

Leonard Woolley
El-Obeid 5000-3500 a.C.
Uruk 3500-3100 a.C.
Jemdet Nars 3100-2900 a.C.
Dinastías Reales 2900-2350 a.C.

La ciudad de Ur, una de las grandes metrópolis sumerias, habitada desde El-Obeit, desde el V milenio a.C., vive su momento de máximo esplendor durante la época de las dinastías reales durante la segunda mitad del tercer milenio a.C., pero pierde relevancia tras 2000 años de esplendor a partir de la conquista de Sargón de Akad (2270-2215).

El ocaso de los sumerios lo propicia Sargón de Akad y a partir de ese momento el centro neurálgico, se desplaza desde las ciudades sumerias, entre las que esta Ur, hacia el norte

Ur todavía vive una época muy brillante, a finales del tercer milenio a. C se erige el zigurat de Ur, el mejor conservado, y uno de los más espectaculares, erigido en torno al 2100 a.C. pero después de la conquista de Sargón de Akad, a medida que el centro se desplaza hacia Babilonia, o hacia las ciudades asirias, las ciudades sumerias giran hacia la irrelevancia y Ur, se convierte en un lugar secundario.

Ese proceso se completa en torno al 400 a.C. cuando este territorio pertenece al imperio persa, cuando hay una crecida del Eufrates que pasa al lado y abastece a Ur, y como consecuencia de la crecida, el rio cambia su curso, y como resultado, Ur que es una ciudad rica por el rio, queda apartada varios kilómetros por el rio, y se convierte en un lugar olvidado y abandonado.

En el XIX los extranjeros buscan objetos en la abandonada ciudad de Ur, y desdeñan los materiales que son aprovechados por los lugareños como canteras, con lo que el destrozo es grande.

Puavi
A comienzos del XX, nadie cree que en Ur quede algo interesante que encontrar y el lugar se encuentra en el máximo de los abandonos, mal excavado por arqueólogos y saqueado por los lugareños.

Leonard Wolley (1880-1960) arqueólogo británico, compañero de andanzas de Lawrence de Arabia, que trabaja para el ejército y para el servicio de inteligencia británico durante la I Guerra Mundial, conoce muy bien esta zona, está convencido de que Ur tiene todavía posibilidades y que puede ser, uno de los enclaves sumerios más interesantes para realizar en él una excavación.

En 1922 Woooley y su esposa, se instalan en Ur para llevar adelante la primera investigación científica, brillante, seria del yacimiento que se había llevado a cabo.

En esta primera excavación, tiene un éxito inmediato. Los arqueólogos del XIX consiguen logros al descubrir el zigurat en honor al dios de la luna.

Pero Woolley escavando de forma ordenada, con criterios científicos, es un extraordinario arqueólogo, saca a la luz toda la ciudad, dando a conocer como es la ciudad sumeria, el urbanismo, como se distribuyen las calles, los barrios, como viven los sumerios, desde el III milenio a.C.

Desde el principio de las excavaciones, ya localiza la necrópolis de la ciudad, que se encuentra en uno de los extremos de la ciudad de Ur, empieza a localizar tumbas reales, datadas en el momento de la cultura sumeria.

En estas necrópolis había sido localizada ya en las primeras campañas y se sospecha que podía arrojar resultados interesantes, pues en la zona aparecen con frecuencia, objetos de oro.

Y todo parece indicar, no solo aportarían información del mundo o de la muerte de los sumerios, sino que también pueden dar lugar a hallazgos espectaculares.

Howar Carter en este momento está excavando en el Valle de los Reyes y hay una gran expectación en este momento ante los espectaculares hallazgos que está aportando la arqueología.

Pero Wolley, es un arqueólogo profesional y minucioso y no quiere comenzar la excavación por la zona de las tumbas reales, sino que espera hasta conocer perfectamente el resto de la ciudad.

Igualmente, sabedor como es de que la colección de objetos valiosos puede atraer, no solo los trabajadores con pocos escrúpulos sino la de los lugareños de la región, se preocupa los primeros años de la campaña de localizar a los trabajadores más serios, los más responsables, con los que desarrolla lazos de confianza.

Con los líderes que llevan a estos trabajadores, para conseguir su lealtad, y cuando ha conseguido todo esto, Wolley comienza la excavación de la necrópolis.

En un primer momento, no aparece nada, después aparecen cientos de tumbas con ajuar increíblemente pobre y muy juntas, como si esa gente hubiera querido enterrarse así en ese lugar, como si ahí hubiera algo ante lo que quisieran estar cerca.

Al final de la excavación, cuando llevan cientos de tumbas muy modestas, aparece una daga de oro con una empuñadura de lapislázuli, siguen excavando, justo en esa zona y llegan a un recinto donde hay un ataúd, dentro del cual hay un cadáver que se corresponde con la necrópolis real 755 (PG755) y a este cadáver le acompaña un ajuar espectacular.

