Hartwig Fischer, ya exdirector del Museo Británico.
En un comunicado, el máximo responsable del centro ha dicho que resulta evidente que el museo no respondió de forma exhaustiva como debería cuando fue alertado en 2021.
Hartwig Fischer, ya exdirector del British Museum, ante una litografía de ‘El grito’ en 2019.FUTURE PUBLISHING (FUTURE PUBLISHING VIA GETTY IMAG)
El escándalo del robo de piezas históricas por parte de un veterano conservador del Museo Británico se cobra su primera víctima. El director de la institución, Hartwig Fischer, ha anunciado este viernes su dimisión con efecto inmediato. En un comunicado, el máximo responsable del centro ha dicho que resulta evidente que el museo «no respondió de manera tan exhaustiva como debería» cuando fue alertado de los hurtos ya en 2021 y que asume todas las responsabilidades.
En la nota, Hartwig Fischer, un historiador del arte de 61 años cuyo mandato vencía el año que viene, explica que ha estado repasando detalladamente durante los últimos días los acontecimientos en torno a los robos en el Museo Británico y la investigación sobre los mismos.
Es evidente que el Museo Británico no respondió de manera tan exhaustiva como debería a las advertencias de 2021 y al problema que ahora ha surgido», ha reconocido. «La responsabilidad de ese fracaso debe recaer en última instancia en el director (…) Dimitiré tan pronto como la junta haya establecido un acuerdo de liderazgo interino.
El museo anunció la semana pasada que había despedido a un miembro de su plantilla después de que una serie de objetos de la colección, datados entre los siglos XV a.C. y XIX d.C., y algunos hechos de oro, joyas y gemas preciosas, se encontrasen «perdidos, robados o dañados». El sospechoso fue identificado como Peter Higgs, un doctor en arqueología de 56 años que comenzó a trabajar en la institución en 1993, de la que era experto en la Antigua Grecia y especialista en escultura griega y el periodo helenístico. Su familia ha defendido su inocencia en declaraciones a la prensa británica.
Dice Fisher:
La situación que enfrenta el museo es de suma gravedad. Sinceramente creo que superará este momento y emergerá más fuerte, pero lamentablemente he llegado a la conclusión de que mi presencia está resultando una distracción.
Los objetos desaparecidos durante las dos últimas décadas, que podrían ser más de 2.000, no estaban expuestos en las salas, sino que se conservaban en los almacenes para ser estudiados por los investigadores.
Las primeras noticias sobre la desaparición de piezas de la colección del Museo Británico, algunas de las cuales se habrían vendido en el mercado negro ya en 2016, llegaron a través de un marchante de arte llamado Ittai Gradel. Este hombre escribió a la institución británica alertando de que había visto indicios de que objetos pertenecientes al museo estaban a la venta en internet, pero le respondieron que no había indicios de ningún delito. Fischer también se ha retractado de unas declaraciones en las que acusaba al comerciante de ocultar información sobre la verdadera envergadura del caso.
El consejo de administración del Museo Británico, presidido por George Osborne, ha aceptado la dimisión de Fischer.
Voy a ser claro con esto: vamos a solucionar lo que ha ido mal. El museo tiene una misión que perdura entre las generaciones. Aprenderemos, recuperaremos la confianza y nos mereceremos ser admirados de nuevo.
La semana pasada el exministro de Economía de Reino Unido detalló:
La junta ha tomado medidas contundentes para abordar la situación, colaborando con el equipo del museo y utilizado todos las capacidades disciplinarias a su alcance para lidiar con el individuo a quien creemos responsable.
Este jueves, la Policía Metropolitana de Londres dijo que un hombre había sido interrogado tras la denuncia de los supuestos robos. Los agentes también aseguraron que no se habían realizado arrestos, pero que los investigadores habían interrogado al individuo bajo precaución.
Hemos trabajado estrechamente con el Museo Británico y continuaremos haciéndolo y el hombre ha acudido a la comisaría de forma voluntaria.
Yo soy a las patatas lo que los chinos al arroz. Comería a toda hora con todo, un regalo para los sentidos.
Vivo en un desierto y las patatas de secano de Nijar son un manjar. Ni que decir del aceite de Tabernas o de Canjayar, el mejor del mundo, oro del desierto. Lo compran de producción orgánica, japoneses y alemanes para usarlo como base en los cosméticos.
¿Por qué tienen tan mala prensa los fritos? Que mania, tha´s Andalucía por favor, tierra de la fritanga por excelencia y que buena esta.
Puedo entender que no se quieran fritos de la calle, porque el aceite cuando pasa de una temperatura, se transforma de grasa insaturada a grasa saturada, pero en los hogares somos cuidadosos la mayoría por no decir todos.
Yo hasta soy cuidadosa tirándolo, lo vierto en contenedores especiales o en una bolsa de plástico, porque es muy contaminante hacerlo por las tuberías.
Lo principal es la materia prima. Si hay huevos de corral de gallinas que corren sueltas, un aceite de primera y unas patatas increíbles, el resultado, es una bendición para los sentidos.
No entiendo la animadversión a los fritos, porque se crea una película que hace que los nutrientes de cualquier alimento sean preservados más que si se hacen al vapor.
Obviamente no hay que comer a diario, pero es que ningún alimento deberíamos de comerlo todos los días, ya que nuestro cuerpo es un pequeño universo y necesita de 50 sustancias distintas a la semana.
Nuestros ancestros lo sabían y suplían las carencias con especias, de gran valor nutricional y variadas de composicion.
Si a las patatas fritas se le añade una o dos cabezas de ajos apaga y vámonos.
Por tu olor a ajos Sancho, se de tu origen humilde decía Cervantes en el Quijote, pero no olvidemos que los pobres son listos para comer, precisamente por su condicion (y a fin de cuentas pobres somos todos menos Elon Musk, Amancio Ortega etc aunque queramos aparentar lo contrario).
El ajo baja el colesterol y los triglicéridos y no entiendo que la gente tome a diario pastillas peligrosas para bajarlo cuando la naturaleza los provee de soluciones baratas.
Debe ser que soy meridional, Victoria Beckham decía muy clasista ella, que España olía a ajos, muy posh.
Su país huele a porridge, desayunan avena como caballos, no digamos que son un ejemplo de gastronomía. Mejor calla guapi.
Los alemanes nos llaman come ajos, ellos que son come-patatas, cartofenfresen, mejor callar también, que de gordos revientan con tanto frankfurt que encima es cancerigeno.
La reina de Inglaterra, la Queen de UK, tenía prohibido el ajo en su cocina, para no desprender un halo que espantara a Drácula, ella se lo perdió…
El halo de alcolhol que es más proletario todavía ya puestos, parece que no le importo, porque se tomaba 5 combinados (un eufemismo) al día, cocteles en castellano, con una concentración de alcolhol nada desdeñable…ya sabemos la tradición del país antropologicamente hablando.
Los ajos tiernos todavía mejoran la receta de fritanga de ajos y papas, pero solo hay unos cuantos meses al año, snif.
Los responsables del mal aliento del ajo, que le da tan mala prensa, son el disulfuro de dialilo, el mercaptano de alilo, el disulfuro de alil-metilo y el sulfuro de metilo alílico, todo ellos tremendamente volátiles.
La hierbabuena, la manzana y la lechuga masticados, son desodorantes naturales que cortan el olor sin aspavientos, nuestros ancestros lo sabian lo sabían, que usaban el ajo y el limon para ser longevos.
¿Y que decir de las patatas?
Ahora no paran de decir que hay que evitarlas por el almidón, por favor que generación tan chalada tenemos con tanto puritanismo en la nutrición.
La glucosa ahora es lo que antes el colesterol, estamos sometidos a modas, los media presionan.
Los periodistas hablan de todo sin saber de nada con tal de hacer caja, profesor de mucho, maestros de nada en tiempos de amarillismo.
