El periodo entre 1800-1600 a.C. en Creta corresponde a la fase de los Nuevos Palacios de la civilización minoica, considerada su época dorada. Después de una catástrofe que destruyó los palacios anteriores, estos fueron reconstruidos y la cultura minoica experimentó un gran auge.
La daga cretense
Durante este tiempo, los minoicos se destacan por su habilidad como grandes comerciantes marítimos en el Mediterráneo, exportando productos elaborados como cerámica y objetos de oro y plata. Los palacios, como los de Cnosos y Festos, funcionan como centros administrativos y económicos, no como templos.
La sociedad es pacífica y no fortifica sus asentamientos, confiando en su flota comercial y en su ubicación en llanuras abiertas. Se ha sugerido que había una sociedad jerarquizada, aunque con un alto grado de igualdad entre hombres y mujeres. La civilización minoica utilizaba el sistema de Lineal A…
Reconstruccion de un objeto ceramico hallado
El equipo de arqueólogos submarinos ha examinado los restos del naufragio de la Edad del Bronce en la costa de Kumluca, Turquía, en 2018 y excavado entre 2022 y 2024, que transportaba un cargamento de lingotes de cobre, armas y objetos personales, sugieren una conexión con la civilización minoica de Creta.
En nuevo estudio publicado en el Journal of Maritime Archaeology, apuntan a que el barco habría naufragado alrededor del siglo XVI a.C., o incluso antes, mientras comerciaba entre Chipre, Anatolia y Creta.
El naufragio está ubicado a profundidades de entre 39 y 53 metros, y ha sido excavado meticulosamente por expertos de la Universidad de Akdeniz y el Instituto de Arqueología Náutica (INA). Hasta 2024 se habían recuperado 52 lingotes con forma de almohadilla, 19 con forma de dishalldoco y 8 fragmentos pequeños. Además, se encontraron dos pesos de plomo, un puñal de bronce y fragmentos de cerámica que habrían sido utilizados por la tripulación.
Uno de los objetos más interesantes es el el puñal de bronce encontrado en 2024 que guarda un sorprendente parecido con las armas utilizadas en Creta entre 1700 y 1600 a.C.
Según el estudio:
este puñalpuede considerarse un puñal largo fabricado y utilizado en Creta, o de alguna manera conectado con Creta, entre 1700 y 1600 a.C., o quizás un poco más tarde. Este hallazgo, junto con los pesos de plomo de estilo minoico, revela que podría haber habido un comerciante cretense a bordo del barco.
Los lingotes de cobre son claves para entender la importancia de este naufragio. Aunque aún no se ha determinado su origen exacto debido a restricciones legales para realizar análisis en el extranjero, los investigadores sospechan que provienen de Chipre, conocido como el principal exportador de cobre en el Mediterráneo durante la Edad del Bronce.
Señala el estudio:
El hecho de que la mayoría de los lingotes de cobre encontrados en los naufragios de Uluburun y Gelidonya, así como las muestras de los palacios minoicos, procedan de minas de la isla de Chipre sugiere que este es el lugar de origen más probable para los lingotes de este naufragio
Los lingotes varían en pureza, con algunos conteniendo altos niveles de hierro, lo que podría indicar diferentes técnicas de fundición o fuentes de mineral. Este detalle abre preguntas sobre la procedencia del cobre y las rutas comerciales de la época.
Entre los artefactos recuperados hay pesos de plomo utilizados para medir mercancías, un cuenco de cobre aplastado, un anzuelo y una aguja de bronce. Los pesos, que tienen respectivamente 22 y 45 gramos, coinciden con los sistemas de medida minoicos y refuerzan la teoría de un vínculo con Creta.
Estos pesos son claramente discoidales. A diferencia de los contrapesos egipcios y del Cercano Oriente, los pesos de equilibrio de origen minoico o egeo tienen una forma de disco distintiva, a menudo hechos de plomo, explica el informe.
Los fragmentos de cerámica, aunque no permiten una datación exacta corresponden a ánforas comerciales comunes en el Mediterráneo oriental durante la Edad del Bronce, lo que respalda la antigüedad del naufragio.
El barco, de unos 11-12 metros de eslora, probablemente se hundió cerca del cabo Gelidonya durante una tormenta mientras transportaba cobre desde Chipre hacia los palacios minoicos.
El naufragio pertenece a un barco de 11-12 metros de largo que probablemente comerciaba a lo largo de las costas de Chipre, Anatolia y Creta a finales de la Edad del Bronce Medio,no sería sorprendente si los descubrimientos realizados en el barco en los próximos años indicaran una fecha anterior al siglo XVI a.C., y también una conexión más fuerte con Creta.
Öniz, H. Traces of Mynos in Kumluca Bronze Age Shipwreck: 2022, 2023, 2024 Excavation Seasons. J Mari Arch (2025). doi.org/10.1007/s11457-025-09453-7
Un estudio publicado en el Journal of Archaeological Science revela que la construcción de las murallas fronterizas durante las dinastías Qin (221-207 a.C.) y Han (202-100 a.C.) en China además de un logro de ingeniería impresionante fue también un factor clave en el colapso del imperio. La investigación, liderada por Zehao Li de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Pekín junto a un equipo internacional, analiza por primera vez con precisión el costo humano y logístico de estas construcciones y cómo la sobrecarga de recursos pudo desestabilizar al Estado.
Balizas de la muralla Quin
La dinastía Qin, que unificó China y sentó las bases de su futuro imperio, es recordada por su reinado efímero y su rápida caída. Aunque históricamente se atribuye su declive a múltiples factores como rebeliones y mala gestión, el nuevo estudio apunta a un detalle concreto: la la construcción de la Gran Muralla del Norte.
Según los investigadores:
el esfuerzo masivo de movilización de mano de obra, reubicaciones forzadas y transporte de alimentos habría generado una presión insostenible sobre la población.
La investigación se centra en las murallas construidas en las montañas Yin, una región que era estratégica para defenderse de las incursiones nómadas. Mediante trabajo de campo, modelos 3D y análisis de técnicas constructivas, el equipo calculó el tiempo y las personas que se necesitaron para levantar estos muros. Los resultados son asombrosos: solo la muralla Qin requirió 5.5 millones de días-persona (equivalentes a una persona trabajando un día), sin contar los fuertes y torres de vigilancia asociados.
El estudio detalla tres métodos principales que se emplearon en la construcción de la muralla: Muros de piedra que era extraída localmente, con bloques tallados y rellenos de escombros. Cada metro construido requería unas 67 horas de trabajo. Muros de tierra apisonada, que eran más rápidos de construir pero menos duraderos, que se hacían compactando tierra húmeda en capas, con un ritmo de 10.6 horas por metro. Y muros mixtos que combinaban piedra en el exterior y tierra en el interior.
Además, las torres de vigilancia (balizas) eran cruciales para alertar de invasiones y solo en la muralla Qin se identificaron 828 balizas, cada una con plataformas, muros y habitaciones para soldados. Construirlas sumaría otros 568.100 días-persona al esfuerzo total.
Pero levantar la muralla fue solo una parte del problema, ya que alimentar y transportar suministros a los trabajadores —muchos de ellos reclutados forzosamente— resultó aún más costoso.
Según los registros históricos citados en el estudio cada obrero necesitaba 1,66 litros de grano al día, y dado que la región fronteriza era árida y estaba poco cultivada la comida debía traerse desde el corazón agrícola del imperio, a cientos de kilómetros de distancia.
Este transporte era lento y poco eficiente. Por ejemplo, si el grano viajaba 1600 km, solo el 39% llegaba a destino, y el resto era consumido en el trayecto como alimento por los transportistas. Para sostener a los 26.015 trabajadores de la muralla Qin se estima que se necesitaron 326.975 personas adicionales solo para logística, lo cual elevó la movilización total a 13,5 millones de personas, es decir, entre el 34% y 67% de la población del imperio (estimada en 20-40 millones).
Aclara el estudio:
Estas cifras excluyen otros megaproyectos simultáneos, como el Mausoleo del Primer Emperador o el Palacio Epang. La suma de todas estas demandas habría sidocolosal, contribuyendo finalmente al colapso imperial.
La dinastía Han que sucedió a la Qin también construyó murallas en la misma región, pero con algunas diferencias clave como un menor costo humano, ya que aprovecharon que la frontera ya estaba más poblada y cultivada, para reducir así la necesidad de transporte remoto. Sus muros, aunque son más largos, se levantaron en solo 6 meses gracias a una mejor organización.
Aun así, los registros históricos muestran que el estrés en la población siguió siendo alto. Un pasaje del Shiji (crónicas de la época) citado en el estudio describe:
Los civiles sufrieron enormemente bajo estas cargas… los proveedores se esforzaban por abastecer las campañas militares, agotando recursos hasta que las provisiones se acabaron.
El estudio concluye que la muralla Qin no fue la única causa de la caída del imperio, pero sí un síntoma de un problema mayor: la sobrexigencia del Estado.
Escriben los autores:
La construcción de la muralla no fue la raíz del colapso imperial; más bien, la tensión sistémica surgió de las reubicaciones fronterizas y el transporte logístico nacional requerido para sostenerlas.
