El santo negociante, San Nicolas de Bari, Fra Angelico, 1437

En esta tabla hay dos milagros de San Nicolás; el santo aparece dos veces: en el cielo a la derecha ayudando a los náufragos y, abajo a la izquierda, agradeciendo a un capitán que le haya dado parte de su cargamento de grano.

Cuenta la leyenda que el santo multiplica el grano en un milagro, salvando así a los

Fra AngelicoLa historia de San Nicolás (1447-1448), Pinacoteca Vaticana

Habitantes de la ciudad de Mira de morir de hambre.
Originariamente, la tabla esta flanqueada por otras dos grandes piezas que también cuentan los milagros de San Nicolás.

Fra Angelico, detalle de La historia de San Nicolás

Cada una mide 34 cm por 60 y configuran la parte delantera de una predela, remate inferior rectangular de un retablo.

Las tres tablas principales del mismo miden cada una más de un metro de alto y muestran, sobre un fondo dorado, a la Virgen María con Jesús y cuatro santos en la tradicional postura escultórica.

El retablo es desmontado en el siglo XIX; dos tablas, se exhiben actualmente en la Pinacoteca Vaticana de Roma y las otras piezas en Perugia.

El retablo es encargado en 1437 para la capilla de San Nicolás en la iglesia de los dominicos.

Un monje pintor de Fiesole, cerca de Florencia, se encarga del mismo.

 Fra Angelico nace hacia el 1400 y muere en 1455.

Se llamaba Guido di Pietro y, cuando ingresa en el convento de San Doménico, adopta el nombre de Fra Giovanni, más tarde en Fra Angélico.

Pinta el retablo en una época agitada, tanto política como artísticamente.

El comerciante Cósimo de Médici acaba de hacerse con el poder económico y político de la ciudad-república de Florencia y en 1436 se consagra la catedral de Florencia con su cúpula, símbolo de una nueva corriente, el Renacimiento.

Hay un sinfín de leyendas que se enredan en torno a la vida de San Nicolás, el popular patrón de los comerciantes y los marinos.

Un monje del Quattrocento, Fra Angélico, plasma algunos de sus milagros en escenas de tal belleza que parecen salidas del Paraíso.

Cuando Fra Angélico pinta el retablo, San Nicolás es uno de los santos no incluidos en la Biblia con mayor popularidad.

En la Leyenda Áurea, una colección de leyendas del siglo XIII, se le atribuyen más de una docena de milagros y actos piadosos.

Sólo en Alemania, Holanda y Francia se cuentan más de 2000 monumentos en su honor hacia el año 1500.
Sin embargo, San Nicolás nunca es canonizado oficialmente y lo más probable es que ni siquiera haya existido jamás.

Lo que ocurre más bien es que se inventa un personaje para dar vida a diversas historias milagrosas; alguien que se materializa en la figura del obispo Nicolás de Myra.

La Leyenda Áurea cuenta que el obispo muere en el 343, exactamente el día 6 de diciembre, día de San Nicolás.
El 6 de diciembre ya era una fecha señalada con anterioridad a la propagación del cristianismo.

En el Mediterráneo, las tormentas de invierno comienzan por esa época del año la navegación se vuelve más peligrosa y el auxilio de las fuerzas sobre-
naturales y marinas adquiere más importancia.

Las gentes de la Antigüedad rezaban a Poseidón y Neptuno.

San Nicolás adopta la función de estos dioses paganos y se convierte en patrono de los marinos.
La importancia de este culto también esta ligada a la situación geográfica de la ciudad de Myra que se levantaba en la escarpada costa meridional de la actual Turquía.

Los barcos partían del puerto de Myra rumbo a Alejandría.

No siguen la ruta que discurre paralela a la costa, como era habitual entonces, sino que navegan directamente hacia el sur sin la ayuda de referencias en tierra.

Por tanto, resulta comprensible que marineros y capitanes identifiquen la patria del santo como el puerto de partida hacia una travesía tan peligrosa a la que llamaban «Viaje al abismo».
La historia de la salvación de los marinos es una de las leyendas más antiguas sobre San Nicolás, si bien no se dice nada de la situación en la que se encuentra el barco, por lo menos no se indica en la Leyenda Áurea.

Para el narrador lo único importante es que se invoca al santo, que éste aparece y sujeta las velas, los cabos y otros aperos del barco y, acto seguido, el mar queda en calma.

El pintor reproduce la situación con más detalle.

El velero es impulsado por la mar encrespada hacia una costa escarpada, mientras un monstruo marino asoma la cabeza a en la superficie del agua.

El milagro de San Nicolás consiste en hacer soplar el viento desde la costa e impulsar la vela hacia popa, algo prácticamente imposible, ya que la percha redonda donde va colgada la vela está sujeta a la parte delantera del mástil y no puede girar hacia atrás. No obstante, el santo la toca con el báculo y ocurre lo imposible.
La figura de San Nicolás se hace popular primero en el imperio bizantino.

