En un notable hallazgo arqueológico, soldados de la 123.ª Brigada de Defensa Territorial descubrieron un antiguo cementerio que data de los siglos VI-V a. C. durante la construcción de fortificaciones militares en el sur de Ucrania.
El descubrimiento comenzó cuando Mykola, operador de excavadora, desenterró una pequeña ánfora durante las excavaciones. Reconociendo su potencial importancia, informó de inmediato del hallazgo a su colega Yevhen, quien tiene un gran interés en la historia. Posteriormente, ambos soldados entregaron el artefacto al Museo del Cuartel Staroflotski para su posterior análisis.
Los expertos del museo confirmaron que el ánfora es de origen jónico, elaborada específicamente con fines rituales asociados a ceremonias funerarias. Este hallazgo indica la importancia histórica del sitio como antiguo cementerio. Restos de una vasija antigua. Crédito: 123.ª Brigada de Defensa Territorial
Además del ánfora, el equipo también descubrió un enócoe, una distintiva jarra griega antigua caracterizada por una sola asa y tres picos, tradicionalmente utilizada para verter vino durante los simposios, reuniones sociales que incluían banquetes y entretenimiento entre los hombres aristocráticos.
Oleksandr, exarqueólogo y actual militar, comentó sobre la importancia de los hallazgos:
Se trata de objetos rituales hechos específicamente para entierros y traídos de Grecia. El estado intacto de las vasijas sugiere que los individuos enterrados aquí probablemente ocupaban un alto estatus social.
Junto con la cerámica, también se recuperaron restos óseos humanos, lo que ofrece a los investigadores una valiosa oportunidad para profundizar en la historia y la cultura de los antiguos habitantes de la región. Este descubrimiento no solo enriquece el conocimiento arqueológico, sino que también arroja luz sobre las costumbres y la vida cotidiana de las personas que vivieron en esta zona hace más de dos milenios. Se cree que el yacimiento, ubicado en Mykolaiv, ciudad costera del Mar Negro, estuvo habitado por diversos grupos, incluyendo ciudades-estado griegas, entre el 1000 a. C. y el 400 a. C. Los artefactos y restos humanos han sido depositados en el museo, lo que supone una importante contribución a la comprensión del rico entramado histórico de la región.
Hay probabilidad de que la obra del Cantar del Mio Cid contenga influencias arrianas, ya que se establece un sentimiento jerárquico trinitario a lo largo de los tres cantares del texto.
Hay diferencia entre las veces que se menciona a “Dios” en comparación con las veces que se menciona a “Cristo” es sobresaliente; el dominio que se les otorga a cada ente, donde Dios es celestial mientras que Cristo es terrenal; su posición física, donde Cristo tiene que mirar hacia arriba para comunicarse con Dios; y, por último, la exclusión del Espíritu Santo en toda la obra, elemento extraño ya que, como se ha visto anteriormente, en el Poema de Fernán González este ente se nombra en los primeros versos de la obra.
La epopeya del Cid, muestra influencias de la tradición épica germana, que se extiende por Europa en la Edad Media.
Lleno de voces germanas, el código de honor que subyace al texto del Cid, escrito por varias manos, es el substrato anterior arriano, que interactúa y resuena en la conciencia generando una cosmovisión que y tiene que ver con los patrones godos pasados que perviven.
Sigue una estructura épica similar a la de las sagas germanas, con un héroe central, una narrativa lineal y un enfoque en la acción y la aventura.
En la honra, lealtad y fidelidad, batallas, combates, ley, justicia, fama, la epopeya del Cid enfatiza su importancia, valores centrales de la cultura germana.
La descripción es similar a la germana, con un enfoque de valentía y habilidad marcial del héroe.
La poesía germana, anglosajona y las sagas escandinavas influye en el estilo, lo que no es casualidad por el sustrato visigodo anterior, a partir del que manteniendo su lengua permite que circulen ideas y temas literarios que más tarde se plasman en la Edad Media.
Los visigodos cuando llegan a la península casi accidentalmente, son 70000, frente a 8 millones, lo que hace que no sean ni un 1%, pero se mantienen cohesionados, mantienen su lengua y cosmovisión que los cohesiona, además de un derecho dual que se refleja en dos códigos legales:
El código de Eurico (475) Un código legal visigodo que recopila las leyes y costumbres germanas.
El Breviario de Alarico (506) Un código legal romano que se aplica a los hispanorromanos.
La coexistencia de estos dos sistemas jurídicos refleja la complejidad de la sociedad visigoda, en la que conviven diferentes grupos étnicos y culturales.
El Cid, vive en el siglo XI, una época en la que el cristianismo católico lo abarca todo, pero se puede establecer una conexión indirecta entre el Cid y el arrianismo
Aunque vive en una época posterior a la dominación visigoda, la cultura y sociedad española de su tiempo conserva elementos de herencia visigoda como los valores caballerescos, la lealtad, el honor y la valentía, que también son comunes a la nobleza visigoda.
El Cid es recordado por su sentido de la justicia y su defensa de los derechos de los débiles, lo que también es un valor en la sociedad visigoda.
Así pues, aunque el Cid no es visigodo, su legado y valores se pueden conectar con el talante visigodo a través de la herencia cultural, los valores caballerescos, la resistencia frente a los invasores y el sentido de la justicia.
Los visigodos que dominan la Península Ibérica desde el siglo V al VIII son arrianos durante gran parte de su historia aunque se convierten al catolicismo en el siglo VI, su legado cultural y religioso persiste en la región.
La nobleza española de la época del Cid, incluyendo la familia del Cid, mantiene tradiciones y creencias de origen visigodo, incluyendo elementos del arrianismo.