El imperio Qin pudo haber presionado en exceso, al intentar proteger sus fronteras mientras mantenía otros proyectos faraónicos. Una advertencia histórica sobre los límites del poder centralizado y el costo humano de las grandes obras.
Zehao Li, Giacomo Fontana, Andrew Bevan, Rujin Li, Frontier walls, labour energetics and Qin imperial collapse. Journal of Archaeological Science, Volume 181, September 2025, 106313. doi.org/10.1016/j.jas.2025.106313
Arqueólogos han descubierto evidencia impactante de un antiguo complejo ceremonial en Murayghat, Jordania, que podría reescribir lo que sabemos sobre la vida ritual de la Edad del Bronce Antiguo en el Levante meridional.
Plan of Area 1 (central knoll) showing horse-shoe-shaped standing stone features and trenches. Other lines are other stone structures on the surface. Image Credit: The Ritual Landscapes of Murayghat Project / Susanne Kerner
Enclavado en las colinas al suroeste de Madaba, Murayghat presenta un extenso campo de dólmenes (cámaras funerarias de piedra) rodeado de enigmáticos menhires y arquitectura no doméstica.
Hadjar al-Mansub, the largest of the single standing stones. Image Credit: The Ritual Landscapes of Murayghat Project / Susanne Kerner
La investigación, dirigida por la profesora asociada Dra. Susanne Kerner de la Universidad de Copenhague, sugiere que el sitio podría haber servido como lugar de reunión para cultos durante una época de agitación social hace más de 5000 años.
El yacimiento data de la Edad del Bronce Antiguo (alrededor del 3600-3300 a. C.), período posterior al declive de la cultura Calcolítica. Según el estudio de Kerner, la desaparición de objetos de prestigio de cobre, el cambio climático y el colapso de las estructuras sociopolíticas probablemente desencadenaron una crisis de civilización.
Escribe Kerner:
En un mundo donde los templos desaparecieron y el antiguo orden social se derrumbó, la gente aún necesitaba comunicarse, organizarse y recordar. Murayghat pudo haber sido uno de los lugares donde se forjaron nuevas formas de identidad y creencias.
El elemento central de Murayghat es un montículo central flanqueado por colinas aterrazadas, cada una salpicada de dólmenes derrumbados e intactos. Estas estructuras funerarias, algunas de más de 4 metros de longitud, se ubicaron cuidadosamente con líneas visuales hacia el montículo y entre sí, lo que indica un esfuerzo coordinado en la planificación.
Las excavaciones revelaron múltiples fases de construcción y una variedad de estilos arquitectónicos. Las líneas de ortostatos (grandes losas de piedra verticales) forman recintos parciales, mientras que las características circulares y en forma de herradura sugieren un uso comunitario o ritual. Un elemento llamativo es un gran monolito exento conocido como Hadjar al-Mansub, de 2,4 metros de altura y orientado en dirección opuesta al yacimiento central, hacia el valle, posiblemente marcando un camino procesional o un eje ritual.
Entre los artefactos encontrados en el yacimiento se incluyen herramientas de sílex, objetos de cobre, núcleos de cuerno (de cabras y gacelas) y cuencos de cerámica inusualmente grandes con capacidad para hasta 27 litros de comida. Estos «cuencos Murayghat» sugieren rituales de banquetes comunitarios, quizás relacionados con honrar a los antepasados o negociar identidades grupales.
Los campos de dólmenes del Levante Oriental suelen encontrarse cerca de asentamientos de la Edad del Bronce Antiguo. Sin embargo, Murayghat carece de estructuras domésticas o hogares claros, lo que refuerza la teoría de que se trataba de un yacimiento con un propósito específico. «La arquitectura es demasiado compleja para una aldea residencial», afirma Kerner. Es más plausible que Murayghat funcionara como un punto de encuentro regional, quizás incluso como un santuario.
Murayghat ofrece una perspectiva excepcional de cómo las comunidades antiguas respondieron a las crisis. Con los centros religiosos tradicionales en ruinas y los símbolos de la élite obsoletos, la gente se volcó en la tierra, construyendo monumentos visibles para recordar a sus muertos, reclamar territorio y reconectar con los demás.
Los arqueólogos creen que los dólmenes y menhires de Murayghat son más que simples marcadores funerarios; son símbolos perdurables de una sociedad en transición. El uso de piedra caliza local, tallada a mano y colocada con intención, habla de una comunidad que intenta comprender un mundo cambiante.
Los hallazgos desafían las suposiciones previas de que los campos de dólmenes eran únicamente cementerios nómadas o tribales. En cambio, parecen formar parte de una adaptación sociopolítica más amplia: una forma en que las sociedades preurbanas se mantuvieron conectadas y restablecieron el orden en tiempos de incertidumbre. A medida que los cambios climáticos y las tensiones sociales aumentan hoy en día, Murayghat recuerda la necesidad constante de la humanidad de adaptarse, comunicarse y conmemorar.
Según la UNESCO, el monasterio egipcio de Santa Catalina tiene la biblioteca más antigua del mundo de las que han estado funcionando ininterrumpidamente desde su fundación, que constituye un importante atractivo turístico, por la tradición de que tras sus muros se conserva la zarza ardiente que vio Moisés cuando subía al monte Sinaí.
Se ubica en la península homónima, al pie de la montaña -cuya ascensión también es una de las actividades que no dejan de hacer los visitantes-, como legado de una de las tres grandes religiones abrahámicas que hubo en Egipto (cristiana, judía y musulmana).
Surgido a partir de una capilla que mandó construir Flavia Julia Elena, esposa del emperador Constancio Cloro y futura santa, a su alrededor se establecieron varios monjes que dieron origen a la comunidad. Se trata de un recinto cuadrangular cerrado por altos muros de arenisca que erigió Justiniano en el siglo VI para protegerlo defensivamente, albergando una basílica de cinco naves, donde se guarda un esqueje de la zarza, y una mezquita que nunca se usó porque se cometió el error de no orientarla a La Meca.
El pacto de MahomaDentro del complejo esta la mejor colección que existe de iconos medievales (desde los siglos V y VI), que consiguieron salvarse, gracias al relativo aislamiento del cenobio en pleno desierto, de la destrucción iconoclasta; entre ellos figuran el Pantocrátor del Sinaí, la Escalera al Paraíso y el más antiguo que hay sobre un tema del Antiguo Testamento.
En el versículo inicial de la traducción al árabe del Evangelio de Marcos, faltan las palabras «Hijo de Dios». Crédito: St. Catherine’s Monastery
Destacan tambien los mosaicos que decoran los suelos de varias dependencias. Pero hay algo que resulta aún más valioso y es la citada biblioteca, compuesta por tres mil quinientos volúmenes en múltiples lenguas.
En ella está la mayor colección mundial de códices y manuscritos antiguos después de la del Vaticano. Destaca el Codex Sinaiticus -que contiene la Biblia original más completa que se conserva -fechado en torno al año 345 d.C. y descubierto en el siglo XIX por el erudito Konstantin von Tischendorf, una copia de los evangelios en lengua siríaca, derivada del arameo oriental y datada en el siglo V; una copia de la Apología de Arístides (la original en griego se ha perdido); o una copia de las Vidas de Mujeres Santas del año 779, también en siríaco.
Hay que añadir un buen conjunto de manuscritos árabes medievales, incluyendo la llamada Ashtiname de Mahoma, es decir, el acuerdo por escrito pactado por el Profeta con los monjes, donde les ofrece protección, les exime de impuestos y les libera de cooperar en asuntos militares.
Incluso se dio la situación contraria: soldados del califato fatimí se encargaron de custodiar el monasterio y ayudar a sus titulares en la llegada de víveres y demás…
En una habitación del monasterio de Santa Catalina en las montañas del Sinaí un descubrimiento casual en 1975 cambió el estudio de los textos bíblicos. Entre cientos de manuscritos olvidados apareció una versión en árabe de los evangelios que contenía una peculiaridad reveladora: en su primera línea, el Evangelio de Marcos no identificaba a Jesús como Hijo de Dios.
Este hallazgo, aparentemente menor, es solo una de las más de 500.000 variantes textuales que los expertos han identificado en los manuscritos del Nuevo Testamento, un rompecabezas que ahora comienza a resolverse gracias a una herramienta inesperada: la biología evolutiva.
La transmisión de los textos antiguos nunca fue un proceso perfecto. Desde las obras de Aristóteles hasta los evangelios cristianos, cada copia manuscrita acumulaba cambios: errores involuntarios, correcciones deliberadas o incluso reinterpretaciones teológicas. Con el paso del tiempo estas modificaciones crearon una red tan compleja que los métodos tradicionales de análisis ya no bastan para rastrear su evolución.
Explica el Dr. Robert Turnbull, investigador de la Universidad de Melbourne y autor del reciente estudio Codex Sinaiticus Arabicus and Its Family. :
Era inevitable que se colaran errores, pero algunos cambios no eran accidentales. Los escribas a veces mejoraban el texto, armonizaban contradicciones o incluso añadían explicaciones.
