La misión arqueológica egipcia del Consejo Supremo de Antigüedades ha realizado un significativo hallazgo en la zona de Tel Rud Iskandar, en el yacimiento de Al-Maskhuta, ubicado en la gobernación de Ismailía. Durante los trabajos de excavación, los arqueólogos descubrieron la tumba de un alto mando militar de la época de Ramsés III, además de un conjunto de tumbas colectivas e individuales que datan de los períodos grecorromano y tardío.
Tambien se descubrieron tumbas de epocas posteriores
El doctor Mohamed Ismail Khaled, secretario general del Consejo Supremo de Antigüedades, destacó la relevancia de este descubrimiento, subrayando que proporciona nuevos indicios sobre la importancia estratégica de Tel Rud en la defensa de las fronteras orientales de Egipto durante el Imperio Nuevo. La presencia de fortificaciones y guarniciones en la región refuerza la hipótesis de que el área desempeñó un papel clave en la protección del territorio.
Puntas de flecha halladas en la tumba del comandante de Ramses II
El equipo de arqueólogos halló la tumba del comandante militar, construida en adobe y compuesta por una cámara funeraria principal y tres salas anexas, cuyos muros están recubiertos con una capa de mortero blanco. Entre los objetos recuperados en el interior se encuentran puntas de flecha de bronce y los restos de un cetro, indicios que sugieren que el difunto ostentaba un cargo de gran relevancia en el ámbito militar.
Asimismo, se hallaron recipientes de alabastro en excelente estado de conservación, decorados con inscripciones y restos de pigmentación, entre los que destacan dos cartuchos con el nombre del faraón Horemheb, monarca de la dinastía XVIII conocido por su liderazgo militar.
Dentro de la tumba, los arqueólogos también encontraron un esqueleto humano recubierto con cartonnage, un material compuesto de lino y yeso, lo que indica una reutilización de la tumba en épocas posteriores. Además, se hallaron un anillo de oro con el cartucho de Ramsés III, un conjunto de cuentas de piedras semipreciosas de diversas formas y colores, y una pequeña caja de marfil, posiblemente utilizada para almacenar objetos personales o amuletos funerarios.
El hallazgo no se limitó a la tumba del comandante militar. Según explicó Mohamed Abdel Badi, jefe del Departamento de Antigüedades Egipcias del Consejo Supremo de Antigüedades, también se encontraron tumbas colectivas de la época grecorromana que contenían restos óseos humanos, lo que indica rituales funerarios en los que se practicaba el entierro en grupo.
Por otro lado, en las tumbas individuales del período tardío se identificaron una serie de amuletos con representaciones de los dioses egipcios Tauret y Bes, así como el Ojo de Udjat, símbolo de protección y sanación en la mitología egipcia.
El profesor Qutb Fawzi Qutb, director del Departamento de Antigüedades del Bajo Egipto y el Sinaí, detalló que estos enterramientos reflejan la diversidad de influencias culturales en la región y su importancia como nexo entre distintas civilizaciones a lo largo de los siglos. La combinación de elementos egipcios y grecorromanos en los ajuares funerarios es un testimonio de la riqueza histórica de Ismailía.
Las excavaciones en la zona de Tel Rud Iskandar continúan y se espera que proporcionen más información sobre la historia militar y cultural del país en los próximos años. El Ministerio de Turismo y Antigüedades ha expresado su compromiso con la preservación y estudio de estos hallazgos, que enriquecen el patrimonio arqueológico de Egipto y su legado histórico.
Los dos sitios arqueológicos más importantes y famosos de la región italiana de Campania son Pompeya y Herculano, las dos ciudades sepultadas por el Vesubio.
Sin embargo, hay una tercera urbe en ruinas muy cerca, al norte de Nápoles, que no fue alcanzada por la erupción sino que se abandonó en la Edad Media y que tiene un indudable interés porque allí descansan los restos de Escipión el Africano, el general que derrotó a Aníbal Barca en la Segunda Guerra Púnica. El lugar se llama Liternum.
Liternum se ubica en el municipio de Giugliano de Campania, que forma parte del área metropolitana de Nápoles y, para concretar más, se encuentra en la orilla sur del lago Patria. Éste consiste en una pequeña masa de agua de dos kilómetros cuadrados y metro y medio de profundidad media, alimentado por diversas fuentes -entre ellas un canal que lo comunica con el mar, de ahí que su agua sea salada-, aunque en la Antigüedad lo hacía el río Clanio, que desemboca en el Tirreno allí mismo. Por entonces, al lago se lo conocía con el nombre de Literna Palus y se extendía un poco más hacia el norte mediante una amplia zona pantanosa.
Si bien consta que la zona estuvo habitada desde la prehistoria, a principios del primer milenio se asentaron allí los oscos, pueblo indoeuropeo que probablemente fue el que fundó Pompeya y Herculano, aunque a partir del siglo VII a.C. tuvieron que ceder ante los griegos de Cuma, que establecieron diversas colonias a lo largo de la costa.
Luego fueron conquistados por los samnitas y después, tras la batalla de Sentino (en la Tercera Guerra Samnita), por la República Romana, experimentando el consecuente proceso de romanización.
Ahora bien, lo interesante de Liternum es la transformación que experimentó al término de la Segunda Guerra Púnica, tras la capitulación de Cartago y el encumbramiento del hombre que lo hizo posible: Publio Cornelio Escipión, vencedor de Magón Barca, Asdrúbal Giscón, el númida Sifax y, sobre todo, Aníbal, gracias a lo cual se ganó el agnomen de Africano y ser nombrado princeps senatus (primer senador).
