Una nueva investigación desmiente la narrativa de una batalla épica en Maiden Castle entre britanos y romanos. La datación por radiocarbono de los esqueletos revela que las muertes se produjeron en episodios de violencia interna a lo largo de décadas, antes de la conquista romana, no en una única masacre. Esto reescribe un capítulo clave de la historia británica prerromana.
Vista aérea de la fortaleza de la Edad del Hierro de Maiden Castle en la actualidad. Crédito: Jo and Sue Crane
Una reciente investigación arqueológica está redefiniendo una de las narrativas más arraigadas sobre la conquista romana de Britania. Se ha puesto en tela de juicio la creencia de que la violencia observada en el célebre fuerte de la Edad del Hierro de Maiden Castle en Dorset fue resultado de una batalla contra los romanos. En cambio, los nuevos hallazgos sugieren que esta violencia provino de conflictos internos entre los propios britanos.
La puerta este de la fortaleza durante las excavaciones de 1936. Crédito: Society of Antiquaries of London and Dorset Natural History and Archaeological Society
En la década de 1930, el arqueólogo Mortimer Wheeler dirigió influyentes excavaciones en Maiden Castle, considerado el fuerte más grande de la Edad del Hierro en Gran Bretaña. Allí descubrió numerosos esqueletos con heridas de armas, e incluso uno con una punta de lanza incrustada en la columna vertebral. Wheeler interpretó estos hallazgos como evidencia de una heroica defensa britana contra una legión romana, creando una imagen que se convirtió en un símbolo del fin repentino y violento de la Britania prerromana. Esta historia, que encajaba con el clima de preguerra y el temor a una invasión alemana de la época, fue ampliamente aceptada y difundida en libros y documentales.
Uno de los esqueletos tiene una punta de lanza clavada en la columna vertebral. Crédito: Martin Smith
Sin embargo, un nuevo estudio de la Universidad de Bournemouth ha desmantelado esta interpretación. Mediante un riguroso programa de datación por radiocarbono, los investigadores han determinado que los esqueletos no corresponden a una única masacre, sino a episodios de violencia esporádicos ocurridos a lo largo de varias generaciones, desde finales del siglo I a.C. hasta principios del siglo I d.C. Esto significa que estos eventos tuvieron lugar mucho antes y durante el período previo a la conquista romana formal.
El doctor Martin Smith, de la Universidad de Bournemouth, a cargo del análisis osteológico, afirmó que aunque el hallazgo de esqueletos con heridas letales nunca estuvo en duda, la nueva datación reveló que estas muertes se produjeron durante décadas, no en un solo y terrible suceso. Miles Russell, director de la investigación, cuestionó la narrativa tradicional, señalando cómo la historia de la resistencia britana contra los romanos en Maiden Castle se consolidó en la literatura histórica desde la década de 1930, influenciada por la inminente Segunda Guerra Mundial. Para Russell, la evidencia actual sugiere que fueron britanos matando a otros britanos, y que los cuerpos fueron enterrados en una fortificación que ya no cumplía un propósito defensivo.
Paul Cheetham, otro investigador involucrado, resaltó la coexistencia de distintos ritos funerarios en el mismo espacio y tiempo, lo que apunta a una sociedad compleja donde la identidad y la jerarquía social influían en cómo se enterraban a los muertos, despojando las interpretaciones simplistas del siglo XX. Los investigadores creen que Maiden Castle aún guarda muchos secretos, ya que la excavación de Wheeler solo exploró una pequeña parte del vasto recinto, lo que sugiere que podría haber más enterramientos por descubrir.
Smith M., Russell M., and Cheetham P. (2025) Fraught with high tragedy: a contextual and chronological reconsideration of the Maiden Castle iron age ‘war cemetery’ (England), Oxford Journal of Archaeology, doi.org/10.1111/ojoa.12324.
El sitio arqueológico de La Quemada, una antigua ciudad azteca ubicada en Zacatecas, México, está siendo objeto de un estudio que busca desentrañar el misterio de once grandes hoyos llenos de ceniza, los cuales se cree que fueron utilizados para rituales de fuego. A diferencia de otras metrópolis prehispánicas, La Quemada se construyó sobre las laderas de una colina, con terrazas, pirámides y plazas conectadas por caminos y escalinatas. El nombre «La Quemada» se lo dieron los españoles debido a los numerosos rastros de incendios hallados, que posiblemente estaban relacionados con el abandono del lugar. Aunque su nombre original se desconoce, algunos proponen que pudo ser Chicomóztoc, el mítico Lugar de las Siete Cuevas de origen de los mexicas.
Vista general del yacimiento de La Quemada y localización de los pozos de fuego. Crédito: A. Goguitchaichvili et al.
El yacimiento presenta tres fases de ocupación: los primeros asentamientos alrededor del 400 d.C., su apogeo hacia el 650 d.C., y su declive y abandono progresivo entre el 850 y el 1100 d.C. Los once hoyos de fuego, de unos 2 metros de diámetro y 90 centímetros de profundidad, fueron descubiertos en la década de 1980 cerca de la Pirámide Votiva, el centro religioso. Aunque estaban llenos de cenizas y carbón, la ausencia de cerámica o herramientas indicaba que no se usaron para cocinar. Surgieron varias hipótesis sobre su función, desde ceremonias vinculadas al ciclo agrícola o los solsticios, hasta «antorchas gigantes» para rituales nocturnos o incluso sacrificios. Los investigadores de un nuevo estudio publicado en Journal of Archaeological Science: Reports enfatizan que, al estar en un espacio público cercano a la pirámide principal, todo apunta a que eran parte de actividades ceremoniales, aunque la función exacta sigue siendo un enigma.
Vista aérea de los pozos analizados. Crédito: A. Goguitchaichvili et al.
Para determinar cuándo se usaron estos hoyos, los investigadores aplicaron la técnica de arqueomagnetismo, que permite datar el momento en que las rocas fueron calentadas a altas temperaturas, registrando la orientación del campo magnético de la Tierra en ese instante. El análisis de cinco de los hoyos (LQ1 a LQ5) arrojó fechas de uso variadas: el hoyo LQ1, cercano a la Pirámide Votiva, se usó entre el 927 y el 1100 d.C., coincidiendo con el declive del sitio. Los hoyos LQ4 y LQ5 se utilizaron durante el apogeo de la ciudad, entre el 675 y el 900 d.C. El hoyo LQ2 podría ser el más antiguo, empleado entre los siglos VI y VII d.C. Los investigadores sugieren que los rituales en el hoyo LQ1 pudieron haber persistido hasta el final del sitio, como una «despedida simbólica».
Las causas del abandono de La Quemada siguen siendo un misterio, aunque las fechas obtenidas respaldan un declive gradual, posiblemente debido a sequías, sobreexplotación de recursos o conflictos internos. Se especula que el fuego en estos hoyos pudo haber servido para mantener viva la memoria del lugar incluso cuando la ciudad ya estaba en ruinas. Los científicos planean analizar los hoyos aún no excavados para obtener más respuestas sobre la naturaleza de estas ceremonias y por qué algunos hoyos se usaron siglos después del abandono.
