La inteligencia artificial detecta sitios arqueológicos en el desierto

En el desierto de Rub al-Jali, conocido como «El Cuarto Vacío» en la península arábiga, yacimiento de 650,000 kilómetros cuadrados, yacían enterrados secretos que habían escapado al ojo humano por siglos. Sin embargo, la inteligencia artificial ha comenzado a desvelar lo que el desierto ha escondido durante milenios. Un grupo de investigadores de la Universidad Khalifa en Abu Dabi ha desarrollado un método innovador que emplea tecnología de punta para localizar sitios arqueológicos ocultos bajo las arenas del desierto. Esta combinación de inteligencia artificial (IA) y radares de apertura sintética (SAR) ha abierto una nueva era en la arqueología, permitiendo a los investigadores detectar vestigios bajo la superficie del desierto y ofreciendo la posibilidad de reescribir la historia de las civilizaciones antiguas.

Tradicionalmente, la arqueología ha dependido de métodos laboriosos como las excavaciones y las inspecciones visuales del terreno, lo que en vastas y remotas áreas desérticas, como Rub al-Jali, representa un desafío monumental. Aunque en las últimas décadas se ha comenzado a usar la teledetección mediante imágenes satelitales ópticas, en regiones desérticas estos métodos son menos efectivos debido a las tormentas de arena y los patrones de las dunas que distorsionan las imágenes. Aquí es donde la IA ha logrado marcar una diferencia crucial.

El equipo de la Universidad Khalifa, liderado por la científica atmosférica Diana Francis, decidió utilizar la tecnología SAR, que emplea ondas de radio para penetrar las capas superficiales de la tierra, la arena y el hielo. La combinación de esta tecnología con un algoritmo de aprendizaje automático permite a los investigadores detectar objetos y estructuras bajo la superficie con una precisión sin precedentes. Para entrenar su algoritmo, el equipo usó datos del sitio arqueológico Saruq Al-Hadid, ubicado en las afueras de Dubái, donde se han encontrado evidencias de una actividad humana que se remonta a más de 5,000 años.

Una vez entrenado el algoritmo, este pudo identificar áreas cercanas a Saruq Al-Hadid que aún no habían sido excavadas. De manera impresionante, el sistema es capaz de generar modelos tridimensionales de las estructuras enterradas, lo que proporciona a los arqueólogos una visión detallada de lo que podrían encontrar bajo las arenas del desierto.

El uso de imágenes SAR no es nuevo, pero su aplicación en la arqueología ha sido limitada debido a su complejidad y costo. Sin embargo, el éxito del equipo de la Universidad Khalifa ha demostrado que esta tecnología puede revolucionar la búsqueda de sitios arqueológicos, especialmente en zonas desérticas donde otros métodos de teledetección han fracasado.

Además, la precisión del algoritmo, que puede localizar estructuras enterradas con una desviación de apenas 50 centímetros, ha entusiasmado a la comunidad arqueológica. El próximo paso será la validación en el terreno, cuando comience la excavación en las áreas identificadas por la IA en Saruq Al-Hadid.

Si los resultados son tan prometedores como se espera, este enfoque podría aplicarse en otros desiertos del mundo, desde Arabia Saudita hasta Egipto y el norte de África.

No obstante, el uso de la IA en la arqueología no está exento de controversias. Algunos arqueólogos creen que las herramientas tecnológicas pueden ayudar a identificar y monitorear sitios arqueológicos, pero sostienen que no deben reemplazar el ojo experto del arqueólogo en el campo.

Hugh Thomas, profesor de arqueología en la Universidad de Sídney, advierte sobre la posibilidad de una excesiva dependencia en la tecnología. Según él, la tecnología debe utilizarse para identificar áreas con baja probabilidad de contener restos arqueológicos, permitiendo a los arqueólogos centrarse en las zonas más prometedoras.

El éxito del equipo de la Universidad Khalifa ha sido un hito en el uso de la inteligencia artificial para descubrir el pasado.

A medida que los arqueólogos comiencen a excavar las áreas identificadas, la verdadera capacidad de este enfoque tecnológico será puesta a prueba. Si los hallazgos son consistentes con las predicciones del algoritmo, la arqueología podría estar al borde de una revolución tecnológica, donde la IA juega un papel crucial en la identificación y excavación de sitios históricos enterrados bajo los desiertos del mundo.

A pesar de los desafíos que aún existen, como el costo y la alta demanda computacional del uso de imágenes SAR, los resultados preliminares son prometedores.

A medida que se perfeccionan los algoritmos y la tecnología se vuelve más accesible, es posible que pronto veamos el uso de esta técnica no solo en el Medio Oriente, sino en otras partes del mundo donde el clima y la geografía han dificultado las exploraciones arqueológicas.

La inteligencia artificial podría convertirse en una herramienta esencial para desenterrar los secretos de civilizaciones antiguas que hasta ahora han permanecido ocultos bajo la superficie.

Atila, azote de Dios

Atila es un líder huno que vive en el siglo V d.C. El caudillo más famoso de los hunos, pueblo nómada que vive en las estepas de Asia Central y que aterroriza a gran parte de Europa durante la época de las invasiones bárbaras.

Lidera varias campañas militares y conquista gran parte de Europa Oriental y Central, incluyendo los territorios de los ostrogodos, visigodos y romanos.

Se le atribuyen muchas atrocidades, lo que lleva a que fuera conocido como Azote de Dios o Flagelo de Dios. Es objeto de muchas leyendas y mitos, y se le otorga gran influencia en la caída del Imperio Romano de Occidente.

A pesar de su fama como líder militar, la historia de Atila es controvertida y su verdadero legado sigue siendo objeto de debate entre los historiadores. Conquista gran número de territorios durante su reinado en el siglo V d.C.

Lidera varias campañas militares y conquista gran parte de Europa Oriental y Central, incluyendo los territorios de los ostrogodos, visigodos y romanos.

Hungría y gran parte de Europa Oriental El territorio de los ostrogodos en Ucrania El territorio de los visigodos en España Gran parte de los Balcanes, incluyendo Serbia, Rumania y Bulgaria El norte de Italia, incluyendo la ciudad de Milán Los hunos son conocidos por su ferocidad y sus incursiones violentas en los territorios conquistados, por lo que su imperio no dura mucho después de su muerte.

Su legado es objeto de muchas leyendas y mitos, y su figura sigue siendo una de las más destacadas de la época de las invasiones bárbaras en Europa. Su muerte es objeto de leyendas.

Muere en el año 453 d.C. en su noche de bodas con una joven llamada Ildikó, en su palacio en los Cárpatos. Se dice que después de beber en exceso, Atila sufre una hemorragia nasal y muere mientras duerme.

A pesar de su fama como líder militar y su legado como uno de los caudillos más feroces de la época de las invasiones bárbaras, Atila también es considerado un líder político y estratega.

