Hallan una sinagoga del siglo IV en Cástulo

El templo, de tres naves y ábside, es uno de los más antiguos de la Península ibérica

En el centro de la ciudad iberorromana de Cástulo (Linares, Jaén), capital de la antigua Oretania, se alzaba un edificio con ábside que hasta ahora se creía una iglesia paleocristiana del siglo IV. Sin embargo, nuevas evidencias —como el hallazgo de iconografías y materiales judíos, sus medidas arquitectónicas y su ubicación en una zona apartada de la ciudad― han hecho cambiar de opinión a los expertos.

Afirman los arqueólogos Bautista Ceprian del Castillo, Dvid Exposito Mangas y Jose Carlos y Jose Carlos Ortega en su estudio Una posible sinagoga tardoantigua en Castulo. Estudio del Edificio publicado en la revista Vegueta, de la Universidad de Las Palmas:

Los resultados obtenidos se vinculan con mayor verosimilitud con un edificio de culto judío que con uno cristiano,

Esta edificación fue excavada por primera vez entre los años 1985 y 1991, Y, aunque entonces no se hallaron indicios claros de que se trataba de una iglesia, dado que desde el siglo IV había cristianos en la zona, los expertos creyeron que estaban ante un templo eclesial. Desde el emperador Constantino I (aprox. 280-337), se empezó a extender con mayor ímpetu el cristianismo en el Imperio y las clases sociales privilegiadas se integraron en el aparato administrativo de las ciudades.

Los adeptos al cristianismo, se multiplicaban y necesitaban lugares de culto.

Pero en las últimas excavaciones realizadas, se ha hallado sorprendentemente, un pequeño, pero interesante conjunto de elementos materiales que remiten a la cultura e iconografía judía. En concreto, tres fragmentos de lucernas decoradas con la menorá (candelabro de siete brazos), uno de los emblemas más significativos del judaísmo, a la vez que uno de los símbolos más destacado y frecuente de la Diáspora. La cronología de las tres lucernas oscila entre finales del siglo IV y primera mitad del siglo V.

También se ha localizado entre tejados y muros derrumbados, un fragmento de teja con la figura impresa de una menoroth o candelabro de cinco brazos, no de siete, como es lo habitual.

Asevera el informe:

No obstante, hay que indicar que, aunque en menor proporción, las menoroth de cinco brazos no son extrañas e, incluso, se representan en diferentes soportes y lugares del ámbito cultural judío de la Antigüedad Tardía, como es el caso de algunas entradas de sinagogas del Golán.

El elemento más significativo hallado fue un fragmento de cuenco troncocónico de cerámica común en cuya pared exterior se puede observar un grafito escrito en lengua hebrea que solo podemos leer si ponemos el fragmento boca abajo, por lo que se deduce que la función de este cuenco fue la de tapadera de un envase de almacenaje cuya inscripción se traduce como  del perdón o de la luz para el perdón.

Otro de los rasgos del edificio que lo señalan como una sinagoga es la completa ausencia de enterramientos tanto en su interior como en los alrededores. Por el contrario, en los lugares de culto cristiano la presencia de tumbas era muy habitual.

La devoción por los santos llevó rápidamente a los cristianos a practicar la tumulatio ad sanctos; es decir, la preferencia de enterrarse junto a reliquias como una forma de impregnarse de su sacralidad, puesto que la creencia era que junto a dichas reliquias permanecían las virtudes de sus santas almas, pudiendo mejorar su entrada al cielo por intercesión de sus poderes con respecto a Dios.

Sin embargo, según la mentalidad judía, las sepulturas estaban prohibidas a menos de 50 codos (unos 23 metros) de la ciudad.

Sobre todo, desde la destrucción del Segundo Templo [año 70] y por estar ubicada en ella el santuario de la Torá, y ser el lugar donde se conmemoraba y recordaba la destrucción de dicho templo.

Otra de las características del edificio es su particular disposición y ubicación en la trama urbana. En primer lugar, se encuentra al borde del barranco cruzado por el arroyo del Moro, el drenaje principal de las aguas residuales y de unas termas públicas próximas.

Se construyó en una especie de fondo de saco vial y tras unos grandes edificios abandonados, un lugar que desde el punto de vista de la trama urbana quedó aislado de cualquier tipo de tránsito casual. Solo podían acceder a él personas cuyo objetivo era expresamente llegar a ese lugar cerrado y escondido.

Las termas ―ubicadas a pocos metros de la sinagoga― eran, en ese momento, el último reducto de la religión pagana donde se encontraban todas las esculturas de los antiguos dioses.

Señalan los arqueólogos del proyecto Sefarad Primera Luz del Conjunto Arqueológico de Cástulo, dirigido por Marcelo Castro López.

Muchos eclesiásticos las consideraban centros de idolatría y un lugar peligroso para los cristianos por su más que probable contaminación demoníaca.

 La rígida moral sexual de la iglesia cristiana desde el Concilio de Elvira, celebrado en Granada entre los años 300-313 conducía a la idea de que la desnudez, la exhibición y contemplación de cuerpos era el paso directo a la lujuria y al pecado. Todas estas características llevan a los investigadores a considerar que el edificio se levantó en un lugar apartado, marginal a la vida de la ciudad y guardado de la mirada pública.

A partir del siglo IV, con el ascenso al poder de la jerarquía eclesiástica dentro de la administración imperial, la iglesia tendrá los suficientes recursos para desarrollar el antijudaísmo.

La causa primordial estaba en el miedo que tenía la jerarquía de la Iglesia a que, debido a la perfecta integración de los judíos dentro de la sociedad romana cristiana del siglo IV, los estrechos contactos entre ambas comunidades llevarán a la judaización de los fieles cristianos, por lo que se procedió al completo aislamiento y a la exclusión de los judíos de la sociedad cristiana.

Indican Ceprián, Expósito y Ortega:

Dicha actitud hostil, tendría que haber influido de manera determinante en la apartada y secundaria ubicación de la sinagoga. De hecho, el concepto que se tenía en la literatura cristiana de la sinagoga como una institución vinculada al mal y a las fuerzas diabólicas tuvo que ser un elemento perfecto para que al obispo le satisficiera la ubicación en ese lugar apartado. La cercana presencia de las termas les hacía recordar a todos los cristianos que era un lugar del diablo, por lo que la situación de la sinagoga reforzaba, tanto el carácter demoníaco del lugar, como retroalimentaba la idea de su lógica vinculación con el diablo. Se ubicaba en ese espacio, porque los judíos eran afines al demonio.

El edificio es una construcción basilical de tres naves con la central más ancha que las laterales. Así se conseguía que los fieles fijaran su atención en el centro desde los bancos laterales alrededor de los muros.

Este tipo de sinagogas se dan en las provincias de Palestina como son los casos de Eshtamo’a, Nabratein II o Susiy, Qasrim A, Beth She’an I o de Isfiya.

