Un brazalete de plata de la cultura El Argar, encontrado en una tumba de Almería, revela el uso de la fundición a la cera perdida, un método sofisticado no documentado hasta ahora en el occidente europeo de la época.

Un estudio de un brazalete de plata, descubierto en 1884 en la necrópolis de El Algar (Almería), muestra que fue fabricado mediante la técnica de fundición a la cera perdida.

Se trata de la primera evidencia de este complejo proceso metalúrgico no solo en la cultura del Algar, que dominó el sureste de la Península Ibérica entre el 2200 y el 1550 a.C., sino también en toda la Europa occidental durante la Edad del Bronce antigua.

La investigación, publicada en la revista Oxford Journal of Archaeology por la arqueóloga Linda Boutoille, de la Universidad Queen’s de Belfast, reevalúa las capacidades tecnológicas de esta enigmática sociedad. El hallazgo sitúa a los artesanos argáricos a la vanguardia de la innovación metalúrgica en su tiempo, planteando nuevas preguntas sobre la organización social de la producción y el grado de especialización artesanal.
La cultura de El Argar es conocida por los debates sobre la estratificación social y la posible emergencia de formas estatales tempranas. Una de sus señas de identidad más destacadas es la abundancia de objetos de plata, un metal mucho más raro en el resto de la Europa de la Edad del Bronce. Se han documentado más de 700 piezas de plata en su territorio, de las cuales cerca de 300 proceden únicamente del yacimiento de El Argar.
Se afirma en el estudio:
La relativa abundancia de objetos de plata en la cultura de El Argar la distingue del resto de la Europa de la Edad del Bronce.
La orfebrería de la plata es considerada una de sus innovaciones más notables. Los ajuares funerarios, especialmente ricos en algunos casos, han servido a los arqueólogos para identificar a los miembros de una posible clase social dominante, para los que estos bienes suntuarios actuarían como marcadores de estatus.
Hasta ahora, se pensaba que las técnicas metalúrgicas argáricas eran relativamente simples. La mayoría de los objetos de plata son anillos, espirales o diademas, fabricados principalmente por fundición sólida en moldes o mediante el martilleado de alambres. La decoración es excepcional y no se habían identificado indicios de procesos más complejos, como la fundición a la cera perdida.
El brazalete en cuestión fue encontrado en la Tumba 292 de El Argar, una sepultura en pithos (una gran vasija) que contenía los restos de una mujer de entre 20 y 30 años.
Aunque la tumba estaba parcialmente destruida y carecía de algunos objetos típicos de los enterramientos femeninos ricos, como un puñal o un awl (punzón), el conjunto incluía ocho objetos de plata, lo que sugiere que la difunta pertenecía a la clase social alta.
El brazalete es un anillo cerrado de plata, de forma circular y con tres acanaladuras en su cara externa. Ya en 1890, los hermanos Siret, pioneros en la excavación del yacimiento, lo describieron como de una forma diferente y única. Lo que lo convierte en un objeto excepcional no es solo su diseño, sino cómo fue hecho.
La técnica de la cera perdida consiste en crear un modelo del objeto deseado en cera de abeja. Este modelo se recubre con varias capas de arcilla para crear un molde. Al calentarlo, la cera se funde y se vacía, dejando un hueco en el molde donde se vierte el metal fundido. Una vez enfriado, el molde de arcilla se rompe para extraer la pieza metálica.
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Boutoille examinó el brazalete con un microscopio digital de alta resolución. Lo que encontró fueron una serie de imperfecciones y marcas que solo pueden explicarse por este proceso. En la superficie irregular del brazalete se identificaron marcas de alisado en el interior y, lo que es más revelador, huellas de que las acanaladuras exteriores fueron talladas en un material maleable, como la cera, y no grabadas en el metal ya fundido.
Además, se observaron pequeños defectos de fundición que cubren parcialmente una de las acanaladuras y, de manera especialmente significativa, una huella dactilar conservada entre dos de los surcos.
Todas estas marcas son trazos residuales del modelado en cera antes de la fundición del brazalete de plata.
Dos irregularidades específicas, situadas en lados opuestos del brazalete, han sido interpretadas como los puntos donde se retiraron el bebedero y el respiradero del molde una vez roto, después de que la plata se hubiera enfriado.
Estas trazas proporcionan una evidencia convincente de que el brazalete fue elaborado utilizando el proceso de la cera perdida.