Avto Goguitchaichvili, Alejandra García Pimentel, et al., Tracing the ritual fire in La Quemada (Northern Mesoamerica). Journal of Archaeological Science: Reports, Volume 65, September 2025, 105162. doi.org/10.1016/j.jasrep.2025.105162
Arqueólogos en Corea del Sur han desenterrado una corona de 1.400 años de antigüedad con una característica asombrosa: está adornada con alas iridiscentes de escarabajos joya. Este hallazgo, encontrado en la tumba de una figura de élite del Reino de Silla, es el primero de su tipo y ofrece una visión única de la sofisticación artística y las prácticas funerarias de la antigua Corea.
The 1,400-year-old crown found in a tomb in Gyeongju. A diagram shows what the ancient crown would have originally looked like, including the arrangement of its jewel beetle wing decorations. Credit: Korea Heritage Service
El Reino de Silla (57 a. C. – 935 d. C.) fue crucial en la historia coreana, siendo el primero en unificar la península. Reconocido por sus lazos con la China Tang, la influencia budista y su excepcional artesanía, Silla dejó un legado de impresionantes artefactos de oro y tumbas elaboradas. Gyeongju, la antigua capital de Silla y hoy un sitio declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, es a menudo llamada el museo sin muros por la abundancia de reliquias históricas.
The Hwangnam-dong tombs, also known as Hwangnamdaechong, are royal Silla-era tombs located in Gyeongju, South Korea. Credit: Smart History
Las coronas ceremoniales de Silla eran símbolos emblemáticos de poder, estructuras intrincadas de oro y jade que representaban la autoridad espiritual y política.
La corona recién descubierta en la Tumba 120-2 es excepcional. Además de sus extensiones verticales en forma de ramas y astas, presenta docenas de diminutas perforaciones en forma de corazón que estaban ingeniosamente rellenas con las coloridas alas de escarabajo joya. Algunas de estas alas permanecen intactas, mostrando sus vibrantes tonos verdes, azules y cobrizos, que se consideraban símbolos de belleza y rareza. Este es el primer registro del uso de alas de escarabajo para decorar una corona real de Silla, lo que la hace un hallazgo verdaderamente único.
La corona también cuenta con adornos colgantes de cuentas de oro y jade curvado, que se balanceaban con el movimiento, creando un efecto deslumbrante.
Los arqueólogos encontraron la corona directamente sobre el cráneo del individuo enterrado, rodeada de un ajuar funerario igualmente impresionante:
Pendientes de oro macizo
Un adorno pectoral de cuentas azul oscuro
Un elegante cinturón de plata con brazaletes y anillos a juego
Más de 500 cuentas amarillas que formaban un brazalete
Zapatos de bronce dorado, posiblemente hechos solo para el ritual funerario
Todo fue descubierto tal como se usó, ofreciendo una imagen excepcionalmente conservada del atuendo real de Silla al momento del entierro, una rareza en la arqueología coreana. Parece que cada artefacto fue creado específicamente para la ceremonia, enfatizando la importancia ritual de enviar a las figuras de élite al más allá adornadas con símbolos de poder terrenal y favor divino.
Se estima que la persona enterrada medía alrededor de 170 cm (5’7″). Aunque su identidad sigue siendo un misterio, futuros análisis de ADN e isotópicos podrían revelar pistas sobre su género, rango o linaje.
La corona también incluye una placa metálica perforada entre la banda y los adornos verticales, un elemento nunca antes visto. ¿Podría ser una forma temprana de tocado o simplemente un elemento decorativo?
Este descubrimiento no solo enriquece nuestra comprensión de la realeza de Silla, sino que también reafirma la posición de Gyeongju como uno de los sitios arqueológicos más ricos y fascinantes de Asia.
Oculta bajo las arenas del tiempo en la tranquila bahía de Morphou se encuentra Agia Eirini (en turco: Akdeniz), un pueblo aparentemente tranquilo en el distrito de Kyrenia que alberga uno de los tesoros arqueológicos más asombrosos del Mediterráneo: el Ejército de Terracota de Agia Eirini.
The sculptures are on display at the Medelhavsmuseet (Museum of Mediterranean Antiquities) in Stockholm. Photo credit: Notafly / Public Domain
A menudo eclipsada por su homóloga china, esta colección de figuras antiguas, menos conocida pero igualmente fascinante, ofrece una vívida imagen de la vida religiosa y cultural chipriota de hace más de 2500 años. Réplicas de artefactos antiguos.
Excavation work conducted by the Swedish Archaeological Mission on Papa Prokopios’ property. Photo credit: John Lindros / Public Domain
Ubicada cerca de la costa noroeste de Chipre, en el distrito de Kyrenia, con vistas a la pintoresca bahía de Morphou, la pequeña aldea de Agia Eirini (hoy Akdeniz) se encuentra en el territorio que actualmente está bajo el control de facto de la República Turca del Norte de Chipre.
Another photograph showcasing the discoveries at Agia Eirini. Photo credit: John Lindros / Public Domain
Descubierto en 1929 por la Expedición Sueca a Chipre, dirigida por el arqueólogo Einar Gjerstad, el santuario de Agia Eirini ha revelado más de 2000 esculturas de terracota que datan de los siglos VII y VI a. C., lo que representa una notable continuidad de las tradiciones sagradas y la artesanía.
La historia comenzó cuando un sacerdote local, Papa Prokopios, interceptó a un saqueador en sus tierras de cultivo y entregó un fragmento de una estatua robada al museo de Nicosia.
Esto impulsó al equipo sueco a iniciar una excavación que revelaría no solo un templo antiguo, sino todo un complejo religioso utilizado ininterrumpidamente desde la Edad del Bronce Final (aprox. 1200 a. C.) hasta el período chipriota-arcaico (aprox. 500 a. C.).
A tan solo medio metro bajo tierra, los arqueólogos descubrieron una disposición semicircular de estatuas de terracota que representaban sacerdotes, guerreros, músicos y animales.
Estas figuras, algunas de tamaño natural y con intrincados detalles, se erguían como centinelas silenciosos de una deidad olvidada. Programas de educación arqueológica.
Los expertos sugieren que las figuras muestran influencias estilísticas de las culturas asiria, fenicia y minoica, visibles en su atuendo, postura y accesorios simbólicos.
Algunas estatuas de guerreros llevan cascos con cuernos y una musculatura exagerada que recuerda a los espíritus guardianes asirios, mientras que otras reflejan la estilización de los kouroi griegos con sus posturas rígidas y ojos almendrados.
Cabe destacar que las figurillas sacerdotales con cabeza de toro y los vasos de libación con motivos mitológicos evocan la iconografía minoica y micénica, lo que sugiere que el culto pudo haber absorbido diversos elementos del comercio y la migración regionales.
Los hallazgos arqueológicos indican que el santuario estaba dedicado a una deidad de la fertilidad, probablemente asociada con la abundancia agrícola y la ganadería. La abundancia de efigies de toros, herramientas de libación e instrumentos musicales rituales como panderetas y flautas de terracota revela una vida ritual dinámica.