Una simbología presente en la importancia de la nobleza y la caballería, influidos por la tradición visigoda.
Obviamente el Cid no es arriano, no hay evidencias, pero su conexión es tangencial, indirecta, y se basa en la herencia cultural y religiosa de la región en la que vive.
La epopeya es un género ajeno a la tradición castellana, importado y que se solapa en la epopeya castellana.
Cuando en los nuevos estados cristiano como Asturias, Navarra y Cataluña, brota una literatura incipiente en crónicas y eclesiástica sobre todo, se utiliza latín como lengua franca a la que solo accede una élite.
Según Menéndez Pidal, Castilla cultiva, una manera de historia de juglares en romance, destinado a la gente común ignorante del latín.
Es la literatura oral, previa a la imprenta, que se compone para ser declamada en público.
Refiere los sucesos del presente y pasado, magnificándolos, y se amaña y reescribe a voluntad en función de la sensibilidad del momento (se trata de hacer caja).
Es el género épico popular, quizás oriental, desconocido para la tradición eclesial, pero no para la gótica.
Como todos los germanos, los visigodos practican los cantos épicos.
Los godos, con una gran idea de grupo, donde el mayor castigo es ser expulsado por el líder y vivir una vida de lobo solitario, enaltece a sus héroes en las contiendas con sus adversarios, así como en las reparaciones personales.
Los visigodos trasfieren esta poesía a Tolosa, donde emerge la leyenda de Walter de Aquitania, y a España con el Mio Cid.
La épica se practica en la monarquía de Toledo, en zona goda, aunque al desaparecer la lengua goda no quedan vestigios.
Perduran los ecos, sin embargo, la costumbre y se perpetua el talante de un tiempo anterior, un ubi sunt de paraíso perdido…
Los sucesores de los godos, ya hablan el romance castellano. Emergen poemas épicos, venidos de lejos, como el de los Nibelungos.
Mientras siguen naciendo poemas épicos en Castilla, pero por no haber sido redactados en su momento, se extravían otra vez. Sólo los que se salvan desde el siglo xi en adelante son el de los Infantes de Lara, de Fernán González y del Infante García, del Cerco de Zamora y de la Condesa traidora .
En el xii l a epopeya del Mío Cid con el que nace la lengua castellana. Su trama desvela mucha s costumbres germánas, integradas entonces, como la reparación, el desagravio, concebida como derecho para defender el honor y el de la familia.
Se adivina la vida de Castilla, los sucesos políticos, el antagonismo con León etc.
La poesía heroica es de tradición goda, y es indudable el influjo gótico en la formación de la lengua castellana.
Ramón Menéndez Pidal dice:
En León, en Navarra y entre los mozárabes del Sur, la lengua materna o familiar, o sea el romance, vivía en completo desprestigio frente aI latín oficial, desamparada de todo cultivo literario o noble. Por el contrario, la Castilla del siglo x debía de estimar su Iengua propia al par de la latina o más ; la estimaría tanto como estimaba sus costumbres y sus hazañas jurídicas por encima del Fuero Juzgo oficial. La empleaba también en toda su poesía épica . Por haber sido así cultivada la lengua castellana, ya había sido fijada por la práctica de una naciente literatura, y por su empleo en actos de la vida pública. En cambio, los documentos escritos en León o en Aragón vacilaba n mucho entre varías formas gramaticales
Este trabajo así destaca la influencia visigoda a través de la epopeya, corno organizadora e hilo conductor de una nueva conciencia común entre los nuevos Estados en el antiguo orbe romano. Primero el de Tolosa (Toulouse) al Sur de Francia, después el de Toledo, y por último la creación de Castilla por los descendientes de los godos, la nobleza castellana, a la que Castilla debe su origen que le augura un lugar preponderante como potencia en expansión renacentista.
Para entonces la lengua se estandariza, con una amalgama heterogénea de culturas, donde las lenguas semitas supondrán, no ya un cuarto del total, sino también una lírica brillante.
R . Menéndez Pidal: El rey Rodrigo en la Iiteratura . Madrid, 1925. (2) R. Menéndez Pídal: La epopeya castellana a través de la literatura española . Buenos Aires, 1945 .
La Guerra de Troya es una de las leyendas más famosas de la mitología griega, pero su realidad histórica sigue siendo objeto de intenso debate entre los estudiosos. Recientemente, un nuevo descubrimiento notable surgió de los archivos de textos hititas, sacudiendo los cimientos de cómo percibimos este legendario conflicto.
Mapa que muestra el Imperio hitita, Ahhiyawa (posiblemente los aqueos (Homero)) y Wilusa (Troya). Imagen: Wikipedia
Publicada bajo los auspicios de Michele Bianconi de Oxford, la tablilla recién descifrada –Keilfischurkunden aus Boghazköi 24.1– ofrece lo que puede ser uno de los vínculos escritos más tentadores entre la Anatolia de la Edad del Bronce y la tradición épica que culminó en la “Ilíada” de Homero.
Durante muchos años los estudiosos cuestionaron la existencia de la ciudad de Troya hasta que las excavaciones de Heinrich Schliemann en 1873 confirmaron su realidad. Sin embargo, la cuestión de si la guerra realmente tuvo lugar sigue siendo motivo de debate. Algunos eruditos sostienen que ciertos documentos hititas proporcionan evidencia que apoya que la Guerra de Troya ocurrió. Entonces, ¿qué revelan estos documentos y cómo se conectan con las historias épicas que conocemos?
