Grilletes en los pies, la terrible explotación de los mineros de Gozza en Egipto Tolemaico

El oro egipcio ha sido, históricamente, muy codiciado, especialmente en el Desierto Oriental. La actividad minera en la región, que alcanzó su máximo auge durante el Imperio Nuevo (c. 1500-1000 a. C.), experimentó un nuevo auge durante el período helenístico (332-30 a. C.).

Casi 40 minas se abrieron durante el reinado de los Ptolomeos, tras la conquista de Egipto por Alejandro Magno en el 332 a. C. La nueva dinastía fundada por Ptolomeo I necesitaba oro para financiar campañas militares en el Mediterráneo, proyectos de prestigio en el extranjero y la construcción de edificios monumentales en Alejandría, reflejo de su poder y riqueza.

Una de las primeras minas en abrirse fue Samut Norte, excavada por el equipo francés entre 2014 y 2015. El yacimiento reveló información valiosa sobre el proceso de producción de mineral, aunque fue de corta duración, con una duración de tan solo cuatro o cinco temporadas (de seis o nueve meses cada una) en el siglo III a. C. La mina estaba estrechamente controlada, y parte (si no toda) de la mano de obra se alojaba en dormitorios vigilados.

Excavaciones más recientes comenzaron en 2020 en Ghozza, la mina de oro ptolemaica más septentrional, revelando dos fases principales de ocupación, cada una de las cuales probablemente abarcó varios años durante la segunda mitad del siglo III a. C. Más allá de esta distinción cronológica, también son evidentes otras diferencias con Samut Norte.

En primer lugar, Ghozza parece haber estado organizada como una aldea con bloques residenciales, calles, edificios administrativos y baños, lo que sugiere que los entornos laborales y sociales eran diferentes a los de Samut Norte.

En segundo lugar, las técnicas de minería difieren; mientras que Samut Norte empleaba métodos de molienda colectiva, donde los trabajadores molían cuarzo hasta convertirlo en polvo en grandes molinos, la fuerza laboral de Ghozza procesaba el mineral con piedras de moler manuales.

Cientos de ostraca (fragmentos de cerámica utilizados como superficies para escribir) encontrados en el yacimiento proporcionan un registro de las actividades diarias, mostrando que algunos mineros recibían salarios. Junto con la ausencia de edificios vigilados en la aldea, esto sugiere una fuerza laboral más diversa y posiblemente libre, lo que plantea interrogantes sobre la dinámica laboral en esta mina ptolemaica. Aun así, también se han descubierto pruebas de trabajo forzoso en Ghozza.

En enero de 2023, se encontraron grilletes de hierro en el Sector 44, una extensa zona en el extremo este del pueblo. El conjunto de edificios se utilizaba principalmente para el almacenamiento y la preparación de alimentos, mientras que una reserva de carbón vegetal y una gran cantidad de escoria de hierro indican que aquí se fabricaban o reparaban objetos metálicos.

 Quizás relacionados con estas actividades, se descubrieron dos juegos de grilletes. El primero, compuesto por siete anillos de pie y dos eslabones articulados, estaba cuidadosamente dispuesto en un foso excavado en el suelo del corredor 44.15. El segundo juego, que incluía cuatro eslabones y dos fragmentos de anillo, estaba esparcido por el suelo de la habitación 44.11, junto con otros objetos de hierro.

Estos grilletes no estaban destinados a sujetar animales, ya que en el desierto oriental se usaban típicamente ataduras de cuerda para ese fin. En cambio, estaban diseñados para uso humano; al cerrarse directamente alrededor de los tobillos del prisionero, no se podían quitar sin ayuda. Si bien permitían que las manos permanecieran libres, caminar con ellos habría sido lento y agotador, sobre todo dado su peso.

Este descubrimiento es excepcional en muchos aspectos. En primer lugar, arroja luz sobre la situación de algunos trabajadores de la mina de Ghozza, en consonancia con textos antiguos como los del escritor Agatárquides del siglo II a. C. (citado por Diodoro Sículo), quien describe vívidamente las duras condiciones que soportaban los mineros de oro bajo el reinado de los Ptolomeos:

Y aquellos que han sido condenados de esta manera —y son una gran multitud y todos tienen los pies atados— trabajan en sus tareas incesantemente, tanto de día como de noche.

 Aunque Agatárquides identifica a los mineros como prisioneros de guerra y criminales convictos, es posible que algunos también fueran esclavos.

En segundo lugar, el descubrimiento proporciona evidencia arqueológica de grilletes, un artefacto rara vez documentado en Egipto, aparte del texto de Agatárquides y un papiro contemporáneo que menciona un par de grilletes. Dichos hallazgos son poco comunes en el registro arqueológico en general, especialmente en el contexto de las minas, y los grilletes de Ghozza se encuentran entre los más antiguos jamás encontrados en el Mediterráneo, anteriores a los grilletes de la Edad del Hierro tardía y de la época romana encontrados en Europa. Los grilletes de Ghozza se asemejan mucho a una de las pocas representaciones de una persona con los pies encadenados en el mundo griego.

También se asemejan mucho a los grilletes descubiertos en las minas de plata de Laurión, Grecia, en la década de 1870. Este no es el primer vínculo directo entre las minas griegas y ptolemaicas: los molinos de cuarzo de Samut Norte presentan sorprendentes paralelismos en Laurión, lo que sugiere que el conocimiento tecnológico utilizado en las minas de oro egipcias durante el período helenístico fue importado e instalado por ingenieros griegos y macedonios traídos a Egipto por los Ptolomeos. Los grilletes de Ghozza ejemplifican aún más este intercambio intercultural.