Las fases posteriores del santuario incluyeron figuras antropomorfas, minotauros y sacerdotes guerreros, lo que sugiere una transición hacia aspectos heroicos o marciales de la divinidad, posiblemente vinculados a conflictos regionales o cambios en las ideologías políticas.
Una característica única fue la presencia de recintos sagrados para árboles, un guiño directo a los bosques sagrados minoicos, que enfatiza aún más la naturaleza sincrética de la religión chipriota.
Restos carbonizados y capas de ceniza sobre altares de piedra apuntan a sacrificios de sangre, una práctica que añadió una dimensión visceral a los rituales del templo. Los altares fueron desplazados posteriormente durante la reconstrucción, y las ofrendas se volvieron a enterrar con reverencia en las inmediaciones, un testimonio de la naturaleza evolutiva pero persistente de la fe local.
En el centro del culto podría haber una piedra sagrada o betilo, un símbolo anicónico de lo divino que persistió a lo largo de las sucesivas fases de uso del templo.
Tras siglos de olvido bajo los campos agrícolas, el descubrimiento del santuario no solo transformó el mapa arqueológico de Chipre, sino que también impulsó la colaboración internacional. En 1931, la mitad de las estatuas se enviaron al Museo de Historia Natural de Estocolmo donde siguen siendo una pieza central de las antigüedades mediterráneas. Las figuras restantes se conservan en el Museo de Chipre en Nicosia (Lefkoşa), representando con orgullo la rica narrativa prehistórica de la isla. Réplicas de artefactos antiguos.
Aunque se desconoce la verdadera identidad de la deidad, el santuario de Agia Eirini sigue cautivando a académicos y visitantes por igual. Sirve como recordatorio del papel fundamental de la isla en la encrucijada de civilizaciones antiguas y del poder perdurable del arte para preservar la memoria espiritual.
Luxor, Egipto – Después de décadas de misterio, la tumba conocida como «Kampp 23» en la necrópolis de Al-Asasif, en la orilla occidental de Luxor, ha revelado la identidad de su propietario. Una misión arqueológica conjunta egipcio-canadiense ha descifrado que la tumba pertenece a Amón Mes, un influyente funcionario real que ostentó diversos cargos durante el período ramésida, incluyendo el de alcalde de Tebas.
Detalle del interior de la tumba. Crédito: Ministerio de Turismo y Antigüedades de Egipto
Descubierta en la década de 1970, la tumba había permanecido anónima para los arqueólogos hasta ahora. Sherif Fathy, Ministro de Turismo y Antigüedades, destacó la importancia de este hallazgo, señalando que «refuerza nuestra comprensión sobre el papel de los altos dignatarios en el antiguo Egipto y subraya el compromiso del Estado con la investigación arqueológica».
Esculturas talladas en la piedra dentro de la tumba. Crédito: Ministerio de Turismo y Antigüedades de Egipto
Mohamed Ismail Khaled, secretario general del Consejo Supremo de Antigüedades, explicó que, aunque la tumba ya estaba registrada, «nunca se había confirmado su dueño original». Las excavaciones recientes no solo identificaron a Amón Mes, sino que también revelaron algunos de sus títulos, abriendo nuevas vías de investigación sobre su influencia histórica.
Mohamed Abdel Badie, jefe del Sector de Antigüedades Egipcias, añadió que el nombre de Amón Mes ya era conocido por los investigadores debido a otras inscripciones en la ribera occidental de Luxor. Estos documentos lo describen con múltiples títulos, como consejero real, padre divino de Amón, recaudador de impuestos e incluso supervisor de las canteras durante una expedición del rey Ramsés IV al Uadi Hammamat.
A pesar del descubrimiento, aún no está claro si todos estos cargos y menciones corresponden a la misma persona enterrada en la «Kampp 23» o si hubo varios funcionarios con el mismo nombre en diferentes épocas. «Es posible que haya existido más de un ‘Amón Mes’ en Tebas», admitió Abdel Badie, «pero las evidencias apuntan a que este fue un personaje clave durante el Reino Nuevo».
La tumba, excavada en la roca con un diseño en forma de T típico de las necrópolis ramésidas, presenta un patio abierto con muros de adobe y un pilono. En su interior, un corredor conecta la capilla con la cámara funeraria, donde se encuentran estatuas talladas directamente en la piedra.
Según Abdul Ghaffar Wagdy, jefe del lado egipcio de la misión, la tumba fue reutilizada siglos después de su construcción original. Se encontraron restos de yeso pintado cubriendo relieves originales, fragmentos de una entrada principal reconstruida con materiales distintos e incluso ushabtis rotos.
La Dra. Casey L. Kirkpatrick, líder canadiense del proyecto, confía en que las próximas temporadas de excavación aportarán más luz: «Las próximas temporadas de excavación podrían confirmar si todos los títulos atribuidos a ‘Amón Mes’ pertenecen al mismo hombre o a distintos funcionarios homónimos». Si se confirma que se trata de un único individuo con tantos cargos, Amón Mes sería una figura de poder excepcional en la Tebas de los Ramsés.
La historia de Almería se reescribe desde un cerro que ha sido testigo de varias civilizaciones
Los trabajos arqueológicos realizados en el yacimiento de Cabezo María, en un antiguo volcán de Antas han confirmado la existencia entre los siglos V y XVII después de Cristo de una comunidad muy singular, una élite económica bizantina y una congregación monástica de la Iglesia Cristiana Oriental.
Es la opinión de José María Martín Civantos, director del Memolab (laboratorio de investigación histórica) de la Universidad de Granada que ha participado en las excavaciones y cuyos primeros resultados ha dado a conocer el Ayuntamiento de Antas mediante una nota de prensa.
Las conclusiones confirman así la hipótesis que desde hace tiempo ha existido en Antas sobre los restos del Cabezo María, vinculándolos con una iglesia primitiva, aunque en concretamente se trataría de una comunidad de religiosos anterior al Cisma de Occidente, cuando la Iglesia se dividió entrando en disputa varios obispos por el papado.
Tal y como aseguran desde el Ayuntamiento:
Con independencia de la información que aporte el análisis en laboratorio de los restos hallados, el trabajo de campo ha descubierto la existencia de una iglesia de tres naves, en buena parte tallada en el volcán, de enormes dimensiones para su época. En el lugar se han hallado varias lucernas de arcilla con el carnero pascual grabado así como numerosas piezas de cerámica importadas del norte de África y el Oriente mediterráneo e, incluso, una moneda del siglo IV.
Según Martín Civantos:
Los restos que han salido a la luz apuntan a que en este yacimiento del Levante Almeriense vivía una élite ligada al ejército bizantino, conectada a las redes comerciales y el tráfico marítimo del Mediterráneo. No obstante, la ausencia de murallas e infraestructuras defensivas, más allá de la propia orografía del volcán, induce a pensar que el carácter del asentamiento no era militar.