Aquiles mirando a Patroclo, herido por una flecha, identificado por las inscripciones en la parte superior del vaso. Tondo de un kílix ático de figuras rojas, datado en torno al año 500 a. C. Imagen: Vulci
Según los registros griegos antiguos, la Guerra de Troya fue un conflicto entre los griegos y la ciudad de Troya, ubicada en el extremo noroeste de Anatolia . Las fuerzas griegas estaban dirigidas por Agamenón, rey de Argos, mientras que los troyanos estaban dirigidos por el anciano Príamo. Se dice que esta guerra fue un acontecimiento masivo, con más de mil barcos zarpando desde Grecia. Los troyanos no estaban solos; Tenían numerosos aliados de toda Anatolia occidental, incluidos los lidios y los frigios.
El jarrón de Mykonos (750-650 a. C.) es una de las representaciones más antiguas conocidas del Caballo de Troya (nótese la representación de los rostros de los guerreros ocultos en el costado del caballo). Foto: Wikipedia
La guerra supuestamente duró diez años, durante los cuales los griegos atacaron varias ciudades de la costa de Anatolia. Dada la magnitud de este conflicto, se habría esperado alguna verificación independiente del incidente.
El Imperio hitita, que dominó gran parte de Anatolia alrededor de la fecha tradicional de la Guerra de Troya (alrededor de 1200 a. C.), ha sido el foco de atención de los académicos que buscan evidencia de la guerra. Uno de los hallazgos más importantes de los textos hititas, es la mención de una nación llamada Ahhiyawa. Los lingüistas generalmente coinciden en que este nombre está relacionado con el término aqueos utilizado por Homero para referirse a los griegos en la «Ilíada». Estos documentos muestran que Ahhiyawa era una nación poderosa al oeste del Imperio hitita, probablemente correspondiente a la Grecia micénica.
Uno de los documentos más notables es la carta de Tawagalawa, datada alrededor del año 1250 a. C. Esta carta se refiere a un conflicto que involucra a “Wilusa”, que la mayoría de los lingüistas coinciden en que es la forma hitita de “Ilios”, otro nombre de Troya. La carta dice:
“El rey de Hatti me convenció sobre la cuestión del país de Wilusa, del que era enemigo, e hicimos la paz”.
Este pasaje se ha interpretado a menudo como evidencia de un conflicto entre los hititas y los griegos por Troya, lo que ha llevado a muchos estudiosos a verlo como una confirmación de la leyenda de la Guerra de Troya. Sin embargo, la carta no utiliza la palabra hitita para “guerra”; Más bien se refiere a hostilidades generales.
El reciente descubrimiento de la tablilla Keilfischurkunden aus Boghazköi 24.1 añade una nueva capa a la narrativa de la Guerra de Troya. Esta tablilla no sólo refuerza la dinámica geopolítica de la Edad del Bronce Final, sino que también proporciona un fragmento literario sin precedentes que sugiere que existió una tradición poética luvita indígena sobre la caída de Troya siglos antes de Homero.
La tablilla describe una correspondencia real entre un gobernante hitita y Pariyamuwa, un rey o vasallo regional, probablemente de Taruiša (Troya). Se refiere a Ahhiyawa, un personaje conocido por los registros hititas, que atacó a Attarshiya y sus hijos en Taruiša. Esta narración es coherente con relatos anteriores en los que se representa a Attarquia como un formidable líder aqueo en Anatolia occidental.
Especialmente destacable es la inclusión de un fragmento de poema luvita hacia el final de la tablilla, que parece describir la caída de Wiluša (Troya). Esta línea rítmica tiene un sorprendente parecido con el famoso comienzo de la “Ilíada” de Homero: “Canta, diosa, la ira de Aquiles…”
Esta tablilla ofrece una visión innovadora de una colección de poesía en lengua luvita y parece documentar la caída de Troya por primera vez. Aunque el texto está fragmentado, revela un ritmo que sugiere que fue diseñado para la lectura oral. Sus patrones dactílicos o espondéicos, que recuerdan al hexámetro de Homero, pueden indicar una tradición épica más extensa que existió en los palacios de Anatolia, posiblemente anterior a la composición de la Ilíada en el siglo VIII a. C.
Además, el verso poético luvita, que alude a la ira divina y a la destrucción, sugiere similitudes temáticas y estructurales con la tradición épica griega. Dado que Troya estaba situada en Anatolia y que la región albergaba una población diversa y bilingüe (incluso multilingüe), que incluía hititas, luvitas y varios grupos indoeuropeos, la posibilidad de una tradición narrativa local sobre la caída de Troya es plausible y ahora está respaldada tentativamente por esta evidencia.
Examinar la Guerra de Troya, particularmente a través de la lente de los recientes descubrimientos hititas, nos invita a considerar la compleja relación entre el mito y la historia. La tablilla recién descifrada Keilfischurkunden aus Boghazköi 24.1 no sólo enriquece nuestra comprensión del panorama geopolítico de la Edad del Bronce Final, sino que también nos desafía a reconsiderar las narrativas que dan forma a nuestras percepciones de este conflicto legendario.
Al examinar los textos hititas, encontramos indicios tentadores de una tradición poética que es anterior a Homero, lo que sugiere que la historia de Troya no es simplemente un producto de la imaginación griega, sino más bien una historia enraizada en la memoria colectiva de los pueblos de Anatolia. Las referencias a Wiluša y las interacciones entre los hititas y los ahhiyawa proporcionan un contexto histórico que puede haber inspirado las historias épicas que asociamos con la Guerra de Troya.