Nuria Morere, catedrática de Historia Antigua de la Universidad Rey Juan Carlos, que ha visitado el yacimiento opina:

destaca su gran importancia y la confirmación, sin duda alguna de la existencia de comunidades hebreas en la península ibérica en el siglo IV. Incluso antes, lo estamos estudiando, avanza. Los estudiosos consultados creen que la presencia judía puede remontarse, incluso, al siglo I.

Bautista Ceprián recuerda:

se conocen lápidas epigráficas de personas judías como la de la niña Salomonula o el liberto Lucio Roscio, de los siglos II a III Además, una de las cartas de san Pablo señala que tenía intención de venir a Hispania a propagar el cristianismo y, se sabe que san Pablo empezaba siempre a hacerlo dentro de las sinagogas. Cuando los judíos lo rechazaban, se dirigía a los gentiles. Por tanto, es posible que hubiera sinagogas en la península Ibérica ya en el siglo I.

Los redactores del estudio concluyen:

La desaparición de la sinagoga de Cástulo tuvo que ser consecuencia de una intransigencia e intolerancia radical, un marcado aislamiento e incluso un violento odio ejercidos por la mayoritaria, monolítica y poderosa sociedad cristiana del momento, ante la que no podía hacer nada una minoritaria e indefensa comunidad de pensamiento religioso distinto, como lo demuestran los hechos acaecidos en la diócesis de Hispania a lo largo de los siglos IV y VIII”.

https://elpais.com/cultura/2025-07-15/hallada-en-jaen-la-sinagoga-de-una-ciudad-iberorromana-del-siglo-iv.html

Huellas de neandertales de hace 80.000 años en la costa de Portugal revelan que los niños cazaban en las dunas

Un equipo internacional de investigadores ha hallado las primeras huellas de neandertales en la costa suroeste de Portugal, en los yacimientos de Monte Clérigo y Praia do Telheiro. Las pisadas datan de hace unos 82.000 a 78.000 años y muestran cómo estos antiguos humanos caminaban por las dunas, cazaban y se relacionaban con su entorno. El estudio, publicado en Scientific Reports, confirma la presencia de neandertales en la región y revela detalles fascinantes sobre su dieta, su comportamiento social y su adaptación a los ecosistemas costeros.

Las huellas se conservaron en areniscas fosilizadas y fueron encontradas en dos lugares distintos. En Monte Clérigo los investigadores identificaron varias pisadas que pertenecían a al menos tres individuos: un adulto, un niño de entre 7 y 9 años y un niño pequeño de menos de 2 años. 

Explica el estudio:

Estas huellas demuestran cómo los neandertales navegaban por paisajes de dunas, sugiriendo una planificación de rutas y el uso de estos entornos para la caza.

Una de las huellas más llamativas es la de un niño pequeño que muestra un pie aún sin desarrollar completamente, sin el arco característico de los humanos modernos. Esto coincide con lo que se sabe sobre el crecimiento de los neandertales que era similar al nuestro en los primeros años de vida.

En Praia do Telheiro se encontró una única huella, probablemente de un adolescente o una mujer joven. Aunque no hay más pisadas en este sitio su presencia confirma que los neandertales habitaban estas zonas costeras durante el Pleistoceno.

Las huellas evidencian que los neandertales vivían cerca del mar y que aprovechaban los recursos que ofrecía, aunque el análisis de los restos de fauna en yacimientos costeros de la Península Ibérica revela que su dieta se centraba principalmente en grandes herbívoros como ciervos, caballos y uros (una especie de bóvido extinto), así como en liebres.

Señala el estudio:

La presencia constante de estos mamíferos destaca su papel como fuentes de alimento confiables, independientemente de los diversos entornos que habitaban los neandertales.

Además también consumían animales de hábitats cercanos como mariscos y peces, lo que indica una estrategia de alimentación flexible y adaptada a lo que encontraban en cada lugar.

Los investigadores utilizaron un método llamado «análisis de redes» para estudiar las relaciones entre los neandertales y otras especies. Descubrieron que los caballos eran un recurso clave, ya que aparecen en casi todos los yacimientos analizados, sin embargo animales como los hipopótamos o los puercoespines eran mucho menos comunes en su dieta, probablemente porque eran más difíciles de cazar o menos abundantes.

Las huellas de Monte Clérigo revelan que los neandertales vivían en pequeños grupos familiares. La presencia de pisadas de niños junto a las de adultos indica que los más pequeños acompañaban a los mayores en sus actividades diarias, posiblemente aprendiendo desde muy temprano a sobrevivir en un entorno desafiante.

Además, las huellas de animales encontradas en el mismo lugar, como ciervos, sugieren que los neandertales aprovechaban las dunas para cazar. 

Las dunas, con su terreno irregular y su vegetación dispersa, eran lugares ideales para acechar a las presas, explica el estudio.

Esto coincide con otros yacimientos, como el de Matalascañas en España, donde se han encontrado huellas de neandertales junto a herramientas de piedra y restos de animales cazados.

Este estudio añade nuevas piezas al rompecabezas de la vida de los neandertales y refuerza la idea de que eran mucho más adaptativos de lo que se pensaba, aprovechando los recursos costeros y variando su dieta según la disponibilidad de alimentos.

Las huellas son un testimonio directo de su presencia en un momento en el que el nivel del mar era más bajo y las costas estaban más expuestas.

Señala el estudio:

 El aumento del nivel del mar después de la última glaciación ha complicado la preservación y detección de evidencias neandertales en la costa atlántica. Por eso, cada nuevo hallazgo es especialmente valioso.

Los yacimientos costeros de la Península Ibérica muestran que los neandertales no solo sobrevivieron, sino que prosperaron en estos entornos, aprovechando una dieta variada y recursos predecibles.

de Carvalho, C.N., Cunha, P.P., Belo, J. et al. Neanderthal coasteering and the first Portuguese hominin tracksites. Sci Rep 15, 23785 (2025). doi.org/10.1038/s41598-025-06089-4

Flecha de silex en una costilla humana de 4000 años

En el yacimiento del Roc de les Orenetes, una cavidad sepulcral situada en el Pirineo de Gerona, un fragmento de costilla humana con una punta de flecha de sílex aún incrustada ha proporcionado una prueba irrefutable de violencia interpersonal ocurrida hace más de cuatro milenios.

Lo extraordinario no es solo el proyectil, disparado por la espalda y alojado entre las costillas, sino que el hueso muestra signos de regeneración: la víctima sobrevivió, al menos un tiempo, al ataque.

El descubrimiento, realizado durante la última campaña de excavación dirigida por Carlos Tornero,  de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) e investigador del Institut Català de Paleontologia Humana i Evolució Social (IPHES-CERCA), aporta información sobre las dinámicas sociales de las comunidades que habitaron estas montañas en el tercer milenio antes de nuestra era. Se trata de una evidencia directa, casi forense, de un episodio concreto de conflicto.

El Roc de les Orenetes no es un enterramiento cualquiera. A lo largo de dos o tres siglos esta cueva de alta montaña albergó los restos de al menos 60 individuos que eran probablemente miembros de un mismo grupo cohesionado.