En ese sentido, el descubrimiento de una iglesia de considerables dimensiones y numerosas habitaciones, al estilo de las encontradas en un monasterio coetáneo en Capadocia, diseminadas por la falda del volcán, revelan la existencia de una importante comunidad monástica bizantina única en la península. Se trata de una noticia sustancial, porque estaríamos ante la prueba de un notable intento de colonización de Iberia por parte del Imperio Romano Oriental.
Subrayo la relación con Baria y Montroy, en el actual término municipal de Cuevas del Almanzora, y la posterior secuencia de ocupación en la Alta Edad Media, anterior a la fundación de Bayra, la actual Vera, y Mojácar la Vieja, a tenor de los restos cerámicos hallados.
Por su parte el doctor arqueólogo Julio Román, director de las excavaciones, ha respaldado de esta manera las conclusiones de Martín Civantos:
El Cabezo María pudo ser un lugar central de culto desde el que se pretendió expandir la Iglesia Cristiana Oriental al resto de la península. Aunque cuando preparábamos el proyecto de investigación sabíamos que se trataba de un yacimiento singular y muy importante, lo que hemos encontrado nos ha sorprendido notablemente e intuimos que nos seguirá asombrando.
Ante estos hallazgos el alcalde de Antas, Pedro Ridao:
Me he mostrado satisfecho por los resultados obtenidos y porque al fin estamos viendo resultados palpables del trabajo emprendido hace seis años para conocer el pasado y recuperar el patrimonio de nuestro pueblo.
Agradezco la investigación que está realizando el equipo de arqueólogos dirigido por Martín Civantos, Román y nuestro paisano Antonio Rubio ha reconocido que está «deseando» conocer el relato que aportará el análisis de laboratorio de los restos hallados y adelanto que esta ha sido la primera de las campañas que continuarán en 2026 y años sucesivos.
Para ello ni el alcalde ni cualquier interesado en lo que ocurrió en este yacimiento almeriense hace casi 2.000 años tendrá que esperar demasiado, ya que las conclusiones de esta campaña de serán presentadas en el marco del I Congreso Internacional para Jóvenes Investigadores en Prehistoria y Arqueología que se celebrará en Antas entre los días 16 y 21 de junio.
Se añade así un nuevo hallazgo de gran relevancia en el campo de lo arqueológico en una semana en la que también se han confirmado la existencia de una necropolis de origen romano en las excavaciones que se está realizando en el yacimiento de Macael Viejo, a unas decenas de kilómetros del situado en el Cabezo María.
Imagina un lugar en el sur de España, a tiro de piedra de la actual Sevilla, que hace 5.000 años era un epicentro. No era una «ciudad» en el sentido que la conocemos hoy, con casas y calles permanentes para todos, sino más bien un gran centro ceremonial y comercial. Piensa en ello como un punto de encuentro masivo donde la gente de los alrededores y de lugares lejanos convergía periódicamente.
Principales monumentos megalíticos de Valencina: Umbral de La Pastora entre corredor y cámara, visto desde la cámara ; corredor de La Pastora mirando al exterior. Crédito: Miguel Ángel Blanco de la Rubia / Aline Lara Galicia
Comercio a Larga Distancia: Su ubicación estratégica, cerca de la desembocadura del Guadalquivir en una gran bahía atlántica (¡sí, el Atlántico llegaba mucho más adentro en esa época!), lo convertía en un nudo crucial. Desde allí se controlaba el tráfico de materiales preciosos. Imagina ver marfil de elefantes africanos, ámbar del norte de Europa, huevos de avestruz y cobre, todo llegando y saliendo de Valencina.
A) Lámina de oro con cuatro «óculos» hallada en la Estructura 10.029, una pequeña fosa no funeraria situada cerca de la tumba de «La Dama de Marfil», en el sector PP4-Montelirio; B) Comparación de los tres motivos de «óculos» en lámina de oro conocidos en Iberia. Crédito: Miguel Ángel Blanco de la Rubia
Daga encontrada en la ofrenda secundaria a «La Dama de Marfil», sobre su cuerpo, con hoja de cristal de roca y empuñadura y vaina de marfil. Crédito: Miguel Ángel Blanco de la Rubia
Producción Especializada: No solo comerciaban, también creaban. Se han encontrado piezas de lujo increíblemente elaboradas, como puñales de marfil y cristal de roca. Esto sugiere que había artesanos muy cualificados que trabajaban para las élites.
Grandes Fiestas y Reuniones: Curiosamente, una de las pruebas más llamativas son unos platos cerámicos gigantes, de hasta 50 centímetros de diámetro. Los arqueólogos creen que se usaban para comidas colectivas masivas, ¡como si organizaran banquetes para cientos de personas! Esto servía para fortalecer lazos sociales y mantener la cohesión de la comunidad.
Monumentos y Rituales: El yacimiento está salpicado de dólmenes monumentales, zanjas y cuevas artificiales. Esto indica que era un lugar de gran importancia ritual y ceremonial, atrayendo a gente para participar en ritos y celebraciones.
Aquí es donde Valencina se vuelve realmente interesante. A diferencia de las primeras «ciudades-estado» de Mesopotamia, con reyes y grandes palacios, en Valencina no se ha encontrado evidencia de una jerarquía tan rígida. Los investigadores sugieren que el poder no se basaba en un gobierno centralizado o un ejército, sino en una combinación de religión, influencia económica y capacidad para organizar eventos multitudinarios. Era un «sistema de gobierno» más flexible, donde la capacidad de controlar el comercio, la producción de bienes de lujo y la organización de ceremonias gigantes les daba a las élites su autoridad.
Valencina tuvo un período de auge impresionante, pero finalmente decayó y fue abandonada. Esto coincidió con un cambio climático importante, conocido como el «evento 4.2K», que provocó sequías severas en el Mediterráneo. Es probable que la escasez de recursos y la alteración de las rutas comerciales contribuyeran a su colapso, perdiendo su papel como centro neurálgico.
Valencina es un recordatorio de que la historia humana es mucho más variada y compleja de lo que a menudo imaginamos. No todas las sociedades complejas siguieron el mismo camino hacia la formación de estados; algunas encontraron formas alternativas de organización y poder, como esta en el corazón de la Edad del Cobre ibérica…
Cuando pensamos en grandes asentamientos antiguos, nuestras mentes suelen viajar a Mesopotamia o Egipto, donde poderosos reyes gobernaban desde imponentes palacios y grandes ejércitos mantenían el orden. Sin embargo, Valencina nos muestra una realidad muy diferente en la Edad del Cobre.
Imagina una sociedad compleja, con miles de personas, comercio a larga distancia, artesanos especializados y monumentos impresionantes, pero sin una autoridad centralizada visible. Los arqueólogos no han encontrado un palacio real, ni edificios administrativos claramente definidos, ni pruebas de una burocracia estatal como la que veríamos en otras civilizaciones. Esto es lo que hace a Valencina tan especial y, a la vez, tan enigmática.
Los investigadores García Sanjuán y Earle proponen un concepto fascinante para describir la forma de organización de Valencina: una «relación dialéctica de jerarquía y comunalismo». ¿Qué significa esto?