Fue una bendición el descubrimiento de América, Europa y el resto del universo empezó a comer en condiciones a partir de entonces.
La rica botánica del continente hizo que la farmacopea cambiara para bien, obligando a los farmacéuticos a adquirir una gran formación botánica por el cambio de paradigma.
La patata, ha salvado de la hambruna a media humanidad, es cicatrizante, mejora las enzimas intestinales, aporta sosiego y sobre todo placer a los sentidos que no es poco.
No hay cultura que se precie que no tenga un plato de patatas frio o caliente, como los alemanes, rusos, españoles etc.
¿Por qué tenemos que privarnos de placeres con tal de estar delgados y deseables?
Pasamos de apolíneos a dionisiacos con la edad, lo que más seduce es la inteligencia y la risa a partir de unos años, y hay que felicitarse por ello.
Ahora está de moda el cuerpo culturista, no es un anhelo malo en cuanto que hacer deporte es una maravilla en todos los sentidos.
Pero abomino del servilismo, no de la rutina, de pecho, hombros, piernas y espalda, sino de la L-carnitina, los batidos de soja que saben a rayos, la Q 10, las multivitaminas, la piña, el arroz hervido, las pechugas asadas, las claras de huevo etc. No entro en los anabolizantes.
El resultado es un cuerpo de plástico, pesado, que somete a los riñones e hígado a una gran tensión por la cantidad de aminoácidos que ingiere, para mantener el decorado artificial que además pesa como un plomo y se pierde con un suspiro.
Me gusta el estoicismo, muy español, que ha hecho que lo practiquemos resignados ante tanta arbitrariedad de pronunciamientos y represión que hemos tenido ¿pero no podríamos ser felices olvidándonos de vez en cuando de tanta obligación absurda?
Que nos crezca la barriga un poco, es estar en armonía con el universo, no conozco un niño pequeño que no sea barrigón.
¿Porque esa búsqueda de perfección que nos aparta de la armonía?
Vivan las patatas fritas, los ajos, el jamón, los huevos fritos y la madre que los pario.
Se me cae la baba con mis mascotas, 7 gatos y un perro que me destrozan la casa, pero me reconfortan con su presencia y ternura haciendome mejor persona.
Mi hija, antes de irse a trabajar me deja su perro de aguas, Galo, para que no este solo tantas horas y cena conmigo cuando vuelve a recogerlo.
Soy viuda desde hace tres años, y me resulta curioso que me critiquen o me tilden de trastornada, por no estar en Tinder todo el día (si estuviera, también me criticarían por promiscua, el aburrimiento es así).
Parece que, a la clase obrera, solo le queda aparearse arbitrariamente con desconocidos para acallar el desasosiego del ser. Para gustos colores.
Pero hay todo un universo de pequeñas cosas esperando, que colman de felicidad tanto y más, solo es solo cuestión de paladar y supongo de percepción.
Vivir en medio de la naturaleza proporciona paz de espíritu y la posibilidad de estar en contacto con animales que en la ciudad sería difícil.
Conocí a Red, un cachorro callejero pelirrojo, hijo de una callejera romana menuda y un gato domestico de una raza escocesa muy grande, que había sido abandonado por sus dueños ingleses que mas tarde seria envenenado de forma sádica.
Aquí hay ratas de campo y no tienen problemas de abastecimiento. Me viene a la memoria el que en Egipto los gatos eran animales sagrados porque guardaban los silos de las ratas y tras su muerte los momificaban y rendían honores.
Adopte muy pequeño a Red, mi marido entonces con una salud vulnerable, agradeció la compañía.
El felino a pesar de ser pequeño, parecía sabedor de cuanto acontecía y no se separaba de él. Cuando falleció al poco, que no fue en casa, el gato, comenzó a dejar de comer y adelgazar, y pensé que se moría de pena.
Comprendí hasta qué punto los animales se vinculan con el dueño y el gran sentimiento de apego que desarrollo, a pesar de su corta edad.
Poco después, mi vecina me alerto que en la empresa en la que trabajaba, había aparecido un gato en el espacio donde habitualmente comen, y que la encargada al enterarse, llamo a la perrera, para que les proporcionara una jaula, para atraparlo y posteriormente sacrificarlo.
Un horror más de crueldad animal que habitualmente ejercemos con los débiles.
Bombay llego a mi vida, negro con calcetines blancos, muy joven pero totalmente cubierto de cola. También me viene a la cabeza cuando los ingleses transportaron en barco esta raza desde la India.
Lo acerque al veterinario y me comento que no me alarmara, que al poco cambiaría el pelo.
Diariamente doy de comer a mis descamisados, gatos de la calle, a los que se envenena y maltrata de forma periódica sin razón alguna.
Vi a una camada blanca y me llevé uno, sin saber bien si era macho o hembra.
Al poco descubrí el genero y decidí que había que castrar a los chicos para evitar embarazos no deseados, cosa que hice.
Cuando se puso en celo, no me preocupe porque estaban castrados.
Pero alguna bala quedo en la recamara, porque a Blanquita que asi se llama, que se había criado con Jakob, mi perro, comenzó a crecerle la barriga de manera sospechosa.
De súbito, llego el día y el lugar elegido para el parto fue mi cama (horror) al lado de Jakob, mi podenco de un año entonces que miraba sorprendido cuanto acontecía alrededor.
Blanquita se quejaba casi en silencio, de vez en cuando apretaba y nacía un bebe que dejaba en la alfombra, la cama o el sofá…con su placenta incorporada al cordón umbilical.
Yo mientras observaba sorprendida cuanto acontecía, llena de emoción y asustada.
El parto fue rápido, cuatro bebes con cuatro placentas unidas a su cordón umbilical por toda la casa, mientras, la madre primeriza estaba echándose una siesta placida ajena a todo.
Llame al veterinario y le pregunte qué hacer con esta contrarieda y me dio instrucciones.
Tome entonces las tijeras de cortar las uñas, las metí en un plato, lo llene de alcohol y luego prendí la llama hasta que se consumio.
Me lave las manos con mucho esmero y realice la misma operación en cuatro ocasiones antes de cortar el cordón umbilical.
A los recién nacidos les faltaba un poco de tono y eso que el parto había sido rápido. Los masajee un ratito a cada uno para que espabilaran y después los coloque en el pecho de su madre, que se sorprendió, pero no los rechazo por suerte.
Y ahí empezó la maravillosa aventura de la vida para Glauco, Tiberio, Miércoles y Siam (no me he criado con el canal Disney). Dos machos y dos hembras que ahora tienen 8 meses y llenan la casa de alegría y luz.
Me siento bendecida por su compañía, aunque sean traviesos y utilicen la casa como campo de batalla en sus juegos, porque lo importante es la vitalidad que me aportan.
Fotografo y realizador, fallecE este jueves en Suiza. Primogénito de la union con Françoise Gilot, nace en 1947 en Boulogne-Billancourt. Se ocupa de la gestión del patrimonio Picasso hasta el pasado julio, cuando lo traspasa a su hermana menor, Paloma.
Picasso junto a Françoise Gilot
Picasso tiene otros dos hijos, ya fallecidos: Paulo Picasso (1921-1975), de su relación con Olga Jojlova, y Maya Widmaier-Picasso (1935-2022), con Marie-Thérèse Walter. Hijo de Françoise Gilot y Pablo Picasso , nace el15 de mayo de 1947en la clínica Belvédère en Boulogne-Billancourt .
Claude Ruiz Picasso
Dos años después, el 19 de abril de 1949 nace, Paloma . Sus padres se instalan en el verano de 1948 en Vallauris en la villa La Galloise en 1953 , cambian a menudo de residencia, entre París y Vallauris y pasan el verano en Vallauris donde su padre comienza una serie de cuadros con niños jugando.
Obra ‘Claude en marrón y blanco’ (1960) expuesto en el Museo Picasso de Málaga.