La contienda terminó en el año 201 a.C. y Escipión continuó su carrera político-militar pero, mientras, los veteranos de su ejército recibieron como premio las tierras de Liternum, que tenía el estatus de colonia romana.
Eso fue en el 194 a.C. pero, a lo largo de los años siguientes, las cosas cambiarían para el héroe de Zama. Inicialmente todo fue bien, persiguiendo a Aníbal hasta el imperio seléucida de Antíoco III el Grande, al que derrotó en la batalla de Magnesia junto con su hermano (que recibió por ello el agnomen de Asiático) en el 190 a.C.
Pero en la antigua Roma el éxito solía despertar envidias y recelos. Al regresar, los dos Escipiones fueron acusados de haberse dejado sobornar por el rey derrotado debido a las laxas condiciones que le impusieron y el principal acusador, Catón el Viejo, exigió que hicieran públicas las cuentas de la campaña.
El Africano, indignado, se negó, lo que se tradujo en condena para su hermano. Él lo liberó de su prisión y aunque finalmente se hizo el pago de la sanción dictada, la actitud del Africano sirvió para abrir otro proceso contra él. Entonces abandonó Roma para retirarse a la villa que tenía en Liternum.
Nunca regresaría, dedicándose a la agricultura olivarera y a escribir sus memorias mientras sus enemigos renunciaban a continuar con la acusación, quizá conscientes de que le quedaba poco. Efectivamente, falleció en torno al 183 a.C. habiendo indicado explícitamente ser enterrado allí mismo y no en la metrópoli que tanta ingratitud había demostrado.
Lamentablemente, su tumba cayó en el olvido durante mucho tiempo. Tito Livio y Séneca, que vivieron a caballo entre el siglo I a.C. y el I d.C. todavía la consignaron (en Ab urbe condita y Cartas a Lucilio respectivamente), pero a partir de ahí se pierde en la Historia.
Y eso que, según el primero, el sepulcro tenía una estatua y todo, además de un epígrafe con unas famosas presuntas palabras del personaje: «Ingrata Patria nec bones quidem mea habes» (Desagradecida patria, ni siquiera tienes mis huesos). Por cierto, una tradición cuenta que mucho después se halló un fragmento de esa lápida en el que sólo se podía leer «…ta Patria nec …» y por eso la gente empezó a llamar Patria al lago.
Posteriormente a Escipión, Liternum vivió dos períodos de esplendor: el primero fue durante el reinado de Augusto y el segundo desde finales del siglo I d.C. a principios del II d.C. Ese desarrollo se debió a la Via Domitiana, una calzada construida por el emperador Domiciano en el 95 d.C. para conectar el puerto de Puteoli (actual Pozzuoli) con el resto del imperio; el tramo que iba del puerto a Sinuessa (actual Mondragone), donde enlazaba con la Vía Apia, medía unos cuarenta y nueve kilómetros y pasaba por Liternum, lo que le permitía participar de la red de comercio de pescado, los perfumes, la cerámica y, sobre todo, el vidrio que se fabricaba con la fina arena de esa parte del litoral.
En esa etapa, la ciudad llegó incluso a ser sede episcopal pero una serie de inundaciones y las invasiones bárbaras que empezaron a solar la península itálica hicieron que, del siglo IV d.C. en adelante, la gente tendiese a abandonar el lugar para concentrarse en la vecina Lilianum (Giugliano de Campania), otro núcleo urbano fundado por los griegos. Liternum quedó abandonada y en el Medievo ya únicamente vivía allí una comunidad benedictina.
El sitio fue redescubierto en el siglo XIX, al encontrarse algunas lápidas, lo que en 1930 incentivó a los arqueólogos a excavar en busca de la tumba de Escipión; no está claro si tuvieron suerte.
Hoy en día constituye el centro de un parque arqueológico que, a su vez, está integrado en la reserva natural regional de Foce Volturno-Costa di Licola, un área protegida de 1.540 hectáreas de las que 85.000 metros cuadrados son las ruinas históricas que comenzaron a salir a la luz en 1932.
Esos restos, en bastante mal estado, incluyen foro (rectangular, se supone que bajo el pavimento reposa Escipión), capitolio (del siglo II d.C. y con un templo dedicado a la tríada Júpiter, Juno y Minerva), basílica (de tiempos de Sila), teatro (de época Antonina, con aforo para un millar de espectadores), murallas, cisterna, termas, anfiteatro, necrópolis (del período imperial) y un ara que se colocó en el sitio donde se supone que está inhumado el general romano, en el foro, frente a las tabernae (tiendas).
Publio Cornelio Escipion el Africano
Desde 2016, el conjunto ha sido incorporado al Parque Arqueológico del Campi Flegrei y se puede visitar…
Las excavaciones en la antigua colonia romana de Liternum, en el municipio de Giugliano in Campania, han mostrado nuevos vestigios de época imperial. Bajo la dirección de la arqueóloga Simona Formola, se explora una extensa área de más de 150 metros cuadrados, previamente protegida por un decreto ministerial, donde se han identificado estructuras funerarias de notable interés histórico.
Entre los descubrimientos más significativos figuran dos recintos funerarios que conservan amplias secciones de su revestimiento original. Sus muros, decorados en una primera fase con un tono blanco y posteriormente enriquecidos con detalles en rojo, enmarcan un espacio central donde se ha identificado un pozo de gran profundidad, presumiblemente utilizado para ceremonias religiosas o rituales vinculados a las creencias funerarias de la comunidad.