Hasta ahora se han recuperado más de 6.000 fragmentos óseos, que han sido estudiados bajo la dirección del Dr. Miguel Ángel Moreno, experto en Osteoarqueología de la Universidad de Edimburgo. Los análisis revelan una población compuesta mayoritariamente por hombres adultos, aunque también hay mujeres y niños, todos ellos adaptados a un entorno hostil.

Sus esqueletos robustos y con marcas de una intensa actividad física indican un modo de vida ligado al pastoreo y al aprovechamiento de los recursos pirenaicos y la elección de la cueva como espacio funerario durante generaciones apoya la idea de un vínculo profundo con el territorio.

Pero no todo era armonía: estudios previos ya habían detectado fracturas intencionadas, marcas de hachas y dagas, e incluso puntas de flecha dispersas entre los restos. Sin embargo, hasta ahora no había certeza de si estas últimas formaban parte de rituales funerarios o si eran el vestigio de agresiones reales.

La punta de flecha hallada en la costilla disipa cualquier duda. El fragmento óseo, analizado por el equipo del Dr. Moreno, muestra cómo el proyectil penetró desde la espalda y quedó alojado en el hueso, que con el tiempo desarrolló tejido de regeneración alrededor. 

La trayectoria indica un ataque por sorpresa, desde atrás, explica Moreno. Ahora podremos determinar la fuerza del impacto, el tipo de arma utilizada e incluso la posición relativa del agresor y la víctima.

La herida no fue necesariamente mortal. la flecha pudo causar la muerte en el acto —por hemorragia o un colapso pulmonar— o días después, debido a una infecciónSi la punta quedó encapsulada entre las costillas y el cuerpo logró superar la infección, es posible que este individuo muriera por otras causas, señala.

El fragmento está siendo sometido a una microtomografía de rayos X en el Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH) en Burgos, seguida de análisis químicos y genómicos en laboratorios de Barcelona y Estados Unidos.

El Roc de les Orenetes se consolida así como un yacimiento clave para entender los modos de vida y los conflictos en las sociedades prehistóricas del sur de Europa. Las marcas de violencia detectadas anteriormente —hachazos, fracturas— ya apuntaban a enfrentamientos, pero esta flecha ofrece una escena congelada en el tiempo: un disparo, una herida y una supervivencia efímera.

Institut Català de Paleoecologia Humana i Evolució Social (IPHES-CERCA)

Brujula Verde

Helike, la urbe griega que durante 3000 años ha cambiando de lugar tras tsunamis y terremotos

Un estudio revela cómo una ciudad griega sobrevivió a catástrofes sísmicas durante 3.000 años, adaptándose cada vez al entorno cambiante.

Mapa estructural simplificado de la zona de estudio más amplia, que presenta las principales fallas activas en las proximidades del yacimiento de Helike, mostrado en el rectángulo negro. El recuadro muestra el entorno geotectónico del área de estudio en el Mediterráneo Oriental y la localización de Helike. Nota: R = Rizomylos, N = Nikolaiika, y V = Valimitika indican los principales yacimientos arqueológicos de la región de Helike. Crédito: D. Katsonopoulou et al.

La antigua ciudad de Helike capital de la región de Acaya, en la costa del Golfo de Corinto en Grecia, fue sacudida una y otra vez por terremotos a lo largo de su historia pero sus habitantes siempre encontraron la manera de volver a levantarse.

Excavación arqueológica que muestra los restos arquitectónicos del periodo geométrico y la capa de destrucción desplazada por la falla de Helike (HF). La línea discontinua muestra la continuación propuesta de la falla bajo la capa de destrucción. El bloque de la pared inferior incluye conglomerados bien cementados, y el bloque de la pared colgante está compuesto por material coluvial sucesivo. Crédito: D. Katsonopoulou et al.

Un equipo de investigadores griegos y británicos ha pasado más de 30 años estudiando los restos de esta ciudad y su entorno descubriendo cómo sus habitantes lograron adaptarse a un paisaje en constante cambio.

(a) Tramo de calzada romana y restos arquitectónicos helenísticos de muros excavados en la llanura occidental de Helike. (b) Restos óseos de un hombre en posición extendida, hallados bajo las ruinas derruidas de un edificio romano en Nikolaiika. Crédito: D. Katsonopoulou et al.

Helike fue fundada en la Edad del Bronce hace más de 5.000 años, y desde entonces sufrió al menos seis grandes terremotos, aproximadamente uno cada 300 años. El más famoso de ellos sucedió en el año 373 a.C., cuando un violento sismo seguido de un tsunami hundió la ciudad bajo las aguas. Este evento fue tan impactante que quedó registrado en numerosos textos antiguos.

Durante siglos, se pensó que Helike había desaparecido para siempre, pero las excavaciones arqueológicas han demostrado que la ciudad resurgió una y otra vez, cambiando de ubicación pero manteniendo su identidad.

¿Cómo pudo Helike sobrevivir a tantas catástrofes?

El estudio, que se publicó en la revista Land, combinó arqueología, geología y tecnología digital para reconstruir la historia de Helike. Los investigadores descubrieron que tras cada terremoto los habitantes no abandonaban la región, sino que se trasladaban a zonas más seguras dentro de la misma llanura costera.

Nuestros resultados muestran que los antiguos habitantes de Helike eligieron siempre volver a asentarse en la zona, ajustando su forma de vida a la geomorfología y los peligros naturales de cada época, explican los autores.

Así, después del tsunami que sumergió la ciudad en el 373 a.C., la reconstruyeron unos kilómetros más al oeste en una zona menos expuesta. Allí, los arqueólogos encontraron talleres textiles que demuestran que Helike recuperó su prosperidad comercial y que sus habitantes adoptaron técnicas de construcción más resistentes, como muros de piedra en forma poligonal, para evitar futuros derrumbes.

El estudio utilizó modelos digitales para recrear cómo era el paisaje en diferentes épocas teniendo en cuenta factores como el nivel del mar, los sedimentos depositados por los ríos y los movimientos tectónicos. Con ellos los investigadores pudieron reconstruir cómo la costa avanzaba o retrocedía tras cada terremoto, y cómo esto influyó en la ubicación de la ciudad.

Por ejemplo, en la Edad del Bronce (hacia el 2100 a.C.), Helike estaba cerca de una laguna costera. Tras un terremoto, la zona se inundó y la ciudad quedó enterrada bajo sedimentos, pero siglos más tarde, en la época romana, el terreno se había elevado lo suficiente como para que los habitantes construyeran una carretera sobre lo que antes era agua.

En un mundo donde los desastres naturales son cada vez más frecuentes debido al cambio climático, entender cómo las sociedades del pasado enfrentaron estos desafíos puede ser clave para construir comunidades más resitraductor lientes hoy.