Frente a esta maraña de variantes, los expertos han recurrido a la filogenética, una técnica desarrollada por biólogos para reconstruir el árbol genealógico de las especies. El método, que también se usó durante la pandemia para rastrear mutaciones del COVID-19, analiza cómo se heredan y transforman ciertos rasgos. En lugar de comparar genes, los textualistas lo aplican a las palabras.
Señala Turnbull:
Los manuscritos se comportan casi como organismos vivos. Cada copia hereda mutaciones del manuscrito anterior, y al estudiar esos patrones, podemos reconstruir su historia.
El proceso no es sencillo. Para analizar la traducción árabe descubierta en Santa Catalina, el equipo utilizó un supercomputador que evaluó millones de posibles relaciones entre cientos de manuscritos griegos, latinos y siríacos. Los resultados ubicaron al texto dentro del llamado tipo textual cesariense, una familia de manuscritos vinculada a las primeras comunidades cristianas de Oriente Próximo.
Entre los hallazgos más interesantes está la mencionada omisión de las palabras Hijo de Dios en Marcos 1:1. ¿Fue un error del copista árabe, una decisión teológica o un reflejo de una versión más antigua? El análisis filogenético señala que no fue un accidente aislado, ya que otros manuscritos, como el Codex Koridethi (siglo V), comparten la misma variante.
Aclara Turnbull:
Esto no significa que el texto original no incluyera la frase, pero sí demuestra que hubo tradiciones tempranas donde esa afirmación cristológica era menos enfática. Son pistas de cómo se leía la Biblia en contextos distintos.
La técnica no se limita a los textos bíblicos. Actualmente, se aplica a obras como Los cuentos de Canterbury de Chaucer o los escritos del historiador romano Tito Livio. Incluso podría usarse para estudiar las versiones de Shakespeare, cuyas obras circulaban en copias no autorizadas antes de su publicación oficial.
Concluye Turnbull:
Cuanto más refinemos estos métodos, mejor entenderemos qué decían los textos antiguos y cómo los interpretaban quienes los copiaban. Al final, cada manuscrito es una ventana a una comunidad, una época y unas manos que, sin saberlo, participaron en la construcción de la historia.
La Villa Romana del Casale es una lujosa residencia romana en Sicilia, cerca de la ciudad de Piazza Armerina. Construida a finales del siglo III y principios del IV d. C. y se cree que fue propiedad de un miembro de la aristocracia senatorial romana. La villa es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1997. Destacan sus mosaicos, que están en un buen estado de conservación. La Villa fue sepultada por una avalancha de lodo y barro en el siglo XII, lo que protegió sus mosaicos de los efectos del tiempo y la destrucción.
Vista de las recientes excavaciones en la villa. Crédito: Regione Siciliana / Parco Archeologico di Morgantina e Villa Romana del Casale
Los mosaicos de la Villa del Casale cubren una superficie de más de 3500 metros cuadrados y se encuentran en casi todas las habitaciones y pasillos de la residencia. Estos mosaicos son considerados uno de los conjuntos más bellos y extensos del mundo romano. Las escenas son de una calidad artística asombrosa, lo que sugiere que fueron realizados por talleres de artesanos altamente cualificados, posiblemente de origen norteafricano.
Algunos de los mosaicos más famosos son el Corredor de la Gran Cacería, el mosaico de las Chicas en Bikini, el mosaico del Circo Romano y los mosaicos de las termas. El Corredor de la Gran Cacería es el mosaico más largo de la villa, con 60 metros de longitud, y representa la captura y el transporte de animales salvajes desde África hasta Roma para los juegos en el anfiteatro.
El mosaico de las Chicas en Bikini se encuentra en la Sala de las Diez Muchachas y representa a un grupo de mujeres jóvenes realizando actividades atléticas. El mosaico del Circo Romano, ubicado en el vestíbulo, muestra carreras de cuadrigas con gran detalle. La excepcional conservación de los mosaicos de la Villa del Casale la convierte en un testimonio valioso de la vida, la cultura y el arte de la élite romana en la antigüedad…
Ahora en esta Villa Romana del Casale, tiene un mosaico donde se representan dos sandalias cuya similitud con las chanclas actuales es grande. Estos detalles forman parte de un conjunto más amplio de decoraciones musivas que adornaban la sección termal meridional de la villa, obra del siglo IV d.C.
Junto a estas representaciones han desenterrado una inscripción en mosaico y tres columnas con sus respectivos capiteles, elementos que confirman el excepcional nivel artístico y arquitectónico de este complejo tardorromano.
Los trabajos se enmarcan en la cuarta edición de la Summer School internacional ArchLabs (Archaeological heritage in late antique and byzantine Sicily), dirigida por la profesora Isabella Baldini. Este proyecto formativo reunió a más de 40 estudiantes e investigadores procedentes de once países ofreciéndoles una experiencia práctica en técnicas de excavación, documentación digital y análisis de materiales.
La iniciativa, fruto de la colaboración entre el Parco Archeologico di Morgantina e Villa Romana del Casale, la Universidad de Bolonia y el Consiglio Nazionale delle Ricerche (CNR), ha demostrado cómo la combinación de metodologías tradicionales y tecnología avanzada puede arrojar luz sobre contextos históricos complejos. Según los expertos, estos avances son clave para reconstruir la vida cotidiana, las influencias culturales y los procesos técnicos que definieron la Sicilia tardorromana y bizantina.
Las autoridades del parque arqueológico han destacado la importancia de continuar con las investigaciones en un yacimiento que, pese a ser estudiado desde hace décadas, sigue deparando sorpresas. Cada campaña refuerza la hipótesis de que la villa fue un lujoso complejo residencial vinculado a altos dignatarios del Imperio, posiblemente incluso a un miembro de la familia imperial.
Los responsables del proyecto han avanzado que los próximos meses se dedicarán a analizar los materiales recuperados y a integrar los datos en un sistema de documentación tridimensional. Paralelamente, se trabaja en mejorar la accesibilidad del sitio para garantizar su conservación sin renunciar a la divulgación turística y académica.
Mientras tanto, los mosaicos de las sandalias —junto con el resto de piezas— serán sometidos a procesos de limpieza y consolidación antes de su exhibición permanente. Su descubrimiento demuestra que la arqueología no es solo una ventana al pasado, sino un puente entre generaciones.
Lo que hace mas interesante el hallazgo es una inscripción de seis líneas en griego antiguo, que se asemeja a una petición o súplica formal, junto con una singular estrella de David con un motivo de cruz cristiana, un símbolo que rara vez se ve combinado.
Durante una excavación rutinaria de una tumba en la provincia turca de Diyarbakir, los arqueólogos descubrieron un extraordinario mosaico de 1.500 años de antigüedad que presenta la estrella de David y una críptica inscripción de seis líneas en griego antiguo.
Un entierro rutinario en el sureste de Turquía ha dado lugar a un extraordinario descubrimiento arqueológico. Mientras excavaban una tumba en el barrio rural de Özbilek, en el distrito de Ergani, los residentes locales descubrieron un impresionante suelo de mosaico de 35 metros cuadrados que se cree que data del período romano tardío o bizantino temprano. Lo que hace aún más fascinante el hallazgo es la presencia de una inscripción de seis líneas en griego antiguo, que asemeja una petición o súplica formal, junto con una singular Estrella de David con un motivo de cruz cristiana, un símbolo que rara vez se ve combinado. El mosaico fue desenterrado el 8 de marzo durante los preparativos para un entierro, pero las autoridades del museo local solo han detallado el hallazgo recientemente.
El mosaico salió a la luz cuando los aldeanos comenzaron a preparar una tumba para un residente fallecido. En cuanto apareció el suelo decorado, la comunidad detuvo el entierro y optó por trasladar la ceremonia a otro lugar y notificar a las autoridades locales.
Respondiendo con rapidez, la Gendarmería del Distrito de Ergani aseguró la zona e informó a la Dirección del Museo de Diyarbakır, cuyos expertos llegaron ese mismo día. Tras evaluaciones preliminares, la zona fue clasificada como sitio de importancia histórica, lo que motivó el inicio de una excavación arqueológica de emergencia. Según Mehmet Çelebi, subdirector del Museo de Diyarbakır, se formó rápidamente un equipo multidisciplinario de arqueólogos, historiadores del arte, restauradores y antropólogos. El 11 de marzo, el equipo inició una excavación de rescate de tres semanas, que finalmente descubrió un mosaico intrincadamente decorado de 35 metros cuadrados.
Declaró Çelebi:
Basándonos en el estilo y los motivos, concluimos que el mosaico probablemente data del período romano tardío o bizantino temprano. Parece haber sido el suelo de una estructura importante, posiblemente una villa o un edificio religioso, y presenta ricos patrones geométricos.
Uno de los aspectos más cautivadores del mosaico es la estrella de David que encierra una cruz, una sorprendente fusión de la iconografía judía y cristiana. Este símbolo único ha despertado un gran interés entre historiadores y eruditos religiosos.
Para aumentar el misterio, se encuentra una inscripción de seis líneas escrita en griego antiguo, que se cree que es una petición o súplica formal. Aunque las traducciones aún están en curso, las primeras interpretaciones sugieren que podría estar relacionado con una petición espiritual o una declaración legal, posiblemente realizada por el propietario o el constructor de la estructura.