La calidad del modelo de cera, sin embargo, no era perfecta. Las imperfecciones sugieren que el modelo fue producido rápidamente sin suficiente atención al detalle, o que no fue terminado correctamente. Esto podría indicar que quien lo fabricó no tenía mucha experiencia con el material o que la cera no era pura.
Dada la rareza de esta técnica en la región y la existencia de contactos a larga distancia, una pregunta inevitable es si el brazalete fue una producción local o un objeto importado. El estudio concluye que todo apunta a un origen local.
La abundancia de objetos de plata es una de las principales señas de identidad de la cultura de El Argar, en un momento en que los objetos de este metal siguen siendo extremadamente raros en otros lugares de la Europa de la Edad del Bronce antigua; el uso de la plata aquí sugiere firmemente que el brazalete fue producido localmente.
Tipológicamente, el brazalete se asigna al tipo Villena-Estremoz (subtipo B), un grupo de joyas de oro de alta calidad de la Edad del Bronce Final en la Península Ibérica, famosas por su técnica depurada que incluye la cera perdida y el uso del torno. El brazalete de El Argar, en plata, podría ser un prototipo precursor de estos prestigiosos ornamentos en oro, sugiriendo que esta tradición tecnológica pudo tener sus raíces en el sureste de España dentro de la esfera cultural argárica.
El descubrimiento tiene profundas implicaciones para nuestra comprensión de la sociedad de El Argar. El brazalete, junto con otros objetos únicos también analizados en el estudio que podrían haber sido fabricados con la misma técnica, proceden siempre de las tumbas más ricas, las atribuidas a la élite.
Esto podría indicar que el acceso a los objetos realizados con esta técnica compleja estaba restringido a la clase gobernante. Curiosamente, en el yacimiento de Fuente Álamo, las herramientas de piedra asociadas a la separación de la cera de abeja y la miel se han encontrado principalmente en la acrópolis, donde se localizan las tumbas más ricas. En algunas de estas herramientas se han detectado restos de grasa animal o resina de pino mezclados con cera, lo que podría estar relacionado con intentos de mejorar la maleabilidad de la cera para el modelado, una práctica conocida entre los metalurgistas.
Sin embargo, la calidad variable de los objetos argáricos, incluido este brazalete que, a pesar de usar una técnica avanzada, muestra un acabado descuidado, sugiere otra posibilidad: que el conocimiento de esta técnica no estaba restringido a un grupo reducido de especialistas altamente cualificados. Esto abre la puerta a que la producción metalúrgica en El Argar fuera más compleja de lo pensado, con diferentes niveles de habilidad.
El debate sobre la organización de la metalurgia en El Argar está servido. Por un lado, existe la visión de que estaba controlada por la élite, con especialistas a tiempo completo produciendo objetos de alta calidad como espadas o diademas en talleres especializados. Por otro, muchos investigadores señalan que la gran mayoría de los objetos metálicos argáricos son de calidad modesta y probablemente resultado de una producción doméstica, no centralizada.
El brazalete de la Tumba 292, que atestigua una técnica avanzada pero con un acabado tosco, podría ser un ejemplo de esta producción doméstica. Estas [dos visiones] pueden no ser totalmente incompatibles, señala el artículo. La revisión de los datos disponibles indica la existencia de al menos dos niveles distintos de artesanía metalúrgica: una producción doméstica, responsable de la mayoría de los objetos, y una producción especializada y de alta calidad, limitada a la élite.
El estudio de la arqueóloga Linda Boutoille dice:
El estudio de las trazas de fabricación en un brazalete de plata de El Argar, Tumba 292, demuestra que el objeto fue producido usando la técnica de fundición a la cera perdida, un proceso no atestiguado previamente para la cultura de El Argar. Hasta la fecha, esto representa la evidencia más temprana en Europa Occidental del uso de esta técnica.
Este único brazalete de plata obliga a reescribir un pequeño fragmento de la historia de la tecnología, sugiriendo que la destreza de los metalurgistas del sureste de la Península Ibérica en la Edad del Bronce fue, probablemente, más compleja e innovadora de lo que se pensaba anteriormente.
Boutoille L. (2025) First evidence of lost-wax casting in the Earlier Bronze Age of South-eastern Spain: the silver bangle from El Argar, grave 292, Oxford Journal of Archaeology, doi:doi.org/10.1111/ojoa.70005
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