La resiliencia es la capacidad intrínseca de un ecosistema o una sociedad para ajustar su funcionamiento antes, durante o después de cambios ambientales o desastres naturales, de modo que pueda mantener su estado, señala el estudio. En otras palabras, los habitantes de Helike tuvieron que aprender a convivir con los terremotos, adaptando su forma de vida sin perder su identidad.

Aunque Helike finalmente fue abandonada en la Antigüedad tardía (siglo V d.C.), los investigadores esperan que su historia ayude a repensar cómo planificar las ciudades en zonas sísmicas.

 Los datos recopilados cubren la habitación en el área durante un largo período cronológico, desde la Edad del Bronce hasta la Antigüedad tardía, y muestran cómo las sociedades del pasado interactuaron con el entorno, contribuyendo a nuestra comprensión del sistema destrucción/resiliencia que puede ser útil para un futuro sostenible.

Katsonopoulou, D.; Koukouvelas, I.; Kormann, M. Earthquake Destruction and Resilience in Ancient Helike, Gulf of Corinth, Greece: A Case Study of Past Human–Environment Relationship. Land 2025, 14, 1392. doi.org/10.3390/land14071392

Brujula Verde

Hallan una de las ciudades santas en Jordania

Un hallazgo arqueológico en Jordania ha desenterrado una de las ciudades perdidas de Tierra Santa.

Los investigadores creen haber descubierto la antigua ciudad bizantina de Tharais, un sitio que alguna vez estuvo marcado en el famoso Mapa Mosaico de Madaba, pero que estuvo perdido durante siglos. Este avance ofrece una nueva perspectiva sobre el pasado cristiano de la región y su importancia socioeconómica en la Antigüedad tardía.

Los hallazgos fueron publicados en mayo de 2025 en la revista académica Gephyra por el Dr. Musallam R. Al-Rawahneh, profesor asociado de Arqueología en la Universidad de Mu’tah en Jordania. El descubrimiento es el resultado de un proyecto de campo de tres años que comenzó en 2021 y se centró en la región sureste del Mar Muerto, cerca de la aldea de El-ʿIrāq, en una zona conocida como Ain Al-Qala’a.

Es un descubrimiento basado en mapas antiguos.

Un elemento central de este descubrimiento fue el Mapa Mosaico de Madaba, un mosaico de suelo bizantino del siglo VI ubicado en la Iglesia de San Jorge en Madaba, Jordania. El mapa se considera la representación geográfica más antigua que se conserva de Tierra Santa, y marca más de 150 lugares antiguos. Uno de esos sitios, Tharais, ha intrigado a los historiadores durante décadas, hasta ahora.

Guiado por este mapa y complementado con imágenes satelitales y estudios de campo, el equipo de Al-Rawahneh descubrió ruinas arquitectónicas, fragmentos de cerámica, cristalería y herramientas de piedra. El elemento más significativo fueron los restos de una iglesia cristiana de estilo basilical, con fragmentos de suelos de mosaico y una entrada que recuerda al diseño eclesiástico bizantino. Afirma Al-Rawahneh:

Estos elementos arquitectónicos sugieren firmemente que Tharais no fue solo un asentamiento, sino un centro religioso y comercial durante el período bizantino

El descubrimiento de la prensa de aceite de oliva fue uno de los hallazgos más notables de la excavación.

El yacimiento reveló más que solo muros y mosaicos. Los investigadores descubrieron prensas de aceite de oliva, un lagar y restos de un molino, lo que indica que la ciudad tenía una economía próspera, además de su importancia religiosa cristiana.

Lo más impactante fueron las inscripciones funerarias en griego y latín, grabadas en lápidas diseminadas por toda la zona. Estas inscripciones presentaban símbolos y frases cristianas, retratando una sociedad cristiana consolidada, profundamente integrada en el tejido espiritual y económico de la región.

Las inscripciones siguen fórmulas típicas de los entierros cristianos bizantinos y demuestran que Tharais albergaba una comunidad cristiana organizada y practicante.

¿Por qué se perdió Tharais?

Aunque antaño estaba estratégicamente ubicada a lo largo de rutas comerciales clave hacia la región sureste del Mar Muerto, Tharais probablemente fue abandonada hacia el siglo VII d. C. Diversos factores podrían haber contribuido a su declive, como terremotos, cambios en las rutas comerciales y la transición del dominio bizantino al islámico. Estos cambios históricos perturbaron muchos asentamientos en la región durante ese período.

Al-Rawahneh subraya:

Si bien la identificación de Tharais representa un gran éxito, esto es solo el comienzo. Se planean excavaciones adicionales y estudios regionales para comprender mejor el papel de la ciudad en la Jordania bizantina. El sitio probablemente fue abandonado hacia el siglo VII d. C., posiblemente debido a cambios en las rutas comerciales, cambios ambientales o transiciones políticas.

 Pedimos que se tomen medidas para proteger el sitio del desarrollo urbano invasor. Nuestro objetivo no es solo descubrir Tharais, sino defender la preservación del rico patrimonio cultural de Jordania.

El redescubrimiento de Tharais es más que un hito arqueológico. Proporciona un vínculo con el mundo cristiano primitivo y las complejas capas históricas de Oriente Medio. A medida que los investigadores continúan explorando el sitio, Tharais promete arrojar más luz sobre la intersección de la fe, el comercio y la vida cotidiana en la antigua Tierra Santa. Réplicas de artefactos históricos.

Este hallazgo confirma lo que los historiadores sospecharon durante mucho tiempo, pero nunca habían verificado: Tharais era real, vibrante y profundamente arraigado en el tejido religioso y económico de su época. Gracias a la arqueología moderna y la cartografía antigua, otra pieza más del complejo rompecabezas de Tierra Santa finalmente está tomando forma.

Al-Rawahneh, M. R. (2025). Identification Tharais: Rediscovering a Byzantine archaeological site on the Madaba Mosaic Map. Gephyra, 29, 189–203. https://doi.org/10.37095/gephyra.1556742

Hallan en Bulgaria un mapa estelar prehistorico tallado en piedra

Un yacimiento arqueológico recientemente descubierto en los montes Ródope, al sur de Bulgaria, está atrayendo la atención científica.

The stone’s surface features 56 meticulously carved conical holes of various diameters—24 in the northern half and 32 in the southern—representing stars of different magnitudes. Photos courtesy of Georgi Georgiev.

Según el investigador Georgi Georgiev, uno de los descubridores del yacimiento, se cree que la roca tallada cerca del pueblo de Skobelevo representa un mapa estelar prehistórico, posiblemente uno de los primeros intentos conocidos de representar el cielo nocturno en piedra.

 El hallazgo promete redefinir nuestra comprensión de la astronomía antigua y la vida espiritual de las primeras civilizaciones de los Balcanes.

Este hallazgo único no solo aporta una pieza importante al rompecabezas de la historia de la humanidad, sino que también abre nuevas vías en el campo de la arqueoastronomía.

La roca repleta de estrellas fue descubierta el 20 de mayo de 2013 por los investigadores Georgi Georgiev e Ivelina Georgieva durante una expedición de campo cerca de una antigua necrópolis tracia.

