Duccio di Buonisegna, Maesta

Duccio es ingobernable, tiene infinidad de multas por incumplimiento de contratos, algunas por practica de brujería y otras más altas por negarse a jurar obediencia al capitán de la milicia y en 1302 por negarse a participar en la guerra de Maremma.

Pero estos incumplimientos cívicos no frustran sus encargos locales, públicos o privados.

Duccio es un artista viajero que trabaja en Siena, Florencia y Asís, quizás también en Roma y Pisa y de manera más conjetural en Paris e incluso algunos aventuran su paso por Constantinopla.

Llega a tener un buen patrimonio, lo cual hace pensar en un perfil diferente hasta el entonces usual en la profesión

Trabaja mucho para sí y para otros y alcanza gran reconocimiento entre sus contemporáneos

En medio de la lucha entre güelfos y gibelinos que asolan la Toscana durante la segunda mitad del siglo XIII y primer tercio del XIV, acontece un milagro artístico, que posibilita la transformación pictórica del Renacimiento.

El momento en el que se rompe con el molde del estilo bizantino hierático, plano, brillante, para adentrarse en un nuevo estilo más moderno y profundo.

Los pasos de esta evolución abarcan mas de dos siglos, la segunda mitad del XIII, el XIV y el XV, denominados duecento, trecento y quattrocento, copilado por Cennino Cennini en su tratado El libro del arte dice de Giotto que muda el arte de pintar de lo griego a lo latino y lo redujo a moderno.

Sin quitar importancia a Giotto, hay que decir que culmina algo que otros han comenzado como su maestro Cimabue, apodo de Cenni di Peppi y Duccio di Buonisegna.

El primero que significa cabeza de buey es florentino como Giotto, además de contemporáneos de Dante que los cita en La Divina Comedia, mientras que Duccio es oriundo de Siena.

¿Cómo se produce la mudanza del estilo griego, bizantino al moderno?

No esta claro, pues aun existiendo los modelos clásicos antiguos supervivientes en Italia, no hay una causa única.

Quizás el estimulo de algunos escultores-arquitectos como Niccola y Govanni Pisano, padre e hijo de una estirpe procedente de Apulia, pero activos en Pisa, Roma y Florencia, o Arnolfo di Cambio, activo en Pisa, Roma y Florencia, empeñados por igual en expresar una senda de naturalismo clásico expresiva de las catedrales góticas septentrionales.

Lo difícil es dar cuenta del temblor del tiempo ¿tiembla el tiempo por naturaleza o hay algo que lo hace temblar?

Hay una Edad Media feudal, agrícola e inmovilizada con una progresiva descomposición que gesta el humanismo renacentista comercial, antropocéntrico y explorador, es decir pura movilidad.

Pero el paso de uno a otro se retarda casi tres siglos e implica no solo profundos cambios materiales sino sobre todo un cambio de conciencia, o mejor de autoconciencia, algo imprescindible para la representación y para el arte.

Los ejes conformadores para la nueva pintura se fraguan en el siglo XIII y madura durante el primer tercio del XIV.

Destacan dos influencias que actúan como dos ejes en el norte y en el sur para la resurrección del naturalismo, además de la propiciada por la escultura con base en Roma y Siena y es la de Francia de orientación gótica.

Se genera un corredor donde hay intercambios y enriquecimiento entre ambos lugares y ambos estilos

 El trasfondo de esos viajes que permiten el conocimiento es el comercio o las guerras junto con la religiosa de las peregrinaciones.

La figura clave para esta transformación es Cimabue, aunque no se puede despreciar la labor precedente de Coppo di Marcovaldo, también florentino autor del mosaico del batisterio de Florencia y de diversas escenas religiosas al temple sobre tabla.

Pero Cimabue con sus Vírgenes con el niño en Majestad y en especial la Virgen que se conserva en los Ufizi de Florencia pintada al temple sobre tabla entre 1290 y 1300, demuestra una facilidad para dar profundidad al espacio y un sentido expresivo a las figuras principales.

Todo esto es olvidado hasta el siglo XX, los especialistas coinciden en señalar la importancia de Cimabue como iniciador de la renovación pictórica en Florencia, lo que lo convierte en el precedente de Giotto, pero también de los primeros representantes de la escuela sienesa, Duccio y Simone Martini que logran cambiar mediante la síntesis entre el estilo gótico y el modelo clásico de la Antigüedad tardía.

Su mas formidable obra es La Maestad 1308-1311, obra realizada para el altar mayor del Duomo de Siena pero comprende el adverso y reverso del retablo y muchos otros complementos como su coronamiento y las prebendas.

Esta pieza tiene una gran monumentalidad, pero además una complejidad estructural asombrosa.

La realiza en la madurez, 10 años antes de su muerte, en la cincuentena, este conjunto es además considerado la síntesis mas completa de su fecunda trayectoria.

50 escenas pintadas en su adverso y reverso convierten el retablo en un auténtico museo, pero deslumbrante.

No es solo la cantidad de viñetas pintadas sino lo que reflejan sintéticamente que son el estilo de Duccio, o si se quiere la suma de sus estilos.

Así la escena principal del adverso esta dominada por la Madonna en el trono con 20 ángeles y los santos Catalina de Alejandría, Pablo, Ansano, Juan Evangelista, Savino, Crescencio, Juan Bautista, Víctor, Pedro e Inés.

Por encima de este grupo 10 apóstoles.

En el zócalo del trono hay una inscripción que dice Santa Madre de Dios se causa para la paz en Siena. Se vida para Duccio, que así te pinto.

Toda esta parte frontal es mas arcaica, pues Duccio mantiene la tradicional desigualdad en el tamaño de las figuras, pues las principales doblan en magnitud a los ángeles y los santos, así como persevera en los heráldicos fondos dorados, aunque hay que subrayar que su matizada coloración abre un nuevo horizonte porque utiliza el oro como luz.

Desde sus primeras obras se nota el desarrollo por el gusto por los matices y los acordes de color mas profundo que el de la tradición florentina de Cimabue y de Giotto, que luego pasa a toda la escuela pictórica de Siena.

Es en el reverso donde la compleja trama narrativa se muestra mas libre y Duccio se muestra a la altura de las innovaciones dramáticas de Giotto, atreviéndose a crear fondos topográficos de paisaje y escenografías arquitectónicas con visos de profundidad.

De esa manera Duccio responde a las querencias espaciales florentinas, pero sin dimitir del ritmo lineal y los valores cromáticos, que junto a la armonía y la elegancia del gótico francés, del que también toma la observancia de los detalles configuran lo mejor de la escuela de Siena que tiene su culminación con Simone Martini y los Lorenzeti, Pietro y Ambrogio.



Publicado por ilabasmati

Licenciada en Bellas Artes, FilologÍa Hispánica y lIiteratura Inglesa.

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