Un elemento arquitectónico especialmente relevante dentro de la excavación es un mausoleo de planta cuadrangular construido con la técnica de opus reticulatum, empleando bloques de toba gris. Con una estructura de tres metros por lado, presenta nichos enlucidos en sus muros internos, diseñados para albergar urnas cinerarias, lo que sugiere un uso prolongado de la necrópolis a lo largo de varias generaciones.
El equipo de arqueólogos también ha documentado alrededor de veinte sepulturas distribuidas en los alrededores de los muros perimetrales. Estas tumbas corresponden a distintas tipologías utilizadas en la Roma antigua: inhumaciones en tumbas a cappuccina (cubiertas con tégulas dispuestas a dos aguas), enterramientos ad enchýtrismos (utilizando vasijas como receptáculos para los restos) y sepulcros de caja con estructuras de ladrillo, que muestran un alto grado de elaboración.
Los indicios materiales hallados en el sitio permiten trazar una cronología que abarca desde finales del siglo I a.C. hasta el periodo imperial medio, entre los siglos II y III d.C. La estratigrafía de las edificaciones, junto con el hallazgo de ajuares funerarios que incluyen monedas, lámparas de aceite y pequeños recipientes cerámicos, ofrecen pistas sobre los cambios en las costumbres funerarias y las interacciones sociales dentro de esta comunidad romana.
Uno de los descubrimientos más notables en esta campaña arqueológica es una inscripción funeraria en mármol que menciona a un gladiador. Esta inscripción, que se encuentra en un estado de conservación excepcional, constituye un testimonio único sobre la percepción y la memoria de estos combatientes en la sociedad romana. Su presencia en Liternum sugiere que la ciudad albergó a gladiadores que, tras su carrera en la arena, encontraron allí su última morada.
El arqueologo, Mariano Nuzzo, ha destacado la relevancia de estos hallazgos:
el territorio de Giugliano está experimentando un periodo extraordinario de descubrimientos, primero con la Tumba de Cérbero y ahora con esta necrópolis. La calidad de las estructuras y su buen estado de conservación permiten enriquecer nuestro conocimiento sobre la historia de la colonia de Liternum y profundizar en el estudio del contexto sociocultural de la época.
El hallazgo también plantea nuevos interrogantes sobre la disposición del espacio urbano de la colonia romana, en particular respecto a la traza de la antigua Vía Domitiana, la calzada que conectaba el sur de Italia con Roma y cuyos márgenes acogían tradicionalmente necrópolis y sepulturas.
Las investigaciones continúan y, con el avance de las excavaciones y el estudio minucioso de los materiales recuperados, se espera ampliar significativamente el conocimiento sobre este enclave histórico de gran relevancia. La Superintendencia ha reafirmado su compromiso con la protección y difusión de estos bienes culturales, asegurando que los vestigios descubiertos sean preservados y accesibles tanto para la comunidad científica como para el público en general.
Un equipo de arqueólogos encontró en Cnosos, en la isla griega de Creta, la inscripción en Lineal A más extensa hallada hasta la fecha. La escritura se encuentra en un objeto de marfil de forma circular con un mango adjunto, hallado en un contexto de claro carácter religioso dentro de un edificio neopalacial. El hallazgo, además de aportar la inscripción más larga en este sistema aún no descifrado, ofrece nuevas perspectivas sobre el uso de la escritura minoica en contextos ceremoniales.
El objeto fue descubierto en una de las salas de un edificio de la fase neopalacial (1700-1450 a.C.) ubicado en la parcela Anetaki, un área de Cnosos caracterizada por su uso religioso desde la época protopalacial hasta épocas posteriores.
Lugar del hallazgo
La inscripción fue encontrada en el llamado Depósito de Marfil, una estructura semisubterránea donde se hallaron también fragmentos de cerámica, bronce y otros elementos de ofrenda.
El centro de marfil en el lugar del hallazgo
El objeto de marfil, identificado provisionalmente como un céretro o cetro ritual, presenta una inscripción incisa en el alfabeto Lineal A en todas sus caras. Según los especialistas que han estudiado el hallazgo, la longitud total del texto alcanza aproximadamente 119 signos, superando en extensión a otras inscripciones conocidas hasta ahora en este sistema de escritura.
El objeto está compuesto por un anillo de marfil con un mango que originalmente parecía formar parte de un solo conjunto. Sin embargo, estudios epigráficos han demostrado que la inscripción en el anillo y la del mango presentan diferencias estilísticas, lo que sugiere que fueron grabadas por diferentes escribas o en distintos momentos.
El texto en el anillo está distribuido en cuatro caras, cada una con inscripciones talladas con una precisión inusual en la escritura Lineal A. Se distingue por su elaboración caligráfica, lo que sugiere un uso ceremonial y no administrativo, a diferencia de la mayoría de las tablillas de arcilla con inscripciones en este sistema.
La inscripción está dividida en metopas o secciones separadas, dentro de las cuales aparecen símbolos logográficos que representan animales, vasijas, textiles y pieles, posiblemente con relación a actividades rituales.
En una de las caras se observa una serie de doce cuadrúpedos, cada uno dentro de su propia metopa, lo que sugiere un registro iconográfico de ofrendas o sacrificios.
Otra cara contiene una secuencia de caracteres silábicos y logográficos, en algunos casos asociados con signos de vasijas, lo que podría indicar información sobre el contenido de las mismas.
El hallazgo de esta inscripción proporciona una oportunidad sin precedentes para avanzar en el estudio del Lineal A, un sistema de escritura aun indescifrado que se utilizó en Creta y otras regiones del Egeo durante la Edad del Bronce. Su extensión y la presencia de iconografía ritual sugieren que podría tratarse de un texto ceremonial o un registro de ofrendas.