El descubrimiento de grilletes en Ghozza revela que al menos parte de la fuerza laboral se componía de trabajo forzado. Las condiciones de vida exactas de estas personas siguen siendo inciertas, ya que aún no se han identificado sus lugares de residencia; de hecho, la configuración de la aldea parece sugerir que la población tenía libertad de movimiento en general. Más de la mitad de la aldea ha sido excavada hasta la fecha, y las excavaciones continuarán con la esperanza de identificar posibles zonas de contención.

Mientras tanto, el descubrimiento de los grilletes en Ghozza sirve como recordatorio de la dura realidad que enfrentaron los trabajadores de las minas de oro ptolemaicas. Bajo la majestuosidad de la riqueza de Egipto y las imponentes montañas del Desierto Oriental se esconde una historia de explotación. El oro extraído de estas minas ayudó a financiar las ambiciones de los gobernantes egipcios, pero tuvo un coste humano considerable.

https://www.cambridge.org/core/journals/antiquity/article/iron-shackles-from-the-ptolemaic-gold-mines-of-ghozza-egypt-eastern-desert/7E4AA2794B6BE4CE5B7944300FC30C49

El  deshielo del Ártico muestra un cementerio de balleneros oculto 400 años.

El deshielo saca a la luz tumbas del siglo XVII y su misterio

El calentamiento global está desenterrando las tumbas de los balleneros del siglo XVII en Svalbard, poniendo en riesgo un valioso patrimonio arqueológico.

Las tumbas en Likneset se encuentran en una ubicación vulnerable a la erosión. Foto: Espen Olsen ©Sysselmesteren på Svalbard

Durante siglos, las gélidas tierras de Svalbard han sido guardianas de un pasado enterrado bajo el hielo: un cementerio de balleneros europeos que, entre el siglo XVII y XVIII, enfrentaron las condiciones extremas del Ártico en busca de fortuna. Sus restos, preservados en la permafrost durante más de 400 años, han permanecido intactos, como cápsulas del tiempo que narran historias de supervivencia, enfermedad y muerte en uno de los entornos más hostiles del planeta. Sin embargo, lo que el frío había protegido durante generaciones, el calentamiento global está destruyendo en cuestión de décadas. 

Los análisis en curso de los textiles hallados en Likneset revelan que los restos descubiertos en la década de 1980 presentan un estado de conservación significativamente mejor en comparación con los encontrados en 2016 y 2019. Los exámenes microscópicos de las fibras permiten identificar sus tipos y evaluar el grado de deterioro que han sufrido con el tiempo. Foto: Lise Loktu © NIKU / Svalbard museum

El deshielo avanza, aflojando la tierra congelada y dejando al descubierto huesos, ataúdes colapsados y vestigios de una época en la que el aceite de ballena era un recurso vital en Europa. Cada verano, con el aumento de las temperaturas, los científicos observan cómo la erosión y el derretimiento del permafrost aceleran la degradación de estos restos, algunos de los cuales han comenzado a deslizarse lentamente hacia el mar. La historia que una vez quedó atrapada en el hielo está emergiendo, pero lo está haciendo demasiado rápido, y con ella el riesgo de que este legado desaparezca para siempre.

En las inhóspitas costas de Smeerenburgfjorden, dentro del Parque Nacional del Noroeste de Spitsbergen, yacen los restos de cientos de balleneros europeos del siglo XVII y XVIII. Durante décadas, estas tumbas estuvieron protegidas por el frío extremo y el permafrost, pero el aumento de las temperaturas en la región está alterando ese delicado equilibrio.

Las excavaciones realizadas en los años 80 y 90 permitieron documentar cerca de 600 sepulturas, pero lo que entonces parecía un hallazgo arqueológico bien conservado se está desmoronando a un ritmo alarmante. La tierra que mantenía los ataúdes intactos está cediendo, permitiendo que los sedimentos, el agua y el oxígeno aceleren la descomposición de los restos óseos y textiles. Peor aún, algunas de estas tumbas han comenzado a deslizarse hacia el mar, perdiéndose para siempre en las aguas del Artico.

El Instituto Noruego para la Investigación del Patrimonio Cultural (NIKU) ha lanzado un proyecto titulado Skeletons in the Closet (Esqueletos en el armario), con el objetivo de analizar el estado de conservación de estas tumbas antes de que desaparezcan. A la cabeza de la investigación está la arqueóloga Lise Loktu, quien lleva años documentando el deterioro de este valioso patrimonio histórico.

Durante los siglos XVII y XVIII, Svalbard fue un importante centro de caza de ballenas. Compañías inglesas, holandesas, danesas y francesas establecieron estaciones temporales en la región para capturar ballenas boreales, cuya grasa se procesaba para producir aceite, un recurso clave en la economía de la época. Con el tiempo, se sumaron cazadores noruegos y rusos, quienes operaron en la zona hasta bien entrado el siglo XIX.

Los balleneros europeos, en su mayoría jóvenes con pocos recursos, se aventuraban en estas aguas en condiciones extremas. Pasaban meses en el mar, enfrentando tormentas, temperaturas bajo cero y el riesgo constante de accidentes en la caza. Muchos morían por enfermedades como el escorbuto, debido a la falta de vitamina C, o por infecciones causadas por heridas.

Los restos encontrados en Svalbard ofrecen una visión única de la vida de estos cazadores. El análisis de los huesos revela signos de trabajo extenuante desde una edad temprana, con articulaciones desgastadas y fracturas que sugieren un esfuerzo físico constante. En algunos casos, las alteraciones óseas son similares a las de los inuit que utilizaban kayaks para cazar, lo que indica que ciertos balleneros podrían haber tenido roles especializados como remeros o arponeros.