Sin embargo, es importante abordar estos hallazgos con un ojo crítico. Aunque la carta de Tawagalawa y otros documentos hititas proporcionan información interesante, no proporcionan evidencia definitiva de la guerra descrita por Homero. La resolución pacífica mencionada en la carta contrasta marcadamente con la violenta destrucción de Troya descrita en la “Ilíada”. Esta inconsistencia plantea preguntas importantes sobre cómo se desarrollan los mitos a lo largo del tiempo, a menudo moldeados por narrativas culturales y las necesidades de las sociedades que los cuentan.
La Guerra de Troya es un poderoso recordatorio de cómo la historia y el mito pueden entrelazarse, creando un rico tapiz de historias que reflejan los valores, miedos y aspiraciones de las civilizaciones antiguas. A medida que continuamos descubriendo nueva evidencia y reinterpretando textos existentes, debemos permanecer abiertos a la posibilidad de que la verdad de la Guerra de Troya pueda ser más compleja que una simple historia de héroes y villanos.
Después de todo, la historia de Troya no trata sólo de una batalla por una mujer o una ciudad; Se trata de la experiencia humana duradera, nuestras luchas, nuestros triunfos y nuestra capacidad de contar historias. Los ecos de Ilión capturados en tablillas de arcilla y tradiciones orales nos recuerdan que la historia no es un registro estático, sino una narrativa viva que continúa evolucionando. A medida que reconstruimos el pasado, buscamos no sólo comprender los acontecimientos que dieron forma a nuestro mundo, sino también conectarnos con temas atemporales que resuenan a través de los siglos.
Bianconi, M. (1 de abril de 2024). ¿Tablilla hitita que describe la Guerra de Troya? Universidad de Oxford
La música de los dioses resuena de nuevo en la antigua Selinunte.
Fragmentos óseos descubiertos en Selinunte han permitido a los arqueólogos reconstruir un aulos, un instrumento de viento que desempeñó un papel central en la vida religiosa y social del mundo griego antiguo.
Selinunte fue una antigua ciudad griega de la Magna Grecia (zonas de habla griega) situada en la costa suroeste de Sicilia, Italia. Según el historiador ateniense Tucídides, la ciudad fue fundada por una colonia de la ciudad siciliana de Megara Hyblaea durante el siglo VII a. C.
Las excavaciones del Templo R, en la sección sur del santuario urbano principal, revelaron dos fragmentos identificados como pertenecientes a un aulos, un instrumento de viento a menudo representado en el arte antiguo.
Según los expertos, los fragmentos datan del siglo VI a. C. y pertenecen al llamado «tipo temprano», una clasificación que coincide con la de instrumentos similares encontrados tanto en la Grecia continental como en sus asentamientos coloniales occidentales. Los arqueólogos sugieren que este instrumento en particular probablemente se utilizaba en rituales en honor a Deméter, la diosa olímpica de la cosecha y la agricultura, que presidía los cultivos, los granos, los alimentos y la fertilidad de la tierra.
Utilizando métodos avanzados de escaneo digital dentro de la metodología de investigación del proyecto TELESTES, la musicóloga Angela Beliia creó una réplica impresa en 3D del aulos, allanando el camino para una investigación innovadora tanto en su análisis estructural como en la exploración de sus propiedades acústicas.
Afirma Beliia:
Estos datos y comparaciones nos ayudarán a ampliar nuestro conocimiento de la música griega antigua, en particular en la polis occidental de Selinunte, donde la importancia de las actividades instrumentales y corales queda demostrada por el descubrimiento de instrumentos musicales y otros objetos sonoros, junto con esculturas, jarrones pintados y figurillas de terracota procedentes de santuarios y necrópolis que presentan representaciones musicales.
Un inesperado derrumbe en la carretera A-1205, a su paso por Anzánigo, ha permitido recuperar un bloque de roca arenisca que contenía más de 20 huellas fósiles de mamíferos. El descubrimiento
Recreación de perisodáctilos de la familia ‘Palaeotheriidae’, relacionada con los caballos modernos unizar
ha sido calificado de excepcional por parte del equipo científico de la Universidad de Zaragoza que lo ha documentado.
Durante un trayecto rutinario, los paleontólogos José Ignacio Canudo y Gloria Cuenca, de la citada universidad aragonesa, detectaron deformaciones poco comunes en una gran losa caída junto al arcén. Tras una inspección visual, comprobaron que contenía numerosas icnitas bien conservadas, lo que motivó su recuperación inmediata.
El desprendimiento ocurrió a finales del año pasado y provocó la rotura del bloque justo por el plano donde se alojaban las huellas. Este fenómeno natural expuso dos superficies: una con el negativo de las pisadas originales y otra con el positivo, es decir, el relleno de esas impresiones.
Desde hace más de una década, los grupos de investigación Aragosaurus y Geotransfer vienen documentando yacimientos similares en la Cuenca de Jaca, pero este descubrimiento ha sido especialmente valioso tanto por su estado de conservación como por su localización accesible.
Las huellas, con tres dedos (uno central de mayor tamaño y dos más pequeños a los lados), han sido atribuidas a mamíferos perisodáctilos, grupo que incluye a ancestros de caballos y rinocerontes. Según los investigadores, podrían pertenecer a la familia Palaeotheriidae, extinta pero emparentada con los équidos actuales.
Las capas donde se formaron estas icnitas son sedimentos fluviales del grupo Campodarbe, depositados por un antiguo cauce que discurría hacia el Cantábrico. Por su posición estratigráfica, la antigüedad del yacimiento se sitúa entre 30 y 40 millones de años, en pleno Oligoceno inferior.
Para su extracción, el bloque fue protegido con escayola y retirado con maquinaria pesada, dado su elevado peso. Ya se encuentra en el Laboratorio Paleontologico de Loarre, donde se realizará su limpieza y estudio. Este centro, gestionado por la Universidad de Zaragoza, se ha convertido en un espacio clave para la investigación paleontológica en Aragón.