Un aspecto particularmente significativo es la ausencia de numerales, un rasgo que distingue esta inscripción de los textos administrativos en tablillas de arcilla. Esto refuerza la hipótesis de que la escritura minoica no se limitaba a la contabilidad, sino que también desempeñaba un papel en el contexto religioso y ceremonial.
Por otro lado, el mango del objeto presenta una inscripción diferente en Lineal A, pero con una estructura más cercana a los textos administrativos, incluyendo signos numéricos y fraccionarios. Esto podría indicar un uso mixto del objeto, combinando elementos rituales con una posible función de registro.
Kanta, A., Nakassis, D., Palaima, T. G., & Perna, M. (2025). An archaeological and epigraphical overview of some inscriptions found in the Cult Center of the city of Knossos (Anetaki plot). Ariadne, 27–43. doi.org/10.26248/ariadne.vi.1841
Las obras para la ampliación de la línea 11 de metro de Madrid han destapado un importante hallazgo arqueológico escondido en el subsuelo: los restos del Real Canal del Manzanares, una obra del siglo XVIII que se utilizó como vía de transporte de mercancías hasta el mar, y que quedó en desuso con la llegada del ferrocarril a finales del siglo XIX.
El hallazgo se encuentra en la zona donde se ubicará la futura estación de metro de Madrid Río, una de las dos de nueva construcción (junto a la de Comillas) que vendrán a sumarse al nuevo recorrido de la línea 11, con un total de 20 estaciones, cuyas obras terminarán entre finales de 2027 y principios de 2028.
Un grupo de arqueólogos está recogiendo, analizando y clasificando toda la información posible acerca del descubrimiento del Real Canal del Manzanares con el objetivo de musealizar el material en la propia estación de Madrid Río ―como ya se ha hecho en otras en las que se han encontrado restos arqueológicos― ya que debido a las obras estos no se podrán conservar.
“No ha sido ninguna sorpresa encontrarnos con este tramo del canal aquí”, explicó la arqueóloga encargada de la obra, Esther Andreu, porque no es el primero de estos hallazgos en obras del entorno. Según informó, “se están guardando tablas para ser restauradas y se están utilizando escáneres láser para recoger toda la información” disponibles antes de que llegue la tuneladora con la que proseguirán las obras de la línea 11 de metro. El material recabado será expuesto en un espacio especialmente diseñado en la nueva estación, en el que se reconstruirá parcialmente el canal con elementos originales, y se colocarán planos y dibujos explicativos para que se conozca su importancia en el pasado de la ciudad.
La antigua infraestructura estaba revestida de madera y conectaba Madrid con Aranjuez a través de un canal fluvial, con el que se tenía salida al río Tajo y, por tanto, al mar. Las barcazas se transportaban con tracción animal ―de los que también se han encontrado restos, ya que cuando morían eran lanzados a las propias aguas― por el cauce que tuvo 22 kilómetros de extensión, 14 metros de anchura y tres de calado, con 10 esclusas, una cabecera, un embarcadero y casas de personal y de mantenimiento. La fuerza hidráulica también era aprovechada para mover molinos. “El agua fluía de manera natural, gracias a que se encontraba en la misma cota del nivel freático del Manzanares”, detalló Andreu. Según la arqueóloga, este canal fue un sueño de Felipe II, materializado en parte por Carlos III, aunque desapareció bajo las sucesivas obras urbanísticas a partir del siglo XIX.
La ampliación de la línea 11 de metro, que cuenta con una inversión de 514 millones de euros, es uno de los proyectos “más ambiciosos” del Gobierno de la Comunidad de Madrid. Esta línea pasará de ser una de las más cortas de la red de Metro a extenderse a lo largo de 33 kilómetros, conectando el suroeste con el noroeste de la ciudad y enlazando con la Terminal 4 del Aeropuerto Internacional Adolfo Suárez Madrid-Barajas.
Según el director general de Infraestructuras de Transporte Colectivo, Miguel Núñez, la ampliación tiene tres objetivos: descongestionar la saturada línea 6, mejorar la interconexión de los principales nodos de transporte y ofrecer una alternativa eficiente para los desarrollos urbanísticos del sureste. Las obras se dividen en dos fases, la externa, que se refiere a la creación de las dos nuevas estaciones de Madrid Río y Comillas y la adaptación de las ya existentes, y la interna, que consiste en la perforación del subsuelo para crear los túneles por donde pasarán los trenes en los nuevos tramos.
Pamplona, 17 mar (EFE).- La escultura romana de bronce conocida como el ‘Togado de Pompelo’, que retornó a Pamplona en 2022 y fue adquirida por el Gobierno foral en 2023, representa a una niña de entre 10 y 12 años y no a un hombre como se creía hasta ahora.
Esta es la conclusión que avanza un informe previo encargado por el Gobierno foral a la experta alemana Carmen Marks-Jacob, que ha dado a conocer este lunes la consejera de Cultura, Rebeca Esnaola, quien además ha adelantado que el Museo de Navarra volverá a mostrar la pieza en la Planta Baja con una nueva museografía que se hace eco de las aportaciones de la reciente investigación.
Esnaola ha desvelado que «el hasta ahora denominado ‘Togado de Pompelo’, se trataría en realidad de la representación de una niña de entre 10 y 12 años de edad, vistiendo la toga ‘praetexta’ que muestra su condición de ciudadana romana, y portando un haz de espigas en su mano derecha como símbolo de su futura fertilidad.