Los efectos del calentamiento global en el Ártico están siendo más rápidos e intensos que en otras partes del mundo. En las últimas cuatro décadas, la región ha experimentado un aumento sostenido de las temperaturas, con veranos más cálidos y un invierno cada vez menos estable. Este fenómeno está afectando gravemente al permafrost, la capa de suelo congelado que mantenía estas tumbas en relativo buen estado.

Con el deshielo, el suelo se vuelve inestable, las tumbas colapsan y los materiales orgánicos quedan expuestos a los elementos. Además, la reducción del hielo marino ha provocado un aumento del oleaje y la erosión costera, acelerando la pérdida de terrenos donde se encuentran estos cementerios históricos.

Los investigadores han observado que la degradación avanza tan rápido que los cambios son visibles año tras año. Este deterioro no solo significa la pérdida de restos humanos, sino también de textiles y objetos personales que podrían aportar información valiosa sobre las condiciones de vida de los balleneros.

El equipo de NIKU ha intensificado sus esfuerzos para documentar y analizar los restos antes de que sea demasiado tarde. A través de estudios de ADN antiguo y análisis isotópicos, los científicos han podido determinar el origen de los individuos enterrados en Svalbard. Los resultados indican que la mayoría procedía de distintos países europeos, incluyendo Noruega, los Países Bajos y otras regiones costeras con una fuerte tradición marítima.

Los hallazgos también sugieren que, aunque estos hombres provenían de contextos humildes, había diferencias sociales entre ellos. En particular, los esqueletos recuperados en Likneset muestran una estatura promedio más alta que en otros cementerios cercanos, lo que podría indicar una mejor alimentación en la infancia y, por tanto, una posición socioeconómica ligeramente superior dentro de la jerarquía de la tripulación.

Además, los arqueólogos han encontrado pruebas de costumbres cotidianas entre los balleneros, como el consumo de tabaco. Los dientes de algunos esqueletos presentan un desgaste característico que sugiere el uso habitual de pipas de arcilla, un hábito común en la época.

Muy Interesante

El deshielo revela un cementerio de ballenas en el Ártico tras 400 años

El lenguaje humano surgió hace 135.000 años como un sistema privado dentro del pensamiento, según revela un estudio genético

El lenguaje humano es una de las capacidades más distintivas de nuestra especie, pero su origen sigue siendo un misterio sin resolver. Un reciente análisis genético sugiere que la capacidad lingüística de los seres humanos ya estaba presente hace al menos 135.000 años, aunque su uso en contextos sociales pudo haber surgido hace aproximadamente 100.000 años.

El estudio, publicado en la revista Frontiers in Psychology, fue llevado a cabo por un equipo multidisciplinario de investigadores. Entre ellos se encuentran Shigeru Miyagawa, profesor emérito del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT); Rob DeSalle, del Instituto de Genómica Comparativa del Museo Americano de Historia Natural; y otros expertos de las universidades de São Paulo, Zürich y Arizona.

A diferencia de otros estudios que se han basado en registros fosilíferos o artefactos culturales, este nuevo análisis parte de una premisa diferente. Los investigadores argumentan que, dado que todos los idiomas actuales tienen un origen común, la clave para estimar su antigüedad radica en determinar cuándo comenzaron a divergir las poblaciones humanas alrededor del mundo.

La lógica es muy simple, explica Miyagawa. Todas las poblaciones humanas poseen lenguaje y todas las lenguas están relacionadas. Si analizamos cuándo las poblaciones humanas comenzaron a separarse geográficamente, podemos deducir que la capacidad lingüística ya existía antes de ese punto.

Para llegar a esta conclusión, el equipo de investigación revisó 15 estudios genéticos publicados en los últimos 18 años. Estos estudios incluyen tres que analizaron el cromosoma Y heredado por línea paterna, tres que examinaron el ADN mitocondrial transmitido por línea materna y nueve estudios de genomas completos. A partir de esta información, los investigadores estimaron que la primera gran división regional de los seres humanos ocurrió hace aproximadamente 135.000 años, lo que implica que la capacidad lingüística debió haber surgido antes o en ese momento.

Uno de los puntos más interesantes del estudio es la idea de que el lenguaje pudo haber existido primero como un sistema cognitivo interno antes de convertirse en un medio de comunicación social. 

El lenguaje es tanto un sistema cognitivo como un sistema de comunicación, señala Miyagawa. Es probable que antes de los 135.000 años haya comenzado como un sistema privado dentro del pensamiento humano, pero que rápidamente se transformara en una herramienta de comunicación.

Los registros arqueológicos también respaldan esta hipótesis. Hace unos 100.000 años, aparecen pruebas de una actividad simbólica generalizada en diferentes grupos humanos, como grabados en objetos y el uso de ocre rojo con fines decorativos. Estos comportamientos sugieren un pensamiento abstracto y organizado, características asociadas con el uso del lenguaje.

Ian Tattersall, otro de los coautores del estudio y curador emérito de origen humano en el Museo Americano de Historia Natural, ha defendido la idea de que el lenguaje fue un factor desencadenante para el desarrollo del pensamiento simbólico y otras formas de organización social avanzada. En este sentido, el lenguaje no solo habría sido una herramienta de comunicación, sino un catalizador para el comportamiento moderno del ser humano.

