
Mi esposa es artista, y yo soy artista, tuvimos una pelea sobre el hecho de que yo estaba, eh, más expuesto al público que ella. Ella fue al dormitorio, yo fui tras ella y ella saltó por la ventana.

Es madrugada del 8 de septiembre de 1985. Cuando la policía llega al apartamento del piso 34º del rascacielos del Greenwich Village donde convive la pareja, la vivienda esta hecha un desastre, hay una ventana abierta y el escultor que había llamado por teléfono tenía arañazos en la cara y en los brazos.
Unas horas después, en comisaría, cambia su versión: habían bebido mucho, no recordaba nada. Vieron una película. Ella fue a acostarse. Cuando él siguió sus pasos media hora más tarde, la cama estaba vacía y en la estancia no había nadie.
Eso es todo. Pero el portero del edificio testificó que había escuchado a una mujer que gritaba ¡No, no, no…! segundos antes de que un menudo cuerpo impactara contra el techo de una tienda de delicatessen abierta toda la noche.
Carl Andre, uno de los titanes del minimalismo, un hombre frío y distante, es acusado de asesinar a la artista cubana Ana Mendieta, una estrella ascendente con miedo mortal a las alturas. Andre es juzgado y absuelto en base al principio de duda razonable.
Elige ser juzgado por un juez en lugar de por un jurado popular para evitar la presencia de mujeres que, según su abogado, podrían quizá ser influidas por el supuesto asunto feminista.
La estrategia de su defensa consistió en insinuar que su mujer es inestable emocionalmente y tiene tendencias suicidas.
Carl Andre es juzgado y absuelto de tirar por la ventana a Ana Mendieta. La sospecha le persigue siempre
Andre continua viviendo en aquel apartamento hasta el final de sus días, la semana pasada, cuando muere a los 88 años.
Nunca deja de exponer, pero es objeto de piquetes en los museos y las sospechas sobre lo que sucede esa noche le persiguen siempre. El caso divide al mundo del arte, que levanta un sofocante muro de silencio.
En Death of an Artist , una reciente serie de podcasts presentada por la escritora y comisaria de arte Helen Moleworth, la académica B. Ruby Rich, que conoce al matrimonio, recuerda que el asistente del fiscal declara que nunca antes en la investigación de un crimen se habían encontrado con tantos silencios y resistencias, a excepción de los casos de la mafia.
La versión de Wikipedia insiste:
En 1988, Andre asesinó a su esposa, la artista Ana Mendieta.
¿Cómo volver a mirar sus obras sin que te afecte ?
El pionero del minimalismo y poeta de la austeridad, fallece este jueves a los 88 años en Nueva York.
Su trayectoria como uno de los nombres centrales del arte estadounidense del siglo XX es empañada por la acusación de haber asesinado a su esposa, la artista cubana Ana Mendieta en 1985.
Es absuelto tres años después por falta de pruebas, aunque las inciertas circunstancias de su desaparición, tras caer al vacío desde el 34º piso de su domicilio, al sur de Manhattan, manchan su reputación hasta el día de su muerte, en una unidad de cuidados paliativos.
Nunca deja de ser expuesto y forma parte de las mayores colecciones del mundo, pero cada inauguración de sus muestras viene acompañada de protestas de colectivos feministas en memoria de su mujer.
Con su muerte desaparece un supervivientes de la generación de minimalistas que cambian la historia del arte del siglo XX, como Donal Judd o Robert Morris.
Todo ellos impulsan un estilo y un lenguaje formal situados en las antípodas de la monumentalidad heroica de los popes del expresionismo abstracto de la generación anterior, como Jackson Pollock o Mark Rothko, prefiriendo la austeridad, el rigor y la simplicidad de las formas. Nacido en Quincy (Massachusetts) en 1935, hijo de un emigrante sueco que trabaja como delineante naval, Andre se forma con becas en distintos centros académicos de prestigio, en los que descubre que su talento para la pintura y el dibujo son nulos, por lo que se orienta hacia la escultura.