 Con unas dimensiones aproximadas de 2×3 metros, la roca se encuentra en lo profundo del bosque, orientada en un eje este-oeste y con una veta de mármol natural incrustada. Se cree que esta veta luminosa simboliza la Vía Láctea, lo que refuerza su interpretación como un mapa celeste.

La superficie de la piedra presenta 56 agujeros cónicos meticulosamente tallados de varios diámetros (24 en la mitad norte y 32 en la sur) que representan estrellas de diferentes magnitudes. Varias constelaciones están claramente delineadas, incluyendo la Osa Mayor y Leo, con alineaciones adicionales que sugieren Casiopea, el Cisne, Lira y el cúmulo estelar de las Pléyades.

La superficie de la piedra presenta 56 agujeros cónicos meticulosamente tallados de varios diámetros (24 en la mitad norte y 32 en la sur) que representan estrellas de diferentes magnitudes.

Si bien el mapa estelar de Skobelevo aún no se ha sometido a una datación científica definitiva, los investigadores sugieren que probablemente se originó entre el Neolítico Tardío y la Edad del Hierro Temprana, aproximadamente entre el 2000 y el 500 a. C. Esta estimación se basa en la proximidad del yacimiento a necrópolis y túmulos funerarios tracios, así como en su alineación con santuarios prehistóricos similares en los Balcanes.

Aunque no se encontraron cerámica ni materiales orgánicos en el yacimiento inmediato, lo que hace que la datación por radiocarbono o estratigráfica sea actualmente inviable, el contexto arqueológico y las características simbólicas y funcionales del mapa apuntan a un período en el que los pueblos antiguos observaban y registraban activamente los fenómenos celestes con fines rituales y agrícolas. Hasta que se realicen más estudios, este rango de fechas sigue siendo el más probable según el análisis arqueológico comparativo. Recreando el cielo del norte en piedra

Los expertos creen que estas tallas no fueron aleatorias, sino que reflejaban los movimientos diurnos y anuales de los cuerpos celestes, en particular los del hemisferio norte. La presencia de constelaciones con una configuración y escala precisas sugiere una comprensión sofisticada de la astronomía. Una teoría postula que la roca sirvió como un reloj estelar primitivo, ayudando a los antiguos observadores a seguir el tiempo y las estaciones mediante la posición de las estrellas circumpolares.

Además, la superficie rica en mica de la roca crea un efecto brillante bajo la luz del sol, imitando el cielo nocturno: una impactante elección artística y simbólica que realza su propósito astronómico.

La evidencia arqueológica circundante, incluyendo necrópolis cercanas, tumbas y restos de santuarios, sugiere que el sitio podría haber formado parte de un complejo de culto mayor. Podría haber cumplido una doble función: como santuario espiritual para rituales y como herramienta de navegación para los primeros viajeros o navegantes.

Cabe destacar que el sitio incluye una segunda piedra con una hendidura cilíndrica alineada hacia el este, posiblemente formando un par deliberado con la roca principal que contiene el mapa.

A pesar de su potencial como monumento cultural de importancia nacional y científica, el sitio permanece en gran parte desprotegido. Georgiev y Georgieva abogan por su reconocimiento oficial e inclusión en el registro arqueológico nacional de Bulgaria. Su trabajo se alinea con los esfuerzos modernos para preservar y promover el patrimonio inmaterial y el conocimiento arqueoastronómico.

Ya se han realizado estudios no invasivos, como observaciones helíacas del amanecer, traceología, muestreo geológico y mapeo GPS, lo que confirma aún más la importancia antropogénica y astronómica de la roca.

Curiosamente, se han encontrado representaciones similares de configuraciones estelares en monedas y joyas antiguas de los siglos I y II d. C. Símbolos como la luna creciente y la estrella, comunes en la iconografía romana, podrían reflejar la antigua fascinación de la humanidad por el cosmos. Esta continuidad pone de relieve cómo los sistemas de conocimiento antiguos han influido en las expresiones artísticas y culturales a lo largo del tiempo.

El mapa estelar de Skobelevo ofrece una visión excepcional de la comprensión cosmológica de las sociedades prehistóricas de los Balcanes. Como uno de los pocos ejemplos conocidos de un mapa celeste tallado en piedra, tiene profundas implicaciones para el estudio de la astronomía, la mitología y el desarrollo cultural tempranos. Con la protección adecuada y la atención académica, este antiguo artefacto podría convertirse pronto en un destino clave para el turismo cultural y un hito en el patrimonio arqueoastronómico europeo.

Hace 4500 años una urbe cananea sacrificaba y enterraba burras egipcias bajo sus casas

En Tell es-Sâfi, ciudad cananea de Gat, Israel, los arqueólogos han  hallado cuatro esqueletos completos de burras jóvenes, bajo los pisos de casas construidas hace unos 4.500 años (entre el 2900 y el 2550 a.C.). Estos animales, todas hembras jóvenes y sanas, fueron sacrificadas y colocadas en pozos poco profundos con sus cabezas orientadas hacia el este, posiblemente hacia el sol naciente.

Mediante análisis científicos avanzados los investigadores determinaron que estas burras habían nacido y crecido en Egipto, a cientos de kilómetros de distancia, antes de ser llevadas a Tell es-Sâfi/Gath para ser sacrificadas. 

Los entierros eran claramente rituales, explica el estudio, no se encontraron objetos junto a los esqueletos, solo los animales, colocados de manera idéntica.

Fotografías de los cuatro enterramientos de burras del estrato E5c en el área E de Tell eṣ-Sâfi. Crédito: E.R. Arnold et al.

¿Por qué importar burras de Egipto para enterrarlas? Los autores del estudio, publicado en PLOS ONE, creen que estos animales tenían un valor simbólico especial. A diferencia de otros restos de burros encontrados en el mismo sitio (que fueron consumidos como alimento), las cuatro burras egipcias fueron tratadas con reverencia.

Todas eran hembras jóvenes, en la plenitud de su vida, y los análisis químicos de sus dientes confirmaron que procedían del valle del Nilo. Una de ellas fue decapitada y su cabeza colocada sobre el abdomen, mientras que las otras aparecieron atadas de patas.

En contraste, una mandíbula aislada de otro burro reveló que ese animal era local, que había pastado en los alrededores de la ciudad y que sus restos habían sido descartados como desperdicios.

Para determinar el origen de las burras los científicos analizaron tres huellas químicas en sus dientes. El carbono reveló qué tenían una dieta rica en pastos típicos del Nilo, mientras que las locales comían plantas más comunes en Israel. El oxígeno del agua que bebieron mostró marcas de las crecidas estacionales del Nilo, con picos que coincidían con las lluvias monzónicas en Etiopía. Y sus niveles de estroncio coincidían con el de los suelos egipcios.

Estos animales fueron traídos deliberadamente desde EgiptoSu sacrificio y entierro bajo las casas debió tener un significado ritual profundo, posiblemente para proteger los hogares.