Ese año, en octubre, su padre utiliza dos coches pequeños, juguetes que el marchante de arte Daniel-Henry Kahnweiler le regala a Claude, para realizar una escultura: el Guenon y su bebé .
Claude con su padre
La relación de sus padres se deteriora y la separación se produce en septiembre de 1953 . Su madre se casa con Luc Simon en 1955 y pasa un mes de vacaciones con ellos en los Alpes con su hermana. El padre de su madre fallece en octubre de 1957 . Con Paloma, visitan a su padre en 1958 en Cannes . Es en 1960 cuando Françoise Gilot consigue legalmente el nombre de Ruiz-Picasso para sus hijos. Se separa de Luc Simon en 1962 . Claude Picasso estudió cine y dirección en el Actors Studio de Nueva York y rodó varias películas, incluida una sobre la cantante Barbara , es asistente de Richard Avedon .
En 1968 , esta en Nueva York como fotógrafo de Condé Nast , editor de Vogue y varias otras revistas. Parte en una misión en 1969 para el Instituto Salk en La Jolla , California , donde conoce a Jonas Salk , un pionero de la vacuna contra la polio y que se casa con su madre dos años después.
Claude Picasso se casa ese año con la actriz Sara Lee Schultz y luego se comprometió en 1971 con la actriz y ex modelo estadounidense Carole Mallory . Es el 8 de abril de 1973que Pablo Picasso murió en su villa de Mougins . En 1974 , se reconocen legalmente los derechos de los hijos naturales.
El 24 de marzo de 1989, el tribunal de grande instance de París lo nombra para liquidar la copropiedad de la finca de su padre con el que estaba enojado desde la publicación de una obra escrita por su madre, Vivre avec Picasso (1965). La división se hace entre Jacqueline , la segunda esposa, Paul , su hijo mayor fallecido en 1975 y que tiene dos hijos: Bernard y Marina, y entre los tres hijos naturales: Maya , Claude y Paloma .
En 1979 , Claude Picasso es miembro del jurado del festival de cine 3 Continents de Nantes en su calidad de fotógrafo. Ese mismo año se casa con el arqueóloga Sydney Russel, divorciada de Michel Anthonioz , sobrino nieto de Charles de Gaulle , con quien tiene un hijo. En compañía de su madre y su hermana, en septiembre de 1985 asiste a la inauguración del museo Picasso en París .
Trabajó en el Centro Internacional para la Investigación sobre el vidrio y las artes plásticas (CIRVA) en Marsella, en la de 1991 – de 1992 , luego en 1997 , cuando pasa un tiempo en las islas de Grecia con su madre y su hermana, y el Nilo en Egipto en noviembre para el cumpleaños de su madre.
En 1995 vive en Nueva York y funda la Administración de la Société Picasso, de la que es nombrado administrador. La sede se encuentra en el n o 8 Volney rue de París. La empresa emplea a siete personas, incluida Christine Pinault , su asistente.
Esta empresa es la única autorizada en Francia para emitir certificados de autenticidad de las obras del pintor que se le presentan, la clave para poner una obra en la sala de subastas en Francia o presentarla en una galería en Francia. La empresa nunca convence a los expertos de que Claude, hijo de Picasso pero sin estudios expertos en arte, pudiera distinguir las obras genuinas de las falsificaciones.
Esta empresa es propietaria de los derechos de autor del artista hasta 2043 Es, por tanto, el único punto de contacto de todas las editoriales, distribuidoras, agencias de publicidad, productoras cinematográficas y organizadores de exposiciones o cualquier otra persona que desee utilizar la obra, la imagen y el nombre de Picasso.
La empresa de Administración Picasso recauda y gestiona los derechos de participación por la venta de cada obra. También es por esta empresa que se funda para supervisar los catálogos de las ventas públicas y entregar los certificados de autenticidad. Recibe más de 400 solicitudes al año. Así fue como se le pidió que autentificara las 271 obras inéditas en poder del ex electricista de su padre, Pierre Le Guennec, un asunto aún en manos de la justicia (pero en este caso, no es Claude quien había tasado las obras, sino un experto). Claude Picasso es un apasionado del automovilismo y coleccionista de fotografías contemporáneas.
Pedro Tellez Giron, XI duque de Osuna, hermano de Mariano
El zar Alejandro II
Maria Josefa Pimentel, Duquesa de Osuna, pintada por Goya
Mariano Téllez – Girón y Beaufort Sportin nació en Madrid el 14 de Julio de 1814. De don Pedro (su hermano)heredó sus títulos y su gran fortuna. Cuentan que “podían cruzar media España sin salir un palmo de sus tierras y tenían escuadra propia en el Mediterráneo. En don Mariano Téllez – Girón vinieron a reunirse las mayores riquezas y honores que tuvo nunca ningún magnate español, los riquísimos mayorazgos de todos los más principales y antiguas casas de nuestra nación, de Bélgica e Italia”.
Poseyó los títulos de: Conde – duque de Benavente; Duque de Osuna, de Béjar, de Plasencia y de Mandas, de Gandía y de Monteagudo, de Arcos, de Medina de Rioseco, del Infantado, de Pastrana, de Lerma, de Estremera y de Francavilla; Conde de Ureña, de Fontanar, de Beaufort, de Mayorga, de Belalcázar y Bañares, de Oliva, de Osilo y Coquinas, de Bailén y Casares, de Saldaña, de Villada, del Real de Manzanares y del Cid; Marqués de Peñafiel, de Gibraleón, de Marchini y de Terranova, de Lombay, de Zahara, de Santillana, de Távara, del Cenete, de Almenara, de Cea, de Argecilla y de Argüeso… Títulos de vizconde, príncipe, barón, señor, grande de España, gentil –hombre, mariscal de campo, caballero de diferentes órdenes militares, oficial de la legión de honor francesa, maestrante, académico…
Inició carrera militar teniendo 18 años como cadete supernumerario en el primer escuadrón del Real Cuerpo de Guardias. Sus haberes los donaba a la enfermería del escuadrón. Estuvo en los destacamentos de El Escorial, La Granja, El Pardo y Segovia.
En el año 1835, con 21 años, le destinaron al ejército del Norte como ayudante de campo del general Fernández de Córdoba, (primera guerra carlista 1833 – 1839). Por su intervención en la batalla de Zubiri y en asalto de Fuenterrabía, le concedieron sendas cruces laureadas de San Fernando. Con 24 años, le nombraron caballero agregado en la clase militar de la embajada extraordinaria que asistió a la coronación de la reina Victoria I de Inglaterra.
Fundó en el año 1841, con su hermano don Pedro, la Sociedad de Fomento de Cría Caballar. La Escuela de Equitación de Viena se suministraba de los caballos pertenecientes a dicha Sociedad.
La provincia de Zamora, en el año 1844, le eligió representante para el Congreso.
La reina Isabel II le nombró senador vitalicio.
El día 24 de agosto de 1844 sucedió a su hermano don Pedro en la Casa de Osuna y por tanto, heredó el título de Duque de Béjar.
En el año 1852 salvó a Isabel II del atentado realizado por el cura Merino. También representó al ejército español en las exequias del Duque de Wellington.
En el año 1856, con 42 años de edad, fue nombrado ministro plenipotenciario en Rusia, favoreciendo que se establecieran las relaciones diplomáticas, interrumpidas desde el fallecimiento de Fernando VII. Estuvo en este cargo hasta 1862. Renunció al sueldo asignado por la representación diplomática (400.000 reales), sabiendo que sus finanzas estaban muy necesitadas.
Durante el tiempo que estuvo de ministro plenipotenciario, “pequeños caprichos” le ayudaron a dilapidar uno de los capitales mayores de Europa, entre otros muchos:
Se preparaba la mesa de gala en todas sus múltiples casas de España y las que tenía en las diferentes capitales de Europa, por si don Mariano llegara inesperadamente.