El lenguaje fue el detonante del comportamiento humano moderno, afirma Miyagawa. Estimula el pensamiento y facilita la innovación. Si estamos en lo cierto, esto significa que el aprendizaje y la transmisión de conocimientos se vieron enormemente potenciados por el lenguaje.

A pesar de la solidez de las conclusiones del estudio, los propios autores reconocen que existen otras posturas sobre la evolución del lenguaje. Algunos investigadores sostienen que el desarrollo del lenguaje fue un proceso gradual e incremental, ligado a la fabricación de herramientas, la coordinación social y la adaptación al entorno. Desde esta perspectiva, el lenguaje no sería el factor central, sino parte de un conjunto de cambios que transformaron a Homo sapiens.

Miyagawa opina:

 aún hay mucho por descubrir, pero cree que el enfoque basado en datos genéticos representa un avance significativo. Nuestra metodología está basada en evidencia empírica y en la comprensión más actualizada sobre la evolución de Homo sapiens, explica. Estamos en un buen camino de investigación, y esperamos que esto motive a más estudios sobre la relación entre el lenguaje y la evolución humana.

Massachusetts Institute of Technology

Shigeru Miyagawa, Rob DeSalle, et al., Linguistic capacity was present in the Homo sapiens population 135 thousand years ago. Front. Psychol. , 11 March 2025. Sec. Evolutionary Psychology, Volume 16 – 2025. doi.org/10.3389/fpsyg.2025.1503900

La Brújula Verde

https://www.revistacienciasunam.com/es/149-revistas/revista-ciencias-109-110/1240-la-evoluci%C3%B3n-del-lenguaje-humano.html

Hallan en el centro de Egipto una tumba real de un monarca desconocido

Una misión arqueológica egipcio-estadounidense ha descubierto una tumba real de un monarca desconocido perteneciente al Segundo Período Intermedio en el cementerio Monte Anubis de Abidos, situado en la provincia central de Sohag, informó este viernes el Ministerio egipcio de Turismo y Antigüedades. Destacó el ministerio en un comunicado:

El descubrimiento de la tumba real en Abidos aporta nuevas evidencias científicas sobre el desarrollo de las tumbas reales en la necrópolis del Monte Anubis, que se remonta a la dinastía de Abidos, donde una serie de reyes gobernaron el Alto Egipto entre 1700 a.C .y 1600 a.C.

Por su parte, el jefe de la misión egipcio-estadounidense en Abidos, Joseph Wagner, afirma en la nota que la tumba real se encontró a una profundidad de unos siete metros y consiste en una cámara funeraria de piedra caliza, cubierta con bóvedas de adobe que originalmente alcanzaban una altura de unos 5 metros.

Hay restos de inscripciones a ambos lados de la entrada que conduce a la cámara funeraria de las diosas Isis y Neftis, con bandas amarillas que antiguamente llevaban el nombre del rey en jeroglíficos.

Esta tumba es mucho más grande que otras conocidas anteriormente atribuidas a la Dinastía Abidos, y aún no se ha identificado el nombre del propietario de la tumba.

La nueva información proporcionada por este hallazgo sobre los reyes de esta dinastía profundiza la comprensión de la compleja historia política del Segundo Periodo Intermedio egipcio.

En 2021, la misión arqueológica egipcio-estadounidense descubrió en el norte de Abidos los restos de la que se cree que es la fábrica de producción masiva de cerveza más antigua de la que se tiene conocimiento, pues se estima que data de hace 5.100 años

(c) Agencia EFE

https://www.elespanol.com/el-cultural/historia/arqueologia/20250314/arqueologos-descubren-tumba-real-monarca-desconocido-centro-egipto/931157112_0.html

Hallan una estructura de control de agua de la Edad del Bronce en una cámara subterránea de la antigua ciudad hitita de Nerik

Un equipo de arqueólogos descubrió una compleja instalación de drenaje subterránea en un manantial en Oymaağaç Höyük, en la región del Mar Negro central de Turquía. Este yacimiento, identificado como la antigua ciudad hitita de Nerik, ha revelado una infraestructura de control de agua que data de la Edad del Bronce, entre 1525 y 1426 a.C., según los estudios dendrocronológicos y de radiocarbono realizados por el Proyecto de Dendrocronología Balcánico-Egeo (BAD Project).

Entrada al complejo de construcción subterránea LBA de Oymaağaç Höyük/Nerik durante las fases iniciales de su excavación en 2010. Crédito: H. Marquardt / Oymaağaç Project

Los trabajos en Oymaağaç Höyük comenzaron en 2009 y se extendieron hasta 2019, revelando un impresionante complejo subterráneo que consiste en una larga escalera que conduce a una cámara con un manantial artificial, ubicada aproximadamente a nueve metros por debajo del nivel actual del suelo.

Sección de la documentación fotogramétrica del complejo de construcciones subterráneas LBA de Oymaağaç Höyük/Nerik con su entrada, escalera y cámara del manantial que representa el estado de la investigación al final de la temporada de excavación en 2019. Crédito: M. Lehmann / Oymaağaç Project

Gracias a las condiciones anóxicas del subsuelo, un gran número de piezas de madera se encontraron en un estado excepcional de conservación. Entre ellas, destaca una estructura de drenaje fabricada en madera de pino, diseñada para controlar el flujo del agua dentro de la cámara.

Puntos de muestreo dendroarqueológico en la instalación de drenaje de agua de madera LBA de la cámara del manantial de Oymaağaç Höyük/Nerik. Crédito: D.P. Mielke / Oymaağaç Project

Los arqueólogos han determinado que esta estructura estaba compuesta por dos bloques rectangulares de madera, firmemente encajados en la pared de la cámara, con un tronco perforado en su interior que servía como conducto de agua, lo que representa un testimonio de la sofisticada gestión hídrica de la civilización hitita.