El laboratorio, ubicado a menos de media hora de Huesca, fue inaugurado en 2022 y alberga también los huevos fósiles de dinosaurio, hallados en la sierra de Loarre. Su exposición permanente permite al visitante conocer cómo eran los entornos de hace millones de años y observar el trabajo científico en tiempo real.
Los resultados preliminares de este hallazgo han sido presentados recientemente en el 5th palaeontological Virtual Congress, donde se ha resaltado la importancia geológica y científica de la Cuenca de Jaca como zona de tránsito faunístico entre el Eoceno y el Oligoceno.
Señalaron desde Aragosaurus:
Un gran número de colegas y aficionados nos habían alertado sobre la localización del bloque. Mientras tanto, nosotros no hemos dejado de avanzar en su estudio y preparar su recuperación. Este nuevo conjunto de icnitas podría aportar datos clave sobre el comportamiento y distribución de los mamíferos en la Europa del Paleógeno.
En aquella época el bronce valía lo suyo, un falconete quizás…aunque el de la foto parece un trozo de un cañón más grande, quizás de los fabricados en la Real Fábrica de la Cavada, en Santander.
Buceadores de la Armada de Ferrol y de la Policía adscrita a la Xunta han recuperado importantes restos arqueológicos sumergidos en la zona de Punta Sardiñeiro, en Finisterre (La Coruña).
El hallazgo, realizado tras un aviso de ‘Buceo Finisterre’, incluye un cañón de bronce de aproximadamente 50 centímetros de largo, así como otros restos de valor histórico, ubicados a unos cuatro metros de profundidad.
Según ha informado el Ministerio de Defensa, las primeras investigaciones sugieren que estos objetos podrían pertenecer al pecio ‘Punta Restelos’, identificado como el Galeón Santa María la Anunciada. Este buque del siglo XVI formaba parte de la flota de Padilla y se hundió en la zona en 1596.
La Unidad de Buceo de Ferrol y el Grupo Operativo de Actividades Subacuáticas realizaron un operativo conjunto con el objetivo de preservar el patrimonio histórico y garantizar la seguridad en el agua.
Asimismo han llevado a cabo una inmersión de 30 minutos para catalogar el cañón y otros restos. Continúan los trabajos de extracción de las piezas arqueológicas para su traslado provisional al Museo del Mar de Galicia, en Vigo…
Un hallazgo arqueológico de gran relevancia histórica ha emergido frente a las costas de Fisterra. La Xunta de Galicia ha recuperado del mar un cañón de bronce de casi dos metros de longitud, identificado como parte del armamento del galeón Santa María La Anunciada, hundido en 1596 durante una desastrosa travesía de la Armada del Océano.
El descubrimiento se produjo en la zona de Punta Sardiñeiro, donde buzos especializados localizaron la pieza a tan solo 3,8 metros de profundidad y escasa distancia de la costa. El operativo fue coordinado por la Dirección Xeral de Patrimonio Cultural y contó con la colaboración del Grupo de Buceo de la Unidad de Policía Adscrita a la Xunta, la Unidad de Buceo de la Armada con base en Ferrol y el Club de Buceo de Fisterra.
Según los primeros análisis, se trata de un cañón pedreiro de bronce, ya documentado en campañas arqueológicas anteriores, caracterizado por su apertura en la boca de 26 centímetros. Estas piezas, diseñadas para disparar proyectiles de piedra, eran habituales en los buques del siglo XVI y formaban parte esencial del sistema defensivo de las grandes embarcaciones de guerra.
La Santa María La Anunciada era una nao de 1.000 toneladas, construida en los astilleros italianos de Vietri sul Mare, en Salerno. Dotada con una tripulación de 90 hombres y 160 pasajeros, la nave viajaba de Portugal a Ferrol cargada con armamento y pertrechos como parte de una flota de 100 navíos de la Armada del Océano, bajo el mando del almirante Martín de Padilla Manrique. La expedición tenía como objetivo apoyar a los rebeldes irlandeses en su lucha contra el dominio de Isabel I de Inglaterra.
El temporal que se desató en la costa gallega provocó el hundimiento de 30 barcos en un solo día entre Ferrol y Corcubión. El Santa María La Anunciada fue uno de los navíos desaparecidos en aquellas aguas, junto con su valiosa carga y numerosa tripulación. La tragedia se saldó con 243 víctimas mortales y apenas siete supervivientes, lo que la convierte en una de las mayores catástrofes navales documentadas en Galicia.
La pieza rescatada, que será trasladada a un centro museístico todavía por determinar, supone un hito para la arqueología subacuática gallega y un paso más en la recuperación de la memoria histórica marítima.
Según destacaron fuentes de la Xunta, su extracción permitirá la conservación, de la pieza y su estudio con vistas a una futura exposición al público, contribuyendo a dar a conocer un episodio poco explorado de la historia naval española.
Arqueólogos de San Agustín, en la costa noreste de Florida, descubrieron los vestigios del dominio británico en el estado. Una organización arqueológica respaldada por el gobierno de la ciudad afirmó que el gran foso, de unos 4,5 metros de ancho, habría formado parte de una muralla construida por los británicos, algo inusual.
Fundada por los españoles en el siglo XVI, San Agustín fue la capital de Florida durante más de 200 años. Sin embargo, los británicos obtuvieron el territorio tras la firma del Tratado de París de 1763, a cambio de La Habana y Manila. Mantuvieron el control del futuro estado estadounidense durante dos décadas, hasta la Guerra de la Independencia. Es bien sabido que, en el Tratado de París de 1783, Gran Bretaña reconoció la independencia de las Trece Colonias y devolvió Florida a España, según Heritage Daily. Florida no se integró a los Estados Unidos de América hasta 1845.