Aboga por un arte neolítico, sin significados ocultos ni subtextos intelectuales, que apuesta por geometrías sencillas que coloca a ras de suelo, en pilas, pirámides y otras formas
No practica esa disciplina con ortodoxia. Sus piezas usan materiales industriales no alterados, como acero, aluminio, granito, madera o ladrillos.
Con ellas erige estructuras geométricas sencillas que coloca a ras de suelo, en pilas, pirámides y otras formas. Sus influencias son múltiples.
Le marca una visita a Stonhenge cuando tiene 19 años, que genera su discurso de crear un arte neolítico, sin significados ocultos ni subtextos intelectuales.
También el contacto con la obra de Frank Stella, con quien comparte estudio en el efervescente Soho de los cincuenta (y que acaba pagando su fianza y su defensa legal tres décadas más tarde), le permite entrar en contacto con los círculos de vanguardia en Nueva York.
Nunca le gusta, pese a todo, que le llamen minimalista, prefiriendo el término, más poético y un tanto ampuloso, de matterist o artista de la materia.
Su primera exposición es en 1965 en una galería neoyorquina, seguida de otra en el Jewish Museum de Nueva York en 1966 y de una participación destacada en la Dokumenta de Kassel, en 1968. En 1970, el Guggenheim de Nueva York le dedica su primera gran retrospectiva, convirtiéndolo en uno de los nombres centrales del arte estadounidense.
Pese a todos los honores, Andre mantiene una relación complicada con el mercado, la prensa especializada y el resto de sistemas de legitimación del sector.
Insta a los artistas a no fichar por ninguna galería, a no conceder entrevistas y a exponer solo para amigos y colegas, aunque luego no siempre predique con el ejemplo. Su ideología izquierdista se transparentaba también en su sempiterno mono azul, que llega a vestir en el juicio por el asesinato de su mujer. Solía decir que no lo luce por su progresía sino para ocultar su barriga.
La muerte de Mendieta, ocurrida ocho meses después de su matrimonio, perjudica su reputación, pero no lo deja fuera de mercado, donde sigue siendo celebrado por los mayores museos del mundo. Pero, pese a ser absuelto, nunca se desprende de la sombra de esa acusación, en parte por las versiones contradictorias que da sobre la desaparición de su esposa. En un primer momento, Andre sostiene que Mendieta se tira por la ventana durante una discusión, cuando él la persigue por su apartamento y ella acaba saltando al vacío (Mendieta es de baja estatura y no llega a la ventana). Más tarde, dice a la policía que Mendieta acuesta después dicha pelea y que, cuando él entra en el dormitorio, se encuentra con la cama vacía y la ventana abierta. Según los abogados de Andre, se habría suicidado o caído accidentalmente. Tenía 36 años.
En los últimos años, Andre protagoniza grandes exposiciones en el Museo de Arte Moderno de París en 2010, el Dia de Nueva York en 2014 —en una muestra que después viaja al Palacio Velazquez en Madrid— o el MOCA de Los Ángeles en 2017. Su obra forma parte de colecciones como las del MoMA de Nueva York o el Centro Pompidou de París.
Además, participa en la Bienal de Venecia de 2013. El prestigio de Mendieta, también se incrementa en los últimos años, cuando muchos museos han prestan atención a su obra. El Musac de León inaugura este sábado una muestra dedicada a Mendieta que puede visitarse hasta el 19 de mayo.

En el suplemento Babelia de El País de hoy sábado 3/2/24 viene una página «Ana Mendieta nunca volvió a casa», sobre una exposición en el MUSAC de León.
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Pensaba hablar de la exposición mañana, Carl Andre murio 24 horas antes de la inauguración de la muestra. Su hermana Raquel lleva una fundacion y administra los bienes y la coleccion.
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