Para establecer la antigüedad exacta de la instalación, los investigadores del BAD Project llevaron a cabo un análisis detallado de los anillos de crecimiento de la madera, complementado con datación por radiocarbono. La metodología utilizada permitió afinar la fecha de construcción entre el 1525 y 1426 a.C., confirmando que la estructura pertenece al periodo hitita tardío.

A pesar de los desafíos en la correlación con cronologías dendroarqueológicas preexistentes, este hallazgo constituye una referencia clave para futuras investigaciones sobre la arquitectura y el urbanismo en la Anatolia prehistórica. Además, subraya la necesidad de ampliar los estudios dendrocronológicos en la región, ya que las cronologías de pino disponibles para esta época son limitadas.

Nerik, la ciudad donde se realizó este descubrimiento, fue un importante centro religioso de los hititas, vinculado al culto del dios de la tormenta. Su ubicación en el norte de Anatolia la convertía en un enclave estratégico, frecuentemente disputado entre los hititas y los kaskas, un grupo rival de la región.

El hecho de que la instalación de drenaje haya sido construida durante un periodo en el que los hititas enfrentaban dificultades para mantener el control del área sugiere que Nerik pudo haber sido objeto de una renovación urbana significativa para consolidar su importancia religiosa y política.

La estructura encontrada pudo haber jugado un papel fundamental en el mantenimiento del acceso al agua potable, un recurso crítico en tiempos de inestabilidad.

El descubrimiento en Oymaağaç Höyük representa un avance significativo en la comprensión de las prácticas de ingeniería hidráulica en la Edad de Bronce. Al mismo tiempo, plantea nuevas preguntas sobre la evolución del urbanismo hitita y el uso de materiales locales para la construcción de infraestructuras esenciales.

Los investigadores esperan que este hallazgo impulse nuevos estudios en la región, permitiendo la creación de cronologías dendrocronológicas más completas y precisas.

Asimismo, destacan la importancia de preservar estos sitios arqueológicos, que ofrecen una ventana única al pasado y a las civilizaciones que sentaron las bases de las sociedades modernas.

Y. Özarslan, D.P. Mielke, et al., Tree-ring analysis and absolute dating of a wooden water-drain installation from the Late Bronze Age underground spring chamber of Oymaağaç Höyük/Nerik, Türkiye. Journal of Archaeological Science: Reports, Volume 62, April 2025, 105058. doi.org/10.1016/j.jasrep.2025.105058

La brújula verde

El menor enterrado en Tailandia hace 29.000 años con símbolos de sangre y poder

Los restos humanos más antiguos encontrados nunca en Tailandia son los de un menor recién descubierto cerca de la ciudad costera de Prachuap Khiri Khan, a solo 10 kilómetros de la frontera con Myanmar. El pequeño, que vivió durante la Edad de Hielo, murió hace unos 29.000 años y fue enterrado con “símbolos de sangre y poder”.

Los trabajos arqueológicos en el yacimiento de Tham Din, en el Parque Nacional Khao Sam Roi Yot, comenzaron cuando se descubrieron pinturas rupestres en las paredes de una cueva. En 2022, los investigadores excavaron una parte cercana a los muros y encontraron varios artefactos: hachas, conchas marinas, huesos de animales y semillas de plantas, lo que indica la presencia de humanos prehistóricos en el sitio.

Cuando los expertos cavaron más profundo, a unos dos metros de la superficie, dieron con el esqueleto del pequeño que, según el análisis dental que se le ha practicado en un laboratorio de Estados Unidos, tendría entre seis y ocho años cuando falleció. Lo que no se ha podido determinar es su sexo.

Los restos humanos fueron bautizados como “Nong Pang Pond” y su hallazgo se considera toda una revolución arqueológica en Tailandia porque demuestran que la región ya estaba ocupada en la Edad de Piedra. Geólogos y espeleólogos siguen ahora trabajando para estudiar más capas del suelo y realizar análisis en profundidad.

Las cenizas, huesos de animales, loza (platos y tazas hechos de barro fino, cocido y barnizado), conchas y semillas quemadas a 1,6 metros debajo de la superficie han sido datadas con un Espectrómetro de Masas con Acelerador y se ha concluido que tienen entre 10.000 y 29.000 años de antigüedad.

El esqueleto del pequeño estaba enterrado en un nivel aún más profundo y se mantenía en un estado de conservación extraordinariamente perfecto. Estaba situado boca arriba con piedras y tierra roja cubriendo la frente y el pecho. Su edad se pudo determinar gracias a las articulaciones de los huesos y el tamaño del cráneo.

Kannika Premjai, que dirigió al equipo de arqueólogos, explicó que la piedra y la tierra roja son símbolos de sangre y poder. Además, hay indicios de que los tobillos estaban atados y se cree que el cuerpo fue ahumado.

El tratamiento que se le dio al cuerpo incluía rituales, lo que significa que la comunidad que vivía aquí tenía su propia cultura y forma de vida.

La ceremonia en la que se realizó su entierro era una forma de evitar que se lo comieran los animales salvajes. También hemos descubierto que su comunidad comía ciervos, muntíacos de Laos, jabalíes, mariscos y plantas.

La cueva donde se descubrió el esqueleto está ubicada en el Parque Nacional Khao Sam Roi Yot, en golfo de Tailandia, una región de 98 kilómetros cuadrados caracterizada por colinas de piedra caliza y la zona de humedales más grande del país. Una región fértil con las condiciones perfectas para ser habitada por humanos.