Estos estudios, la catalogan además como la única representación de este género en bronce en el mundo y con una antigüedad mayor que la fechada anteriormente, en concreto, un siglo más antigua», ha explicado.
En el año 2015 se supo que el ‘Togado de Pompelo’, escultura romana en bronce hallada en la calle Curia en el año 1895, a la que se había dado por desaparecida desde 1906 y conocida exclusivamente hasta entonces por una fotografía en blanco y negro publicada en 1911, formaba parte de una colección particular neoyorkina.
El Gobierno foral gestionó su retorno a Pamplona en 2022 como préstamo temporal durante dos años, para su exhibición y estudio en el Museo de Navarra. Un año después, el Gobierno de Navarra adquirió a su propietario esta importante pieza por un precio de 572.610 euros.
Hasta el pasado mes de noviembre, la escultura se exponía con la interpretación y cronología propuestas por Luis Romero Novella en 2015: una estatua masculina de bronce que representa a un personaje togado, uno de los 13 conservados en todo el mundo, datado en la primera mitad del siglo II d.C. y que porta un atributo de difícil interpretación,.
Desde su llegada a Pamplona, el 12 de mayo de 2022, la escultura ha sido objeto de estudios científicos, tanto de carácter técnico, como históricos y artísticos, con el objetivo de conocer este importante bien cultural lo mejor posible.
En ese contexto, el pasado mes de octubre de 2024, el Museo de Navarra acogió un encuentro especializado de carácter internacional para presentar el ‘Togado de Pompelo’ a los máximos especialistas en la escultura romana en Hispania, entre ellos Hans Rupprecht Goette, reconocido como una autoridad mundial en estatuaria de la Antigüedad clásica, muy particularmente de los togados.
Este experto comunicó a las responsables del Museo su convencimiento de que la estatua de Pompelo no es un personaje masculino togado, y recomendó el contacto con la especialista Carmen Marcks-Jacob, de la Universidad Humboldt de Berlín, quien se desplazó a Pamplona en diciembre de 2024 para estudiarla personalmente.
En su opinión, se trata de una figura que representa a una niña, de entre 10 y 12 años de edad, vistiendo la toga ‘praetexta’ que muestra su condición de ciudadana romana, y portando un haz de espigas en su mano derecha, como símbolo de su futura fertilidad, fechable por razones estilísticas en la primera mitad del siglo I d.C..
Se trataría de la única representación de este género en bronce en el mundo. Según Marcks-Jacobs, podría tener un significado funerario o haber formado parte de un grupo escultórico familiar.
En 1882, en una tumba etrusca cerca de Veyes a unos 16 kilómetros al norte de Roma, se encontró un cántaro griego, un olpe que había permanecido oculto en una cámara sepulcral bloqueada ya en la Antigüedad por un derrumbe, lo que permitió que llegara hasta nosotros en un estado de conservación excepcional.
El olpe de Chigi está considerado como la primera representación de falanges hoplitas conocida. Crédito: ArchaiOptix / Wikimedia Commons
No era etrusco sino que había sido elaborado en Corinto alrededor del año 640 a.C. y, de alguna manera, terminó su viaje en tierras italianas, probablemente como un objeto de lujo importado por la aristocracia etrusca. Junto a él había también un ánfora de bucchero (un tipo de cerámica negra) que lleva inscritas cinco líneas en dos alfabetos etruscos.
La producción de este vaso coincide, por tanto, con el periodo de dominio de la dinastía de los Cipselidas en Corinto, quienes, como tiranos, promovieron las artes y la prosperidad artística de la ciudad, atrayendo a los mejores artesanos de otras polis griegas.
Conocido como Olpe de Chigi, por haber sido descubierto en terrenos que pertenecían a la familia principesca romana de ese nombre, no es solo una obra maestra de la cerámica protocorintia del siglo VII a.C., sino también la primera representación visual conocida del mito del Juicio de Paris, y de la formación de falanges hoplitas.
En sus 26 centímetros de altura, el vaso despliega tres niveles narrativos, cada uno representando una faceta de la sociedad y el pensamiento griego de la época:
El friso superior nos transporta a un campo de batalla donde un grupo de hoplitas avanza en formación de falange, una innovación militar que pronto definiría el poderío de las polis griegas. Un músico con un aulós (flauta doble) marca el ritmo de la marcha, aportando dinamismo a la escena. Se trata de la más antigua representación conocida de la formación de falanges hoplitas.
El registro superior, pintado en negro, blanco y dos tonos de marrón sobre el color crema de la terracota, muestra soldados de infantería equipados con yelmos, escudos y lanzas, entrando en combate con un vigor y una libertad superiores, incluso, a las de la escultura asiria coetánea.
En el friso central el arte del pintor alcanza su punto álgido, representando una escena de caza de leones que deja en el aire la incógnita de si éstos todavía habitaban el Peloponeso en el siglo VII a.C. Y, escondida bajo el asa del vaso aparece el único elemento mítico dentro del conjunto de escenas realistas: el Juicio de Paris. Un joven llamado Alejandro (el otro nombre de Paris) se encuentra rodeado por tres diosas —Atenea, Hera y Afrodita— y por Hermes, el mensajero de los dioses.
A través de una decisión aparentemente trivial —elegir a la diosa más hermosa—, Paris desatará el conflicto más legendario de la antigüedad, pues su elección de Afrodita le concederá el amor de Helena y, con ello, provocará la Guerra de Troya.