Por un lado, la abundancia de los gigantescos platos de cerámica para comidas colectivas sugiere una fuerte cohesión social y la importancia de la cooperación y la participación comunitaria. Las grandes reuniones y festividades habrían servido para reforzar los lazos entre las diferentes comunidades que convergían en Valencina.
Por otro lado, la existencia de objetos de lujo en ciertas tumbas y la organización de la producción y el comercio indican que, aunque no hubiera reyes, sí existían élites. Pero su poder no era coercitivo en el sentido tradicional. Parece que su influencia se basaba en:
Control de recursos valiosos: Quienes manejaban el acceso a materiales como el cobre, la sal o el marfil tenían una posición privilegiada.
Organización de la producción: Los líderes podrían haber patrocinado a los artesanos especializados que creaban las piezas de lujo.
Poder religioso/ideológico: Es probable que un santuario o templo en Valencina atrajera a gente de lejos, dotando a quienes lo administraban de un gran prestigio y autoridad.
Capacidad de movilización: La élite de Valencina parece haber tenido la capacidad de organizar la mano de obra para la construcción de monumentos y la producción de alimentos a gran escala.
En esencia, era un sistema de poder más sutil y distribuido, donde el control no venía de la fuerza bruta, sino de la influencia, la organización de eventos y rituales, y la gestión del comercio y la producción. Se financiaba tanto con productos básicos (agricultura, ganadería) como con la riqueza generada por el nuevo comercio marítimo y la artesanía especializada.
Este modelo de Valencina desafía la idea lineal de que todas las sociedades complejas deben evolucionar hacia un estado jerárquico. Nos muestra que la cooperación, la religión y el intercambio pueden ser motores tan potentes como la coerción para generar formas de poder y organización social complejas.
Los arqueólogos sugieren que este enfoque de «producción monumental» (la creación de grandes dólmenes y otros elementos ceremoniales) y las grandes reuniones actuaron como una especie de «placebo social», aliviando las tensiones y conteniendo el surgimiento de sistemas políticos fuertemente autoritarios.
Es como si Valencina nos dijera: «Hay otras maneras de ser una sociedad avanzada». Su colapso, posiblemente ligado a factores climáticos y la ruptura de este delicado equilibrio, marcó el fin de una era y abrió la puerta a nuevas formas de organización política en la península Ibérica.
¿Por qué nos resulta tan utópico hoy?
Quizás lo que hace que este modelo de Valencina nos parezca una utopía es el contraste con la historia que conocemos, donde las sociedades a menudo evolucionaron hacia formas de gobierno cada vez más centralizadas y, en ocasiones, autoritarias. La idea de que una élite pudiera mantener su posición a través del prestigio religioso, la gestión del comercio y la organización de grandes banquetes y monumentos, en lugar de la fuerza, resuena con un ideal de armonía y colaboración.
Es un recordatorio poderoso de que las sociedades pueden encontrar maneras de organizarse de formas sorprendentemente diferentes, y que la cooperación y el «bienestar colectivo» pueden ser tan fundamentales como la riqueza o el poder individual.
Los arqueólogos lo llamaron un «placebo social», y la imagen es muy acertada. Es como si este sistema, al canalizar la energía y la inversión en rituales y monumentos compartidos, y al fomentar las grandes reuniones, hubiera actuado como una especie de «válvula de escape» o «amortiguador» contra las tensiones internas que a menudo llevan a la necesidad de un control estatal más rígido. Mantenía a raya los impulsos hacia sistemas políticos fuertemente autoritarios.
Sin embargo, como todas las utopías (reales o percibidas), este equilibrio era frágil. Cuando las condiciones cambiaron (el evento climático 4.2K, sequías, alteración de las rutas comerciales), el sistema no pudo sostenerse y colapsó. La historia nos muestra que estas formas de organización, aunque bellas, a menudo son vulnerables a grandes shocks externos o a la acumulación gradual de desigualdades que terminan rompiendo ese delicado balance.
Pero el hecho de que existiera, aunque fuera por un tiempo, es un testimonio de la adaptabilidad y la diversidad de la organización social humana. Y sí, es una idea preciosa y digna de reflexionar.
¡Excelente! Profundicemos en cómo la geografía y los hallazgos materiales de Valencina refuerzan la idea de esta «utopía prehistórica» que hemos estado discutiendo. Veremos cómo cada elemento encaja en la visión de una sociedad compleja pero no necesariamente jerárquica y coercitiva.
La ubicación de Valencina no fue casual; fue clave para su ascenso y para el desarrollo de su particular modelo social:
Cruces de Caminos Fluviales y Marítimos: Imagina Valencina en un punto donde el río Guadalquivir (entonces más navegable) se encontraba con una gran bahía atlántica. Esto la convertía en una puerta natural para el movimiento de personas y bienes. Era el lugar perfecto para controlar tanto el tráfico que subía el río hacia el interior de la península como el que venía del Atlántico, conectando el Mediterráneo, Europa y África.
Atracción y Convergencia: Esta posición privilegiada no solo facilitaba el comercio, sino que también la convertía en un punto de convergencia natural para diferentes comunidades. Si tu sociedad se basa en reuniones periódicas y en el intercambio, necesitas un lugar al que la gente pueda llegar fácilmente desde distintas direcciones. Valencina ofrecía eso. Era un nodo vital donde las rutas convergían, permitiendo que las ideas, las personas y los bienes fluyeran.
Los artefactos que los arqueólogos han desenterrado en Valencina son la evidencia más tangible de cómo funcionaba esta sociedad:
Lujo y Especialización sin Coerción Directa: El hallazgo de objetos exquisitos como el puñal de marfil y cristal de roca, cuentas de conchas, objetos de ámbar y vestimentas ceremoniales elaboradas, habla de una producción artesanal altamente especializada. Estas piezas no eran de uso diario; eran símbolos de prestigio y se encontraban en tumbas importantes. Sin embargo, el hecho de que no se hayan encontrado palacios o grandes fortificaciones, sugiere que el control de esta producción y su distribución se basaba más en el patrocinio y la influencia de las élites que en un poder coercitivo directo. Es decir, las élites ganaban y mantenían su posición a través de la capacidad de acceder y distribuir estos bienes de lujo, atrayendo así a otros.
Los Grandes Platos de Cerámica: Símbolos de Cohesión y Ceremonia: Estos son quizás los hallazgos más elocuentes de la naturaleza «comunal» de Valencina. Platos de hasta 50 centímetros de diámetro no están hechos para una cena familiar. Indican grandes banquetes colectivos, eventos donde la gente se reunía para comer, celebrar y reforzar sus lazos sociales. Estos rituales masivos habrían sido cruciales para la cooperación y la integración de las diversas comunidades que visitaban o residían temporalmente en Valencina. Eran una inversión en cohesión social, una forma de «pagar» por la armonía y la cooperación.