El menor enterrado hace 29.000 años en Tailandia “con símbolos de sangre y poder”

https://www.huffingtonpost.es/sociedad/arqueologos-hallazgo-profundidades-cueva-oculta-reescribir-historia.html

https://revistagalileu.globo.com/ciencia/arqueologia/noticia/2025/03/esqueleto-de-crianca-de-29-mil-anos-estava-enterrado-em-caverna-na-tailandia.ghtml

La transición entre cazadores/agricultores fue paulatina

El Mesolítico termino cuando comenzó el neolítico. El el Neolítico se propago por Europa a través de diferentes rutas.

Una recorría la costa norte del Mediterráneo. La otra, atravesaba el interior (los Balcanes y Europa central). La ruta costera fue más rápida, ya que los individuos se movieron distancias más largas por generación.

Las dos exhiben restos culturales muy diferentes, como la cerámica. Además, cada ruta tiene algunas secuencias genéticas que no aparecen en agricultores de la otra ruta. Esto ha llevado a pensar que los mecanismos de propagación del Neolítico fueron totalmente distintos en cada caso.

Ahora se ha encontrado que la hibridación de los primeros inmigrantes neolíticos con las poblaciones autóctonas fue prácticamente la misma a lo largo de ambas rutas.

Hace 12000 años nacio la agricultura

El Neolítico,procedente de Oriente Próximo y Turquía, llegó primero al sudeste (Grecia) hace unos 9 000 años. Después, se propagó hacia el oeste y el norte de Europa, hasta hace unos 4 000 años.

A finales del siglo pasado, algunos arqueólogos creían que los últimos cazadores-recolectores adquirieron especies domésticas de agricultores vecinos y se pusieron a practicar la agricultura. Pero gracias al análisis de restos genéticos prehistóricos, se ha demostrado que no fue así.

Fueron poblaciones de agricultores inmigrantes que trajeron la agricultura. Pero también sabemos que hubo hibridación entre ambas poblaciones. Lo difícil es cuantificarla, porque se necesitan datos procedentes de muchos individuos.

Junto con mi compañero Joaquim Pérez-Losada, hemos analizado en la revist Nature Comunications todos los individuos neolíticos europeos cuyas secuencias genéticas se conocen (961 individuos en total). Los hemos agrupado en 16 regiones geográficas diferentes, algunas a lo largo de la ruta costera y otras en la ruta interior.

La variación del porcentaje de individuos que tiene una determinada secuencia genética es distinta a lo largo de las dos rutas, que tienen velocidades muy diferentes y abarcan distancias muy distintas: unos 6 000 kilómetros para la costera y unos 3 000 km para la interior.

Mijo

Hasta aquí no hay sorpresas, porque se sabía que las dos rutas eran diferentes. Pero usando simulaciones por ordenador, hemos averiguado que el porcentaje de agricultores inmigrantes que se apareó y tuvo descendencia con cazadores-recolectores fue prácticamente el mismo a lo largo de ambas rutas, aproximadamente un 3.6 %.

Catalhoyuk

Este tipo de estudios, que combinan simulaciones informáticas con datos arqueológicos y genéticos, en el futuro puede permitir entender mejor la evolución de las poblaciones europeas y también comparar los roles de hombres y mujeres en la hibridación entre poblaciones.

No pasamos de ser cazadores a ser agricultores y ganaderos de golpe: así se impuso el Neolítico en Europa

https://theconversation.com/no-pasamos-de-ser-cazadores-a-ser-agricultores-y-ganaderos-de-golpe-asi-se-impuso-el-neolitico-en-europa-240579

Los barcos vikingos difieren de lo que se creía

Arqueólogos del Museo de Naufragios de Estocolmo esperan obtener financiación para realizar más investigaciones y excavaciones en el barco encontrado a 20 km de la costa, relativamente bien conservado, del que todavía se conservan varios mástiles, y que ahora dudan que sea vikingo.

Este barco representa una fascinante transición de la construcción naval medieval a la moderna”. Y es que los barcos de la época vikinga (y todos los demás barcos de los países nórdicos anteriores a esa época) se construían con clinker, tablones largos del casco se superponen entre sí; pero en los barcos construidos a mano, se encuentran uno al lado del otro.

Una técnica desarrollada en la región mediterránea probablemente en torno al siglo VII, que permite reforzar el casco, lo que se volvió crucial cuando el cañón pasó a ser el arma más importante en el mar y causaba estragos.

Desde el siglo XIX, los investigadores creen que cinco barcos del archipiélago sueco datarían de la época vikinga. Una nueva investigación, incluso con sondeos en 3D, muestra que son mucho más jóvenes y que uno de ellos es probablemente el primero de su tipo en la región nórdica.

Según las últimas investigaciones arqueológicas, cuatro de los barcos datan de los siglos XVII y XVIII, uno de ellos es significativamente más antiguo. Los arqueólogos del museo de naufragios Vrak en Estocolmo estiman que uno de los restos data de entre 1460 y 1480.

Los científicos llevan 200 años equivocados: los barcos vikingos en el fondo del mar acabaron siendo algo totalmente diferente

Hallan en Atapuerca la cara más antigua conocida de Europa occidental, entre 1,1 y 1,4 millones de años

Este resto, catalogado como ATE7-1, ha sido atribuido a Homo affinis erectus y representa una pieza clave para comprender las primeras migraciones y la evolución de los homininos en el continente europeo durante el Pleistoceno inferior.