En aquella época (la Edad del Bronce), los burros eran vitales para el transporte y el comercio. Pero estos hallazgos revelan que las burras egipcias eran algo más que bestias de carga. Importarlas desde Egipto, una región poderosa, pudo ser una forma de mostrar riqueza y conexiones. Enterrarlas bajo los cimientos de las casas podría haber sido un acto para asegurar prosperidad o protección divina. Y la orientación hacia el este y el sacrificio cuidadoso apuntarían a un ritual organizado, quizás vinculado a deidades o creencias locales.

La selección de burras jóvenes, sanas y exclusivamente egipcias revela una práctica cargada de significado social y religioso, destaca el artículo.

Tell es-Sâfi/Gath no era un pueblo cualquiera, en aquel tiempo era una de las ciudades más grandes del sur de Levante, con murallas imponentes y conexiones comerciales con Egipto y Mesopotamia. Su ubicación —cerca de rutas clave entre el mar Mediterráneo y el interior— la convertía en un centro de intercambio, y precisamente el estudio refuerza la idea de que ya hace 4.500 años existía un comercio activo de animales entre Egipto y Canaán, algo que se intuía por textos antiguos pero que ahora tiene pruebas físicas.

Con todo, estos entierros de burras siguen planteando preguntas: ¿Quién organizaba estos rituales? ¿Eran exclusivos de las élites o una práctica común? Una cosa está clara, para los antiguos habitantes de esta ciudad estas burras egipcias no eran simples animales sino símbolos de poder, fe y conexión con un mundo más amplio. 

No era cualquier burro el que se consideraba digno de sacrificio en Tell es-Sâfi/Gath, sino solo hembras jóvenes egipciasEran, literalmente, un regalo del Nilo.

Arnold ER, Greenfield HJ, Hartman G, Greenfield TL, Albaz S, Boaretto E, et al. (2025) An isotopic perspective on equid selection in cult at Tell eṣ-Ṣâfi/Gath, Israel. PLoS One 20(7): e0326421. doi.org/10.1371/journal.pone.0326421

Hallan tumbas femeninas del Calcolitico con bolsas con dientes de perro y lobo

Bajo la supervisión del Landesamt für Denkmalpflege und Archäologie (LDA) de Sajonia-Anhalt, y en estrecha coordinación con el operador de la red de transmisión eléctrica 50Hertz, se están llevando a cabo una serie de excavaciones arqueológicas previas a la construcción del megaproyecto de interconexión eléctrica SuedOstLink, un corredor de corriente continua que atravesará el estado alemán desde Wolmirstedt hasta la frontera sur en Droyßig.

A lo largo de los 170 kilómetros que recorre esta infraestructura —en gran parte paralela a las autopistas A14 y A9—, los investigadores han descubierto un paisaje cultural densamente poblado desde hace milenios, cuyos hallazgos están reescribiendo aspectos clave de la ocupación humana en esta región de suelos excepcionalmente fértiles.

Pero es en el municipio de Krauschwitz, en el distrito de Burgenlandkreis, donde las excavaciones han deparado los descubrimientos más interesantes: un complejo funerario de la cultura Baalberg (de hace unos 6.000 años) y un cementerio asociado a la Cultura de la Cerámica Cordada (tercer milenio a.C.) con ajuares funerarios de una riqueza inusual, incluidas unas misteriosas bolsas decoradas con cientos de dientes de perro.

Hace seis milenios los integrantes de la cultura Baalberg —una de las primeras sociedades agrícolas asentadas en Europa Central— eligieron una elevación natural al norte de la actual Krauschwitz para establecer un asentamiento y, junto a él, un espacio funerario. Allí, los difuntos eran enterrados individualmente en fosas cubiertas por estructuras trapezoidales de madera —llamadas Totenhäuser (casas de los muertos)— que, posteriormente, se recubrían con tierra y loess (un sedimento arcilloso), formando túmulos visibles a kilómetros de distancia.

Hasta ahora, se han identificado cinco de estos túmulos en Krauschwitz, uno de los cuales, con dos inhumaciones, se encuentra justo en el trazado futuro del cable eléctrico. Lo excepcional, sin embargo, es la red de conexiones visuales que estos monumentos mantenían entre sí: desde cada colina artificial era posible avistar otros túmulos cercanos, también cubiertos de loess blanco, lo que sugiere un paisaje ritualmente interconectado.

En total, las prospecciones del SuedOstLink han sacado a la luz más de 15 de estas estructuras funerarias baalbergenses, cuyas zanjas de cimentación y enterramientos internos son hoy la única huella de su pasado esplendor. Explica un arqueólogo del LDA:

Estos túmulos no solo servían para honrar a los ancestros, sino también como marcadores territoriales y de poderSu influencia perduró siglos: mil años después, la gente de la cultura de la Cerámica Cordada seguía enterrando aquí a sus muertos.

La Cultura de la Cerámica Cordada extendida desde Escandinavia hasta Ucrania entre el 2800 y el 2200 a.C., reaprovechó la elevación de Krauschwitz como necrópolis. De las 15 tumbas excavadas en el área del tendido eléctrico, tres pertenecen a mujeres jóvenes de alto rango enterradas con un objeto singular: bolsas elaboradas con cientos de dientes de perro ensartados.

Aunque el material orgánico (cuero o tela) se ha desintegrado, los más de 350 dientes caninos por bolsa —dispuestos en hileras escalonadas— se han conservado. Los análisis indican que provenían de una raza similar al Munsterlander pequeño, criada específicamente para este fin y sacrificada en edad temprana. Solo en casos excepcionales, como reparaciones, se usaban colmillos de zorro o imitaciones talladas en hueso.

Estas bolsas, de unos 30 cm de largo y 20 de alto, se llevaban colgadas al pecho con correas adornadas con dientes de lobo. Su función exacta sigue siendo un enigma, pero su asociación con restos de neonatos sugiere que podrían haber servido como portabebés: extremidades y cabeza asomaban por la abertura, protegidos por una tela bordada con abalorios y rematada con molares caninos.

Destaca la investigadora principal:

El hallazgo es extraordinarioNo solo por la complejidad artesanal, sino porque estas bolsas eran bienes personales no heredables: incluso mujeres fallecidas durante el embarazo las llevaban consigo a la tumba.

De hecho, en el 20% de los enterramientos femeninos de élite en la región —como el de una mujer hallada en Nessa, a solo 1,7 km de Krauschwitz— aparecen estos objetos, siempre vinculados a infantes.

Los equipos del LDA, compuestos por una veintena de arqueólogos, trabajan contra reloj para documentar y extraer en bloques los hallazgos más frágiles antes de que comience la construcción del SuedOstLink. Las bolsas de dientes serán analizadas en los laboratorios del Landesamt, donde se espera desvelar más detalles sobre su manufactura y simbolismo.