Las Tumbas y la Presencia «No Local»: El hecho de encontrar personas no locales enterradas en el sitio es otro indicio de su papel como centro de reunión. Si Valencina fuera solo un pueblo habitado, la mayoría de los enterramientos serían de sus residentes. Pero la presencia de individuos de otras regiones sugiere que personas de fuera venían a Valencina, quizás para participar en ceremonias, comerciar, o simplemente porque el lugar tenía una importancia simbólica que trascendía los límites de una comunidad local. Esto subraya la idea de que era un sitio de atracción regional o interregional.
Monumentos Funerarios (Dólmenes y Cuevas Artificiales): La construcción de dólmenes monumentales y cuevas artificiales requería una gran inversión de mano de obra y organización. ¿Cómo se lograba esto sin un «rey» que diera órdenes? Muy probablemente a través de la movilización de trabajo voluntario o ritualmente motivado por parte de las élites, usando su prestigio, su capacidad para organizar los banquetes (que «alimentaban» a los trabajadores) y su poder ideológico. Los monumentos en sí mismos se convertían en puntos de referencia y en focos para las reuniones y el ritual, reforzando el sistema.
En resumen, la geografía de Valencina la situó como un punto de encuentro ineludible, y sus hallazgos materiales reflejan una sociedad donde el prestigio, el ritual y el intercambio jugaron un papel central en la organización del poder, permitiendo una complejidad social asombrosa sin la necesidad de las estructuras estatales autoritarias que vemos en otras partes del mundo antiguo. Es la arqueología la que nos permite vislumbrar esta fascinante «utopía prehistórica».
Pensar en «utopías» o sistemas de poder complejos está muy bien, pero ninguna sociedad puede funcionar sin una base sólida de recursos. En la Edad del Cobre, la alimentación y la gestión de los recursos naturales eran el pilar fundamental.
Aunque el texto no detalla explícitamente la agricultura y ganadería de Valencina, podemos inferir mucho basándonos en el conocimiento general de la Edad del Cobre en la península Ibérica y en lo que se menciona:
Agricultura Intensiva: Para sostener una población que, aunque no permanente, era masiva durante ciertos periodos (miles de personas reuniéndose), se requería una producción agrícola considerable. Esto implicaría el cultivo de cereales como el trigo y la cebada, que eran la base de la dieta en la prehistoria europea. La presencia de «grandes platos cerámicos en contextos rituales» para «comidas colectivas» sugiere que tenían excedentes agrícolas significativos que podían destinarse a estos banquetes.
Ganadería: Carne y Otros Productos: La cría de animales como ovejas, cabras, cerdos y vacas también habría sido esencial. No solo proporcionaban carne para las grandes comidas, sino también leche, pieles, lana y fuerza de trabajo (arado, transporte). El control de estos «alimentos básicos (animales y cereales)» se menciona explícitamente como una de las bases del poder de las élites, lo que subraya su importancia.
La Sal: Un Recurso Estratégico: El texto destaca el control de la sal como uno de los recursos clave para las élites de Valencina. La sal era (y es) fundamental por varias razones:
Conservación de Alimentos: Esenciales para almacenar carne y pescado, permitiendo periodos de abundancia y transporte de alimentos.
Necesidad Fisiológica: Vital para la salud humana y animal.
Comercio: La sal era una mercancía valiosa por sí misma, que podía intercambiarse por otros bienes. Su control daba a las élites de Valencina una ventaja económica y política.
El Cobre y Otros Minerales: Aunque no directamente para la subsistencia, el control del cobre (para herramientas, armas y objetos de prestigio) y otros minerales cercanos también era crucial. La Edad del Cobre se llama así por una razón: la metalurgia era una tecnología de vanguardia y quienes controlaban su producción y distribución tenían un enorme poder.
Para que un lugar como Valencina funcionara como un centro de reunión periódico, las élites no solo tenían que controlar la producción, sino también la logística:
Almacenamiento: ¿Cómo almacenaban los excedentes de cereales y la carne salada para los grandes eventos? Se necesitarían silos o grandes graneros.
Movilización de la mano de obra: Construir dólmenes y grandes estructuras requería mucha gente. Esta gente no trabajaba por nada; necesitaban ser alimentados. Los grandes banquetes podrían haber sido una forma de «pago» o incentivo para el trabajo comunal.
Intercambio de «productos básicos»: Si bien se enfocaba en el lujo, el comercio también habría incluido productos básicos. Quienes venían de lejos a Valencina, quizás traían sus propios productos agrícolas o ganaderos para intercambiar, o dependían de lo que Valencina podía proporcionar durante su estancia.
Este vistazo a la base económica de Valencina nos ayuda a entender que su «utopía» no estaba en la escasez, sino en la gestión de la abundancia de una manera que, al menos por un tiempo, pareció evitar las estructuras estatales coercitivas. Fue una forma de «economía política» muy particular, donde el control de los bienes básicos y de lujo se entrelazaba con el prestigio religioso y la capacidad de organizar eventos multitudinarios.
¡Por supuesto! Es crucial entender que incluso las sociedades más ingeniosas y aparentemente «utópicas» son vulnerables. El colapso de Valencina no fue una excepción. Aunque su sistema de poder basado en el ritual y el comercio era único, su fin se debió a factores que afectaron a muchas civilizaciones antiguas: el cambio climático y la disrupción de sus redes vitales.
La Fragilidad de un Equilibrio Único: El Colapso de Valencina
Imagina el delicado equilibrio que mantenía a Valencina en su apogeo:
Abundancia de Recursos: Grandes cosechas y ganado para alimentar a las multitudes en los banquetes.
Comercio Fluido: El constante flujo de marfil, ámbar, cobre y otros bienes de lujo y básicos.
Cohesión Social: La capacidad de organizar eventos masivos y construir monumentos que unían a las comunidades.
Prestigio de la Élite: El poder de quienes gestionaban todo esto, basado en la influencia y la organización, no en la fuerza.
El «Evento 4.2K»: El Golpe Climático
El texto menciona un factor clave en la caída de Valencina: el «evento 4.2K». Este no fue un fenómeno local, sino un cambio climático global que ocurrió alrededor del 2200 a.C. y afectó duramente a varias regiones del mundo, incluyendo el Mediterráneo y Oriente Medio.
Sequías Prolongadas: Para una sociedad que dependía de la agricultura y la ganadería para alimentar a miles de personas (incluso si era periódicamente), las sequías eran catastróficas. Menos lluvia significaba menos cosechas, menos pastos para el ganado y, por lo tanto, menos comida.
Estrés Hídrico: Los ríos y acuíferos se reducirían, dificultando el acceso al agua para consumo y agricultura.
Presión sobre los Recursos: La escasez de alimentos y agua generaría tensión entre las comunidades, llevando a conflictos por los recursos menguantes.
La Desintegración de la Red y el Fin del Prestigio
Si la base de la subsistencia (alimentos) se veía comprometida, el impacto en el modelo de Valencina sería devastador:
Adiós a los Grandes Banquetes: Si no hay excedentes para las «comidas colectivas», la principal herramienta para fomentar la cooperación y reforzar los lazos sociales desaparecería. Sin los banquetes, ¿cómo se mantenía unida la gente?