La pieza de arte confundida con basura

Dos latas diseñadas y pintadas por el artista francés Alexandre Lavet se encontraban expuestas en el Museo LAM. Un técnico de ascensores pensó que era basura tirada por los visitantes.

Los protagonistas de esta historia son un técnico de ascensores, el Museo LAM de la población de Lisse, en los Países Bajos, y una pieza de arte de Alexandre Lavet conocida como Todos los buenos momentos que pasamos juntos. Al ver una fotografía de esta obra podemos llegar a comprender el origen de la confusión: por profundo que sea su significado (y lo es), visualmente se trata de una representación de dos latas de cerveza belga de la marca Jupiler, vacías y estrujadas. 

El accidente en seguida tomó relevancia en los medios internacionales, que explicaron la anécdota de cómo un técnico que sustituía puntualmente a un empleado permanente de las exposiciones pensó que algún visitante había dejado basura en la galería, y sin fijarse demasiado la recogió de su ubicación y la metió en una bolsa. 

Sin embargo, al examinar las latas más de cerca, nos daríamos cuenta de que están pintadas a mano con acrílicos de la cabeza a los pies, replicadas minuciosamente del diseño de las originales pero hecha con materiales distintos, un trabajo manual que requiere de tiempo. 

Pero el museo no culpa al empleado por esta equivocación, y es que cabe decir que la obra de arte, estaba colocada en un lugar todavía más insólito: el hueco de cristal del ascensor del museo. Después de que la noticia se hiciera viral, la propia directora del Museo LAM, Sietske van Zanten, comentó que distribuyeron las piezas de arte moderno en todo tipo de expositores más allá de las habituales vitrinas o pedestales para mandar el mensaje de que el arte también se encuentra en las cosas cotidianas, y en todas partes.  

Esta historia tiene un final feliz. La curadora de la exposición pronto se dio cuenta de la ausencia de las latas e inició una búsqueda que logró dar con la obra antes de que las bolsas de basura salieran del museo. Ya vuelven a encontrarse expuestas sin daños, pero ahora ocupan un nuevo lugar donde se reconoce más fácilmente su categoría artística, para evitar cualquier otro malentendido. 

Alexandre Lavet, un artista conceptual y minimalista de origen francés, creó Todos los buenos momentos que pasamos juntos en 1988 para conmemorar, mediante una obra de arte contemporáneo, los momentos de conexión con nuestros seres queridos, aquellos que a menudo parecen demasiado efímeros pero que constituyen los recuerdos más preciados de nuestra vida. Las latas simbolizan uno de estos instantes, el de sentarse a tomar unas copas con amigos o familia, y disfrutar de una agradable conversación. 

En 2019, una obra del artista italiano Maurizio Cattelan titulada Comediante se exponía en Seúl, Corea del Sur, cuando fue comida por un visitante del museo. ¿El motivo? La obra era un plátano que había sido pegado a la pared con cinta adhesiva. 

En 2022, la obra de Oriol Vilanova titulada Old Masters una chaqueta colgada de las paredes del Museo Picasso de París, fue robada accidentalmente por una costurera jubilada que pensó que había encontrado una pieza de ropa abandonada. 

National Geographic

El atelier de Rubens en el Prado

La exposición, que permanecerá en la sala 16 B del edificio Villanueva hasta el 16 de febrero y cuenta con la colaboración de la Comunidad de Madrid, está compuesta por más de 30 obras que incluyen pinturas realizadas por el maestro, otras pintadas por sus ayudantes y otras, resultado en diferentes grados de la colaboración entre estos y aquel. 

El objetivo de esta exposición es mostrar, a través de uno de los pintores más prolíficos y exitosos de la Edad Moderna: Pedro Pablo Rubens, cómo los pintores europeos trabajaban en talleres y se valían de múltiples colaboradores.

Junto a estas pinturas se ha instalado una escenificación del taller del pintor, que incluye todas las herramientas necesarias para su trabajo, así como algunos elementos que evocan a la persona de Rubens, como una capa y un sombrero inspirados en retratos suyos, todo ello impregnado del olor de la trementina, uno de los más presentes en los antiguos talleres.

El Museo Nacional del Prado instala “El taller de Rubens” junto a la Galería Central
Andrés Úbeda, Director Adjunto de Conservación e Investigación del Museo Nacional del Prado; Miguel Falomir, Director del Museo Nacional del Prado; Alejandro Vergara, Comisario de la exposición; Gonzalo Cabrera, Director General de Cultura e Industrias Creativas de la Comunidad de Madrid, y Marina Chinchilla, Directora Adjunta de Administración del Museo Nacional del Prado, durante la presentación de la exposición “El taller de Rubens”. Foto © Museo Nacional del Prado

Los pintores europeos de la Edad Moderna trabajaban en talleres (en castellano se denominaban “obradores”) y se valían de múltiples colaboradores. Esta exposición, comisariada por Alejandro Vergara, jefe de Conservación del Área de Pintura flamenca y escuelas del norte, se centra en uno de los más prolíficos y exitosos, el de Pedro Pablo Rubens (1577-1640). 

En la exposición se incluyen cuadros realizados por el maestro, otros pintados por sus ayudantes y algunos otros resultantes de la colaboración en diversos grados entre estos y aquel.

La posibilidad de ver juntos estos cuadros ayuda al visitante a discernir sus diferentes niveles de calidad. Aunque todos los cuadros que salían del taller de Rubens eran productos de su marca, sus contemporáneos, y él mismo, valoraban más los originales pintados enteramente por el maestro que los de taller.

Para sumergir al espectador en el taller donde Rubens pintó sus cuadros, un cortinaje abre el acceso a la sala 16 B en la que, junto a las pinturas que forman la exposición, se han reunido utensilios, materiales, muebles y otros objetos característicos del oficio de pintor —pinceles, paletas, telas, tablas, caballetes, tientos…— así como algunos elementos que evocan a la persona de Rubens, una capa y un sombrero, realizado por la sombrerera Ana Lamata, inspirados en retratos suyos.

Para reforzar el discurso expositivo y profundizar en la forma de trabajar de Rubens y el uso que hizo de la labor de sus colaboradores de taller, en la sala de la exposición se incluye también un video que muestra la recreación del proceso de creación la obra Mercurio y Argos con materiales y técnicas históricas por el pintor Jacobo Alcalde Gibert.

En el video se explica cómo pintaba Rubens y cómo se valía de sus ayudantes de taller. 

Mercurio y Argos del Prado

Además, con motivo de esta exposición se ha publicado el libro “El taller de Rubens”, que incluye textos que explican cómo los cuadros de la época se pintaban en fases, por superposición de distintas capas, de modo que cada una de ellas determinaba el efecto que producía la siguiente.