Encuentran dagas de oro con empuñaduras de lapislázuli, dagas de oro con empuñaduras de marfil, etc, vajillas, objeto en oro, plata, lanzas, puñales y sobre todo el objeto más espectacular de la tumba, un casco de oro que debe cubrir la cabeza de un personaje importante.

Este personaje, al que pertenece la tumba es el rey Mescalaunduf, un gobernante sumerio de Ur, que reina en torno al 2600 a.C. en el siglo XXVII a. C y que se entierra con este espectacular ajuar.

El arqueólogo está preocupado porque haya saqueos en el yacimiento, la zona de las tumbas reales es muy grande, hay una gran densidad de enterramientos, tiene que parar la campaña y eso supone que las tumbas van a quedar a la intemperie, sin vigilancia, durante un año y eso puede llevar a que los locales, sabedores de que han aparecido tesoros, saquearan el lugar.

Por lo que Woolley que tiene otras habilidades, se asegura de tener las lealtades garantizadas de los jefes de clan, para que las tumbas descansen hasta el año siguiente.

La campaña de 1927, se topa con un túnel de saqueo que lleva a un corredor y este a una tumba.

Dado lo que ha encontrado supone que la tumba que hay bajo la tumba este completamente saqueada, pero la tumba que encuentra 2500 a.C está intacta y encuentra un montón de objetos desperdigados por la tumba, muchos de ellos están enterrados en la tierra. Es capaz de detectar pequeñas debilidades en los estratos, que revelan que ahí había un resto, como de una madera que se había degradado.

Cuando encuentra esto, mete unas varillas, hace un poquito de hueco y arroja yeso y espera a que lo que allí hubiera se solidificara por el yeso y después lo extraía de la tierra.

Así rescata varios instrumentos musicales que al paso de los 4000 años se han descompuesto pero que al hacer este proceso se puede restituir la forma al arrojarlo por estos agujeritos porque queda este hueco en la tierra.

No solo rescata instrumentos musicales sino incrustaciones de lapislázuli con oro, un carro con incrustaciones en oro, encuentra sellos, encuentra objetos tallados en cristal de roca, pero lo que más llama la atención del arqueólogo son los cadáveres.

A la entrada de la tumba, donde está el túnel de saqueo, Woolley se encuentra con los cadáveres de cinco mujeres jóvenes colocados cuidadosamente encima de una estera.

Un poco más adelante, está el carro de madera, y hombres que seguramente los aurigas o los arrieros del carro, al lado del carro, había dos bueyes, y un poco más allá, tumbadas había diez mujeres acompañadas de joyas e instrumentos musicales.

La tumba no pertenece a ninguna de estas personas, hay un recinto con un arcón y dentro un cadáver, que corresponde seguramente al dueño de la tumbas que se encuentra acompañado de un ajuar espectacular, de oro, lapislázuli y cubierto con un tocado, que incluye un tocado de oro para la cabeza y los arietes para la cabeza.

El dueño de la tumba, no es un hombre, sino una mujer. Aparece un cilindro sello al lado de la tumba y este cilindro se lo lleva un nombre, Puavi, que ostenta el título, Nin.

Puede ser reina y suma sacerdotisa.

De pronto hay un arcón de madera que no viene a cuento, pero al retirar ese arcon, Woolley encuentra otra cámara funeraria que está debajo de la Nin Puavi.

A Woolley le extraña que los que han hecho el túnel de saqueo hayan pasado por la tumba de la Nin Puavi, atravesando vasos de oro, lapislázuli, cristal de roca tallado etc a un lado, con todo su ajuar espectacular y no se lleven nada.

Al descubrir el agujero que esta tapado con el arcón, es desde un inicio el objetivo de los ladrones, no la tumba de la Nin Puavi, que es pobre para ellos, que buscan otro enterramiento que esta bajo de la Nin Puavi.

Saquean la tumba que hay bajo de la Nin puabi y colocan el arcón sobre el agujero que han hecho para entrar en la otra tumba, disimulando su acceso.

Wolley decide seguir la dirección de los saqueadores, penetrar más aun y llegar hasta la cámara funeraria que está debajo de la de Puavi.

Al descender encuentran otra tumba (PG 789) que tal vez sea del esposo de Puavi y que ambas tumbas pertenecen al mismo complejo funerario.

El agujero que hacen los ladrones esta encima de la cámara funeraria principal de esa tumba y es saqueada. Los ladrones se llevan casi todo, no hay cadáver, no se puede saber quien esta enterrado allí, aunque en la tumba aparecen bastantes armas, una especie de juego de tablero, nuevas liras de oro, lapislázuli y nácar, con escenas grabadas en el frontis de animales realizando labores de la vida cotidiana.