Disrupción del Comercio: Las sequías y el estrés en otras regiones también afectarían a las fuentes de los bienes de lujo (marfil, ámbar, etc.). Si los socios comerciales de Valencina también sufrían, la cadena de suministro se rompería. Menos bienes valiosos significaría menos que intercambiar, y el prestigio de las élites que dependían de su distribución se erosionaría.
Pérdida de Movilización: Si la gente está luchando por su supervivencia diaria, es menos probable que dedique tiempo y esfuerzo a la construcción de monumentos o a viajes largos para ceremonias. El «placebo social» ya no funcionaría.
Decadencia del Poder Blando: El poder de las élites de Valencina no se basaba en el ejército o la coerción, sino en su capacidad para organizar y proveer. Cuando esa capacidad se ve minada por la escasez, su autoridad y prestigio se desvanecen.
En resumen, el «evento 4.2K» actuó como una onda expansiva que destruyó los pilares sobre los que se asentaba la sociedad de Valencina. La escasez de recursos socavó la base económica y la capacidad de las élites para mantener su sistema de poder. Las reuniones se hicieron inviables, el comercio se interrumpió y la cohesión social se resquebrajó.
Valencina fue abandonada, y aunque la región siguió habitada, nunca recuperó su papel como el gran centro ceremonial y comercial de la Edad del Cobre. Su colapso, junto con el de otros «megasitios» de la época, abrió el camino para el surgimiento de nuevas formas de organización sociopolítica, que a menudo sí incluían jerarquías más marcadas y estados tempranos, precisamente porque la resiliencia de un sistema «más blando» había sido puesta a prueba y fallado.
Es un recordatorio de que incluso las «utopías» prehistóricas tienen sus límites frente a desafíos ambientales y económicos extremos.
Leonardo García Sanjuán, Timothy Earle, Valencina: A copper age polity. Journal of Anthropological Archaeology, Volume 78, June 2025, 101688. doi.org/10.1016/j.jaa.2025.101688
El hallazgo de evidencias del uso de un polybolos en Pompeya, fechado en el año 89 a.C., es un descubrimiento muy significativo en el campo de la arqueología militar antigua.
Para entender la magnitud de este descubrimiento, primero, desglosemos qué es un polybolos:
El polybolos (del griego πολυβόλος, que significa «que lanza muchos proyectiles») era una balista de repetición o catapulta de repetición de la antigua Grecia. Se le considera una de las armas de asedio más sofisticadas y un ingenio tecnológico notable para su época.
Sus características principales eran:
Mecanismo de repetición: A diferencia de las balistas tradicionales que requerían una recarga manual para cada disparo, el polybolos estaba diseñado para disparar proyectiles de forma continua. Se utilizaba un mecanismo de cadena (el uso más antiguo conocido de este tipo de mecanismo) que permitía cargar, tensar y disparar los proyectiles de manera semiautomática. Al girar una manivela o un cabestrante, se tensaba el arco, se colocaba una flecha o dardo desde un cargador y se disparaba, repitiéndose el ciclo.
Alta cadencia de fuego: Esto le permitía lanzar una ráfaga de proyectiles a un ritmo mucho más rápido que cualquier otra arma de asedio de la antigüedad, lo que la convertía en una especie de «ametralladora» de la época. Se estima que podía disparar hasta 11 proyectiles por minuto, cuatro veces más que una balista estándar.
Invención: Su invención se atribuye a Dionisio de Alejandría, un ingeniero griego del siglo III a.C., y fue descrito en detalle por Filón de Bizancio (c. 280 a.C. – c. 220 a.C.) en sus tratados de ingeniería militar.
La noticia de que se han encontrado evidencias de su uso en Pompeya, específicamente en el año 89 a.C., es crucial por varias razones:
Confirmación arqueológica: Aunque el polybolos estaba descrito en textos antiguos, la evidencia arqueológica directa de su existencia y uso ha sido muy escasa o inexistente hasta ahora. Este hallazgo en Pompeya ofrecería una prueba tangible y material de que estas «míticas» armas realmente se construyeron y se emplearon en conflictos.
Contexto Romano: Pompeya era una ciudad romana. Si bien el polybolos es una invención griega, su presencia en un contexto romano en el año 89 a.C. (durante las Guerras Sociales o un conflicto similar en la República Romana) demostraría la asimilación y uso de la tecnología militar griega por parte de los romanos en un período temprano. Los romanos eran conocidos por su pragmatismo y por adoptar y mejorar las tecnologías de otros pueblos.
Tecnología Avanzada para la Época: El hecho de que una máquina con un mecanismo de repetición tan complejo estuviera en uso en el siglo I a.C. es un testimonio del alto nivel de ingeniería y metalurgia de la antigüedad.
Impacto en la Historia Militar: Este descubrimiento puede reescribir o enriquecer nuestra comprensión de las tácticas y el armamento utilizados en los asedios y batallas de la República Romana tardía.
El descubrimiento de marcas o restos que sugieren el uso de un polybolos en las murallas de Pompeya, posiblemente durante el Sitio de Sila en el 89 a.C. (cuando Sila asedió la ciudad durante la Guerra Social), es un hito emocionante para la arqueología. Proporciona una conexión física con las descripciones históricas de una de las armas más ingeniosas del mundo antiguo, despejando dudas sobre su aplicación real en el campo de batalla.
Rossi, A., Gonizzi Barsanti, S. & Bertacchi, S. Use of Polybolos on the City Walls of Ancient Pompeii: Assessment on the Anthropic Cavities. Nexus Netw J 27, 243–272 (2025). doi.org/10.1007/s00004-024-00803-x
Un reciente estudio, publicado en febrero de 2025, ha desvelado la probable función de unas enigmáticas herramientas de hueso halladas en Pulli, el asentamiento humano más antiguo conocido de Estonia. Esta investigación sugiere que estos instrumentos, datados en el Mesolítico, se empleaban para descortezar pinos, ofreciendo una valiosa perspectiva sobre las actividades diarias de los cazadores-recolectores de hace más de 11.000 años. La colaboración entre arqueólogos polacos y estonios ha permitido descifrar el auténtico propósito de estas piezas mediante una combinación de análisis microscópico y arqueología experimental.
El estudio llegó a un descubrimiento que termina con el misterio de estas herramientas.
El yacimiento de Pulli, situado cerca del río Pärnu, en el suroeste de Estonia, representa la evidencia más temprana de presencia humana en el país. Con una antigüedad que oscila entre el 9000 y el 8550 a.C., durante el Mesolítico Temprano, este emplazamiento ha revelado más de 1.100 artefactos, entre ellos utensilios de sílex, hueso, asta y piedra. A diferencia de los yacimientos neolíticos, donde abunda la cerámica, el material cultural de Pulli refleja una forma de vida anterior con una preservación limitada de elementos orgánicos.
Las herramientas de hueso de alce, encontradas en las excavaciones iniciadas en la década de 1960, han intrigado a los arqueólogos durante décadas. Estas piezas, con extremos biselados, se pensaba que eran cinceles o herramientas de carpintería, pero carecían de los patrones de desgaste habituales para tales usos. La Dra. Heidi Luik, arqueóloga de la Universidad de Tallin, explica: «Durante años, la verdadera función de estos artefactos se nos escapó. Sabíamos que estaban hechas con maestría, pero el desgaste no coincidía con ninguna aplicación conocida en carpintería».