Este sistema permitía dividir el trabajo, pues un artista podía pintar algunas capas y después ser reemplazado por otro. 

RDF

El tesoro de la princesa egipcia Khnumet

En 1895, el egiptólogo francés Jacques Morgan localizó en la necrópolis egipcia de Dashur dos tumbas intactas del Reino Medio, pertenecientes a dos princesas que fueron hijas del faraón Amenemhat II, repletas de magníficas joyas.

Collar con cabeza de halcon encontrado n la tumba de Khnumet

Uno personajes fascinantes de la arqueología del siglo XIX fue, el francés Jacques de Morgan. Ingeniero de minas, viajero incansable y amante de las tradiciones exóticas, pasó su vida excavando en rincones inhóspitos de Armenia, Egipto y Persia.

Jaques de Morgn 1881

Su entusiasmo y vasta experiencia en el campo arqueológico le valieron en el año 1892 su nombramiento como director del Servicio de Antigüedades de Egipto. Entre 1894 y 1895, su olfato e intuición le condujeron a excavar un yacimiento situado a unos diez kilómetros al sur  Saqqara.

Detalle de un collar de la princesa Khnumet elaborado con conchas y estrellas de mar.

Ron Parsons (CC BY-SA 2.0)

Dahshur era conocido por albergar tres pirámides de la dinastía XII del Reino Medio (hacia 2000-1800 a.C.), pero su cementerio, repleto de tumbas, aún no había sido excavado de forma sistemática y rigurosa. 

Detalle de un collar perteneciente a la princesa Khnumet, encontrado en el interior de su tumba. Hans Ollermann (CC BY-SA 2.0)

En Dashur, De Morgan encontró un complejo muy arruinado, con poco más de unos restos dispersos de la pirámide del faraón Amenemhat II. Conocida como pirámide Blanca, debido a su recubrimiento de piedra caliza, de ella sólo se conserva actualmente una parte del pasillo de acceso, las estancias subterráneas y algunos vestigios del templo funerario. 

De Morgan y su equipo tuvieron que emplearse a fondo para despejar los cascotes que cubrían la mayor parte del área. El 12 de febrero de 1895 los arqueólogos encontraron, junto al muro occidental de la pirámide, una vasta cavidad rectangular cuyos bordes habían sido tallados en la piedra arenisca. Cuando retiraron las gruesas capas de escombros que la llenaban se abrió ante sus ojos una especie de corredor angosto del que enseguida pensaron que conducía a alguna tumba o cámara escondida bajo la pirámide.

En su descenso por el corredor hallaron, a seis metros de profundidad, unos bloques de piedra caliza. Más allá, el corredor aparecía taponado por un tabique de mampostería. Justo en ese punto divisaron dos grandes losas apoyadas en las paredes laterales y al retirarlas descubrieron dos tumbas reales intactas. Pronto averiguaron que pertenecían a dos princesas del Reino Medio: Ita y Khnumet, hijas de Amenemhat II.

Aunque estaban situadas a diferentes niveles, las dos tumbas tenían las mismas características. Ambas constaban de una cámara con un sarcófago de arenisca, en el cual se guardaba un ataúd de madera con textos funerariosen los que se indicaba la identidad de la difunta. Las dos momias se encontraban en muy mal estado de conservación, aunque entre sus vendas pudieron recuperarse diversos collares y brazaletes.

En un anexo de cada tumba se hallaron restos del preceptivo banquete funerario y los ajuares de las princesas. En el de la princesa Ita destacaba una elegante daga ceremonial, cuyo pomo tenía forma de luna creciente mientras que el mango estaba hecho de oro con incrustaciones de cornalina, lapislázuli y amazonita, y fijado a la hoja de bronce con tres pequeños clavos de oro. 

Aunque, sin duda, fue la tumba de Khnumet la que arrojó los hallazgos más espectaculares. Se descubrió un sarcófago que contenía un ataúd de madera, ambos con las mismas características y dimensiones que los de Ita. La momia de su interior, al igual que la de Ita, estaba cubierta de restos de betún y yeso. Junto a ella apareció un gran número de joyas de magnífica factura. Lo primero que vio De Morgan fue una máscara funeraria dorada, con dibujos azules y dorados y los ojos plateados. Al igual que Ita, la cabeza de Khnumet se apoyaba sobre un reposacabezas. 

También se hallaron dos elegantes coronas a modo de guirnaldas de flores, hechas de oro y decoradas con pasta vítrea, cornalina, turquesa y lapislázuli. La momia lucía igualmente un ancho collar formado por signos jeroglíficos de oro, cornalina, lapislázuli, turquesa y pasta vítrea, con los extremos decorados con una cabeza de halcón, animal que representa tanto al dios Horus como al faraón. 

Destacan asimismo tres brazaletes de cuentas de oro que se completan con elaborados remaches. Estas pulseras no eran meros objetos decorativos, sino que se podían «leer», pues los cierres tenían forma de signos jeroglíficos y formaban un mensaje de buen auspicio. Así, en uno de ellos podemos leer: «¡Toda protección y vida!». 

El ajuar funerario se encontró en una cámara anexa a la del sarcófago, y mostraba una gran riqueza: restos de alimentos, jarrones de cerámica, un cofre sellado con pequeños frascos de perfume en su interior, un incensario de bronce… y un cofre con los vasos canopos (recipientes que contenían las vísceras momificadas del difunto), que ocupaba casi todo el fondo de la habitación.

Pero no fue hasta después de haber apartado unos jarrones cuando Jacques De Morgan se sorprendió al encontrar una caja con perfumes colocada sobre una pila de joyas, collares, coronas y brazaletes de oro, que yacían en desorden en medio de los escombros. No es exagerado afirmar que De Morgan sacó a la luz en Dahshur uno de los mejores ejemplos del alto grado de refinamiento y perfección que alcanzó la orfebrería en Egipto a finales del Reino Medio. 

National Geographic

Hallado en Hungría un tesoro de 2.700 años

Un equipo internacional de arqueólogos ha descubierto, en un yacimiento de la Edad del Hierro situado en el norte de Hungría, un conjunto de objetos de hierro y bronce con signos de destrucción. Las excavaciones, que comenzaron en 2020, han aportado, además de una gran cantidad de materiales arqueológicos, valiosa información sobre este período.

Dédestapolcsány-Verebce es un asentamiento de la Edad del Hierro situado en la cima de la montaña Verebce-bérc, en el norte de Hungría. Este poblado prosperó en una región que fue encrucijada de varias culturas importantes. Sin embargo, las evidencias arqueológicas sugieren que, hacia el siglo VII a.C., el asentamiento encontró su final tras un brutal ataque de los pueblos escitas procedentes de la estepa póntica (que abarca territorios de la actual Ucrania y el sur de Rusia).

