Miquel Barceló, El taller de esculturas

Miquel Barceló, El taller de esculturas

Siguiendo sus palabras el final de su prodigiosa adolescencia isleña coincide con la muerte de Franco en 1975.

Su muerte le mata pues su lado adolescente le da la autentica vida como artista, que necesita una energía consciente, orientada, deliberada.

Nace en el año de la muerte de Pollock y nace con la muerte de Franco como artista.

Tiene un tipo de vitalidad creadora vertiginosa.

1974 con 16 años hace su primera exposición individual.

Con 25 es seleccionado para formar parte de la Documenta de Kassel, convirtiéndose en una figura de renombre internacional.

Es decir, consigue al principio de su carrera lo que algunos pocos consiguen al final.

Si solo hubiera sido un pelotazo, ese éxito le habría quemado.

Pero no fue así porque su actividad creadora continuo a un ritmo más frenético y resistió al cambio de modas.

Su sorprendente ansia en la creación recuerda a un Picasso joven.

Se presenta a si mismo como un panadero entre el Louvre, el taller y la biblioteca, formula feliz que lo presenta como un amasador de la pintura.

El renegar de la tradición de Cezanne- Matisse, por una parte y la popdadacaducaduchampbreton, por otra por otra, y retomar un baile que para mi va desde Valdes Leal a los ignotos pintores de pulpos y mejillones murales del barrio chino de Barcelona, es casi un acuerdo tácito tomado por muchos artistas en todas partes.

Con quien mejor hermana es con Picasso que, según Octavio Paz, en quien la prisa pinta por sus pinceles.

Pero, sobre todo, el máximo exponente de la intempestividad, que vuelve constantemente la modernidad contra ella misma, sacándola de quicio.

Esa intempestividad determina que cuanto mas salte al vacío vanguardista de la innovación y de la excentricidad, mas intensamente manifiesta su raíz, su origen.

En ese sentido quizás Barceló es el artista español de su generación que, de manera impremeditada, mejor revela la huella de la Escuela Española, la de un abrupto anticlasicismo, la de un mayor salvaje por la materia, la del expresionismo…

Diluvio

El nomadismo es lo que mejor define la energía expansiva de Barceló.

1975 trabaja desde entonces en Barcelona, Nápoles, Portugal, Paris, Nueva York.

1988 inicia su experiencia africana, recalando en primera instancia en Gao.

De ahí a lo lleva con el tiempo a Segou y finalmente al País Dogon.

Hay una búsqueda de lo primitivo, con todo lo que comporta.

Esta experiencia aporta cambios a su obra, cambios de actitud y de perspectiva, no cambios temáticos o técnicos.

Y quizás allí es cuando se encuentra como escultor.

En El taller de escultura, reflexiona sobre si a través de su obra.

El taller de escultura se termina en mayo de 1993, en su estudio parisino de Marais.

Este monumental cuadro de 235 por 375 cm es una síntesis retrospectiva y la naturaleza perversa de una pintura que representa la pasión de un escultor.

Es un cuadro dentro de un cuadro, no es solo un cuadro sobre escultura, sino que puede ser escultura.

Hay un juego de espejos y cada nivel de realidad esconde una nueva ilusión.

Hay una recreación entre el conflicto pintura escultura, algo de larga tradición en la historia del arte occidental.

Con Barceló no esta claro si lo que hace es pintura o escultura.

Ese equivoco se duplica en El taller de esculturas, un armatoste de tres dimensiones, en cuya elaboración se utilizan técnicas de escultura y en el que los cuadros esparcidos por el taller adoptan aspecto de esculturas.

Pero nadie puede negar que sea un cuadro, un cuadro pintado y pictórico.

La obra de Barceló esta dominada por su carácter táctil.

Barceló no pinta, sino que amasa la pintura.

El cuadro es un armatoste, que mas que pensado para ser colgado en una pared, se presenta como una pared, como un espacio íntimo, en una especie de objeto monumental, en una escultura, porque esta tridimensionado.

En el cuadro todo adquiere una apariencia de materia orgánica, de algo corruptible.

La misma presencia de la vida animada se unifica por el rasero de la animalidad.

Pues otro rasgo de Picasso es su identificación con lo animal de los animales.

El mismo se representa como animal, y en muchas ocasiones no se distingue entre cuerpo animal y humano en sus cuadros, sus siluetas se confunden.

El taller de escultura rebosa de estas confusiones, porque en el triunfa la melodía melancólica de la animalidad desnuda, o si se quiere, la animalidad al desnudo.

No hay que olvidar lo que el taller representa para el artista contemporáneo.

Barceló no aparece en el cuadro, porque accede a través de su mirada, vemos el cuadro a través de él, lo vemos mirar su taller.

El cuadro concluye una historia y es un trozo de la vida de su autor, un ajuste de cuentas personal, un examen de conciencia de naturaleza sentimental, la parada y cuenta nueva que impele al cambio.

El taller de escultura es un almacén de recuerdos a través de los que hace un viaje interior a lo anterior, una memoria animada.

En el expone su pasado en forma de intima colección, pero lo hace para que fermente la materia del futuro.

CALVO SERRALLER Francisco, FUSI AIZPURUA Juan Pablo, El espejo del tiempo. Editorial Taurus, Madrid, 2009.

Trianart fotos

https://www.alejandradeargos.com/index.php/es/completas/9-invitados-con-arte/387-entrevista-miquel-barcelo

Publicado por ilabasmati

Licenciada en Bellas Artes, FilologÍa Hispánica y lIiteratura Inglesa.

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