Un tren se desplazaba diariamente desde Valencia hasta su residencia de San Petersburgo para llevarle flores con las que adornar su palacio.
Sus cocheros y lacayos se vestían con capotes de pieles que por su gran valor solo las podía llevar el zar, para obtenerlas, tuvo que organizar una cacería en Siberia.
En las grandes fiestas de su palacio, los caballos saciaban su sed con champán.
Después de dar un banquete a los zares y a toda su corte, vieron con sorpresa, como los criados tiraron por las ventanas de su palacio al río Neva, la vajilla de oro en la que habían servido la comida.
Pagó una fortuna por un trotón, que utilizó en una noria para sacar agua.
Solía salir de paseo acompañado de un criado que llevaba un puñado de monedas de oro, que repartiría a los pobres que se encontraran…
Don Mariano con su derroche y desinterés fue el último eslabón de la ruina de la Casa de Osuna, causa a la que habrían de sumarse otros hechos que colaboraron en la quiebra económica: Pérdida de impuestos al abolir los derechos nobiliarios (diezmos, alcabalas, etc.), ayudas a la monarquía, mala gestión del patrimonio, pago de intereses del capital recibido del embargo de sus bienes, etc. Bravo Murillo, su apoderado general, le ofreció su colaboración para evitar su ruina, pero el duque prefirió no disminuir sus gastos y seguir con la vida que llevaba.
Desde el año 1863, el banquero Estanislao de Urquijo, le concedió créditos hipotecarios que alcanzaron los 200 millones de reales, poniendo como garantía más de 1.400 fincas con una superficie superior a las 193.000 hectáreas. El incumplimiento de las cláusulas del contrato, autorizaba al banquero a incautar los bienes hipotecados sin autorización judicial. Para poder subsanar la deuda, en el año 1869 le autorizaron los obligacionistas a vender bienes hipotecados.
Me encanta inventarme otra, como una niña, no adoro a nadie, aunque Buda me cae muy bien, pero los orientales tienen nombres muy teatrales.
En realidad, cuando hacia yoga, que lo sigo haciendo, elegí una manera distinta de llamarme.
Debía haber elegido un nombre del Bhagavad Gita que me encanta, Arjuna por ejemplo.
Y cuando decidí a hacer el canal y el blog, añadí apellido basmati, como el arroz, me gusta cocinar, de hecho, tengo correos con el nombre huevo frito, huevo duro y cosas así.
Mi nombre es Rosa, pensaba que vendría del latín o del indoeuropeo, soy fantasiosa, pero no, viene del griego Rodón de Rodas, porque tenía muchos rosales.
Aunque mirando el diccionario etimológico, tampoco es griego, es un préstamo de una antigua lengua mediterránea, posiblemente semítica. Eso me parece más factible.
Mi abuela era Rosa, mi hija Rosa, esas cosas que hacemos en las familias tan originales. Yo veo la cultura norteamericana y sus nombres casi nunca tienen que ver con los de la pila de bautismo, y me parece fantástico, no nos preguntan cuándo nacemos si estamos de acuerdo.
Por otro lado, en cada época de la vida somos distintos, o quizás eso creemos, nos podríamos llamar de manera diferente ¿por qué no?
En casa siempre me llamaban Rosica, en el colegio Rosa María, que en realidad es como me llamo.
Mis amigos ingleses Rose. En realidad, me da igual, pero lo que me resulta curioso, es que ponemos el nombre y el apellido en face, y tenemos un doble en América, a veces varios. Son más de 500 millones, 10 veces los españoles.
Un mundo a explorar, que visión gigantesca debieron de tener los primeros españoles cuando vieron esos paisajes magnos, esos ríos tan bestias y ese entorno de paraíso.
Me encantaría tele transportarme a la otra esquina del planeta y cada día ser una distinta, por ejemplo, en Paraguay, que me gustaría conocer o que digo yo, en Honduras, Guatemala, Nicaragua que tienen fama de paisajes increíbles.
O ya puestos en Méjico que mi abuelo quería emigrar allí o en la Patagonia chilena o argentina, o en Perú comiendo ceviche, o cualquier otro plato, porque su cocina tiene fama.
Seguro que mis dobles estarían de acuerdo en que nos cambiáramos de domicilio una temporada, tendré que preguntar a ver que opinan.
Les avisare antes, que Europa muy fina, mucho museo, pero no quedan ni abejas, llevamos mucho tiempo aniquilando fauna y paisaje, mas brutos imposible.
Se llama Maria Gurwik-Gorska, pero adopta el nombre de Tamara por un personaje del poeta Mijaíl Lérmontov; afirma haber nacido en el siglo XX, aunque nace en el XIX y pasado a la historia como la mujer que conduce un Bugatti verde cuando su coche es un Renault amarillo.
Tamara de Lempicka, mujer arrebatadora, artista global y ante todo, personaje, quería ser más interesante, más joven y más glamourosa y para ello utiliza las estrategias a su alcance.
A pesar de sus intentos por ocultarlo –incluso convence a The New York Times que publica en su obituario que nace en 1906–, su vida empieza en 1895, según su biógrafa Laura Claridge, que cree más en su propia investigación que en las palabras de quien había hecho del autoengaño una forma de vida.
Afirma haber nacido en Polonia, pero realmente era rusa –Polonia ni siquiera existía como nación cuando ella llega al mundo, había sido fagocitada por Rusia, Prusia y el Imperio austrohúngaro–. La que tenía origen polaco era su madre, pero ser una rusa exiliada era ser una más de la turba de rusos blancos que huían de la revolución en aquella Europa que se fragmentaba, pero ser hija de una nación que renacía de sus cenizas la dotaba de cierto exotismo.
De su padre apenas hay información. Se sabe que era un judío ruso vinculado a una empresa francesa y que tanto él como su mujer eran suficientemente acaudalados como para que la familia llevase una vida de lujos que podían permitirse muy pocos en el imperio. Tamara recibe una buena educación, pero no tarda en abandonarla para acompañar a su abuela por Europa. Juntas se suben al fastuoso San Petersburgo-Cannes, un ferrocarril sólo apto para ricos, visitan las mejores casas de moda de París y recorren los museos de Roma, Florencia y Venecia.
Es difícil saber si es realidad o leyenda, pero cuando un retratista acude a la casa familiar para inmortalizarla, la pequeña Tamara, descontenta con el resultado, cogió los pinceles y ella misma retrató a su hermana. El resultado la satisfizo y comenzó a tomar clases de pintura.
Cuando su madre se casó por segunda vez, abandonó el hogar y se fue con su tía Estefanía a San Petesburgo, allí se rodeo de las figuras más influyentes como el principe Yusupov y tuvo acceso directo a Tsarskoye Selo, la residencia de verano de los Romanov. Durante una de sus suntuosas fiestas y cuando apenas tenía 15 años, conoció a Tadeusz Lempicki, un abogado con fama de playboy y descendiente de una de una familia de terratenientes.
Tamara y Tadeusz se casaron y no tardaron en tener a la pequeña Kizette a la que criaron en medio de una opulencia inédita en un imperio que se estaba desmoronando. Cuando los bolcheviques se alzaron contra Nicolas II, Tadeusz, de quien se sospecha que era un espía del zar, fue detenido en medio de la noche por la policía secreta. Tamara recorrió todas las comisarías para encontrarlo y cuando dio con él tuvo que recurrir al cónsul de Suecia para liberarlo. A cambio del favor tuvo que acostarse con él –desgraciadamente este es de los pocos detalles de su vida que no parece una invención–.
El odio que Tamara albergó toda su vida contra los bolcheviques le impidió abrazar la revolución tan ansiada por los artistas que se habían reunido en París de los años veinte, donde la familia acabó recalando por el trabajo de Tadeusz. En medio de aquel centro neurálgico de la creación artística, decidió centrarse definitivamente en la pintura, más como recurso económico que por un verdadero interés en el arte.