Según los arqueólogos del Instituto de Arqueología de la Universidad Eötvös Loránd (ELTE BTK), una de las principales pruebas de la destrucción que sufrió este antiguo poblado la podemos encontrar en los cientos de puntas de flecha de bronce de procedencia escita esparcidas por el asentamiento, así como en la capa de edificios carbonizados y objetos de bronce fundidos que se han documentado, lo que sugiere que el asentamiento fue incendiado durante el ataque.

La investigación, que ya lleva seis años en curso y ha completado tres temporadas de excavaciones, ha revelado detalles fascinantes sobre la vida y la destrucción de esta comunidad prehistórica. El equipo de arqueólogos, dirigido por especialistas de ELTE BTK, en el que participan estudiantes y voluntarios locales, también ha descubierto en el yacimiento más de 60 objetos de bronce y hierro, entre ellos joyas muy elaboradas y componentes de arneses para caballos.

En opinión de los investigadores, estos objetos habrían sido enterrados durante el ataque en un intento desesperado por parte de los habitantes del asentamiento por esconder sus objetos de valor. Dicen los arqueólogos:

La conexión de estos objetos con las culturas del sureste europeo, en particular de los Balcanes, es significativa. Estos hallazgos revelan las extensas redes comerciales e interacciones culturales que vincularon a Dédestapolcsány-Verebce con comunidades distantes durante la Edad del Hierro.

El descubrimiento de más de 600 objetos de hierro, bronce y oro, entre los que se han documentado herramientas, dagas, hoces y una gran cantidad de laminillas de hierro, hace pensar a los investigadores que Dédestapolcsány-Verebce desempeñó un papel esencial en la producción y el procesamiento de este mineral durante el período.

Varios de los objetos que componen este tesoro fueron elaborados por pueblos del sudeste de Europa, en particular procedentes de la región de los Balcanes, y ofrecen nuevos datos sobre el comercio y las relaciones culturales que se establecieron en aquella lejana época, así como sobre el conflicto que finalmente conduciría a la destrucción del asentamiento. 

Este interesante proyecto ha atraído a arqueólogos especialistas en diversos campos, entre ellos al berlinés Bernhard Heeb, cuya experiencia en metalurgia prehistórica ha resultado fundamental para analizar los objetos de metal, o a Martin Golec, de la Universidad de Olomouc, cuyos vastos conocimientos sobre las sociedades prehistóricas han contribuido de un modo determinante al desarrollo de la investigación.

National Geografic

¿Era Kennedy un donut?

Ich bin ein Berliner es uno de los discursos más famosos del presidente estadounidense John F. Kennedy.

Lo pronunció el 26 de junio de 1963 en Berlín Occidental, casi dos años después de la construcción del Muro de Berlín.

El objetivo de Kennedy era mostrar el apoyo de Estados Unidos a los ciudadanos de Berlín Occidental, quienes vivían aislados en medio del bloque soviético.

En su discurso, Kennedy dijo Ich bin ein Berliner (yo soy un berlinés), una frase que quería ser un símbolo de solidaridad con los habitantes de Berlín, destacando que el sufrimiento de la ciudad bajo la presión del bloque soviético era también una preocupación de todo el mundo libre.

Una popular anécdota afirma que Kennedy pronunció mal la frase, de modo que “Berliner” podía entenderse como un popular bollo alemán parecido a un donut y relleno de mermelada, y que por lo tanto los berlineses habrían entendido que decía “yo soy un donut”, provocando las risas de la audiencia.

Esta idea proviene en realidad de un malentendido.

Es cierto que ese popular bollo es conocido como berliner (“berlinés”) en muchas partes de Alemania, pero precisamente en Berlín era llamado pfannkuchen.

Así pues, los berlineses seguramente entendieron a la perfección lo que Kennedy quería decir. Aun así, los caricaturistas aprovecharon el juego de palabras para sus tiras cómicas, popularizando esta anécdota.

National Geographic

¿Escapo Hitler a Argentina?

«¿Qué pasó realmente en el búnker de Berlín en abril de 1945, antes de que el Führer desapareciera para siempre de escena sin dejar rastro? ¿Es posible que se haya escapado y que la historia de su suicidio haya sido una gran representación teatral?». Con estas dos preguntas comenzaba el libro de Abel Basti, « El exilio de Hitler » (Absalón), en el que este periodista argentino defendía que el líder nazi no se había pegado un tiro, sino que había huido a España antes de marcharse con Eva Braun a Argentina.

Basti era ya autor de varios ensayos previos sobre la presencia en su país de alemanes prófugos tras la Segunda Guerra Mundial . Aseguraba haber encontrado y entrevistado a testigos que estuvieron con Hitler en Argentina e, incluso, aportaba documentos de los servicios de inteligencia que coincidían con estos testimonios. «Existen documentos del servicio secreto alemán, que da cuenta de que llegó a Barcelona, procedente de un vuelo de Austria; del FBI, que indica que “el Ejército de los Estados Unidos está gastando la mayor parte de sus esfuerzos en localizar a Hitler en España”, y un tercero del servicio secreto inglés, que habla de un convoy de submarinos con los jerarcas nazi y oro saliendo con rumbo a Argentina, haciendo una escala en las islas Canarias», contaba el autor a ABC en 2010 .

En uno de los documentos aportados por el libro Hitler aparecía como uno de los pasajeros evacuados en un avión procedente de Austria, con destino a la Ciudad Condal, el 27 de abril de 1945. «Se trataba de una comunicación oficial secreta con copias al piloto Werner Baumbach, el cual emigró a Argentina y trajo consigo su copia», explicaba. ¿Y qué hizo Hitler para que no le reconocieran? «Se cortó el pelo, al ras, casi pelado. Y se afeitó el bigote. Con esto fue suficiente como para pasar desapercibido. Además, claro está, no se movía abiertamente en público. El corte de su bigote dejó al descubierto una cicatriz que tenía sobre el labio superior que no era conocida por la gente común», añadía Basti, quien asegura que «nunca hubo pruebas de su muerte ni pericias criminalísticas que demuestren el suicidio».

La polémica teoría de este periodista argentino —que ha escrito otros libros sobre el tema como «Tras los pasos de Hitler» (2014), «Los secretos de Hitler» (2016), «Hitler en Colombia» (2018) o «La segunda vida de Hitler» (2019), todos en Planeta— desmiente el relato oficial defendido por la práctica totalidad de los historiadores más prestigiosos del mundo desde 1945. Según este, el líder nazi se pegó un tiro en la cabeza después de darle una cápsula de cianuro a su mujer, Eva Braun.