El mito del Juicio de Paris no aparece en la Ilíada de Homero, sino en un poema épico anterior llamado la Cipria. Este relato, hoy perdido en su mayor parte, contaba los acontecimientos que precedieron a la Guerra de Troya, proporcionando el trasfondo necesario para comprender el inicio del conflicto.
La escena del Juicio de Paris está muy deteriorada, pero el artista incluyó los nombres de los personajes representados, algo novedoso en la época. Crédito: ArchaiOptix / Wikimedia Commons
El hecho de que el Olpe de Chigi muestre esta escena, la representación del mito más antigua que existe, sugiere que este ya era ampliamente conocido en el siglo VII a.C., lo que confirma la existencia de una rica tradición oral antes de que Homero compusiera sus epopeyas.
Sin embargo, algunos autores ven en la posición casi marginal de la escena una plantación emblemática de la indiferencia del arte corintio orientalizante hacia el mito y la narrativa en general.
El friso inferior nos muestra otra animada escena de caza, donde cazadores y perros persiguen liebres en medio de un paisaje agitado por el viento, aportando un inusual sentido de movimiento a la composición.
El creador del Olpe de Chigi sigue siendo un misterio, aunque los expertos lo han bautizado como el Pintor del Olpe Chigi o el Pintor de Ecfanto (pintor corintio al que Plinio el Viejo atribuye la invención de la pintura polícroma). Su estilo es único dentro de la cerámica protocorintia, ya que introduce técnicas innovadoras como la superposición de figuras para sugerir profundidad y el uso de colores adicionales más allá del típico negro y rojo.
Además, este artista se adelantó a su tiempo al incluir inscripciones que identifican a los personajes. En un mundo donde la narración pictórica aún estaba en sus primeras etapas, marcar los nombres de Paris, Afrodita, Hera, Atenea y Hermes en un vaso fue una auténtica revolución. Es posible que el pintor estuviera inspirado por los grandes murales de la época, hoy perdidos, que también utilizaban textos para complementar las imágenes.
Hoy el Olpe de Chigi se conserva en el Museo Nacional Etrusco de Villa Giulia en Roma, junto a otras obras maestras de la cultura etrusca.
La restauración de 30 piezas arqueológicas celtíberas extraídas de una necrópolis de Bronchales revela su excepcional estado de conservación, a pesar de haber estado enterradas desde el siglo V antes de Cristo
Es como si la hubieran hecho anteayer», afirma la restauradora Rosana Herrero tras inspeccionar una fíbula de bronce de hace 2.500 años procedente de la necrópolis celtíbera del Castillejo de Bronchales. Herrero dirige el equipo del Centro de Restauración de la Fundación Santa María de Albarracín que limpia y repara la colección de piezas extraídas entre 2021 y 2022 en campañas lideradas por el arqueólogo Francisco Burillo en tres enterramientos de pastores trashumantes del siglo V antes de Cristo.
Herrero afirma que los bocados de caballo, ya limpios y consolidados, «podrían usarse hoy mismo», porque, al igual que el resto de los materiales, presentan un estado de conservación «excepcional», a pesar de haber pasado tres milenios bajo tierra.
Los materiales restaurados serán expuestos en el museo de los celtíberos trashumantes que el Ayuntamiento de Bronchales acondiciona en un antiguo caserón comprado para este fin con una subvención del Gobierno central de 800.000 euros. El alcalde, David Hernández, confía en abrir el centro al público antes de terminar 2025 con el fondo de armas y herramientas del Castillejo como atracción estrella.
La restauración abarca las 30 piezas más llamativas procedentes del Castillejo del Vallejo del Sordo, un yacimiento descubierto a raíz de una misteriosa donación anónima de materiales realizada en 2021 que permitió descubrir el enclave. La excavación ha aportado materiales ricos, variados y preservados con una calidad insólita. El conjunto ha servido para confirmar la opulencia del poblado que enterró los objetos como ofrenda y que la trashumancia de ganado ovino desde la Sierra de Albarracín hasta Jaén se llevaba a cabo hace 2.500 años al igual que se hace actualmente.
Entre las piezas en proceso de restauración, destacan elaborados broches, lanzas, restos de es
padas, tijeras de esquilar ovejas, bocados y carrilleras de caballo, fíbulas –broches para abrochar túnicas– y escudos pectorales, muchos de ellos de indudable factura íbera, una procedencia confirmada al analizar el metal utilizado para elaborarlas y constatar su origen andaluz.
El tratamiento aplicado en el Centro de Restauración empieza con una limpieza «mecánica y en seco» de las adherencias de las piezas mediante bisturí y cepillo, sigue con la aplicación de un disolvente para eliminar incrustaciones y termina con una impregnación a base de productos para consolidar los materiales e inhibir su oxidación. En los objetos de hierro se utiliza, además, un láser para eliminar adherencias calcáreas.
Rosana Herrero se muestra sorprendida por la excepcional conservación de todos los materiales, que en algunos casos incluyen restos biológicos, como madera, cuero o tejidos, algo «casi único» en piezas que se remontan a hace tres milenios y que han permanecido sepultadas durante todo este tiempo. A su juicio, entre las causas de esta primorosa preservación, destacan la composición del suelo y la ubicación del yacimiento en un montículo, lo que impide la acumulación de agua y el cultivo.
El resultado son unos bocados y carrilleras de caballo que, según Herrero, se podrían utilizar, al igual que las fíbulas de bronce, que solo precisan de una limpieza superficial porque su estado es «impecable» al conservar todos sus elementos con las mismas articulaciones que presentaban al salir de un taller del siglo V antes de Cristo. La restauración ha deparado otras sorpresas, como la presencia de finas láminas de plata repujada como elemento decorativo de unos broches forjados en Daroca (Zaragoza).