Al encontrar en la tumba tantas armas se deduce que es una tumba de hombre y que este es el marido de la Nin Puavi.

Pero como ocurre en la tumba de la nin Puavi, lo más interesante son los cadáveres que aparecen en la tumba.

Wolley encuentra los cadáveres de 6 hombres jóvenes que llevan puñales, una capa, lanzas y que se supone son guerreros, soldados que protegen la entrada de la tumba.

Después localiza los cadáveres de 4 bueyes y detrás el carro del que supone tiran, y junto a ellos los cadáveres de varios hombres que deben ser los aurigas y los conductores de los carros.

Junto a estos cadáveres aparecen otros cadáveres de sirvientes, otros de mujeres, más cadáveres de sirvientes, de mujeres acompañadas de instrumentos musicales y en total, más de 50 muertos.

Estos muertos son colocados en la tumba en el momento de realizar el enterramiento del personaje principal, del presunto esposo de Puavi.

Se colocan todos ocupando el lugar de su función y parece que todos mueren en el momento del enterramiento, significa que la Nin Puavi y el marido son gobernantes tan poderosos que tienen un ascendente tal sobre la población de Ur que decenas de personas los acompañan a la tumba, mueren en el momento del enterramiento y posiblemente, siguen sirviendo a Puavi y su esposo en el otro mundo. Junto a los cadáveres han encontrado muchos vasos, vasos de arcilla, de oro, lapislázuli, plata.

Reina Puavi
Wolley desarrolla la teoría de que todos penetran en la tumba y mientras los músicos tocan las arpas, los sirvientes beben de sus copas de veneno, mueren lentamente, se quedan tumbados en la tumba después entra alguien coloca los cadáveres bien ordenados en su sitio, los cubren de tierra y sellan el lugar.

En algunas tumbas, junto a indicios de que estas personas mueren por su propia mano y envenenadas, tal era el ascendente que disfrutan los dirigentes de Ur, parece que hay algunos que muestran una muerte violenta, lo que revela que en los momentos finales cuando había que beber el veneno, más de uno se revela y le dan una muerte violenta.

Wolley sigue escavando la necrópolis y descubriendo su intrincada estructura, estos personajes, no solo disfrutan de un ascendente tal que decenas de hombres y mujeres jóvenes los acompañaban en el viaje de la muerte de forma voluntaria.

Sus tumbas se convierten en objeto de culto y los habitantes de Ur pugnan por enterrarse cerca de ellas y es que todas estas tumbas están rodeadas de otros enterramientos, muy pegados unos a los otros, y encima de todo esto hay una superestructura donde tal vez se le rinde culto a los señores y señoras muertos de la ciudad de Ur.

Wolley sigue escavando y descubre otras tumbas menos espectaculares, pero no menos interesante, como la tumba en la que haya un huevo de avestruz de oro.

Estos prohombres enterrados en las tumbas de Ur, no solo tienen un ascendente tal que hombres y mujeres jóvenes se entregan a la muerte para servirles en la otra vida, sus tumbas se convierten en objeto de culto y los habitantes e Ur pugnan por enterrarse cerca de ellas.

Estas tumbas reales de las que hablo cuenta con infinidad de enterramientos, muy pegados entre sí.

No solo encuentra el huevo de avestruz de oro sino uno de los objetos más famosos de la cultura sumeria y uno de los que aparecen ligado a Ur, que es el famoso estandarte real de Ur.

Esta pieza ha generado controversias, Woolley la encuentra en la esquina de una tumba al lado del hombreo de un hombre muerto, así que piensa que este objeto que no es muy grande, debe de tratarse de funda o estuche de estandarte que este hombre lleva al hombro.

No se sabe cuál es la forma real del objeto, todo el objeto está hecho en madera, la madera cubierta de bitumen, pariente del petróleo, muy pegajoso, sobre el bitumen, como si fueran las piezas de un puzle, se habían ido pegando trozos de piedra roja, trozos de piedra color tierra y trozos de lapislázuli para componer las escenas del Estandarte Real de Ur.

Toda la parte de madera sobre la que se depositan las piezas se descompone hace cientos de años, solo quedan las piezas sobre la madera descompuesta y cuando Woolley las localiza, les dice a sus ayudantes que las recuperen con cuidado y echa yeso para tratar de recuperar la forma original sobre la que se apoyan.

Así se organiza el puzle, pero no se sabe con certeza cuál es la forma original, de la pieza de madera que hay debajo.

Muchos creen que es un arpa, de hecho, arpas es el objeto que más abunda en estas tumbas reales.

Gracias a la minuciosa excavación Wolley se puede recomponer el puzle de los dos lados del Estandarte Real de Ur, y encontrar dos interesantes escenas.

Una escena es bélica y la otra escena es un momento de paz.