AP explicó que los españoles dejaron numerosas defensas. Sin embargo, los británicos construyeron estos reductos a lo largo del límite occidental de la ciudad por temor a una posible amenaza proveniente de una fuente desconocida en un río cercano. Fuentes históricas mencionan la existencia de estos puestos militares llamados reductos. Según la arqueóloga de la ciudad, Andrea White, sabían que los británicos habían construido siete, pero nadie los había encontrado hasta ahora.
«Tenemos una idea aproximada de su ubicación y aparecen en mapas históricos. Pero nunca habíamos encontrado evidencia arqueológica real y tangible de ninguno de ellos hasta hace poco», continuó White. Esta es la primera evidencia arqueológica de este momento de ocupación británica.
Eso es lo interesante de estos reductos británicos: son las únicas defensas que construyeron ellos mismos. Todo lo demás que se conoce en San Agustín o sus alrededores ya fue construido por los españoles. Y luego, los británicos simplemente los reocuparon.
The Independent continuó diciendo que los arqueólogos en el lugar no pudieron confirmar el tamaño ni la apariencia del puesto militar, pero encontraron miles de semillas. White afirmó que están trabajando con un paleoetnobotánico para comprender el motivo. Sospechan que las plantas podrían haber sido utilizadas para prevenir la erosión o impedir el avance de los soldados. «Por lo tanto, tenemos muchas esperanzas de encontrar información valiosa en los restos vegetales que hemos recuperado», declaró White.
El descubrimiento de la estructura destaca una perspectiva única sobre la historia estadounidense y una iniciativa de preservación arqueológica. San Agustín es el asentamiento europeo habitado continuamente más antiguo de Estados Unidos, según Heritage Daily. Por lo tanto, Florida es el único lugar del país que conserva profundos vínculos europeos. La ciudad lanzó su programa de arqueología en 1986 para honrar esa historia.
Como el barrio de Lincolnville en San Agustín está impregnado de historia, la ciudad pudo realizar obras antes de la construcción de una casa. Un contratista en el lugar incluso describió la historia como parte del atractivo de la ciudad. Hasta el momento se han realizado más de 1.200 proyectos.
El Ayuntamiento debate, a propuesta de Podemos-IU-Los Verdes, instar al Gobierno a negociar con Italia la devolución de la mayor escultura de bronce medieval islámica conocida
Una criatura híbrida de cabeza de águila, orejas de caballo, barbas de gallo, cuerpo de león y alas es la admiración del Museo dell’Opera del Duomo de Pisa y su réplica remata la columna sobre el ábside de la Catedral de la ciudad italiana.
Es el Grifo, la mayor escultura de bronce medieval islámica conocida, y fue saqueada –se cree que en el siglo XI– a Almería. Al Ayuntamiento de la capital le ha llegado una propuesta, desde luego nada sencilla, de recuperar esta figura mitológica de bronce de la Edad Media. Es la moción relacionada con el patrimonio más ambiciosa que la Corporación analizará en el Pleno convocado por la alcaldesa para este viernes 4 de abril.
La iniciativa ha sido impulsada por el Grupo Municipal de Podemos-Izquierda Unida-Los Verdes, desde donde se recuerda el origen andalusí de una de las piezas más célebres y hermosas entre la escultura islámica zoomorfa, un “objeto único del patrimonio histórico de Almería que, sin embargo, se encuentra desde hace siglos fuera de nuestra ciudad y del país”, subraya la coalición de izquierdas en el escrito registrado para su debate plenario.
Saqueada, se piensa, en el siglo XI por la flota de la República de Pisa –la historia sigue estando rodeada de misterios–, el Grupo Municipal pretende con su iniciativa que el Ayuntamiento de Almería inste al Gobierno de España a emprender las negociaciones necesarias con Italia para la devolución de la mencionada escultura a la ciudad que “la vio nacer”.
La empresa es desde luego todo un reto, pues el Grifo de Pisa (o de Almería), es uno de los símbolos de la conocida ciudad de la torre inclinada. No hay consenso unánime entre los historiadores de cómo llego este animal de broce, de 1,07 metros, a Pisa. Algunos opinan que pudo formar parte del botín obtenido en alguna de las numerosas incursiones realizadas por los pisanos contra los sarracenos de las Islas Baleares, en el ataque de 1087 contra el norte de la actual Túnez o en el de Almería en 1089.
La pieza formó parte de la construcción original de la Catedral de Pisa que comenzó en 1064 y se situó en un lugar muy privilegiado como remate de la columna pero, siglos después (1828), fue retirada de este emplazamiento, desde donde era difícil su contemplación y fue trasladada al Museo dell’Opera del Duomo (el museo de la Catedral). Sobre el templo, se colocó una réplica.
Podemos-IU-Los Verdes solicitan, además de accionar un proceso de negociación con el Gobierno italiano, otras cuestiones relacionadas de más fácil cumplimiento. Piden la creación un registro del patrimonio histórico andalusí disperso y fuera del país para la posible gestión de su retorno.
En lo que atañe directamente a la Corporación Municipal, solicitan que se realicen campañas de divulgación histórica que contribuyan tanto al conocimiento del “Grifo de Almería” como a la puesta en valor general del patrimonio histórico andalusí de nuestra ciudad. “Es necesario que las y los almerienses conozcan el rico patrimonio de nuestra ciudad y para ello las instituciones, con el Ayuntamiento a la cabeza, deben tomar un papel proactivo para favorecer su conservación y difusión”, anima el portavoz, Alejandro Lorenzo.