Aunque sentía un gran rechazo hacia los intelectuales de la capital francesa formó parte de su paisaje frecuentaba el cabaré La Boite de Nuit de Suzy Solidor, una de sus modelos y amantes, Le Dôme y La Rotonde y se juntaba con Gide y Cocteau. En sus memorias Passion by Design: The Art and Times of Tamara de Lempicka, Kizette cuenta que su madre estaba en la brasería La Coupole cuando Marinetti propuso a gritos quemar el Louvre para sembrar el futuro sobre las cenizas del pasado y que incluso ofreció su pequeño coche para unirse a los exaltados pirómanos. Sin embargo detestaba a los dos grandes totems literarios de aquel París: Gertrude Stein y Ernest Hemingway. «Son personas aburridas, ella quiere ser hombre y él quiere ser mujer”, afirmaba. Sí hizo buenas migas con Natalie Barney, La Amazona, una millonaria americana con un templo de estilo dórico en su jardín, el Templo de la Amistad, en el que se reunían las lesbianas más importantes de París.
En aquel momento París era el centro del mundo, un crisol de artistas europeos que se habían inventado su vida y americanos hastiados que huían de la suya y cada uno tenía su historia. Tamara no quería quedarse atrás, sabía lo que era el esplendor de la rusa zarista y también lo que era verse obligada a ofrecer sexo por libertad, sabía que la vida cambia en un chasquido y quería bienes materiales que la hiciesen sentir segura.
Era atractiva, elegante y de aire aristocrático –y para reforzarlo añadió un «de» a su nombre–, justo el cóctel que mejor podía seducir a los americanos pudientes que habían huido del puritanismo para refugiarse en la capital europea, durante el día en las mansiones que rodeaban el Bois de Boulogne y por las noches en los burdeles de Montparnasse.
Tamara se movía por toda la ciudad y se acostaba indistintamente con hombres y mujeres, era sexualmente libre y disfrutaba de las fiestas, el alcohol y la cocaína. Su marido lo toleraba porque sabía que intentar frenar su libertad sexual equivalía perderla y porque él también sabía disfrutar de los encantos de la ciudad, pero le enfermaba que sus amantes fuesen también sus modelos. A pesar de los excesos, Tamara lograba un equilibrio entre el ocio y el negocio: por las noches acostaba a su hija y salía a disfrutar de la ciudad y cuando volvía a casa disciplinadamente pintaba hasta el alba.
El estilo de Lempicka, que combina futurismo, cubismo y el arte de los maestros italianos y españoles, especialmente Durero al que adoraba, seducía a los compradores. Su obra era como ella y como su vida: grandilocuente, glamurosa, colorista, monumental y decadente. A mediados de los veinte ya era una celebridad. Organizaba veladas en casa para enseñar su obra y acudían los más ricos y famosos. Las fiestas eran tan sonadas que al final se hablaba más de su vida social que de su obra, algo que en hombres como Dalí o décadas después Warhol no supuso ningún problema. Ella sin embargo fue menospreciada por ello. No es novedoso: el entorno del surrealismo era profundamente machista, los hombres eran creadores y las mujeres musas y cuando las musas creaban, ellos se apropiaban de sus obras o las reducían a un pie de página de la historia del arte.
Su popularidad pronto se tradujo en éxito financiero. Como contó su hija: «Después de cada dos cuadros vendidos se compraba un brazalete, hasta que estuvo cubierta de diamantes y joyas desde las muñecas hasta los hombros». Sus retratos no tardaron en lucir en las paredes de las casas de los aristócratas y los pedidos aumentaron tanto que pintaba 12 horas diarias. Sin embargo, la crítica la ignoraba. Por supuesto también hay quien cuestionó la moralidad de unas obras en las que los desnudos y el homoerotismo tenían un sitio primordial.
No obstante, uno de sus encargos más populares vino de una revista de moda alemana, Die Dame: Autorretrato en un Bugatti verde, en el que aparece con guantes y bufanda a juego en una especie de homenaje a Isadora Duncan. No fue la única portada que hizo, pero es la que más ha trascendido por su mensaje feminista, porque en los años veinte una mujer que conducía un coche sola enviaba un mensaje poderoso.
Tadeusz y Tamara tenían objetivos distintos y se separarón a finales de los años veinte. Él no había superado su traumático paso por prisión y se había vuelto osco y agresivo. Tamara no tardó en encontrar el amor en uno de sus principales coleccionistas, el barón Kuffner. Se casaron en Suiza en 1933 y de alguna manera cerró un círculo, ya era la aristócrata que siempre había ansiado ser. Consolidada ya como una de las estrellas del novdeoso Art Decó vivió una década de esplendor creativo, emocional y social. Pero de nuevo la guerra se interpuso en su camino: los nazis avanzaban por Europa y la hermosa y libérrima París ya no era un lugar seguro y mucho menos para una mujer de origen judio. El matrimonio se refugió en Estados Unidos y ella cambió los salones de París por las mansiones de Hollywood donde se rodeó de estrellas como Dolores del Río y Tyrone Power.
Pero en Hollywood interesaba más su condición de baronesa que de artista: la sociedad americana estaba obsesionada con la nobleza y su producción artística fue decayendo. Abandonó su estilo para centrarse en la pintura abstracta, pero sus cuadros ya no despertaban interés. En 1962 expuso por última vez.
Cuando el barón falleció viajó a Houston para reunirse con Kizette, su marido y sus dos nietas. 10 años después se mudó a Cuernavaca en México y tras la muerte del marido de Kizette, fue esta la que acudió al encuentro de su madre, que ya estaba gravemente enferma. Falleció 18 de marzo de 1980 y siguiendo sus deseos, su hija arrojó sus cenizas sobre el volcán Popocatépetl.
Una década después de su muerte se convirtió en la artista favorita de lso famosos, su estética está presente en el Vogue de Madonna y en Express Yourself, la cantante se conviritió en una de sus principales coleccionistas al igual que Jack Nicholson y Barbra Streinsand. Su estética ha influido en la publicidad y en la moda: creadores como Ralph Lauren, Carolina Herrera o Versace la homenajearon en sus colecciones. Ella misma era una fanática de la moda, íntima amiga de Coco Chanel e inspiración de Dior que le pidió permiso para copiar un sombrero que ella misma había diseñado. La estética era imprescindible para ella porque ella era su mejor creación.
Sin embargo la crítica sigue menospreciándola, El prestigioso crítico de arte del Sunday Times Waldemar Januszczak dijo de ella: “Yo había asumido que era una amanerada y superficial propagadora de banalidades Art Déco, pero estaba equivocado. Lempicka era algo mucho peor. Era una exitosa impulsadora de la decadencia estética, una corruptora melodramática del gran estilo, una comerciante de valores vacíos, un payaso degenerado y una artista esencialmente carente de valor, cuyos cuadros, para gran vergüenza nuestra, hemos logrado convertir en obras absurdamente costosas». Demasiada bilis para una de las artistas más influyentes, carismáticas y reconocibles de la historia.
Afortunadamente ella tenía un alto concepto de sí misma. «Fui la primera mujer en pintar limpiamente y esa fue la base de mi éxito» dijo orgullosa a su hija «de 100 imágenes, la mía siempre se destacará. Y por eso las galerías comenzaron a colgar mi trabajo en sus mejores habitaciones, siempre en el medio, porque mi pintura era atractiva. Era precisa, estaba terminada. Confiaba ciegamente en sí misma y la opinión de los demás nunca le importó demasiado porque como ella mismo dijo
Vivo la vida al margen de la sociedad, y las reglas de la sociedad normal no se aplican a quienes viven al margen.
Resulta complejo seleccionar diez películas, porque en cada época de hay alguna nueva, que me recuerda quien era entonces.