El estudio de este hallazgo ha sido publicado en la revista Nature y ha sido liderado por la Dra. Rosa Huguet, investigadora del IPHES-CERCA, profesora asociada de la Universitat Rovira i Virgili (URV) y coordinadora, junto con el Dr. Xosé Pedro Rodríguez-Álvarez, investigador de la URV, de los trabajos de excavación e investigación en el yacimiento de Sima del Elefante.

El estudio es fruto de la colaboración entre una amplia representación de personal investigador y técnico del IPHES-CERCA y la URV, así como de otras instituciones nacionales e internacionales, entre las que destaca el Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH). Entre los institutos que participan en el estudio se encuentran el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) y el Instituto de Arqueología de Mérida (IAM, CSIC- Junta de Extremadura).

Durante la campaña de excavación de 2022, el Equipo de Investigación de Atapuerca (EIA) recuperó varios fragmentos de la parte izquierda de la cara de un individuo adulto en el nivel TE7 del Sima del Elefante. Estos fragmentos han requerido un laborioso trabajo de reconstrucción mediante técnicas tradicionales de conservación y restauración, así como con herramientas avanzadas de imagen y análisis 3D.

Tras dos años de investigación, el análisis detallado de ATE7-1 (bautizado por los investigadores como ‘Pink’) ha permitido concluir que esta cara no corresponde a la especie Homo antecessor, identificada en el yacimiento de la Gran Dolina, sino a una especie más primitiva. Sin embargo, las evidencias no son suficientes para una clasificación taxonómica definitiva, por lo que, de forma provisional, se ha asignado a Homo affinis erectus (H. aff. erectus).

«Homo antecessor comparte con Homo sapiens una cara de aspecto más moderno y la proyección de los huesos de la nariz, mientras que la configuración del rostro de Pink es más primitiva, con rasgos que recuerdan a Homo erectus, especialmente en su estructura nasal, plana y poco desarrollada», explica la Dra. María Martinón-Torres, directora del CENIEH y una de las investigadoras principales del proyecto de Investigación de Atapuerca.

No obstante, la investigadora subraya que «la evidencia aún no es suficiente para una clasificación definitiva y por eso se asigna a H. aff. erectus. Con este término se reconocen las afinidades de Pink con Homo erectus, pero se deja abierta la posibilidad de que pertenezca a otra especie».

El fósil ATE7-1, datado entre 1,1 y 1,4 millones de años, es significativamente más antiguo que los restos de Homo antecessor, cuya antigüedad se estima en aproximadamente 860.000 años. Esta cronología sugiere que Pink pertenece a una población que llegó a Europa en una oleada migratoria anterior a la de Homo antecessor.

El nivel TE7 de la Sima del Elefante, donde se halló el fósil ATE7-1, contiene numerosas evidencias de la presencia y actividades de los homininos durante el Pleistoceno Inferior. Entre ellas, se han recuperado herramientas de piedra y restos faunísticos con marcas de corte, lo que indica el uso de tecnología lítica para el procesamiento de animales.

Xosé Pedro Rodríguez-Álvarez, especialista en industria lítica, señala que «las herramientas de cuarzo y sílex halladas, aunque sencillas, indican una estrategia de subsistencia efectiva y demuestran la capacidad de estos homininos para explotar los recursos de su entorno».

Las marcas de corte identificadas en los restos de animales muestran claras evidencias del uso de estas herramientas para descarnar las carcasas de animales. «Estas prácticas indican que los primeros europeos conocían bien los recursos animales disponibles y sabían aprovecharlos de forma sistemática», añade Rosa Huguet, investigadora del IPHES y asociada al MNCN-CSIC, especializada en tafonomía.

El conjunto de datos paleoecológicos obtenidos del nivel TE7 muestran que el paisaje del Pleistoceno inferior en la Sierra de Atapuerca combinaba zonas boscosas, praderas húmedas y fuentes de agua estacionales, proporcionando un entorno rico en recursos para estos primeros pobladores humanos.

El descubrimiento de ATE7-1 supone un nuevo paso adelante para el Proyecto Atapuerca y para el estudio del poblamiento humano en Europa.

Según comenta la Dra. Marina Mosquera, directora del IPHES-CERCA y una de las investigadoras principales del Proyecto Atapuerca, «este yacimiento es clave para entender nuestros orígenes, y el nuevo hallazgo refuerza el papel de Atapuerca como un referente mundial en el estudio de la evolución humana».

Mosquera también destaca que «dirigir y coordinar los trabajos de excavación en estos yacimientos no solo nos permite profundizar en nuestros orígenes, sino también proyectar el nombre del IPHES-CERCA y de la investigación que se realiza en Tarragona en el panorama internacional, reafirmando nuestra posición como centro de referencia en evolución humana».

En la misma línea, Martinón-Torres destaca el papel de vanguardia del CENIEH como ICTS (Infraestructura Científica y Técnica Singular), donde han aplicado técnicas y métodos del futuro para el estudio del pasado, haciendo referencia a las sofisticadas tareas de reconstrucción y análisis virtual que han concluido con la asignación de ATE7-1 a una población hasta ahora no documentada en Europa.

El fósil no sólo amplía el conocimiento sobre los primeros pobladores de Europa, sino que también plantea nuevas preguntas sobre el origen y la diversidad de los homininos que habitaron el continente.

Según Eudald Carbonell, codirector del Proyecto Atapuerca, «el hecho de que encontremos evidencias de diferentes poblaciones de homininos en Europa occidental durante el Pleistoceno inferior sugiere que este territorio fue un punto clave en la historia evolutiva del género Homo».

