El Jardín del Paraiso, Hortus conclusus

El cuadro representa a María como una delicada y débil virgen encerrada en su  jardin, hortus conclusus o jardín cerrado que es símbolo de su virginidad.

El pintor trata el tema cambiando las convenciones.

 María no es el centro de la pintura, sino que permanece en la esquina superior izquierda, leyendo un libro.

Está rodeada de santos como Santa Dorotea que está recogiendo cerezas detrás.

Santa Barbara coge agua de un pozo.

Santa Catalina sostiene un salterio, en el que Jesus Niño pulsa las cuerdas.

A los pies de San Jorge hay un milan muerto y a los del arcángel Miguel un pequeño demonio negro.

En un tronco se apoya San Osvaldo.

El Jardín del Paraíso es una de las primeras pinturas en la que las plantas se representan de manera realista.

Todas se reconocen fácilmente. La mayor parte de ellas son plantas marianas, es decir, de aquéllas que están entre los símbolos de la Virgen.

 Junto al muro pueden reconocerse claramente distintos tipos de pájaros e insectos.

El cuadro mide 26,3 por 33,4 centímetros.

Conservado en el Städel Museum, pintado 1410 y muestra un pequeño fragmento del mundo de entonces: un rincón del jardín rodeado por las murallas de un castillo. 

Por aquella época los castillos sirven de refugio.

Los conflictos entre los nobles no son solucionados por mediación del emperador o los tribunales, sino a través de ataques y defensas.

Las luchas formaban parte de la vida a todos los niveles.

Las murallas de este jardín apacible forman una barrera contra el mundo de la violencia.

 El desorden y las incomodidades de la vida cotidiana también se quedan fuera: los excrementos de los caminos, los perros y los cerdos errantes, la fetidez , la falta de espacio, la oscuridad y el frío de las casas, el espectáculo de la enfermedad y la pobreza.

El idilio del jardín ofrece la otra cara de la vida diaria.

1410 los jardines donde disfrutar de la vida no estan tan extendidos como hoy día.

 Las tropas de ocupación romanas los dan a conocer en el norte, pero desaparecen con la caída del Imperio romano y los desórdenes provocados por las grandes invasiones bárbaras.

 Los conventos vuelven a difundir el gusto por el jardín más allá de los Alpes, pero se centra más en su utilidad que en su belleza.

 En el jardín cuadrado de los claustros se cultivan hierbas medicinales y aromáticas, en el centro se encuentra una fuente y una parte del terreno se dedica a las tumbas de los hermanos de la orden.

Solo hacia el año 1200 el jardín vuelve a ser descubierto como un lugar de ocio y diversión.

Ante todo debe ser hermoso para que el visitante disfrutara del placer de pasear.

San Alberto Magno (h. 1200-1280), el sabio teólogo de Colonia, propaga este tipo de jardín y muchos de sus consejos se encuentran reflejados en el cuadro María en el huerto cerrado, con santos pintado dos siglos más tarde por un maestro renano anónimo.

Debería disponer de un alto con hierba y repleto de florecillas (…) adecuado para sentarse y disfrutar con deleite del reposo.

Los árboles no deben estar muy juntos unos de otros porque la ausencia de una ligera brisa puede perjudicar el bienestar.

 Un jardín de las delicias debe contar también con un pozo rodeado de piedras (porque su pureza es fuente de mucho placer.

Los secretos de las obras de arte. Rose-Marie & Rainer Hagen. Taschen.

Wikipedia

https://www.huertos.org/category/jardines/

Publicado por ilabasmati

Licenciada en Bellas Artes, FilologÍa Hispánica y lIiteratura Inglesa.

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