El líder nazi había regresado por última vez a Berlín el 15 de enero de 1945 y pronunciado sus últimas palabras a sus soldados alemanes, por radio, el día 30. En esa alocución se percibía que ya no era capaz de levantar la moral a nadie. Es más, en sus últimos días de vida, culpaba de todos los errores de la guerra a sus subordinados, nunca a él. «¡Usted no supo valorar la situación ante Moscú durante el invierno de 1941 […], y tampoco sabe usted interpretar correctamente esta situación!», le increpó a Heinz Guderian, uno de los generales más efectivos y racionales del frente del Este. Y tampoco tuvo piedad con sus tropas, apabulladas ante el empuje enemigo: «¡Mis divisiones de las SS se han olvidado de combatir! ¡Se han convertido en unos cobardes!».

A finales de febrero los soviéticos estaban ya a 80 kilómetros de Berlín y Hitler decidió esconderse en el famoso búnker. La guerra estaba perdida y no albergaba ninguna esperanza. El 29 de abril tenía ya noticias de la ejecución de Mussolini, que había sido colgado ese mismo día boca abajo junto a su amante Clara Petacci en una gasolinera de Milán. A medianoche, el Führer contrajo matrimonio con Braun en la sala de mapas del búnker y ambos se retiraron a sus habitaciones para celebrar una fiesta. Su secretaria Traudl Junge se quedó mecanografiando su testamento y, poco después, ambos aparecieron muertos.

Con la entrada en el búnker por parte de los soviéticos, estaba claro que la guerra había terminado. Pero, ¿dónde estaba el cadáver del Führer? El 25 de septiembre, este periódico ya se hacía una pregunta parecida con el siguiente titular: «¿Hitler, incinerado?» . En la noticia informaba: «Un fuente alemana ha comunicado que un amigo personal de Martin Bormann [secretario privado de Hitler] se hallaba en la cancillería berlinesa en el momento de inspeccionar la incineración de los cadáveres de Hitler y Eva Braun. Cuando Bormann fue visto por última vez por su amigo, llevaba consigo el testamento del Führer».

Este testamento fue publicado por ABC , como «una prueba decisiva de la muerte de Hitler», el 30 de diciembre de 1945. En este, según la transcripción de este diario, el líder nazi realizaba los siguientes comentarios, además de informar sobre la destitución de varios colaboradores y nombrar al nuevo Gobierno con Karl Doenitz a la cabeza: «Aparte de su deslealtad hacia mí, Göring y Himmler han arrojado una vergüenza irreparable sobre el pueblo y la nación alemanes al negociar secretamente con el enemigo, sin mi consentimiento y en contra de mi voluntad, así como por haber intentado ilegalmente obtener el poder»; «aunque muchos de los miembros del nuevo Gobierno, junto a sus esposas, me han manifestado su deseo de no abandonar la capital del Reich y permanecer junto a mí hasta la muerte, no he tenido más remedio que pedirles que obedezcan mi orden»; «confío en que sean conscientes de que nuestra tarea, el establecimiento de un Estado nacionalsocialista, representa el trabajo de los siglos futuros», y «pido al pueblo que mantenga las leyes raciales hasta el límite y que resista sin piedad al envenenador de todas las naciones: el judaísmo internacional».

En septiembre de 1945, Stalin también acusaba públicamente a Gran Bretaña de mantener escondidos a Hitler y su esposa. Y los británicos, furiosos, enviaban al historiador Hugh Trevor-Roper para esclarecer este asunto. Entre los aliados occidentales surgieron las mismas dudas. En agosto de 1945, el senador Theodore Bilbo sugirió ofrecer un millón de dólares para «quien capturara con vida a Hitler». El FBI investigó el rumor de que el líder nazi y su mujer, junto a otros 13 jerarcas del Tercer Reich, habían llegado a Barcelona por avión el 27 de abril de ese año, continuando después su camino hacia Argentina. Sin embargo, las investigaciones sobre el terreno de Trevor-Roper y otras indagaciones persuadieron a los Gobiernos occidentales de la muerte de su archienemigo, según cuenta el historiador bilbaíno Juanjo Sánchez Arreseigor, en su libro «¡Caos histórico! Mitos, engaños y falacias» (Actas, 2019).

Durante la década de los 60, abundaron otras especulaciones sobre el paradero de Hitler. La revista «Polize Gazette», por ejemplo, aseguró que vivió escondido en una base ultrasecreta de la Antártida. Otras teorías sugirieron que había huido de Alemania en un submarino nazi y que logró llegar a Argentina, donde había sido acogido por el dictador Juan Domingo Perón. Se defendió, incluso, que se su destino había sido el Matto Grosso, en Brasil, ayudado por el Vaticano, y que murió en 1984.

A día de hoy, cada cierto tiempo aparecen nuevas informaciones. Hace dos años, Basti declaró de nuevo que el líder nazi había estado en Colombia. «Tengo un documento de la CIA que dice que estuvo allí en 1954, además de una foto de la CIA en la que aparece Hitler en la localidad de Tunja reunido con otro nazi llamado Phillipe Citroën. Además, durante mi estancia en Colombia he entrevistado a personas que aseguran que él estuvo en ese país y otros», declaró a EFE en Bogotá .

Una de esos testimonios, del que también se hicieron eco algunos medios de comunicación, era el de una anciana que aseguraba que había trabajado para Hitler y su mujer en 1956 , en una residencia en Villa La Angostura, en Argentina. Otro era el de Eloísa Luján, una de las «catadoras» de la comida que se le servía al líder nazi para asegurar que esta no estaba envenenada; o el de Ángela Soriani, la sobrina de la cocinera del Führer, Carmen Torrentegui, durante su estancia en una finca al sur de Argentina.

En 2014, tras la publicación de otro de sus libros, el periodista argentino seguía defendiendo que Hitler «no vivió enclaustrado», sino que se trasladaba con total libertad por Argentina y otros países como Brasil, Colombia y Paraguay. Según Basti, las principales agencias de inteligencia del mundo, como la CIA y el MI6 británico, contaban con informes y fotografías que confirmaban la presencia de este en Sudamérica después de 1945. Y hasta detallaba que, durante los dos primeros mandatos del expresidente argentino Juan Domingo Perón (1946-1955), este vivió en la hacienda San Ramón, a unos 15 kilómetros de Bariloche, bajo el seudónimo de Kurt Bruno Kirchner. La teoría fue también sugerida por Gerrard Williams y Simon Dunstan en su libro « Grey Wolf: The Escape Of Adolf » (Lobo Gris: la huída de Adolf), publicado por la editorial Sterling en 2011. Estos dos autores británicos aseguraron que el genocida había muerto en Argentino a los 73 años, en 1962.

En 2017 se difundió también un supuesto documento de la CIA de octubre de 1955 , en el que uno de sus agentes en Sudamérica, que firmaba bajo el nombre de Cimelodoy-3, informaba a sus superiores de la posible presencia de Hitler en Colombia. El secreto le había sido confiado por un ex soldado de las SS llamado Phillip Citroen, quien le había mostrado una imagen de un hombre vestido de traje con el característico bigote del Führer, sentado junto a un Citroen. En el epígrafe se leía: «Adolf Schrittelmayor, Tunja, Colombia, América del Sur, 1954».