Cuando el Islam se abre camino, barcos italianos se hacen con los restos del santo de Myra y se los llevaron a Bari, donde reposan desde el año 1087.

Los marinos propagan su fama desde el puerto de Bari hasta Europa del norte y se convierte en patrono de la Liga Hanseática (Hansa), así como de la posterior ciudad de Nueva York.

Es el único santo que sobrevive a la Reforma en las zonas protestantes.
En la actualidad, tan sólo plantea problemas a los católicos, ya que nunca llega a ser canonizado, con lo que su aureola de santidad resulta ilegítima.

 En la leyenda se habla de la hambruna que padecía la población y de que en el puerto de Myra estaban atracados barcos con trigo para transportarlo a Otros puertos.

San Nicolás pide a los marinos que salven a la población hambrienta, dándole tan solo 100 medidas de trigo por cada barco.

Los marinos alegan: Padre, no nos atrevemos a hacerlo, porque el grano se ha medido en Alejandría y debemos entregarlo en los graneros imperiales.

A lo que responde San Nicolas:


Haced lo que os digo y os juro por el poder de Dios que no habréis de sufrir pérdida alguna ante el medidor del emperador.

 Y así ocurre. San Nicolás multiplica también la cantidad de grano de la ciudad que es suficiente para abastecer a los habitantes de Myra durante dos años y, además, queda simiente para sembrar.
El único dato histórico en la leyenda es el transporte de trigo de Alejandría a Constantinopla, pasando por Myra.

Los cereales sirven durante mucho tiempo como impuestos en especias, empleados para el suministro de la capital imperial.

Fra Angélico, sin embargo, no se refiere a Constantinopla sino a la capital del Imperio
Occidental y a su propia Iglesia: En uno de los gallardetes de los barcos aparece la inscripción SPQR, la abreviatura de Senado y pueblo de los romanos.
El recipiente empleado para llenar los sacos de grano se utilizaba para medir y era uno de los principales instrumentos en el comercio de cereales.

San Nicolás pidió 100 medidas por barco y el narrador señala que el grano fue medido en Alejandría y que los medidores esperaban en la capital imperial.

 La medición goza de mucha importancia, ya que había diferentes tipos de medidas válidas en sitios diferentes, lo que a menudo era aprovechado para sacar beneficios sustanciosos.
El origen y la gran popularidad de esta leyenda también están íntimamente ligados a la realidad del hambre, ya que la mayoría de la población lo pasaba.

Los cereales eran el principal alimento.

 Aunque las ciudades hacían acopio de grano, dos malas cosechas consecutivas eran suficientes para vaciar los graneros.

Por otro lado, las posibilidades de transportar alimentos rápidamente son escasas.

En caso de lograrlo, los comerciantes podían alcanzar hasta el 400 por ciento de beneficios.
El pan y los cereales juegan un papel esencial en las leyendas de San Nicolás, es más, al principio incluso se le llegaron a atribuir funciones de los dioses paganos de la fertilidad. Uno de sus atributos eran dos panes que eran arrojados por la borda del barco al levantarse la tormenta, con la esperanza de que las aguas se calmaran.
En una época marcada por la amenaza constante del hambre, el grano se convierte en símbolo de la riqueza y San Nicolás en uno de los santos que favorecen la prosperidad. No sólo es patrón de los marinos, sino también de los comerciantes, sobre todo los de trigo, de los transportistas, medidores, molineros, panaderos y fabricantes de cerveza. Protege contra el robo y la pérdida, y obsequiaba oro a las muchachas pobres para que pudieran casarse.

Al parecer, la iglesia medieval, preocupada completamente por el más allá y el ascetismo, necesitaba un santo que no despreciara demasiado la suerte material para atraer a sus ovejas.

Esta tabla no sólo rinde homenaje al pueblo sagrado, sino también a la navegación y el comercio.

 Los barcos y las mercancías ocupan una buena parte de la pintura; marineros y comerciantes aparecen navegando bajo la amenaza de la tormenta.

Por otro lado, el capitán que está frente al obispo presenta el mismo tamaño que el santo: San Nicolás se convierte en compañero celestial del comerciante.
Este reconocimiento al comercio, en especial al comercio de ultramar, se debe a su gran importancia. Se había ido desarrollando a lo largo de los siglos pasados, entre otros sitios en la Liga Hanseática, y había transformado las relaciones de poder en la sociedad.

Junto a los señores feudales, aparecen las ciudades con su poderío económico y, en las ciudades-república como Florencia, los banqueros y comerciantes son los que acaparan todo el poder.

Cósimo de Medici se convierte en soberano político gracias a sus bancos y casas de cambio, aunque no demostrara públicamente ese poder.

 Como todos los comerciantes florentinos, se vestía con el sencillo manto rojo y el gorro negro, igual que el hombre arrodillado a la derecha en el grupo de los que están rezando.
Sin embargo, los comerciantes cristianos tenían problemas de conciencia.

La Iglesia condena durante mucho tiempo cualquier negocio de dinero tildándolo de usura y acusándolo del pecado de la avaricia.

