1537 con motivos de las nuevas cortes de Monzón y finalmente en abril de 1538 mientras negocia la tregua de Niza con Francisco I.

Isabel cumple con el deber siguiendo instrucciones del marido. Asi lo demuestra el abundante epistolario que se cruzan ambos y las instrucciones con las que Carlos orienta a Isabel para el desempeño de su cometido.

En ellas Carlos le recomienda que asista a las consultas generales del consejo de Castilla celebradas los viernes y que este atenta a las preguntas de los asistentes e incluso en que solo cuando fuera preciso le consultara, ya que debía seguir su propio criterio en materia de aprovisionar las fronteras o en cuestiones de la Real Hacienda.

Isabel desempeña una innegable labor política que redunda en la pacificación de los reinos y en la mejora de las relaciones con Portugal.

Lo hace hasta 1539 cuando de nuevo embarazada contrae una pielonefritis gravídicas.

Las fiebres altísimas y la infección debilitan su organismo y dan lugar al parto prematuro de un varon que no sobrevive.

Horas después, el 1 de mayo muere con 35 años en el palacio de la Fuensalida de Toledo.

Hundido su viudo preside el solemne funeral en San Juan de los Reyes.

Luego delega en el cardenal de Toledo su representación para cualquier acto y se retira al monasterio Jerónimo de Santa María de Sisla en las inmediaciones de Valladolid.

Mientras Felipe II de 12 años debe encabezar el cortejo que lleve los restos de su madre hasta Granada, en cuya catedral siguiendo sus deseos recibe sepultura.

El chico no resiste el duro trance y le es imposible continuar el camino.

La de Granada no es una sepultura definitiva para Isabel de Portugal.

El 6 de febrero de 1574 Felipe II manda inhumar los restos de su madre con los de su padre, bajo el altar mayor de la basílica de San Lorenzo del Escorial.

Cumple así la voluntad del emperador en cuyo testamento se especifica:

Cerca de mi cuerpo se coloque el de la emperatriz, mi muy querida y amada esposa.

Felipe IV ordena el traslado de ambos cuerpos al Panteón de los Reyes o Cripta Real del monasterio. En su urna se lee ELISABETH. EMP. ETREG.

La historia de una reina solitaria, Isabel de Portugal

Publicado por ilabasmati

Licenciada en Bellas Artes, FilologÍa Hispánica y lIiteratura Inglesa.

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