El gerente de la Fundación Santa María, Antonio Jiménez, está convencido de que, por la calidad, abundancia y estado de conservación de la colección, «Bronchales será, a partir de ahora, un referente de la celtiberia». El trabajo de restauración se terminará en dos meses. Será el momento de emprender el viaje de vuelta para su exposición en el museo de los celtíberos trashumantes.
El alcalde adelanta que, tras invertir la subvención del Gobierno central en comprar un edificio y acondicionar el museo de los celtíberos, el Ayuntamiento destinará 15.000 euros de sus propios recursos para reanudar las excavaciones en el Castillejo, donde solo se ha excavado el 2% de la superficie total. Las expectativas de encontrar más piezas de valor son, afirma, «muy buenas».
Expertos en arqueología han confirmado que la construcción de casas cuadradas surgió por cambios sociales y necesidades en los primeros asentamientos humanos.
Expertos en arqueología han confirmado una teoría histórica fascinante sobre el origen de las casas cuadradas. A lo largo de la historia de la evolución humana, los primeros asentamientos y las viviendas reflejaron las necesidades y recursos disponibles en cada época.
Un estudio arqueológico por la Universidad Hebrea de Jerusalén ha revelado que la construcción de viviendas rectangulares se inició durante un periodo específico de la historia. Este giro en la arquitectura de las casas no solo se debió a razones prácticas, sino también a cambios en la organización social y el entorno. Descubre cómo la arqueología revela este importante hito en la historia de la humanidad.
Según señalan los expertos en arqueología, las casas rectangulares comenzaron a construirse en el Neolítico, hace entre 15.000 y 8.500 años, durante un período de importantes cambios sociales y tecnológicos. La transición de viviendas redondas a cuadradas no fue rápida ni uniforme, sino que existió una gran diversidad en los diseños, lo que muestra que las casas no seguían reglas estrictas.
La transición de casas redondas a rectangulares en la arquitectura temprana fue gradual. Un estudio de arqueología donde se analizaron 118 edificaciones en el Levante mediterráneo mostró que, aunque las primeras viviendas de los natufios (10.800-8.300 a.C.) eran circulares y hechas de caña y barro, con el tiempo, especialmente durante el Neolítico Pre cerámico A, comenzaron a aparecer estructuras con ángulos rectos, reflejando una evolución en los diseños.
Algunas razones según los expertos en arqueología son:
Herramientas más avanzadas: las escuadras triangulares y en forma de T facilitaron la creación de diseños rectilíneos y más definidos en las casas
Mayor eficiencia en el uso del espacio: las formas rectangulares permitieron agrupar habitaciones de manera ordenada, optimizando el espacio disponible en las casas
Estabilidad estructural: las casas rectangulares ofrecían mayor resistencia a factores externos, como el viento y los movimientos sísmicos, mejorando la seguridad de los humanos, un tema de gran interés en la arqueología.
Mejor organización interna: las paredes rectas favorecían una distribución más funcional y sin grandes espacios vacíos, lo cual es clave para los estudios en arqueología sobre la vida cotidiana de los antiguos humanos.
Con el tiempo, las herramientas avanzadas y las nuevas técnicas facilitaron la transición hacia las casas rectangulares, un importante avance en la historia que los estudios de arqueología han revelado.
Un equipo internacional de arqueólogos submarinos ha concluido recientemente una nueva fase de excavaciones en el yacimiento sumergido de Asini, cerca del pueblo costero de Tolo, en Argólida, Grecia. La investigación, llevada a cabo entre el 7 y el 11 de octubre de 2024, ha permitido documentar importantes restos de una antigua infraestructura portuaria, sumando así nuevas piezas al rompecabezas de la historia marítima del Mediterráneo.
Los trabajos forman parte de un ambicioso programa de investigación arqueológica submarina que se desarrolla desde 2022 y que es fruto de la colaboración entre el Eforado de Antigüedades Subacuáticas de Grecia, el Instituto Sueco de Atenas y la Universidad de Estocolmo. Además, cuenta con la participación del Departamento de Arqueología de la Universidad de Gotemburgo y la empresa Nordic Maritime Group.
Bajo la dirección de la arqueóloga griega Dra. Panagiota Galiatsatou y los especialistas suecos Prof. Ann-Louise Schallin y Dr. Niklas Eriksson, el equipo ha llevado a cabo un minucioso estudio del fondo marino en una zona clave del antiguo puerto.
Los trabajos de campo de este año se concentraron en el borde noroeste de una plataforma artificial sumergida, una zona que, según estudios previos, ha conservado gran parte de su forma original. En un área de 16 metros cuadrados, los arqueólogos emplearon fotogrametría de alta resolución para documentar en detalle los restos estructurales y los materiales hallados.
Los resultados han confirmado la existencia de importantes restos arquitectónicos pertenecientes a la antigua infraestructura portuaria. Se han identificado numerosas piedras y fragmentos de materiales de construcción caídos, lo que sugiere un derrumbe parcial de la estructura con el paso del tiempo.
Entre los hallazgos más relevantes destacan óstracos de ánforas encontrados en las estructuras de piedra, y un vaso de cerámica fracturado en la zona de excavación denominada “Sector 4A”.
Estos fragmentos cerámicos podrían aportar pistas clave para la datación del puerto sumergido. Se cree que los restos encontrados corresponden a objetos utilizados mientras la plataforma aún estaba en funcionamiento o bien a elementos que quedaron tras el abandono del puerto.