El año pasado, sin embargo, se publicó un estudio realizado por un equipo de investigadores franceses, publicado en la revista « European Journal of Internal Medicine », en el que se concluía que Hitler murió como consecuencia de una bala y de ingerir cianuro al final de la Segunda Guerra Mundial. Para su investigación tuvieron acceso a varios fragmentos de los dientes del dictador celosamente guardados en Moscú. «Los dientes son auténticos. No hay duda posible. Nuestro estudio prueba que murió en 1945. Ahora podemos poner freno a todas las teorías de la conspiración sobre Hitler. No huyó a Argentina en un submarino, no está en una base oculta en la Antártida ni en el lado oscuro de la Luna», aseguraba Philippe Charlier, coautor de la investigación, a la agencia AFP.

«El Gobierno de Israel y los cazadores de nazis como Simon Wiesenthal nunca tuvieron dudas sobre la muerte de Hitler en Berlín. Buscaron sin descanso a otros nazis fugitivos o desaparecidos, como Martin Bormann, pero a Hitler no lo buscaron jamás», subraya Arreseigor en su libro.

https://www.abc.es/historia/abci-teorias-hitler-no-suicido-huyo-barcelona-y-murio-argentina-73-anos-201911150151_noticia.html?ref=https%3A%2F%2Fwww.abc.es%2Fhistoria%2Fabci-teorias-hitler-no-suicido-huyo-barcelona-y-murio-argentina-73-anos-201911150151_noticia.html

Colon, judio sefardi segun su ADN

El documental, Colon ADN, su verdadero origen, emitido este sábado por RTVE, avala la teoría del origen judío sefardi español, y no genovés ni italiano, y situa su nacimiento en el territorio del arco mediterráneo o Baleares que pertenecían a la corona hispana de Aragón.

El forense Jose Antonio Lorente con los restos de Colon

Según el forense José Antonio Lorente, tanto en el cromosoma ‘Y’ como en el mitocondrial de Hernando (hijo de Colón), hay rasgos compatibles con origen judío:

El ADN indica que Cristóbal Colón tuvo un origen mediterráneo en el Mediterráneo occidental y que si en Génova no había judíos en el siglo XV, las probabilidades de que sea de ahí son mínimas.

Tampoco había una gran presencia judía en el resto de la Península Itálica, con lo cual lo dejaríamos muy tenue. No existen teorías sólidas ni indicios claros de que Cristóbal Colón pudiera ser francés. ¿Qué nos quedaría?: el arco mediterráneo español, las Islas Baleares y Sicilia.

Pero Sicilia también sería extraño, porque si no Cristóbal Colón habría escrito con algunos rasgos italianos o del idioma siciliano, con lo cual lo más probable es que su origen esté en el arco mediterráneo español o en las Islas Baleares, que en aquella época pertenecían a la Corona de Aragón.

Un estudio de la Universidad de Granada, que se inició hace más de 20 años para intentar determinar las enigmáticas raíces de Cristóbal Colón, sostiene que el descubridor de América era de origen judío sefardí, según el análisis de su ADN. El documental Colón ADN. Su verdadero origen, producido por RTVE y Story Producciones y que se emitió en la noche del sábado en La1, reconstruye las dos décadas de investigaciones del proyecto liderado por el forense José Antonio Lorente, catedrático de Medicina Legal de la Universidad de Granada. En él se asegura que “en el ADN mitocondrial y en el cromosoma Y de su hijo Hernando Colón hay rasgos compatibles con su origen judío”. El informe ―en el que han participado expertos en historia, genética y genealogía― ubicaría su perfil genético en el Mediterráneo occidental, en concreto “en Sefarad”, nombre hebreo que designa a la península Ibérica. Según el estudio, en España durante la Edad Media vivían unos 200.000 hebreos, mientras que en la República de Génova ―el lugar más aceptado para el nacimiento del navegante― no pasaban de 15.000, al tiempo que en Sicilia habitaban unos 40.000. De estos dos últimos enclaves, fueron expulsados en el siglo XII. De España, en 1492.

La investigación ―en la que han participado laboratorios de Estados Unidos, Australia, España, Italia y México― analizó 25 posibles orígenes del almirante, entre los que destacaban Italia, Suecia, Noruega, Portugal, Francia, Inglaterra, Escocia, Hungría, Irlanda, Croacia, Galicia, Castilla, Cataluña, Valencia, Navarra y Mallorca. Finalmente, los expertos redujeron a solo ocho los candidatos a ser la posible cuna de Colón.

Las pesquisas comenzaron en 2001, cuando el historiador Marcial Castro propuso a Lorente abrir la tumba del marino en la catedral de Sevilla para comprobar si realmente se tratan de sus restos. El ADN guardado en el interior del cofre mortuorio se cotejó con el de su hijo Hernando ―también enterrado en la catedral― y con el de su hermano Diego, inhumado en la Cartuja hispalense. De ambos se tenía constancia plena de que los huesos eran suyos. En 2005, aunque los resultados fueron positivos, se abandonó el proyecto porque la tecnología de ADN no estaba suficientemente desarrollada y se requería destruir abundante materia ósea para alcanzar conclusiones definitivas.

Más información

En la investigación ha participado laboratorios de Estados Unidos, Australia, España, Italia y México”

La investigación se retomó en 2020, cuando el desarrollo de la técnica genética estaba más avanzado y se podían obtener resultados más concluyentes. El documental Colón ADN. Su verdadero origen, dirigido por Regis Francisco López, detalla todo el proceso que se ha seguido en los últimos años para llegar a la conclusión de un Colón judío converso. La cinta, que intercala situaciones de suspense con datos científicos, va descartando una a una a las regiones o países candidatos hasta dejar un único ganador.

Los expertos analizaron 25 posibles lugares de origen y seleccionaron ocho”

La primera sorpresa fue descubrir que Diego Colón (1468-1515), supuesto hermano menor del almirante y gobernador de la isla La Española, era en realidad un pariente en “quinto o sexto grado”, lo que lo convertía en primo segundo o tercero de Cristóbal, no en tío de Hernando como se creía hasta ahora. Estos análisis fueron realizados por las universidades de California y Adelaida (Estados Unidos). En cambio, la relación paterno-filial entre Cristóbal Colón y su hijo Hernando quedó confirmada plenamente.