Para resolver este misterio, el equipo recurrió a la arqueología experimental. Este método implica recrear réplicas exactas de herramientas antiguas y utilizarlas en tareas del mundo real para observar cómo se desarrollan los patrones de desgaste con el tiempo. El Dr. Grzegorz Osipowicz, autor principal del estudio, detalla: «No nos limitamos a observar las herramientas bajo el microscopio. Las replicamos con la mayor fidelidad posible y las utilizamos, lo que nos permite comparar los patrones de desgaste microscópicos en las réplicas con los de los especímenes arqueológicos».
Empleando herramientas de sílex similares a las de la Edad de Piedra, los investigadores crearon nuevas versiones de las herramientas de hueso biselado y las probaron en una variedad de materiales: carne, cuero, madera fresca y seca, y corteza de árboles como pino, aliso y abedul. Los resultados fueron concluyentes: los patrones de desgaste de los artefactos originales coincidieron de manera precisa con los generados al descortezar pino fresco. Las marcas de otras especies arbóreas o materiales secos mostraron diferencias significativas, lo que ayudó a delimitar su uso más probable.
En las sociedades mesolíticas, la corteza de pino era mucho más que la simple cubierta de un árbol. Según Luik, «podría haberse utilizado para fabricar flotadores para redes de pesca, asegurando su flotabilidad. También podría haber servido como materia prima para cuerdas, recipientes o mangos de herramientas: aplicaciones versátiles que hicieron de la corteza un recurso importante».
Curiosamente, el procesamiento de la corteza deja escasos vestigios arqueológicos, lo que convierte a estas herramientas en una rara ventana a tecnologías orgánicas que, de otro modo, se habrían perdido. A pesar de los descubrimientos, los investigadores advierten que «las herramientas podrían haber tenido múltiples usos a lo largo de su vida, dejando solo la tarea final marcas identificables. Nunca podemos estar 100% seguros. Una herramienta podría haber sido utilizada para otra cosa anteriormente, pero solo el desgaste más reciente es visible hoy en día».
Este estudio profundiza en la comprensión de cómo los pobladores del Mesolítico interactuaban con su entorno y aprovechaban los recursos disponibles de maneras ingeniosas. Además, subraya el valor del análisis microscópico y experimental para interpretar utensilios cuya función no es evidente a simple vista. Como concluye Osipowicz, «Esta investigación abre nuevas puertas. Demuestra que incluso las herramientas orgánicas fragmentarias pueden ofrecer importantes perspectivas sobre el comportamiento humano, si estamos dispuestos a plantearnos las preguntas correctas».
Osipowicz, G., Lõugas, L. y Luik, H. (2025). Artefactos óseos con extremos biselados de Pulli, Estonia: ¿Herramientas de descortezado del Mesolítico Temprano? Ciencias Arqueológicas y Antropológicas. DOI: 10.1007/s12520-025-02187-6
Se ha confirmado la existencia de seis descendientes familiares directos de Leonardo da Vinci, el polímata icónico del Renacimiento. Este hallazgo, basado en el análisis del cromosoma Y, ha sido anunciado por expertos italianos que han dedicado décadas a desentrañar el linaje del genio.
El libro Genìa Da Vinci. Genealogía y genética para el ADN de Leonardo, obra de los especialistas Alessandro Vezzosi y Agnese Sabato de la Asociación del Patrimonio Leonardo Da Vinci, condensa treinta años de indagación genealógica. Este volumen detalla un extenso árbol genealógico que se remonta desde 1331, abarcando 21 generaciones y más de 400 individuos, con el propósito de reconstruir el perfil genético de Leonardo.
A través de un meticuloso escrutinio de fuentes y documentos históricos, Vezzosi y Sabato logr
an trazar las ramas de la familia Da Vinci, incluyendo la identificación de quince descendientes masculinos directos vinculados tanto al padre de Leonardo como a su medio hermano, Domenico Benedetto.
Esta labor permitió a David Caramelli, coordinador del Proyecto ADN Leonardo y director del Departamento de Biología de la Universidad de Florencia, junto a la antropóloga forense Elena Pilli, llevar a cabo pruebas de ADN a seis de estos parientes. El análisis confirmó que los segmentos del cromosoma Y —que se transmiten intactos de padre a hijo— coincidían en estos individuos, lo que ratifica la continuidad genética de la línea paterna de Da Vinci, al menos desde la decimoquinta generación. Aunque se debe señalar que la investigación no ha sido revisada por pares y, dado que Leonardo no tuvo descendencia reconocida, se hace la salvedad de que esta conexión es con el linaje familiar más amplio.
Los autores también verificaron la existencia de una tumba familiar de los Da Vinci en la Iglesia de Santa Croce en Vinci, actualmente en fase de excavación arqueológica en colaboración con la Universidad de Florencia. Este lugar podría ser el sepulcro de su abuelo Antonio, su tío Francesco y varios de sus medio hermanos. Alessandro Riga y Luca Bachechi, antropólogos de la Universidad de Florencia y líderes de la excavación, han recuperado fragmentos óseos que, en algunos casos, han sido datados por radiocarbono, revelando edades coincidentes con los supuestos parientes de Leonardo.
Los resultados preliminares del análisis paleogenómico, realizados por Caramelli y la antropóloga molecular Martina Lari, indican que uno de los individuos examinados era masculino. Se esperan análisis más detallados para confirmar la conservación del ADN y, posteriormente, comparar los fragmentos del cromosoma Y con los de los descendientes actuales. Si el cromosoma Y de los descendientes vivos coincide con el de los restos más antiguos de las tumbas de Vinci, esto respaldaría la precisión de los registros de parentesco y permitiría un examen más profundo del material biológico atribuido directamente a Leonardo, incluso a partir de rastros en sus manuscritos u obras, lo que podría acercar a los científicos a reconstruir su ADN.
Las revelaciones del libro van más allá de la genética. A lo largo de 21 capítulos, la obra invita a una profunda inmersión en la genealogía, historia y geografía que moldearon la figura de Leonardo. Los investigadores sugieren incluso que Da Vinci pudo haber intuido conceptos que hoy conocemos como epigenéticos.
En sus escritos sobre la herencia, el genio meditó sobre la influencia de la alimentación, la sangre y el comportamiento parental en la descendencia, observaciones que siguen siendo pertinentes.
Agnese Sabato destaca:
Leonardo cuestionó los orígenes de la vida humana no solo biológicamente: en sus estudios sobre la generación, la concepción se convierte en un acto complejo donde la naturaleza, la emoción y el destino se entrelazan, anticipando temas ahora centrales en el debate genética-epigenética.
La exhaustiva investigación histórica también sentará las bases para un próximo documental y una producción cinematográfica de alcance internacional, prometiendo acercar aún más la figura de Leonardo da Vinci al público global.