Asini es una zona con ocupación continua desde la prehistoria, lo que hace difícil precisar la fecha exacta de construcción de este puerto artificial. Sin embargo, los nuevos descubrimientos refuerzan la hipótesis de que esta infraestructura jugó un papel crucial en el comercio marítimo de la región durante distintos periodos históricos.
La investigación previa realizada en 2021 y 2022 ya había identificado la amplia extensión del puerto, cuya estructura principal consiste en una gran plataforma artificial en aguas poco profundas. Sobre esta plataforma se han detectado restos que podrían corresponder a habitaciones o edificaciones, lo que sugiere que la instalación portuaria pudo haber tenido un uso más complejo de lo que se pensaba inicialmente.
El siguiente objetivo del equipo será realizar nuevas excavaciones en la parte superior de la plataforma artificial. Para ello, se llevará a cabo una o dos nuevas intervenciones arqueológicas en las que los sedimentos serán retirados cuidadosamente a mano y mediante dragado controlado.
Todos los objetos y restos arquitectónicos serán documentados in situ con fotogrametría, una técnica que permite generar modelos tridimensionales de alta precisión para el análisis posterior.
Los hallazgos de la campaña 2024 serán publicados en la revista científica Opuscula, editada por los Institutos Suecos de Atenas y Roma, así como en otras publicaciones especializadas en arqueología y estudios marítimos.
Publicada una investigación en el Oxford Journal of Archaeology ha revelado el uso de perfumes y sustancias aromáticas en esculturas greco-romanas. Esta investigación, dirigida por la arqueóloga Cecilie Brøns, plantea una nueva forma de comprender el arte clásico, desafiando la tradicional concepción de la escultura como un arte puramente visual.
El arte greco-romano ha sido estudiado desde hace siglos bajo el prisma de su apariencia visual. Sin embargo, la investigación de Brøns subraya que estas esculturas no solo eran policromadas y adornadas con textiles y joyas, sino que también podían estar impregnadas de fragancias.
Esta práctica, documentada en textos literarios y epigráficos, sugiere que la experiencia sensorial de los antiguos espectadores era mucho más rica de lo que se pensaba.
La investigación se apoya en una serie de textos clásicos que describen cómo se perfumaban estatuas de dioses y personajes ilustres. Por ejemplo, el orador romano Cicerón menciona la costumbre de ungir con perfumes la estatua de Artemisa en Segesta. Del mismo modo, el poeta Calímaco describe en un epigrama que la estatua de Berenice II, reina de Egipto, estaba húmeda de perfume.
Los perfumes no solo eran usados para embellecer las esculturas, sino que también cumplían una función ritual. En la antigua Grecia y Roma, los dioses eran honrados con fragancias exóticas y aceites perfumados. En el santuario de Delos, inscripciones epigráficas detallan los costos y la composición de los perfumes utilizados para la kosmesis (adornamiento) de las estatuas de Artemisa y Hera. Estos incluían aceites de oliva, cera de abejas, natrón (carbonato de sodio) y perfumes de rosas.
Uno de los hallazgos más fascinantes de la investigación es la conexión entre los talleres de perfumes descubiertos en Delos y la práctica de perfumar estatuas. Se han encontrado instalaciones que sugieren la producción local de fragancias, confirmando que los perfumes utilizados en los rituales podían haber sido elaborados en la misma isla.
La aplicación de perfumes en esculturas se realizaba mediante técnicas específicas como la ganosis, que consistía en la aplicación de ceras y aceites para preservar y embellecer la superficie de las estatuas. Vitruvio y Plinio el Viejo mencionan en sus escritos el uso de cera póntica y aceites especiales para evitar la decoloración de las esculturas y dotarlas de un brillo particular.
Por otro lado, la kosmesis incluía el uso de textiles, joyas y fragancias en las estatuas, una práctica que reforzaba la idea de que estas imágenes divinas eran tratadas como seres vivos. En este sentido, Pausanias relata que la estatua de Zeus en Olimpia era untada con aceite de oliva para proteger su marfil del clima húmedo.
Si bien el tiempo ha borrado la mayor parte de las fragancias aplicadas en la Antigüedad, algunos vestigios han sobrevivido. Un caso notable es el retrato de la reina Berenice II, una escultura ptolemaica del siglo III a.C., donde se han identificado restos de cera de abejas en su superficie, lo que indica que pudo haber sido tratada con un baño de perfumes.
Otro ejemplo es el uso de flores y guirnaldas para adornar las estatuas, lo que añadía una dimensión olfativa temporal pero significativa. Fiestas como las Floralia en Roma incluían la decoración de esculturas con guirnaldas de rosas y violetas, impregnando el ambiente de una fragancia festiva.
Esto cambia drásticamente nuestra visión de la escultura greco-romana. Tradicionalmente, las estatuas han sido estudiadas desde un punto de vista formalista, enfocándose en la técnica y la composición visual. Sin embargo, el hecho de que estas esculturas fueran también concebidas para ser olfateadas sugiere que el arte clásico apelaba a una experiencia multisensorial más rica y compleja.
El uso de perfumes y fragancias en el arte antiguo no era meramente decorativo; formaba parte de un lenguaje simbólico y religioso que dotaba a las esculturas de una presencia más tangible. Esta dimensión sensorial podría explicar por qué algunas imágenes religiosas eran tan veneradas y por qué su conservación y embellecimiento eran considerados actos de devoción.
Brøns C. (2025) The Scent of Ancient Greco-roman Sculpture, Oxford Journal of Archaeology, doi:doi.org/10.1111/ojoa.12321.