Quizás sea mas idoneo, revisar los actores de la infancia, donde no hay filtro y el cine obra el milagro.
Me remito a la infancia y adolescencia porque la edad hace perder capacidad de sorpresa (o puede que en este momento prime la rentabilidad antes que el arte).
Nacer a finales de los 50 condiciona la mirada y me hace hija del Pop y cuando me preguntan por mis libros favoritos, siempre digo lo mismo que cuando le preguntaron a Hugh Hefner, que me crie con películas
Solo decir que cuando pienso en pasajes de la Biblia, no se si los he leido o los he visto en Los Diez mandamientos (The Ten Commandments) de Cecil B de Mille (que entonces era suegro de Anthony Quinn y le dio una oportunidad como actor).
Cuando pienso en la semana Santa de mi infancia recuerdo Ben-Hur o Espartaco como si los conociera de toda la vida (asi de simple soy).
Si es en los vikingos pienso en Kirt Douglas, el hijo del trapero judío. El claque, lo asocio a Fred Astaire y Ginger Rogers.
Si pienso en gimnasia sincronizada, me viene a la cabeza Esther William, me recuerda también de la pasión de mi madre por Fernando Lamas.
Si pienso en western emerge, John Wayne con todas sus películas, buenas, malas y regulares, que forma parte de mi imaginario infantil.
Que decir de Tirone Power in The black swan, mi madre decía que era el hombre más guapo del mundo.
Ni que decir de Stewart Granger en Las minas del rey Salomón o Salome con que también era del santoral de mi casa y creo que he visto su filmografía entera varias veces.
Y James Stewart con La ventana indiscreta (The rear window) de Hithcock, su filmografia también desfilo por mi infancia.
Mi padre que era mayor que mi madre adoraba a Chaplin, el Gordo y el flaco, El gato Felix y el primer Disney.
Era un fotógrafo excepcional muy perfeccionista que cuando nos hacía fotos, siempre eran diapositivas y se pasaba una hora midiendo la luz y buscando una buena composición.
Mi ciudad, pequeña y provinciana, que casi ni estaba en el mapa por suerte, sospecho que todavía no lo está (y que dure) tenía infinidad de cines y terrazas de verano.
Ir allí era casi lo mejor que te pasaba en el día en los años 60, lo más excitante, por apenas nada podías ver dos y tres películas en las atestadas terrazas de sillas incomodas.
Las proyecciones cambiaban a diario y se mostraba en una pizarra tosca en la que alguien escribía desganado. Pero daba igual porque estábamos en la playa felices esperando el santo advenimiento del milagro nocturno.
Éramos adolescente y malvadas y mandábamos a alguien (casi siempre un chico enamorado de alguien) que nos comunicara el menú nocturno.
Por supuesto no había estrenos, faltaría, eso era caro y de hecho casi todos los veranos repetíamos muchas películas, pero daba igual, porque caíamos fascinados.
Así vi con mis hermanos Mogambo de John Ford, también La diligencia del mismo autor, La condesa descalza (The Barefoot Contessa) de Joseph L. Mankiewicz con una Ava Gadner que luego vendría a España en plena posguerra y todo el país suspiraba por ella.
Casi siempre iba con mis hermanos, otras veces con mi abuelo materno y raras veces con mis padres.
La terraza recogía a los bañistas que llevaban todo el día de playa, la terraza estaba al lado del mar.
Se habían ido temprano a la playa con las colchonetas, las sandias y las tortillas de patatas y terminaban el día con varias películas. Una troupe gigantesca de trabajadores modestos, que se agarraba a la existencia con pasión, a pesar de las carencias.
Había censura y en el film, nunca se besaban, de hecho se acercaban amorosos y repentinamente se alejaban, como si les hubiera dado epilepsia.
Las madres daban de mamar a los bebes que de vez en cuando lloraban, los niños se peleaban y el público los mandaba callar. Los pequeños murciélagos sobrevolaban la pantalla haciendo sombra.
El público jovencísimo castellanizaba los nombres y en vez de hablar de directores, hablaba de actores, los divos del momento, por los que todo el mundo suspiraba.
Mi madre decía que le encantaba Gregorio Pérez (Gregory Peck), no sabíamos inglés y nos daba igual (hoy seguimos sin saber hacemos como si supiéramos).
Mi abuela materna tenía un picú (pick up), como le llamábamos a los tocadiscos, y cuando les gustaba una película compraba la banda sonora en vinilo y yo la oía mil veces con devocion, como la del Árbol del ahorcado (The Hanging Tree) y revivíamos a Gary Cooper.
Un guion que hoy me parece calcado al héroe de la Antigüedad Héctor (estos son los resabios de la edad).
También tenían la banda de Los niños del Pireo, que Melina Mercuri tan increíble.
El Puente sobre el rio Kwai (The Bridge on the River Kwai), los pobrecillos guionistas trabajaron en secreto porque estaban acusados de comunistas en la época de la caza de brujas y le dieron el óscar al autor del libro que no había hecho nada.
Por suerte la Academia en 1985 reconoció con un óscar póstumo a estos fantásticos guionistas. Está basada en un hecho real.
La Marcha del coronel Bogey se hizo famosísima, realmente era de 1914. Se convirtió en la banda sonora que aquí los meridionales oíamos mil veces.
Los cañones de Navarone (The guns of Navarone) con el Gregorio Pérez de mi madre y Antonio Quinn que vivió años en Almería y era alto simpático y seductor. Su banda sonora increíble también.
En la adolescencia me echaron del colegio por insufrible, un favor que me hizo el destino, pues aterrice en un instituto donde la asistencia al cine fórum y la opinión era obligatoria (siempre argumentada).
Una bendición, tenía 17 años, Franco agonizaba mientras veía el Acorazado Potemkim, Un tranvía llamado deseo con un Marlon Brandon descomunal, el Napoleón de 1921 increíble, Rebelión en la Bounti, con Marlon Brandon de Nuevo, que no pude ver en El último tango en Paris, pero si Risoto amaro, El ladrón de bicicletas, Berlin año 0, El amigo americano, Con faldas y a lo loco, Passolini, Papi, Nouvelle Vague de Truffaut, Vadim, Eric Romer, Jeen Luc Godar, Louis Malle etc
Con 18 vivía fuera y me apunte a la filmoteca y a la Mostra de Cinema de Valencia y fue maravilloso.
En torno a 1320 a. C., un barco naufraga frente a las costas turcas. Cargado de cobre, estaño y objetos de lujo, su descubrimiento proporciona una foto del comercio internacional en la Edad del Bronce
Si un pescador de esponjas emerge del agua diciendo que acaba de ver en el fondo del mar unas galletas con orejas, es razonable pensar que no le ha estado llegando bien el oxígeno. Por fortuna, el joven Mehmet Çakir fue escuchado por oídos expertos en arqueología submarina.
Transcurría el verano de 1982, y Çemal Pulak, miembro del Instituto de Arqueología Náutica (INA), fundado por George Bass, uno de los padres de esta especialidad científica, reconoció de inmediato que el buceador turco se refería a lingotes “de piel de toro”.
Se llama así a la típica forma rectangular muy puntiaguda en los extremos, parecida al cuero de un bóvido abierto en canal, en que se fundía el cobre para transportarlo y comercializarlo durante la Edad del Bronce.
Un equipo de inspección no tardó en acudir a las coordenadas indicadas por el pescador. Los arqueólogos no habían nadado cincuenta metros mar adentro desde Uluburun, un escarpado promontorio traducible como “cabo grande”, cuando tropezaron, boquiabiertos, con todo un reguero de lingotes “de piel de toro”.
Esta insólita abundancia de cobre fue solo una guirnalda de bienvenida. El pecio que esperaba desde hacía milenios al final de ese rastro verdoso de metal ha proporcionado, en palabras del INA, “un vistazo único a la Edad del Bronce, sus culturas materiales y aspectos de construcción, intercambio económico y transporte”.