Las peculiaridades de esta pieza son, desde luego, dignas y también fascinantes. Es una escultura hueca, por lo que hay historiadores que consideran la posibilidad de que fuera parte de una fuente siendo el pico el surtidor, si bien la mayoría aboga por la teoría de que fue esculpida para emitir sonidos por efecto del viento. Posee una inscripción en el pecho y los flancos, a modo de talismán: La bendición perfecta, el bienestar completo. Alegría perfecta, paz eterna y perfecta, salud y felicidad y buena fortuna para su propietario.
Instan a adecentar los jardines del Bayyana como patrimonio verde
Además de la moción del ‘Grifo de Almería’, el Grupo Municipal de Podemos-Izquierda Unida-Los Verdes defenderá ante el Plenario una segunda propuesta en la defensa, explican, del patrimonio histórico almeriense y su puesta en valor desde diferentes enfoques.
Esta otra iniciativa está centrada en el parque que se encuentra en la entrada de la ciudad de Almería, a la izquierda de la carretera nacional 340A,” una zona verde de gran valor ambiental e histórico que, sin embargo, se encuentra totalmente abandonada y cerrada al público desde hace años”, describen.
Desde la coalición de izquierdas solicitan que el Ayuntamiento firme un convenio con la Autoridad Portuaria, responsable del espacio, para hacerse cargo de su gestión, acondicionamiento y puesta en valor. De la misma manera, solicitan que se realice una pasarela desde el camino del IFAPA para mejorar la accesibilidad.
Este espacio ajardinado, adornado con un monolito con el Sol de Portocarrero, se creó con motivo de los Juegos Mediterráneos y con la intención de ofrecer al visitante la imagen de una ciudad cuidada a su acceso desde el Poniente. Sin embargo, transcurrido el acontecimiento deportivo, pocos mimos son los que ha recibido.
El arte rupestre es uno de los legados más fascinantes de las sociedades prehistóricas. En cuevas de Francia y España, pinturas de hasta 40.000 años de antigüedad han sido descubiertas, muchas de ellas en zonas de difícil acceso y en condiciones que hoy consideraríamos extremas.
Huellas de niños de la cueva de Basura. Crédito: Romano et al. 2019
Sin embargo, un aspecto que ha intrigado a los investigadores es la presencia de niños en estos espacios. ¿Por qué los antiguos humanos llevaban a sus hijos pequeños a lo más profundo de las cavernas, arriesgándose a atravesar pasajes oscuros y peligrosos?
Un equipo de arqueólogos de la Universidad de Tel Aviv ha propuesto una nueva hipótesis para responder a esta cuestión. Tradicionalmente, se ha considerado que la presencia infantil en estos sitios tenía un propósito educativo: la transmisión de conocimientos, costumbres y tradiciones del grupo. Sin embargo, este nuevo estudio sugiere que los niños desempeñaban un papel cultural único en las cuevas decoradas.
Según los investigadores, en muchas sociedades ancestrales se creía que los niños poseían cualidades especiales en el mundo espiritual, lo que les permitía comunicarse con entidades sobrenaturales. Desde esta perspectiva, las cuevas, concebidas como puertas a otros mundos, habrían sido espacios en los que los niños actuaban como intermediarios entre los humanos y seres de otra dimensión.
Las pruebas de la participación de niños en la creación del arte rupestre son numerosas y variadas. En diversas cuevas, como la de Rouffignac, se han encontrado pinturas hechas con los dedos de niños de entre dos y doce años. Asimismo, se han identificado huellas de pies y manos de niños en varias cavernas, a menudo acompañadas de las de adultos. Estas evidencias han llevado a los arqueólogos a preguntarse cuál era el propósito de su presencia en estos lugares.
Dr. Ella Assaf, una de las investigadoras del estudio, señala que, hasta ahora, la teoría dominante ha sido la del aprendizaje y la transmisión de conocimientos. Sin embargo, los datos recopilados sugieren que la función de los niños en estas expediciones iba más allá de la simple educación.
La arqueóloga explica que, en muchas culturas indígenas estudiadas, los niños son considerados “agentes activos” en el mundo espiritual. Desde una edad temprana, se les atribuye la capacidad de conectar con entidades de la naturaleza, los ancestros y otros seres no humanos.
El Dr. Yafit Kedar, coautor del estudio, resalta
que el análisis de sociedades indígenas contemporáneas ha demostrado que la infancia se percibe como un estado especial, distinto de la adultez. En muchas tradiciones, los niños son vistos como seres liminales, es decir, individuos que se encuentran en un punto intermedio entre diferentes realidades. Su corta edad y su proximidad al nacimiento los hacen percibidos como cercanos al mundo espiritual.
Los investigadores argumentan que esta percepción de los niños como mediadores entre mundos podría explicar por qué fueron llevados a las profundidades de las cuevas prehistóricas. En un contexto ritual, los niños habrían sido considerados los mensajeros ideales para comunicarse con las entidades que se creía habitaban en las profundidades de la Tierra.
El profesor Ran Barkai, otro de los autores del estudio, explica que muchas sociedades antiguas concebían las cuevas como puertas al inframundo o a otros planos de existencia.
En estos espacios, a través de rituales chamánicos, los humanos intentaban establecer contacto con fuerzas sobrenaturales en busca de respuestas o soluciones a problemas existenciales.
Desde esta perspectiva, la presencia de niños en estas cavernas cobra un nuevo significado. No se trataba solo de enseñarles sobre la cultura del grupo, sino de involucrarlos activamente en prácticas espirituales y ceremoniales. La creencia en su capacidad de comunicación con el más allá los convertía en participantes clave de los rituales llevados a cabo en estas cuevas.