El forense José Antonio Lorente muestra restos exhumados durante la investigación.RTVE

Los especialistas cuentan que procedieron ―ya con el que sería ADN confirmado de los tres colones― a cotejar su huella genética con la de sus supuestos parientes en los ocho lugares seleccionados. La primera de las ciudades elegidas fue Génova, en Italia, donde la bibliografía sitúa la cuna del navegante. Sin embargo, en esta ciudad no existe tumba del descubridor ni se conoce ningún descendiente o ascendiente directo. En España sí, la familia Colón de Carvajal, uno de cuyos miembros participa en el documental emitido en TVE. Por eso, los expertos realizaron pruebas genéticas a distintas personas apellidadas Colón en el área de Génova, aunque en el filme de Regis Francisco López no se revela su número. Los resultados, se cuenta, fueron negativos: su perfil no coincidía con el ADN de las tumbas sevillanas.

En el documental se sostiene además que Colón (Columbus, Colombo) es el apellido que se daba en Italia a los niños abandonados en orfanatos, conventos o casas de acogida, algo parecido a lo que ocurría en España con los Expósito. Por lo tanto, siempre según los investigadores, esto explica que los Colón actuales de Génova no estén emparentados con el navegante. A este hecho, se une que el descubridor de América nunca escribió en italiano o en genovés, ni empleó giros de estas lenguas. Además, cuando enviaba cartas a Italia, las redactaba en castellano. “Algo muy extraño y significativo. Secuencias en negro de su origen”, se señala en la pieza emitida por TVE. “Estaba claro que había un hecho clave en su vida que quería ocultar”, sostiene Lorente.

El resto de los cuerpos analizados por los investigadores ―princesa Leonor de Aviz (Portugal), Juan de Colón (Poio, Pontevedra), Aldonza de Mendoza (Espinosa de Henares, Guadalajara) o don Tello de Castilla (Palencia)― tampoco coincidían con el ADN familiar, lo que dejaba presuntamente una única posibilidad, la que defendía Francesc Albardaner, expresidente del Centro de Estudios Colombinos de Barcelona: Colón era un judío sefardí que se hacía pasar por cristiano para evitar a la Inquisición.

El documental sostiene que los actuales Colón de Génova no está relacionados genéticamente con el navegante”

La coincidencia en los resultados de los análisis en todos los laboratorios, según los investigadores, dio la razón a Albardaner: el ADN mitocondrial y el cromosoma Y de Hernando Colón “son compatibles” con un origen judío. Los expertos sostienen que esta fue la llave que le permitió acercarse a los Reyes Católicos. El judío converso valenciano Luis Santángel, prestamista de Fernando el Católico y escribano de razón (una especie de ministro de Finanzas), le abrió las puertas hasta Isabel I. Colón le presentó su proyecto, y tras años de espera, la reina aceptó. La Real Academia de la Historia describe así lo ocurrido:

Tanto la amistad personal de Santángel, como su apoyo político y financiero no le faltaron a Cristóbal Colón. En sociedad con Francisco Pinelo [genovés] concedió al visionario navegante un préstamo por importe de 1.140.000 maravedís, al módico interés del 1,5 por ciento, un tercio del vigente en los censos otorgados por los organismos de la Administración del Reino, cargando dicha cantidad en las cuentas generales de la Cruzada y el Subsidio.

Análisis del ADN de Colón, en una imagen del documental ‘Colón ADN. Su verdadero origen’, de RTVE.RTVE

Albardaner dice:

 Todos los historiadores italianos que defienden el origen genovés de Colón han escrito negro sobre blanco que no era judío. “Toda la teoría sobre Colón genovés entra en crisis si se acepta que Colón es judío. Y esto [último] es imposible [en Italia], porque fueron expulsados de Génova en el siglo XII, y no había ni comunidad, ni personas, ni sinagoga ni nada de nada. Solo podían permanecer tres días y luego se tenían que marchar.

El ADN puede señalar de dónde procede una persona desde el punto de vista étnico, pero no dónde nació

El documental sostiene:

la teoría de un Colón hebreo da respuesta a todos los interrogantes que tienen que ver con su vida. ¿Por qué escribía en castellano y sin un ápice de italiano en sus escritos? Los judíos sefardíes hablaban las lenguas de la península Ibérica, por lo que Colón aprendió el castellano en casa. El marino, se afirma con rotundidad en la cinta, era “judío de raza, de religión, de nación y, sobre todo, de corazón, porque este hombre rezuma judaísmo en sus escritos.

Fuentes forenses consultadas por este periódico explican:

 El ADN puede señalar de dónde es una persona desde el punto de vista étnico y geográfico, pero no dónde nació realmente. Y  el ejemplo es el caso de un emigrante español que tenga un hijo en Alemania. Se puede determinar que su genética es española, pero no que haya nacido en Berlín; es decir, que sea berlinés. Por lo tanto, en el caso de Colón, podría ser un judío de cualquier parte emigrado a España. O no.

 Colón ocultó su origen porque en ese momento los judíos estaban sufriendo la persecución más grande desde que se habían asentado en la península Ibérica, lo que los obligó a marchar a algunos a Portugal, lugar donde vivió varios años el descubridor.

(La posibilidad de que Colón fuese el pirata portugués Pedro Ataide también se descartó genéticamente). Allí, el navegante ofreció sin éxito el proyecto al rey Juan II.

Colón toda su vida tuvo que aparentar que era cristiano católico, apostólico y romano. Si hubiese cometido un error, habría acabado en una pira en un auto de fe, aunque estaba protegido por los Reyes Católicos, con lo que la Inquisición le respetaba”, dice el programa.

Concluye Lorente que el ADN analizado indica que:

Nació en el Mediterráneo occidental. La falta de rasgos italianos a la hora de escribir, reducen las posibilidades de su nacimiento al arco mediterráneo español o a las Islas Baleares. A partir de aquí, ante los datos objetivos, tendrán que ser otros los que investiguen y hagan borrón y cuenta nueva o decidan pasar de página.

Los investigadores de la Universidad de Granada esperan que su trabajo se acepte en alguna revista científica de renombre para dar a conocer los datos técnicos, información que no aparece en este documental destinado al gran público.

Cristóbal Colón era un judío sefardita español y no genovés, según un documental (msn.com)

Madrid, 12 oct (EFE)

PAIS

Almohades (1147-1260)

En el país de los nawas emerge los almohades, cohesionados con convicciones religiosas que se aferran a la ortodoxia islámica.

La batalla de las Navas de Tolosa. En el siglo XIX, el pintor Francisco de Paula van Halen recreó el histórico choque en este gran óleo de tintes épicos, que se conserva en el palacio del Senado, en Madrid.Foto: Wikimedia Commons

Su patrón en la fuerza de la fe y en la unicidad divina, en el dogma que no hay más Dios que Alah, una lectura conservadora.