Señaló Çelebi:
Este tipo de inscripción, especialmente combinada con imágenes tan simbólicas, es poco común y plantea muchas preguntas sobre las interacciones religiosas y culturales en la región durante ese período.
Tras la excavación, todo el yacimiento se cubrió con materiales de protección, incluyendo geotextiles, y se acordonó para evitar daños. La zona se encuentra dentro de lo que se cree que fue la antigua ciudad de Memalan, lo que refuerza la importancia histórica del descubrimiento. Debido a su ubicación dentro del cementerio moderno, surgieron inquietudes entre los aldeanos locales y el muhtar (jefe de la aldea) del vecindario sobre futuras actividades funerarias. Sin embargo, la Junta de Preservación del Patrimonio Cultural dictaminó que todos los entierros futuros deben realizarse en un área separada, lejos del sitio del mosaico.
Dijo Çelebi:
Se designará una nueva zona de entierro para proteger el mosaico. «Hasta entonces, no se cavará ninguna tumba cerca del sitio descubierto. El área actual del mosaico ahora está oficialmente bajo protección.
Los arqueólogos creen que el yacimiento podría formar parte de un asentamiento mayor aún no descubierto. Dada la presencia de un mosaico de tan alta calidad y de elementos simbólicos complejos, futuras excavaciones en la región de Memalan podrían aportar más información sobre la vida religiosa y social del sureste de Anatolia durante la antigüedad.
El descubrimiento ofrece una visión excepcional del sincretismo cultural de la región, donde coexistieron y se entrelazaron diferentes tradiciones religiosas y expresiones artísticas.
Mientras continúan los trabajos de traducción de la inscripción griega y los investigadores analizan el simbolismo de la estrella de David y el motivo de la cruz, este entierro, aparentemente rutinario, ha abierto la puerta a uno de los hallazgos arqueológicos más intrigantes de la historia reciente de Diyarbakir.
Laodicea fue una antigua ciudad del Imperio seléucida, fundada por el rey Antíoco II Teos entre el 261 y el 245 a.C., y nombrada en honor a su esposa Laódice. Estaba ubicada en lo que hoy es Turquía, cerca de la moderna ciudad de Denizli. Se encontraba en el fértil valle del río Lico y era una de las tres ciudades importantes de la zona, junto a Hierápolis y Colosas.
2,050-Year-Old Assembly Building Discovered in Ancient City of Laodicea Marks Architectural First in Anatolia. Credit: Sebahatdin Zeyrek – AA
Fue una próspera ciudad comercial, famosa por sus textiles de lana negra de alta calidad y por su escuela de medicina, que producía un conocido ungüento para los ojos. Su ubicación en la intersección de importantes rutas comerciales la convirtió en un centro clave para la banca y las finanzas del mundo antiguo. Esta riqueza era tal que, tras ser destruida por un terremoto en el año 60 d.C., los habitantes rechazaron la ayuda económica del Imperio Romano y la reconstruyeron por sí mismos.
Laodicea es muy conocida en el contexto cristiano por ser una de las siete iglesias del Apocalipsis. El mensaje dirigido a la iglesia de Laodicea es una advertencia y una reprimenda. Jesús la describe como «tibia», ni fría ni caliente, y advierte que la vomitará de su boca. Esta referencia se entiende en un contexto geográfico. Laodicea no tenía una fuente de agua propia, por lo que el agua llegaba a la ciudad a través de un acueducto desde manantiales cercanos. El agua de las fuentes termales de Hierápolis era caliente y curativa, mientras que la de Colosas era fría y refrescante. Sin embargo, el agua que llegaba a Laodicea ya no tenía ninguna de estas propiedades, sino que era tibia, desagradable e inútil, lo que se usó como una poderosa metáfora de la fe y el compromiso espiritual de la iglesia.
Hoy en día, Laodicea es uno de los sitios arqueológicos más grandes de Turquía y es un importante destino para el turismo histórico y religioso. Las excavaciones han revelado estructuras impresionantes como su estadio, teatros, el nymphaeum (un monumento a la fuente de agua), templos y una gran iglesia…
Durante la temporada de excavaciones de 2025, arqueólogos de la antigua ciudad de Laodicea desenterraron un edificio de asambleas de la época romana de 2.050 años de antigüedad con un diseño arquitectónico nunca antes visto en Anatolia. La estructura, que sirvió como centro administrativo y judicial de la ciudad, pone de relieve el crucial papel político de Laodicea en la época romana.
El edificio recién descubierto presenta muros exteriores pentagonales y una planta interior hexagonal, un estilo arquitectónico único nunca antes visto en la antigua Anatolia.
Señaló Şimşek:
Estamos viendo este tipo de arquitectura por primera vez en la región.
La estructura data de finales del siglo I a. C., durante el reinado del emperador romano Augusto, y permaneció en uso hasta el siglo VII d. C., cuando la ciudad fue abandonada gradualmente. Basándose en el tamaño y el diseño de las gradas —17 en total, incluyendo 8 filas inferiores y 9 superiores—, el edificio albergaba entre 600 y 800 miembros, incluyendo ancianos, jóvenes y ciudadanos en general.
Las inscripciones en los asientos revelaban los nombres de los líderes y miembros de la asamblea, ofreciendo una visión excepcional de la estructura cívica de la antigua Laodicea.
Fuentes antiguas ya sugerían que Laodicea sirvió como centro judicial y administrativo para entre 7 y 10 ciudades circundantes durante la época romana. Laodicea fue una de las metrópolis más grandes de Anatolia. La existencia de un edificio de asambleas tan grande y de diseño tan singular confirma su papel central en el gobierno y el derecho.
Se cree que una estatua sedente descubierta en el interior del edificio representa a un funcionario de alto rango o a un juez superior. Curiosamente, la cabeza de la estatua —añadida posteriormente y datada del siglo V d. C.— indica que la imagen de autoridad se renovó con el tiempo para reflejar los cambios de liderazgo. Esto demuestra un uso y una evolución continuos del sistema legal a lo largo de los siglos.
El edificio de asambleas forma parte de un complejo cívico más amplio que incluye un ágora política, salas de archivo, un gran complejo de baños y el estadio más grande de Anatolia. Estos elementos dibujan la imagen de una ciudad que no solo era rica y populosa, sino que también desempeñaba un papel fundamental en el gobierno regional.
Excavaciones anteriores han descubierto artefactos notables, incluyendo bloques de travertino con frescos, una estatua de tres metros de altura del emperador Trajano, la Fuente de Trajano, esculturas de sacerdotes y figuras mitológicas, y elaborados mosaicos, todo lo cual da testimonio de la sofisticación artística y política de la ciudad.
El profesor Şimşek dijo:
Las excavaciones en el edificio de la asamblea están a punto de finalizar. Esta estructura sirvió a Laodicea durante casi 750 años sin interrupción. No es solo una primicia arquitectónica, sino un tesoro cultural e histórico.
Los romanos conquistaron a las tribus ilirias y celtas de la región, un proceso que se consolidó en el año 9 d.C. con la creación de la provincia de Dalmacia y la división del antiguo Illyricum en Dalmacia y Panonia. Estas provincias fueron vitales para el control romano, ya que Dalmacia ofrecía una importante salida al mar Adriático, mientras que Panonia era un baluarte en la frontera del Danubio. Las ciudades se desarrollaron y se latinizaron gradualmente, convirtiéndose en centros administrativos y comerciales clave.
Arqueólogos en Croacia han descubierto los restos de una torre de vigilancia romana de 1.800 años de antigüedad que antiguamente custodiaba la frontera norte del imperio.
Ubicada en la aldea de Mohovo, a orillas del río Danubio, esta estructura informa sobre el vasto sistema de defensa fronteriza del Imperio romano —el limes danubiano— y su respuesta militar a las amenazas externas durante el reinado del emperador Marco Aurelio.
La torre de vigilancia, construida a finales del siglo II d. C., desempeñó un papel crucial en la protección del Imperio romano durante las Guerras Marcomanas (166-180 d. C.). Este turbulento período vio al ejército romano enfrentarse a tribus germánicas como los marcomanos y a los sármatas nómadas de regiones que hoy pertenecen a la actual Rusia y Europa del Este. El conflicto condujo a la construcción de numerosas instalaciones militares a lo largo del Danubio, incluyendo esta torre recién excavada, que formaba parte de una red que protegía cruces fluviales vitales y rutas comerciales.
Según Marko Dizdar, director del Instituto de Arqueología de Zagreb e investigador principal del proyecto,
La torre de vigilancia se construyó en una ubicación estratégica, en uno de los cruces del río Danubio. Desde esta posición, se disponía de un excelente control visual de una amplia zona, y estaba protegida de forma natural por tres de sus lados por profundos barrancos.