El estudio de la Universidad de Tel Aviv abre un nuevo campo de interpretación en la investigación del arte rupestre. La idea de que los niños fueran considerados intermediarios espirituales da lugar a una comprensión más amplia de la función de estas pinturas en las sociedades prehistóricas. En lugar de ser solo expresiones artísticas o métodos de enseñanza, estas manifestaciones podrían haber formado parte de complejos sistemas de creencias y rituales destinados a fortalecer la conexión entre los humanos y el mundo invisible.
Assaf E, Kedar Y, Barkai R. Child in Time: Children as Liminal Agents in Upper Paleolithic Decorated Caves. Arts. 2025; 14(2):27. doi.org/10.3390/arts14020027
Un eclipse solar total pudo ser la causa de que los antiguos egipcios dejaran de construir pirámides monumentales Un evento astronómico pudo haber marcado el fin de una de las dinastías más emblemáticas del antiguo Egipto. Un eclipse solar total ocurrido el 1 de abril del año 2471 a.C. podría haber tenido una conexión directa con la caída de la IV Dinastía egipcia, la era de los grandes constructores de pirámides. Este descubrimiento ha sido analizado en un reciente estudio de Giulio Magli, del Politécnico de Milán, quien explora la posibilidad de que este fenómeno celeste haya influido en la política, la religión y la estabilidad del antiguo Egipto.
El eclipse del 1 de Abril de 2471 a.C. Crédito: Giulio Magli
A través de un detallado análisis de la astronomía y la arqueología de la época, el investigador reconstruye el impacto simbólico que el eclipse pudo haber tenido sobre la sociedad egipcia, en un tiempo donde el Sol era la deidad suprema. Para comprender la relevancia de este eclipse, es fundamental entender el contexto de la IV Dinastía, que gobernó Egipto durante el Imperio Antiguo (aproximadamente 2613-2494 a.C.). Fue la época de los grandes faraones constructores de pirámides: Snefru, Keops (conocido también como Khufu), Kefrén y Micerino.
Estos monarcas consolidaron el poder real a través de imponentes estructuras arquitectónicas, que no solo funcionaban como tumbas monumentales sino también como símbolos de su conexión divina con el Sol, el dios supremo Ra. La elección de los emplazamientos de sus pirámides en Giza, Dahshur y Abu Roash estaba directamente alineada con la teología solar y la observación de eventos astronómicos.
El faraón Keops, por ejemplo, erigió la Gran Pirámide de Giza en un punto estratégico donde los solsticios y equinoccios jugaban un papel clave en su diseño. Sus sucesores, Djedefra y Kefrén, continuaron con esta tradición, incorporando el nombre de Ra en sus propios nombres y reforzando la ideología solar en la monarquía. Sin embargo, al final de la IV Dinastía, esta visión comenzó a desmoronarse.
El último faraón de la dinastía, Shepseskaf, tomó una decisión radical: en lugar de construir una pirámide, como sus predecesores, ordenó la construcción de una mastaba en Saqqara. Este cambio ha desconcertado a los arqueólogos durante siglos, ya que parecía marcar una ruptura con la tradición dinástica y religiosa. En este punto, entra en juego el eclipse solar total del 1 de abril de 2471 a.C. Según Magli, este fenómeno pudo haber sido visto como una señal de la ira de los dioses o como un presagio de inestabilidad política. Para los antiguos egipcios, el Sol no solo era la fuente de luz y vida, sino también el eje central de su cosmovisión.
Ra era el dios creador, el garante del orden (Maat) y el protector del faraón. Un eclipse, en el que el Sol se oscurece y desaparece momentáneamente, habría sido interpretado como una advertencia de que algo estaba mal en el reino. Desde un punto de vista político, la repentina oscuridad en pleno día podría haber generado inquietud entre la élite sacerdotal y la población, erosionando la confianza en la dinastía gobernante.
Si el Sol, el protector del faraón, era “devorado” por una fuerza invisible, significaba que el poder del monarca estaba en peligro. Este temor pudo haber acelerado el declive de la IV Dinastía, ya debilitada por problemas sucesorios y conflictos internos. Aunque la evidencia arqueológica no permite establecer una relación directa entre el eclipse y el colapso dinástico, la hipótesis resulta fascinante: ¿Pudo este evento astronómico haber sido el detonante de una crisis de legitimidad para Shepseskaf y su linaje? Tras la muerte de Shepseskaf, Egipto entró en una fase de reorganización política que dio lugar a la V Dinastía, caracterizada por un mayor énfasis en el culto a Ra y en la construcción de templos solares en lugar de pirámides monumentales. Algunos historiadores sugieren que este cambio ideológico fue una respuesta directa a la crisis de la IV Dinastía. Si el eclipse fue percibido como una señal de que los faraones habían perdido el favor divino, la nueva dinastía pudo haber intentado restaurar el orden cósmico reforzando la adoración a Ra y alejándose del modelo faraónico basado en la construcción de pirámides gigantes. En este sentido, el estudio de Magli aporta una perspectiva novedosa sobre cómo los eventos astronómicos pudieron haber influido en la historia de Egipto. No se trata solo de fenómenos naturales, sino de cómo fueron interpretados por una civilización cuya religión y política estaban profundamente entrelazadas con el cosmos.
Giulio Magli, The April 1, 2471 b.C. eclipse and the end of 4th Egyptian dynasty. arXiv:2412.13640, [physics.hist-ph]. doi.org/10.48550/arXiv.2412.13640