En la escena de paz vemos al rey, acompañado de los hombres de su corte, también con un carro, con su auriga, vemos como le presentan a los enemigos derrotados, bajo se ve a sus soldados cubiertos con capas, como las que se intuyen en los soldados que guardan las tumbas, hay nuevas escenas de prisioneros capturados, y en la escena inferior se ven carros de Ur que pasan al galope sobre los cadáveres de los enemigos.

En el panel de la paz, hay alguien más grande del resto, que se cree es el sumo sacerdote de Ur, con gente de su corte, bebiendo y comiendo, mientras músicos tocan arpas, y mientras se les presentan tributos y muchos bienes.

Durante mucho tiempo se ha creído que estas dos escenas no tienen nada que ver entre sí, hoy los investigadores están convencidos que las escenas representan la misma cosa.

Una conquista, una victoria militar. En el panel de guerra, tenemos una conquista, manu militari y en el panel de paz, esta la celebración posterior a la victoria, cuando los enemigos derrotados traen los tributos que tienen que pagar por el precio de su derrota.

En el arte sumerio hay una peculiaridad y es que les gusta representar algo con sus dos situaciones opuestas, una forma de representar el tiempo es representando el sol y la luna, la noche y el día.

Dos conceptos opuestos pero que se muestran para representar el paso del tiempo. En este estandarte real de Ur, están una deliciosa representación de la forma de representar sumeria, una victoria militar, mostrando los dos momentos, cuando derrota a los enemigos y cuando presentan vasallaje celebrando la victoria.

Las tumbas estan a decenas de metros bajo tierra, es necesario escavar mucho para llegar hasta el fondo.

Estas últimas tumbas de la necrópolis, las más antiguas, son también las más cruentas, la tumba (PG 1237) recibe por parte de Wolley el título de la gran fosa de la muerte.

En esta gran fosa de la muerte aparecen 74 cadáveres, 68 de mujeres. Hay tantas alteraciones en la cámara funeraria que no se sabe dónde está el dueño o la dueña de la tumba y solo se encuentra parte del ajuar funerario y el espacio donde son depositados los sirvientes que se quitan la vida en el momento del sepelio y asciende a 74 personas.

En el acceso a la tumba hay 6 soldados, detrás hay un carro y algunos aurigas y prácticamente todos los demás cadáveres, están en hileras, colocados uno al lado del otro.

Son cadáveres de mujeres engalanados con esplendidas joyas, de oro, lapislázuli, bien vestidas para la ocasión, pero todas ellas jóvenes que pierden la vida en el entierro de su señor.

Es en esta tumba donde en algunos cadáveres se han encontrado indicios de muerte violenta y es en esta fosa de la muerte en la que ha dado más razones a los investigadores a pensar que no todos los que se quitan la vida en el enterramiento lo hacen de forma voluntaria y que algunos tienen que ser suicidados para acompañar a su señor en el más allá.

En esta tumba en el extremo más alejados de la entrada aparecen unos objetos, al no conservarse la madera, se podría hacer interpretaciones erróneas de los mismos, estos dos objetos, están situados junto al lado dos cadáveres.

Hendidura en la tierra. Esos dos objetos están en el British Museum, dos de las obras de arte más conocida del Imperio Sumerio y son dos cabras apoyadas en un tronco comiéndose las hojas de un árbol.

Hoy en día no se cree que esto fueran dos esculturas, ni que las mujeres que van a suicidarse fueran con dos esculturas en el momento de morir, hoy se cree que son frontales de arpa, al igual que muchos otros frontales de arpas que se han encontrado en las tumbas reales.


Probablemente estas ramas formaban parte del instrumento musical, y la restitución que hizo Woolley, aunque es hermosa no se corresponde con la realidad.

Junto a estas tumbas reales, Wooley halla 15 enterramientos de tumbas quemadas, unas practicas funerarias que no se han visto en ningún otro lado.

Estos enterramientos no son auténticas cremaciones porque el cuerpo parece haber sido enterrado en la tumba, a veces incluso en un ataúd, pero de forma sorprendente se quema solo la cabeza y la parte superior del cuerpo.

Wooley no sabe encontrar una explicación y el resto de los arqueólogos tampoco.

Hay quien dice que pueden formar parte de una casta social diferente, o quizás que sea un grupo religioso, pero no hay explicación.

Al excavar Wooley con profundidad desenterrando tumbas, halla indicios de una gigantesca inundación que tiene lugar en el IV milenio a.C. al final del periodo Orbei, en las etapas primigenias de Ur.

Y en estas etapas, Woolley encuentra un gran crecimiento del Eufrates que anega la ciudad, destrozan do todo.

El mito del diluvio universal está documentado por primera vez en la epopeya de Gilgamesh, un relato sumerio del II milenio a.C. que podría haberse escrito antes.