La excavación del yacimiento de Mohovo comenzó en abril de 2025, tras años de estudios geomagnéticos realizados entre 2003 y 2023. Estas técnicas no invasivas habían sugerido la presencia de múltiples estructuras militares romanas en al menos diez lugares del este de Croacia. Sin embargo, la torre de Mohovo constituye la primera torre de vigilancia romana investigada sistemáticamente en el limes croata, lo que confirma las antiguas suposiciones sobre la función defensiva de la región. Con unas dimensiones aproximadas de 40 x 30 metros (130 x 100 pies), la torre estaba fortificada por profundos fosos defensivos y rodeada por una empalizada de madera. En su centro se alzaba un edificio de madera, probablemente utilizado por los soldados romanos estacionados allí. Dizdar señala que el yacimiento experimentó tres fases de construcción, lo que indica repetidas mejoras o reparaciones, y que para el siglo IV d. C., podría haber sido reemplazado por una fortificación más pequeña equipada con una torre.
Entre los artefactos recuperados en el yacimiento se incluyen equipo militar, vasijas de cerámica y broches, todos ellos indicativos de la presencia romana activa hasta bien entrado el siglo III d. C. El descubrimiento no solo confirma la función militar de la zona, sino que también demuestra la evolución arquitectónica de la defensa fronteriza romana.
La atalaya de Mohovo probablemente funcionaba como parte de una red de comunicación visual, ubicada para transmitir mensajes rápidamente a los puestos de avanzada cercanos en Sotin e Ilok, a unos 12 kilómetros de distancia. Con otras torres ubicadas a una distancia aproximada de 2 a 3 kilómetros, los soldados podían enviar advertencias a través de la frontera en caso de avance enemigo.
Afirmó Dizdar:
Este sistema permitió a los romanos movilizar fuerzas rápidamente en respuesta a las amenazas. Cruzar las zanjas alrededor de la torre habría sido muy difícil para los atacantes, lo que les habría dado un tiempo precioso a los defensores para reaccionar.
Curiosamente, el yacimiento de Mohovo posee una importancia histórica aún mayor. Además de los restos romanos, los arqueólogos han descubierto vestigios de asentamientos de la Edad del Cobre, la Edad del Bronce, la Edad del Hierro y la Edad Media, lo que demuestra la importancia histórica de la zona como encrucijada de civilizaciones.
El trabajo del equipo croata forma parte de una iniciativa más amplia para proteger y promover el limes danubiano como posible incorporación a la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO. El descubrimiento subraya no solo el vasto alcance militar del Imperio romano, sino también la continuidad cultural que moldeó la región a lo largo de milenios. Descifrando el legado militar del Imperio
La excavación de la torre de vigilancia romana en Mohovo ofrece una visión de los complejos sistemas de seguridad fronteriza del imperio y de la vida cotidiana de los soldados estacionados lejos de Roma. A medida que avanza la investigación, los arqueólogos esperan comprender mejor cómo evolucionaron estas estructuras fronterizas en respuesta a los cambiantes panoramas políticos y militares.
Con nuevas excavaciones planeadas para investigar la transformación del sitio en el siglo IV, la torre de Mohovo se erige como un monumento notable a la ingeniería, la estrategia y la resiliencia romanas, y un centinela silencioso de un imperio que una vez estuvo decidido a mantener la línea contra el mundo exterior.
Los tracios constituyeron un diverso conjunto de tribus indoeuropeas que habitaron el sureste de Europa durante la Antigüedad clásica. Se les reconoce por su espíritu guerrero y su notable habilidad artesanal, especialmente en la metalistería, donde elaboraron obras de arte en oro y plata que atestiguan su destreza y sofisticación. La descripción de los tracios como intrépidos guerreros y talentosos artesanos y su capacidad para producir verdaderas obras de arte en oro sugiere una sociedad que valoraba tanto la proeza militar como la sofisticada artesanía.
Archaeologists Uncover Richly Furnished Grave of Thracian Warrior with Horse, Weapons, and Gold-Gilded Ornaments in Southern Bulgaria
Esta dualidad indica una compleja estructura social donde la riqueza, posiblemente obtenida a través de la guerra o el control de recursos como las minas de oro , se canalizaba hacia la expresión artística y la ostentación de la élite, trascendiendo meros propósitos utilitarios o militares. El éxito militar, al generar prosperidad económica, a su vez fomentaba una rica tradición artística que reforzaba las jerarquías sociales. La sofisticación implícita en su arte va más allá de la mera habilidad, insinuando una estética desarrollada y, quizás, un sistema de mecenazgo sostenido por la aristocracia.
Above the horse’s head, archaeologists discovered bronze and gilded harness decorations featuring high-relief depictions of mythological figures. Credit: Община Тополовград – Topolovgrad Municipality
A pesar de su significativa presencia, gran parte de la historia y las tradiciones tracias se han desvanecido con el tiempo, lo que hace que los restos arqueológicos y las menciones en textos antiguos sean fundamentales para comprender su civilización. La civilización tracia sigue siendo una de las culturas más enigmáticas y, a menudo, olvidadas de la Antigüedad. A pesar de su vasta influencia territorial en Europa , su cultura, predominantemente oral , implicó que su propia historia no fuera registrada por ellos mismos.
En cambio, dependemos de relatos externos de griegos y romanos, quienes frecuentemente los percibían como «bárbaros». Esta perspectiva externa, aunque ofrece información valiosa, también introduce un sesgo considerable en la comprensión de su civilización. La dependencia de fuentes griegas y romanas, que a menudo calificaban a los tracios de «bárbaros» , introduce un sesgo significativo en la comprensión histórica. Este encuadre externo probablemente enfatizó sus aspectos marciales y su percibida falta de unidad política, posiblemente eclipsando sus sofisticados logros artísticos, complejas creencias religiosas (como el Orfismo) y su destreza económica (la minería de oro). Los recientes hallazgos arqueológicos son cruciales porque ofrecen una narrativa material directa que contradice estos relatos textuales sesgados, permitiendo una visión más matizada e «intrigante» de su civilización.
Los tracios, un pueblo indoeuropeo, emergieron en el sureste de los Balcanes alrededor del 1200 a.C. Se establecieron en la región que limita con las costas del norte del Egeo, el Ponto Euxino (Mar Negro), la Propóntide, el Danubio (Doúnabis) y el río Estrimón. Su territorio histórico era extenso y sus límites fluctuaron a lo largo de los siglos, abarcando desde Macedonia hasta el Mar Negro y desde el Mar Egeo hasta el Danubio.
Actualmente, las tierras históricas de Tracia se distribuyen entre el norte de Grecia (Tracia Occidental), el sur de Bulgaria (Tracia Septentrional) y la Turquía europea (Tracia Oriental). Algunas fuentes incluso sugieren una extensión histórica más amplia, incluyendo partes de Rumanía, Moldavia, Yugoslavia, Austria, Hungría, Alemania, Chequia, Eslovaquia, Polonia, Ucrania y Tayikistán, lo que indica una presencia significativa en Europa Central y Oriental. La vasta extensión geográfica de las tribus tracias, que se extendía mucho más allá del Danubio e interactuaba con diversos pueblos como los Getas, Dacios y Escitas , sugiere que el término «tracio» podría haber sido una designación cultural o lingüística más amplia, en lugar de referirse a un único grupo étnico unificado. Este territorio extenso y cambiante, a menudo descrito como fragmentado en «pequeños reinos separados» y carente de unidad política a pesar de compartir idioma y espiritualidad , fue un factor clave en su vulnerabilidad frente a imperios más grandes y centralizados como Macedonia y Roma.
Los tracios son ampliamente reconocidos como un pueblo indoeuropeo. Se estima que su civilización se desarrolló desde el III milenio a.C., con su aparición en el sureste de los Balcanes alrededor del 1200 a.C., siguiendo las rutas de los griegos durante el período de las grandes migraciones.
Existen diferentes teorías sobre su origen: algunos defienden su presencia autóctona en los Balcanes, mientras que otros sugieren que llegaron en oleadas sucesivas desde el Norte durante la Edad del Bronce, posiblemente como parte de las migraciones de los «Pueblos del Mar» alrededor del 1200 a.C.. Específicamente, los «Teresh o Tursha» de los Pueblos del Mar han sido vinculados con los tracios. El debate sobre la etnogénesis tracia, es decir, si fueron autóctonos o migrantes , subraya un desafío común en el estudio de poblaciones antiguas, especialmente aquellas sin registros escritos extensos. La hipótesis de los «Pueblos del Mar» conecta su llegada alrededor del 1200 a.C. con un período de gran agitación y colapso en el Mediterráneo durante la Edad del Bronce Final. Esto sugiere que su presencia inicial en los Balcanes pudo haber sido parte de un movimiento migratorio más amplio y disruptivo, lo que podría haber influido en su estructura tribal descentralizada y su cultura guerrera, al estar acostumbrados al movimiento y al conflicto.
Los tracios estaban compuestos por numerosas tribus, entre las cuales el reino Odrisio se erigió como el estado tracio más poderoso y extenso de la Antigüedad, ejerciendo una gran influencia en los Balcanes durante los siglos V y IV a.C. Fue fundado por Teres. Otras tribus notables incluyen los Getas, Dacios, Escordiscos, Edones, Mariandinos y Odomantes.