Coincide con ello, plenamente, un arqueólogo especializado en las travesías marinas de ese período. Shelley Wachsmann afirma que “pocas o ninguna excavación de la Edad del Bronce en los últimos cincuenta años han sido más importantes que el naufragio de Uluburun”, pues este aporta “la clave más significativa para comprender la navegación” en ese instante congelado de la prehistoria tardía.
Barras de vidrio
Como todo hundimiento, este reúne objetos muy diversos de un mismo momento, en este caso con una variedad asombrosa, sobre todo para una era tan pretérita.
El pecio de Uluburun representa, en definitiva, una especie de foto panorámica de época de aquellos tiempos remotos.
Lingotes de cobre
Las perspectivas eran tan prometedoras que, tras localizar, marcar y perimetrar el naufragio, Pulak programó su exploración por encima de cualquier otro proyecto del INA en Turquía.
No mucho después, en 1984, llegaba de Estados Unidos George Bass para dirigir en persona la primera temporada de excavación.
Presidente de la entidad y una leyenda viva de la arqueología subacuática desde que recuperara, en 1960, el pecio también turco del cabo Gelidonya, Bass delegó las obras en Pulak, su vicepresidente regional, a partir de 1985.
Partes de las joyas egipcias que se conservan en el museo de Bodrum.
Fueron necesarias un total de 6.613 horas de excavación y 22.413 inmersiones hasta la conclusión de los trabajos en 1994, tanto por la profundidad del pecio como por la delicadeza exigida para su rescate.
Las zambullidas se realizaban en campañas anuales de duración trimestral o cuatrimestral.
Presumiblemente hundido por una tempestad, el barco yacía desnivelado sobre la rocosa pendiente submarina del promontorio. Mientras su popa descansaba a 44 metros, la proa lo hacía a 52, y el cargamento, a 61. En esas condiciones, las bombonas de oxígeno se agotaban en media hora. Se trató de una auténtica labor de hormiga para los buzos. Y muy artesanal, además, para afectar lo menos posible el estado de los restos, dispersos en un área de casi 200 m2.
Mapa que muestra la ruta del estaño desde la minas de Uzbekistán hasta su destino final en las bodegas del barco de Uluburun.
Mapa: Michael Frachetti
Parte del equipo de arqueólogos flotaba sobre el pecio en el Virazon, su centro de operaciones. Era un barco de veinte metros de eslora, veterano de la guerra de Corea, que el INA adecuó como yate de investigación en 1980 hasta la botadura del Virazon II ya en 2016. De la nave descendían las campanas de buceo, y hasta ella ascendía el material aspirado por las mangueras de succión.
Uno de los buzos durante los trabajos de extracción de lingotes del naufragio del Uluburun.
Foto: Cemal Pulak/Universidad A&M (Texas)
La embarcación también ejercía de cordón umbilical con el personal subacuático, con el laboratorio cartográfico desde el que se levantó un plano del yacimiento por triangulación y con el puesto de avanzada para almacenar las cámaras, herramientas, cintas métricas, marcas de referencia metálicas, redes, cuerdas y demás parafernalia.
Entretanto, en la costa se abrió un campamento en el propio cabo de Uluburun. Allí se desplegaba el resto de la plantilla, el grueso del equipamiento y las piezas que se iban recobrando. La base de tierra firme servía de enlace con el Museo de Arqueología Subacuática de Bodrum. Implicada desde el principio en la recuperación del pecio, al encontrarse en aguas turcas bajo su jurisdicción, esta institución, en la ciudad que hace siglos fue la Halicarnaso del famoso mausoleo, tomó el testigo del INA tras el trabajo de campo, finalizado en septiembre de 1994.
La nueva etapa, que llega hasta el presente, se ha caracterizado por los análisis meticulosos de las reliquias, su conservación y su exposición. En esto último destaca la reproducción a escala real de la bodega del carguero, exhibida de forma permanente en el museo desde 2000.
En el ciclo actual han tenido lugar inmensos avances en el conocimiento de la navegación durante la Edad del Bronce y de las conexiones que esta posibilitaba entre civilizaciones menos estancas que lo imaginado hasta ahora. Una investigación determinó en 2022 una procedencia sorprendente para los lingotes de estaño que atesoraba el pecio. Se encontraban a bordo en la proporción exacta (10:1) para alearse con los embarcados de cobre y producir juntos once toneladas del todavía novedoso bronce.
Dos tercios de dicho estaño se habrían llevado desde los montes Tauro, más o menos vecinos del punto del naufragio. Sin embargo, una tercera parte llegó de una mina situada en el oeste de la remota Asia central. Para ello, tuvo que existir una compleja red de transporte terrestre que uniese esa región lejana con la costa mediterránea. Esto en la aún prehistórica Edad del Bronce.
Pero no es la única sorpresa reservada por Uluburun en ese aspecto. De igual modo, el INA contabiliza “lingotes de vidrio, colmillos de elefante sin trabajar, cáscaras de huevos de avestruz y cuentas de fayenza”, o sea, de loza barnizada, en el cargamento. Se trataba de “materias primas de tierras distantes”, enfatiza la institución. El transporte, el itinerario y la financiación de este flete arcaico tan exótico y variopinto no parecen haber sido menos internacionales.
Extrayendo anclas de piedra
El uso de roble y cedro del Líbano en la construcción de la nave, veinticuatro anclas de piedra halladas a bordo, un centenar y medio de pesas diminutas y, por si fuera poco, ramas con espinas para mantener la carga en su sitio, sin que se desplazara, son todos indicios de que el barco estaba hecho, se tripulaba y se estibaba igual que los del Levante mediterráneo antiguo. El litoral sirio-palestino, Chipre o Egipto podrían haber sido, de este modo, el puerto de amarre de esta nave aventurera de apenas quince metros de eslora, quilla primitiva, un único mástil y un solo remo lateral de dirección.
El estaño de la mina de Mušiston, en el Uzbekistán de Asia Central, viajó más de 2.000 millas hasta Haifa, donde el malogrado barco cargó su mercancía antes de estrellarse en las costas orientales de Uluburun, en la actual Turquía. (Mapa proporcionado por Michael Frachetti)
Por otro lado, se estima que el cargamento podría haber sido micénico, a juzgar por la clase mayoritaria de los lingotes, las evidencias cerámicas y algunos efectos personales, pertenecientes a pasajeros o a tripulantes. Con rumbo fijado hacia un destino al oeste de Chipre, el barco quizá se dirigiese a Rodas. Otra hipótesis es que fuese a Micenas, la potencia griega en auge en aquel entonces.
Lingotes del pecio
Acorde con todo ello, los ítems de lujo bien pudieron ser regalos para reyes, aristócratas o ricos mercaderes, o un intercambio entre ellos. En la civilización micénica, se practicaba, de hecho, la xenía. Un aspecto de dicha “hospitalidad” era el canje de favores personales y obsequios costosos para forjar alianzas con magnates del exterior. Materias primas de la carga como los metales, el vidrio o el marfil habrían complementado, ya con carácter comercial, este fundamento diplomático y societario de la época.
La datación resulta otro de los enigmas planteados por el yacimiento. Se baraja que el naufragio pudo ocurrir en torno a 1320 a. C., con un margen de error de quince años. Para determinar esa fecha, se han realizado desde análisis dendrocronológicos y por radiocarbono de madera hallada a bordo hasta cruces de referencias históricas y arqueológicas. Un escarabeo de oro entre los restos, alusivo a la reina egipcia Nefertiti, fallecida hacia 1331 a. C., y alfarería micénica como la encontrada en Mileto tras la devastadora incursión hitita de 1312 a. C. han sido claves para deducir esa fecha.