Castillo de Peñafiel. En un siglo y medio, la expansión de León y Castilla llevó las fronteras cristianas desde la cuenca del Duero, donde está Peñafiel, hasta la del Tajo.Foto: iStock

En Timbel, un espacio perdido del Atlas nace el movimiento almohade, hoy sin casi habitantes, de la tribu bereber, Masmuda junto a las Ṣinhāŷa y Zanāta de donde surgen los almohades.

Alfonso VIII de Castilla. Derrotado en Alarcos por los almohades, en 1195, buscó el apoyo de los reinos cristianos y del papado para desquitarse. Pintura al óleo de José María Rodríguez de Losada, Ayuntamiento de león. Foto: Wikimedia Commons

Luchan y vencen a los Almorávides, señores entonces del Magreb y Al-Andalus, malakies, más relajados doctrinalmente.

Puerta del Sol, en Toledo. En junio de 1212, los cruzados partieron de esta ciudad hacia Sierra Morena. Foto: iStock

Con pocos habitantes de un lugar inexistente en el mapa son capaces de generar un imperio aguerrido que geográficamente se expande.

El enemigo musulmán. Los almohades ocuparon al-Andalus en la segunda mitad del siglo XII. Arriba, moneda del califa almohade, Abu Abd Allah Muhammad.

Foto: Wikimedia Commons

Quizás sus recursos estriben en lo abrupto del Atlas, o las difíciles condiciones de acceso están las defensas erigidas por los almohades.

Pedro II de Aragón y su esposa. El rey deseaba mermar el poder musulmán, que desde Valencia y Teruel amenazaba sus dominios. Foto: Wikimedia Commons

Ibn Tumat es el fundador y guía espiritual del movimiento, que una vez seguro en su fortificación decreta la guerra santa contra los Almorávides.

Reales Alcázares. Tras la conquista de Sevilla por Fernando III el Santo, este conjunto de edificios y patios se convirtió en alojamiento real. Arriba, palacio erigido por Pedro I en 1364. Foto: iStock

Timbel, esta en un enclave importante para la comunicación en la zona y los almohades entienden el privilegio para sacarle partido como arma eficaz contra los almorávides.

Cristianos y musulmanes en las Cantigas de Santa Maria.

En 1130 Abdel Mut sucede a Ibn Murat, el nuevo líder se autoproclama califa  y con eso une al poder político y militar una autoridad.

Huida del ejercito arabe en Las Cantigas de Santa Maria

Como príncipe de los creyentes goza de autoridad moral para derrocar a los almorávides.

Fernando III El Santo logra la rendicion de Sevilla, capital almohade, en 1248, tras un duro asedio. Arriba, retrato del rey por Bartolomé Esteban Murillo. Wikimedia Commons

Tras guerras de guerrillas en las montañas los almohades se salen a campo abierto conquistando el norte de Marruecos y la región vecina de Oran, pero no consiguen Marrakech, la capital almorávide.

Mezquita del norte de Marruecos donde nacio el imperio almohade.

En Al-Ándalus entran en Sevilla y ciudades como Murcia aprovecha la coyuntura para revelarse contra los almorávides y conseguir la independencia.

La salida de los almorávides a Al-Andalus, propicia la creación de los reinos llamados segundas taifas.

El principal tiene la capital en Murcia, al frente esta Ibn Mardanis, la huerta proporciona recursos a su ejército que conquista el levante.

Ibn Mardanis se convierte en el símbolo de la independencia de Al- Andalus, combate primero a los almorávides y consigue gran prestigio y luego a los almohades.

A la vez que los almohades conquistan Murcia se conquista Marrakesh, todo el territorio de Marruecos está en sus manos.

Años después la ciudad alcanza gran desarrollo, parecido al de la Córdoba califal, los almohades desean que el poder alcanzado se refleje en su capital, por lo que realizan una intensa labor de urbanización en la ciudad.

La urbanización de la ciudad imperial no es posible sin un buen abastecimiento de agua.

Crean getaras o canales subterráneos para proveer a la ciudad de agua procedente de las montañas del Atlas.

 Marrakech es una tierra árida donde el agua de las getaras es un preciado tesoro.

Por entonces los jardines no se limitaban a un lugar de recreo, de su huerto salen alimentos que abastecen a la corte.

El Jardín de la Menara es también fruto del urbanismo experimentado por Marrakech en época almohade.

Posee un pabellón con un inmenso estanque que es el espacio de fiestas, de naumaquias, organizadas para conmemorar campañas victoriosas.

En el gran estanque se celebran continuos juegos acuáticos.

Erigen también una gran mezquita, llamada la Quptuvilla, porque a su alrededor se juntan los kubtab, libreros o escribanos.

Fundan ciudades como Rabat, la capital actual de Marruecos que denominan Ribal al Hat o Campo de la Victoria.

Las ultimas luchas los llevan a conquistar Tunez y parte de Libia.

Sevilla después es la capital y es el barrio de Santa Cruz hoy o la judería, donde se reúnen sabios. Su actual aspecto se debe a las obras realizadas por los almohades.

En la catedral se puede ver los restos de lo que los almohades dejan.

La torre forma parte de la mezquita emprendida con Abu Jakud y terminada 12 años después.

Cuando los cristianos conquistan Sevilla la mayor parte construida por el reino musulmán es destruida, pero salvan la Giralda.

Lo mas destacable son los paños decorativos que apelan al agua, que traen los almohades del norte de África que se mezcla con la rica herencia andalusí.

El Patio de los Naranjos de la mezquita almohade también se indulta.

Abu Akub Jusuf decide rehabilitar y mejorar un antiguo acueducto romano, del que se conservan los Caños de Carmona.

La intervención almohade también abarca la reforma de los antiguos reyes taifas de Sevilla, situada en los Reales Alcazares.

La intervención almohade se centra en el Patio de los Yesos, donde se ve la representación de las setcas, que es característico almohade.

La Torre del oro también es erigida por los almohades, y este torreón tiene como misión defender el cuerpo fluvial.

Muy parecida a la Torre del Oro por su forma octogonal, es la Torre de Espantaperros de Badajoz, en el Guadiana, un espacio fronterizo de primer orden.

Por esta razón Abu Jakuz Jusuf, emprende el refuerzo de la antigua alcazaba y las murallas que rodean la ciudad.

Toda esta obra hidráulica no habría sido posible sin las conquistas de las rutas del oro de Sudan.

Las fabricas de moneda de la época emiten dinares con el doble de peso del habitual, lo que afecto a la moneda de oro cristiana que también duplica su valor, por lo que se denomina a partir de entonces, dobla.

Este esplendor se acompaña en Córdoba de grandes figuras intelectuales como Averroes que da a conocer en Occidente a Aristóteles, Maimonides, filósofo y médico, o Ibn Arabi de Murcia, considerado el mas grande místico del Islam, que es sufi, también Ibn Tufail.

En 1269 los almohades son sustituidos por una nueva dinastía, los merinies.