Entre los líderes tracios destacados se encuentran Teres, Sitalces (reyes odrisios), Cotis I (quien resistió a Filipo II ), Berebistas (rey de Dacia, unificó un vasto territorio ) y Decébalo (rey de Dacia ). Figuras míticas como Orfeo y Reso también se asocian con la herencia tracia. Espartaco, líder de la revuelta de esclavos romana, era de origen tracio.
Las principales ciudades y sitios arqueológicos asociados con los tracios incluyen Seutópolis (capital del Reino Odrisio ), Perpericón (antiguas minas de oro y centro de culto ), Kazanlak (tumba tracia, sitio UNESCO ), y varios asentamientos a lo largo de la costa del Mar Negro y el Egeo. Ciudades modernas en la Tracia histórica abarcan Komotini, Xanthi, Alejandrópolis (Grecia), Estambul, Kallipolis, Edirne, Tekirdag (Turquía), y Plovdiv, Burgas, Stara Zagora (Bulgaria). El surgimiento del Reino Odrisio bajo Teres como el estado tracio «más poderoso y extenso» contradice directamente la observación de Heródoto de que los tracios, aunque numerosos, carecían de unidad y serían «invencibles» si estuvieran unidos. Esto sugiere que, si bien el individualismo tribal era una característica general, hubo períodos y líderes (como Teres y Berebistas ) capaces de forjar una cohesión política significativa, aunque a menudo efímera. El ejemplo odrisio demuestra que el potencial para una potencia tracia unificada existía, incluso si no se materializó de manera consistente en todas las tribus o se mantuvo frente a las presiones externas.
A continuación, se presenta una tabla con algunas de las principales tribus tracias y sus características asociadas:
Tribu Principal
Región(es) Asociada(s)
Líderes Notables
Característica Principal
Odrisios
Sureste de Tracia, Montes Ródope
Teres, Sitalces, Cotis I
Reino tracio más poderoso y extenso, unificó varias tribus
Getas
Norte del Danubio, Dacia
Berebistas, Dromiquetes
Unificaron un vasto territorio, conocidos por ricas tumbas
Dacios
Norte del Danubio, Dacia
Decébalo
Relacionados con los Getas, enfrentaron a Roma
Edones
Tracia occidental, cerca del Estrimón
Licurgo
Mencionados en fuentes griegas
Escordiscos
Región del Danubio medio
–
Tribu celta-tracia
Odomantes
Tracia oriental
–
Considerados peonios o tracios
La sociedad tracia se caracterizaba por su organización tribal y la frecuente ausencia de un estado unificado. Eran célebres por su ferocidad como guerreros , un ethos que se manifestaba en su arte y prácticas funerarias. Eran jinetes hábiles, utilizando los caballos tanto para la guerra como para la caza.
La poligamia era una práctica común, especialmente entre la nobleza. La nobleza de origen se indicaba mediante tatuajes. Su vestimenta incluía pieles de zorro en la cabeza, túnicas, mantos variopintos y botas de piel de cervato. La aristocracia, que incluía a reyes y a la alta nobleza, gozaba de un estatus elevado, evidenciado por sus tumbas monumentales y los suntuosos ajuares funerarios. Los reyes también desempeñaban una función sacerdotal, siendo custodios de ritos ocultos transmitidos de generación en generación. La combinación de un fuerte ethos guerrero, la poligamia y las elaboradas prácticas funerarias para la nobleza apunta a una sociedad altamente estratificada, donde el poder, la riqueza y el estatus estaban intrínsecamente ligados al éxito militar y a una clase aristocrática distintiva. La práctica de sacrificar una esposa favorita y un caballo al morir un rey no es solo una costumbre, sino un indicador profundo del poder absoluto del monarca, del estatus subordinado de las mujeres (aunque honradas) y de una arraigada creencia en la continuación del estatus y las relaciones terrenales en el más allá. Este ritual reforzaba la noción de una realeza divina o semidivina, cuya autoridad se extendía incluso más allá de la muerte física.
La religión tracia era predominantemente politeísta, con un panteón de dioses y diosas asociados con la naturaleza y la vida cotidiana. Una figura central en su mitología es Orfeo, célebre por sus habilidades musicales que podían encantar tanto a vivos como a muertos.
Un aspecto distintivo de la creencia tracia era el Orfismo, una religión mistérica que enfatizaba la inmortalidad y una existencia dichosa después de la muerte. Esto contrastaba notablemente con la visión griega de la muerte. El Orfismo incorporaba creencias sobre la reencarnación y la pureza del alma , y Orfeo era considerado el ancestro de los reyes tracios. Los tracios manifestaban alegría ante la muerte, creyendo que el difunto se liberaba del sufrimiento terrenal y accedía a la felicidad eterna. Este sistema de creencias influía en sus prácticas funerarias, incluyendo el sacrificio de una esposa favorita en el entierro de un rey para asegurar una vida eterna y dichosa juntos. La creencia tracia en la inmortalidad y su enfoque alegre de la muerte , particularmente a través del Orfismo, representa una profunda divergencia filosófica y cultural de sus vecinos griegos. Mientras que los griegos a menudo veían la muerte con pavor, la convicción tracia en una «dichosa existencia más allá de la muerte» y el concepto del viaje del alma a las «islas de los bienaventurados» proporcionaban un marco espiritual único. Este sistema de creencias probablemente impulsó su valentía marcial , ya que la ausencia de miedo a la muerte los convertiría en adversarios formidables, y también explica la elaborada inversión en rituales funerarios y tumbas monumentales, que eran vistas como «puertas de entrada a mundos celestiales».
Las prácticas funerarias tracias están bien documentadas gracias a los descubrimientos arqueológicos. Los reyes y la nobleza eran sepultados en tumbas monumentales, lo que reflejaba su alto estatus. Estas tumbas, a menudo colinas artificiales (túmulos), contenían intrincados objetos de oro y plata, que revelan tanto su habilidad artística como sus creencias sobre el más allá.
La práctica de sacrificar una esposa favorita y un caballo en el entierro del rey era común entre la élite, asegurando su compañía en la vida eterna. Las personas comunes eran incineradas, y sus cenizas se depositaban en urnas. Ejemplos notables incluyen la Tumba Tracia de Kazanlak (Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, siglo IV a.C., con frescos únicos ) y la Tumba de Sveshtari (siglo III a.C., tumba real con cariátides únicas ). El marcado contraste entre los elaborados entierros por inhumación, repletos de oro, destinados a la nobleza y la sencilla cremación para la gente común revela una jerarquía social muy rígida y visible, que se mantenía incluso en la muerte. Esta diferenciación en los ritos funerarios sugiere que el acceso a una «existencia dichosa» o a un más allá favorable estaba, en la práctica, vinculado al estatus social y la riqueza durante la vida, o quizás que los misterios órficos eran exclusivos de la élite. La escala monumental y el rico contenido de las tumbas reales no eran solo actos de conmemoración, sino procesos activos diseñados para asegurar el poder y el prestigio continuos del difunto en el ámbito espiritual, reforzando así la legitimidad de la élite viviente.
Los tracios fueron maestros artesanos, especialmente en la metalistería, y su orfebrería se considera excepcional. Elaboraron «verdaderas obras de arte en oro» , incluyendo intrincadas joyas y objetos rituales.
Entre los tesoros tracios más destacados se encuentran el Tesoro de Panagyurishte (más de 6 kg de oro puro, con escenas de mitología griega ), el Tesoro de Rogozen (165 vasijas de plata, 20 kg, que representan la vida cotidiana ) y el Tesoro de Valchitran (13 vasijas de oro, 12.5 kg ). Otros hallazgos significativos incluyen la máscara de oro del rey Teres y un collar, tiara y brazalete de oro recientemente descubiertos en la tumba de un jinete tracio del siglo I d.C.. Su arte muestra influencias de las culturas griega y persa, que supieron integrar hábilmente en su propio estilo distintivo. Las excepcionales habilidades en metalistería y la gran cantidad de oro y plata en los tesoros tracios indican más que solo talento artístico; sugieren un sofisticado sistema económico capaz de extraer, procesar y acumular una vasta riqueza mineral (proveniente de minas como Perpericón ). La integración de elementos artísticos griegos y persas demuestra no solo el intercambio cultural, sino también una sensibilidad artística adaptable y selectiva. No se limitaron a copiar, sino que «supieron tomar elementos de culturas como la griega o la persa para hacer algo propio, sumamente refinado» , lo que sugiere una identidad cultural segura que podía absorber influencias externas sin perder su carácter distintivo.
A continuación, se presenta una tabla con algunos de los tesoros y sitios arqueológicos tracios más notables:
Tesoro/Sitio
Tipo de Hallazgo/Sitio
Fecha (aprox.)
Ubicación (país moderno)
Descubrimientos/Características Clave
Significado
Tesoro de Panagyurishte
Objetos de oro (9 piezas)
Siglos IV-III a.C.
Bulgaria
Más de 6 kg de oro puro, escenas mitológicas griegas
Demuestra riqueza y habilidad orfebre, influencia griega
Tesoro de Rogozen
Vasijas de plata (165 piezas)
Siglo IV a.C.