Landesamt für Denkmalpflege und Archäologie Sachsen-Anhalt / Landesmuseum für Vorgeschichte

Brujula Verde

La Tumba del Primer Gobernante de la Antigua Ciudad de Caracol reescribe la historia Maya

Caracol se encuentra en el distrito de Cayo, Belice, dentro de la Reserva Forestal Chiquibul, cerca de la frontera con Guatemala. Su ubicación remota, inmersa en una densa selva, la mantuvo relativamente oculta durante siglos, lo que también ha contribuido a su buena conservación.

La antigua ciudaad de Caracol en Belice

Fue redescubierta accidentalmente por un leñador en 1937, aunque los pueblos indígenas locales siempre tuvieron conocimiento de su existencia.

Uno de los objetos hallados en la tumba. Crédito: Caracol Archeological Project/University of Houston

Las primeras exploraciones y estudios arqueológicos serios comenzaron en la década de 1950, pero no fue hasta la década de 1980, bajo la dirección de Diane y Arlen Chase, cuando se iniciaron excavaciones a gran escala y se reveló la verdadera magnitud y complejidad de la ciudad. Caracol fue una potencia dominante en las Tierras Bajas Mayas durante el Período Clásico (aproximadamente del 250 al 900 d.C.).

Es particularmente conocida por su rivalidad y eventual victoria sobre Tikal, una de las ciudades más poderosas de la región, ubicada en la actual Guatemala. Alrededor del año 562 d.C., Caracol, posiblemente aliada con la poderosa ciudad de Calakmul, lanzó un ataque devastador contra Tikal.

Las inscripciones de estelas en Caracol, como la Estela 17, describen la derrota y el «ajuste de nudos» (un eufemismo para la decapitación o subyugación del gobernante de Tikal, Wak Chan K’awiil), marcando un punto de inflexión en la historia maya y un «hiato» en el poder de Tikal. Tras su victoria, Caracol experimentó un período de gran prosperidad y expansión, ejerciendo influencia sobre una vasta red de ciudades y asentamientos más pequeños.

Los arqueólogos Arlen y Diane Chase están a punto de cumplir medio siglo de matrimonio, una vida compartida entre descubrimientos y excavaciones. Foto: Universidad de Houston

Se estima que su población pudo haber alcanzado los 100.000 habitantes en su apogeo. El sitio de Caracol es vasto y contiene miles de estructuras, aunque muchas aún están cubiertas por la selva.

La estructura más grande y emblemática es Caana («Palacio del Cielo»), que es el edificio hecho por el hombre más alto de Belice. Es un enorme complejo de templos y palacios que se eleva a unos 43 metros de altura, dominando el paisaje de la selva circundante.

Era el centro ceremonial y político de la ciudad. El sitio central está compuesto por varias plazas grandes y acrópolis elevadas, rodeadas de templos, palacios, altares y complejos residenciales.

Se han encontrado varios juegos de pelota, indicativos de la importancia de este ritual en la vida maya. Una extensa red de calzadas elevadas (sacbés) conectaba los diferentes distritos y centros cívicos dentro de la ciudad, facilitando el movimiento y la cohesión de la vasta población. Caracol es rica en monumentos esculpidos, como estelas (losas de piedra verticales con inscripciones y relieves) y altares. Estas registran la historia dinástica de la ciudad, sus guerras, victorias y ceremonias, proporcionando información crucial sobre la cronología y los eventos políticos de la civilización maya.

Al igual que muchas otras ciudades mayas de las Tierras Bajas, Caracol experimentó un declive y fue gradualmente abandonada hacia el final del Período Clásico, aunque las razones exactas de este colapso son complejas y aún objeto de debate.

Un equipo de arqueólogos de la Universidad de Houston ha desenterrado en las ruinas de Caracol, la antigua metrópolis maya ubicada en Belice, la tumba de Te K’ab Chaak, el primer gobernante de esta ciudad y fundador de su dinastía real. Este descubrimiento, el primero de un gobernante identificable en más de cuatro décadas de excavaciones en el sitio, revela nuevos datos sobre los orígenes de una de las civilizaciones más enigmáticas de Mesoamérica y su relación con el lejano centro urbano de Teotihuacán, en el actual México.

Caracol, que hoy yace oculta bajo la espesura de la selva beliceña, fue en su época de esplendor —entre los años 560 y 680 d.C.— una potencia política que dominó el sur de la península de Yucatán antes de su abandono hacia el 900 d.C.

Sin embargo, los orígenes de su linaje real se remontan mucho más atrás: Te K’ab Chaak ascendió al trono en el año 331 d.C., según los hallazgos presentados por los arqueólogos Arlen F. Chase y Diane Z. Chase, quienes dirigen las investigaciones en el sitio desde hace más de 40 años.

El entierro, ubicado en la base de un santuario familiar dentro de la Acrópolis Noreste de Caracol, contenía un ajuar funerario digno de un fundador de dinastía: once vasijas de cerámica, tubos de hueso tallados, joyas de jadeíta, una máscara de mosaico del mismo material, conchas de spondylus del Pacífico y otros objetos perecederos.

Entre las piezas más destacadas figura una vasija que muestra a un gobernante maya sosteniendo una lanza mientras recibe ofrendas de deidades, así como otra que representa a Ek Chuah, dios de los comerciantes, rodeado de tributos.

Cuatro de las vasijas retratan prisioneros atados, un motivo que también apareció en dos entierros relacionados. Dos recipientes adicionales tenían tapas con asas en forma de cabezas de coatí (llamado tz’uutz’ en maya), un animal que los sucesores de Te K’ab Chaak incorporaron a sus nombres como símbolo de poder.

Los análisis osteológicos indican que el gobernante falleció a una edad avanzada, medía aproximadamente 1,70 metros y había perdido todos sus dientes. Pero más allá de los detalles físicos, lo que ha capturado la atención de los investigadores es el contexto histórico de su muerte.

El descubrimiento no solo revela información sobre Te K’ab Chaak, sino que también refuerza una teoría largamente debatida: los vínculos entre los mayas y Teotihuacán, la gigantesca ciudad ubicada a unos 1.200 kilómetros de distancia, en el centro de México, comenzaron mucho antes de lo que se creía.

Tradicionalmente, los estudios mayas señalaban que el año 378 d.C. marcó un punto de inflexión, conocido como la «entrada», cuando elementos teotihuacanos aparecieron abruptamente en monumentos mayas. Sin embargo, los tres entierros descubiertos en Caracol —incluido el de Te K’ab Chaak— datan de alrededor del 350 d.C., es decir, una generación antes de ese evento.

Uno de los hallazgos clave que respalda esta conexión temprana es una cremación descubierta en 2010 en el centro de la plaza de la Acrópolis Noreste. Los restos, fechados mediante carbono-14 en el 350 d.C., incluían artefactos inequívocamente teotihuacanos: cuchillos grandes, puntas de atlatl (propulsor de lanzas) y quince hojas de obsidiana verde de Pachuca, una región al norte de Teotihuacán. Además, entre los objetos había una punta de proyectil tallada, típica de los guerreros teotihuacanos pero ajena a las tradiciones mayas.