Imagen de la exposión ‘Agon! La Competición en la Antigua Grecia’.S. DE ROMAN/ GETTY IMAGES
El caso del Museo Británico no es exclusivo, los robos en los museos se han hecho desde dentro y tiene muchos precedentes.
Visitantes en el Museo Britanico
Solo en el siglo pasado ha habido infinidad hurtos de obras del arte y piezas arqueológicas.
La semana pasada se ha conocido el escándalo de uno de los conservadores de las salas de la Antigua Grecia habría desaparecido piezas de la colección de entre el XV a.C. y XIX d.C. El caso todavía está bajo investigación policial, pero los objetos desaparecidos, que no estaban expuestos, sino guardados en los almacenes para ser sometidos a estudio, son de oro, gemas y piedras semipreciosas.
No es un acontecimiento excepcional. En la historia del arte y de los museos se acumulan todo tipo de robos. Uno de los más famosos tuvo lugar en agosto de 1911. París se despertó el 21 de agosto sin saber que La Gioconda había desaparecido debajo de la bata de un truhán y artista italiano llamado Vincenzo Peruggia. El Museo del Louvre tardó varias horas en averiguar que su preciada obra había desaparecido. En un primer momento pensaron que se habían llevado la pieza para labores de limpieza y/o mantenimiento. Pero a las 9.00 horas del día siguiente, el célebre lienzo de Leonardo da Vinci seguía sin estar colgado en la pared.
La Mona Lisa fue robada en el Louvre en 1911
Peruggia conocía muy bien el museo ya que había trabajado de vidriero allí durante varios años. El ladrón, llegó a la sala del cuadro, lo descolgó, se lo guardo debajo de su bata y salió del museo sin llamar la atención de nadie. Este suceso salió en todas las portadas de los periódicos, lo que le dio una fama inesperada a la obra de Da Vinci.
El cuadro estuvo en paradero desconocido (la casa de Peruggia) hasta 1913, cuando el ladrón llamó a dos marchantes para ofrecerles el cuadro. A aquel encuentro se presentó el director de la Galeria de los Uffizi y la policía. Al parecer, Peruggia quería que el lienzo estuviese en Italia, consideraba que la obra debía de estar allí. El ladrón fue arrestado y el cuadro devuelto a su lugar de origen.
Otro robo de arte muy conocido fue El grito de Edward Munch de la Galería Nacional de Oslo. El ladrón, Pal Enger, aprovechó para despistar a la policía durante los Juegos Olímpicos de Invierno de 1994 para poder robar la pieza en apenas 50 segundos.
Se subió a una escalera de madera y por una ventana del museo, cortó el cable que sujetaba la obra. Incluso se permitió poner una nota que decía: Gracias por la falta de seguridad
El grito de Edward Munch.
Enger no quiso hacer este robo por dinero, sino por el reto que le suponía. A los tres meses del hurto, llamó a la policía y pidió un millón de dólares por entregar la obra.
La policía no cedió al chantaje y realizó una operación orquestada junto a Scotland Yard: el famoso lienzo fue recuperado en un hotel, donde Enger pretendía venderla. Al final, acabó detenido.
Pål Enger durante el juicio contra él en 1997 después del robo. (Foto: Tomm W. Christiansen, NTB scanpix)
Sin embargo, este no es el final de la odisea de esta obra. En 2004, dos ladrones entraron armados en la Galería Nacional de Oslo y se llevaron una versión de ElgGrito y una Madonna del pintor noruego. Ambas piezas se recuperaron dos años más tarde, aunque esta versión de El grito estaba en unas condiciones desastrosas debido a la humedad donde se conservaba.
Las obras robadas se mantienen en estas vitrinas en la actualidad
Otro robo fue el Retrato de una Dama de Gustav Klimt en la galería Ricc Oddi de Piacenza en febrero de 1997. Se estaba realizado una exposición sobre el pintor austriaco cuando el cuadro desapareció sin dejar rastro: solo se encontró el marco de la obra. Hubo varias teorías de lo que había sucedido, aunque ninguna concluyente. Incluso un hombre confesó haber sido el ladrón de dicha obra, pero no le creyeron.
En 2019, mientras arreglaban los jardines de las galerías, metida en una bolsa de basura, apareció el Retrato de una dama. Fue como si jamás hubiese salido del museo, se cree que pudo ser parte de un robo frustrado.
Las obras de arte no son las únicas que valen millones y el objetivo principal de los ladrones. Asimismo, también ha habido importantes hurtos en el mundo de la arqueología.
El 25 de diciembre de 1985 se realizó uno de los robos más impresionantes de la historia. Se le llamó el robo del siglo en México y fue en el Museo Nacional de Antropología del país, de donde desaparecieron 140 piezas. Los ladrones fueron dos estudiantes de veterinaria, Carlos Perches Treviño y Ramón Sardina García.
Ambos estudiaron el museo durante seis meses para poder realizar el robo y, cuando estaban preparados, saltaron por la noche la valla del recinto y se colaron por el conducto de ventilación. Una vez dentro, tardaron alrededor de tres horas –entre 1:00 y 4:00 de la mañana- en robar 140 piezas de las salas dedicadas a las civilizaciones maya, oaxaca y mexica.
Al elegir Nochebuena como fecha para el hurto, los guardias de seguridad se encontraban celebrando las fiestas en una salita del museo. Técnicamente, los guardias tenían que vigilar las salas cada cierto tiempo, pero esa noche no lo hicieron y no fue hasta las 8.00 horas de la mañana que se dieron cuenta del robo.
Parte del ajuar funerario de Pakal. La máscara fue restaurada entre 2007 y 2008, por lo que lucía diferente al momento del robo
La policía mexicana llegó a la conclusión de que fue una banda organizada de ladrones que ya habían realizado otros trabajos en otros museos del mundo, es decir, eran unos profesionales. Además, se creía que las piezas ya habían salido del país. Nada más lejos de la realidad. Cuatro años después, Perches y Sardina intentaron vender las piezas robadas y fue ahí cuando les detuvieron. Las reliquias nunca salieron de su domicilio.
Sin alejarse de Latinoamérica, también hubo un robo muy llamativo en 1981 en el Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia de Perú. Tres ladrones lograron robar 34 piezas de oro, plata y bronce, provenientes de las culturas prehispanicas, entre ellas uno de los tres Tumi de Oro o Cuchillos de Íllimo. Los ladrones también se llevaron vasos ceremoniales de oro y plata, pectorales, keros, collares, orejeras, sonajas, entre otras cosas de valor.
Rápidamente la policía comenzó a investigar el caso y llegaron a la conclusión de que el trío de delincuentes recibió información desde dentro del museo o que habían trabajado allí, ya que conocían demasiado las instalaciones y zonas del museo.
La Sala de Oro, la atracción del museo, fue prácticamente saqueada y destruida. Según contaron los testigos, los ladrones entraron armados y encapuchados por la parte posterior del edificio y redujeron a los tres guardias de seguridad del museo.
Fueron directos a la bóveda e intentaron abrirla con la clave, pero no pudieron. Sin embargo, se las ingeniaron y lograron ingresar por otras vías. Tenían las bolsas tan llenas (según una autoridad pesaban 6,9 kilos) que, al intentar correr, dejaron tiradas en el suelo vasos, sonajas, un pectoral de plata y tres orejeras de oro.
La Policía Nacional del Perú estuvo investigando durante cinco meses el caso y pudo identificar a los tres ladrones: Manuel Valdivia Heredia, un obrero de carpintería metálica, Eduardo Rocca Vásquez y Fernando Solano López. Valdivia fue el autor intelectual del robo, ya que realizó algunos trabajos en el museo y por eso sabía las riquezas que guardaban.
Sin embargo, no pudieron recuperar ninguna de las piezas de forma completa. Los ladrones se dedicaron a golpearlas con un cincel para repartirse el botín a partes iguales y mucho del oro ya lo habían fundido y vendido cuando les detuvieron.