Bulgaria
20 kg de plata, escenas de la vida diaria tracia
Fuente valiosa de información sobre la vida tracia
Tesoro de Valchitran
Vasijas de oro (13 recipientes)
Edad del Bronce Final
Bulgaria
12.5 kg de oro, para comida y bebida
Uno de los tesoros de oro más antiguos
Tumba de Kazanlak
Tumba tipo tholos con frescos
Siglo IV a.C.
Bulgaria
Pinturas murales únicas de banquete fúnebre
Patrimonio de la Humanidad UNESCO, arte funerario
Tumba de Sveshtari
Tumba real con cariátides
Siglo III a.C.
Bulgaria
Diez cariátides esculpidas, estilo mixto tracio-griego-macedonio
Patrimonio de la Humanidad UNESCO, arquitectura funeraria
Perpericón
Centro de culto y minas de oro
V milenio a.C. en adelante
Bulgaria
Minas de oro antiguas, centro episcopal romano
Importancia económica y religiosa a lo largo de los siglos
Máscara de oro de Teres
Máscara funeraria de oro
Siglo V a.C.
Bulgaria
Pesa más de 600 gr, hallada en el Valle de los Reyes Tracios
Refleja el estatus real y la riqueza
Tumba de jinete tracio (Topolovgrad)
Joyas de oro (collar, tiara, brazalete)
Siglo I d.C.
Bulgaria
Pertenecientes a un noble jinete tracio del ejército romano
Hallazgo reciente (2024), muestra integración militar romana
Las primeras referencias a los tracios se encuentran en los poemas homéricos, donde se les menciona como aliados de Príamo en la Guerra de Troya. Esto sugiere una presencia e interacción de larga data con el mundo griego. La colonización griega de las costas tracias comenzó alrededor del siglo VII a.C., impulsada por el deseo de controlar las rutas marítimas (Egeo, Propóntide, Mar Negro) y acceder a los recursos tracios como cereales, caballos, carne, pieles y sal. Esto condujo a un importante intercambio comercial, donde los griegos comerciaban productos manufacturados y cerámica a cambio de materias primas tracias.
El intercambio cultural fue recíproco: elementos religiosos tracios se incorporaron a la cultura griega (por ejemplo, Orfeo, Dionisio, Ares), y viceversa. Este intercambio se extendió a ideas, lenguas y alfabetos. A pesar de estas interacciones, los griegos a menudo consideraban a los tracios como «bárbaros» debido a su naturaleza guerrera. La colonización griega de las costas tracias estuvo motivada principalmente por razones económicas, centrándose en la extracción de recursos y el control de las rutas comerciales. Sin embargo, esta interacción económica condujo a un profundo intercambio cultural , lo que sugiere que, a pesar de la etiqueta de «bárbaros» , los griegos reconocieron y asimilaron aspectos valiosos de la cultura tracia, particularmente en el ámbito religioso (Orfeo, Dionisio). Esto pone de manifiesto una relación compleja donde la explotación económica y el prejuicio cultural coexistieron con la influencia y adaptación mutuas. La etiqueta de «bárbaros» pudo haber sido una herramienta para justificar su subyugación y la extracción de recursos, más que un reflejo preciso de la profundidad cultural tracia.
Tras la retirada persa, el Reino Odrisio alcanzó prominencia. Sin embargo, en el siglo IV a.C., el creciente poder de Macedonia bajo Filipo II comenzó a ejercer influencia sobre Tracia. El rey Cotis I intentó resistir a Filipo II, pero finalmente se vio obligado a reconocer la supremacía macedonia.
Filipo II conquistó partes de Tracia, incluyendo ciudades costeras y áreas ricas en oro como el Monte Pangeo. El territorio tracio se convirtió en una base crucial de reclutamiento para el ejército de Alejandro Magno, y generales y ejércitos tracios lo acompañaron hasta Asia. Tras la inesperada muerte de Alejandro, Tracia se convirtió en un territorio disputado entre sus sucesores, los Diádocos, incluido Lisímaco, quien llegó a ser rey de la Tracia helenística. La ubicación estratégica de Tracia y sus ricos recursos (especialmente el oro ) la convirtieron en un objetivo recurrente para las potencias imperiales. La conquista de Filipo II y la posterior integración de la mano de obra tracia en el ejército de Alejandro ilustran un cambio en la forma en que se utilizaba la fuerza tracia. En lugar de ser una potencia independiente, aunque fragmentada, los tracios se convirtieron en un activo militar vital para un imperio más grande. Esto subraya la vulnerabilidad de las estructuras tribales descentralizadas cuando se enfrentan a una fuerza militar unificada y bien organizada. La posterior lucha entre los Diádocos demuestra aún más la continua importancia estratégica de Tracia, pero también su destino como peón en juegos imperiales más amplios.
El contacto entre tracios y romanos se intensificó a partir del siglo III a.C. a medida que Roma expandía su influencia en la península balcánica, inicialmente a través de las colonias griegas. La conquista de Tracia por Roma fue un proceso gradual de «varios enfrentamientos, tratados y subyugaciones» a lo largo de décadas, más que una única campaña. El primer conflicto registrado ocurrió en el 92 a.C.. El Reino Odrisio fue finalmente suprimido por el emperador Claudio en el 46 d.C., y Tracia se convirtió en una provincia romana.
Una interacción notable fue la revuelta de Espartaco (73-71 a.C.), liderada por un gladiador tracio. Esta rebelión, aunque sofocada, dejó una huella imborrable en la memoria romana. La romanización subsiguiente condujo a una mezcla de prácticas culturales, religiosas y sociales romanas con las tradiciones tracias. Muchos tracios sirvieron en las legiones romanas, contribuyendo al crecimiento del imperio en diversas funciones. El «proceso gradual» de la conquista romana sugiere que Roma, a diferencia de los imperios persa o macedonio más centralizados, inicialmente trató con los tracios como una colección de tribus individuales, en lugar de una única entidad unificada. Este enfoque fragmentado, que implicaba «escaramuzas locales» y «tratados» , indica la flexibilidad estratégica de Roma al tratar con una población fragmentada pero resistente. La eventual romanización no fue una erradicación completa de la identidad tracia, sino un proceso sincrético, particularmente evidente en el uso continuado de lenguas nativas en algunas áreas y la absorción de tracios en el ejército romano. Esta integración militar, que incluyó el surgimiento de figuras como Espartaco, demuestra la continua importancia de los tracios como guerreros, incluso dentro del marco del poder romano, destacando una compleja dinámica de sumisión y contribución.
Tras la división del Imperio Romano, Tracia se convirtió en una parte importante del Imperio Bizantino. Aunque el legado cultural romano continuó bajo los bizantinos, la región se helenizó aún más, y el griego se convirtió en la lengua dominante. El nombre de «Tema de Tracia» se utilizó para una provincia cívico-militar. La transición de Tracia al Imperio Bizantino y su posterior helenización representa la etapa final de asimilación para la identidad tracia. Si bien el legado romano persistió, el cambio al griego como lengua dominante y la integración en el Imperio Romano de Oriente de habla griega significaron que la lengua y la cultura tracias distintivas se desvanecieron gradualmente, siendo absorbidas por la identidad bizantina más amplia. Esto subraya cómo los cambios lingüísticos y religiosos (Cristianismo Ortodoxo ) desempeñaron un papel crucial en la transformación cultural a largo plazo de la región, lo que finalmente llevó a la desaparición de una presencia etnocultural tracia distintiva.
El declive de la civilización tracia no fue un evento único, sino un prolongado proceso de subyugación y asimilación por parte de sucesivos imperios. Los factores clave incluyeron:
Falta de Unidad Política: A pesar de su número y destreza marcial, su individualismo tribal impidió una unificación sostenida, haciéndolos susceptibles a potencias más organizadas.
Conquista por Grandes Potencias: Sucesivas dominaciones por persas, macedonios y romanos erosionaron gradualmente su independencia.
Romanización: La integración en el Imperio Romano llevó a una mezcla de culturas, con muchos tracios sirviendo en las legiones romanas y adoptando prácticas romanas.
Invasiones Bárbaras: Durante la caída del Imperio Romano de Occidente y la Alta Edad Media, Tracia fue invadida frecuentemente por tribus «bárbaras» como los Godos, Hunos y Eslavos, lo que afectó aún más la cultura y demografía tracias.
Helenización bajo Bizancio: Como parte del Imperio Bizantino, la región se helenizó progresivamente, con el griego convirtiéndose en la lengua dominante, lo que llevó a la gradual desaparición de elementos culturales tracios distintivos.
El declive multifacético de la civilización tracia, que abarcó siglos e implicó tanto la fragmentación interna como las presiones externas , ilustra un complejo proceso de absorción cultural más que una desaparición repentina. La «falta de unidad» no fue solo una debilidad militar, sino una característica cultural que los hizo permeables a las influencias externas. Cada potencia imperial sucesiva (persa, macedonia, romana, bizantina) contribuyó a la erosión de la identidad tracia distintiva, no necesariamente a través de una erradicación forzada, sino mediante la imposición de nuevas estructuras administrativas, sistemas económicos y lenguas dominantes. Las «invasiones bárbaras» complicaron aún más esto, dando lugar a cambios demográficos y al surgimiento eventual de nuevas identidades étnicas en la región.