El patrón de la cremación y su ubicación en medio de una plaza residencial no son prácticas mayas, sino teotihuacanas, explicó Diane Z. Chase, quien también es vicerrectora de asuntos académicos de la Universidad de Houston. Todo indica que el individuo principal de este entierro era un miembro de la familia real de Caracol que adoptó rituales del centro de México, quizás después de vivir allí como enviado diplomático.

Un tercer entierro, descubierto en 2009 en el mismo complejo residencial, corresponde a una mujer cubierta de hematita y acompañada de cuatro vasijas, un collar de cuentas de spondylus, fragmentos de espejo y dos conchas del Pacífico, reforzando la idea de que la élite de Caracol mantenía intercambios a larga distancia décadas antes de la «entrada» del 378 d.C.

Para Arlen Chase, profesor y director de Estudios Culturales Comparativos en la Universidad de Houston, estos hallazgos demuestran que los primeros gobernantes mayas ya estaban inmersos en redes diplomáticas panmesoamericanas. Te K’ab Chaak y sus sucesores no eran figuras aisladas, afirmó. Estaban involucrados en relaciones formales con Teotihuacán, lo que sugiere que el intercambio cultural fue bidireccional y deliberado.

La dinastía fundada por este gobernante perduró en Caracol durante más de 460 años, un legado que ahora comienza a entenderse con mayor claridad. Pero el descubrimiento también plantea preguntas incómodas: ¿viajaron realmente los mayas hasta Teotihuacán, o fueron los teotihuacanos quienes se desplazaron hacia el sur?

Según cálculos de los investigadores, un viaje a pie entre ambas ciudades habría tomado unos 153 días, una hazaña logística impensable sin una motivación política o económica de peso.

University of Houston

Brujula Verde

De las estrellas al estado: Patrones astrales en el ascenso del Egipto faraónico (Adaima, Alto Egipto)

El artículo presenta un bien argumenatada perspectiva sobre el origen y la evolución de los mitos de Isis y Osiris. La idea de que estas creencias tienen un profundo arraigo en las prácticas y realidades de las comunidades campesinas, y que el Estado naciente las adaptó y reinterpretó para consolidar su poder, es coherente.

Aporta una visión de cómo la religión, la política, la astronomía y la vida cotidiana se entrelazaron en el antiguo Egipto para dar forma a una de las civilizaciones más duraderas de la historia. Un buen ejemplo de cómo la arqueología y el análisis ritual pueden arrojar luz sobre el desarrollo de complejas ideologías estatales.

El artículo presenta una tesis fascinante e innovadora sobre el origen de los mitos fundacionales egipcios de Isis y Osiris. En lugar de ver estas creencias como creaciones puramente teológicas o regias, propone que tienen raíces profundas en las prácticas y preocupaciones de las comunidades campesinas del Alto Egipto, específicamente en el cementerio de Adaima (3300-2700 a.C.).

Este artículo examina el papel de las comunidades rurales en la configuración del Estado egipcio temprano a través de la evolución de las creencias funerarias. A partir del análisis de 504 tumbas del cementerio de Adaima (Alto Egipto, 3300-2700 a. C.), se rastrea una creciente variabilidad en las prácticas mortuorias desde la Primera hasta la Tercera Dinastía.

Los investigadores excavaron 504 tumbas en Adaima, un yacimiento de 30 hectáreas que es usado entre el 3500 y el 2700 a.C., antes de que se construyeran las pirámides.

Explica el estudio publicado en Journal of Archaeological Method and Theory:

 Lo que encontramos es un laboratorio de cómo las tradiciones rurales se transforman en mitos estatales,

En el sur de Egipto, cerca del río Nilo, un equipo internacional de arqueólogos ha hallado cómo las creencias de las comunidades rurales ayudaron a cimentar la ideología del estado faraónico. El cementerio de Adaima revela que rituales aparentemente locales —como el desmembramiento simbólico de cuerpos y la alineación de tumbas con las estrellas— fueron absorbidos por el poder central para legitimar su autoridad.

Las tumbas más antiguas, dedicadas casi exclusivamente a niños, mostraban prácticas sencillas, pero hacia el 3000 a.C. algo cambió. Tres tumbas destacan sobre el resto:

La tumba S166 contenía los restos de una adolescente cuyo brazo había sido cortado y recolocado ritualmente. Su rostro miraba hacia la puesta de sol en el solsticio de invierno y el sarcófago apuntaba al orto helíaco de Sirio (cuando esta estrella reaparece en el cielo tras meses invisibles).

La tumba S837 contenía una mujer enterrada en un sarcófago de barro con un collar y un anillo en el tobillo, y junto a ella fragmentos de una vasija rota —un gesto que siglos después aparecería en los Textos de las Piramides.

Y en la tumba S874 se encontró una mujer con un bastón y una peluca de fibras vegetales, orientada hacia el solsticio de verano.

Lo más sorprendente fue descubrir que estas alineaciones astronómicas no eran casuales. Hacia el 2700 a.C. el orto de Sirio coincidía con el solsticio de verano y la crecida del Nilo, eventos clave para la agricultura. Señala el estudio:

El estado emergente integró los ciclos agrícolas y los símbolos funerarios locales en una cosmología religiosa.

Escriben los autores, citando al antropólogo Claude Lévi-Strauss.

Asi, los faraones tomaron lo que los campesinos ya veneraban (como Sirio, asociada a la fertilidad) y lo convirtieron en parte de su discurso divino. Por ejemplo, el mito de Isis —diosa que reconstruyó el cuerpo desmembrado de su esposo Osiris— podría inspirarse en rituales como el de la adolescente de la tumba S166. Elementos expresados inicialmente en forma material se abstrajeron en narrativas cosmológicas.

Para entender cómo se propagaban estas ideas los investigadores usaron inteligencia artificial y análisis de redes. De ese modo descubrieron que las tumbas más innovadoras (como S837) tenían menos «conexiones» con las prácticas tradicionales, y que algunos objetos, como un barco de marfil encontrado en la tumba de un niño, imitaban símbolos de élites urbanas cercanas (Hierakonpolis), sugiriendo que las ideas viajaban entre aldeas y ciudades.

Concluyen los investigadores:

El estudio desafía la visión tradicional de que el estado faraónico fue impuesto solo por reyes y sacerdotes. Las comunidades rurales desempeñaron un papel dinámico en la configuración de las estructuras sociopolíticas y religiosas tempranas .

Adaima muestra que antes de que los faraones gobernaran Egipto sus futuros súbditos ya habían inventado los rituales que, siglos después, sostendrían su poder.

Resume el estudio: 

Lo que empezó como un gesto local terminó siendo la semilla de una ideología estatal.

Alcouffe, A., Duchesne, S., Tupikova, I. et al. From Stars to State: Astral Patterns and the Rise of Pharaonic Egypt at Adaïma (Upper Egypt). J Archaeol Method Theory 32, 53 (2025). doi.org/10.1007/s10816-025-09724-6