 Se castigaba con la excomunión y los más horribles sufrimientos en el infierno.

Todavía en el siglo XII se decía en el Código Canónico de Graciano: El comerciante no puede gustar a Dios o sólo con esfuerzo.

En el siglo XIII, Santo Tomás de Aquino intenta adaptar la ideología eclesiástica a la nueva situación:

Cuando se practica el comercio por el bien común, cuando se quiere impedir que falte lo necesario, entonces el beneficio no se considerará como un objetivo en sí mismo, sino solamente como una recompensa que requiere el trabajo.
La absolución se refiere a las mercancías necesarias para vivir, es decir, sólo tiene una validez relativa.

Los comerciantes que buscan el beneficio siguen bajo sospecha de pecar de avaricia. Para escapar a los castigos del infierno (y seguramente también a raíz de un sentido de la responsabilidad social), los comerciantes hacían obras de caridad.

Por decirlo de alguna manera, las sociedades comerciales italianas concedían a Dios una cuenta corriente y no siempre se trataba de una simple fórmula cuando sus libros y contratos empezaban con las siguientes palabras: En el nombre de nuestro Señor Jesucristo y la Santísima Virgen María.
La mayoría de las limosnas van a parar a la Iglesia o a los necesitados a través de sociedades religiosas de beneficencia.

Cósimo de Medici sufraga la construcción de iglesias, capillas y conventos, acogiendo también durante años al Papa Eugenio IV que tenía enemigos en Roma.

En 1436 obtiene del mismo el permiso para restaurar en Florencia un edificio en ruinas y entregárselo a los dominicos de Fiesole a modo de convento.

Entre ellos se encontraba Fra Angélico que recibe el encargo de pintar el convento.

Sus frescos de San Marcos siguen considerándose hoy como uno de los mayores monumentos artísticos de la ciudad.

 Una cadena montañosa separa los escenarios de ambas leyendas, pero el mar y el cielo los vuelven a unir de modo que, para el espectador, los dos milagros ocurren al mismo tiempo.

En la Edad Media era habitual representar varios acontecimientos en la misma tabla.

La Iglesia transmitía un sentimiento de eternidad y, desde la perspectiva de la eternidad (sub specie aeternitatis), el lugar y el tiempo no tienen importancia.
En el siglo XV sin embargo, el mundo y el tiempo terrenal van adquiriendo interés también en el arte, ya que las iglesias ya no eran las únicas en repartir los encargos, sino que cada vez decidían más los banqueros y comerciantes.

 Su trabajo les obligaba a pensar en días de pago de intereses y rutas de transporte, la geografía y el tiempo configuraban sus bases de cálculo.

El sentido de la realidad y el presente se ve reforzado por el redescubrimiento de los autores antiguos.

Así surge lo que hoy denominamos Renacimiento

Aunque un pintor como Fra Angelico trabaje para la Iglesia y el convento, su obra es financiada durante muchos años por Cósimo de Medici, el comerciante más poderoso de Florencia.

Fra Angelico pinta también aquellas celdas del convento de San Marcos donde Cósimo de Medici quiere retirarse para meditar y, según afirmaban sus enemigos, hacer penitencia por su avaricia.
Las condiciones de vida del pintor también se reflejan en sus obras.

El santo de pie sobre fondo dorado, en el panel principal del retablo, sigue profundamente arraigado a la tradición medieval; mientras que en las tablas de las leyendas, la visión piadosa compite con las nuevas tentativas por plasmar la realidad terrenal y reproducir el espacio mediante la perspectiva.

No cabe duda de que intentaba penetrar en la dimensión espacial mediante la cadena montañosa que. se eleva hacia el fondo, aunque sólo recurre a las leyes de la perspectiva en raras ocasiones.

 Lo que se puede apreciar en el bauprés del barco central, que parece elevarse en vertical en lugar de sobresalir inclinado hacia el frente, o en el velero izquierdo cuya popa y castillo de proa se han representado desde diferentes puntos de vista.

En cuanto a la luz, elemento esencial en la representación espacial, se aprecia que las montañas están iluminadas desde abajo a la izquierda, mientras que los personajes del primer plano reciben una luz tenue que proviene del frente a la izquierda.

Las figuras se reproducen con muchísimo detalle, pero las montañas y las casas se han

Simplificado.
Lo asombroso de la tabla, es que estos antagonismos no molestan en absoluto.

La pintura ofrece una imagen de ensueño, como la representación de algo sobrenatural en la tierra.

El biógrafo de artistas, Vasari, escribe en el siglo XVI sobre las figuras de Fra Angélico que son tan hermosas que parecen salidas del Paraíso.


Los secretos de las obras de arte: Rose-Marie & Rainer Hagen. Tomo I – Taschen GmbH, 2003.  Printed in Spain.

https://www.ngenespanol.com/culturas/conoce-la-historia-de-san-nicolas/

Publicado por ilabasmati

Licenciada en Bellas Artes, FilologÍa Hispánica y lIiteratura Inglesa.

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