A pesar de su asimilación cultural, el legado de los tracios «impregna muchas facetas de la historia, el arte y la cultura del sudeste de Europa». Su civilización sigue siendo una «parte intrigante y significativa de la historia». La Tracia moderna se divide geográficamente entre Bulgaria, Grecia y la Turquía europea.
Los sitios arqueológicos y tesoros en Bulgaria (por ejemplo, Kazanlak, Panagyurishte, Rogozen, Perpericón) son cruciales para comprender su civilización y a menudo son sitios del Patrimonio Mundial de la UNESCO, atrayendo a turistas y académicos. El «legado duradero» de los tracios es predominantemente arqueológico e histórico, más que una cultura viva continua. Esto es una consecuencia directa de su completa asimilación en las culturas dominantes posteriores (romana, bizantina, eslava, otomana). El redescubrimiento moderno de su rica cultura material a través de la arqueología no se trata solo de desenterrar artefactos; se trata de reconstruir una narrativa «olvidada» e integrarla en la historia más amplia de Europa, desafiando los sesgos anteriores y mostrando su sofisticación. Este trabajo arqueológico en curso contribuye activamente a la formación de identidades nacionales en la Bulgaria, Grecia y Turquía modernas, ya que estos países reclaman partes de la herencia tracia.
La investigación arqueológica, particularmente desde 1983 en Bulgaria, ha sido fundamental para desenterrar el «oro de los tracios» y otros artefactos, proporcionando información detallada sobre su vida, costumbres y creencias.
Entre los hallazgos recientes clave se incluyen:
La máscara de oro del rey Teres (2004).
Una corona de laurel de oro en la tumba de un rey tracio (reciente).
Un conjunto de joyas de oro (collar, tiara, brazalete) de la tumba de un jinete tracio del siglo I d.C. en Topolovgrad, Bulgaria (2024). Este hallazgo particular subraya la importancia militar de los tracios incluso dentro del ejército romano.
La Tumba Tracia de Kazanlak y la Tumba de Sveshtari (sitios UNESCO).
Tesoros como Panagyurishte, Rogozen y Valchitran.
Estos descubrimientos obligan continuamente a los académicos a «repensar nuevas definiciones» de los tracios , ofreciendo una comprensión más directa y menos sesgada que las fuentes textuales antiguas por sí solas. La continua aparición de descubrimientos arqueológicos significativos (por ejemplo, el hallazgo de Topolovgrad en 2024 ) demuestra que nuestra comprensión de los tracios sigue evolucionando y está lejos de ser completa. Estos hallazgos no solo se suman a una colección, sino que están «forzando a los académicos a repensar nuevas definiciones». Esto indica que la narrativa tradicional, fuertemente influenciada por relatos griegos y romanos sesgados, está siendo revisada sistemáticamente por evidencia tangible. El énfasis en el oro y los elaborados ajuares funerarios en estos descubrimientos solidifica aún más la comprensión de la riqueza de la élite tracia y sus singulares creencias funerarias como pilares centrales de su civilización, proporcionando una visión más directa y menos filtrada de su mundo.
Los tracios, un pueblo indoeuropeo de los Balcanes antiguos, representan una civilización de notable profundidad, caracterizada por un formidable ethos guerrero, una sofisticada metalistería y creencias religiosas únicas centradas en la inmortalidad. A pesar de su fragmentación tribal inherente, que a menudo los hizo vulnerables a potencias imperiales más unificadas, lograron forjar poderosos reinos regionales como el Odrisio.
Su historia es un testimonio de interacciones complejas con civilizaciones vecinas: desde el comercio temprano y el intercambio cultural con los griegos, pasando por períodos de subyugación bajo persas y macedonios, hasta la eventual conquista y asimilación romana. Incluso bajo dominio extranjero, su destreza marcial persistió, contribuyendo a los ejércitos de los imperios y liderando la famosa revuelta de Espartaco.
Si bien su distintiva identidad cultural finalmente se desvaneció en el tejido más amplio de las culturas romana y bizantina, su legado perdura principalmente a través de una gran cantidad de descubrimientos arqueológicos. Estos tesoros, continuamente desenterrados en la Bulgaria moderna, proporcionan información invaluable sobre su arte, estructuras sociales y mundo espiritual, desafiando los sesgos históricos y enriqueciendo nuestra comprensión de la antigua Europa. La investigación en curso asegura que la cautivadora historia de los tracios continúe escribiéndose, revelando un patrimonio rico y resiliente que moldeó profundamente la historia del paisaje del sudeste europeo…
Arqueólogos han descubierto recientemente un notable sistema de distribución de agua de 1.800 años de antigüedad en el histórico castillo de Zerzevan, un asentamiento militar de la época del Imperio romano. Este importante descubrimiento ilustra sobre la ingeniería y la vida dentro de esta fortaleza.
Ubicado cerca del pueblo de Demirölçek, en el distrito de Çınar, a unos 13 kilómetros del centro de Diyarbakır, el castillo de Zerzevan se asienta sobre una colina rocosa de 124 metros de altura. El sitio es famoso por albergar el último templo de Mitra conocido del mundo dentro de un complejo militar, lo que lo convierte en un hito arqueológico valioso. Desde 2020, el castillo está incluido en la Lista Indicativa del Patrimonio Mundial de la UNESCO, lo que consolida su estatus como un destino turístico clave en la región.
Las excavaciones en curso en el Castillo de Zerzevan, iniciadas en 2014 como parte del proyecto Legado para el Futuro del Ministerio de Cultura y Turismo de Turquía, han revelado extensos restos. Estos incluyen una muralla defensiva de 15 metros de altura que se extiende a lo largo de 1200 metros, una torre de vigilancia de 21 metros de altura, iglesias, edificios administrativos, residencias, depósitos de grano y armas, tumbas rupestres, canales de agua, 63 cisternas, una iglesia subterránea y un refugio subterráneo con capacidad para 400 personas. El castillo también alberga túneles secretos y un templo subterráneo de Mitra, fundamental para los ritos religiosos antes de que el cristianismo se consolidara en el siglo IV d. C.
El último descubrimiento se centra en el descubrimiento de un intrincado sistema de distribución de agua de la época romana, descrito por el líder del equipo de excavación, el Prof. Dr. Aytaç Coşkun, como una «gran maravilla de la ingeniería». Según el profesor Coşkun, el sistema incluye canales de agua que se extienden fuera de las murallas del castillo y una impresionante red de 63 cisternas diseñadas para recolectar y almacenar agua de lluvia y de manantial.
La cisterna más grande cuenta con un techo abovedado con capacidad para 4000 toneladas de agua. El agua se transportaba al castillo desde tres manantiales, ahora secos, ubicados a 8,5 kilómetros de distancia mediante una sofisticada combinación de acueductos y canales. Por primera vez, los arqueólogos han descubierto el canal de distribución de agua que transporta el agua desde las cisternas principales a varios edificios dentro de la fortaleza, incluyendo las zonas residenciales y el Templo de Mitra.
Recientemente, los arqueólogos han descubierto un notable sistema de distribución de agua de 1800 años de antigüedad en el histórico Castillo de Zerzevan, un asentamiento militar de la época del Imperio Romano. Crédito: Osman Bilgin/AA
Además de este descubrimiento, se encontraron tuberías de cerámica conocidas como künk, que revelan el uso de sistemas de agua a presión durante la época romana. Esto permitía impulsar el agua hacia las zonas más altas del castillo, una tecnología avanzada para su época. También se identificó un pequeño mecanismo de cascada dentro de la cisterna abovedada, que alimentaba la red de distribución.
Entre los hallazgos se encontraban fragmentos de antiguas botellas de agua, lo que indica cómo soldados y civiles transportaban agua. El profesor Coşkun destacó la enorme capacidad de almacenamiento de agua del castillo, capaz de abastecer a miles de personas durante un año entero sin necesidad de fuentes externas.
La fortaleza albergaba a unos 1600 habitantes, pero podía acoger a muchos más durante los asedios, ya que los habitantes de las zonas circundantes buscaban refugio bajo tierra. La extensa ciudad subterránea, con grandes reservas de agua, garantizaba la supervivencia durante ataques prolongados.
Señaló el profesor Coşkun:
Este sistema de distribución de agua de 1800 años de antigüedad, descubierto en el Castillo de Zerzevan, nos proporciona evidencia tangible de los sofisticados desarrollos de ingeniería y arquitectura del Imperio Romano.
El Castillo de Zerzevan ocupa una posición estratégica entre las antiguas ciudades de Amida (la actual Diyarbakır) y Dara, dominando un amplio valle y controlando rutas comerciales vitales. La fortaleza fue testigo de intensos conflictos entre los imperios romano y sasánida.
Sus orígenes se remontan al período asirio, pero el principal asentamiento militar se estableció en el siglo III d. C., durante la época romana. El castillo se utilizó continuamente hasta las conquistas islámicas del año 639 d. C.
Las murallas y los edificios de la fortaleza fueron reparados y parcialmente reconstruidos durante los reinados de los emperadores bizantinos Anastasio (491-518 d. C.) y Justiniano I (527-565 d. C.), lo que mejoró aún más su capacidad defensiva.