Hallan en Atapuerca la cara humana más antigua conocida de Europa occidental, datada entre 1,1 y 1,4 millones de años

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Consejo Superior de Investigaciones Cientificas (CSIC)

Huguet, R., Rodríguez-Álvarez, X.P., Martinón-Torres, M. et al. The earliest human face of Western Europe. Nature (2025). doi.org/10.1038/s41586-025-08681-0

La Brujula Verde

Hallan en la cueva de Tinshemet, Israel, muestra de uniformidad de comportamiento entre los grupos Homo del Paleolítico medio levantino entre 130.000-80.000 años.

Hallan en Israel evidencias de que Neandertales y Sapiens convivieron compartiendo tecnología, costumbres y rituales funerarios hace 110.000 años

Artefacto lítico de la cueva de Tinshemet fabricado con tecnología compartida por Homo sapiens y neandertales. Crédito: Marion Prévost

Un reciente hallazgo arqueológico en la Cueva de Tinshemet, ubicada en el centro de Israel, ha proporcionado evidencias de que Neandertales y Homo sapiens no solo coexistieron en la región, sino que también compartieron tecnología, costumbres de vida y rituales funerarios, lo que sugiere una relación mucho más estrecha de lo que se pensaba anteriormente.

Las excavaciones en la Cueva de Tinshemet han estado en marcha desde 2017, lideradas por un equipo de expertos de la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Universidad de Tel Aviv, entre ellos el profesor Yossi Zaidner, el profesor Israel Hershkovitz y la doctora Marion Prévost.

Ocre. La cueva de Tinshemet demuestra el uso extensivo del ocre (pigmentos minerales), que puede haber sido utilizado para la decoración corporal. Crédito: Yossi Zaidner

Su objetivo principal ha sido determinar la naturaleza de las interacciones entre Homo sapiens y Neandertales en el Levante del Paleolítico Medio. ¿Fueron competidores por recursos?, ¿vivieron en paz como vecinos? o incluso, ¿colaboraron entre ellos?

El sitio ha resultado ser un yacimiento arqueológico de gran valor, ya que en él se han encontrado enterramientos humanos, los primeros de este periodo en más de cincuenta años. Estos hallazgos indican que ambas especies humanas compartieron no solo el territorio, sino también prácticas simbólicas y sociales, lo que contribuyó a la evolución de la cultura y la tecnología.

El estudio analiza cuatro ámbitos fundamentales: la producción de herramientas de piedra, las estrategias de caza, los comportamientos simbólicos y la complejidad social. La combinación de estos factores permite a los investigadores concluir que existió una interacción significativa entre diferentes grupos humanos, lo que llevó a un intercambio de conocimientos y costumbres. Este proceso habría impulsado la homogeneización cultural y favorecido el desarrollo de innovaciones sociales.

Uno de los aspectos más destacados del estudio es la aparición de rituales funerarios organizados en la región hace aproximadamente 110.000 años. Esta práctica, que podría haber surgido como consecuencia de una mayor interacción social, marca un hito en la historia de la humanidad.

Se ha encontrado un uso significativo de pigmentos minerales, especialmente ocre, en los restos hallados en la cueva, lo que sugiere que estos grupos utilizaban decoraciones corporales posiblemente con un sentido simbólico o identitario.

La concentración de enterramientos en la Cueva de Tinshemet plantea preguntas intrigantes. ¿Podría este sitio haber sido un cementerio o un espacio ceremonial utilizado por distintas comunidades humanas? Si esta hipótesis se confirma, indicaría la existencia de rituales compartidos y fuertes vínculos comunitarios entre los habitantes de la región.

En algunas de las tumbas, se encontraron herramientas de piedra, huesos de animales y fragmentos de ocre, lo que podría apuntar a creencias tempranas en una vida después de la muerte.

El profesor Zaidner describe a Israel como un «crisol de culturas» donde distintos grupos humanos se encontraron, interactuaron y evolucionaron juntos. Según él, los datos obtenidos refuerzan la idea de que la conexión entre poblaciones ha sido un motor fundamental en el desarrollo de innovaciones culturales y tecnológicas a lo largo de la historia.

Por su parte, la doctora Prévost destaca la posición geográfica única del Levante, que lo convirtió en un punto de encuentro entre distintas poblaciones humanas. Durante el Paleolítico Medio, las mejoras climáticas favorecieron la expansión demográfica y propiciaron el contacto entre diversas especies humanas, impulsando el intercambio de conocimientos y costumbres.

El profesor Hershkovitz añade que la interconexión de los estilos de vida entre los distintos grupos humanos en la región es una prueba más de que las relaciones entre ellos eran más complejas de lo que se pensaba. No se trataba simplemente de coexistencia, sino de una interacción dinámica en la que la cooperación y la competencia jugaron un papel clave.

Los hallazgos en la Cueva de Tinshemet  ofrecen una ventana única a las estructuras sociales, los comportamientos simbólicos y la vida cotidiana de los primeros grupos humanos en la región. Estos descubrimientos abren nuevas líneas de investigación sobre cómo se formaron las primeras sociedades complejas y cómo la interacción entre especies humanas contribuyó a la evolución cultural.

Hebrew University of Jerusalem

Zaidner, Y., Prévost, M., Shahack-Gross, R. et al. Evidence from Tinshemet Cave in Israel suggests behavioural uniformity across Homo groups in the Levantine mid-Middle Palaeolithic circa 130,000–80,000 years ago. Nat Hum Behav (2025). doi.org/10.1038/s41562-025-02110-y

La brujula verde